NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Los personajes de FFVI no me pertenecen, son una creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y respectivos colaboradores
Historia contada en tercera persona (Intento escribir así sobretodo en los one-shots)
Pensada para el cumpleaños de Leo porque me gusta imaginar a Kefka haciendo esta clase de regalitos inesperados al bueno de Leo n_nU (Ahora aquí como podréis notar le he subido la peligrosidad)
FanFic Final Fantasy VI
Cumpleaños ¿Feliz?
La temporada de verano a menudo era agradecida por los ciudadanos de la generalmente fría y sobria capital del Imperio pues las temperaturas solían ganar varios grados suavizando el fresco aire venido de las montañas no muy lejanas meramente separadas por un bosque en mitad de la extensión de prado.
Sin embargo para los soldados que se veían obligados a tratar con Kefka Palazzo presentaba doble peligro ya que su irritabilidad subía como cada grado. Nadie sabía exactamente la razón, si es que existía una, principalmente porque nadie se atrevía a preguntar o estaban demasiado ocupados en atender otras cosas.
De entre todos ellos, era Leo Cristophe quien más había experimentado los efectos en carne propia a fin de sofocar la ira del otro contra el resto de personal vigente.
Las enfermeras que formaban parte del equipo medico le solían dedicar miradas de lastima mientras se encargaban de mitigar el dolor que persistía tras aliviar con agua la piel quemada cubriéndola cuidadosamente con ungüentos y vendajes. El pobre hombre joven simplemente suspiraba arrugando la frente y negaba con la cabeza a fin de quitarle la importancia que ciertamente tenía. Su piel endurecida y exhibiendo más marcas a lo largo de los años que diferenciaban la nuevas capas de la principal tras los ataques demostraba poder sobrellevarlo.
Por si no era poco en tan desfavorable temporada del año, su cumpleaños tenía lugar. Aunque en más de una ocasión había recomendado a sus camaradas y admiradores de contener sus ganas de festejarlo dentro del Castillo y guardarlas hasta el finalizar del deber de ese día siendo libres para salir al centro de la ciudad, siempre había alguno que lo olvidaba y golpeándole cariñosamente en el hombro le felicitaba a viva voz poniendo a ambos en más que probable peligro cuando era seguido por unos cuantos más en mitad de los largos y distinguidos pasillos con suelos alfombrados y paredes a juego, atrayendo así la atención del mago cuya apariencia fácilmente podía recordar a la de los arlequines. Por supuesto como la retorcida criatura en la que se había convertido, el general no acudiría hacía el grupo formado alrededor de Leo sino que esperaría una mejor ocasión para felicitarle como siempre hacía tras captar el significado de las palabras que resonaban, abriendo sus ojos azules hasta casi desorbitarlos y pestañeando esbozar una sonrisa que no aseguraba nada bueno. Al siguiente instante dirigía sus ojos a la persona que le acompañaba y acariciaba los largos rizos que caían por sus hombros. Ella era Terra, siempre bien vestida y adornada por joyas de luminosos colores incrustadas en colgantes de oro que hacían destacar el rojo de sus vestidos.
-¿Con qué podría demostrar mi afecto también a Leo este año? -Meditaba con un deje burlón consciente de que la muchacha rubia era incapaz de compartir una respuesta.
Fuese lo que fuese, el hombre de poca estatura y estilizada figura bajo sus capas y capas de telas con vibrantes colores gracias a la composición de cada tela tenía claro que debía ser algo único o no causaría ningún efecto en el ya resabiado general que mostrase sin necesidad de demasiadas palabras lo que le hacía sentir. Era lo que normalmente las personas pretendían mostrar en el obsequio, un sentimiento y dependiendo de la situación variaba pero siempre era significativo para ambos.
Pero aun sin sentir celos ni envidias hacía Leo, el hombrecillo rubio ya no experimentaba nada a excepción de cierta molestia al transcurrir los años, convirtiéndose el otro general en algo así como un guardia al acecho para reprocharle o interferir en sus asuntos a la menor sospecha.
¡Qué odioso era! Odioso, odioso, odioso…
Mascullando esa palabra, Kefka se giraba y tomando a Terra por el brazo se alejaba ignorando incluso la dirección hacía su despacho. Las pequeñas perlas que embellecían su peinado tintineando como cascabeles a lo lejos al acelerarse el ritmo de sus pasos. Ignoraría sus deberes por un buen rato encerrándose en sus aposentos y pobre del que se atreviese a impedirselo.
Al contrario que el cumpleañero que incluso en tan especial ocasión gustaba de acudir a su puesto de trabajo y se encargaba de su deber cotidiano como si fuese otro día más en su agenda, ayudado por la relajante música que brotaba de una gramola de tamaño mediano colocada en un discreto rincón junto al espacio vacío de la estantería repleta de libros bien ordenados en cada tabla. Pasando gran parte del tiempo examinando documentos traídos a su mesa o redactándolos para después pasarlos a maquina y enviarlos. El tecleo de cada palabra con brío eclipsando el sonido de golpes en la puerta cerrada de madera obligando al joven soldado tras ella a levantar su voz.
-¡General Cristophe! -Clamaba hasta obtener una respuesta por parte del otro militar que no cesó de teclear hasta creer distinguir un ruido externo. -¡Me han solicitado que le entregue un paquete! ¡Por favor, abra! -Le haría saber mientras esperaba antes de darse finalmente por vencido y marcharse.
Dejando su asiento, caminó hacía el reproductor musical, con un simple apartar de la fina aguja, el silencio volvió a la habitación causando así que Leo pudiese escuchar el mensaje con mayor claridad. Al abrir la puerta apurándose, el cabo le dio la caja. Rápidamente se activó una alarma pero el general sonrió aceptándola y despidió al soldado.
Leo no lo reconocería abiertamente pero al mismo tiempo que temía abrirla y descubrir el contenido, no dejaba de preguntarse qué podía ser esa vez pues la carencia de tarjeta de felicitación o con los datos del responsable ya eran suficientes para preverlo. De nuevo retomando su asiento, Leo tragó saliva y cerrando los ojos se aventuró a abrirlo con dedos ágiles a pesar del temor de una imaginada explosión. No hubo explosión lo que le calmó un poco, riendo un poco, abrió totalmente sus ojos color pardo e inclinándose hacía delante procedió a quitar la tapa de la caja ya desenvuelta.
En el interior una pequeña figura de felpa marrón vestida con un uniforme curiosamente similar al suyo de cabello hecho con gruesos hilos amarillos añadidos sólo por el centro le observaba con grandes botones a modo de ojos aunque una daga estuviese atravesando gran parte de su pequeño torso.
Ahora sí que el general hecho y derecho no pudo evitar soltar una sonora carcajada mientras meneaba su cabeza. Era de las amenazas más adorables que había recibido en su vida.
Recobrando la serenidad, confiado por el aspecto inofensivo del objeto meneando la cabeza lo cogió con una de sus masculinas manos mientras que la otra se encargaba de retirar la pequeña arma bien hundida en el material, probablemente causando un agujero que coser, acto que causó el inmediato derrame de una peligrosa sustancia sobre la mano que sujetaba el resto del cuerpo del muñeco perdiendo solidez bajo sus dedos pero hasta que el dolor no fue despertado a pocos minutos, Leo ignoraba ese detalle. La carne sufriendo un efecto demasiado familiar, ardiendo como quemada hasta que sus dedos soltaron el pelele. Sobre la mesa de madera, Leo vio como el liquido creaba una mancha en la superficie de madera derramándose cual sangre de inusual color, la daga cuya punta goteaba el mismo fluido fue dejada con igual velocidad al lado del ahora fofo muñeco.
Un grito tuvo que ser contenido apretando los dientes a fin de no alarmar a nadie en las proximidades, concentrándose en envolver su lastimada mano respiraba e inspiraba fuertemente por la nariz, valiéndose de la mano intacta que sostendría todo el camino al baño la otra esperanzado de que el fluir de agua fría amansara el daño. Gotas de sudor comenzando a resbalar desde su frente bordeando sus entrecerrados ojos fijos en la pila de blanco material llenándose a partes iguales de cristalina agua y el corrosivo producto. Gimió suavemente creyendo notar una disminución de ese calor ácido que había traspasado su piel o afortunadamente una parte de la primera capa.
Aquello ya no resultando tan adorable...
MARYXULA
Espero que os guste n_n (Ha pasado un tiempo desde que no he escrito algo nuevo pero estoy retomando la costumbre...)
