¡Hola! Esta es una historia corta creada para el EscaWeek 2020 en Tumblr. Puedes ver la ilustración que la acompaña en mi página web, quietduna. com

Dilandau no era una persona colaborativa, y no iba a poner las cosas fáciles ni a Fanelia ni a Asturia.

La mala suerte fue solo el motivo de que lo capturaran, eso es todo. Esa sería la única causa posible para que alguien tan patético como Van Fanel pudiera capturarle y dejar atrás a sus Dragonslayers. Jamás cooperaría con el enemigo.

Allen y Van necesitaban desesperadamente la información para salvar la vida de sus soldados del próximo ataque de Zaibach, y no tenían tiempo que perder con los juegos de Dilandau. El interrogatorio no avanzaba, y Van perdía su (poca) paciencia.

"Qué mal genio", pensó Dilandau mientras observaba al joven rey de la cabeza a los pies con desagrado, "va a ser un pésimo rey de nada". Y sonrió maliciosamente al recordar cómo Fanelia había caído bajo su mano.

Hitomi se ofrecío tímidamente a ayudar de la única forma en la que podía en ese momento: con sus cartas. Si de alguna manera podían averiguar alguna debilidad de Dilandau, quizás podrían negociar algo con el soldado de Zaibach…

Van y Allen la miraron desconcertados cuando se ofreció (Hitomi detestó la mirada condescenciente que le ofrecieron) pero finalmente accedieron, ya que ella era la única que había propuesto algo para desencallar la situación.

Dilandau se quejaba de lo inútil que era toda esa escena, y farfullaba sobre cómo sus Dragonslayers le rescatarían en algún momento. Riendo, incluso insultó a Hitomi varias veces, algo que ni Allen ni Van estaban dispuestos a permitir.

Van golpeó sus puños sobre la mesa y gritó "¡Basta! ¡Responde a nuestras preguntas, bastardo, o te mataré!"

Allen se preparó para desenvainar y susurró enojado: "Cuidado con lo que dices sobre Hitomi, Dilandau".

Pero a ella no le importaba nada de eso. Ella estaba concentrada en sus cartas, en sus visiones relacionadas con el hombre tan agresivo sentado delante suyo.

Pero algo no iba bien. Las cartas le daban…¿dos lecturas diferentes? Hitomi estaba perpleja. ¿Acaso estaba haciendo algo mal? ¿Sus poderes estaban siendo bloqueados o distorsionados? ¡Era la primera vez que le pasaba algo así!

Ignorando el acalorado intercambio entre los hombres, Hitomi pausó, respiró hondo y se preparó para tirar de nuevo, esperando obtener un resultado que pudiera entender.

Otra vez. Dos lecturas diferentes.

¿Cómo?

La ansiedad amenazó con invadir sus pensamientos, a pesar de sus esfuerzos por mantenerla bajo control. Quería ayudarles a toda cosa, ¡no podía fracasar ahora!

Hitomi observó las cartas. Nunca le habían fallado. ¿Podría ser que le estuvieran queriendo decir algo que no era capaz de entender?

El mundo desapareció para ella, y solo podía ver las cartas delante suyo.

La Torre. Muerte. La Rueda de la fortuna. Los amantes. El Carro.

Las cartas giraban delante suyo, separándose en dos tiradas diferentes. Las dos comenzaban con un desastre, un trauma, pero se desarrollaban en dos caminos diferentes.

Uno de ellos hablaba sobre la familia, orgullo perdido y comodidad olvidada. Confianza perdida, alguien muy querido perdido en el pasado de forma trágica. Esa lectura hablaba de un trauma escondido, de inocencia y de un nuevo inicio…

La siguiente lectura era lo contrario. Falta de control, la necesidad de una guía, agresividad, destrucción, extremos, violencia. Muerte. Una vida hedonista, dedicada al servicio y a la muerte.

Metamorfosis. Cambio. Aislamiento.

Hitomi regresó al presente cuando Van gritó de nuevo a Dilandau, que se reía de él. Allen aguantaba a Van, que parecía dispuesto a matar a Dilandau con sus manos desnudas.

Hitomi observó a Dilandau con curiosidad. ¿Qué querían decirle las cartas? No tenía ni idea de qué decir a Allen y a Van ahora….

"Perdiste a alguien muy querido", dijo sin alzar la voz.

Van y Allen la miraron, sorprendidos al oirla hablar después de todo ese rato. Dilandau la observó peligrosamente.

"Has sufrido mucho", dijo Hitomi, intentando no ocultarse de su mirada. "Tanto, que no puedo ni expresarlo. Tus niveles de sufrimiento son…es imposible que yo los pueda entender" Bajó la mirada con timidez. "Te deleitas en el sufrimiento ajeno, cuando tú mismo has pasado por tanto…Amas la destrucción y la violencia y…a la vez…eres tan diferente, tan…inocente…Hay tanto sobre ti que yo…" Allen y Van la instaron a seguir hablando, expectantes. Dilandau la miraba, enfadado.

"No puedo entenderte. Lo siento. No puedo leerte" Hitomi bajó la cabeza, recogió sus cartas y salió rápidamente de la habitación, evitando las perplejas miradas de los dos hombres.

"¿Hitomi?" Escuchó a Allen llamándola, pero ella se escabulló rápidamente y cerró la puerta tras de sí. Van no dijo nada.

Una vez fuera de la sala, apretó las cartas contra su pecho. Había descubierto algo muy importante sobre Dilandau, pero no podía entender el qué. No alcanzaba a entender el verdadero significado y eso le generaba ansiedad. ¿Y si era la clave para acabar la guerra?

Hitomi les escuchó gritando de nuevo al otro lado de la puerta.

Se sintió miserable.

¡Gracias por leer!

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