UN SENDERO DE FLORES

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Camelia


Capítulo VIII

—Por favor, sirve esto.

Gine estaba en las cocinas supervisando a los encargados a realizar las tareas, aunque estaba preocupada por su hijo debía ser también la señora de la casa lo que implicaba ocuparse de la misma. La presencia de su nuera Agisa era una gran ayuda cuando Gine estaba ocupada y recurrían a ella, pero el tener que cuidar a su hijo Daiko, hacía que la tarea de llevar la casa fuera más difícil para ambas mujeres.

—Abuela ¿Tío Goku no comerá hoy también?—El pequeño niño con ojos de curiosidad y preocupación miraba a su abuela, a su edad tan temprana Daiko empezaba a notar cosas que antes pasaba por alto y más ahora que su entrenamiento con la Katana había comenzado.

Aunque no estuvo presente durante el ataque del señor feudal, Daiko no pudo ignorar las vestiduras de su padre manchadas en un color escarlata. El símbolo de algo malo.

Sangre.

—Tu tío ahora está enfermo. Espera unos días más y podrás verlo ¿Está bien? —Revolviendo los cabellos del niño, que eran de un color negro como los de Raditz pero sin ser tan rebeldes, Gine siguió su tarea. —Ahora ve a llamar a tu abuelo y a tu padre, la cena ya está lista.

—Sí, abuela. —Accedió el niño, pero antes de salir miró de regreso a su abuela con una pregunta más que salió de su boca: —Abuela...¿Dónde está la guapa mujer que paseaba con mi tío?

El frío se apoderó de Gine, el día de la boda su nieto había quedado dormido, dado que la ceremonia sólo podía ser presenciada por los adultos. Por ello mismo desconocía los hechos catastróficos que habían impedido el matrimonio, al menos a los ojos de Gine su nieto no podría entender y era mejor así.

Caramente no podía decirle la verdad a su nieto, no cuando el pequeño quería tanto a la señorita Milk, aunque habían convivido poco cada una de ellas era memorable a sus ojos. De nuevo una ira se apoderó en ella, contra el padre de Milk y su esposo, ambos sabían todo y no se lo habían dicho. Estaba hirviendo en furia.

Inclinandose a la altura del pequeño, Gine le afirmó con una sonrisa conciliadora: —Ella volverá pronto.

Con un humor alegre, Daiko salió corriendo, debía ir a llamar a su abuelo y a su padre. Sus pisadas resonaban en la madera mientras corría, esquivando a los sirvientes quienes veían enternecidos como el mayor de los nietos de sus señores corría entre los pasillos como si en ese lugar no hubiera ocurrido una masacre. Y era un leve consuelo para todos la alegría inocente que emanaba de tan pequeño ser.

—Joven Daiko, cuide de no caer —Se escuchaba de los sirvientes repetidas veces al verlo tan veloz.

—¡Papá! —Gritó en cuanto llegó al Dojo, corriendo lo suficiente para saltar directo a los brazos de su progenitor.

—¡Qué animado! —Sonrió Raditz sosteniendo en brazos a Daiko, su pequeño hijo era un rayo de felicidad entre tanta incertidumbre. —¿Por qué vienes corriendo? Espero no hayas hecho alguna travesura.

—Sería normal, después de todo es tu hijo. —Convino Bardock viendo a su enérgico nieto con orgullo.

—Y también es tu nieto. —Contestó Raditz.

El primer nieto de la familia Son, aún era pequeño, pero su responsabilidad ya era enorme. Siendo el futuro heredero de las tierras de su padre, ya era instruido en varias ramas de estudio y su entrenamiento para ser un buen guerrero iba en ascenso.

—¿Siguen entrenando? —La esposa de Raditz fue a buscarlos también, ya que su hijo podría entretener a su esposo y suegro demasiado tiempo. —Padre, esposo. —Se inclinó en saludo sin ingresar al salón de entrenamiento. —Madre dijo que la cena está lista.

—Iremos pronto. —Avisó Raditz. —Vamos a cerrar el Dojo.

—Daiko, ven conmigo. Debes lavarte las manos. —Con voz de madre Agisa ordenó a su hijo, quién corrió hacia ella para tomar su mano y juntos se dirigieron hacia las fuentes de agua.

Raditz visualizó la escena de su esposa e hijo caminando sintiéndose agradecido y afortunado por tenerlos, los últimos acontecimientos lo asustaron a tal punto que la protección de su familia era su prioridad. Aunque tenían su propia hacienda y tierras no muy lejos de la casa principal, prefería mantenerlos en la casa principal al cuidado de varios guerreros. El momento que pasaban no era el ideal y eso suponía muchas consecuencias, no era normal que se hubieran infiltrado, la seguridad estaba deteriorada y eso implicaba traición dentro del Clan.

Sintiéndose mal por su hijo menor, Bardock aún no podía creer lo que había pasado. Todo lo que habían hecho para mantener la boda en secreto había sido en vano, ahora su amigo estaba muerto, su hijo muy herido y la prometida de su hijo retenida contra su voluntad.

En su casa debería abundar la felicidad de una nueva familia, en cambio el ambiente de tristeza estaba presente en todo momento, más que todo ahora que su esposa se negaba a hablar con él, la tensión entre la familia era notable.

Pensando en ello, terminaron de cerrar los salones del Dojo para asearse e ir a cenar.


Entró en silencio a la habitación, nada había cambiado, todo estaba igual, incluso su hijo. El sol ya se había ocultado y sería otro día más sin que Goku despertará, aguantando sus lágrimas y con diligencia realizó la limpieza y curación de las heridas de su hijo, verlo tan maltratado y cubierto en sangre fue el mayor terror que nunca pensó vivir. Y aún no terminaba su pesadilla, mientras su hijo agonizaba en cama, ardiendo en fiebre y sin amago de mejoría.

Era doloroso para una madre y Gine apenas podía soportarlo. Ni la mayor seguridad sobre sus conocimientos en medicina lograban apaciguar su atormentado corazón, el estado de su hijo nublaba su mente impidiéndole afrontar la escena con racionalidad y dejándose llevar por sus emociones desvalidas.

Y con una gran voluntad se obligaba a no perder la esperanza, la madre de Goku, atendía y cuidaba de su hijo determinada a salvarlo. La situación familiar no era la más óptima, la pelea entre Bardock y ella estaba siendo difícil de sobrellevar, incluyendo el pesimismo y tristeza que era tan notoria, pasaba las horas encerrada junto a su hijo siendo esta una excusa para no salir y encarar a su marido. No podía hacerlo aún, ya que cada día que pasaba su hijo apenas si recuperaba cierta vitalidad y el resentimiento contra su esposo apenas disminuía.

Y los intentos de Bardock por disculparse y reconciliarse eran vanos, conociendo el carácter de su amada era mejor esperar y que ella estuviera más aliviada. Apenas si podía entrar a ver a su hijo, sabía que estaba en buenas manos ya que su esposa era muy buena con las hierbas medicinales, pero la reticencia de Gine sobre su presencia eran devastadoras para él. Quería estar con su esposa, consolarla... pero no era el momento y eso le dolía.

Así estuvieron por días, hasta que una noche cuando al fin recuperaba la estabilidad de su cuerpo sucedió, fue sorpresivo e inesperado pero Goku recuperó la consciencia repentinamente, gritando:

—¡Milk!

Gine se asustó, al ver a su hijo que despertaba bruscamente con un alarido que sin duda iba para su prometida, corrió a calmarlo, seguro estaría confundido sobre todo y alterado por ello.

En cuanto Goku abrió los ojos el dolor azotó en su cuerpo y en su corazón...

Sintió la boca seca, sus brazos y piernas apenas le respondían, trató de moverse pero todo le pesaba. ¿Cuanto tiempo había pasado? Trato de levantarse pero una punzada en su abdomen lo obligó a permanecer quieto, tenía un bendaje que le cubría el tórax y el hombro izquierdo. El recuerdo de la flecha atravesando su cuerpo volvió, junto con el dolor de haber perdido a Milk.

Se la habían llevado y él no pudo hacer nada.

No pudo protegerla.

Tenía que ir por ella, no le importaba enfrentarse a un señor feudal o provocar una guerra civil. Incluso enfrentarse al mismo emperador. La traería de regreso con él aunque le costara la vida.

Decidido comenzó a levantarse.

—¡Goku! —Gine abrazó a su hijo. Por fin después de tanto tiempo había despertado y estaba sumamente agradecida que sucumbió a un llanto de alivio. —¡Creí que no despertarías!

Los brazos de su madre eran cálidos y lo aprisionaban para evitar que se moviera del lecho.

—Madre... —Se quejó este al sentir la presión del abrazo sobre su herida. —¿Cuánto...?

—Siete días. —Respondió Gine con lágrimas en los ojos —Tenías fiebre cada noche, tenía miedo que... pero has despertado. Hijo mío, sigues conmigo.

La preocupación de su madre alertó a Goku, quien pensando en Milk no se dió cuenta del dolor y la angustia que ella pudo haber sentido.

—Tranquila mamá, estoy bien —Goku hizo amago de una sonrisa dirigida a su madre para consolarla, al verla de cerca vio lo cansado de sus ojos y lo oscuros que estaban. No debió dormir muchos días por cuidarlo a él.

Luego de un momento Gine respiró ya más calmada por ver a su hijo despierto y aún vivo. Llamó a los sirvientes para que trajeran agua así Goku podría asearse y refrescarse de aquellos días que pasó.

En unos minutos todos dentro de la casa se enteraron de lo sucedido, el hijo menor de la familia había despertado. Todos se pusieron en marcha para cumplir órdenes, Gine empezó a preparar una sopa para darle de comer, al igual que ordenó que llevarán ropa para que Goku se cambie. En medio de la noche los sirvientes se movían realizando las tareas que se requerían.

—¿Cocinando tan tarde? —Bardock encontró a su esposa finalmente. Estaba cortando verduras sobre un tablón de madera, se veía hermosa y la forma en que realizaba su tarea era bondadosa. Una cualidad tan natural de ella, que verla con el ceño fruncido lo descolocaba mucho. Quería abrazarla y estar a su lado no mantener su distancia.

Gine no le respondió, siguió preparando lo necesario para terminar la comida, no quería hablar con Bardock pero tampoco podía ignorarlo más. Con su hijo ya recuperado lo que más quería era estar junto a su esposo, pero el enfado aún estaba presente contra él.

—¿Continuarás sin responder? —Conocía muy bien el carácter de su esposa, era muy tranquila pero cuando se enfadaba era una piedra. Implacable como el hielo. —¿No crees que ya me castigaste lo suficiente?

El sonido del cuchillo chocando contra la tabla que usaba fue todo lo que obtuvo por respuesta, Bardock sonrió ante la terquedad de su esposa sabía que para poder hacer las pases sólo tenía que hacerla reír y con tal intención se acercó a ella pero antes de que pudiera realizar su cometido Gine lo detuvo.

—En serio estoy muy enfadada Bardock. Ni se te ocurra... —Aunque fue una advertencia titubeante el reflejo de la cuchilla en las manos de su esposa era aterrador.

—Te explique las razones. No debía permitir que nadie se enterara. —Explicó Bardock intentando no mirar el utensilio de cocina.

Era su palabra de guerrero y debía cumplirse. El pacto secreto que compartían dos guerreros no podía revelarse ni romperse.

Era honor.

—Aún así se enteraron, ¡Presenciaste lo que pasó!. Casi veo morir a mi hijo delante de mis ojos por culpa de tu discreción innecesaria. Debiste decirme, aunque solo a mí. —Con más fuerza de la necesaria Gine partió la carne haciendo temblar la mesa. —¿Acaso no confías en mi? ¡El honor casi mata a tu hijo!

Apretó el mango del cuchillo con tal fuerza que temblaba, Gine era consciente de lo injusta que estaba siendo con su esposo, pero su parte materna y aguerrida era más fuerte que ella misma.

—Es por eso que estoy buscando a quien nos traicionó. —Bardock necesitaba explicaciones. ¿Como alguien pudo saber de un compromiso secreto? El señor Feudal tenía un tiempo determinado para reclamar el cumplimiento del compromiso, pero se adelanto a él por la información de alguien más. —Te prometo que esto no se quedará así.

Intentando controlar su llanto de preocupación terminó lo que hacía, Gine pensaba en su hijo, sabía que iría tras su prometida. Pero quería impedirlo, si algo salía mal Goku podría morir o resultar aún más herido, ocasionar una disputa tal podría llevarlo frente a la corte del emperador por alterar la paz. Había tantas barreras que obstaculizaban su camino.

Pero no podía frenarlo.

Bardock no soportaba ver a su esposa así, la debilidad por varios días en vela finalmente hizo efecto sobre una angustiosa Gine, quién al sentir los brazos de su esposo abrazándola no pudo más que entregarse al consuelo que le ofrecía.

—Temo por su vida, ¿Acaso retara al señor feudal en una lucha? —Sollozó Gine. —Los movimientos del Señor Feudal eran rápidos y precisos, ni el mismo hijo prodigio del general Vegeta pudo con él.

—No dejaré que nada le pase. —Presionando su pequeño cuerpo para reconfontar a su esposa Bardock le dijo: —Lo prometo...


Con pasos lentos entró de regreso a la misma habitación, Milk suspiró adolorida, su rostro aún ardía por el golpe de su agresor, había estado tan cerca de acabar con todo pero la oportunidad se había perdido. Frustrada y sin poder defenderse, recorrió la habitación que ahora era su cárcel, examinó el lugar buscando alguna alternativa de escape los ventanales eran amplios una persona cabía sin dificultad pero sus colores le impedían ver el exterior, trató de abrirlas pero se encontraban selladas. Frustrada miró a su alrededor, aunque pudiera abrir una ruta de escape por las ventanas el alboroto sería perceptible, en caso de querer huir tenía que idear un plan. Volvió a golpear las ventanas.

—Todas las ventanas están bloqueadas por supuesto.

Asustada por ser descubierta Milk dejo de respirar al escuchar la voz del señor feudal, no había sentido ni escuchado sus pasos y ahora estaba frente a ella nuevamente con esa mirada fría y peligrosa.

—Pero desde luego no es imposible, son abiertas para el intercambio de aire matutino. —Esa manera de hablar tan comedida y hasta burlona molestaba tanto a Milk, aún así los ojos de aquella persona la atemorizaban. —Luego son cerradas para el atardecer...

Manteniendo su mirada fuerte Milk encaró nuevamente al señor feudal, no demostraría ese temor, lo odiaba. Pero aún con todo su valor, la sonrisa de Lord Freezer era de burla total hacia su temeridad.

—Cuando vuelva espero ver otro tipo de actitud, sino me temo que no podré tratarla con... delicadeza. —Milk se estremeció ante esas palabras, de alguna manera la provocaban náuseas. —Te asignare un guardia, espero no causes problemas.

¿Había dicho volver? ¿Acaso...? Sin moverse de su sitio, Milk vio como se acercaba cada vez más a ella. Contuvo la respiración nuevamente y espero a que siguiera hablando.

—Disimula tu felicidad —Su mano sostuvo su mejilla. —Volveré cuando menos te lo esperes.

Una sonrisa aterradora se formó en su rostro que iba dirigido a ella, una sonrisa que atravesó su cuerpo dejando frío a su paso, era horrible. Luego se dando por terminada su advertencia y así salir de la estancia.

Soltando el aire de sus pulmones Milk volvió a respirar, le demostraría que si la quería ver doblegada ella se defendería, valiente habló: —Señor, tengo una petición.

—Yo no concedo peticiones. —La negación era contundente. —...pero tengo curiosidad por lo que vayas a pedirme. —Asombrado por la osadía de aquella joven, Freezer escuchó atento.

Sin esperar nada agradable de su parte, Milk declaró su pedido.

Al día siguiente la pelinegra despertó alarmada y desorientada solo unos segundos antes de recordar lo sucedido. El mullido camastro de sabanas suaves y finas eran desconocidas ya que la noche anterior se negó a tocar nada de la lujosa habitación, pero su terquedad la venció al igual que su hambre y el sueño ganó haciendo que Milk durmiera a profundidad sin soñar nada por lo agotada que estaba. Pero la pesadilla que vivía era más real que nunca, su terrible destino poco había cambiado seguía prisionera y sin posibilidad de escapar.

No pudo llorar su desgracia, no le quedaban lágrimas, pero el eco de pasos acercándose a la habitación logró despertarla.

—Señorita debe levantarse —Una mujer mayor ingresó sin llamar a la puerta, caminó directa a abrir los ventanales dejando entrar el viento fresco y la luz del sol para luego volverse para mirar a la joven que seguía en cama. —Le pediré agua para su aseo y traerán otros atuendos.

Al principio Milk quiso protestar pero calló.

Sintiéndose más sola que nunca, obedeció. Se lavó el rostro, aún le ardía, mirándose en el espejo vio que tenía la mejilla roja y con una visible marca de escoriacion, tendría un moretón en días. Mirando su reflejo miserable sintió una presión en su pecho, ahora tendría que estar felizmente casada, no cautiva en una jaula como esa, estaba ansiosa por Goku ¿Estaba bien? ¿Estaba herido? Unas suaves lágrimas resbalaron por su rostro, quería tener noticias pero no podía preguntar y no tenía en quien confiar.

A diferencia del día anterior está vez le colocaron un atuendo más discreto y sencillo, aún así resaltaba el bordado dorado. No le trajeron el desayuno, tampoco lo espero, aún así empezaba a Se te los riesgos de su inanición. Paso toda la mañana mirando el ventanal, nadie fue a verla pero sabía que alguien la vigilaba, el estómago le punzaba exigiendo alimento pero el orgullo le impedía pedirlo.

No sabían cuanto más podría aguantar sin probar bocado, se sentía débil y si quería huir necesitaría fuerzas.

—¿Aún te niegas a comer? —Una voz algo conocida fue la que escucho.

—Tú...

—Así es yo —La mujer entró a la habitación, su cabello rubio se veía algo opaco. —Para ser una prisionera tus órdenes son cumplidas. ¿Es tan miserable para ti?

—De alguna manera puedo confiar en ti. —Contesto Milk.

—¿A pesar de que yo conspira contra ti y ahora estas aquí? —La ironía era evidente.

—Las circunstancias nos obligan a realizar cosas que no queremos. —La respuesta de Milk fue compasiva, los días de caravana antes de llegar a tierras extrañas, la única compañía que pudo formar fue ella. —Lo hiciste por dinero, entiendo. Yo ahora tengo demasiada fortuna, no la necesito, pero puedo ofrecerte una gran suma a cambio de tus servicios.

—¿Sabes que no trabajo para ti, cierto? Fui traída aquí por tus deseos pero mi vida correría peligro si te ayudo. —No iba a arriesgarse, la tortura a muerte por traicionar a Lord Freezer sería aún peor.

—Quiero tu protección. —Con voz tranquila siguió insistiendo Milk. —No es diferente de tu trabajo actual, pero también Quiero confianza. Y en mi situación sólo puedo confiar en ti.

La mujer observó los ojos oscuros de Milk, estaba desesperada pero no lo demostraba, controlaba sus emociones como toda una dama. ¿Cuanto tiempo pasaría antes de que se perdiera?

—No puedo rechazar una buena oferta... —Estuvo de acuerdo —Pero tampoco puedo prometerle un trabajo honesto.

—Con eso me basta.

—Me dijeron que puede ir a los salones de música, también de descanso. —Empezó a hablar sobre el trabajo que realizaría. —Debo acompañarla, asi que por favor no me cause problemas.

—¿Podrías decirme tu nombre? —Habían viajado juntas pero sería la primera vez que tendrían un saludo formal. Milk espero que la rubia respondiera.

—Lazuli. Mi nombre es Lazuli.


Vestida como estaba pasó desapercibida, Bulma camino entre los puestos de venta, escuchaba cada conversación atentamente.

"—¿Supiste lo que pasó en el clan Son?"

"—Escuché que tuvieron una boda secreta, pero por los rumores fue una Albión prohibida"

"—El hijo menor quiso cumplir su capricho con una dama que estaba prometida a otro"

"—Ellos actúan tan orgullosos de sus valores pero ofenden a un señor feudal"

Sin hacer caso a los rumores sobre el desafortunado suceso que envolvía incluso el nombre de su amiga, siguió su camino, normalmente cuando vestía como dama las lluvias de halagos para que compre alguna cosa de los negocios no cesaban pero ahora que vestía como si fuera una guerrera nadie parecía llamar su atención. Se sentía mejor así, podía comportarse como quería.

Aún con esa idea sabía que no podría engañar a todos.

—¿Sigues jugando a los disfraces? —Su voz presuntuosa la sacaba de quicio.

—Buenos días a usted también. —Recriminando su falta de tacto, le saludo molesta.

—¿Qué hace una dama comprando los víveres de su casa?

—Ahora mismo no soy una dama, asi que puedo hacer lo que me plazca.—Orgullosa de si misma Bulma miro a Vegeta para luego continuar su camino.

—Aún así no debe andar sola, menos sin una escolta. —Siguiendo a Bulma, Vegeta continuó: —Ningún lugar es seguro.

Su misión había sido estropeada, Bulma necesitaba información y con aquel intruso no podría hacerlo. Pero podía saber algo más de Vegeta.

—El día del festival, Milk dijo que vio a Goku con una mujer. ¿Quién era? —Pregunto —Sé que la conoces.

—No me corresponde a mí decirlo —Tajante como siempre Vegeta se acercó a un puesto para esquivar la pregunta de Bulma.

—Creo que merezco una respuesta.

—Creo que te quedarás con la duda. Si quieres saber algo pregúntale a Kakaroto, ya despertó.

Esta vez fue Bulma quien lo siguió, necesitaba saber eso.

—Mi amiga fue secuestrada, necesito toda la información que tú te niegas a darme. —Le acusó

—Eso se resolverá, pero lo que tú quieres es ajeno a lo que se requiere ahora. —La respuesta de Vegeta era correcta, aunque Bulma tenía el consentimiento de Bardock para averiguar quién había delatado el compromiso, sus propios motivos eran más oscuros.

—Entiendo, ya que su misma motivación de ayudar a su amigo es ajena también. Sólo quiere enmendar su orgullo herido. —Bulma empujó a Vegeta lejos de ella para irse por el lado contrario, justo cuando un carruaje pasaba a mucha velocidad, golpearía a Bulma era lo más seguro. Asi que con rapidez sujeto su mano para voltearla y abrazarla. El carruaje pasó casi rozando contra ella sin tocarla en lo absoluto, pero su largo cabello azulado se soltó de su improvisado moño.

Bulma miro a su salvador, ahora le debía la vida a quien menos queria, y aún con todos esos sentimientos contradictorios su corazón latía desbocado por el susto que sentía, podía haber salido herida sólo por su infantilismo. Aunque... estar junto al guerrero no estaba tan...mal

Dándose cuenta de la situación se soltó bruscamente de su agarre y se alejó entrando a la primera tienda cerca de ella, ahí disimulo revisar la mercadería, quería calmar su agitado corazón. Mientras estaba en eso una conversación susurrante llegó a sus oídos.

—... Sólo es tiempo, cuando el tiempo pase todo será pasado y yo podré consolarlo. Eso ameritará su amor. —Una mujer con voz maliciosa

—Hermana lo que dices es terrible, aún cuando impediste la unión eso no garantiza el que te vaya a escoger... —Una voz más tímida y razonable.

《¿Unión? ¿Escoger?》 ¿Qué estaba escuchando?, entonces ella tenía razón. Alguien había delatado el compromiso.

—Kale, tu forma de hablar me hace parecer una villana. Sólo soy una mujer enamorada, haría todo por amor.

—Pero hermana, el señor Goku resultó herido de gravedad incluso podría ir el mismo contra el señor feudal.

—Llevar a la muerte a su clan por una mujer sería insulso.

—Pero tú los delataste sólo por...

Asombrada por tal desfachatez Bulma rompió un jarrón con mucha irá. No podía creerlo, todo por culpa de alguien que tenía un amor no correspondido, usaría todo el poder que tenía para destruir a aquella mujer.

—Señora, tendrá que pagarlo es una pieza de cerámica muy cara. —Con acusación en su voz por tirar el jarrón, Caulifla exigía un pago. —Era la única pieza que teníamos, por lo que debo decirle que es muy cara.

—¡No voy a pagar nada! —Gritó Bulma sin voltear a mirar a aquella mujer. —Menos a personas...

—Me temo que de ser así no tendré más que llamar a la Guardia para que se lo lleven. —Le amenazó Caulifla y mirando a su hermana ordenó: —Kale, ve por ellos. No podemos permitir está clase de insulto. Menos de una persona de tan baja clase.

—Quisiera verte decir eso mirándome a los ojos. —Bulma se dio la vuelta para encarar de frente a aquella horrible mujer que era la causante del dolor de su amiga. Quería tomar su rostros y arañarlo hasta que la marca dejara cicatrices que fueran tan profundas que nadie la viera hermosa.

—¿Quién...?

—Aquí estas. —Vegeta había estado buscando a Bulma, la había perdido de vista después del incidente. —¿Qué estás haciendo?

—Señor Vegeta ¿Acaso usted conoce a...? —Caulifla se sorprendió, ¿Por qué esa mujer vestía como guerrero? Y lo más importante ¿Cómo una mujer tan vulgar conocía a un guerrero noble como Vegeta?

—¿Qué pasó aquí? —Ignorando a Caulifla, preguntó a la peliazul sobre lo sucedido. Kale se puso nerviosa con la presencia del guerrero, su hermana era impulsiva y por culpa de aquella actitud podría tener una mala impresión del guerrero. Más aún ahora que la desconocida era reconocida por Vegeta.

—Señor Vegeta, me temo que la mujer... rompió mercancía valiosa. Sólo pedía la retribución de la misma. —Cohibida por la presencia de Vegeta, quien era de mal carácter, cambió su actitud. —¿No es eso acaso lo justo?

—¿Justo? ¡¿Justo?! —Estalló Bulma al ver la hipocresía de tal mujer. —¿Quieres un pago por una pieza tan ordinaria? ¿Es usted acaso una estafadora además de traidora?

—¡Bulma! —Le frenó Vegeta. No podía levantar falsos de la nada. —Lo que dices podría traer consecuencias...

—Observame. —Le desafió Bulma mirando al guerrero a los ojos para luego tomar una postura de superioridad. —Escucha muy bien porque te vas a arrepentir de todo lo que acabas de decir. Soy Bulma Brief, la hija menor del Herrero real y miembro de la corte imperial.

Ambas hermanas se miraron culpables, nadie esperaría ver a una dama tan importante y menos en esa condición. Caulifla se mordió la lengua.

—Bulma, déjalo. Ellas no lo sabían. —Vegeta con su voz de advertencia intentó calmar a la joven, pero ella como siempre parecía inmune a su palabra de mando.

—Créeme ellas sí lo sabían. Pienso que una reverencia podría calmar mi mal humor. ¿No piensan lo mismo?

Vegeta no podía creerlo ¿La había juzgado mal? ¿Aquella agradable dama que parecía sacarlo de quicio era tan despiadada con sus súbditos? Vio como Kale empezaba a bajar su rostro.

—No lo hagan. —Ordenó Vegeta a las mujeres. —No tienen que disculparse y menos con ella.

—¿Qué dices? —Sin poder creerlo Bulma exigió una explicación, que no llegó ya que Vegeta la ignoró. Dejó de respirar, ¿Acaso no confiaba en ella? Claro que no.

¡Se atrevió a ignorarla! Aún cuando había hecho todo para...

《¡Qué tonta!》

Pero eso no iba a quedarse así, y menos cuando vio la sonrisa oculta de la hermana mayor.

—Bien, que así sea. —Determinó Bulma para luego salir de aquel lugar.

Ahora estaba resuelta de que esos sentimientos que empezaban a hacer por el guerrero debían ser cortados de un sólo tajo y arrancados para siempre, mientras montaba su caballo el orgullo le impidió derramar lágrimas por su dolido corazón y así llegó directa a la casa Son para comunicar su hallazgo al Jefe del clan.

Se había terminado para ella.

Con una parte de sí misma triste, entró en la casa donde una más descansada Gine le recibió.

—¿Pasó algo? Te veo algo pálida. —Se preocupó la mujer al ver a la joven peliazul tan agitada y sin su vitalidad habitual.

—No, no se preocupe. Más importante aún quisiera hablar con su esposo.

—Está en el área de entrenamiento.

—Gracias, iré a verlo. Me retiro. —Con una inclinación rápida, Bulma fue directa al lugar.

Ahí en el Dojo, el padre con sus dos hijos entrenaban rigurosamente, excepto Goku quien aún no se recuperaba del todo, tan concentrados estaban que no notaron cuando la mujer entró en el salón.

—Lamento interrumpirlos pero debo comunicarles algo importante. — La forma en que lo dijo debió ser muy terrible ya que acudieron a su llamada en ese instante.

Los tres guerreros se reunieron con la joven en el salón de Bardock, donde ya estaban planeando una sencilla invasión para traer de regreso a Milk.

—¿Qué ocurrió? Por la forma en que llegaste asumo que descubriste algo. —Bardock no era tonto, sabía que alguien en la villa los debió haber delatado.

Una parte de vivir en una villa pequeña eran los rumores, aun si estos contenían mentiras, pero los que vinieron no habían escuchado rumores. El señor feudal debió haber constatado la información y alguien debía ser quien los había descubierto, por eso le pidió a Bulma que investigará, nadie sabía de ella y no la reconocerían.

—Realicé el trabajo que me pidió, los rumores estaban ahí como usted dijo. Pensaba rendirme ya que todos hablaban de la boda pero nadie señalaba al culpable —Explicó Bulma —Por fortuna... —Se detuvo recordando como Vegeta la había salvado, ¿Como había podido?... despejó su mente para continuar su informe. Ahora no era una dama, era un guerrero más, había accedido a ayudarles y eso haría. —Por fortuna entre a una tienda donde escuché a dos hermanas, parecían tener una usual charla de mujeres pero esta fue diferente. La mayor se sentía orgullosa de una acción que habría cometido recientemente, ahí fue cuando la menor le recriminó: "Goku salió gravemente herido" supe que hablaban de la boda cuando hasta que dijo: "Tú los delataste..."

—¿Estás segura de lo que escuchaste? —Goku se acercó a la peliazul para confirmar la información. Tenía una idea de quienes podían ser, finalmente eran las únicas que lo sabían, sólo debía confirmarlo.

—Tan segura que casi llaman a la Guardia para arrestarme. —Dijo Bulma con pesar.

—¿Entonces ellas son...? —Pregunto Raditz.

—No conozco sus nombres, pero una de ellas se llama... ¿Kele? —Trato de recordar Bulma pero sólo podía pensar en lo indignada que se sentía.

—Kale. —Dijo Bardock comprendiendo la situación. Su hijo ya había ha lado al respecto pero no podían actuar sin pruebas. —Entiendo. Puedes retirarte.

Bulma brindó una reverencia y salió del salón. Cansada por todo lo que estaba pasando pidió a las doncellas que le llevarán ropa limpia y que tomaría un baño, una vez estuvo más aseada se vistió con su habitual kimono de dama para ir a ayudar con la cena. Grande fue su sorpresa al ver a cierto guerrero en los jardines hablando con Goku. Resentida no los volteó a ver y siguió su camino hacia las cocinas, necesitaba calmarse y a diferencia de Milk quien parecía pensar mejor con una buena espada en mano Bulma necesitaba del buen cuchillo para rebanar el pescuezo de Vegeta.

Cuando ya estuvo cerca de llegar una mano firme en su brazo detuvo su camino, sabía quién era pero ya no quería nada.

—¿Seguirás actuando infantil? —Vegeta había escuchado lo sucedido de Goku, el como Bulma debía averiguar quienes fueron los traidores y al parecer había juzgado mal. Debía disculparse pero prefería no hacerlo, Bulma se había dejado llevar por su venganza y su impulso era reprobable.

—No actúo infantil, si le doy esa impresión. Lo siento. —Una respuesta fría como esa asombró a Vegeta, esperaba las palabras fuertes de guerra que solían ser normal en ella.

—Entiendo, ya me explicaron la situación por lo cual me temo que juzgue mal.

No esperaba menos, el orgulloso guerrero jamás diría una disculpa o pedirá perdón por un error, sólo lo justificaría. Pero Bulma ya staba harta de su actitud, en cuanto su amiga estuviera a salvo no tendría que tolerarlo ni verlo más.

—No se preocupe, son cosas que escapan de nuestras manos. —Continuó Bulma tranquila. Quería alejarse de él así que con una reverencia de respeto terminaría la conversación y todo... —Si eso es lo que tiene que decirme. Me retiro entonces.

Asombrado por aquella actitud pasiva, Vegeta se molestó, no estaba acostumbrado a esa formalidad y menos con aquella mujer. Pero no iba a rebajarse a preguntar, así que molesto pero orgulloso la dejó ir.


Apenas tres días en aquel lugar y el tiempo pasaba tan lento. Aquel señor feudal aún no había vuelto, lo que era bueno, ya que la información que Lazuli le había brindado era fiable. El emperador lo había llamado para realizar una misión larga al parecer y el camino hasta la capital eran más de siete días. Tendría tiempo de reconocer el lugar y poder escapar.

—¿Sabías que eres la primera dama aquí?

Atraída por su voz Milk miró a su nueva escolta, Lazuli había sido vestida con un estilo de kimono que tenía aberturas para facilitarle sus movimientos pero no le restaba feminidad. Ahora que usaba ropas más elegantes veía lo hermosa que era, pero la feroz mirada que tenía la hacia ver peligrosa.

—Hay varias mujeres aquí, no soy la primera. —Respondió Milk.

—Mujeres sí, pero damas no. —Corrigió la rubia —La mayoría de la mujeres aquí fueron vendidas por sus familias. Tú llegaste aquí como dama, contra tu voluntad.

Entendiendo la diferencia, Milk se sintió culpable. Aquellas mujeres tal vez tenían peor futuro que ella misma y un pasado más terrible y por lo que había llegado a escuchar, muchas mujeres habían muerto a manos del mismo señor feudal.

—Sigo en una condición igual, prisionera.

—No lo veo así, pediste mi persona como escolta y te lo concedieron, tienes tu propia habitación y usas ropas finas. Te sientes prisionera pero no lo pareces. —La respuesta mordaz de Lazuli mortificó a Milk. Es que Lazuli no podía aún entenderla, vivía en mejores condiciones y se veía tan miserable. —No entiendo la razón de tu miseria.

—Comprendo tu forma de pensar y no te culpo. Alguien como yo no puede entender tu reproche y tú no tienes que entender el mío. —La razón de Milk era distinta a la de Lazuli. —Nuestras limitaciones son distintas pero nos envidiamos. Envidias mi buen vivir y yo envidio tu libertad.

—Hablas demasiado para ser una dama.

Sonriendo por el reproche de la rubia, Milk decidió realizar una pequeña acción.

—Hablas demasiado para ser una guerrera. —Respondió la pelinegra. —¿Te gustaría ayudarme?

Sin comprenderla Lazuli sólo pudo acceder, finalmente estaba a sus servicios. Así fue como al atardecer fue al salón compartido con las demás concubinas, se había cambiado por un kimono sencillo a observación de Lazuli.

《Están en iguales condiciones pero a la vez no lo están, debes de demostrar que eres parte de ellas. De lo contrario te odiaran》

No entendía ese actuar, pero lo haría.

En cuanto puso un pie dentro de la estancia el silencio azotó el lugar. Milk siempre se había sentido observada pero las miradas que le dirigían eran distintas, cada mujer era diferente, cada una era inusual. Sólo fue un momento antes de ser tratada con total indiferencia.

Extraña como se sentía examinó el lugar, habían cojines y lugares de descanso, aunque cada mujer se veía tranquila el ambiente se sentía pesado.

—¿Eres la recién llegada? —Una amable voz se había acercado a ella, una muy bella mujer rubia igual que Lazuli pero con el cabello más largo y sujeto con una diadema. Le miraba con unos ojos bondadosos de un intenso marrón.

—Es un placer. —Se presentó Milk.

—¿Un saludo formal? —Se extraño la joven

—No tienes que hacerlo. —Le pidió la pelinegra. —Me llamo Milk.

—¡Que bonito nombre! —Alabó de forma infantil —Puedes decirme Launch.

Continuará...