—Se me quedó el Carnet de Sephiroth en el laboratorio. Ya regreso. Con que los dejes en la habitación está bien.
—Usted manda. —canturrea Zack avanzando con Sephiroth y Aerith agarrados de la mano. El peliplata ve constantemente atrás, Aerith por su lado va dando saltos juguetones con ayuda de Zack que la puede alzar sin problema.
Cloud llega al laboratorio y rebusca donde puede estar ese carnet especial que hicieron para Sephiroth. No le han hecho partida de nacimiento ni hay un registro real de su existencia y aunque fuera de Midgar todo es mucho más banal y simple, la realidad es que de todos modos hace falta que se tenga esto.
No vaya a ser que el niño por mala suerte de pierda o lo roben y no haya manera de demostrar que es efectivamente su tutor. A final de cuentas, no se parece una mierda a nadie y aunque está siempre pegado a Cloud, es muy probable que se vaya a jugar solo para experimentar el mundo.
Lo consigue junto a los demás papeles del niño y a pesar de tenerlos, no se marcha. Un olor lo hace ver borroso y acaba cayendo al suelo por perder la consciencia. Hojou lo arrastra sin problema hasta colocarlo en uno de los sofás que hay en la pequeña sala de descanso dentro del laboratorio.
No tiene mucho tiempo, está seguro de que el perro guardián de Cloud vendrá a buscarlo en cualquier momento y lo que menos necesita a alguien enterado de su "pequeño" experimento secreto.
Tuvo la intención de inyectarle tanto Mako que quedara inconsciente y así no se marchen mañana. Su otra opción es romperle un hueso por más irrelevante que sea. Fingir que tuvo un accidente y listo. Más opciones aparecen, pero dejan de tener importancia a medida que se queda viéndolo. Acostumbrado a esta inactividad de su parte cada vez que es científico-experimento.
Con temblores constantes acerca las manos y finalmente hace contacto con él. Cosa que hasta la fecha no se le había pasado por la cabeza. Toca su pecho, toca su cintura, palpa por encima de la tela no tan gruesa y suspira guiñando los ojos. Es un joven bien formado. Atlético y delgado en proporción exacta. Un adolescente en aspecto. Tan andrógino por culpa suya.
Su pulso por las nubes apenas lo permite levantar un poco la camisa y así hacer contacto con la piel tibia. No es consciente de la cantidad de tiempo que tarda en esto. Como su mente se pierde en su totalidad por hacer lo que antes era prohibido. Pues no consideraba que una existencia impura como el pudiera hacer contacto con este ente que es su creación. Hasta que apareció Zack y con eso ¿Por qué no podría tocarlo? Es más suyo que de nadie más.
Al menos de momento.
Solo por escuchar la puerta se endereza y se da a la fuga. Retirado hacia uno de los centros de mando para ver las cámaras que hay repartidas por todo el laboratorio. Tal como imagino, es Zack. El SOLDIER no se hace mucha pregunta para cargar al otro y llevárselo.
Creyendo que sencillamente se había dormido ahí. Es natural con lo mucho que lo pusieron a correr hoy. Usando la excusa de que al irse de vacaciones una semana debe compensar ese tiempo perdido de alguna manera. Siendo prácticamente el sirviente de los científicos del lugar. Hojou da un bufido lleno de frustración. No hizo nada por entretenerse en tocarlo y para peor ¡Ni siquiera lo toco bien!
En una semana será. Ya no tiene más opción. No con Rufus tan enfocado en ver cada movimiento que haga.
—El cielo te impresionó ¿Eh?
—Creí que era mentira que fuese azul. —murmura viendo arriba. Están ya una buena distancia de Midgar, por lo que no resulta extraño que el cielo sea de un tenue y uniforme color celeste.
— ¿Nunca lo habías visto? —pregunta Aerith balanceando las piernas de atrás a adelante.
—Lo vio cuando era muy pequeño. Hace cosa de un año y pico. Era un bebé. Ya no debe recordarlo. —responde Cloud medio dormido. Es un viaje largo y se está preparando de todas las formas posibles para no marearse en el barco que los llevará a Costa del Sol.
— ¿Por qué era un bebé? —No es la más lista, pero está segura de que los bebés no son como Sephiroth si tienen solo un año o dos.
—Sephiroth es especial—El niño va la mirada hacia ella—. Crece de forma muy acelerada. No fue un bebé por mucho tiempo—Le acaricia la cabeza—. Es lo más probable que ahora empiece a crecer con respecto al tiempo normal.
—Si no lo hace, dentro de dos meses será un hombre de veinte años. —Zack ríe por la nariz y Sephiroth lo ve con disgusto.
—Oh…
—Todos en este helicóptero somos bichos raros. Tranquila. —anima y Cloud levanta una ceja con sonrisa desdeñosa.
— ¿Tú en qué eres raro? — cuestiona.
—En estar con ustedes como si nada.
—Eso no es ser raro. Es ser tonto y quererte poco.
—Es que tú te tragas todo mi amor.
—Eww.
—Soy devorado poco a poco, pero lleno de gusto.
—Ya entendí de dónde es lo raro. Mejor no insistas. —Zack ríe y Aerith también. Sephiroth se mantiene de brazos cruzados y entrecejo fruncido.
— ¿Estas bien?
—N-no.
El par de niños arrugan la cara. Cloud no paró de vomitar todo el trayecto hacia Costa del Sol y aún cuando llegaron, lo sigue haciendo. Zack silba, sin creerse que alguien pueda soltar tanto. Ni siquiera sabe que tanto suelta si no comieron tanto en Junon durante la espera para salir.
Cuando finalmente acaba se limpia la boca con un pañuelo que Aerith ofrece y toma largas bocanadas de aire. Pálido a matar y con el cuerpo tembloroso. Curioso como luce tan fuerte por momentos y ahora es peor que una hoja puesta al viento.
—En el helicóptero no te mareaste.
—Pasa con transportes que tiemblan mucho. —De solo recordar el caminito de ida y vuelta de Nibelheim se marea otra vez.
—Bueno. No es la entrada más glamurosa, pero ¡Bienvenidos a Costa del sol!
Para Sephiroth sigue resultando anómalo estar entre personas o tener a tantas en su entorno. La diferencia con los científicos es que los civiles no paran de hablar en voz alta y andan de acá para allá en sus propios asuntos sin relacionarse unos con otros.
No resulta del todo molesto, es un ambiente que no ha tenido oportunidad de experimentar y entra curiosidad. Aerith se encuentra en un estado similar. Es la primera vez que está en un sitio con tanto calor. Habiendo nacido en una tundra y quedado en casa escondida por la mayor parte de su vida.
Zack siente el peso de arrastrar a dos niños con vidas llenas de traumas.
Se registraron en una posada con la divina suerte de que una de las habitaciones, tiene división entre donde está una cama y dónde está la otra. Todo lo que Zack puede desear. Dejar a los dos niños encerrados durante la noche para que no se les ocurra ir a "dormir con Cloud". Ese es su puesto. Muy amables. Es aún lo suficientemente temprano para ir a la playa por lo que aparte de comprar trajes de baño, se arreglan para ir.
— ¿Por qué yo me tengo que tapar y él no? —cuestiona Aerith. Sephiroth lleva un pantalón corto mientras ella un traje de dos piezas.
—Va a llevar la camisa porque no creo que no se queme. Por otro lado, eres niña y mientras menos te miren mejor. Hay gente muy mala —Explica acabando el nudo—. Y antes que darles una excusa, simplemente te pones esto. Cuando crezcas has lo que quieras.
—Free the nipple. —bromea Zack. A él le da muy igual el topless y dado lo desinteresado de Cloud en su entorno, también. No obstante, son conscientes de esos detalles más que imbéciles por lo que no se van a arriesgar.
— Además, es bonito. —Concluye. Aerith había escogido uno de color amarillo con un montón de flores tanto estampado como de tela. Acaba de ponerle un vestido por encima y ella sonrisa dando saltos.
Le gusta cómo se ve. Sephiroth lo encuentre irrelevante. El calor es molesto. Bufa con apenas fuerza.
La playa… Es extraña. Lo primero que pasó fue que una ola los revolcó y tragaron agua a más no poder con el cabello en la cara. Aerith llorando, Sephiroth tosiendo y Zack riéndose del par lleno de arena. Cloud trata de que el sol dándole de lleno no lo mate. Mientras ellos vuelven a entrar al agua queriendo eludir una ola grande de la forma en que sea, Zack da cuenta del estado del rubio.
— ¿Qué te pasa? —cuestiona divertido.
—Hablas con una persona nacida en un lugar lleno de nubes, se mudó a un lugar donde no entra el más mínimo rayo de sol y ahora está teniendo los rayos y vitaminas UV que no ha tenido nunca. —Zack palmea la espalda de Cloud, negando con la cabeza.
—Buen momento para verte bronceado.
—Voy a ser un tómate.
—Sexy~
— ¿Cuánto tiempo va?
—Dos semanas ¿Por qué?
—Porque se te nota el desespero. —ríe escondiendo la cara y Zack guiña un ojo sacando la lengua. Están claros en la situación y eso es todo lo que importa.
Entrar a la playa fue sinónimo de tener a los dos niños pegados a él para no tener que mantenerse en pie. Sobradamente cómico de ver cuándo tuvieron que hundirse en el agua para evitar olas inmensas. Sephiroth abre los ojos, sin que le arda o moleste y alcanza a ver mucho más allá. Se suelta y nada, con la larga melena siendo agitando con suavidad por el agua.
Un par de burbujas salen de su boca. Un pez se le queda viendo fijamente a centímetros de su rostro. Acerca la mano y lo consigue acariciar. La textura escamosa y tersa de las aletas. El cabello se le viene hacia adelante y siendo divertido para los peces jugar en él. Brillante y que luce blanco por la cantidad de luz filtrada. Todos marchan cuando se impulsa arriba a tomar aire.
Con la mala suerte de que viene una ola que lo hunde de nuevo. Le entra agua en la nariz y en la boca, el pecho le duele. Al intentar huir nuevamente, ocurre lo mismo y se siente tan batido que se desespera. Su cuerpo sufre una pequeña convulsión y queda quieto. Pocos segundos después es jalado hacia la orilla y puesto en la arena. Tose, escupiendo el agua y le cuesta distinguir en principio. Luego la forma del cabello delata de quien se trata.
—No estás teniendo un buen inicio de contacto con la naturaleza ¿Eh? —bromea Zack parado a un lado. Cloud lo ayuda a sentarse.
—No me gusta la naturaleza. —Concluye con voz gangosa.
—Que pena, estarás en contacto una semana—Palmea y debe hacer un esfuerzo mayúsculo para levantarlo consigo—. Se-Sephiroth ya estás muy pesado, no puedes colgarte de repente. —Quejumbra y él simplemente se queda dónde está.
—Matan a tu mamá, vas con tres extraños y andas como si nada. Eres el bicho más raro que he visto desde Sephiroth ¿No te entristece? —cuestiona confundido de la actitud de Aerith. Ella inclina la cabeza a un lado, jugando con los flecos. Cloud ha obtenido práctica peinando cabello y aquí lo demuestra.
—No.
— ¿Por qué? Tu mamá-
—Está en la corriente vital ahora—Sonríe—. Está con el planeta como siempre quiso. Ayer vino a despedirse de mí. Ya es libre de esto.
— Oh no, fantasmas y niñas. —balbucea Zack pasando de aquí para allá.
—Es decir ¿La viste? ¿Ella vino?
—Es algo que puedo hacer. Cuando alguien muy querido muere, siempre se despide de sus seres queridos lejanos—Balancea las piernas—. Solo quedo yo, porque papá se fue también, así que vino a verme para decir hasta luego.
—Consideras que ahora está más tranquila. —Tienta.
—Si. Lo está. En la corriente vital todo es más apacible que aquí—Asegura pasando la mirada por la habitación. Sephiroth entrecierra los ojos—. Es unirte al planeta. Es volver a ser uno.
—Eso me hace sentir estúpido por llorar a mi perro.
—Zack. —bufa Cloud, exasperado. Este levanta las manos.
—Tu mamá era una cetra. No fue donde todos los demás. Ella fue a la tierra prometida ¿No es cierto?
—No sé nada de eso.
Sephiroth bufa, pateando la bota de Zack y ocasionando que se queje por ello.
. . .
—No golpees la puerta. Los vas a molestar.
Sephiroth está a un golpe de romper la cerradura e ir a donde están Cloud y Zack. Por algún motivo fuera de su entendimiento, lo encerraron con Aerith en la habitación anexa. Creyó que ella dormiría aquí con Zack.
No que le tocaba compartir con ella. Ella juega con el celular que Zack le compró como regalo de bienvenida -y sentido pésame-, distraída del berrinche del peli plata que sufre un ataque de miocardio al tener una distancia mayor a los dos metros de Cloud.
— ¡Es que no puede hacer esto! —Se lleva una mano a la garganta, abochornado por el sonido extraño que sale. Aerith ríe ladeando la cabeza.
—Son pareja. Las parejas pasan tiempo juntas sin niños.
— No me importa. Cloud no puede hacerme esto. Es mamá.
— ¿Cómo es mamá?
— Él siempre ha estado conmigo. No me puede abandonar. Menos meter más gente a nuestra vida como si nada—Ella levanta y va hasta él. Lo toma de la mano—. ¿Qué?
—Tan solo…puedo percibir un poco de ti. Eres una criatura rara—Aparta con las manos atrás—. Tienes mucho conflicto dentro tuyo, aunque no es tuyo—Saca los labios—. Es algo que decidirás si piensas mantener o no. Dejarte llevar por esa ansia de… Conquista.
—No tengo que conquistar nada.
—Entonces estará bien.
—No hables como si supieras algo de mí o de Cloud. Tu solo estas sobrando aquí. —Acusa disgustado.
— ¿Qué no sé?
— ¡Todo! ¡No sabes nada!
—Entonces dímelo. Tu y yo somos iguales—afirma con un dedo levantado—. No eres puro en tu origen, eres un experimento nada más para ellos, te desecharon apenas dejes de ser útil y las únicas personas que nos creen seres vivos, pensantes y sensibles están ahí fuera. Nos trajeron a un viaje para que vivamos, en lugar de dejarnos dentro del laboratorio. Dependo de él tanto o más que tú, así que dime qué es lo que no entiendo.
Sephiroth tiene la desagradable sensación de que ella realmente se parece a su persona. Incluso en la madurez a la hora de entender. Quizá su forma de expresarse la mayoría del tiempo es muy infantil, pero es obvio que más allá de eso tiene un intelecto agudo. En tanto que Sephiroth, a regañadientes, explica la situación, qué hacer, qué no hacer, etc, etc, afuera y sin que puedan oírlos están el par de adultos -uno más que el otro-, en su propio asunto. Uno que ameritaba esta privacidad.
—Za-Zack-
El pelinegro gime, apoyando de mejor forma las manos a cada lado de Cloud y siendo constante en meter y sacar el pene de su interior, el chirrido de la cama se vuelve más constante, a poco del orgasmo y recibiendo la imagen de Cloud colorado tanto por sonrojo como por bronceado. Gime entre dientes, con los muslos blancos presionando su cadera.
—El condón… Se jodió.
—Me rindo con el condón de mierda. —replica fastidiado.
Zack permanece avergonzado tirando el resto del elástico traslúcido. Han tenido que parar más de tres veces porque sencillamente lo rompe. Aquí no llegan los que son más resistentes, precisamente porque siendo SOLDIER todo en su cuerpo se potencia. Su pene no es la excepción a esa regla. Le sabe mal que se interrumpiera tanto y que Cloud quedará malhumorado por ello.
—Tal vez si-
—No soy mujer, no me voy a embarazar y no estás enfermo ¿Verdad? —Niega con la cabeza—. Solo hagámoslo así, luego iré al baño. —Lo que lo molesta ni siquiera es el semen en sí.
Sino ser demasiado vago para esmerarse en sacarlo después.
— ¿De verdad? —pregunta con ojos ilusionados y brillantes.
—Claro, estoy cachondo, condones inútiles no me lo van a quitar. —Lo toma de la cara, jalando el cabello húmedo y caído. Ahoga el gemido en su boca, con el cuerpo curveando y su interior estirado dejando paso al pene erecto de Zack.
Ser SOLDIER implica vivir frustrado buena parte del tiempo a menos que gastes tu dinero en ir a Mercado Muro. Más específicamente al Honey Bee Inn. En medio de esta frustración existe el pequeño detalle de qué es un súper hombre. Tiene más aguante. Más ganas. Más fuerza. Más urgencia.
Esto no hace a Zack un desconsiderado en lo absoluto, pues apenas Cloud ya no quiere se detiene todo así él tenga ganas. No obstante, ha pasado apenas, más exactamente cuándo se les acaba el tiempo de estar o hay posibilidad de que los vean. Ahora mismo, estando en una habitación cerrada, la probabilidad de que se pare antes es casi nula.
Cloud gime más fuerte, cogiendo una larga bocanada de aire con la espalda contra el cabecero y Zack embistiendo. Metiendo y sacando el pene para estimular de ambos. Muerde el cuello de Cloud, escucha como incluso grita su nombre entre gimoteos inconexos, dejando ir hasta un poco de baba por el hombro del SOLDIER.
Vuelve a tomarlo de la cara, mordisqueando los labios y juntando su lengua con la de él, comiéndose la boca en desespero.
—Me encanta como te ves. —dice entre jadeos, pues parte del cabello se le viene a la cara y en su estima es encantador. Lame la lengua de Cloud, introduciéndola en la boca y juntándolo al cabecero, dejando apenas visibles las piernas blancas abiertas a cada lado de su cuerpo.
Desconoce cuánto dura, el que clímax es alucinante. Se deja caer atrás, peinándose el cabello con una mano. Mira hacia Cloud, quien se abre de piernas y ladea la cabeza. Sus ojos están más verdes de lo que deberían. Se abre a sí mismo, mostrando la cavidad anal que bota un poco de semen.
—Todavía cabe más.
Zack se aproxima y abrazando las piernas, introduce la lengua ahí, limpiando y dilatando más. Cloud se arquea hacia atrás, viniéndose sin que Zack haga mucho. Abre la boca y recibe el miembro de su pareja, chupando lo para erectarlo pronto y que continúe con lo más importante para él. Cuando se lo saca ve el pene levantado, de cabeza rosa y venas marcadas, lo lame a todo lo largo y jadea impaciente. Gira en la cama, levantando apenas un poco la cadera cuando el miembro se introduce de nuevo.
Zack le besa y muerde la espalda, masturbando al rubio que aprieta la sábana y contrae el cuerpo para apretarlo.
— ¡Me dejaste solo con ella!
—Estaba en la habitación. No seas melodramático. Para eso tengo a Zack.
—Tu dramático a la orden. —Le da un beso en la cabeza y Sephiroth lo observa con recelo.
—Te lo he explicado ya. Zack es mi novio y a veces necesito tiempo a solas con él ¿Si entiendes? —Mira a otro lado—. Hoy dormirás conmigo, mañana con Aerith y así hasta que acabe.
—No es justo.
—Para mí no es justo, pero asumo que se arregla en un rincón de la playa—Cloud frunce el entrecejo hacia él—. Perdón. Quiero vivir mis vacaciones locas.
—Anoche estuvo loco.
—Aguantaste nueve.
—Llegaste a catorce. Deja de entrenar, a este paso no te sigo.
— ¿De qué hablan? —pregunta Aerith a Sephiroth.
—No lo sé.
Las vacaciones fueron un éxito. Comieron mucho, bucearon mucho, compraron mucho, durmieron mucho, incluso lo hicieron mucho. Cuando Aerith y Sephiroth dormían se tomaron el tiempo de ir a la playa por la noche. Acabo en hacerlo bajo un cielo estrellado en lugar del cielo plomizo bajo el que viven.
La arena, las olas y la adrenalina de alguien más cerca lo hicieron genial. Lo único que queja es que… arena. Aun así no es tan importante. Pasado el tiempo establecido, se encaminaron de regreso. Cloud apenas un tono más oscuro al igual que los demás. Sephiroth se palidece apenas puso un pie en el helipuerto de Midgar.
— ¡LLEGUÉ! ¡FINALMENTE LLEGUE!
—Zack fue una semana. No un mes. Cálmate.
Los lloriqueos de su novio por estupideces son cosa del día a día. Tras una ronda de saludo donde Sephiroth se limita a bufar lleno de fastidio. Cloud observa con sospecha que tenga un jarrón en el suelo. Es bonito, pero ¿Qué razón tiene para traerlo? Zack lo levanta y lo coloca en una mesa vacía.
— ¿Y eso es?
— Es un regalo que estoy seguro a Aerith le gustará. Lo encontré de pura suerte en mis vueltas y desgracias en una misión que debía ser sencilla. —Levanta las manos y Aerith se asoma desde detrás de Cloud. Curiosa al igual que el rubio.
Zack sale y al momento de regresar tiene un enorme ramo de flores en la mano. Abre los ojos llenos de sorpresa, tomando este para palparlo. No son de plástico, ya sólo su aspecto es genuino. Desprende algunas de ellas para dársela a Aerith, cuyos ojos se iluminan y Sephiroth permanece impresionado.
— ¿De dónde las sacaste? Pensé que no-
—Yo también creí que no había ninguna posibilidad de flores en Midgar o siquiera fuera porque se mueren al instante, pero las encontré al caer en una iglesia de sector seis—Cuenta orgulloso del tema—. Las corté con cuidado y aunque tarde llegaron muy bien.
— ¿Por qué nunca hay flores aquí? —pregunta Sephiroth.
—Están absorbiendo la vida del planeta. Estamos en una tierra yerma por eso. Solo quita sin cesar antes de dar tiempo a que nada florezca… —Musita Aerith—. El planeta llora, grita y sufre; lo matan lentamente…—Levanta la mirada y sonríe a Zack—. Gracias. —Abraza con cuidado las flores.
—De nada, señorita.
Aerith le da una flor a Sephiroth, quien la mira con ojos llenos de curiosidad. Acaricia los pétalos y la huele. Es muy suave. Cloud ladra la cabeza antes de reír. Un sonido tierno y que casi nadie conoce por lo poco que sucede. Zack arruga ligeramente la nariz antes de aproximarse y darle un beso.
Cloud no es alguien cursi en lo absoluto. Puede decirse que los detalles así le dan igual. Prefiere ser práctico como piezas para la moto que va a armar. No obstante, le genera ternura que Zack le trajera esto.
Siendo que tras volver de una misión apenas piensa en dormir por el cansancio que se carga. Teniendo miles de asuntos más importantes que venir a traer unas flores. Puede concluirse que el cursi de los dos es Zack y Cloud con el tiempo se acostumbra a la continuidad de detalles que recibe de su pareja.
Sephiroth los mira de reojo, entre curioso y malhumorado. Aerith se entretiene con la flores sin más.
