Te esperé
Con la cabeza puesta en la idea de ver a su familia después de una semana de separación por asuntos de la oficina, había cruzado a paso rápido el lobby del hotel, solo para chocar directamente con un hombre bastante más alto que ella.
Al levantar a mirada, no pudo evitar congelarse; encontrarse de repente con él cinco años después de su ruptura había resultado un shock.
Superado el impacto inicial, sin embargo, había intentado decir algo, pero no pudo encontrar nada que mencionar en ese momento; fue un alivio, entonces, que resultase ser el mismo Shinya quien rompiese el hielo con aquel elocuente "hey".
No había podido evitar sonreír al oírlo.
La conversación, aunque tensa al inicio, había ido bastante bien, o al menos tuvo esa sensación hasta que la inesperada pregunta escapó de su boca: "¿Eres feliz?".
La pregunta que obtuvo como respuesta la tomó por sorpresa en ese momento: "¿Lo eres tú?"
Ciertamente no había esperado eso, pero más inesperada aún le resulto la intensa mirada que él mantuvo sobre ella mientras aguardaba su respuesta; no pudo evitar que la nostalgia que surgió de repente ante ello.
Cinco años atrás, habría dado lo que fuera por tener ese tipo de atención de su parte; era irónico el que la tuviese ahora que no la deseaba más.
De alguna manera había conseguido salir del hoyo en el que había caído luego de su separación, optando por reconstruir su vida desde cero en su lugar; la mano que tomó la suya durante todo el proceso, sin embargo, fue algo que no esperó, y que, sin embargo, agradecía incluso hoy.
La respuesta al cuestionamiento de Shinya, entonces, era bastante clara: él le había preguntado si era feliz, y podía decir ahora que sí, que lo era; que lo sería siempre.
La sola idea de pensar en el futuro la hizo sonreír.
Dispuesta como estaba a contestar la pregunta del azabache, se vio inesperadamente silenciada por la voz de ella, su pequeña, llamándola mientras corría en su dirección; fue imposible no sonreír mientras la levantaba en brazos.
Akiho era una de las dos personas más importantes en su vida ahora, después de todo.
El casi imperceptible jadeo que provino tras ella, sin embargo, la hizo volver de golpe a la realidad; no tuvo que ver Shinya para hacerse una idea de lo que pasaba por su cabeza en ese instante.
Con cabello negro azabache y bastante alta a pesar de tener dos años apenas —había heredado la altura de su padre, por suerte—, era evidente que la posibilidad de que Akiho fuera suya se deslizaría en su mente.
Mentiría si dijese que no le dolió un poco el ver la ilusión morir en los ojos del azabache al momento en que su mirada se encontró con los verdes orbes de la pequeña, pero Shinya era demasiado listo como para pasar por alto algo así; resultaba evidente quien era el padre de Akiho.
Los raudos pasos del sujeto en cuestión solo sirvieron para corroborar aquello.
A pesar de la situación, sin embargo, no pudo evitar ampliar su sonrisa cuando lo vio aparecer ahí, a paso rápido y claramente preocupado por la pequeña fugitiva en sus brazos.
Además de Akiho, Ginoza Nobuchika era la otra persona en torno a la que giraba su mundo ahora.
Terminar su relación con Shinya cinco años atrás, fue duro; quedarse a solas en ese hotel por una semana entera luego de que ocurrió, fue devastador.
Una parte de ella había muerto esa noche.
Y, sin embargo, las lágrimas se habían negado a caer.
Toda una vida persiguiéndolo había terminado esa madrugada, cuando cruzó la puerta de la casa que compartían; ella se había marchado y él la había dejado ir, era tan simple y tan sencillo como eso.
A pesar de ello, la esperanza de que esta vez fuese Shinya quien viniese tras ella y no al revés, como de costumbre, se negó a morir durante esos días de soledad.
Un parte de ella, esa que se había aferrado a él durante años, esperó días enteros que él apareciese por la puerta de la habitación y dijese que todo había sido un malentendido, que aquel anhelo que creyó ver en sus ojos esa última noche había sido real, que la amaba y que la necesitaba tanto como ella a él.
Evidentemente, aquello jamás ocurrió; la soledad que sobrevino a ello fue abrumadora, incluso para ella.
Refugiarse en el trabajo funcionó inicialmente, aunque a la larga terminó siendo perjudicial; Shimotsuki tuvo que echarla de la oficina más de una vez cuando el café dejó de ser suficiente para mantenerla despierta.
Todo pareció cuesta arriba en esos primeros meses, sin embargo y a diferencia de ocasiones anteriores en las que fueron las circunstancias quienes terminaron alejándola de Shinya, algo se sintió diferente esta vez: ella lo había dejado, y con ello, la costumbre de aferrarse a él se fue desvaneciendo poco a poco.
De alguna manera y en algún punto de camino, el dolor se hizo tolerable, la nostalgia fue más tenue y el salir a distraerse por la ciudad en sus ratos libres dejó de ser una obligación; había comenzado a sanar por sí misma.
El firme agarre de la mano que sujetó la suya durante todo el camino, sin embargo, fue invaluable.
No resultó sorpresivo, entonces, que su mirada se desviase hacia él antes de notarlo siquiera.
Aun así, la idea de volver a abrirse a una nueva relación, incluso si se trataba de él, inicialmente resultó aterradora; no sentía lista para poner sus sentimientos en juego otra vez.
Evidentemente, su corazón opinaba algo totalmente distinto.
Con el paso del tiempo sanando sus heridas y la vida siguiendo su curso natural, pronto se vio gravitando hacia él; curiosamente, fue solo entonces que notó algo, un pequeño detalle que hasta entonces había pasado por alto: él siempre estuvo ahí. En cada momento difícil, en cada decisión importante, incluso en los momentos felices, se mantuvo firme como una roca a su lado y siempre en un lugar que podía alcanzar si extendía la mano.
Casi dos años después de su ruptura con Shinya y a pesar del miedo que aquello conllevaba, se vio abriendo el corazón lentamente hacia él.
Afortunadamente para ella, arriesgarse una vez más había sido la mejor decisión que pudo haber tomado.
Aunque de comienzo incierto y con un par de traspiés en el camino debido a su propio temor y a la creencia de Nobuchika de que ella todavía amaba a Shinya, lograron establecerse juntos y encontrar el camino.
Porque había mil maneras de decir "te amo", y tanto Nobuchika como ella lograron entenderlo perfectamente con el paso del tiempo.
Akiho era prueba viviente de ello, después de todo.
Tan parecida físicamente a ella, pero con claros rasgos que evidenciaban la identidad de su padre, la pequeña fugitiva era hiperactiva e inteligente por igual, motivo por el cual Nobuchika siempre estaba corriendo tras ella cuando le tocaba cuidarla.
La broma de ponerle una correa era algo recurrente, para molestia de la pequeña.
Riendo entre dientes al ver la expresión en el rostro de la pequeña mientras era regañada por su padre, se vio sorprendida de repente por el sonido de la risa ajena que reverberó en el lugar.
La tensión fue palpable luego de que Nobuchika y Shinya intercambiasen saludos.
Antaño amigos, resultaba triste ver lo problemática que se había tornado su relación con los años y no podía evitar sentirse responsable por ello, razón por la cual trató de aligerar el ambiente.
La actitud de Nobuchika fue sorpresiva, pero no inesperada; él siempre había sido así con ella, después de todo.
Siempre poniéndola por delante de sus propias necesidades y negándose a ser egoísta —motivo por el cual habían tenido algunas diferencias en su momento—, él nunca presionaba, a menos que fuese realmente necesario; un breve intercambio de miradas fue suficiente para saber que, al menos desde su perspectiva, ese era el caso.
Ella lo entendió; había pospuesto esa conversación por demasiado tiempo, después de todo.
En algún momento de su creciente relación y cuando estaban a punto de ir un poco "más allá" de toques inocentes, él se había detenido, solo para decir una frase que por unos breves momentos le había roto el corazón.
—Lo siento, Akane... —Había susurrado, con la frente apoyada en su hombro y el rostro oculto—. No puedo hacer esto…
Evidentemente, el "¿Por qué?" no tardó en salir de su boca aquella noche, en un susurro ahogado.
—Porque no es justo. —Fue la respuesta que obtuvo de él—. No cuando sé que Kougami te ama y que lo ha hecho siempre.
Lo había oído días atrás por accidente en una conversación de Saiga-sensei con Hanashiro, le dijo poco después, con la mirada gacha; cuando ella le cuestionó por las razones de comentarlo ahora que estaban comenzando algo, la respuesta que obtuvo fue contundente y tan dolorosamente obvia, que ella no pudo evitar sonreír luego de oírlo.
—Porque te amo, Akane. Y quiero que seas feliz, incluso si debes dejarme atrás para serlo.
Ver el dolor en su mirada al decir aquello solo afianzó la decisión que había tomado; esta vez funcionaría, estaba segura.
—Es bueno, entonces, que sea como tu, Nobuchika. —Le había dicho, sonriéndole poco después—. Nunca podría iniciar una relación nueva teniendo a otra persona en el corazón.
Recordar la mirada perpleja que le dedicó esa noche, todavía traía una sonrisa a su rostro; él no tardó demasiado en comprender la implicancia de sus palabras.
Lo amaba, y esa noche había quedado más que claro el hecho de que sus sentimientos estaban en el lugar correcto esta vez, independientemente de la forma en que llegaron a complementarse en el futuro; teniendo en cuenta que Akiho fue concebida poco después, habían resultado bastante compatibles en todos los aspectos posibles.
No era de sorprenderse, entonces, que Nobuchika tuviera la suficiente confianza tanto en ella como en su relación, como para enviarla a una confrontación directa con el hombre que amo por tantos años.
Y ella no podía estar más orgullosa de él.
Curiosamente, fue Shinya quien eludió la conversación.
La razón de ello, sin embargo, fue evidente para ella; él lo había entendido.
Fue obvio en ese instante que Nobuchika estuvo en lo cierto aquella noche, cuando le confesó que Kougami la amaba, que siempre lo hizo, y que probablemente todavía lo hacía, si el dolor en su mirada era un indicador; aun así, el amor no había sido suficiente para sacar a flote su relación en ese entonces, no con él dejándola fuera todo el tiempo.
Curiosamente, el conocimiento de aquello provocó lástima en lugar de dolor.
Shinya era un buen hombre, uno que había sufrido mucho y que merecía alcanzar la felicidad, no vivir aferrado al recuerdo de un amor que no pudo ser.
Incluso si no habían hablado directamente sobre ello, realmente esperaba que Shinya lograra seguir adelante, ahora que por fin lograron algún tipo cierre a su historia juntos.
Porque incluso si amaba a Nobuchika ahora, Shinya siempre tendría un lugar especial en su corazón, después de todo, él siempre sería el primer hombre que había amado.
En silencio y mientras sentía a Nobuchika tomar su mano, se limitó a observar brevemente la espalda de Shinya mientras éste abandonaba el lobby del hotel, antes de volver la vista hacia el hombre junto a ella.
Encontrar el amor reflejado en la mirada de su compañero de vida, trajo inevitablemente una sonrisa a su rostro; porque sentir los dedos ajenos entrelazarse con los suyos en ese agarre tanto familiar como reconfortante, fue suficiente para corroborar una vez más que sí, que había tomado la decisión correcta y que, independiente de lo que les deparase el futuro, estarían bien.
Después de todo, él nunca la había dejado caer y sabía, jamás lo haría.
Solo esperaba que, al igual que ella, Shinya pudiese encontrar a la persona correcta y lograse ser feliz algún día.
—Fin—
Notas de autor:
Y hasta aquí llegamos con esta loca idea, al menos de momento. X'D
Si a alguien le interesa la perspectiva de otro personaje, puede dejarlo en un comentario, si me doy tiempo estos días, podía escribirla también.
Sin más que decir, me despido.
¡Hasta la próxima! : )
