Un Sendero de Flores
• • • • •
Camelia
Capítulo IX
El suave susurro del césped llevado por el viento se oía con claridad, las gotas de rocío cubrían los arbustos y suaves pasos irrumpían antes del amanecer, la niebla aún cubría el cielo dando vestigios de una pronta lluvia. Se detuvo frente a la gran puerta de madera, el lugar estaba en silencio así que elevó la mano para llamar.
—¿Qué asuntos tienes aquí?
Goku busco por los alrededores el origen de aquella voz, que era grave y tranquila, lo encontró sobre un pilar elevado sobre el templo, mirándolo con seriedad.
—Ha pasado tiempo, Ten Shin Han.—Con una leve sonrisa saludo a su viejo conocido.
—Debes tener problemas, de lo contrario no estarías aquí. —Sin esperar respuesta alguna, Ten Shin Han bajo con agilidad de aquel pilar para aterrizar suavemente en el suelo y llegó hasta las puertas para dejar entrar a Goku.
—Desearía que fuera de otra forma —Dijo Goku cuanto tuvo frente a él a aquel hombre calvo.
En silencio Ten Shin Han lo guió a una pequeña sala apartada donde el aroma del incienso era intenso, el lugar era un templo de entrenamiento donde su amigo era el maestro que guiaba a sus discípulos en el arte de la lucha. Y para lo que tenía planeado hacer requería de sus habilidades.
Se arrodillaron frente a frente en el tatami, la quietud era notoria ya que sólo el canto de las aves se escuchaba en medio del campo, sin tiempo que perder Goku junto un puño y una palma como signo de respeto y bajo la mirada.
—Estoy aquí porque necesito tu ayuda. —Empezó el guerrero frente a un sorprendido Ten Shin Han. —Te pido que luces conmigo.
—Supuse que vendrías. —Contesto tranquilo. —Escuche lo que pasó con tu clan. Conoces el tipo de enemigo que enfrentarnos está vez y aún así me pides que te acompañe.
—Se que es una petición egoísta. —Respondió con rapidez Goku, se sentía la desesperación contenida en su voz. —Se que tal vez arrastre a mi clan a su destrucción, a su muerte. Pero no puedo hacerlo sólo.
Ten Shin Han observó a su amigo, se habían conocido en un enfrentamiento hace ya bastante tiempo, se habían vuelto buenos amigos, pero lo que pedía era simplemente algo irracional. No lo comprendía, su amigo que siempre se había preocupado por entrenar y ser fuerte por si mismo, ahora estaba frente a él pidiendo su ayuda.
¿Tan importante era aquella mujer?
—¿Acaso vas a arriesgarte a una guerra por una mujer que posiblemente ya este muerta? —Preguntó, no para herirlo, sino para entender su motivación.
—No está muerta. —Declaró con seguridad. —Y por eso debo rescatarla.
—Razona un poco, Goku. —Hablo. —Tu impulso insensato va a desencadenar un sangriento enfrentamiento.
El silencio se instaló nuevamente, Goku sabía que Ten Shin Han era demasiado metódico, pensaba muy bien sus acciones antes de ejecutarlas, pero por eso mismo quería su ayuda. Era uno de los mejores luchadores que conocía, lo necesitaba.
Ahora comprendía muchas cosas, el como en el pasado sus vanas formas de ser el más fuerte lo habían llevado a dejar de lado sus emociones y su madurez. Ahora que necesitaba de una estrategia certera para ganar dependía de otra persona. Se sentía patético, pero no le importó.
Milk valía eso y más.
—No te entiendo. —Declaró finalmente Ten Shin Han. —No puedo ayudarte, tengo discípulos que me necesitan y debo cuidar a Chaoz. Rezaré por tu triunfo.
—¡Por favor! —Agachó su cuerpo totalmente, su frente había tocado el tatami.
—¿Por qué haces esto, Goku?
—¡Porque la amo!
Los ojos del calvo se abrieron por aquella frase, que aunque muy usual para él carecía de significado real, pero al ver la intensidad de Goku y su desesperación sintió compasión. 《Amor》 pensó despectivamente 《Creí que Goku sería más ingenuo, pero al parecer sigue siendo tan humano como cualquiera》
Meditando un momento sobre si ayudar o no a su amigo, finalmente respondió:—Esta bien, te ayudare.
—Gracias —Respondió Goku aliviado. —Cuando sea el momento, mandaré un mensaje.
—Estaré esperando.
Con una sonrisa de agradecimiento, Goku salió del templo, delante de él la hierba estaba húmeda y el sonido de la lluvia chocando contra el césped era intenso, aún así la esperanza de recuperar a Milk latía firme en su pecho.
Por otro lado Ten Shin Han miraba incrédulo, no halló una razón lógica ante tales acciones tan arrebatadas y el "Amor" se le hacia una excusa irracional poco justificable.
Es por ello que había accedido, quería saber mas de cerca como ese sentimiento actuaría sobre Goku y si tal vez eso desembocaría en su inminente muerte. Finalmente si usara la cabeza, no estaría a punto de declararle la guerra a un poderoso señor feudal.
《El amor parece enloquecer a las personas》
Su rutina había cambiado pero en esencia seguía siendo la misma, levantarse, asearse, cambiarse de ropa y presentarse ante su ama. Pero esta vez las quejas eran menores, tenía un lugar acobijado para dormir, podía comer decentemente, vestía ropas mejores y su cabello olía a jazmín.
Lazuli estaba agradecida en cierta forma.
Es por ello que a pesar de haberse negado a ayudar en el plan de escape, ella había ideado sus propios modos de ayudar a Milk. Todos los días vigilaba la entrada, calculando el tiempo en que los guardias cambiaban de puesto, cuáles eran los puntos ciegos y sobre todo había observado de cerca a ese extraño grupo de guerreros que a pesar de ser unos ridículos eran muy talentosos, serían los más difíciles de vencer, así que habría que evitarlos.
—Señorita Lazuli, activa como siempre. —La voz rasposa de Berriblu llamo la atención de la rubia. Aquella mujer mayor le causaba un conflicto, a diferencia de los guerreros de poses ridículas aquella anciana se veía muy lista, demasiado...
Su instinto le decía que aunque fuese ya de edad era peligrosa, su mirada tranquila pero maligna se lo confirmaba.
Debía tener cuidado.
—¿Ya es hora de ir con aquella mocosa? —Manteniendo su habitual máscara de fastidio e indiferencia, Lazuli se alejó del ventanal y fue a pasos naturales hacia la puerta.
—¿Aún no te agrada? —Con voz de consuelo disimulado, Berriblu se compadecía de ella. —Es natural, ella es una dama educada con todas las palabras Y tú eres una huérfana que se crió para sobrevivir.
Conteniendo su impulso de degollar el cuello de aquella horrible vieja, Lazuli no mostró expresión alguna.
—Pero... tú eres más hermosa ¿Sabes? —Le susurro suavemente, casi de forma hipnotizante. —Esos bellos ojos tan claros y tu cabello como el sol mismo.
—Eso es halagador de su parte...
—Si no fueras escoria seguro el amo Freezer te querría en su Harem y tendrías todo lo que siempre soñaste.
Impactada por aquella declaración frenó su sorpresa, tal vez tenía razón, pero...
Lazuli amaba más su libertad y ahora que sabía cómo eran las cosas dentro de aquel castillo estaba segura de que no querría una vida así.
En prisión.
—No es lo que quiero, mis rumbos han cambiado. —Contesto calmadamente.
—Entiendo, aún así creo que si fuera una concubina sería peligroso. —Razonó Berriblu. —Es como una serpiente venenosa, tiene los colores más vistosos y cuando menos te lo esperas inyectan su veneno. ¿No es cierto?
Lazuli entendió el mensaje, aquella mujer no era tonta.
Estaba siendo amenazada.
Trago antes de responder.
—No busco ser una dama...
—Y no lo serás, tu nacimiento fue una desgracia y tu muerte también lo será. No dejes que eso suceda...
Y con esas palabras salió del pequeño cuarto que era su habitación. La dejo sola con sus pensamientos, y lo supo: Berriblu sería un gran muro que debía derribar si quería ayudar a Milk.
Pero debía ser cuidadosa...
Recuperando su compostura, se encaminó a encontrarse con Milk, ahora debía protegerla. Sólo podía ayudarla a intentar escapar aunque fuera imposible, incluso si le costará la vida...
Milk había sido la única en confiar en ella.
Salió del edificio destinado a los sirvientes y cruzó las cocinas, donde la servidumbre ya preparaba el desayuno, las mujeres preparaban las verduras y los hombres encendían los fogones, algunos niños corrían llevando los utensilios, lavando los trastes y riendo en su inocencia.
Niños esclavos que trabajaban para un despiadado ser.
— Temprano como siempre. —Le saludo a la mujer encargada de las cocinas.
—Aún así sólo debo vigilar a una damisela. —Respondió la rubia indiferente.
—Tu trabajo es sencillo, no debes preparar comida a toneladas para esos soldados tan embusteros.
Lazuli se sentó en la mesa donde desayunaba estos días y a pasos torpes una adolescente le llevó una hogaza de pan con un tarro de avena. Aquella adolescente estaba en transición de niña a mujer y su belleza era singular, poseía unos ojos morados muy hermosos. Con una sonrisa la niña se alejó y Lazuli sintió lastima.
Mientras más creciera estaría condenada.
Sin pensar demasiado en ello terminó su desayuno, agradeció la comida y salió al extenso patio. El lugar era tan extenso pero no se vislumbraba algún jardín, o algún árbol dentro del Castillo. Todo era gris y parecía muerto, a pasó rápido cruzó aquel sombrío lugar para llegar a la edificación destinada a las doncellas. Sólo conocía él lugar de día y bajo la mirada estricta de guardias en cada puerta no podía investigar demasiado, pero sabía que de noche el lugar era libre pero lleno de trampas.
Cada día que pasaba era más difícil buscar una alternativa a huir, la única forma en que podrían salir sería muertas.
《¿Su prometido vendrá a rescatarla?》 Se preguntó la rubia caminando entre los alfombrados pasillos. 《Aquel guerrero no se veía muy listo, tal vez piense venir a rescatarla por si mismo y acabará muerto》 ni ella y su hermano, siendo unos luchadores tan prodigiosos, habían podido ir contra las órdenes del señor feudal. Los había obligado a buscar información sobre la joven Son y no se habían negado por el poder que tenía.
Se preguntó si su hermano había logrado llegar a casa del Clan Son.
Debía entregar aquella cosa y desaparecer, de otro modo ellos acabarían muertos antes de poder escapar fuera de las garras de Lord Freezer.
La mujer de cabello negro y ojos onix le devolvió la mirada, aún no podía reconocerse. No se sentía ella misma, parte de ella parecía encadenada y perdida, no volvía, no regresaba y no avanzaba. Estaba estancada. Su rostro pintado en demasía, su cabello pesaba por los accesorios de oro innecesarios, el cuerpo le dolía por usar prendas exageradas.
Siempre el mismo ritual de belleza que había logrado apagar la naturalidad de su piel para reemplazarlo por una máscara... una falacia.
Se odiaba por haber permitido que le hagan eso, pero cuando había luchado para no usar tales cosas, Berriblu la encargada de la servidumbre, mando a azotar a la pobre mujer que había frenado de su labor. La culpa le podía, por su capricho de mantener su rostro una pobre mujer había sentido el dolor y el miedo, la escuchó, sus gritos desgarradores se quedaron en sus recuerdos.
La atormentaban.
Y para evitar que aquello se vuelva a repetir había desistido de su intento de mantener su habitual aspecto natural, que era cambiado cada mañana por otros colores, otras prendas y otras joyas. Cada día más alejada de quien era. Cada día más lejos de aquella mujer que amaba Goku...
Eso también la atormentaba...
¿Aún la amaría si la viera con aquel aspecto?¿Estaría dentro de aquellas capas de ostentosidad la joven que alguna vez fue ella?
No lo sabía...
No quería saberlo...
—Buenos días señorita.
Saliendo de su trance deprimente, vio a Lazuli parada frente a ella.
—¿Te encuentras bien? —Preocupada por ver a Milk en un estado tan catártico. —¿Milk?
La sacudió un poco para que respondiera, pero al no obtener respuesta Lazuli se alarmó.
—¡Ayu...!
—No... por favor... sólo... —Acompaso su respiración para articular las palabras. —un momento... por favor.
No sabiendo que hacer por la deplorable mujer que parecía tener una crisis, pensó en ignorar su pedido y llamar a la servidumbre para que trajeran a los médicos para revisar a Milk. Pero fue detenida por un delicado abrazo.
Milk la abrazaba, sin saber cómo reaccionar ante aquel acto sólo pudo corresponder, acaricio su cabello como podía entre el peinado y las alhajas decorativas, masaje su espalda para reconfortarla.
—Gracias... —Siseo decaida, cansada.
—Debes levantarte, de lo contrario seré castigada.
Aquello alertó a Milk, quien recuperó su cordura. Tuvo un momento de shock, no sentía el aire en sus pulmones, pero ahora debía controlarse. Goku vendría por ella, volvería junto a él, es más tenía que prepararse para huir y poder ella misma correr hacia Goku. Así es...
—Disculpame. —Dijo la pelinegra arreglando sus ropas. —Vayamos al salón.
Lazuli quiso preguntarle si de verdad estaba bien, pero no pudo ya que Milk se había retirado así que fue tras ella.
El comedor de las mujeres del Harem era tal y como las demás habitaciones, muy decorativa y bastante extensa, había una mesa alargada con varios almohadones alrededor para que pudieran sentarse a degustar el desayuno.
—¡Buenos días! —Le saludo la única persona que se dirigía a ella, Launch.
—Buenos días, Launch. ¿Dormiste bien? —Respondió Milk al saludo.
—Siempre hablas tan hermoso, eres un bella dama. —La actitud de Launch era genuina y amable por naturaleza, aunque algo torpe en ocasiones. Aún así, estar junto a Launch le brindaba algo de fuerza.
Parecía que la mitad del Harem miraba a Milk como un bicho, lo sabía.
—¿Descanso bien la señorita?
La malicia en esa voz era notoria, al igual que su intento de sonar sincera. La abeja reina del Harem estaba frente a Milk, buscándo martirizarla como cada día, con su cabello turquesa y una mirada que pretendía denotar pureza pero sólo era una fachada, una horrible fachada para dar lugar a Maron.
—Descanse bien, muchas gracias. —Con bastante diplomacia, que sólo molestaba más a Maron, Milk contestó: —Tu genuina preocupación es agradecida.
Milk era más lista en el arte de las palabras, bajo la disciplina de Bulma había adaptado su forma de ser tan impulsiva pero de una manera más sencilla.
—No agradezcas, es algo que todas nosotras queremos saber. —Señaló a las mujeres que habían llegado. —Como descansó la señorita...
Se mordió la lengua para no caer en su juego, Maron sólo buscaba provocar su mal humor pero Milk era fuerte y razonable, no sería parte de ese juego tan primitivo.
No contesto.
Y con una sonrisa triunfal, Maron se arrodilló en la cabecera de le mesa, donde muchas de las mujeres le siguieron alejándose de Milk, todas excepto Launch.
—Nunca pensé en ofenderlas, simplemente me sorprendí... —Se disculpó Milk apenada por como habían insinuado las cosas sobre ella.
—Lo sé. —Con una sonrisa amable, Launch empezó a servir té Matcha para desayunar. —Eres una dama, todas sentimos envidia. Pero no es tu culpa, ni de nadie...
La bondad que aquella muchacha irradiaba era cálida, un consuelo tomando en cuenta donde estaba.
—Maron es la que manda. —Hablo Launch tratando de explicar la razón del porque Marron la trataba así. —Ella es la que más tiempo ha estado aquí, yo llegué apenas hace unas semanas.
—¿Acaso no se da cuenta que las manipula? —Se pregunto Milk, había notado que todas las mujeres del Harem aceptarían cualquier cosa que venga de Maron. La seguían ciegamente.
—No las culpes. Maron las protege a su manera. —Y bajando la voz un poco dijo mirando a Lazuli —Los rumores son ciertos, el señor feudal ha llegado a asesinar a sus concubinas muchas veces. Pero Maron siempre lo complace, por eso aún vive...
—¿Complacer en qué? —Pregunto Milk, mirando a ambas rubias.
—Es natural que no lo sepas —Apresuró a decir Lazuli, para callar a Launch de decir alguna cosa. —Así que no preguntes y desayuna.
—¿Me das una orden?
—Te doy una sugerencia.
Algo intranquila por la repentina muestra de misterio, Milk terminó el desayuno en silencio.
Lo que hacía por las mañanas era estar en el lugar de recreación con las demás mujeres, pero estas sólo se disponían a jugar en las mesas y apostar sus joyas. Milk trataba de hablar con ellas y así ganar su confianza, si lograba huir quería salvar a todas esas mujeres.
Pero no se lo permitían, algunas hablaban un idioma extranjero y las otras ignoraban su amistad y su persona. Aún así, con terquedad intentaba entablar un sencilla conversación con cualquiera, pero Maron siempre buscaba la manera de humillar su ayuda.
—¿Sientes lastima por nosotras? —Siempre altiva, Maron ponía a todas en contra de ella. —No necesitamos tu lástima, puedes guardar tus buenas intenciones en tu boca.
Y mirando de forma despectiva a Milk, Maron se alejó.
Por su parte la pelinegra suspiró, no podía desistir. Si lograba encontrar una salida de aquel lugar tan horrible, quería llevar con ella a tantas mujeres fuera posible.
Ahora que conocía la precaria situación en la que las mujeres eran criadas, entregadas, vendidas y regaladas a los señores más poderosos, quería romper aquella cadena que aprisionaba a las mujeres y las sometía.
Después el almuerzo fue la hora del baño, que compartían todas, Milk podía negarse a ir, pero quería demostrarles que no sólo era una dama y que podía llegar a comprenderlas y así las acompaño.
Las risas de campanilla se escuchaban retumbando en el salón, el sonido del agua vertiendose sobre las tinas de piedra y los juegos que involucraban charcos de agua eran el sonido natural del lugar. Con delicados jubones* de seda, que se transparentaban con el agua, las mujeres del Harem pasaban un buen rato en los baños del lugar.
—Se ven demasiado felices, es contradictorio... —Con reticencia, por el comportamiento de las mujeres, Lazuli se sentía extrañada. Se supone que eran cautivas.
¿Acaso eran felices ahí?
—No las culpes —Una suave voz hablo. La hermosa mujer de bucles rubios acompañaba a Milk, con un carácter tranquilo y agradable Launch aclaró aquella duda: —Cuando Lord Freezer está en el castillo, todo se sume en el silencio. Su presencia sola es intimidante. Si lo molestamos de alguna forma todas somos castigadas.
—¿Qué es lo que pasa cuando está aquí? —Pregunto Milk.
—Suele escoger a su acompañante de la noche. —Respondió Launch, con precaución. —La que mejor le agrade es cubierta de lujos, si te resistes mueres...
《¿Resistirse a que?》
—¿Eso quiere decir que tiene favoritas? —Siempre más mediática, Lazuli hacía la preguntas más directa.
—De momento sólo dos. —Respondió —Maron es una de sus favoritas, es la que más tiempo ha logrado permanecer en el Harem, además es la que tiene la confianza de todas aquí.
Busco a la nombrada con la mirada, la mujer de cabello turquesa muy similar al de Bulma, pero tenía un cuerpo más curvilineo, siempre mirando a Milk con una expresión amenazante.
—¿Y quién es la segunda?
—Pues... tú...
—¿Yo? —Aquello le impactó, apenas tenía unos días cautiva en aquel lugar y ya era la favorita. —¿Por qué? No quiero ser parte de ese absurdo sistema de...
—Porque eres una dama. —De la forma más obvia, Lazuli hizo aquella observación. —La mayoría de estas mujeres te aseguro que no saben leer ni escribir su propio nombre, en cambio tú fuiste criada adecuadamente.
—¿No saben leer ni escribir? —Pregunto Milk mirando a Launch, quien avergonzada bajo la mirada. —Pero eso...
—¿Es difícil de creer? —Enfurecida, si tenía que describir esa voz sería asi: Enfurecida y contenida, hasta algo envidiosa. Nuevamente Maron buscó molestarla. —¿No somos lo suficientemente aceptables a sus ojos?
La persona que menos queria irritar era ella, quién se acercaba a pasos lentos su cabello húmedo por el agua y sin nada de vergüenza ante lo traslúcido de su camisón mojado, encaró a Milk con ira, con mucha provocación.
—No dije nada malo. —Se defendió la pelinegra sin perder la compostura, mantenía un porte firme y elegante, normal en ella pero extraño para las demás mujeres.
Su bien Milk no hacía nada malo, su cuerpo y carácter moldeado por años de educación parecía erguirse en una pose de superioridad. Claro que ella lo hacían inconsciente de lo que aquello provocaba en la demás mujeres.
En especial en Maron.
—No necesitas decirlo. —Despectiva como era, la peliturquesa llevo sus manos a las caderas como si intentara mostrar su parte delantera que era sin duda más abultada que la de cualquiera. —Lo sé por tus ojos, lo pensaste... te abruma la idea de estar con personas tan poco cultas como tú. No pienses ser superior sólo porque sabes usar un pincel de escritura.
Los murmullos se aglomeraron, varias voces agolpaban en la estancia y se profundizaron en su mente, no podía distinguir lo que decían pero sabía que hablaban de ella, la miraban acusadoramente, la criticaban, la juzgaban por una acción que se había descontrolado, por una frase que no logró terminar. Recelosas de ella.
—Nunca pensaría eso... —Elevando la voz, sólo lo suficiente para acallar aquellas voces en su contra, continuó: —Eres tú quien dijo esas palabras sola, eso evidencia tu inseguridad respecto a mi.
—¿Insegura por ti? —Apresuró a defenderse Maron. —Simplemente equilibro la balanza, tu cuerpo está intacto pero los privilegios te llegan. ¿Le parece justo a la dama?
Aquellas palabras no las llegaba a entender, ¿Su cuerpo intacto? ¿Por qué decía aquello?
—No sé de que hablas...
—Claro que no. —Al ver su rotunda victoria ante la ignorancia de Milk, elevó la voz. —Eres íntegra y pulcra, nadie ha osado tocarte, una joven novicia guardada para el matrimonio, ser madre y esposa. —Una risa que se burlaba de Milk, y con esa mirada venenosa se acercó a ella mirándola frente a frente. —¿Sabes que es lo más cruel?
—Créeme, me muero por saberlo... —Sin perder su compostura Milk respondió con sarcasmo. Aquella mujer que se pavoneaba ante ella no era una rival, sólo una renegada...
—Créeme, después de saberlo querrás morir. —Continuó Maron, como si fuera la mayor gracia de su vida. Y tal vez lo era. —Lo más cruel es que cuando seas desflorada no tendrás un papel de esposa o señora, serás tan concubina como nosotras y cuando eso pase ningún hombre va a quererte. Ni siquiera tu prometido...
—¡Cállate! —Perdiendo el control sobre sí misma, había elevado la palma para luego aplastar el rostro de Maron en una bofetada. Se quedó de piedra, había cometido una locura...
—¡Milk!
Lazuli y Launch estaban atónitas.
Nadie tocaba a las mujeres del Harem, y quien lo hiciera sería castigado. Esa era la norma, siempre debía cumplirse.
—¡¿Qué has hecho?! —Le grito Maron sosteniendo la mano de una estática Milk, quien aún no podía asimilar lo que había hecho.
Trago con fuerza antes de que dos fuertes brazos la escoltada con poca delicadeza a la salida.
Sería castigada.
Sin oponer resistencia fue llevada a través de los alfombrados pasillos, bajando escaleras y siendo arrastrada bruscamente, sus pies le dolieron al tocar el frío piso. Habían llegado a un lugar donde la decoración llamativa fue reemplazada por unas paredes de piedra lisa y el viento era frígido, al respirar podía ver el vaho escapando de su cuerpo, fue lanzada dentro de un cuarto oscuro y cerraron la puerta de golpe.
La estancia a la que había sido conducida era más gris, oscura. No tenía ningún color en lo absoluto y el frío estremeció su cuerpo, ya que sólo tenía la ligera protección de un camisón fino y delgado, que no era gran cobertor contra el helado lugar. El lugar era bastante sombrío, con apenas poca iluminación, había sido lanzada ahí luego de haber propiciado un acto violento y sumamente condenable.
Había lastimado a Maron, no de gravedad, pero le dejaría una marca en el rostro.
Otro escalofrío le recorrió el cuerpo al recordar lo que hizo. ¿Cómo pudo haber caído en su provocación? Y sin encontrar una respuesta, un chirrido la perturbo, era la puerta abriéndose revelando la figura pequeña y algo escuálida de Kinoko, el sirviente junto a la de otra persona mucho más grande y fuerte.
—Acabas de cometer un terrible acto. —De un modo neutral, comenzó a recitar su sentencia. —Eres mujer, también eres parte del Harem, pero las normas que se rigen en este castillo deben ser cumplidas en su totalidad. Incluso por las mujeres del Harem.
Con aquella frase el acompañante de Kinoko reveló una vara de la cual colgaban varias cuerdas de piel gruesa.
El frío que sintió al ver aquella arma que usarían contra ella, no se comparó con nada, su piel se erizo de miedo y el sudor frio empapo su cuerpo.
Iba a ser azotada.
El fragoroso galope de los caballos elevaba polvo y hierba, abriéndose paso entre árboles y arbustos, con una sola meta: Llegar al castillo de Lord Freezer.
El que lideraba la comitiva daba señales y órdenes silenciosas, con el sol ocultándose llegarían a su destino justo a tiempo en que la noche podría cubrirlos justo a tiempo para atacar. Ahora el castillo se encontraba sin su señor, invadirlo sería más sencillo, estaban preparados y eran bastantes soldados los que abrirían camino a destruir ese castillo.
—Mi señor, la tropa que se acerca por el oeste aguarda órdenes.
—Esperen la señal, no habrá movimiento hasta que logremos entrar al castillo.
—Sí señor.
La oscuridad de la noche empezaba a llenar el campo, sonrió con suficiencia.
Sería perfecto para atacar.
Continuará...
Jubon: Ropa interior del kimono.Vaho: Aliento que se cristaliza en el aire frío.
