El amor es un veneno
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el Reto #55: "No hay dos sin tres" del foro "Hogwarts a través de los años".
I
El león
Nunca pensé que nuestra historia iba a terminar de esta forma: con una puerta que se cerró para siempre y un «me marcho» que llevaba mucho tiempo atragantado.
Lo hizo sin mirar atrás; yo tampoco intenté decir nada para detenerlo. Ya había gastado demasiada saliva discutiendo con él, tratando de convencerlo de que sus argumentos eran encerrados.
Salazar era un hombre terco y orgulloso, y estaba cegado por su visión parcial del mundo.
Cuando fundamos Hogwarts, lo hicimos con la finalidad de recibir a los niños que, de una u otra forma, demostraran tener el talento de la magia. Cada uno de nosotros estableció sus criterios para acogerlos. Rowena se quedó con los aplicados e inteligentes, Helga con los trabajadores y justos, Salazar con los astutos y ambiciosos, y yo con los valientes y luchadores.
Pero nunca hablamos de husmear en el árbol genealógico de los niños para aceptarlos o no. Eso era lo que proponía él.
«Tengamos estudiantes cuyos padres sean magos probados.»
De tomarlo en cuenta, la población del colegio se reduciría drásticamente. Muchos niños eran huérfanos que habían perdido a sus padres antes de saber hablar, ¿cómo iban a probar que procedían de una familia mágica?
Yo mismo era incapaz de hablar de mi pasado. Mi madre había sido una bruja, cuyo destino aún era desconocido para mí. Mi propio padre me había ocultado la verdad, con la esperanza de que odiara y cazara a los magos al crecer. La mayor rebeldía de mi vida fue abandonarlo a él y a su legado, y fundar un colegio que acogiera a magos y brujas sin distinciones.
Lo que proponía Salazar era una locura. Todos lo sabíamos, pero yo era el único con el coraje suficiente para decírselo en la cara. Creía que él recordaría todos esos años que compartimos juntos —los prados en flor, el colchón de nieve bajo nuestros pies y las noches estrelladas— y que desistiría de su propósito.
¡Cuán iluso fui!
Salazar era una persona ruin y egoísta, marcado por un pasado violento que había condenado su futuro y el de todos nosotros.
Su madre y hermanos habían muerto en la cacería de brujas, quemados y ahorcados por la ignorancia de los muggles. Quería perpetuar el odio y el conflicto en las nuevas generaciones, cuando debíamos educarlos para no repetir los errores del pasado.
Por la ventana, vi que se adentraba en el Bosque Prohibido; un haz de luz verde iluminó las copas de los árboles y una bandada de cuervos echó a volar. «Se ha ido y quiere que todos lo sepan», pensé.
Rowena irrumpió en mi despacho poco después, exigiendo una explicación:
—¿A dónde ha ido Salazar?
—Se marchó —dije, empleando sus mismas palabras—. Para siempre.
Sus ojos azules como el mar se clavaron en mí.
—¿Y no hiciste nada por impedirlo? —Negué con la cabeza. Ella se abalanzó sobre mí—. ¡Eres un maldito! ¡Cuánto te odio! ¡Y a él también!
Se desplomó en mis brazos con una lágrima cristalina rodando por su mejilla.
