Un Sendero de Flores

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Camelia


Capítulo VII

—¡Mi caballo! —Ordenó Bulma cuando la comitiva que había secuestrado a su amiga se alejó. —¡Ahora! —Exigió al mozo que su madre habia traído consigo.

Los sirvientes auxiliaban a Goku, pero la herida era profunda y tardaría en recuperarse. Debía buscar la forma de retrasar la comitiva de Milk, era un viaje de seis días para llegar a las tierras de Lord Freezer, debía ganar tiempo.

—¡Bulma! —Le grito su madre, intentando correr con ese kimono de gala que dificultaba su avance. —¿Qué piensas hacer, hija? ¡No cometas una locura!

Haciendo caso omiso a las palabras de su madre Bulma rasgo la fina tela del kimono que llevaba, para así poder montar con más libertad. Sería una gran escándalo pero eso no le importaba. Tenía que salvar a su amiga.

—Alto mujer —El guerrero que minutos antes había salvado de una muerte segura a manos del señor feudal, la agarró de los brazos impidiendole irse. —¿Qué planeas...?

—Tranquilo señor, no habrá matrimonio, boda o compromiso. Lo que hice fue meramente compasivo. —Tan digna como ella misma, Bulma se safó del agarre del guerrero. Pero Vegeta molesto por como le hablaba gruño en respuesta.

—No me refiero a eso, no podrás oponerte a un señor feudal. —Razonó Vegeta, apenas él mismo seguía con vida. ¿Qué podía hacer esa mujer? —Piensa, puedes ser una dama de la corte y tener privilegios. Pero hasta tu tienes un límite de tu poder.

—Lo sé. Sé que yo sola no podré hacer nada. —Hablo Bulma resignada. —Pero ante un buen pacto el emperador no podrá negarse. — Soltándose para montar su caballo finalmente, Bulma miro al guerrero.

—¿Pero que dices...? —Vegeta no entendía lo que esa mujer de azules cabellos quería hacer.

—Ayude a su amigo, volveré lo más pronto posible, señor. —Bulma miro al guerrero de una forma indescriptible hasta para ella misma y emprendió el largo camino hacia la capital, la ciudad del emperador.

—Oh, Bulma... —Lloraba su madre.

—¿Qué quiso decir con pacto? —Exigió saber el guerrero.

—Lo más probable es una unión. El emperador busca la manera de enlazar su familia con la nuestra, quiere tener el control de todo el armamento de mi esposo. —Bunny a media voz explicaba los sucesos que afrontaba la familia Brief. —Lo más probable es que ella misma acepte un compromiso...

Vegeta quiso correr tras la joven, pero ese pensamiento impulsivo fue acallado por su terquedad y orgullo, no tenía razones para ir tras ella y el hacerlo sólo demostraría debilidad.

Debilidad que no estaba dispuesto a sentir.

Aún así con la promesa de que iba a volver, empezó a reunir soldados para crear una estrategia. Su fe ciega en Bulma, le decía que debían estar listos para una batalla.

Y así empezó los preparativos.


Se sentía adormecida, sin vitalidad, casi fantasmal. Cada traqueteo de la carroza le recordaba lo terrible e injusto de su destino, de su vida, cada paso de los caballos que la llevaban significa alejarse de sus seres queridos, de quien era ella misma de su amor... ¿Tan mala había sido en su vida pasada para que le ocurran tantas desgracias? El dolor, la pérdida, el despecho, la preocupación, todas esas emociones la abrumaban, la lastimaban. Ajena a todo sólo podía esperar, esperar el fin de sus anhelos, de sus deseos, de su libertad. La comitiva avanzaba sin descanso por horas, hasta el anochecer, cuando una joven de cabellos rubios fue a verla.

—Come —Le ordenó, la mujer de rasgos finos y bellos ojos, reconocía su voz. Esa voz femenina pero petulante. La había visto entrar a la casa de los Son hace unas noches, buscándola ahora estaba segura de eso. —¿Qué esperas? Come.

Milk seria y sin expresión observó un cuenco de madera con algo de arroz y pescado, no le apetecía comer, sin hacerle caso ignoró a la mujer.

—Debes comer —Pidió la rubia con un tono más tranquilo. —Lamento lo que te paso.

Sin poder creer lo que oía, Milk miró a la rubia mujer, buscando burla en sus palabras. No halló nada mas que compasión, una que le brindabas a un ave herida: sabes que no volará de nuevo pero la mantienes viva. Era cruel...

—¿Lo lamenta? —La malicia en la voz de Milk no fue disimulada, no quería su lastima. Ella quería escapar de esa pesadilla... —Déjeme en paz, no quiero nada y menos de ti.

Sin mostrar emoción, Lazuli se alejó de la carroza, afuera la comitiva había instalado un improvisado campamento para pasar la noche. Tardarían días de camino, días en que tendría que soportar a la señorita Ox Satan, siendo la única mujer sólo ella se acercaría a su carroza y ese trabajo ya le molestaba.

—¿Se negó a comer? —Su desinteresado hermano miraba burlón a su gemela, quien seguía con el plato lleno y sin tocar. —Es muy testaruda, es de esperarse. Es una dama de sociedad después de todo.

Lapis sabía que su hermana quería vivir así, en una casa cómodamente y vestir hermosas sedas como la joven del carruaje, pero sus circunstancias habían sido muy diferentes. Ambos abandonados en un hogar, ambos huyendo, ambos siendo entrenados a muerte porque la superstición dictaba una fuerte compatibilidad entre gemelos, siendo armas, huérfanos, asesinos.

Jamás personas.

—Ella no debe preocuparse por nada, en cambio yo... debo obedecer órdenes de un ser repugnante como el señor feudal. —La rubia lanzó el cuenco aún con comida al fuego, una señorita que desperdicia comida por orgullo.

La odiaba, Milk sólo debía contraer matrimonio y lo demás vendría sólo, en cambio ella, era hermosa pero como una dama de una noche, nunca como esposa. Nunca tendría familia y moriría como vivía. En la miseria...

—No hables así, es mejor sólo cumplir la misión que tenemos. —Más relajado, como siempre, Lapis le pidió un poco de control a su hermana.

Eran asesinos y mercenarios, pero su hermana también era mujer. Y como toda mujer tenía ambiciones que le eran difíciles de alcanzar.

—Iré a recostarme —Aviso la rubia antes de alejarse a la pequeña carpa que habían instalado para dormir.

—Piensa, tú aún puedes elegir. —Hablo de forma más razonable su hermano. —Asumiendo la forma en que fue llevada, no será feliz en lo absoluto.

—Pues la libertad tampoco te da felicidad, hermano...

Con tal mordacidad en sus palabras y el resentimiento, Lazuli se alejó para recostarse. Pensando en que no servía de nada ser ella, nunca podría tener una familia y cuando muriese nadie le lloraria. En cambio la dama secuestrada pertenecía a algo, bueno o malo, era una pieza de una familia, de amigos, de personas.

Finalmente ambas mujeres se maldecían por ser ellas mismas, Milk porque su voluntad se hacía añicos con cada hora que pasaba y Lazuli porque renunciaría a todo con tal de ser una mujer de estatus, ambas ignorando las consecuencias de lo que deseaban...

Milk, ya sin lágrimas para derramar había tenido una noche de insomnio, buscando maneras de escapar se encontró con una barrera de guardias que le impedían su acto, así estuvo toda la noche, hasta que al amanecer el avance continuó. Volvió a deprimirse, el día anterior había perdido todo: Su padre, una familia, tal vez había perdido a Goku. No lo sabía y el no saberlo la aterraba. El tiempo pasó y la vitalidad de Milk terminó por apagarse. No había cruzado palabras con nadie más que con la mujer rubia, con quien habían entablado conversaciones de odio/amistad, ni siquiera su secuestrador se había dignado en verla, sólo era llevada como un tesoro invaluable para reunirse con todo el harem de concubinas de Lord Freezer.

Se estremeció de miedo cuando el imponente castillo del señor feudal hacia gala desde las montañas hacia el horizonte, una fortaleza soberbia y de presuntuosidad que emanaba de sus paredes. Una prisión...

Milk suspiro, ni siquiera se pudo cambiar sus atuendos y llevaba días usando las mismas ropas de sus nupcias, seguro aquel horrible sujeto quemarla sus prendas, alterada por perder la única conexión que tenía con sus objetos más preciados se quitó la única pieza que podría conservar: Su palillo en forma de Camelia...

《Me recuerdas a una camella》Las palabras resonaron divertidas en su mente, para pasar a punzarle el corazón y atravesar su nostalgia. Palabras mal formuladas pero que significan mucho para ella, todo se había perdido. Por ello aferrada a su flor lloro por última vez antes de enfrentarse a su nuevo desafío y tal ves el último. Por ello al momento de una parada antes de continuar, Milk pidió:

—Lazuli...

La rubia se volteó al oír su nombre, normalmente sólo la llamaban los hombres para acordar órdenes o vigilancias, pero esta vez había sido una voz más suave quien la había llamado.

—Señorita. —Con su normal tono serio, Lazuli fue al llamado.

—Quisiera pedirte un favor. —Rogó Milk.

—No se si pueda...

—Por favor.—Imploro a media voz la pelinegra —Guarda este objeto por mi y colócalo en la tumba de mi padre. Te prometo que te pagaré, con joyas o dinero, pero sólo hazlo, te lo pido.

Lazuli no entendía, sostuvo con sus manos el delicado accesorio para el cabello donde reposaban piedras de rubí que adornaban una bella flor de fantasía: Una Camelia roja... su valor era mucho en si, pero extrañamente esa dama quería guardar ese único objeto. ¿Por qué?

—Lo haré, pero no entiendo...

—Es mi único objeto que no quisiera que fuese profanado por el señor feudal. Quiero salvar una parte de mi...

Un sentimiento de pena invadió a Lazuli, aún tenía remordimiento por su terrible vida y por la suerte tan terrible que había tenido, pero aquella muchacha de ojos negros, mirada oscura, ojeras y un aura triste, le causaba lastima. Tal ves la había juzgado mal, pero era tarde, su destino estaba sellado en un lugar donde tal ves... No sobreviviria.

—Claro... —Fue lo único que dijo, para luego alejarse con el objeto y guardarlo en su talega de armas.

Cuando ingresaron al imponente castillo, se separaron, los soldados por un lado y las carrozas hasta el área principal donde una tropa de sirvientes esperaban temerosos la llegada de su amo. En los pilares de la entrada lo esperaban dos personas, que parecían ser los principales sirvientes.

—Amo, me alegra que haya regresado sano. —la mujer hablo con voz gruesa de persona mayor, era anciana e hizo una reverencia.

—¿Cumplió su cometido, amo Freezer?—el otro anciano también saludo con una reverencia.

—Por supuesto que sí. —Con altaneria y soberbia, Freezer hablaba por demás victorioso. Entrando a grandes pasos a su mansión, seguido de sus dos leales súbditos y dejado atrás a Milk, quien no había salido de la carroza. —Ese gusano de Ox Satan trato de engañarme, pero ante tal traición sólo pude matarlo para que recuperase algo de honor, nadie me hace tal desplante.

—Que agradables noticias señor, asumo que vino con...

—Así es, debo decir que el simio de su padre engendro una preciosa doncella —Alabó Freezer mirando hacia la carroza —Pero eso es proporcional a su temeridad y su obstinación. Se negó a comer bocado todo el camino hasta aquí.

—Eso será un problema señor... —El anciano pensó que si la dama era indomable, no valía la pena tenerla. —Si se niega a obedecer órdenes de su dueño, no sirve de nada...

—Es joven e inmadura, sólo hay que quebrantar su espíritu. —Analizó Freezer. —Una vez ocurrido eso, podrá ser perfecta...

El camino hasta sus aposentos era largo, al llegar ambos ancianos procedieron a sus labores: Servir a su amo.

—Quiero que eliminen toda conexión de la joven con su anterior vida. Aferrarse a imposibles la volvera más difícil de adiestrar. —Freezer soltó una risa queda de maldad. —¿Escucharon?

—Como ordene señor, Freezer —Al unísono ambos acataron las órdenes en seguida.

La habían arrancado de su casa, de su hogar, de los brazos de su amado. Quiso resistirse a salir de la carroza, pero las fuerzas le fallaron, el no haber comido nada le estaba mermando la fuerza. Y fue cargada con poca resistencia hacia unos aposentos, eran enormes sin duda pero se sentían vacíos, fríos, malos... la sometieron hasta para tomar un baño. Pero aún así las fuerzas no le acompañaban.

Su capricho de no comer ahora la pagaba.

Ella lo sabía, lo supo todo el tiempo, mientras las finas telas de su kimono nupcial era desprendido de su piel, se sentía como si fueran desgarrando su alma. Pero sin inmutarse lo dejo ser.

—¿Donde llevarán eso? —Pregunto Milk cuando vio los estropajos de la fina tela siendo llevada. Pero no obtuvo respuesta.

Un silencio sepulcral fue todo lo que la acompañó, nadie le hablaba, nadie le miraba, nadie actuaba demás, no sonreían. Parecían seres robóticos programados para sus tareas y nada mas. Aún así con toda habilidad que pudo ya que no le prestaban atención en lo absoluto, oculto la katana corta que aún tenía bajo el alfombrado. Nadie pareció darse cuenta.

Su último movimiento estaba planeado.

Una vez bañada fue vestida con unos kimonos de tela fina pero diseños extravagantes, colores demasiado llamativos, su cabello lustroso fue sujetado por varias pinzas de oro puro que pesaban demasiado y su rostro fue maquillado de tal forma que no se reconocía en lo absoluto. Hasta el bordado de su kimono parecía ser de oro, era demasiado. Toda esa preparación le había costado más tiempo del normal y Milk apenas podía pensar que se sentía hermosa.

Se sentía como un objeto...

—Veo que ya está lista, Señorita Milk. —Una mujer anciana ingreso a la estancia. —Me llamo Berriblu y estoy a cargo de las doncellas de mi amo.

Siempre había pensado que las ancianitas eran mujeres muy amables y de aura adorable, pero aquella mujer anciana no le inspira eso, su mirada pendenciera y su forma de hablar tan maliciosa, la hacían desconfiar.

—Sus modales son muy malos al parecer, sus difuntos padres estarían decepcionados de ver como trata a una simple sirvienta que se ha presentado ante usted.

Milk se mordió la lengua para no decir alguna blasfemia. Mirando desafiante a la anciana, que le sonreía como si fuese una víbora.

—Pero, no hay nada que no tenga solución. —Continuó la mujer sin importarle el silencio. —Usted es la futura concubina del amo, le enseñaremos a comportarse como tal, una dama adiestrada que sirve sin reproches.

Berriblu recibió más silencio como respuesta, la mirada de Milk no cedió, pero eso sólo ocasionó una risa en la mujer.

—Parece que ya empieza a comprender que su palabra no tiene valor aquí. —Declaró finalmente. —Se me ha ordenado verificar que usted se alimente, se puso muy terca durante el camino ¿Cierto?, pero aquí castigamos esa actitud.

—No tengo hambre —Refutó Milk, sabía que necesitaba comer, pero no sentía el apetito. Prefería morir de inanición.

—Continúe por favor. Hace tiempo que no vemos espectáculos como el suyo. —Le instó la anciana. —Una disciplina dura es todo lo que una dama necesita.

Ignorando las palabras de la anciana, Milk simuló tropezar espero a que nadie la ayudará, siendo así, encontró la katana corta y la escondió en su pecho muy rápidamente. Si iban a obligarla a estar frente a "Su amo" aprovecharía la oportunidad.

Y así con sus manos cruzadas para ocultar el arma, Milk avanzó segura al encuentro con el señor feudal.


Remojando el paño en agua, Gine lo exprimió para colocarla en la frente de su delirante hijo, habían sido dos noches en vela cuidando a Goku, el dolor que debía sentir hacía que su cuerpo se caliente en fiebre y como buena madre, Gine se había quedado con él para cuidarlo. Los eventos trágicos que habían pasado, marcaron un antes y un después en toda la familia, su esposo se había encargado del funeral y entierro del padre de Milk, pero de la pobre hija de Ox Satan no habían sabido nada.

Lo único que sabían era que se la habían llevado al castillo de Lord Freezer, pero no tenían idea de que le pasaría una vez allí. O tal vez Bardock lo sabía, pero se negaba a decirlo...

—¿Aún no despierta?

—Vegeta... —Gine interactuaba poco con el guerrero, quien aún siendo un buen amigo de su hijo, era difícil de entablar una charla con él. Un carácter tan parecido al de su padre: El general Vegeta.—El doctor Karim dijo que se recuperaría con las hierbas, le bajo la fiebre un poco, pero aún no despierta.

—Entiendo... ¿Raditz? —Pregunto el guerrero.

—Está en el Dojo, puedes pasar a verlo.—Le invito Gine con una sonrisa.

—Bueno.

Dejando el salón, Gine suspiro, el hijo mayor del Clan Ouji era difícil de tratar, pero ella lo miraba con calor maternal. Después de todo su madre y ella habían sido buenas amigas, y aunque su actitud era arisca, Gine intento darle afectos de madre en lo que podía. Suspirando volvió a ver a Goku, respirar entrecortado y no parecía que iba a levantarse pronto.

Sin poder evitarlo lloro, de rabia y de dolor, había tenido una fuerte discusión con Bardock porque él ya estaba enterado y sabía de aquel malévolo trato que había condenado a la pobre Milk. De haberlo sabido ella misma habría adelantado la boda, pero por querer celebrar en familia decidió esperar el regreso de su esposo, todo ocasionado por un secreto y una mentira, Gine estaba lastimada y no quería ver a Bardock. En dos días no había salido de la habitación de su hijo y no lo haría.

—Señora —Una sirvienta tocó la entrada. —Los emisarios avisan que la señorita Bulma llegará en un par de horas.

—¿Bulma?

Había sido la joven Bulma la primera en retirarse luego del atentado a su familia, ahora que volvía tal vez traería buenas noticias. Tal vez...

Espero paciente, cambiando el paño de su hijo por unos más refrescantes, le curo las heridas con ayuda de su nuera y cuando su hijo mayor entró para intentar que su madre hablará con su padre, recibió un grito por respuesta y no insistió.

Su madre era peligrosa...

Pasado el tiempo los anuncios de una pequeña comitiva acercándose fueron lo único que la hizo salir en dos días. Ignorando a su esposo, Gine espero la llegada de la joven. Quien venía con un kimono corto y una extraña calza que le facilitaba el montar a horcajadas, un escándalo sin duda.

Y mirando a la joven con esperanza ansiosa de saber las noticias que traería, Gine la recibió.


Desmontó sola y sin ayuda, para decir, con una seriedad grave: —Señor Bardock, tenemos que discutir algo muy importante.

—Por supuesto. —Respondió el mayor.

—Señora Gine, disculpe mi educación pero es muy urgente. —Se disculpó la joven y se alejó tras Bardock directo a un salón especialmente para guerreros.

Una vez a solas, el mayor le ofreció té a Bulma, quien aceptó con poco ánimo.

El aura picaresca de la joven peliazul, había sido reemplazado por uno de frialdad.

—¿Qué hiciste? —Fue la primer pregunta de Bardock.

—Les di tiempo —Confesó Bulma, tomando el té —Tres semanas, exactamente. Seis a lo mucho tomando en cuenta la distancia.

—¿Cómo...?

—Tuve que negociar con mi padre, el es serio pero benevolente, —Contesto Bulma —El emperador nos debía varios favores, por lo que pedimos audiencia para contarle mi versión de los hechos.

—Las mujeres son perfectas inventando circunstancias. Asumo que le dijo una mentira al emperador. —Hablo Bardock.

—Eso es casi cierto, le dije una versión alternativa y apostamos.

—Señorita Bulma, la ligereza con la que me cuenta esto es preocupante. —No entendía a las mujeres, Bardock no entendía ni a su propia esposa... —¿Una apuesta con el emperador?

—No es tan sencillo, pero lo conozco bien. —Un leve guiño siguió a esa declaración. —el quiere algo y si puede conseguirlo fácil mejor. Aunque claro es un mal perdedor, aún así tiene palabra. Y me dio su palabra.

—Va a decirme cual fue su estrategia. ¿Cierto?

—Un pacto entre un señor feudal y un noble, sólo puede evitarlo la muerte o, en el caso de Milk, una boda. —Explicó Bulma —Pero el emperador haría oídos sordos si eso supone divertirse. Por lo que la apuesta es ¿Qué sucede primero? ¿La boda o la muerte?

Bardock lo pensó, esa idea era muy infantil, era indignante apostar la vida de las personas, de su hijo, de la hija de su difunto amigo, pero tenía lógica, el emperador estaría del lado de Lord Freezer si se negaban. Sumado eso la seguridad de la señorita del Clan Brief, quien se veía segura de ganar.

—Entonces... ¿Cuál es su plan? —Pregunto la joven de ojos azules.

—Debo llamar a mi hijo. Y así haremos una estrategia. Nos vendría bien la información que tiene.—Dijo Bardock aceptando el trato, para mandar llamar a su hijo.

—Yo también iré —Vegeta, quien había escuchado la conversación secreta, obviamente se impuso.

—No podemos incluir a tu clan en esto, Vegeta. —Le prohibió Bardock.

—No es por el clan de nadie, es por mi orgullo. —Temblando de ira, quería vengarse de Freezer por haberlo derrotado el día de la boda. Le haría pagar por haberlo humillado...

Una vez todos acordaron unir fuerzas, Bulma empezó a explicar todo lo que sabía del Castillo del señor feudal.

—No les brindo información actualizada, sólo fui una vez de visita a ese lugar, pero recuerdo cada parte de aquel castillo. —Con gran habilidad, dibujo un mapa muy extenso sobre un pergamino. —tiene tres alas importantes: El ala norte se divide en tres pisos es donde están los salones principales, en la segunda la armería que lo tiene como una gran colección privada y en el tercer piso sus aposentos, esta alejado de la habitación para invitados.

—¿Ese lugar tiene seguridad? —Vegeta evaluará la zona explicada.

—Demasiada, el ala oeste tiene las habitaciones de sus soldados y las cocinas. Ahí viven los sirvientes. Nunca los conté pero mi recuerdo es de innumerables personas entrenando. Aunque... —Pensativa Bulma recordaba, cuando niña habia visitado a Freezer y un hombre muy extraño la había asustado,

—¿Qué? —Pregunto Raditz impaciente.

—Hay un grupo especial, que son peligrosos pero raros. No recuerdo sus nombres. Pero ellos son el verdadero peligro.

—Las fuerzas especiales ¿Cierto? —Adivino Bardock.

—¿Acaso aquellos guerreros sanguinarios se fueron con Lord Freezer? —Dijo Vegeta sin poder creerlo, aquellos guerreros que destruian todo sin piedad. Pensó que se habían quedado bajo el mando del emperador pero al parecer no era así.

—Si es así, será más difícil. —Razonó Raditz mirando a su padre. Sabían por demás lo tramposos y poco honorables que eran esos guerreros. —Nuestra estrategia se basa en una lucha limpia, esos sujetos no entienden reglas y por lo tanto serán un problema.

Silenciosos pensaban en que harían para ir por Milk.

—El ala este es la más importante. Ahí tendrán a Milk. Nunca supe que había ahí pero si se que tiene mujeres guardadas como trofeos de sus viajes. —Explicó Bulma tensa por decir aquellas palabras. —Mujeres de otros lugares, sin familia que fueron vendidas por su belleza, su cuerpo... Lo más seguro es que la retenga ahí.

—Asumo que ese lugar tiene más vigilancia. —Presumió Vegeta.

—Te equivocas, no hay vigilancia pero si muchas trampas. Será más difícil descubrir cada trampa que pelear con guardias. Eso es todo lo que puedo decirles.—Concluyó la joven. —Espero puedan ayudar a mi amiga.

—Lo haremos.—Le aseguró Bardock.

—Si no le molesta quisiera quedarme unos días. Por favor. —Se inclinó Bulma a la petición.

—A mi esposa le agradaría.

—Gracias

Una vez dicho eso, Bulma se retiró, dejando solos a los guerreros para que pudieran idear un plan y rescatar a su amiga. En el camino se topó con una sirvienta que llevaba medicinas y agua, le siguió y encontró los aposentos de Goku, quien estaba aún inconsciente.

—Señora Gine —Saludó Bulma ingresando a la habitación.

—Pasa Bulma. —Una cansada madre le saludo, sus ojeras eran prominentes y su cansancio notorio. —¿Ya terminaste?

—Si, no se preocupe todo se resolverá. —Le aseguró la joven. —Le traje algo...

Gine miro curiosa la pequeña bolsita que le extendía Bulma. Y pregunto:—¿Qué es?

—Es medicina imperial, extranjera, muy efectiva. Con esto Goku se recuperará más rápido. —Abriendo la bolsita, Bulma saco varias hierbas extrañas, para luego molerlas y pasarlas en agua. —La hierba absorberá la herida y el té ayudará a sanar su cuerpo.

—Gracias. —Una aliviada Gine procedió a aplicar el emplaste sobre las heridas de su hijo.

Tenía un bendaje en el área del abdomen y uno en el hombro, ambos sangrantes al más mínimo toque.

—Debe descansar señora. Si usted se pone mal por el agotamiento, todos se...

—Lo sé querida, pero ante mis ojos, debo ser yo quien cuide a mi hijo. Quiero hacerlo...

Sin poder objetar la determinación de la mujer, Bulma salió del lugar con una reverencia.

Haría todo por salvar a su amiga, aún si eso significaba arriesgar su vida por una apuesta del emperador. Milk siempre había sido bondadosa y luchadora, no se merecía esto. No le importaba ni siquiera aquel trato absurdo que había hecho con su padre o perder su propia libertad, con tal de recuperar a su amiga y verla feliz, había obtenido con su prometido y su familia aquella felicidad que Milk tanto buscaba y no dejaría que se le fuera arrebatado.

No lo permitiría...


Había caminado por pasillos extensos, ese lugar era enorme que la mareaba.

—Debe salir al comedor quince minutos antes de la hora. —Le indicaba Berriblu —De lo contrario no tendrá comida. Usted tendrá sus aposentos pero si quiere leer, dibujar, debe ir a las salas comunes del Harem.

—¿Harem? —La palabra era nueva para Milk, no la desconocía, pero nunca había escuchado que alguien la use.

—En efecto: Harem —repitió la anciana. —Varias mujeres para el amo. Pero usted es de las más... sobresaliente. ¿Entiende?

La idea le dejo asqueada, ¿Varias mujeres? ¿Para ese asqueroso sujeto?

—Comportarse como es debido. Se debatirá entre si vive o muere. —La vieja mujer indicó con la mirada abrir las puertas de una enorme estancia, donde predominaban mujeres, sillones, cojines, extrañas comodidades.

Milk retrocedió, entrar ahí significaba perder todo en lo que ella creía. Se negaba.

—Señora Berriblu —Un sirviente se acercó a prisa a la mujer mayor para susurrar palabras en su oído.

—Vaya, que sorpresa. —La forma en que lo dijo encrispo a Milk. Era algo malo...

—Sígame —Ordenó y Milk para alejarse de aquel lugar tan... distinto, la siguió.

Una larga caminata para salir a los pasillos del patio y otra más larga para entrar a otro edificio, aún más ostentoso, lleno de lujos innecesarios. Llegaron así a un comedor enorme, donde la mesa era más elevada de lo normal y unas sillas altas estaban alrededor.

Parecía un estilo... occidental.

—Me alegra ver que ya te quitaste esos harapos. —El señor Feudal por primera vez en días, le había dirigido la palabra. Estaba sentado muy cómodo frente a delicias extravagantes que Milk no conocía, ni le apetecía probar.

—No eran harapos. —Contesto Milk con coraje.

—Por supuesto. —El habitual habla cínica acompañaba sus palabras. —Por mi impertinencia de ignorarte todo el viaje, acompáñame a cenar. —Señaló un lugar junto a él en donde reposaba comida para ella.

Se disculpaba por ignorarla, ¿Qué había de su padre?

—No cenaré con usted. —Sin miedo Milk respondió mordaz.

Dió un respingo al oírlo levantarse, para lentamente acercarse a ella.

—Berriblu, permitenos un momento. —Le pidió a la mujer, quien con otra risa de maldad y una mirada cómplice con su amo, se retiró. —Ahora querida, ¿Que dijiste?

Inflando sus pulmones de aire para decir en voz alta lo que pensaba, Milk miró sin miedo al señor feudal y aferrada a su pequeña katana dijo: —Dije, que no cenaré con el asesino de mi padr...

Había sido repentino, la palma de su captor la había golpeado en una bofetada que la dejo en el piso. Mareada, indefensa, dolida... La alfombra había acortado el dolor de la caída, no se digno a mirarlo, el rostro le ardía demasiado...

—Piensa mejor tus palabras, niña. —Le sugirió el agresor, inclinándose sobre ella. —Pregunto de nuevo. ¿Qué dijiste?

Finalmente elevó la mirada, para fulminar con su odio a Freezer, quien se veía complacido en su actitud. Parecía disfrutarlo...

—Eres valiente, pequeña —Le acaricio la cabeza, Milk se encogió. —Pero eres débil en comparación a mi, aprende tu lugar...

Era su oportunidad, estaba cerca, muy cerca. Sólo debía estirar la mano y se liberaría de él.

—Voy a enseñarte en caso de que no sepas a donde perteneces. —La mano del señor feudal se posó en la barbilla de Milk, para obligarla a mirar sus ojos, ojos llenos de locura y peligro... —o mejor aún... Sabrás a quién le perteneces...

¡Ahora! Mandó su instinto, para cortarle el cuello...

—¡Lord Freezer! —Grito un hombre anciano entrando apresurado al comedor.

—Estoy ocupado ahora, Kikono. —Una mirada asesina paralizó al pobre hombrecillo. Milk oculto la cuchilla que apenas había logrado sacar.

—Lo siento mi Lord. P-pero es una carta... del emperador. —Extendiendo un pergamino en una profunda reverencia, el sirviente espero.

—En ese caso... —Mirando a la joven que aún seguía tendida en el piso, cual trapo, sonrió complacido por sus actos. Quebrar su valiente espíritu sería algo que disfrutaría en demasía. —Llevenla. —Ordenó, Milk sintió manos ayudándole a sostenerse en pie para rápidamente ser escoltada de regreso. —No tendra comida hasta mañana. Su obstinación la mantiene viva, veamos cuanto le dura...

Una risa escandalosa resono en los pasillos, llenando a Milk de terror...

Mientras muy lejos de ahí, un muy adolorido y frustrado Goku abría los ojos buscando sólo una cosa: Venganza...

Continuará...


Berriblu y Kikono: Son los nombres de los sirvientes de Freezer en la película de Broly.