El amor es un veneno
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el Reto #55: "No hay dos sin tres" del foro "Hogwarts a través de los años".
II
El águila
Rowena me confesó que llevaba al hijo de Salazar en su vientre.
—No se lo digas a Helga —pidió—. Ella me advirtió y yo no quise escucharla.
Me quedé callado.
No supe qué decirle. ¿Cómo debería sentirme? ¿Qué palabras debía utilizar? ¿Me lo esperaba? Por supuesto que no. Actuó a mis espaldas; una puñalada rápida y discreta, pero letal a largo plazo.
—¿Y qué harás?
—No lo sé.
Mi pregunta fue demasiado amplia, demasiado genérica. ¿Estaba hablando del bebé o de la verdad de su origen? Muchas brujas recurrían a hierbas y brebajes para limpiarse. Rowena tenía conocimientos para hacerlo sí así lo deseaba.
También podría seguir adelante con su embarazo. Las malas lenguas preguntarían y señalarían. Rowena era una mujer altiva y orgullosa —tanto como el mismísimo Salazar; no me extrañaba que se hubiera fijado en ella— que prestaba oído a las habladurías cuando menospreciaban su inteligencia o trabajo. ¿Cómo se enfrentaría a los dedos acusadores con un niño en brazos?
—¿Salazar lo sabe? —pregunté.
Me dolía pensar que él la había abandonado —los había abandonado, me corregí—, sabiéndolo.
—Iba a decírselo cuando pasaran tres lunas —contestó. Sus manos temblaron. Las tenía sobre el regazo; ella estaba recostada sobre dos almohadones de plumas—. Helga me advirtió. Me dijo que su inestabilidad me terminaría condenando. ¡Tonta de mí que pensé que podrías impedirlo!
Qué irónico pensamiento. Nuestra discrepancia había hecho que Salazar Slytherin se fuera aún más rápido del castillo y de nuestras vidas.
«Pensé que me entenderías más que nadie —me dijo la última vez que nos encontramos a solas. Ahora me preguntaba por qué no se fue esa noche. Si yo tenía su alma en mis manos y la dejé caer, ¿por qué no se marchó inmediatamente? ¿Quería darme una segunda oportunidad para apoyarlo?—, pero me equivoqué. Naciste con ellos y morirás pensando como ellos.»
Yo sabía que él jamás se olvidaría que por mis venas corría sangre muggle, que era fruto de la semilla de Grimm el Cazador de Brujas, hombre que renegaba de su magia y ejecutaba a los suyos. Era un abismo que nunca se podría cerrar.
Pero Rowena embarazada lo cambiaba todo.
Absolutamente todo.
—Lo buscaré. Hablaré con él —aseguré—. Haré que regrese y le ponga su apellido al niño, si eso es lo que quieres —recalqué. No era mi decisión sino suya.
—No sabemos a dónde fue —respondió. No se estaba negando a la posibilidad—. Y si Salazar no quiere ser encontrado, jamás lo encontrarás.
—No puedo quedarme de brazos cruzados, Rowena. Y no lo haré. Lo encontraré por ti.
Me pasé la mitad de mi vida junto a Salazar. Los primeros años, viviendo en el Valle —el lugar que me vio nacer, conocernos y huir juntos—; el resto, construyendo un futuro para que los magos y brujas pudieran formarse bajo la instrucción de hechiceros con más experiencia. Algo que nosotros nunca pudimos hacer.
Conocía su forma de pensar; incluso más de lo que me conocía a mí mismo.
Ya sabía dónde estaba.
