Harry nota: No sé cómo describir lo que pasó después de que despertara en esa enfermería así que meteré mi recuerdo completo en la guía.
— Soy Percy, Percy Jackson... ¿Cómo te llamas tú?—
— Harry Potter— Dije sin dejar de observar al chico de la playa.
— Bien, creo que te diré chico serpiente— Bromeó aquel chico.
Hubo un momento en silencio, uno un tanto incómodo, mire bien a todos lados para suspirar.
— ¿Qué ocurrió?— Pregunté tratando de evadir el tema de mi habla.
- ¿Qué es lo ultimo que recuerdas?- Preguntó el chico de la playa.
— Mi brazo casi destruido, un toro gigante, ataques...— Respondí quejandome aún por el dolor del brazo.
— Tienes un acento raro— Fue lo siguiente que dijo— ¿De donde eres?—
— Inglaterra— Le dije y al notar su silencio me atreví a preguntar algo más— ¿En donde estoy? Y... ¿Donde están mis cosas?—
Me senté sobre la cama rápidamente y sentí el dolor en mi brazo de nuevo y lo agarre, notando el vendaje alrededor de mi piel.
— Tranquilo, tus cosas están aquí— El chico señaló mi mochila que estaba en una silla algunos metros de distancia de donde estaba yo— No ví nada, lo juro—
Me alivie ante eso, aún sosteniendo mi brazo lastimado.
— Tranquilo, estuviste un día entero inconsciente— Me dijo el chico acercándose a la cama—
— ¿Todo un día?— Pregunté confundido.
— Es algo más o menos normal luego de pelear contra el minotauro—
¿Minotauro? Bien, oficialmente estoy demasiado confundido, quería volver a hablar pero entonces mi estómago hizo ruido.
— Debes estar hambriento, pero primero toma un poco de esto— El chico tomó un vaso y me lo acercó.
Era un vaso largo lleno de lo que parecía ser jugo de naranja, con un popote verde y una sombrilla de papel apoyado en la orilla del vaso.
Estiré mi mano derecha listo para tomar el vaso cuando algo interrumpió aquel momento.
— ¡Percy no lo dejes tomar eso!—
Alguien entró gritando aquello, asustandonos a ambos, Percy soltó el vaso por el suyo y todo el líquido terminó esparciendose por el piso, y yo miré aquella tragedia con dolor en el alma.
— Maldita sea Annabeth ¡No me des esos sustos!— Gritó el chico y yo miré a la chica, la reconocí como la chica que estaba con Percy en la playa.
— Era de vida o muerte, él no puede beber el néctar— Mencionó la chica señalandome.
— ¿Néctar?— Pregunté pero no parecieron hacerme caso.
— ¿A qué te refieres con que no puede beber néctar?— Preguntó Percy, en ese momento me sentí un niño pequeño atrapado en una pelea parental.
Ja, que ironía sentirme así.
— Escucha, necesito que vengan conmigo a la sala de reuniones, es urgente— Comentó la chica de manera serie sin dejar de verme.
¿Quién quería verme? Parece que en cuanto más tiempo pasará aquí más preguntas me iban a surgir.
— Y necesitaran llevar esto— Comentó tomando mi mochila y saliendo con ella.
Bien, que mala primera impresión.
— Es mejor ir ya mismo, no querrás hacer esperar a nadie que esté en la sala de reuniones— Me dijo el chico y me sonrió haciendo que mis mejillas se sonrojaran... Porque tiene ojos hermosos y profundos y...
— ¿Necesitas ayuda?— Preguntó haciéndome salir de mi mini trance.
— No, no, puedo ir solo— Le dije mientras intentaba levantarme de la cama pero sentía mis piernas débiles.
— Si, no creo que puedas andar solo aún— Dijo el chico acercándose a mi, tomo mi brazo sano para pasarlo sobre sus hombros y puso su mano izquierda sobre mi hombro para empezar a caminar.
Empecé a caminar con ayuda de Percy sintiéndome muy cómodo, quizá demasiado... Saben, ahora que lo pienso esto podría ser una trampa y en realidad me está llevando a una sala llena de mortifagos prófugos listos para asesinarme y enviar mi cadáver de vuelta a Inglaterra.
Pero había algo en Percy que me hacía confiar en él.
Al llegar a la sala me gustaría decir que me impresionó lo que ví pero a estás alturas casi nada me sorprende.
Lo primero que llamó mi atención fue el centauro en el centro de la habitación, a su lado un hombre bajo y algo regordete, ví también a la chica rubia que tenía mi mochila y al final había otra persona.
Era una mujer alta y delgada, vesti un vestido largo color blanco con varios detalles dorados que parecían bordados sobre la fina tela, tenía el cabello negro hasta los hombros y cuando volteó a verme sentí un escalofrío al mismo tiempo que comenzaba a oír susurros de una mujer rodear ni cabeza.
Las voces susurraban distintas cosas al mismo tiempo pero era muy bajo y no lograba entender bien lo que decían.
La mujer me miraba con curiosidad y fascinación, me hacía sentir un tanto incómodo tener esa mirada sobre mi.
— No es un semidios— Fue lo primero que la mujer.
— ¿Cómo que no es un semidios?— Preguntó Percy.
— ¿Qué es un semidios?— Pregunté yo.
— Pero, Lady Hécate— Habló el centauro— ¿Cómo logro pasar las barreras?—
— Por algo que debo averiguar— Dijo la mujer— ¿Es esa su mochila?—
— ¿Alguien puede decirme que demonios está ocurriendo?— Pregunté empezando a molestarme, pero todos me ignoraban.
Cómo odio cuando la gente hace eso conmigo.
Entonces ví a la mujer tomar mi mochila de las manos de la rubia.
— Oiga esas son mis cosas— Exclamé pero no tuve respuesta alguna, en cambio, la mujer abrió la mochila y miró hacía adentro.
— Veamos, debe estar por aquí— Susurró mirando el contenido luego hizo un movimiento con su mano derecha y segundos después mi varita voló directo a su mano.
Bien, ya era mento de comenzar a preocuparme porque esa mujer tenía mi varita, mi único modo de defensa.
La momento de tocar mi varita, aquella mujer sonrió aún más, luego los susurros volvieron a rondar mi cabeza, pero esta vez las oía claramente ya que se turnaban para decir la misma frase.
"Es él, es él, es él, es él"
— Vaya, no negare que pensaba en esta posibilidad, pero me sorprende verte en persona, Harry Potter— Dijo la mujer volviendo a mirarme.
— ¿Cómo me conoce?— Pregunté.
— No me he presentado a ti claro, soy Hécate, diosa de la magia, la hechicería, la nigromancia y algunos títulos más— Dijo aquella mujer caminado hacia mí.
Hécate, aquel nombre me sonaba conocido, como si lo hubiera visto o leído en algún lado pero no recuerdo exactamente dónde, si tuviera a Hermione seguramente ya habría contestado a mi duda.
— Espere— Dijo Percy rompiendo el silencio que se había generado— ¿Si no es un semidios cómo paso las barreras y cómo supo su nombre por tocar ese palo?—
— Este palo, Percy Jackson es una varita, perteneciente a Harry, su invitado aquí es un mago— Dijo Hécate mirando a Percy— Harry Potter, también conocido como El Elegido, El Niño que Vivió y El Salvador del Mundo Mágico, dama, caballeros y Dionisio, estamos frente a un héroe—
Ugh, genial lo último que quería que se supiera ya se sabía aquí mismo.
— ¿Un mago? ¿De los que sacan conejos de sombreros y parten mujeres en 2?— Preguntó Percy y yo inmediatamente fruncí el ceño.
¿Es así como los americanos ven a los magos?
— Percy— Dijo la rubia.
— ¿Si?—
— Cállate—
— Bien— Respondió Percy cerrando la boca con mirada de perro regañado.
— Hace años, demasiados años, bendije a varios mortales que me veneraban, les di el don de la magia y hechicería, era un poder limitado, no tendrían el poder que tienen mis hijos, pero sabiendo usar el poder podrían alcanzar grandes cosas, justo como tú Harry— Explicó y entonces algo llegó a mi mente.
Se que les costará creerlo, pero, yo decidí voluntariamente leer un poco del libro de Historia de la magia, más en específico el tema sobre el origen de la magia, por eso ese nombre se me hacía conocido, el libro mencionaba el mito de Hécate, una diosa griega, la creadora de la magia, la deidad que le otorgó la magia al mundo.
— Entonces hay magos en el mundo— Dijo la rubia.
— En efecto, los primeros mortales con magia a empezaron a tener descendencia y la magia fue pasando por generaciones hasta la actualidad— Dijo Hécate— Claramente ambos mundos se habían mantenido separados gracias a la niebla—
Bien, tenía mucha información en mi mente, estaba frente a Hécate, una diosa griega, alguien que supuestamente es un mito, no es real, pero... Bueno, creía que la magia no era real hasta que cumplí los 11 años.
— ¿Qué ocurrió con tu brazo?— Preguntó Hécate cambiando el tema repentinamente.
— Despartición durante una aparición mal ejecutada— Contesté mirando las vendas cubriendo la herida.
Hécate no dijo nada, simplemente paso la mano sobre las vendas, el dolor desapareció igual que las vendas y mi brazo ya estaba curado, además de que sentía que había recobrado las fuerzas.
Y en cambio recibí una sonrisa por parte de la dios, de pronto sentí que aquella sanación no fue de a gratis, luego me entregó mi varita.
— Bien, el chico es un mago, no es un semidios ¿Cómo pudo pasar las barreras?— Habló el hombre bajo que me recordaba a Peeves.
— Realmente no tengo idea en esto, solo vine porque sentí una poderosa magia, Harry es actualmente el mago más poderoso vivo— Informó Hécate mientras sentía las miradas de todos.
— Entonces ¿Cómo pudo entrar?— Preguntó Percy.
— Yo puedo explicar eso— Una voz femenina se escuchó detrás de nosotros.
Pero era esa voz, la voz que había oído en mis últimos sueños, era ella.
Voltee solo para ver a la mujer más hermosa que he visto, tenía el cabello rojo oscuro, largo y desordenado, sus ojos eran grandes y de color gris con una piel pálida que vestía un vestido blanco largo.
— Lady Afrodita— Dijo alguien pero no presté atención a quien fue porque me concentraba en ver a la mujer.
— Verán, el no es un semidios— Dijo la mujer pelirroja— Pero su madre si lo era—
Continuará...
Continuará...
