No hablaré
Siempre supo que aquello había sido un error, es decir, ella todavía guardaba sentimientos por Yayoi en ese entonces, mientras que él, a pesar de todo, seguía enamorado de Tsunemori. ¿Por qué demonios había ocurrido, en primer lugar?
Oh, cierto. Yayoi se había casado con Karanomori, mientras que Tsunemori se había ido a vivir con Kougami Shinya.
La soledad los había juntado.
Eso y la noche que habían pasado juntos luego de embriagarse durante la recepción del matrimonio de la ex ejecutora y la analista.
Siendo como era, Ginoza había intentado "tomar la responsabilidad" después de aquello, pero ella le había restado importancia al asunto, optando por hacer de cuenta que esa noche jamás ocurrió.
Irónicamente y luego de un par de momentos incómodos, habían comenzado a salir ocasionalmente.
Una comida compartida, un café luego del trabajo, alguna caminata matutina por el parque, todas acciones cotidianas que dos buenos amigos podrían realizar sin mayor problema; de alguna manera aquellas pequeñas cosas habían terminado acercándolos.
Fue entonces que los demás comenzaron a hablar de ello.
Un comentario casual de Irie y la velocidad con que los chismes volaban por la oficina habían bastado para que Karanomori empezara a molestarla con el tema.
Negarlo vehementemente frente a todos solo había empeorado las cosas.
—¿A quién crees que engañas, Mika-chan? —Había dicho la analista—. ¡Eres demasiado obvia!
Pero ella no estaba enamorada de Ginoza —como a los demás les gustaba creer—, mucho menos quería iniciar una relación con él. ¿Por qué lo haría, sabiendo de antemano que el corazón del ex ejecutor no estaba ahí?
Por mucho que fuese atento con ella y la cuidase incluso cuando no era necesario, jamás se enamoraría de él; Karanomori, Yayoi e incluso Hanashiro podrían insistir cuanto quisieran en eso, pero ella nunca lo aceptaría.
Lo que sentía por Ginoza no era amor; de ninguna manera podía serlo.
Ciertamente, poco después del matrimonio de Yayoi y la analista, había decidido dejar de aferrarse por fin a los sentimientos que guardase por la azabache durante tanto tiempo, y aunque fue duro, de alguna manera también resultó liberador para ella.
Evidentemente no había salido de un amor no correspondido solo para caer en otro; ¿En qué cabeza cabía eso?
No podía repetir la historia.
Dos años después de aquellos eventos, Ginoza apenas comenzaba a soltar sus sentimientos por Tsunemori; por muy enamorada que estuviera, no había forma de que comenzasen algo juntos mientras él tuviese la cabeza en otra parte.
Era bueno entonces que, a pesar del tiempo pasado juntos durante los últimos años, no se hubiese enamorado de él.
Sí… no se había enamorado. De ninguna manera.
El hormigueo que sentía en el estómago mientras veía la sonrisa en el rostro del ejecutor al jugar en el parque con su mascota —descendiente del viejo Dime—, no significaba nada, como tampoco lo hacía el ligero rubor en sus mejillas cuando él la atrapaba mirándolo.
No, definitivamente no significaba nada. No podía significar nada.
En silencio, desvió la mirada del ex ejecutor y optó por mirar a las otras personas del parque en su lugar; no pudo evitar maldecir entre dientes al ver solo parejas paseando en los alrededores. ¿En qué lugar se había venido a meter?
Apretando los puños, estuvo a punto de dar media vuelta y marcharse, algo que habría hecho si es que el sonido del comunicador en su muñeca no hubiese interrumpido su camino.
Ver el nombre de la llamada entrante solo sirvió para agriar su mal humor.
—¿Qué quieres ahora, Hanashiro? —Preguntó, claramente ofuscada.
—Hola a ti también, jefa Shimotsuki. —Respondió la rubia, sin inmutarse por su evidente mal genio—. Pareces estar de tan buen humor, como de costumbre.
El tono burlón que siempre acompañaba a la rubia cuando se dirigía a ella le hizo rechinar los dientes; escuchar a esa mujer era lo último que necesitaba en ese momento.
—Voy a colgar. —Advirtió.
—No, espera, hay algo que necesitas saber.
Algo en el tono repentinamente serio de Hanashiro detuvo sus movimientos e hizo que un escalofrío le recorriera la espalda; de repente, tuvo un mal presentimiento.
—¿Qué ocurre?
—Kougami está aquí, en la oficina.
—Y eso debe interesarme, ¿Por qué?
—Estuvo de licencia por una semana entera. —Explicó la mujer—. Hoy llegó muy temprano y no luce nada bien.
—Una vez más, ¿Por qué debería importarme?
—Porque Tsunemori terminó su relación con él, Shimotsuki. Por eso.
Aquello le cayó como un balde de agua helada.
Ciertamente había captado indicios de que algo no iba del todo bien en la relación que la castaña mantenía con Kougami Shinya, pero luego de haber sido testigo de lo mucho que esos dos habían luchado por estar juntos, lo último que esperaba era que terminasen. No de esa manera, tampoco en ese momento.
Sobre todo, eso último.
El vació que sintió en el estómago le dificultó el habla por breves momentos, y la repentina opresión en su pecho ante la noticia tampoco fue de mucha ayuda cuando intentó pronunciar palabra.
—¿Cómo lo sabes? —Preguntó, encontrando al fin su voz—. Dudo que ese sujeto te lo dijera.
—Fue ella. —Respondió Hanashiro, con una suavidad inusual en su tono—. Tsunemori llamó unos días atrás y me pidió que cuidase bien de él; no entendí a qué se refería hasta vi a Kougami hoy. Sé que no es asunto mío, pero teniendo en cuenta la "situación", creí que deberías saberlo.
"La situación" era una manera sutil en que las tres mujeres que la atormentaban —llámese Hanashiro, Karanomori y Yayoi— solían referirse a su supuesto enamoramiento por el ex ejecutor que la acompañaba. Ahora, oír a la rubia insoportable hablando con ese tono tan condescendiente sobre eso, fue como recibir una patada en el estómago.
Nunca antes aquello le sonó tan mal.
En silencio y sin querer escuchar más de aquella mujer y la compasión que podía percibir en su tono, cortó rápidamente la llamada; de repente, su deseo inicial de escapar del lugar se hizo demasiado grande.
De haber cedido a su instinto inmediatamente, quizá habría podido evitarse la conversación que estaba a punto de tener. Ahora, gústele o no, debía de enfrentar las cosas directamente.
Dada la situación actual, escuchar la voz de Ginoza, que la miraba claramente preocupado mientras se acercaba a ella, fue tan predecible como doloroso de ver.
—¿Ocurre algo malo? —Preguntó, apenas le dio alcance—. ¿Todo está bien en la oficina?
—Tsunemori terminó su relación con Kougami.
No supo exactamente porqué fue aquello lo primero que escapó de su boca, pero lo había dicho sin siquiera pensarlo. Aunque aquello probablemente había sido lo mejor, después de todo… al mal paso debía de dársele prisa ¿Verdad?
Evidentemente, la noticia tomó por sorpresa al ex ejecutor, tanto o más que a ella, si la expresión en su rostro era un indicador.
El ceño fruncido, sin embargo y de alguna extraña manera, era nuevo y predecible a la vez.
—Y me estás diciendo eso, ¿Por qué? —Preguntó él.
—Ambos sabemos la razón, Ginoza.
El silencio que siguió a aquella afirmación fue suficiente para saber que había dado en el blanco.
Ginoza la apreciaba, podía atreverse a afirmar que la quería, incluso, pero Tsunemori… era especial para él; por mucho que estuviese tratando de dejar atrás sus sentimientos hacia ella para comenzar algo nuevo, el inesperado giro de los acontecimientos recientes lo cambiaba todo. Y aunque lo más probable era que el ex ejecutor terminase con el corazón roto una vez más, siempre cabía una pequeña posibilidad de que ese no fuera el caso.
Ella no había tenido suerte, quizás él sí.
—¿Qué haces aquí todavía? —Preguntó, al verlo de pie en el mismo lugar—. Ella te necesita.
—No. —Respondió él, apretando los puños; ella tuvo que reprimir una sonrisa ante su actitud—. Al final ellos estarán bien. Ahora, nosotros íbamos a…
—¿Eres idiota? —Interrumpió, cruzándose de brazos y con el ceño fruncido—. Tsunemori terminó su relación con Kougami después de dos años, y aunque ciertamente es algo que ya veía venir, ella no puede estar bien. ¿No debería su mejor amigo estar ahí para apoyarla?
Fue difícil no burlarse de la expresión de shock en el rostro del ejecutor, pero de alguna manera lo logró; claramente él estaba sorprendido por su actitud y por el hecho de ser regañado, si la forma en que la miraba era prueba de algo.
La sorpresa, sin embargo, pronto dio paso a la incertidumbre y, más temprano que tarde, a la comprensión.
Ella no dijo nada, pero él lo entendió todo; no hacía falta mayor explicación.
—¿Estás segura? —Preguntó, tan irritantemente compasivo como solo él podía llegar a ser.
—¿Qué parte de "ella te necesita" no entiendes? —Replicó, apretando inconscientemente el agarre sobre sí misma—. Ve a buscarla, Ginoza. Cuidaré de Max hasta que la encuentres.
El alivio en sus ojos y la manera en que le sonrió antes de dejar un beso en su frente, dolió mucho más que el "gracias" susurrado y la visión de él partiendo a paso rápido del lugar.
Porque mientras Ginoza corría en busca de su amada, nunca miró atrás.
Era un alivio, entonces, el hecho de que no se hubiese enamorado de él.
Sí, eso era bueno.
