DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a JK, ponerlos en ridículo es cosa mía.
Este fic participa en el Reto #55: "No hay dos dsin tres" del Foro "Hogwarts a través de los años".
Sirius Black
Celda
—Sé que es duro volver a casa Sirius pero es necesario.
Dumbledore te da un ligero apretón en el hombro y te deja solo en el salón. Abandona Gridmmund place y se queda solo con Kreacher, que sigue refunfuñando por el piso de arriba. Después de tanto tiempo es como volver a Azkaban, es lo primero que piensas, aunque a la vez completamente diferente.
Doce años es mucho tiempo para estar encerrado en una celda por un crimen que no has cometido. Te dio tiempo a pensar mucho, sobre todo en tus amigos y en Peter, en todo lo que podrías haber hecho diferente para que no os traicionase. Pero también en tu familia, en los caminos que no tomaste y en qué salió mal. Porque era mucho más fácil odiarlos junto a James, Remus e incluso Peter, cuando tenías la guerra por delante y muchos castigos a tus espaldas. En la negra celda sin embargo los recuerdos se ablandan y solo queda una sensación vacía, como la que sientes ahora.
Ves a tu padre leyendo el periódico mientras fuma en su pipa, aún parece olerse en el ambiente. Escuchas el piano de Regulus y sus pausas enfadado tras cada minúsculo fallo. Sientes la taladrante mirada de tu madre instándote a sujetar mejor la varita, recitar, escribir, volar mejor. Era una fuerza de la naturaleza que empujaba a sus hijos en la dirección que quería. Todavía siente ese odio palpitar cada vez que oye su voz en el cuadro, cuando recuerda las maldiciones y nota la magia negra en las entrañas de la casa. Sin embargo pese al odio, hay otra cosa, un regocijo imborrable. Ese que sentía cuando ganaba al Quidditch, cuando le castigaban por haber maldecido a tres alumnos mayores a la vez, cuando conseguía la copa de las casas o hacía una travesura. Era la cara de satisfacción de su madre, que podía odiarle o gritarle, pero siempre le miraba con cierto orgullo cuando sobresalía, ganaba o se imponía sobre los demás. "Eres un Black Sirius", le solía decir ella.
Huyó con dieciséis de su casa y siempre luchó para alejarse de la maldición de su apellido, pero es imposible. No puede evitarlo, lo lleva en la sangre. Ve una foto en una repisa y observa las caras, su padre orgulloso y serio, su madre con la sonrisa cruel y el porte recto; Regulus y él tendrían seis y cuatro años. Él sale sonriente dándole la mano a su madre e intentando imitar su postura, Reg chuperretea un caramelo y está sentado en el suelo, fue la única manera de que saliese en la foto.
Los ojos del joven Sirius molestan más que los de Walburga, parecen estar riéndose de él, de lo qué se ha convertido y dónde ha terminado. Coge la foto y la estampa en la pared, y de pronto lo sabe, es casi divertido que tras doce años encerrado se de cuenta de que no sobrevivirá en esta casa.
