DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a JK, ponerlos en ridículo es cosa mía.
Este fic participa en el Reto #55: "No hay dos dsin tres" del Foro "Hogwarts a través de los años".
Regulus Black
Decisiones importantes
—Deshazte de ellos y conjura la marca; cuando seas necesario, recibirás más órdenes.
Te dicen eso sin sonreír, sin felicitarte por el trabajo cumplido o preguntarte cómo te sientes. El mortífago enmascarado se desaparece y te quedas solo. Ahí es cuando te arrodillas rápidamente en suelo y vomitas, sueltas las lágrimas aguantadas y el quejido que tenías atascado en la garganta. Te quedas así unos quince minutos hasta que consigues controlar los temblores, más o menos. Te levantas y tambaleándote vas desapareciendo los cadáveres y la sangre. Intentas no mirar las expresiones congeladas horrorizadas, ni la madre abrazada a su hijo tan juntos que se hunde en el pecho ensangrentado. Desventajas de no poder usar la imperdonable: el trabajo se vuelve más sucio. Eso lo te lo dijeron al principio, aunque a estas alturas de la guerra vuelan tantos avadas que más bien parece una prueba. Una forma de asegurarse de que seas suyo, porque te das cuenta justo esa noche. No cuando tomaste la marca hace unos meses; eso parecía un juego, una forma de animar a mamá y papá después de la marcha de Sirius, algo que había que hacer. Es ahora cuando la puerta se ha cerrado con llave y ves el pasillo oscuro y sin final, no hay escapatoria, estarás siempre a su merced.
Aún cuando la casa reluce y no parece haber rastro de la pelea, sigues oliendo la sangre, sigues sintiéndote sucio y sigues oyendo las suplicas y los gritos desesperados. Parece algo estúpido, pero sientes la necesidad de llevarte una foto, una estática de esas muggles, de la familia. La coges y pronuncias el hechizo. No te fijas en la calavera gigante por miedo a los vecinos y desapareces a toda prisa.
Vas directamente al salón. Orion lee un libro tranquilamente, pero tu madre se sobresalta excitada, te esperaba.
—¿Y bien, cómo fue la misión hijo? —En sus ojos hay un brillo casi febril y sonríe desmesurada; tragas saliva sonoramente y te fuerzas a sonreír, rezas para que no te tiemble la voz:
—Bien, pero no puedo contar nada, recibiré más instrucciones.
Te vas a toda prisa, aunque te da tiempo a escuchar los susurros emocionados de tus padres, preguntándose qué sería la misión y si le habría visto. Empiezas a llorar otra vez, aprietas tanto las uñas que te estás haciendo sangre, pero casi alivia. En tu habitación lanzas un hechizo silenciador sin pensar y te fijas en las paredes. Repletas de libros de genealogías, de pureza de la sangre e historia mágica y los sientes una burla. Es su culpa, es culpa de tus padres por empujarte por ese camino, de esos libros y mentiras que pintan tu corazón de odio, de tu hermano por marcharse y abandonarte para seguir el camino que le habría tocado a él. Kreacher te encuentra hecho un ovillo en el suelo; tiene los ojos preocupados como te hubiera gustado ver en tu madre:
—¿Qué puede hacer el elfo Kreacher por el amo Regulus?
