¡Hola! Esta es una historia corta creada para el EscaWeek 2020 en Tumblr. Puedes ver la ilustración que la acompaña en mi página web, quietduna. com

Los días eran cada vez más calurosos. Hitomi no sabía si alegrarse. Se sentía tan cansada ultimamente que no podía ni dejar el dormitorio. El embarazo se hacía cada día más pesado, aunque nada hubiera podido aguarle el ánimo.

Van se dedicaba a sus quehaceres diarios, por lo que pasaba gran parte de los días sola en su habitación, y algunos podía salir al jardín. Bueno, pasaba sus días "sola", ya que tenía varias criadas esperando una mínima señal suya para entrar y ayudarla en lo que solicitara. A Hitomi la incomodaba esto, pero entendía que la situación era especial. Lo único que necesitaba a su lado era a Van. Él le había dicho que cada día delegaba más tareas al Consejo de cara a poder pasar más tiempo con ella y con su futuro bebé.

Inconscientemente, se tocó el colgante, que brillaba débilmente en su pecho. Todo iba a ir bien.

De repente, alguien golpeó suavemente en la puerta y ésta se abrió un poco.

"Hitomi, ¿puedo entrar?" dijo Van.

"¿Desde cuando pides permiso para entrar en tu propia habitación?" preguntó Hitomi, feliz de que ya estuviera ahí con ella.

"Bueno, ¡no quiero verte desnuda!" contestó Merle con voz chillona. "¡No eres mi tipo!"

"Oh, madre mía, ¡Merle!" rió Hitomi, encantada de escuchar su voz. "¿Cómo estás, querida Merle?" Hitomi se levantó con dificultad y la abrazó. "¡Te hemos extrañado tanto! ¡Mira tu pelo, Merle, estás preciosa!"

"Lo sé, soy preciosa", bromeó la chica gato, y abrazó a Hitomi de nuevo.

Van las observó intercambiar abrazos con una suave sonrisa en sus labios, y se colocó detrás de su mujer para ofrecerle soporte. Deseaba ayudarla de todas las formas posibles.

"Todo está bien, Hitomi. Ya te contaré todo, pero ¡AHORA lo que quiero es saber todo sobre ti! ¡Mírate, estás enorme!" se rió al ver el ceño de Hitomi ante el comentario. "¿Cuánto queda?" preguntó, dando un paso hacia atrás para observar el embarazo de Hitomi.

"Tres semanas aproximadamente. Ya casi está aquí" dijo Hitomi, mientras acariciaba su barriga. Van le dio un suave beso en la mejilla. "¿Crees que seremos buenos padres?" preguntó, con un deje de ansiedad en la voz. "Hemos decidido ya el nombre. Si es una chica, se llamará Yuri, como mi abuela. Si es un chico, entonces Fanelia tendrá otro Folken Fanel".

"Yuri o Folken…dos nombres hermosos", suspiró Merle, y les observó con detenimiento. Eran las dos personas más importantes de su vida. Van era su hermano adoptivo y sería siempre el amor de su vida. Hitomi era ahora su hermana. Y no podía dejar de querer a la torpe y tonta chica de la Luna de las Ilusiones. Merle era muy consciente de todo el sufrimiento que habían pasado por su amor, un amor imposible que cruzaba todo tipo de fronteras y que finalmente había sido completado en ese bebé que estaba a punto de nacer. Sintió un nudo en la garganta.

"Seréis los mejores padres de toda Gaea", jadeó, limpiándose rápidamente algunas lágrimas. Sonriendo ampliamente, se arrodilló delante de Hitomi e hizo ademán de tocarla. "¿Puedo…?"

"Por supuesto".

Merle apoyó una de sus orejas en la barriga de Hitomi. No sabía muy bien qué esperar. No tenía ningún tipo de experiencia con este tipo de temas.

"No oigo nada…¡Ey! ¡Dile a tu bebé que salude a la tía Merle!" bromeó.

De repente escuchó un suave golpe y miró con los ojos como platos a Hitomi, incrédula. Hitomi y Van se reían cariñosamente ante su sorpresa.

"Creo que le gustas al bebé, Merle".

Merle intentó escuchar de nuevo, y cerró los ojos para concentrarse.

"Ey, bebé Fanel" susurró. Tenía la esperanza que Van e Hitomi no la pudieran escuchar, pero sabía que era imposible. Se ruborizó. "Aquí tu tía Merle. Tú y yo…seremos buenos amigos, y tenemos muchos años para conocernos y llevarnos bien…" pausó, intentando tragar el nudo en el estómago. Sintió una lágrima cayendo por una de sus mejillas.

"Solo…quería que supieras…que siempre estaré aquí para ti. Siempre", susurró con fiereza. "Siempre procuraré tu felicidad. Siempre estaré a tu lado, apoyándote, escuchándote, amándote. Eres mi familia, pequeño ángel. Tendrás unas alas preciosas, como tu padre".

Merle lloraba abiertamente, y se olvidó de seguir susurrando. "Te lo prometo. Esta es una promesa de por vida, ¿me oyes? Una promesa de por vida".

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