— ¡Tantararan~! Para ti como regalo de felicitación por haber entrado a SOLDIER con éxito.

Sephiroth no puede evitar tomar con emoción el enorme y demasiado largo paquete que Zack le entrega. En la nota adjunta hay un cómico mensaje que queda claro quien escribió. Advierte que es un regalo de dos personas, pero de momento Cloud está pidiendo lo que van a comer y Zack es demasiado impaciente como para retrasar más el entregar el regalo.

¡Felicidades! ¡Ya estás dentro para convertirte en un héroe verdadero! No olvides que un héroe se mide por la capacidad de abrazar sus sueños, mantener su honor y jamás olvidar a quienes lo han apoyado antes, así como quienes necesitan de tu ayuda. A partir de ahora, eres la persona que tendrá que salvar muchas vidas, no está mal tener apoyo, pero jamás olvides que antes que darte por vencido ¡Habrá quienes te esperen para ser el salvador!

Este regalo fue idea mía, planificado por Cloud y supervisado por él. En teoría debería gustarte y esperemos que sí. Me tardé el triple en volver solo porque fui a buscarla. Es muy especial.

Espero que te guste sonríe más, los héroes que no sonríen dan miedo. Por eso Cloud no parece un héroe. Ayúdame a que sonría, por favor.

Atte. Zack + Cloud

P.D: Solo disfruta el regalo y olvídate de la palabrería de arriba.

Ríe por la nariz y Aerith poco después tras leer la nota completa. Como lo último tiene resaltador amarillo para enfatizar lo irrelevante de la cursilería de Zack. Sephiroth pone la caja en el suelo y rasga el papel oscuro y platinado con el que está envuelta la caja.

Aun no puede entender porque es tan larga. Es casi de su estatura.

La abre finalmente y ladea la cabeza con ojos brillantes. Es una espada. Larga, fina y que aun dentro de su vaina parece refinada. La saca y desenvaina con lentitud. Es un total opuesto a la espada de Zack, llamada Buster Sword. La mueve un poco, haciendo balance con esta en su dedo y luego pasándosela de una mano a la otra.

Tiene una pequeña hendidura al inicio de la hojilla para poner materia. Una al menos. Podría estar mejor en ese aspecto. Aunque con lo sofisticada que luce, resultaría poco estético.

—Se llama Masamune—informa Cloud entrando al pequeño cuarto privado del restaurante—. Asumí que te gustaría algo menos pesado, considerando que la fuerza ya la tienes y a veces es mejor un solo golpe a ochenta. —reclama hacia Zack, el cual levanta las manos y se encoge de hombros.

—Es mi estilo de combate, perdóname.

—Es un estilo muy raro ¿De dónde salió? —pregunta interesado, dejando la vaina a un lado y moviéndola un poco. Zack teme que corte algo. Cloud mantiene calma con el tema.

—Es de Wutai. Es más ligera, tiene más filo—Da un par de toques a la hoja por un costado—. El metal me lo dieron aquí. Es de un fósil viejísimo. Con suerte, no se rompe rápido.

—Me encanta. —admite Sephiroth con una sonrisa enorme y Zack levanta los brazos con los puños cerrados. Complacido y ganador de haberlo logrado al menos una vez.

Sea porque está en la adolescencia y se vienen tiempos aún más oscuros o porque Cloud le contagio su mal humor, es imposible tratar con Sephiroth de forma normal. Es muy seco, muy cortante, demasiado pedante incluso con la edad que tiene. Resulta sofocante e incómodo. Con todos menos con Cloud. Lo cual puede concluir que es un niño impertinente cuando Cloud no lo mira.

O que los polos iguales acaban soportándose mejor de lo que cualquiera cree.

— ¿A mí que me van a regalar en mi cumpleaños? —pregunta Aerith. Considerando que es la única excusa que se le ocurre para preguntar por un obsequio. Cloud avanza hacia el bolso que carga Zack de aquí para allá y saca un regalo pequeño de este—. ¡AH!

—Sabía que esto pasaría. Te lo dije. —quejumbra hacia Zack que ríe apoyando los brazos tras su cabeza.

—Eso se llama conocer bien a tus retoños, cariño. —Cloud saca un poco el labio, con Zack besándolo en la sien.

Sephiroth los queda viendo.

Recuerdo lo que pasó la otra noche.

El contacto, lo juntos que estaban, el movimiento, las expresiones…

— ¡Mira! —Se distrae por el llamado de Aerith. La niña muestra los cuatro distintos colores y estampados de pañoletas para amarrarse el cabello—. ¿Cuál queda mejor ahora?

—El rosado con las cerezas.

Sostiene los demás y Aerith se quita el que lleva puesto. Simplemente rosa. Ladea ligeramente la cabeza, frunciendo el entrecejo, pensativo en mil otras vertientes y consideraciones de lo que vio que hacían. Tantas cosas que vienen a su mente por ello. Suelta un suspiro, volviendo la vista a Cloud que habla con Zack sobre cualquier otra cosa que ni siquiera tiene que ver con ellos.

Cosa rara y que, de considerarlo ahora, lo molesta. No es el centro de atención de Cloud ni siquiera. Que fastidio. Aerith da una vuelta coqueta, mostrando su cabello y como queda con el vestido. Zack la carga y le da besos en la mejilla, felicitándola por ser tan linda. Sephiroth blanquea los ojos hasta que el mismo es cargado por Cloud.

—Un pequeño envidioso. —Bromea Cloud con su expresión usual. Sephiroth remarca el puchero antes de abrazarlo hasta con las piernas para que no lo suelte ni por accidente o cansancio.

Zack cree haber visto a Sephiroth observándolo. Con esos ojos verde toxico clavados en él de forma rencorosa y llena de recelo. Sin embargo, lo que no entiende es ¿Por qué? Apenas un parpadeo después y ya no es así, pero de que pasó. Pasó.

Ya tiene suficiente con Hojou odiándolo como para aumentar a Sephiroth. Que, sin exagerar, le da más miedo que le guarde sincero odio.


— ¿Raro?

—El niño, Sephiroth, es muy extraño.

Rufus levanta una ceja. Vincent, como se ha aclarado antes, es alguien reservado, seco, taciturno y poco dado a hablar pestes o disgustos con respecto a quien sea. Sin importar la situación. Que en este preciso momento hable de cómo Sephiroth le parece extraño es extraño en sí mismo.

— ¿Por qué? ¿Usa trucos para engañarnos y no es tan perfecto? —bromea sirviéndose un vaso de whisky, Vincent niega con la cabeza y as manos tras la espalda.

—Es perfecto.

— ¿Y?

—Es perfecto… frente a Cloud—resalta, para interés de Rufus—. Cuando él no está, hace tanto que bien puede considerarse un monstruo—opina en voz baja—. En la sala de entrenamiento, la misión imputada era eliminar una base enemiga. Erradico a todos, pero con el último…

Recordar a esa figura pequeña y juvenil haciendo tal masacre lo dejó entre conmocionado y desagradado. Realmente hace que los pensamientos se desordenen. Es disonante con respecto a lo que debería hacer un niño en realidad.

La forma en que manejaba la espada nueva que le dieron, como una nueva y mortífera extremidad. Similar a una danza delicada y perfecta que solo él es capaz de ejecutar. Posiblemente, lo que más lo asusta de Sephiroth es ese nivel de perfección en sus movimientos, sus ataques, magia, expresión, todo.

Todo es… PERFECTO.

Hasta el momento en que te das cuenta de sus ojos.

Claro, eso también es perfecto. El tamaño, la forma en que se cierran, las pestañas, el color sin ningún matiz añadido. No obstante, lo que esos ojos muestran no es más que el inicio de un desastre. Ni siquiera cuenta con la capacidad exacta de definirlo. La forma en que esos infantiles ojos se llenan de odio al mismo tiempo que de una enorme satisfacción por lo que hace. Por destruir y asesinar lo que muestre la sala de entrenamiento o mande el departamento científico.

Sean solo experimentos fallidos o un holograma, ambos están hechos para ver qué tan capaz es. Con el segundo dando un efecto de enorme realidad hasta el punto que, de fallar en tu misión y te asesinen, sientas dolor ligeramente parecido al de morir por alguna herida.

Sephiroth disfruta de la realidad aumentada en sus asesinatos masivos.

En llenarse de sangre la cara y ver cómo está gotea de su espada.

La definición que daría a él es la de "Ángel perfecto". Hermoso, encantador, lo que esperas de un enorme y sacrosanto Salvador de este mundo. Al que nadie le diría que no solo por tratarse de semejante magnificencia. No obstante, en su interior no es más que un monstruo enorme equiparable al planeta. Lleno de odio, rencor, rabia asesina e insana satisfacción una vez ve cumplido su "capricho".

Y ahí es donde Cloud hace acto de presencia.

—Empiezo a creer que hay dos identidades aquí o dos distintos estímulos que causan sus comportamientos. Con Cloud, es lo que debería: Niño entrenado, consciente de la realidad, su lugar y reglas; cuando no está, se vuelve un auténtico desastre. Capaz de querer destruirlo todo solo por estar aburrido. —Rufus acaba su caso y da un par de toques con el dedo índice.

—Con más razón necesita supervisión. Asegurarnos que tan viable es tenerlo como SOLDIER… En Cloud ¿A pasado algo malo?

Y en la lista de rareza aparece el tercero: Rufus ShinRa sintiendo genuina preocupación por otro ser vivo. Es posible que para este momento el no considerar lo más obvio, sea un pecado.

—Me he mantenido con él y he descubierto al profesor Hojou rondando. Muy específicamente en sus áreas de trabajo. Siempre intentando hallar el momento en que no estoy—menciona y Rufus mueve la mano, haciéndolo continuar—. También he notado que reacciona a Jenova.

— ¿Él?

—Sí. Son reacciones sutiles y a veces ni siquiera tienen objetivo más allá de un susto como tronarse el cuello—Muestra desagrado. Ha pasado ya dos veces y suena terrible—. Y poco más. Aparte de mencionar mucho a Sephiroth… Como un aparente conquistador del mundo.

—Conquistador del mundo. —ríe para sí mismo. Suena ridículo dicho de esa forma.

— ¿Quiere que investigue un poco más al respecto?

—Hazlo.


—Siento que me voy a aburrir mucho cuando te vayas a ser SOLDIER. Yo tendré que quedarme siempre aquí dentro con esos científicos fastidiosos.

Contrario a lo que suele dibujar Sephiroth: Estelas sin sentido, personas y monstruos; Aerith se dedica a pintar campos floreados, cielos azules llenos de nubes blancas como algodones y resulta hasta cómico ver la diferencia entre ambos. Como se remarca aquella distancia entre sus personalidades y anhelos.

Sephiroth quiere entender a las personas, las visiones que tiene al dormir, la satisfacción que le trae acabar con los monstruos del departamento científico.

Aerith quiere ver campos verdes, llenos de flores y vida; ver un cielo que no es el mismo nublado, gris y plomizo de todos los días sin excepción.

—Tendrás a Cloud. —dice Sephiroth entre dientes. Celoso del tema.

—Es verdad. Será divertido, porque no te consumirás su atención. —ríe Aerith, juguetona al respecto—. Aun así, será un poco solitario.

—Siempre voy a volver.

—Lo sé.

— ¿Por qué?

—Porque tu madre lo hizo, a través de ti. Ustedes jamás serán menos que un recuerdo—afirma la niña y Sephiroth frunce las cejas—. Mi raza entera se desvaneció por ella y aun así, será capaz de resurgir, los míos no. Que desgracia ¿No?

—Es lo que sucede a veces. Una raza se extingue para dar paso a otra. Es parte del círculo natural de la vida: Nacer, crecer, reproducirte, morir. Fin. Cuando no lo logras, adiós a todo lo que conoces. —Sephiroth se encoge de hombros sin mucho interés en el tema y Aerith se queda sentada frente al enorme dibujo que hizo hoy.

— ¿Por qué debe ser así? A veces… no quisiera y aun si lo es ¿Por qué no dejar nada? Aun si es una simple memoria…

Sephiroth levanta de su sitio y se inclina a ver lo que Aerith hizo: Una ilustración de un campo lleno de margaritas y en él está su madre, sonriendo amplia con un sombrero en la cabeza. Son trazos descuidados que apenas dejan entender que se trata de ella.

—Quisiera permanecer y ser más que la última que quedó.

Los ojos de Sephiroth se contraen, una sonrisa ancha y cruel brotando en sus labios. Le da palmadas en la cabeza antes de volver a su lugar, tarareando entre dientes y continuando con lo suyo. Cloud entra en la habitación que están ocupando.

—Que aire más triste. —burla cambiando la música de ambiente.

—Aerith extraña a su mamá. —acusa Sephiroth y ella le lanza una bola de papel.

—No tiene nada de malo. Es una persona importante ¿Por qué te molesta? —Aerith hace pucheros y niega con la cabeza.

—No pasa nada. —Cloud suspira, a veces es complicado entenderlos. Demasiado. Más de lo que su paciencia da.

—Tal vez podamos viajar de nuevo. Aprovechando que Sephiroth se va—El peli plata voltea, notablemente ofendido por ello—. Ir a Costa del Sol o algún lugar al que quieras ir para sentirte mejor. Estar aquí encerrada te pone triste, asumo.

—Un poco ¿A ti también?

—Más de lo que crees. O más de lo que se nota—Agrega con una risa leve y tímida—. Tan solo recuerda que estoy aquí para ayudarte en lo que necesites. Si te sientes mal, puedes decírmelo. Intentaré ayudarte.

Aerith asiente penosa antes de abrazarlo. Sephiroth entrecierra los ojos, receloso con innumerables pensamientos en mente. Uno tras de otro con distintos patrones, distintas voces, distintas intenciones. Su cabeza vuelta un enorme revoltijo que no logra distinguir del todo. Sin embargo, se ha dado la tarea de organizarlos y tener mayor idea de cómo su cabeza no es enteramente suya.

Y debe tomar el control de ella sí o sí. No va a dejarse ganar ni por demonios internos.

— A mayor sea tu clase, mejor beneficio y libertad obtienes. Tan pronto como te suban de clase podremos viajar todos. No creo que tardes mucho. —Cloud lo palmea en la cabeza y Sephiroth sonríe mínimamente.

No puede dejarse ganar, porque eso significaría entregar a Cloud a alguien más. Eso ni siquiera muriendo piensa permitirlo.

«Si es la única manera de hacerte fuerte, que así sea»


—A veces tengo envidia de la tranquilidad con la que andas —admite Kunsel sentado frente a Zack en el camión que los transporta a Kalm—. Mi novia no trabaja en ShinRa, pero mierda, le partí la cara a su jefe solo porque la hacía sentir incómoda.

—No entiendo a dónde quieres llegar. —Admite Zack, confuso.

—Cloud, departamento científico, Hojou. Los rumores—Zack no resiste la sonrisita. Claro, Kunsel vive en base a rumores. Es divertido y peligroso al mismo tiempo. A veces hay tanta información falsa que acaban creándose una idea equivocada—. No me digas que no sabes.

—Claro que sé. Por eso no me voy a preocupar de más. Cloud no es tan… Lento—Mueve la mano—. Si quisiera abusarlo se daría cuenta. Alguien tan rarosexual como Hojou solo es peligroso para sí mismo. —burla cruzado de brazos.

—Sigue siendo él en el departamento científico. Quizá el guardaespaldas es porque el vicepresidente sabe más que tú del tema.

Zack abre los ojos y junta las cejas. Entre enojado y sorprendido por aquel comentario. Si bien se le hizo raro cuando Cloud lo mencionó, no se quejó. En el departamento científico pasan cosas raras, sí, no lo va a negar. Por otro lado, Hojou no intenta nada tan directo con alguien que puede reaccionar en cualquier momento.

Menos hablar y que ahora tiene tanta relevancia en la empresa. Que aparte de todo, lo tiene amenazado. Sería muy tonto de su parte en este momento. Tal vez antes y puede decir con certeza que no sucedió. Chasquea la lengua con molestia, viendo hacia la ventana.

También está el factor Sephiroth.

Con la conexión que comparten es contraproducente hacer nada a Cloud. Sephiroth sería capaz de percibirlo al instante e ir cual cohete a ver qué sucede. Eso solo suena peor, arruga la cara con asco ante la sola imagen mental de la remota posibilidad.

Por qué nada, por una vez, puede seguir un curso normal. Si no es tener a un niño de dos años pareciendo de once, una niña que escucha muertos y al planeta mismo y un novio que reacciona ante un material genético alienígena; es un científico loco que crea los monstruos más raros que la ciencia puede permitirse.

Quiero un maldito descanso de la vida, golpea su frente contra la pared metálica de la camioneta y Kunsel niega con la cabeza. Zack llega a pecar de confiado. Tal vez no esté pasando nada, pero al mismo tiempo, la malicia en un caso así es sobradamente necesaria.

Bajan de la camioneta y Zack ve el cielo un instante. Azul, enorme, más grande que el propio planeta y a veces se pregunta si no habrá alguna materia o truco raro para poder volar. Algo así como un ángel. Sería divertido, el máximo exponente de la libertad. Mira de donde vienen, como incluso es posible ver lo gris del cielo a la distancia en la que están.

—Me pregunto si en algún momento saldremos de ese foso…

Si bien Midgar es el enorme sueño de muchos, con lo que ha pasado ya está harto de la ciudad. De no poder respirar bien siquiera. Extraña su quinto pino, Gongaga y no duda que Cloud extrañará al menos un poco Nibelheim. Dos extremos muy lejanos, pero iguales con sus condiciones naturales frescas y tranquilas.

Imagina que algún día tal vez puedan marcharse de Midgar a vivir por ahí. Incluso ser mercenarios. Suena a una buena idea. Sonríe para sí mismo, tomando la espada de su espalda por visualizar a un par de monstruos carroñeros a la distancia. Al verla la mueve un poco, sacando los labios.

Sephiroth tiene espada.

A Aerith le dieron un bastón metálico con aparente carga "espiritual" en él…

Tal vez también es un buen momento para hacer una de estas para Cloud. Sonríe amplio y acaba de avanzar para acabar con los monstruos de un salto y golpe simple. En el entretiempo, quien sabe, quizá a la directiva de ShinRa le gustaría saber del experimento secreto de Hojou que lleva documentando este tiempo para Rufus.

Será interesante ver que hacen. Es fácilmente interpretable como un ataque contra la empresa. A final de cuentas, es un experimento enorme que lleva a espaldas de ellos y que puede perjudicar lo que tienen dos años financiando. Es segurísimo que mínimo, le quitarán más terreno a Hojou.

No se le da específicamente bien ser cizañero o maquinador, pero Kunsel ayudó a ponerlo de mal humor con el tema. Después de hablarlo con Rufus lo haría. Seguro que a él también le interesaría el asunto. Quizá tomar el mando ante la incapacidad de su padre de poner un parón al científico loco que tienen por jefe de departamento.