CAPÍTULO III

—… y esta táctica seguro que nos funcionará —decía Ginny, señalando el diagrama dibujado en la pizarra con el mango de su escoba—. La defensa es importante. Necesitamos controlar la puntación. Llevar la delantera. Necesitamos llevar una ventaja de 160 puntos. Es muy difícil, pero es nuestra única oportunidad de ganar. ¿Lo entendéis, verdad?

El equipo de Quidditch de Gryffindor asintió con la cabeza enérgicamente. Todos poseían un imposible de esconder brillo nervioso en sus ojos. Y, sin embargo, sus expresiones eran firmes. Eran como un ejército que iba a enfrentarse a su última batalla. Se sentían como los griegos en la Batalla de las Termópilas, superados en número por los persas, pero decididos a pelear hasta el final.

—Romperemos mandíbulas si hace falta —aseguró agresivamente el fornido Jimmy Peakes, aferrando con fuerza su bate de golpeador. Su compañero Ritchie Coote asintió con entusiasmo.

—Dejadme a Malfoy a mí —pidió Coote, con un brillo maligno en la mirada—. Dejaré a ese bastardo sin conocimiento en diez minutos…

Ginny dejó escapar un suspiro, mientras se sujetaba su larguísimo cabello pelirrojo en una coleta alta.

—No será necesario —aseguró, sin poder contener un tono decepcionado—. Alguien tiene que coger la snitch para poner fin al partido. Y todos sabemos que Hermione, aunque hará lo que pueda, tiene pocas posibilidades. Por obvias razones, ella no es una jugadora, solo nos está haciendo un enorme favor —añadió con firmeza, como si esperase que alguien emitiese la más mínima critica a su amiga.

—Por supuesto —aseguró al instante Katie Bell, asintiendo con la cabeza fielmente. Otros la imitaron—. Ella no tiene que preocuparse por nada. Bastante que nos está haciendo este favor. Le estaremos eternamente agradecidos. Por cierto, ¿dónde está…? —añadió, con vacilación, buscándola con la mirada a su alrededor.

—En el baño —confesó Ginny en voz baja, señalando la puerta de uno de los cubículos que había en la otra punta del vestuario. Durante los breves segundos de silencio que siguieron a sus palabras fueron capaces de escuchar unas arcadas provenientes de una seguramente nerviosísima Hermione.

—Lo haremos lo mejor que podamos —animó Demelza, con una sonrisa—. Es evidente que Malfoy cogerá la snitch, y es muy probable que no logremos la puntuación necesaria para ganar, pero perderemos con honor. Con la mejor puntuación que podamos.

—Ese es el espíritu —corroboró Ginny, sonriendo—. Harry nos desea a todos mucha suerte, y nos pide que vayamos a verlo tan pronto terminemos, para contárselo todo. Hagamos que nuestro capitán se sienta orgulloso —incitó, alzando el puño en el aire. El resto la apoyaron con risueños y enérgicos gritos de guerra.

Los jóvenes terminaron de coger sus escobas y de colocarse los últimos detalles de sus uniformes mientras charlaban forzadamente. A pesar de sus aparentemente animadas actitudes, el ambiente general era lúgubre. Todos sabían cuál sería el final de ese partido, y sabían que no podían hacer nada para evitarlo.

Ginny, tras contener un suspiro cargado de pesadez, se acercó a su hermano. Ron estaba del color del pergamino.

—No juego bien bajo presión —se lamentó el chico, con voz ahogada, frotándose los ojos con índice y pulgar—. Y siento que todo depende de mí...

—En absoluto. Somos un equipo —corrigió su hermana, mientras ambos se acercaban al cubículo donde Hermione seguía encerrada—. Tú debes parar los goles, pero nosotras también debemos anotarlos. Si no, no conseguiremos nada. Pase lo que pase hoy, no será responsabilidad de nadie —se detuvo ante la puerta del baño y llamó con los nudillos suavemente—. ¿Estás lista, Hermione? —avisó, con todo el cariño que pudo.

Tras varios segundos, se escuchó el ruido del agua corriendo. Ron y Ginny se miraron de forma fugaz, abatidos, para ver aparecer a su amiga un segundo después. Ya se había puesto el uniforme de Quidditch y sujetado el cabello en una espesa coleta. Estaba más pálida que Ron. Y, de hecho, lucía un tétrico color verdoso.

—¡Ahí está nuestra campeona! —dijo Peakes de forma simpática, con una sonrisa. Se acercó a ella y la tomó por los hombros con su grueso brazo—. Nuestra heroína indiscutible…

—Eres nuestra salvación... Y el uniforme te sienta genial —la animó también Demelza, acercándose y dando una risueña palmada.

—Después le pediremos a Colin que nos saque una foto de recuerdo —corroboró Ginny, acariciando el cabello de su amiga. Al verla sonreír casi sin fuerzas, agradeciendo vagamente sus palabras de apoyo, añadió, hacia el resto de sus compañeros—: Venga, no la agobiemos. Terminad de vestiros que tenemos que salir enseguida…

En cuanto los demás se alejaron, Hermione casi se dejó caer sobre Ron, aferrándose de su cintura. Lucía a punto de vomitar de nuevo. Y su amigo, aunque la aferró contra sí lo mejor que pudo, no lucía mucho mejor.

—No puedo hacerlo, chicos —se lamentó, con voz ahogada—. Esto es… No puedo...

—Vamos, ánimo —susurró Ginny, tomándola del brazo y obligándola a caminar—. Tú eres la que más tranquila debería estar. Solo tienes que salir ahí y vernos jugar. Estarás en primera fila —bromeó, tratando de animarla. Le puso entonces en las manos la escoba que habían acordado que utilizaría. Ginny le ofreció la Saeta de Fuego de Harry, pero Hermione insistió en utilizar una Cometa 260.

—¿Sigue lloviendo? —preguntó Hermione, con voz temblorosa. Ginny vaciló y echó un rápido vistazo a su hermano, pero Ron parecía incapaz de decir ni media palabra. Tenía la mirada perdida. Entonces, de un brusco movimiento, se dirigió casi corriendo al cubículo del que Hermione había salido minutos atrás, cerrando la puerta tras él.

—Sí —respondió Ginny, con pesadez, conteniendo un suspiro—. Llueve a ratos, y hace viento. Ha salido un día bastante deprimente, comparado con el sol que hizo ayer… —Hermione dejó escapar un gemido, y Ginny, arrepentida, volvió a intentar sonar animada—: Pero tú no te preocupes por eso. Ni siquiera tienes que volar alto. Con que te eleves un poco del suelo será suficiente, cumplirás las normas. He hablado con Madame Hooch. Además, sabemos que tienes vértigo, y no…

—Eso no será un problema… —aseguró Hermione, en un hilo de voz, sin dar más explicaciones.

Se escuchó una sirena fuera. Todos se miraron entre ellos, dándose unos últimos ánimos mutuos.

—Allá vamos —murmuró Ron, con voz ronca, abandonando el urinario.

Salieron al campo en medio de un ensordecedor griterío. Tal y como Ginny había señalado, el cielo estaba de un color gris plomizo, y una fina lluvia los mojó considerablemente en su recorrido hasta el centro del campo, donde el equipo de Slytherin ya los estaba esperando. El suelo de hierba estaba encharcado, y sus botas se mancharon de barro en cuestión de segundos. No era una tormenta terrible, al menos de momento, pero todos hubieran agradecido un tiempo más ameno.

Hermione ocupó su lugar en la fila, frente al buscador del equipo contrario. A pesar de que sabía que no la ayudaría a calmar sus ya de por sí desatados nervios, alzó la mirada y buscó los ojos de Malfoy. Sin siquiera pararse a pensar en por qué lo hacía. El chico tenía ya el rubio cabello húmedo por la lluvia, y pegado a su pálida frente. Todos se habían colocado unas capas impermeables por encima del uniforme reglamentario, para evitar el frío por el lluvioso ambiente. Sujetaba su Nimbus 2001 a su lado con elegancia. Y no la estaba mirando.

Sus grises ojos estaban fijos en la otra punta de la fila, en Rolanda Hooch y las pelotas que estaban a sus pies. Su rostro lucía impasible. Hermione, tras comprender que no lograría hacer contacto visual con él, siguió su mirada y también prestó atención al partido. Sintiendo la fina pero incesante lluvia mojar su espeso cabello.

Ginny, como capitana suplente del equipo en ausencia de Harry, se adelantó, colocándose ante un enorme Graham Montague, dos cabezas más alto que ella. Tras unas palabras de la árbitra amortiguadas por el fuerte viento, los dos capitanes se dieron la mano. Ginny no esbozó ninguna mueca cuando Graham intentó romperle todos los huesos de dicha mano.

El silbato dio comienzo al partido. O, más bien, Hermione vio cómo Hooch se llevaba algo plateado a los labios y después a sus compañeros de equipo montarse en sus escobas. Seguramente habría soltado la snitch, pero, desde luego, no la vio. La voz de Justin Finch-Fletchley le llegó por primera vez, amortiguada entre el viento.

—¡… comienza el partido! Con sorpresa en el equipo de Gryffindor ante la ausencia de su capitán e indestructible buscador Harry Potter, y la nueva incorporación de Hermione Granger como sustituta. Es la primera vez que Granger juega un partido de Quidditch con nosotros, y su reclutamiento ha sido repentino debido a la súbita incapacidad de nuestro querido Potter para jugar hoy aquí. Estoy seguro de que todos os unís a mí en desearle mucha suerte… El equipo de Gryffindor hará todo lo posible por ganar la Copa, y estoy seguro de que Granger… ¡Eh, pero mirad cómo se ha elevado! ¡Pues parece que tampoco se le da tan mal! ¡Ánimo, Hermione!

Efectivamente, Hermione se elevó con tanta facilidad como el resto de sus compañeros. Y casi no pudo contener una sonrisa ante las amables palabras de Justin. Alcanzó con el resto del equipo la altura de los altos postes. No podía evitar zarandearse levemente por el viento, pero se sintió bastante aliviada al haberlo logrado. Apreció que Ginny estaba a su lado, y le pareció que la miraba con pasmo. Sorprendida de verla volar con considerable soltura.

—¿Estás bien? —le gritó su amiga, por encima del viento. Hermione le hizo una seña de aprobación con el pulgar. Si alzaba la voz, probablemente vomitaría.

El partido dio comienzo. Los cazadores comenzaron a pasarse la quaffle con rapidez, volando a toda velocidad. Los guardianes se mantuvieron en sus posiciones, apenas volando unos metros entre un aro y otro, sin perder de vista a sus compañeros. Los golpeadores arrojaban las bludgers contra sus rivales con mayor saña de la habitual. Todo el mundo era capaz de apreciar que los ánimos estaban muy caldeados. No solo era una final de Copa, sino que era una entre Gryffindor y Slytherin, lo cual siempre era emocionante. Y además una final sin Harry Potter. Los de Slytherin no estaban por la labor de ser magnánimos ante la falta de su buscador habitual, y los de Gryffindor morirían peleando.

Hermione se mantuvo elevada y quieta la mayor parte del tiempo, observando el partido. Sus ojos escudriñaban alrededor de vez en cuando, buscando un sutil brillo dorado. Difícil de ver en condiciones normales, imposible en ese momento, con la leve pero insistente lluvia que los rodeaba. Se escuchó el sonido de un trueno, a lo lejos.

También mantenía a Malfoy en su campo de visión. El cual se encontraba en la otra punta del campo. No sabía si a propósito o no, pero no había permitido que ella se acercara a él ni siquiera un poco. Cada vez que Hermione avanzaba ligeramente con su escoba en su dirección, él se alejaba a toda velocidad. Oteando alrededor, fingiendo buscar la snitch. O quizá buscándola realmente. Pero demasiado empecinado en no dedicarle ni una mirada como para ser normal.

El equipo de Slytherin marcó tres goles, y Ron paró dos. Ginny y Katie marcaron dos tantos, y Bletchley, guardián de Slytherin paró tres. Goyle logró impedir un tanto de Demelza al arrojar una bludger que, si bien no dio en el blanco, distrajo a la pobre muchacha. Coote, golpeador de Gryffindor, logró alcanzar en el hombro a Warrington, impidiendo un cuarto gol, y casi mandándolo a la Enfermería.

Hermione vio entonces que algo brillaba en su campo de visión. Dirigió sus ojos hacia el lugar, entrecerrándolos. Había algo dorado, varios metros más abajo. Y no podía decir si provenía de las gradas o si era la…

No tenía nada que perder. Azuzó a su escoba con decisión, lanzándose lo más rápido que pudo hacia ese destello. Para ello, la ruta más corta era atravesando el centro del campo. Armándose de valor, se internó entre los jugadores, sorteándolos lo mejor que pudo. El destello se movía. ¿Era de verdad la snitch?

Entonces, mientras descendía en dirección al suelo, vio a Goyle aparecer a su lado. Giró el rostro a tiempo de verlo levantar el pesado bate de madera. La lluvia no le permitió ver su expresión. Con un grito ahogado, la joven dio un quiebro en el aire, casi desesperada. Le pareció ver algo negro volar a su lado, pero no estaba segura. Sintió que el viento la desequilibraba. Y entonces vio la hierba ante sus narices. El mango de su escoba chocó contra el suelo y se encontró entonces rodando sin control por la húmeda hierba. Se detuvo con torpeza a los pocos segundos, jadeando. Sentía el rostro húmedo, e intuía que era una mezcla de lluvia y barro. Oyó gritos en las gradas. Logró sentarse, constatando que también toda su ropa estaba cubierta de barro. Su escoba estaba a apenas unos pocos metros, intacta. Tras estudiarse a sí misma unos instantes, verificó que se encontraba sorprendentemente bien. Mareada, pero bien. La bludger de Goyle no la había alcanzado. Y estaba volando demasiado cerca del suelo como para que la caída hubiese sido grave. Respiró hondo, dando las gracias en su mente.

El rostro de Madame Hooch y sus llamativos ojos de color ocre aparecieron de pronto frente a ella. La mujer se bajó de la escoba con profesionalidad y se agachó a su lado.

—¿Se encuentra bien? —preguntó con urgencia. La chica asintió con la cabeza y se apresuró a levantarse, confirmándolo. La mujer la sujetó de los brazos para ayudarla—. Muy bien. Suba a la escoba en cuanto pueda.

Y entonces se montó ella misma en su escoba y se alejó a toda velocidad en otra dirección. Hermione, recuperando el aliento, vio entonces que alguien más había caído, muchos metros más lejos. Apreció una túnica verde de Slytherin, pero ni de lejos era capaz de adivinar de quién se trataba.

El rostro de Demelza se materializó entonces ante ella. Empapada y jadeante.

—¿Estás bien? —le preguntó, al igual que Hooch, limpiándole el barro del rostro con su propia manga—. ¿Te has hecho daño?

—No —aseguró Hermione, con voz ida, todavía mirando a la lejana figura del equipo contrario—. Demelza, ¿qué ha pasado?

—Han parado el partido —contó la joven. Miró en la misma dirección que Hermione—. Peakes le ha dado a Adrian Pucey con la bludger. Parece que le ha hecho daño de verdad. Goyle debía estar cubriéndolo, pero al parecer se entretuvo intentado atacarte a ti…

Hermione sintió entonces que el aire volvía a sus pulmones. Para su propio desconcierto. Ciertamente, la cabeza de aquel Slytherin estaba coronada de una evidente mata de cabello negro…

La chica alzó la mirada a las alturas, observando al resto de jugadores. Había varias personas volando por encima de ella, contemplándola. Y otro grupo de gente por encima de la figura de Adrian Pucey, atendido ahora por Hooch y también por Madame Pomfrey. Vio a Ginny hablando con Montague, cerca de ellos. También distinguió el cabello pelirrojo de Ron, acercándose a toda velocidad desde los lejanos postes. Se detuvo en el aire al ver que Hermione se encontraba de pie y aparentemente bien. La chica le hizo un gesto de aliento con la mano, indicándole que no se preocupase. Alzó más el rostro, y distinguió otra figura inmediatamente encima de su cabeza, muchos metros más arriba.

La lluvia resbalaba por el cabello, rostro, túnica y escoba de Malfoy. El chico estaba bien sujeto a su escoba, y su tronco y rostro estaban inclinados a un lado, para poder verla con claridad. Era la primera vez que la miraba desde que había comenzado el partido. Hermione, sintiendo la lluvia cayendo directamente sobre su cara y ojos, parpadeó con torpeza e intentó verlo mejor, colocándose el antebrazo a modo de barrera. Los ojos de Draco se clavaron en los suyos. Su rostro estaba completamente impávido. Tras escrutar los ojos de la chica pasando su propia mirada de uno a otro un par de veces, enderezó el tronco y simplemente se alejó, volando en una dirección desconocida.

—Vamos… —escuchó Hermione que decía Demelza, alcanzándole su escoba—. Veamos que sucede con lo de Pucey…

Ambas ascendieron para hablar con el resto del equipo. La situación parecía complicada. Pucey había recibido un golpe bastante fuerte en la cabeza, y recobraba el conocimiento de forma intermitente. No podría continuar jugando. Y no tenían sustituto.

Después de varios minutos de discusión entre Madame Hooch y ambos capitanes, el equipo de Slytherin decidió seguir jugando con seis jugadores en lugar de siete. Lo cual era una desventaja considerable. Ahora parecían estar en inusual equilibrio, el equipo de Gryffindor con una buscadora amateur, y el de Slytherin sin uno de sus tres cazadores. Las gradas estaban frenéticas.

El partido se reanudó. El equipo de Slytherin se repuso y reacomodó su ataque, con más fiereza incluso, pero las cosas parecían complicarse. Era muy difícil realizar pases con solo dos cazadores, sin verse de pronto interceptados por otro cazador rival o una bludger malintencionada, y el marcar goles para ellos parecía cosa del pasado. Su guardián paró algunos tantos prometedores de Ginny y Demelza, pero no era suficiente. Ron, animado al ver que la balanza se inclinaba a su favor, también hizo algunas paradas espectaculares. El marcador se situó en poco rato en 50 puntos contra 100, con Gryffindor en cabeza.

Hermione ni siquiera se había molestado en limpiarse el barro que cubría su cuerpo. Tampoco hubiera podido hacerlo, privada de su varita. Aunque la continua lluvia estaba haciendo el trabajo por ella. Siguió oteando la lejanía, buscando de nuevo el brillo dorado que antes había apreciado. Rezando internamente para que la snitch dorada se le plantase ante las narices. Aunque posiblemente ni siquiera así la atrapase.

La sensación de tener un jersey aferrado con fuerza bajo su mano la aturdió momentáneamente…

—¡… y Draco Malfoy se ha lanzado en picado, señoras y señores! ¿Habrá visto la snitch?

Hermione, sintiendo su corazón paralizarse, giró en redondo. En efecto, no tardó en distinguir a Malfoy volando a toda velocidad, muchos metros más lejos. Persiguiendo un brillante destello.

Con un gemido de pánico, Hermione se lanzó hacia él. Pero estaba segura de que no llegaría a tiempo. No volaba tan rápido como él, y el chico ya le llevaba ventaja. Ya estaba con el brazo estirado, a apenas un metro de la snitch. Si la atrapaba, Slytherin ganaría. Gryffindor no llevaba la ventaja suficiente. Perderían.

De pronto, la pelotita alada cambió de rumbo, haciendo al chico cambiar también de dirección a toda velocidad. Y ambos se acercaron más a Hermione. La chica, sin poder creerlo, siguió volando hacia ellos. No oía nada a excepción del rugido del viento en sus oídos. La lluvia caía ahora con más abundancia.

Los estaba alcanzando. Iban directos hacia ella. Draco todavía le llevaba la delantera, pero Hermione veía ahora la snitch con claridad. Y también los fieros ojos grises de Draco, con su brazo elevado por delante de su cuerpo. Estaba a punto de atraparla. Malfoy la atraparía. Slytherin ganaba. Sus dedos casi la rozaban…

La mano de Draco se cerró en un firme puño. Pero no rodeó la snitch. Ésta quedó a tres centímetros al lado de su mano, justo al lado. Hermione dejó de escuchar su corazón resonando en sus oídos. No escuchó nada.

Vio que Draco no volvía a abrir la mano. No intentaba corregir su error. Y, como era de esperar, la snitch se movió en otra dirección a toda velocidad, perdiéndose de vista.

Perdiéndose de vista.

Hermione detuvo su escoba, lo más rápido que pudo. Tenía el corazón galopando, lo sentía en su pecho y en su garganta, pero no lo escuchaba. Vio a Malfoy detener también su escoba, y golpearse con el puño en el muslo. Sus labios curvándose en una mueca de rabia. Un par de compañeros se acercaron, y lo interrogaron con la mirada, sin estar seguros del resultado de su jugada. Draco sacudió la cabeza y señaló hacia el cielo, generando unos círculos con el dedo índice.

Hermione volvió a escuchar a Justin narrar lo sucedido.

—Falsa alarma, señoras y señores, el buscador de Slytherin no ha atrapado la snitch. El partido continúa. Parece indicar que su visibilidad le ha jugado una mala pasada por culpa del mal tiempo. Lo cual, si me permiten la apreciación, es más que razonable… ¿Alguien más se está ahogando?

Se escucharon risas en las gradas, y vítores ante el comentario de Justin. El tiempo estaba empeorando y la lluvia caía cada vez con más fuerza. Volvían a escucharse truenos, aunque aún no se veía ningún rayo.

Malfoy oteó alrededor, mientras se acomodaba mejor la empapada túnica y sus ojos se encontraron con los de Hermione. Plantada con su escoba de cara a él, a varios metros de distancia. El rostro del chico le devolvió una expresión distante. Ninguna mueca de desprecio. Ningún gesto de burla. Solo una gélida mirada con sus ojos del mismo color que las nubes que los rodeaban. Solo un intercambio de miradas.

Draco apartó sus ojos tras apenas tres segundos y se alejó con la escoba, para situarse en otro punto del campo. Hermione no podía moverse. Necesitaba un segundo para analizar lo sucedido. Para analizar lo que solo ella parecía haber visto. No se sentía capaz de encontrarle sentido.

Malfoy podía haber atrapado la snitch. Pero no lo había hecho. Y había sido deliberado, estaba convencida. Había fallado a propósito. Era imposible errar esa jugada, había tenido la snitch delante de las narices, la estaba viendo con claridad… La cuestión era, ¿por qué había hecho algo semejante?

El partido prosiguió. Y las puntuaciones continuaban aumentando. Especialmente en el marcador de Gryffindor. El equipo de Slytherin estaba peleando con todo su potencial, pero no era suficiente. Nunca una final de Copa había estado tan reñida.

Hermione dejó de prestar atención al partido. Se concentró en buscar la snitch con sus cinco sentidos. Lo sucedido había sido un aviso importante. Malfoy tenía todas las papeletas para ser quien se apoderara de la snitch, a pesar de su desconcertante actuación de minutos atrás. Hermione había sabido desde el principio que no tenía ninguna posibilidad, pero, ahora que lo estaba viviendo, no podía aceptarlo. Quería ganar. Quería atrapar esa snitch. No quería que el equipo de Gryffindor perdiese por su culpa. Porque ahora sí sentía que sería su culpa. Era una más del equipo. Estaban puntuando como no creyeron poder hacerlo. Ahora solo necesitaban la snitch. Un golpe de suerte, y ganarían.

Vio el destello por tercera vez, arrancándole el aliento. Sin apenas pararse a pensarlo, se lanzó directa hacia él. Para su sorpresa, logró situarse junto a la brillante y escurridiza snitch y se lanzó en su persecución, varios metros por detrás, pero sin perderla de vista. Ya era suya. Podía conseguirlo. Solo necesitaba volar como nunca lo había hecho antes. Volar como no era capaz de hacerlo. Y lo comprendió cuando vio aparecer una figura verde a su lado. Draco también la había visto. Draco había entrado en el juego. Draco volaba muchísimo mejor y más rápido que ella.

Atraparlo a él la tarde anterior no había significado nada.

—No… —gimió Hermione, para sí misma. Perdiéndose su voz en el rugido del viento. Azuzó su escoba todo lo que pudo. Sin éxito.

Vio claramente, a apenas un metro de ella, cómo los dedos blancos del joven se ceñían alrededor de la dorada pelotita alada. Haciéndola desaparecer en el interior de su mano.

Hermione dejó de instigar su escoba, deteniéndose con torpeza. Con el corazón pesándole como hierro. Con las lágrimas amenazando con acudir a sus ojos. Sintió la lluvia precipitarse sobre ella. No había podido. Después de todo el esfuerzo, después de todo… No había atrapado la snitch.

Vio a Malfoy, pocos metros por delante de ella, agitar el brazo en lo alto, demostrando que había logrado atrapar la pelotita. Poniendo fin al partido. Generando un rugido espectacular en las gradas.

Hermione veía al chico de espaldas, no apreciando así su expresión. Pero algo en sus gestos, en medio de su aturdimiento, la desconcertó. No parecía estar gritando como si acabara de ganar la Copa de Quidditch. No estaba casi saltando en su escoba de pura alegría. No se había girado para dedicarle una expresión abiertamente maligna y satisfecha. Se limitaba a agitar el puño, casi desganado.

La chica sintió entonces unos gritos en su oído. Y unos brazos que la rodeaban, casi haciéndola perder el equilibrio. Se encontró entonces con todo el equipo de Gryffindor a su alrededor. Gritando. Celebrando. Abrazándola. Saltando sobre sus escobas.

Hermione los miró con desconcierto. Con la boca abierta, sin entender absolutamente nada. El pecoso y empapado rostro de Ginny se enfocó ante el suyo. Con una sonrisa radiante que iluminó el sombrío estadio.

—¡Hemos ganado! —le gritó con fuerza, por encima de los vítores de sus compañeros—. ¡Hemos ganado, Hermione!

La chica no fue capaz de entender semejante afirmación. Sacudió la cabeza, todavía sin ser capaz de cerrar la boca.

—No —rechazó, como si fuera evidente—. Malfoy ha… él ha…

—¡Da igual! ¡Les ganamos en puntuación! —gritó su amiga, tomándole el rostro con ambas manos.

—¿Qué? —balbuceó Hermione, incrédula. Asimilando con dificultad semejante desenlace. Sintió que sus labios se estiraban.

—¡Que hayan cogido la snitch es lo de menos! —gritó entonces Ron en su oído, y Hermione descubrió que era quien la estaba abrazando por detrás—. No han conseguido la puntuación necesaria… ¡Hermione, nosotros teníamos 210 puntos! ¡Ellos solo habían conseguido 50!

—Entonces, hemos…

—¡Hemos ganado! —exclamaron Katie y Demelza al mismo tiempo. El resto gritaba cosas que no podía comprender, pero con abiertas sonrisas. Hermione jadeó, permitiendo que la sonrisa iluminara por fin su rostro. La voz de Justin llegó entonces hasta sus oídos.

—¡GRYFFINDOR GANA! —chillaba el muchacho—. ¡GRYFFINDOR GANA!

Habían ganado. ¡Habían ganado!

El estadio entero les vitoreaba. Bajaron al suelo, para poder saltar en los charcos y abrazarse a su afición, que bajaba corriendo de las gradas. Dumbledore se acercó a ellos con la gran copa plateada y la levantaron juntos, llenos de felicidad, sin dejar de saltar. Hermione se mantuvo a un lado, abrazada a Ginny y a Ron. Aturdida todavía. Incapaz de creerlo. Sintiendo el júbilo inundar su pecho.

Al cabo de un rato, la tormenta empeoró. Dumbledore los animó a todos a volver al castillo, para disfrutar de la celebración en un lugar resguardado de la lluvia. La afición fue la primera en alejarse, todavía emocionados. Pero los jugadores estaban saltando con la copa en la mano, demasiado excitados como para ir a cambiarse a los vestuarios siquiera. Los profesores también se quedaron en el campo, charlando entre ellos y con algunos alumnos que se quedaron igualmente, todos bien protegidos de la lluvia por diversos encantamientos, paraguas y capuchas. Los jugadores, empapados ya como estaban, no se molestaron en convocar ningún hechizo.

—Ginny, no lo entiendo… ¿por qué entonces atrapó Malfoy la snitch? Si sabía que iban a perder… —preguntó Hermione en voz baja, cuando la sobreexcitación inicial fue descendiendo. Ron, Ginny y ella se encontraban algo más apartados del resto del equipo, los cuales seguían cantando y bailando sin descanso.

—Ha jugado bien, lo ha hecho a propósito —explicó su amiga, sonriendo ampliamente mientras veía a Katie subirse en los hombros de Peakes para elevar la copa todavía más arriba—. Era muy difícil que ganasen. Con un cazador menos, puntuar se les estaba haciendo muy difícil. Les llevábamos demasiada ventaja. La ha cogido para perder con dignidad, con la mejor puntuación que seguramente podrían obtener. Al final, le diferencia solo ha sido de diez míseros puntos…

Hermione asimiló esa información, pensativa, mientras su amiga se unía al coro de cánticos que jaleaba a Katie. Miró por encima de su hombro, oteando a su alrededor. El equipo de Slytherin se estaba marchando ya por las puertas dobles de entrada al campo. Rodeados de una fiel afición que los animaba a pesar de todo. Hermione no distinguió ninguna cabellera rubia entre ellos, a pesar de que aguzó la vista a propósito para ello. Desvió su mirada hacia los vestuarios y constató que había luz en su interior.

—¡Vamos, chicos, todos a la Enfermería! —exclamó Demelza, dejando de dar vueltas con Coote en un improvisado baile de la victoria—. ¡Tenemos que darle una alegría a nuestro capitán!

—¡A Harry se le va a soldar la pierna del susto! —bromeó Peakes, arrancando una carcajada general. Todos corroboraron la buena idea y se dirigieron a las puertas de salida, con los uniformes todavía puestos.

—Ron —llamó entonces Hermione, tirando de él para hacerlo detenerse. Éste cantaba a pleno pulmón, desafinando alegremente, todavía abrazándola por los hombros—. Os alcanzo enseguida, ¿de acuerdo? Voy un momento al vestuario…

Ron la miró, su sonrisa tornándose inquieta. Accedió a apartar el brazo de sus hombros.

—¿Va todo bien? —cuestionó, examinándola con preocupación.

—Sí, sí, solo… Necesito un segundo de tranquilidad, demasiadas emociones —sonrió la chica, casi disculpándose. Tomó a su amigo de las manos y las apretó—. Os alcanzaré ahora mismo, antes incluso de que lleguéis al castillo.

Ron sonrió con vacilación y le devolvió el apretón de manos.

—Vale, pero ven pronto, ¿eh? Eres la heroína de este partido —le recordó, ladeando el rostro para mirarla con diversión. Elevó una mano y le dio un amistoso puñetazo en el brazo. Hermione rio y lo contempló alejarse, dando graciosos saltos y uniéndose de nuevo a la celebración.

Tragándose un pesado suspiro, Hermione avanzó sin vacilar hacia las puertas dobles de los vestuarios. Con el corazón latiendo a un ritmo justificadamente avivado.

Los vestuarios estaban iluminados con algunos candiles. El color naranja del fuego era un contraste agradable a la vista tras el gris del exterior. Hermione cerró la puerta tras ella y se apoyó en ella, recorriendo la estancia con la mirada. Buscándolo.

Lo halló sentado sobre uno de los bancos de madera. Estaba encorvado, con los codos apoyados en sus muslos. Se estaba quitando las protecciones de los antebrazos, pero con toda la parsimonia del mundo. Su cabello rubio parecía haber sido secado parcialmente, luciendo despeinado y alborotado, y a la joven no le costó descubrir una toalla a su lado. Su túnica goteaba sobre el suelo de baldosas, encharcándolo. También estaba sucia de barro en algunas zonas.

Su rostro lucía demasiado reservado como para saber a simple vista lo que estaba pensando. Pero, desde luego, no estaba contento. Y Hermione se sintió en posición de adivinar su estado de ánimo. Se veía apesadumbrado. E irritado. Su aspecto desganado correspondía con alguien que se siente responsable de haber perdido un importante partido de Quidditch.

—Hola —saludó entonces Hermione, de forma cauta, en voz muy baja. Y se sorprendió de que no le temblase.

El chico alzó el rostro y clavó sus ojos en ella. Para sorpresa de la chica, no esbozó una instantánea mueca de desprecio. De hecho ni siquiera pareció sorprendido de verla. Solo resignado. Se limitó a cerrar los ojos, como si se armase de paciencia para lidiar con ella.

—Lo que me faltaba —espetó, poniéndose en pie con brusquedad—. ¿Vienes a regodearte? Me parece bajo hasta para ti, Granger...

—Por supuesto que no —se apresuró a negar la chica, de nuevo con seriedad. Lo miraba fijamente. Impasible, igual que él. Él resopló y se humedeció los labios, deslizando su mirada por el suelo de baldosas. Parecía no saber muy bien cómo tratar con ella ante el tono pacífico de su voz. No era propio de ellos comportarse así. Y parecía molestarle que la chica no le hablase con abierto desprecio.

—¿Qué cojones podrías querer entonces? —escupió, mirándola con ojos entrecerrados. Como si no se creyese ni una palabra. Se giró para verla de frente, sin moverse del centro del vestuario. Hermione no parpadeó. Seguía plantada en la puerta, con la espalda apoyada en ella.

—Darte las gracias —confesó. El tono bajo de su voz se escuchó con claridad en medio del silencio—. Y pedirte explicaciones.

Malfoy pareció quedarse sin habla unos segundos, en los que se limitó a contemplarla. Su rostro pareció entonces recordar ante quién se encontraba, y su nariz se arrugó, junto con las comisuras de su boca. En una mueca de abierto menosprecio.

—¿Las gracias por qué? No he hecho absolutamente nada para que tú… —saltó, casi defensivo. Como si la sola idea le pareciese por un lado, repugnante, y por otro, vergonzoso.

—No atrapaste la snitch —reveló Hermione, sin apartar la mirada de sus ojos. Sin miedo de sostenerle la mirada. Draco compuso una mueca de incredulidad y miró a ambos lados mientras elevaba las manos, como si fuera evidente. Como si esperaba que alguien lo corroborase.

He atrapado la snitch, maldita estúpida. No hemos ganado porque han aparecido complicaciones, pero…

—No al primer intento —corrigió ella, sin inmutarse. Había esperado esa reacción—. Pudiste atrapar la snitch antes. La tenías delante. Evitaste hacerlo a propósito. Y me gustaría saber por qué.

Draco esbozó entonces una media sonrisa ladina. Sacudió el rostro, como si lo que estaba oyendo le pareciese absurdo para tomar en serio, y continuó quitándose las protecciones del antebrazo. Todavía de pie, sin moverse.

—Es la mayor gilipollez que he…

—Malfoy, lo has hecho. Pudiste atrapar la snitch, pero fingiste no lograrlo. Hubierais ganado. Nos llevabais ventaja en ese momento. Pero tú…

—¡¿POR QUÉ HARÍA YO ALGO SEMEJANTE?! —estalló entonces, arrojando a un lado la protección de cuero, la cual golpeó el banco que estaba a su lado y cayó al suelo con un ruido sordo. Su potente voz resonó con eco en el interior del lugar, interrumpiendo a la chica. Draco había alzado la mirada para contemplarla con fiereza. Con furia. Con un fuego en su mirada que Hermione no había visto nunca en él. Con unos sentimientos que tampoco estuvo segura de interpretar correctamente.

Rabia. Vergüenza. Miedo.

Hermione se sobresaltó ante el súbito aumento de tono, pero no se inmutó ante sus palabras. Ni se movió de al lado de la puerta.

—No lo sé —confesó, todavía mirándolo. Mucho más serena que él—. Cualquier explicación que me viene a la mente no tiene el más mínimo sentido. No entiendo… nada.

—¿Qué diablos hay que entender? —interrumpió él, mirándola con irritación. Su pecho subiendo y bajando, revelando su agitada respiración. Hermione lo miró fijamente, evaluándolo.

—Lo que está pasando —susurró, casi sin pararse a pensar en que no tenía demasiado sentido. Sin pensarse dos veces si realmente quería abrir ese cajón—. ¿Acaso tú lo entiendes?

Draco le devolvió la mirada. Estoico. Rígido. No dijo nada en un primer momento, pero Hermione leyó en su crispada mirada que él también estaba pensando en lo mismo. En cómo se habían mirado la tarde anterior, sobre las escobas. En el silencio que los había rodeado, mientras ella lo sujetaba de la pechera del jersey. En cómo no habían hecho nada para evitarlo. En cómo cualquiera de los dos, o ambos, deberían haberlo detenido al instante. Porque no era lo correcto. Porque no era algo que debiese suceder. Porque simplemente estar ahí, mirándose en la soledad del vestuario, ya se sentía indecente. Sucio. Incorrecto.

—No sé de qué estás hablando, pero no hay nada que entender —replicó entonces Draco. Y Hermione casi se sorprendió de que fuese capaz de mentir con tanta tranquilidad.

—No estoy de acuerdo. A mí me gustaría entenderlo mejor. Pero... no has cogido la snitch cuando tuviste oportunidad. Nos has dejado ganar. Y eso es lo único que tengo claro. Así que gracias —recitó de nuevo, con serenidad. Serenidad que no surtió efecto, pues pareció irritar todavía más a Draco.

—¿Crees que soy imbécil? —le espetó, avanzando entonces hacia ella con pasos lentos, pero decididos, mientras hablaba. Pasando su frenética mirada de un ojo a otro de la chica—. ¿De verdad crees que os dejaría ganar a propósito? ¿Insinúas que esto ha tenido algo que ver contigo? ¿En qué cojones te basas para creer que yo haría nada por ti, Granger?

Se plantó a dos pasos ella, atravesándola con los dos témpanos que poseía en lugar de ojos. Hermione le sostuvo la mirada, teniendo que elevar ligeramente el rostro debido a la altura del chico. Se mostraba confiada. Inalterable. Orgullosa en su postura.

Asustada. Pero no por su súbita cercanía, ni por sus agresivas palabras. Sino por todo el cúmulo de sentimientos que le estaban apretando el pecho. Por la forma en que su corazón estaba latiendo desbocado, como si no tuviera espacio en su pecho para hacerlo. Por el calor que sentía en su nuca. Por la certeza de ser ella la razón por la cual no había atrapado esa snitch al primer intento. Por el empeño de su cerebro en advertir lo atractivo que estaba Malfoy en ese momento. Con el cabello empapado y revuelto, sudoroso, sucio de barro, goteando lluvia de pies a cabeza. Con un rictus de rabia en su expresión. Con sus felinos ojos mirándola llenos de orgullo. Intentando convencerla de que estaba equivocada.

Más desaliñado que nunca. Más humano que nunca. Más guapo que nunca.

—Ayer me ayudaste —susurró Hermione, comprendiendo que era absurdo hablar más alto debido a la cercanía. Draco resopló por la nariz, sin apartar su mirada de ella. Como si le hubiera hecho gracia.

—No sé si es remotamente posible que pueda haber alguna duda al respecto, pero no lo hice por ti —masculló el chico, también hablando en voz baja. Recorriendo ahora el rostro de la chica con sus ojos. Casi negros en la penumbra—. Te dije mis motivos. Te dije que no quería quedar como un gilipollas.

Sin esperar respuesta por parte de ella, se giró, volviendo a alejarse unos pasos, adentrándose en el vestuario. Quitándose la protección del otro brazo. Luchando contra el temblor de sus manos. Maldiciéndose por estar temblando. Necesitaba que ella se fuera. Necesitaba quedarse a solas para poder golpearse la cabeza contra las taquillas. Para poder pensar con tranquilidad. Para intentar así descubrir por qué había hecho todo lo que había hecho en las últimas veinticuatro horas.

Porque él tampoco entendía nada.

—Fueran cuales fueran tus motivos, me ayudaste. De modo que, a pesar de todo, me gustaría darte las gracias.

La voz de Granger, a su espalda, se escuchó bastante más cerca. Y terminó con la poca paciencia que poseía. No soportaba que pensase algo así de él. No soportaba que se cuestionase siquiera que él la odiaba. Porque él la odiaba. Lo hacía. Lo hacía

Arrojó las protecciones de nuevo a un lado, con renovada brusquedad, y volvió a girarse hacia ella. Con nuevos y originales insultos peleando por salir de su garganta. Para encontrársela a dos pasos de distancia, habiéndose alejado por fin de la puerta. La siempre intachable e inmaculada Hermione Granger estaba plantada ante él, empapada de pies a cabeza. Seguramente con los pies calados dentro de esas botas. Con el pantalón de color beige habiendo perdido completamente su color original por el barro. Su túnica roja luciendo granate por la lluvia. Su cabello todavía recogido en lo alto de su cabeza, empapado, desaliñado, goteando agua. Su rostro, brillando de sudor, manchado de barro todavía en algunas zonas que la tormenta no pudo limpiar. Sus enormes y hermosos ojos oscuros, brillando a la luz del fuego de los candiles, clavados en los suyos. Sin odio. Sin rencor.

Estaba jodidamente arrebatadora.

Y su mano, enrojecida la palma por el roce de la dura madera de la escoba, estaba alzada delante de ella. Ofreciéndole un apretón de manos. Un puto apretón de manos. Eso era tan… Granger.

Draco tardó varios segundos en asimilar la escena. En asimilar su mano tendida hacia él. En asimilar la mirada afable que le estaba dedicando. En asimilar la dulce sonrisa que curvó sus resecos, y seguramente helados labios, antes de añadir casi con humor, al verlo vacilar:

—Después puedes lavarte la mano.

El chico se sintió incapaz de moverse. De componer expresión de ningún tipo. Incapaz de razonar. Sabía que estaba mal, todo estaba mal, sabía que no podía tocarla, pero no recordaba por qué. No entendía nada de lo que estaba sucediendo. Quería sujetar su mano… para tirar de ella, para atraerla hacia sí. Quería aferrar su rostro con fuerza, con ambas manos, para poder pegarlo al suyo. Quería tocar esa sucia piel con su propia piel, y…

Su mano se elevó y envolvió la de la chica, juntando las palmas. Rodeando su piel con sus dedos. Sin apretar apenas. Estaba fría, y todavía mojada. La sintió muy pequeña en comparación con la suya. Y más suave, curtida la de él en muchos entrenamientos de Quidditch.

Pero era tan… humana.

Cumpliendo una plegaria silenciosa que él había recitado en su cerebro, Granger no dijo nada. Ni tampoco esbozó ninguna expresión en particular. Se limitó a mirarlo a los ojos, unidos ambos por sus manos. Tocando sus pieles por primera vez desde que se conocían. A excepción, que él recordase, de la bofetada que ella le había dado cuando tenían trece años.

La chica apretó el contacto muy suavemente, de forma afectiva, para después soltarlo. Como si comprendiese lo desagradable que debía estar resultando para el muchacho su cercanía.

Draco sentía el corazón retumbar contra su pecho con tanta fuerza que le extrañaba que su túnica no rebotase. Necesitaba urgentemente arreglar la situación. Volver a tener cierto control. Sentir que se controlaba, como mínimo, a sí mismo.

—Esto no significa… —comenzó ásperamente, sin poder contenerse. Sin saber exactamente cómo proseguir. ¿Qué era lo que no significaba?

—Lo sé —contestó ella en cambio, serena. Al parecer entendiéndolo. ¿Por qué Granger lo entendía siempre todo?

Acto seguido, la chica realizó una apenas imperceptible inclinación de cabeza, y se dio media vuelta sin vacilar. De camino a la puerta de salida.

Cuando la chica abandonó la estancia, sin despedirse, el oxígeno regresó a los pulmones del chico. Se sentía casi mareado. Incapaz de pensar. Sentía que había perdido casi la noción del tiempo y del espacio. No estaba seguro si debía sentirse avergonzado, pero intuía que sí. Sabía que debía sentirse asqueado, pero no lo lograba. Suponía que tenía que estar odiando a aquella obcecada joven con todas sus fuerzas, pero tampoco era capaz.

El único pensamiento con sentido que atravesó su enloquecida mente, fue que quizá hubiera alguna forma de que Potter tuviese otro accidente antes del próximo partido, el año siguiente…

Y también que quizá buscaría a Granger al día siguiente para explicarle el hechizo necesario para atrapar la snitch y guardarla tras un entrenamiento. Porque que había un hechizo.


¡Listo! ¿Qué os ha parecido? 😍 Ojalá os haya gustado mucho 😊. He dudado muchísimo, porque me apetecía escribir un beso entre ellos, pero al final he decidido no hacerlo… Siento que no quedaría realista siendo esto un one-shot "desde cero" 😅. Es decir, sin sentimientos previos entre ellos. Siento que un beso entre estos dos cabezotas necesita más tiempo y explicación je, je, je 😂. Me gusta representar a los personajes de la forma más canon posible, o al menos intentarlo 😊. Así que lo he dejado en un apasionado apretón de manos que, os aseguro, ha dejado a ambos hechos unos flanes 😂😂

¿Qué os pensabais, almas cándidas, que Draco sería un caballero y le cedería a la chica el honor de coger la snitch? ¡Pues nop! Ja, ja, ja 😂 Draco no es así. Mira por sí mismo la mayor parte del tiempo. Y, si piensa hacer algo por los demás, se asegura de que nadie se dé cuenta, que para eso es un Slytherin (lol). Como ha sucedido con la snitch... La ha atrapado, ha conseguido quedar como un gran jugador… al mismo tiempo que permitía a la chica hacerse con la victoria. Ha sido un plan perfecto 😏.

Ojalá os haya gustado mucho, me encantaría comentarlo con vosotros en los reviews, si os apetece dejarme uno 😊

¡Muchas gracias por leer! ¡Un abrazo muy, muy fuerte! 😊