Las frases con comillas y en cursiva son comentarios hechos por Starfire.
Disclaimer: Teen Titans no me pertenece.
La estrella más brillante, en la noche más oscura.
A veces le ocurría que mirar las estrellas le hacía doler el corazón. Otras veces, lo necesitaba.
Era como echar alcohol en una herida abierta y al mismo tiempo, era el bálsamo que le hacía falta para calmar su continúo tormento.
Mucho tiempo había pasado desde aquel maldito día en que se había convertido en héroe de tiempo completo. Sus amigos y compañeros intentaron ayudarle a sobrellevar la partida de Starfire, igual que hacían ellos. Pero de poco había servido. Él mismo se había olvidado de su propia humanidad recluido en su deber, sin saber cómo enfrentar todo el dolor que le carcomía las entrañas y le quemaba la garganta. Se volcó en lo único que sabía hacer: ser un héroe.
El imborrable recuerdo de sus brillantes ojos verdes acudía a su memoria la mayor parte del tiempo, sobretodo en las noches de cielos despejados. Irremediablemente, le acompañaba aquella última pequeña sonrisa de consuelo y las palabras que, por su estado de shock, le fue imposible comprender. A cualquiera le hubiera pasado. Pero no era capaz de perdonarse porque él era un maestro de la deducción. Y enojado consigo mismo, con sus sentimientos, con ella y con la vida, se obligaba a trabajar más de lo que podía. Continuamente llegó a desfallecer sin importarle los esfuerzos que hacían sus amigos para cuidar de su salud física y mental.
Muchas veces se sorprendió preguntándose si Starfire no había realizado aquel acto a modo de venganza. E inmediatamente se arrepentía por pensar en ella de esa manera. No era capaz de albergar intenciones tan turbias. Aunque, si ella lo hubiera querido, si tan solo lo hubiera mencionado, se habrían enbarcado en una misión para extinguir a los gordanianos, solos, él y ella. Por el sufrimiento al que sometieron a la alienígena en el pasado. Aunque aún no era una Titan, ni tampoco la conocía, saber por lo que había pasado le hizo tomarlo como una afrenta personal.
Tal vez si Starfire nunca hubiera salvado la vida de Val-Yor, jamás habrían destruído la torre con su ayuda. Quizá, si él y el resto del equipo no le hubieran contado con tanta confianza sus aventuras, el vernathian no habría sido capaz de dirigir con éxito a esa raza de esclavistas, y tampoco habrían logrado menguar los intentos por repelerlos. Pero no sé podían cambiar los hechos. De lo único que no se arrepintieron él y Raven, fue de verlo morir.
Los gordanianos llegaron un día y atacaron directamente la Torre. Después crearon caos y destrozos en la ciudad. No pudieron hacerles frente hasta que no llegaron los refuerzos. Apenas inhabilitaban a algunos para enfrentarse a otros renovados, mientras los heridos volvían a la nave nodriza para recuperarse. Era una guerra sin cuartel para los héroes.
Al finalizar el día, eran pocos los Titanes en buenas condiciones, aunque ya habían logrado herir a tantos invasores, que por un rato dejaron de enviarlos. Pero la tamaranea sabía que no iban a detenerse. Que la siguiente oleada sería letal para casi todos sus amigos. No tenían la misma rapidez de recuperación que el enemigo. Ya ni hablar del número. La única manera de detenerlos era ese momento, mientras recargaban energía y descansaban en su nave.
"No voy a permitir que vuelvan a destruir mi hogar". No lo entendió en ese momento, porque todos estaban luchando, y como él, muchos ya estaban heridos y agotados. Entonces ella lo miró, por un instante, el más largo de su vida. Se limpió una lágrima antes que saliera por la rabillo del ojo y se acercó a él dándole un último beso corto pero apasionado. "Deseo que sean felices por mí". Fue lo último que le dijo con esa mirada profunda, acariciando su mejilla, dedicándole aquella pequeña sonrisa, que ahora le parecía triste. Y después, comenzó a dar órdenes a algunos de los pocos que quedaban. Pensó que habían logrado descubrir su punto débil.
Bumblebee alzó a Cyborg y atacó por un lado, Red Star por otro al igual que Rayo y Trueno. Raven se levantó lista para imitarlos, pero Starfire puso una mano en su hombro y le susurró algo que la dejó confundida. Jinx que no había parado ni por un segundo, fue quien realmente llamó la atención. Aunque ese no era el comando original, decidió honrar la obra y memoria de su ser amado al comprender que su desconsuelo no se iría nunca. Ojalá él se hubiera enterado.
Vieron con mudo asombro como la ex-villana resistía el ataque concentrado. Koriand'r le dirigió una mirada de preocupación, pero le fue respondida con otra, llena de orgullo y amargura. Había elegido su desenlace.
Mientras todos estaban distraídos, era su oportunidad para cumplir su destino.
Robin descubrió el intercambio de miradas muy tarde. Para cuando giró a verla ya estaba elevándose con los brazos extentedidos, con la vista hacia arriba, refulgiendo; como si el cielo mismo se hubiera abierto porque estaba reclamando a su ángel perdido. Entonces ella brillaba como una estrella, pero no como cualquier estrella, porque ella era un sol.
Con horror observó el firmamento resplandecer en verde y después rojo. Grito su nombre. El estruendo de la gran explosión y las que le siguieron, dejó a todos los habitantes aturdidos, incluso cuando se hizo el silencio.
"No, amiga Raven. Debes almacenar tu energía porque será indispensable para proteger a nuestros amigos". Ella también era su amiga. ¡Su mejor amiga, maldita sea! Entonces el manto negro cubrió a todos los que pudo para que no fueran aplastados o heridos.
Durante horas buscaron con esperanza a su amiga y a los Titanes heridos o caídos. Encontraron algunos de sus compañeros, pero de ella, tan solo ubicaron y consiguieron la joya que solía adornar su clavícula. Estaba cuarteada y en algunas partes, fundida con el metal que era su base. Robin cayó de rodillas cuando se la entregaron. Lo sostuvo entre sus manos con mucha delicadeza y lo contempló por mucho rato. Nadie fue capaz de interrumpirlo.
Repentinamente, declaró que debía cuidarla para entregárselo a su novia cuando la hallaran. Intentaron hacerle entrar en razón, hasta que Raven se levantó y aviso que ella iba a acompañarlo en su búsqueda. Fueron a explorar el lugar dónde localizaron la piedra preciosa. Una vez ahí, la joven de ojos violáceos se permitió llorar, y en ese momento su líder entendió que no volvería a verla.
Dieron con Val-Yor maltrecho y lesionado de gravedad. Apenas divisarlo, Robin se lanzó para golpearlo hasta la muerte pero la hechicera se lo impidió con su poder. El líder de los Titanes la fulminó con la mirada, incapaz de concebir que después de todo, Raven fuera a salvarlo. Pero ella no hizo nada más que quedarse de pie. Entendió que Starfire habría lamentado verlo comportarse así, por lo que también tomó una postura firme. Y juntos contemplaron cómo el extraterrestre gemía, mirándolos suplicante, mientras la vida abandonaba su cuerpo en un agonizante suplicio. Beast boy se dió cuenta pero no les dijo nada, aunque tampoco se les unió.
Ahora no existía ningún Robin, ni tampoco ninguna Starfire, y eso último era lo que más le dolía. Porque todo sería mejor si ella se hubiera quedado. El mundo sería un lugar más alegre, cálido y bondadoso.
Unos meses después, Nightwing continuó su propio camino, lejos de sus amigos. No comprendía porque él seguía vivo.
Y así pasaron los años.
Algunas veces tenía la suerte de pensar en ella de otra forma. Como cuando revoloteaba contenta por el simple hecho de despertar, o cuándo disfrutaba de algún alimento aderezado hasta el hartazgo de mostaza. Extrañaba ver su sonrisa, y que juntase la manos entrelazadas a la altura de su barbilla cuando algo la ponía feliz. Nadie como ella, que tenía un corazón abierto para quién quisiera entrar, sin ningún prejuicio. Nunca le pasó por la mente que iba a desear verla jugar con sus dedos nerviosamente, y que le hiciera alguna pregunta difícil. Le dolía saber que con la Torre T reconstruida, jamás volvería a verla sentada y abrazando sus rodillas, admirado el universo.
Un día, regresó a Jump City, decidido a cuidar del lugar que la alienígena consideraba su hogar.
El viento helado golpeaba las partes descubiertas de su rostro, seguramente volvería a nevar al anochecer pero el crímen no descansaba. Tampoco él. Había estado patrullando desde lo alto de los edificios. Bajó la vista a las calles, justo para ver a un grupo se sujetos acorralar a un par de personas en un callejón. Se incorporó y saltó de aquella azotea, sus pies aterrizaron en el suelo cubierto de nieve y saco su vara para hacer frente a los criminales. Cuando terminó con ellos, escuchó algunas explosiones y se dirigió de inmediato a la zona.
Su garganta volvía a doler como aquel día, cuando grito desesperado su nombre desde el fondo de su alma rota, y sus ojos se humedecieron por la mezcla de tristeza y sorpresa. Pero ya no salían lágrimas involuntarias. Su respiración se agitó con violencia, de irá, de angustia, de dolor. Por el amor perdido.
No estaba feliz como ella hubiera querido, ¿cómo podría volver a serlo? Pero ahora, viéndola una vez más, por lo menos estaba en paz.
Vaya, subir este one-shot ha sido todo una peripecia. En serio, la tecnología no es lo mío. Aunque tiene poco que nació la idea, no me dejó en paz, como mosquito en noche inquieta. Pero finalmente me siento conforme con el resultado.
No tuve corazón para hacer un final totalmente trágico, aunque ya estoy jugando con la idea de "que tan largo es para siempre" en otra historia.
Para después del final me gusta la canción El Jinete interpretada por Placido Domingo en la versión tradicional, o por Jorge Negrete, pero el audio es viejito. La advertencia es que es clásica ranchera.
