UN SENDERO DE FLORES

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Camelia


Capítulo II

El ocaso estaba cerca, bajo el cielo naranja por los últimos rayos de sol la sombra de dos contendientes se pintaba sobre el césped, esquivar, apuntar, detener y defenderse. Al estar ya cansados y observar la poca luz dieron por terminada la pelea.

—¡Entrenar al aire libre es lo máximo! —Una joven de cabellos totalmente negros gritaba cansada y entusiasmada.

Siempre se emocionaba al pelear y más si era con esa persona.

—A mi igual me agrada entrenar fuera. —Igual de cansado Goku bebía agua en busca de refrescar su cuerpo. —Eres muy hábil Caulifla, has mejorado bastante.

—Pero aún debes enseñarme. Quiero seguir aprendiendo. —La joven le ordenó con pequeños sonrojos en las mejillas.

—Además puede que te de una paliza si me haces a un lado.

—Lo entiendo, tranquila. —Le calmo el pelinegro, quien no evitó notar el tono anhelante de la joven. —Te enseñaré tanto como pueda.

Luego de recoger sus armas, ambos emprendieron el camino de regreso. Goku no pudo evitar evocar la memoria de lo sucedido hace sólo unas horas, la presentación lo tenía asustado pero al ver a su futura esposa en ropajes tan finos y con una belleza simple pero cautivadora lo dejo aturdido, era muy hermosa.

—Llegando te invito a cenar. ¿Qué dices? Mi hermana cocino algo delicioso. —Caulifla esperaba pasar más tiempo con él y sabía que traerlo con comida era perfecto para mantenerlo a su lado un poco más.

Goku miro a la joven, vestía un traje de entrenamiento muy parecido al que el mismo usaba, hakama oscura y yucata blanco con un cinturón negro, sólo que el cabello de Caulifla era más largo y rebelde, unos cabellos que se escapaban de la coleta que se había realizado. Un negro tan distinto al suave que había encontrado en Milk.

—No puedo hoy, debo regresar a casa.

—Que extraño, tu nunca rechazas la comida de Kale.

—Hoy tendrá que ser.

—Hablando de cosas extrañas, llegaron rumores sobre que una comitiva muy extravagante cruzó hace unas horas. ¿No escuchaste nada?

Sabía que se darían cuenta, aún así no podía hablar sobre ello. No Hasta confirmar la boda.

—La verdad creo que no...

—¿Crees? —Caulifla observó el momento en que Goku esquivó darle una respuesta directa. Sintió un ardor extraño en su pecho pero lo ignoro.

—Eso creo, ahora ve rápido a casa, Kale debe estar preocupada por ti. —Goku volvió a esquivar una respuesta firme y la despidió para ir a casa.

—¿No vas a acompañar a una dama? —Caulifla simuló sentirse ofendida.

—Siento compasión por quien intente atacarte. —Le dedicó una señal de adiós con las manos y se alejó por otro sendero.

—No te burles... —Susurro la joven muy suave y con la voz cortada.

Se encaminó por el Lado contrario y se alejó.

Goku se sentía culpable, conocía muy bien a Caulifla, prácticamente habían crecido juntos, entrenaban juntos y se divertían juntos. Era su mejor amiga, pero sólo eso, y sabía que ella no lo veía así. Y el fingir que no se daba cuenta terminó por llevar la situación a un extremo en el que todos sus conocidos daban por hecho que se quedarían juntos.

Lo que al final resultaría en no ser así.

¿Cómo iba a enfrentarla?

—¡Goku! ¡Esperame!

—¡Krilin! —El pelinegro observó como uno de sus mejores amigos corría a gran velocidad para alcanzarlo.

—Hasta que me escuchas, llevo llamándote hace tiempo...

—Lo siento, hoy estoy algo distraído. —Se disculpó rascando su nuca con su habitual gesto de despistado.

Krilin recuperaba el aliento luego de su carrera, miro a su amigo que se veía tan normal, pero sabía que no todo era normal. Así que no pudo evitar molestar a Goku con una mirada inquisitiva y le dijo: —Oí que ya llegó tu prometida. ¿Cuándo planeabas decirme?

—Ah, eso... —El más alto desvió la mirada —Si llegó...

—¿Y es hermosa como prometió tu madre? —Sus ojos se achinaron para continuar molestando a Goku.

—Si, lo es...

—¡Vaya!

—Hiciste que dijera algo vergonzoso. —Se quejó el pelinegro. Caminaron por el mismo tramo, su amigo vivía en un área alejada junto a su maestro Roshi, ambos habían entrenado artes marciales juntos desde niños pero cuando Goku inicio en el arte de la Katana lo dejaron y se veían en ocasiones.

—¿Cuándo anunciarán el compromiso? —Pregunto Krilin curioso.

—En cinco días, mi madre quiere que conviva un poco con ella antes de dar mi respuesta.

—¿Tu que piensas? ¿Crees que podrás?

—No lo sé, sabes que he estado evitando todo esto por años. Ahora sólo puedo esperar que sea aceptable.

—Siempre pensé que aceptarías estar... Ya sabes...

Desde luego lo dicho antes era verdad, todos los conocidos de Goku esperaban que finalmente se casará con Caulifla. Pero eso no iba a ser posible, su madre incluso había estado de acuerdo con la muchacha pero Goku se había negado a ese compromiso. Primero porque quería zafarse y segundo porque no la veía con romance. No era tonto, sabía que tarde o temprano la relación forzada con ella terminaría lastimandolos a ambos.

Ahora se había condenado con una completa desconocida, una desconocida que le había hecho titubear por lo bella que era y por lo feroz de su mirada.

—Sigo pensando como debería decirle todo.

—¿Aún no lo sabe? —Se alarmó su amigo. Conocía muy bien a Caulifla, una mujer de carácter. Pero cuando se enterase sobre esto iba a estallar y de la peor manera. —Vas a firmar tu sentencia de muerte. Debes hablar con ella.

—Ya lo sé, sólo esperaré.

—Pero...

—No pienses mal, se lo que ella siente por mi. Sólo quiero saber.

—¿Estas diciendo que si tu compromiso no funciona la escogerás a ella? Eso es muy frío y cruel. —Krilin estaba un poco decepcionado, pero no podía culpar a su amigo. Finalmente lo habían orillado a tomar esas decisiones. No lo justificaba pero tampoco lo juzgaba. —Espero que te resulte...

—Yo también. —Admitió Goku.

Luego de continuar caminando ambos se despidieron, Krilin se iría por el tramo de la derecha hacia donde estaba el templo, mientras Goku debía ir por la izquierda hacia donde se elevaba su gran casa.

—¡Hasta que regresas!

—Lo siento mamá, es sólo...

—Sólo nada, te esperamos para iniciar la ceremonia del té. Pero como no llegabas tuvimos que hacerlo sin ti —Goku escuchaba en silencio el regaño de Gine, quien estaba muy molesta. —Tu prometida realizó una ceremonia espléndida para todos.

—Disculpame madre, no volverá a pasar.

—Ese no es el problema Goku, los días que vienen debes estar en casa, entrenaras con tu padre y hermano. Si vas a salir saldrás con tu prometida y sus escoltas. — Gine empezó a dar órdenes a su hijo menor. —Ahora irás a disculparte.

—¿Qué? —Goku no entendía, no había hecho nada malo. ¿Por qué disculparse?

—Ya escuchaste a tu madre —Su padre se veía igual molesto, tenía una mirada severa y veía seriamente a Su hijo menor. —Acompañame.

Goku siguió a su padre en silencio, aún no entendía nada pero tal ves su padre sería más sencillo con el sermón. Lo llevo por el jardín lleno de flores y un arroyo que rodeaban los árboles, había un estanque donde peces de colores hermosos revoloteaban. Su hogar era bello y enorme. Uno de los mejores debido a la recompensa por servir en la guerra.

Eran de la clase guerrera por varias generaciones y eran considerados en muy alta categoría, vivían como tal pero aún servían a las demás personas.

Caminaron bastante hasta llegar al árbol de la familia, un árbol de cerezos que aún no florecia, todas las mujeres de la familia lo habían cuidado por años, madres, esposas, hijas...

—¿Dónde estuviste?

—Estaba entrenando padre.

—Estabas con la señorita Caulifla, asumo. —Bardock vio a su hijo tragar duro, eso lo confirmo sin que respondiera. —Goku ¿Por qué entrenas?

—Para volverme aún más fuerte padre. —respondió muy seguro.

—¿Es todo? ¿Sólo ser fuerte? Ese es un deseo y sentir muy insulso, vacío.

—Padre...

—Ya eres fuerte hijo, pero no te volverás más fuerte. No, si sigues ese camino de entrenar sin nada mas en mente. —Bardock miro el árbol, su madre habia cuidado a ese árbol con tanto esmero como lo hacía su esposa ahora. —Crees que te imponemos el matrimonio por nuestro capricho, pero no es así. Aún no lo sabes, pero el tener a alguien más siempre te hará más fuerte.

—Lo siento padre, pero no logró entenderlo. —Respondió Goku con la verdad. Porque así era, no entendía como casarse lo volvería más fuerte, su hermano debía ocuparse de su familia y entrenar al mismo tiempo. Eso lo descuidaba de entrenar.

Simplemente no veía como todo esto lo volvería alguien fuerte.

—Tu sólo mides el tiempo de entrenamiento, pero no su convicción. —Trato de explicar su padre. —El medir algo sólo por su fuerza te ciega de muchas cosas hijo.

Goku se quedó en silencio, no comprendía pero era mejor callar. No quería tener una discusión sólo por diferir en pensamientos.

—Mañana partire al amanecer, me llegó una misión para auxiliar a una villa del sur. Al parecer fueron acechados por bandidos.—Comunico el mayor a su hijo.

—Déjame ir contigo padre, te lo pido. —Se inclinó Goku.

—No es algo que requiera tu presencia, además de que sería sumamente descortes de tu parte irte ahora.

—Pero padre...

—¿Cómo crees que se sintió tu futura esposa al no verte presente desde su llegada?

Goku finalmente comprendió porque debía disculparse, sus actos serían más estudiados ahora que tenía una invitada que requería de compañía, al no estar la había ofendido con su ausencia.

Era un torpe.

—De acuerdo padre. —Finalmente comprendió al menos esa parte.

—Además que mañana llegará su escolta principal. Al parecer una señorita de la misma ciudad. —informó Bardock y caminaron de regreso a la casa.

Al estar en el camino de regreso le llamo la atención cierta cabellera negra ondeando en el viento, la mujer parecía buscar algo ya que estaba inclinada mirando entre los arbustos. La reconoció de inmediato y con una señal a su padre pidió permiso para ir con ella, lo cual se le concedió.

Sin hacer nada de ruido estudio el comportamiento de la joven, se había cambiado la vestimenta elegante por un kimono simple de color verde, al igual que su cabello estaba ahora agarrado sólo hasta la mitad en un moño y el resto caía en cascada sobre sus hombros.

Goku se sonrojo, se coloco tras ella dandole un toque en su hombro y con torpeza dijo: —¿Qué estas buscando?

Milk soltó un grito que vino acompañado por un golpe directo en el pecho que empujó a Goku al suelo ya que no podía respirar, le había quitado el aire. ¿Milk estaba haciendo una pose de pelea? No pudo responder esa pregunta ya que dos de las doncellas de Milk habían corrido alarmadas por el grito.

—Lo siento tanto mi señor. —La disculpa de Milk no se hizo esperar, le ayudó a recuperarse y volvió a hacer una reverencia prolongada.

Milk se mordió los labios ante la estupidez que había cometido, ¡Acababa de golpear a su prometido! ¡Era impensable! Continuó con sus disculpas muy sincera.

—No debes disculparte —Respondió Goku con aire de ligereza —Después de todo yo fui imprudente al asustarte. Discúlpame.

—Yo debí estar más alerta. Lo siento tanto.—La inclinación de disculpa Milk continuó. Goku se conmovió al verla tan nerviosa y avergonzada, era tan distinta a las mujeres que conocía, parecía alguien única.

Después de las disculpas de ambos, las doncellas se retiraron no muy lejos.

—¿Que hacia buscando en los arbustos?

—Oh, pues encontré un gato pequeño y quería acariciarlo. —Milk no mentía, era el gato blanco más lindo que había visto.

—Suerte atrapandolo. Vive aquí pero nadie ha logrado hacer que se acerque ni que lo acaricie. —Le explico Goku, vislumbrando en el matorral a dicho gato que los observaba muy atento y desconfiado.

—Ya veo.

—Por cierto, mañana ¿Quisieras dar un paseo? Iré a ver las tierras de mi padre y quisiera que me acompañaras.

—¿Está bien si voy? —Milk estaba insegura, ¿Si no le agradaba a los sirvientes? Ella era agradable con todos los que le servían, pero porque había crecido con esas personas, ¿Como sería ahora?

—Por supuesto. Verás la pradera, los cultivos y los campos de flores. —Goku espero a su respuesta, mientras lo hacía no podía dejar de ver sus labios. Se veían tan colorados, y su rostro se había puesto rojo al tenerla tan cerca.

Le recordaba a una bella flor que siempre le había gustado.

¿Cuál era su nombre?

—De acuerdo. Acepto el paseo. —decidió Milk con una sonrisa sencilla.

—Claro que debemos ir con escolta.

—¡Tiene razón! —Milk se asombro al recordar que su amiga llegaría al día siguiente.

—Entonces decidido, mañana partiremos antes de...

—¿Puedo hacerle una petición, mi señor?

Goku estaba asombrado ante tanta formalidad.

—Por favor dime Goku.

—No sería correcto...

—Entiendo, pero insisto. Sería más sencillo si dejamos la formalidad.

Milk se asombro ante ese atrevimiento. No podía comportarse así. Era inaudito.

—¿Cuál es tu petición?

—Pues sólo es una sugerencia pero si pudiera conseguir un acompañante que sea guerrero como usted. Para mí amiga...

—Esa es una petición un tanto extraña. —Reflexiono Goku.

—Lo sé, sólo que ella siempre quiso conocer a guerreros como ustedes y en la ciudad de donde vengo hay pocos.

—Podría intentarlo... —Goku no estaba seguro, de hecho se le había olvidado por completo ese detalle.

¡Ahora recordaba porque había ido a ver Vegeta muy temprano!

—Muchas gracias mi señor.

Goku al ver la sonrisa de dicha de Milk se enternecio, no podía fallarle. No quería...

Entonces recordó lo principal. Debía disculparse.

—Además yo quisiera disculparme por haber sido tan descortes. —Empezó Goku más serio —Debía presentarme para acompañarla. Por eso, perdóneme.

Milk estaba sorprendida, no esperaba que aquel hombre tan distraído supiese comportarse seriamente. Lo cual hizo que su corazón palpitara enternecida. Se estremeció por un momento. ¿Qué le estaba pasando?

—No tiene que disculparse. Me dijeron que debía entrenar. —Milk había preguntado por la ausencia de su prometido a lo que la respuesta fue esa: Esta entrenando. —Para un guerrero entrenar es muy importante. Lo entiendo.

—¿¡De verdad!?

—¡Señor!

Desde luego Goku la había asustado de nuevo, en cuanto aceptó su disculpa este se había precipitado tomando sus manos y quedando tan cerca que su nariz casi rozaba la de Goku, Milk se sonrojo visiblemente y se agitó, estaban muy cerca, casi se podía sentir sus respiraciones.

—Usted me recuerda a algo hermoso. —Empezó Goku hipnotizado por esos ojos negros que reflejaban luces del sol. Milk no sabía que decir, casi podría desmayarse. Estaba cautivada por la seriedad de esa mirada que tenía su prometido.—Usted me recuerda a una bella Camella.

¿Camella? ¿Le recordaba a un animal?

Milk lo proceso en su cerebro varias veces antes de enfadarse. ¿Se quería burlar de ella a fin de cuentas? Pasó de estar ansiosa a molesta en un segundo, ella no iba a tolerar ninguna ofensa ni siquiera de su prometido.

—¿Le parece divertido burlarse de mi? —Apartó a Goku con fuerza, Milk estaba indignada.

—¿Acaso dije algo mal?

Goku no entendía que había dicho mal, ella le recordaba a una Camella. Eso les gusta a las mujeres ¿O no?

—¿Todavía lo pregunta? Deje de burlarse de mi.

Milk roja pero de furia se alejó molesta, era increíble como quería burlarse de ella actuando como si fuera alguien maduro. Estaba muy furiosa.

—¿Pero... Que pasó...?

Goku veía la figura de la bella joven alejarse muy molesta con él, pero él no entendía nada.

"Mujeres" pensó sumamente confuso.

—Mi señor tiene visitas.

—No espero a nadie, dile que se largue. —respondió el guerrero con su habitual gesto serio sin apartar su vista del rollo de pergamino que leía.

—Es la señorita Kale mi señor. —Respondió el sirviente.

Vegeta suspiro, miro a su sirviente y le realizó una simple inclinación de que podía pasar a la visitante.

—Disculpa la intromisión —La joven ingreso al salón, sostenía con nerviosismo un bulto en las manos y esperaba la invitación a sentarse.

—Es muy tarde. ¿Qué haces aquí? —Vegeta no despegó la mirada del rollo que estaba en sus manos.

—Mi... mi padre le envía un regalo. —se inclinó la joven sobre el tatami.

Vegeta miro de reojo como Kale extendía lo que parecía ser un bento. No podía negar que la madre de la muchacha era una buena cocinera, pero sus regalos nocturnos sin duda tenían una doble intención.

Intención que siempre debía negar, pero la comida era buena.

—Debes dejar de salir tan tarde. El sol ya se va a ocultar. ¿No le preocupa a tus padres?

Vegeta podía deducir porque la enviaban sola tan entrada la noche, para acompañarla de regreso a casa. No podía negarse, sería muy descortes.

La madre de Caulifla y Kale era astuta.

—Disculpe por la hora.

—Puedes sentarte. —Finalmente le permitió Vegeta, mientras guardaba los pergaminos que estudiaba.

La joven se acercó con pasos nerviosos, inseguros y de tal forma se sentó frente a Vegeta.

Kale estaba sumamente ansiosa, siempre se ponía así cuando estaba junto a aquel guerrero. Lo había conocido desde pequeña y le guardaba un profundo respeto y admiración, no fue hasta que creció que supo que en realidad estaba deslumbrada por el porte de Vegeta, quien luego de la guerra había regresado más maduro que el joven que se había marchado.

Preparo con esmero los ingredientes y la carne que había cocinado su madre para que estuviese al agrado de Vegeta, se aliso el kimono de color vino que traía y se arregló el cabello que había recogido con esmero.

Quería llamar su atención.

—Gracias por la comida, se ve delicioso —Declaró Vegeta, aunque le sacaba de quicio los planes de la madre, sabía que Kale era inocente con los planes de su madre. Aún así salía a relucir su cortesía y acritud por igual. —Como siempre.

Kale se avergozo, no entendía porque su madre insistía tanto. Ella podía atraer su atención sola, quería que todo se desarrolle tranquilamente no que la avienten como si fuera una res.

—¿Ha pensado sobre entrenar discípulos? —Pregunto la joven co voz suave.

—La verdad, prefiero no hacerlo. Trabajo mejor sólo. —Contesto el peliflama.

—Pero sería un desperdicio, usted es un guerrero con mucha habilidad y talento. —Kale quería entrenar con Vegeta, al igual que su hermana entrenaba con la persona que le gustaba. Ella quería saber como era entrenar con Vegeta, que podía enseñarle, lo vería moverse con agilidad. Era su ilusión.

—Pero al aceptar discípulos debo escoger personas de igual habilidad. No perderé el tiempo con novatos. —Con esa frase esperaba poder continuar con la comida en silencio.

Kale sabía lo rudo que podía ser Vegeta a la hora de hablar, de hecho era conocido por ser un guerrero hábil y talentoso, pero su orgullo y mal humor eran más específicos del guerrero. Pero detrás de su indiferencia sabía lo fuerte, educado e inteligente que podía ser. Cuando lo llamaban para misiones a veces debía ir a aldeas muy pobres que no alcanzaban a pagarle por repeler bandidos o atrapar a delincuentes, así que lo hacía sin cobrar nada.

Kale sabía que tenía un corazon noble pero era muy gruñón, se veía a si misma logrando ganar su confianza.

—¡Señor mensaje urgente de la familia Son! —la ensoñación de Kale fue interrumpida por el anuncio de un mensajero.

—¿Tan tarde? —Se extraño Vegeta, aún más irritado.

Kakaroto era insoportable. Abrió el papel que venía enrollado, leyó rápidamente. No podía creerlo.

¿Ser escolta? Eso nunca.

—No contestaré este mensaje puedes decirle al mensajero que se retire. —Ordenó Vegeta.

Kale se preguntó que podría decir el mensaje que había irritado aún más a Vegeta, pero no podía preguntar. Una vez que la comida fue terminada, Vegeta se dispuso a acompañar a la joven de regreso a su casa.

Si bien era un camino medianamente largo hasta la villa, casi no realizaban conversación relevante.

—¡Señor tiene mensaje de la familia Son!

—¿Otra vez? —Vegeta terminó de enfadarse cuando al salir de su casa otro mensajero había llegado.

Sabía lo insistente que podía ser Kakaroto. Demonios si se negaba los mensajeros no dejar la de llegar toda la noche.

"¡Maldición!" Pensó enfurecido.

Con rapidez escribir una respuesta afirmativa a la petición y se la entregó al mensajero. Quien con rapidez se retiró.

Kale atenta y extrañada presenció la escena sin decir una palabra, luego retomaron el camino a su casa donde con una corta despedida lo vio alejarse.

La joven suspiro enamorada y se apresuró a entrar a casa donde su madre con una sonrisa le pediría detalles de su avance, pero Kale sólo le diría lo superficial, no compartiría detalles del guerrero con nadie. Sería la única en saberlo...

《¿Dónde estoy?》

Milk despertó sobresaltada al no reconocer su habitación. Pero esa ya no era su habitación.

El segundo día de Milk en la casa de su futura familia se abría paso frente a ella y ya sentía un dolor de cabeza, quería volver a su casa, volver a su habitación, volver a su vida... pero el recuerdo de su futuro esposo la embargaba, algo en su corazón tiraba de ella hacia él, algo en su futuro esposo la desesperaba y enternecia a la vez. Un sentimiento extraño que empezaba a doblegar su voluntad.

Pero ella no iba a tolerar sus burlas ni sus comparaciones con una Camella. ¡Una Camella!

《No cabe duda de que es un tonto》

Con desgano Milk observó que la luz del sol apenas llegaba a la ventana, pronto vendrían sus doncellas a prepararla y vestirla para el desayuno. Su estómago hizo un crujido, la noche anterior se había saltado la cena debido al incidente con el señor Goku, ahora tenía mucha hambre. Decidiendo que era mejor comer que estar enfadada se levantó de salto.

—¡Señorita le traemos agua caliente!—de golpe entraron sus doncellas, quienes le ayudaron a asearse y peinarse en un recogido moño.

Milk escogió su propia ropa, eligiendo un conjunto de kimono en un tono amarillo muy suave y claro, además de ligero y cómodo. Una vez lista suspiro fuertemente ¿Como iba a enfrentarse a su prometido?

Deslizó la puerta sólo para encontrarse con la esposa de su futuro cuñado, Agisa.

—Buenos días, espero hayas descansado bien. —le saludo con una sonrisa resplandeciente. La mujer llevaba su cabello marrón claro en un moño sencillo, vestía un kimono color vino y una sonrisa adornaba su rostro.

—Buenos días —reverencio Milk automáticamente. —Descanse muy bien gracias.

—Eso me alegra, ¿Quisieras acompañarme a dar un paseo? —La petición era amable y con la correcta cantidad de dulzura, como si tratará a un animalillo perdido.

¿Así la veían?

— ¿Estará bien que vaya?—Milk no podía evitar seguir sintiendo inseguridad. Era una extraña en una casa que no era suya. Tal ves si estaba perdida después de todo...

—¡Claro! —Agisa jalo del brazo de la joven, sin soltarla emprendieron una caminata lenta hacia los jardines.

Mientras avanzaban se topaban con todos los sirvientes y trabajadores, quienes daban una reverencia y saludaban: 《Señora Agisa, Señorita Milk》 aquello era demasiado para la joven pelinegra, dentro de poco ella también sería una Señora de la casa y esa presión en el pecho la angustiaba. Se aferró aún más al brazo de Agisa.

—No bajes la mirada —con una voz calmada su acompañante le sonrió mientras seguían su camino. —Debes elevar la mirada y ver a todos, así demostraras esa fortaleza que veo en ti.

《¿Acaso soy tan fácil de leer?》pensó Milk y obedeciendo al consejo de la castaña se afirmó con seguridad.

—¿A dónde vamos? — Pregunto la joven prometida al ver que tomaban un tramo del jardín que se extendía rodeado de flores vistosas.

—Ya llegaremos, espera...

Cuando Milk vio el árbol de cerezos más hermoso que nunca había visto se maravilló, tenía un tronco grueso, las ramas se alzaban pero las flores empezaban a querer brotar en un estilo de cascada eso significaba una sencilla cosa.

La llegada de la primavera.

—¡Buenos días, señora Gine!

—¡Ahí están! —Con efusividad Gine saludo a su nuera y a Milk, quien se sobresalto por tal recibimiento. ¿Siempre era tan animada?

—Espero hayas descansado muy bien —le deseo con sinceridad Gine a la prometida de su hijo. —Quisiera enseñarte el tesoro más valioso de nuestra familia, al menos para las mujeres.

Con una sonrisa amable, Gine elevó una mirada de adoración hacia el árbol de cerezo, Agisa también tenía una expresión similar y Milk no entendía cuál era la importancia de tal ritual.

—Este árbol ha estado en la familia Son desde hace varias generaciones, las mujeres del Clan siempre nos hemos encargado de su cuidado. —Explicó —Le enseñe a Agisa cuando se unió a mi hijo mayor y ahora quisiera enseñarte a ti.

Milk, con detenimiento, observó el árbol que majestuoso se alzaba como si quisiera contarle la historia de la familia que empezaba a acogerla como una hija más, ese árbol había visto más cosas que ella misma en su corta vida. Sintió una presión nueva, ese árbol también parecía decirle que la familia a la que se uniría era más importante y poderosa que ella misma. Ser parte de la familia Son... ¿Sería así?

—Al llegar la primavera debemos regar el árbol —Indicaba Agisa, quien camino hasta el pozo que tenían en el jardín y así poder sacar agua fresca.

—Agisa realiza los cuidados del árbol cuando yo no puedo o estoy fuera, pero la mayor parte del tiempo soy yo quien lo cuida. Debemos revisar que no haya insectos o algún hongo que dañe el árbol. —Gine tenía una voz tan tranquila, que parecía arrullar a las personas con su voz. —Tu también podrás hacerlo. Eso me haría muy feliz.

Milk sólo pudo sonreír, mientras con determinación realizaba las tareas que le indicaba la madre de su prometido, regar las raíces y buscar algo malo del árbol, no era buena en jardinería pero tenía determinación y aprendería aquella tradición que debía aceptar de su nueva familia.

Luego de examinar que no hubiese nada malo con el arbol y hubieron terminado regresaron a la casa a desayunar.

—La verdad hermano tu destreza con la espada es fina, pero la destreza de tus palabras es nula —Raditz se burlaba por quinta vez de su hermano menor, quien había acudido a él por ayuda ya que no entendía en que se había equivocado con Milk la noche anterior.

Todo estaba yendo perfectamente pero al parecer dijo algo que la insulto y quería saber que.

—¡Deja de burlarte y ayúdame! —Se quejó Goku. —Debo saber que error cometí para que no vuelva a pasar, así podré disculparme con ella e iremos de paseo con tranquilidad...

—Vaya Goku, —Se sorprendió Raditz al ver la actitud desesperada de su hermano, el normalmente era indiferente a esas cosas. —Creo que es la primera vez que te veo así por una mujer.

Goku suspiro, estaba frustrado consigo mismo. Estaban sentados sobre el tatami frente a frente realizando las tareas de su padre, ya que había partido muy temprano en dirección al sur a realizar el trabajo que le pidieron. Los pergaminos enrollados debían ser leídos y sellados con el símbolo de la familia para ser aprobados, en medio de esa haré Goku había pedido consejo de Raditz.

Quién obviamente había usado su situación para reírse, como siempre.

—Tienes razón, no se que me pasa —Acepto Goku con pesar.

Desde que su prometida había llegado no había hecho más que cometer errores que quería enmendar, pero era la primera vez que quería hacerlo, cuando decía algo sin querer en frente de Caulifla era normal, p3ro con Milk era diferente, se sentía diferente...

—Para empezar confundiste las flores de Camelias con un animal, así que podrías empezar con explicar tu confusión. —le sugirió su hermano —Te conozco Goku, todos aquí lo hacen, sabemos que no eres tan bueno con las palabras como lo eres con tu entrenamiento, pero tu prometida no te conoce. Un error mas así haría que piense mal de ti.

—En eso tienes razón — Volvió a aceptar con desánimo.— Tengo hambre...

—Apenas desayunamos hace un par de horas, falta poco para el almuerzo. ¿A qué hora será su paseo?

—En cuanto llegue su escolta, al parecer una amiga de su ciudad. Vegeta llegará para el almuerzo, el será mi escolta.

—¿Acepto acompañarte y no entrenar? Eso me sorprende. —Raditz no creía que Vegeta dejará todo por acompañar a Goku.

—Tuve que convencerlo, Milk me pidió que consiguiera un guerrero que acompañase a su amiga, no quiero molestarla más.

—Goku fue inconsciente de lo que decía.

《Imposible》pensó Raditz, no podía creerlo, su hermano parecía esforzarse de verdad por su prometida. ¿Acaso...?

—Goku creo que...

—Mis señores, el señor Vegeta ha llegado y una invitada se acerca a la entrada. —un sirviente aviso.

Sin poder aclarar las dudas respecto a Goku, Raditz enseguida se levantó junto a Goku para ir a recibir a una nueva visita. Al ser el hijo mayor y su padre estar ausente debía ser la cabeza de la familia.

—Te extrañe mucho —Decía una voz dulce pero algo dramática.

— Pero si apenas llevo un día fuera.

—La voz más suave pertenecía a Milk, aunque sonaba algo ahogada.

En la entrada de la casa Milk era abrazada con fuerza por otra joven de igual estatura que ella, pero que tenía el cabello de un turquesa muy inusual.

—¡Para mi fue demasiado tiempo!

—Continuaba la joven recién llegada. —Disculpe tanto señora Son, no quise faltarle. Soy la hija menor del Clan Brief, Bulma.

—¿Clan Brief? —Se asombro Gine. —¿La familia que realiza las armaduras y armas de la familia Real?

Todos se quedaron mudos por un instante, y Vegeta quien hasta ese entonces había estado apartado del bullicio se acercó para ver bien lo que sucedía.

—¡¿Qué?! —Grito Goku sorprendido.

—¡Goku, esa no es manera de saludar! —le regaño su hermano.

—Vaya, ¿Cuál de los dos es tu prometido? —Pregunto Bulma a su amiga.

Milk sólo señaló en silencio a Goku.

—¡Vaya! Se ve apuesto.

—Bienvenida al Clan Son —Con voz neutral y más elevada, Raditz se hizo escuchar.

—Disculpen las molestias por quedarme en su casa. —Saludo Bulma más recatada y brindó una reverencia. —Gracias por recibirme.

—No es ninguna molestia, supongo que ya se presentó a mi madre y mi esposa. —Continuó el mayor.

Bulma sólo asintió en respuesta.

—Este es mi hermano menor, el prometido de la señorita Ox Satan —indicó a Goku.

—Mucho gusto en conocerla, señorita Brief.

—El gusto es mío.

—Y este es el hijo mayor del Clan Ouji, Vegeta. —Señaló al guerrero que tenía una cara seria y de pocos amigos. —También será el escolta que la acompañe.

Bulma confiada de si misma, al ver al apuesto guerrero hizo un pequeño coqueteo para verlo sonrojado. Pero Vegeta apenas la miro, hizo una reverencia y la ignoró.

Atónita la peliazul no podía creerlo, no tenía sentido, cualquiera que la viera se avergonzaba.

Con una sonrisa divertida y sutil ideó un plan para molestar a ese guerrero gruñón.

《Interesante》pensó Bulma.

Continuará...