—Ya tenemos suficientes artistas y-

—Necesitamos uno más.

—Alastor.

— ¡Uno más uno más para el show que hace a todos alucinar! —exclama levantando los brazos. Su tono grandilocuente y optimista acompañado de la gigantesca sonrisa en su rostro. Los ojos rojos que se abren de par en par y muestran cierto deje lunático—. Lo necesitamos ya, de otro modo no tendrá su encanto real. Un show sin corazón es un show sin color y sin remuneración. —Concluye con ojos entrecerrados y gesto macabro para cualquiera que lo viera.

—Alastor, es tan sencillo como que ya hay los suficiente y necesarios para cualquier idea extraña que tengas. Ser co-dueño de este circo no es sinónimo de-

La chica de piel grisácea y cabello blando, Vaggie, se ve interrumpida bruscamente.

—No sonrisa en la cara, tus palabras serán ignoradas mi bella dama. —Alastor sacude la mano y Vaggie aprieta los dientes. Mostrándose rabiosa al instante.

La tercera persona en la oficina, una rubia de mejillas rojas y piel blanca ríe nerviosa. Siendo ella, Charlotte o Charlie, la que debe calmar los humos entre el sonriente pelirrojo y la albina.

—Calma, calma, por favor—pide Charlie con sonrisa nerviosa—. Alastor—El personaje pone las manos tras la espalda con su enorme sonrisa de dientes filosos—. Sé que tu idea de un show solo para adultos fue muy bien, el ingreso es mayor al esperado y sorprendentemente estamos más cómodos con el tema, pero ya estamos completos. No hace falta nadie más.

—Oh no, no, no, my sweet lady—dice una vez ella termina de hablar—. Que haya ido bien, no quiere decir que esté bien o no pueda mejorar—Charlie deja caer los hombros. Ya se ve con una insistencia tal que caerá en lo que sea que Alastor pida. Siempre es así—. Hace falta más, un integrante que sumar y que la magia animal llegue a hipnotizar.

— ¿Qué cosa? —increpa Vaggie con las manos en la cintura y gesto poco convencido.

—Lo sexual. Una bella dama o un atractivo varón, quien alborote el corazón de todo el salón—Narra apoyándose en un bastón que usa constantemente para jugar—. Satisfechos quedarán quienes vayan a mirar, la sensualidad de lo que no se puede tocar atrae más a los de escabroso pensar, sus billeteras gordas manipular y vaciar.

—Entonces, pretendes que metamos a una prostituta aquí. —Resume Vaggie. Charlie continua con el gesto poco convencido.

—No.

—Es lo que puedo entender.

—Es un show adulto—Alastor inicia con voz más calmada, interesado en su punto y no en estar jugando como hace poco—, si bien muchos vienen con la expectativa de algo fuerte, también esperan ver eso que naturalmente a ustedes no les sale y no tiene por qué hacerlo si no quieren—explica—. Tenemos bellezas, fortaleza y demás, pero no tenemos nada que los deje jadeando y pidiendo más. La vista es todo lo necesario. No el contacto.

—A veces no entiendo de dónde sales tan filosofo—admite Charlie con una risa—. No creo que haga falta, Alastor. Ya estamos completos. Nos las apañaremos.

—No lo creo.

—Ser codueño no-

— ¡La sonrisa~!

—YA DEJA DE FASTIDIAR.

Alastor se marcha risueño y divertido. A medida que anda, ve a todos los integrantes que antes se mencionaron. Pertenecientes al enorme circo ambulante llamado Hazbin Circus. Antes era Happy Circus, pero desde que llegó y se hizo co-dueño junto a Charlie hizo un ligero cambio de nombre. Así se evitaban que los confundieran con otros. Un nombre muy común. Se inclina para evitar constantes cosas que podrían golpearlo en la cabeza.

Tiene varios años metido en este circo. Es lo más entretenido que le ha pasado en su larga vida. Su principal razón para entrar es que está conformado casi en su totalidad por gente "rara". Los llamados fenómenos por el populo.

Gente de piel extraña, extremidades extra, habilidades peculiares y demás. En su caso, su piel gris, ojos y esclerótica roja junto a los párpados, dientes enormes y filosos que le dan aspecto de piraña, cola -la esconde siempre-, y cabello que a pesar de lucir como un peinado extravagante...

En realidad, son sus orejas.

Un eterno misterio porque sus orejas son como las de un ciervo. No se notan. Parecen dos enormes mechones levantados y nada más. Los que pertenecen a Hazbin Circus saben que son. Todos tienen algo que los alejó de la sociedad tan recta y los unió a este espacio donde esa misma sociedad los admira por lo que son capaces de hacer. Ironía pura y dura.

Sale de la carpa central y da un profundo suspiro, con la sonrisa de par en par ante la muchedumbre que tienen. La feria que montan antes del espectáculo en sí, para quienes no tienen un acto o capacidad artística percé. Siendo todos desechados, se hace lo que sea, sin embargo, Alastor se puede vanagloriar de que aquí nadie está obligado a quedarse o se siente de esa manera. Qué hay un genuino gusto por el trabajo y así sale bien.

Algunos vestidos de payaso, otros manejando algunos juegos; vender comida, ropa, juguetes; casa de terror, mostrar animales como caballos y perros entrenados, sin maltratar porque también están en contra de eso. Hazbin Circus es, en opinión de sus integrantes sin excepciones, un pequeño y encantador paraíso lleno de rareza. Dónde a donde vayas encontrarás a alguien de tres ojos como mínimo y aun así, te sientes feliz.

— ¡HEEY! ¡ES EL SR. ALASTOR! —Da una risita, jugando con su bastón hasta apoyarlo en inclinarse totalmente al niño que lo nombró.

—Sr. Alastor que aburrido quedará si no te diviertes más—Los ojos del niño se iluminan. Alastor saco un boleto de su traje. Suele hacerlo. Regalar algunos boletos. A este punto no genera perdida. Tienen mucho público siempre—. Y una sonrisa gran ¡GRANDE! ¡VESTIDO NUNCA ESTÁS SI UNA SONRISA TU ROSTRO NO VA A OCUPAR!

El niño sonríe amplio y Alastor acaba de entregar el boleto. El niño corre con su familia a mostrar el regalo y Alastor se endereza. Ah, ama el circo.

Nunca se aburre por aquí.

—Puede ser divertido. Vamos, por favor ¿Si? Non voglio che il nostro appuntamento finisca, Val, nemmeno io sono mai stato in un circo.

Alastor busca a quien hablo. No logra ubicar con exactitud debido a la gente que hay de un lado a otro. Sin embargo, es capaz de distinguir a dos personas. Ambas muy altas y de atuendos extravagantes. La voz resultó ser bastante melosa. Su italiano está oxidado, apenas lo comprendió. El inglés es otro tema pues tiene un acento tan extraño que sucede lo mismo.

—Eso nos demoraría el llegar a casa.

—Ya lo sé, pero quiero seguir pasando tiempo contigo. Vaaaaaal. Per favore.

—Está bien, Angel Cakes.

Hay un chillido risueño y complacido. Sea por suerte o no, uno de ellos se acerca. Es un hombre muy alto. Alastor no dudaría que llega a los dos metros. Abrigo rojo con pelaje en el cuello, guantes negros, una varilla para cigarro; lentes de corazón y cabello negro apenas obvio.

— ¿Dónde se compran los boletos?

—En la taquilla de allá, con el sujeto de odiosa expresión y aburrida posición—Señala con el bastón—. Le puedo recomendar el lugar con color azul para ocupar. Seguro que a su dama le encantará. — Concluye Alastor y el alto personaje agradece antes de marcharse, con su acompañante alcanzándolo. Ladea la cabeza y entrecierra los ojos.

Tal vez sean imaginaciones suyas, pero ese tipo tiene ojos rojos. Por experiencia, sabe que una rareza da lugar a otra y atrae similares sin esforzarse. Como showman puede permitirse analizar al público. En este caso, a la curiosa pareja de notable riqueza.

Pues nunca está de más otro inversionista, aún si eso no es lo que busca precisamente.


— WELCOME LADYS AND GENTLEMEN TO HAZBIN CIRCUS!

Los aplausos y exclamaciones caen al mismo tiempo que acróbatas en largas telas colgantes. Dando la impresión de que impactarán con el público, pero sin ser así. Entregando alguna cosa. Sea una flor o un dulce. Alastor señala con su bastón, luces surgen y acróbatas salen.

Exhibiendo cada uno alguna particularidad aparte de la ropa colorida y llena de brillo. Una mano extra, un tercer ojo, una tercera pierna; algunos otros aparecen con animales; mostrar el parentesco con otra criatura.

No importa a dónde se desvíe la mirada. Hay algo que ver y algo que va a sacar una sonrisa enorme de impresión. Alastor da una elegante retirada para que los primeros actos inicien. Él suele estar un rato al inicio, medio y final, incluyendo las presentaciones constantes a quien será el próximo en mostrarse.

En tras vestidores con todos yendo de aquí allá se da la libertad de subir a dónde están los aseguradores de telas, cuerdas y demás objetos colgantes. Baja a una pequeña cabina extra, donde puede ver más de cerca al público. Familias numerosas, algunas pequeñas, niños solos, parejas y demás. Una larga y perfecta variedad de espectadores. Su atención se centra en el par de más temprano. El hombre de abrigo rojo y su acompañante. Abre los ojos y ensancha la sonrisa.

Es una mujer bonita. Alta, casi tanto como su pareja; cabello rizado y rubio, corto en la parte trasera y enmarcando su rostro. El vestido entallado de color rosa que lleva acompañado de un abrigo de piel blanca, pecho pronunciado y dando un aspecto de tener pelo uniforme y pálido. Maquillaje suave, labios brillantes y ojos grandes.

Es joven, más que el hombre. Lo tiene claro. La forma en la que aplaude y se emociona es genuinamente infantil. Alastor baja la mirada, notando algo extraño en tórax. Es ligeramente más largo de lo anatómicamente necesario.

Da una risita, meditando el asunto.

Se mantiene ahí hasta que es su turno de aparecer y actuar; decide bajar con una soga, sorprendiendo al público de su aparición repentina e inusual.

— ¡Que maravillosa velada! Espera que no se hayan perdido nada ¡Hay tanto panorama que parece imposible fijarse en nada! —Alastor ríe largo, avanzando y sus orejas balanceándose juguetonamente—. Sin embargo, aún queda mucho que disfrutar ¡Los primerizos no lo entenderán! —Baja de la tarima, andando por las escaleras dando algún que otro toque a los que se encuentran cerca—. Más allá, más allá estemos por un tiempo más para que la diversión no deba terminar.

Atrapa su sombrero y lo hace rodar por su brazo hasta llegar a su mano, extendiéndolo hacia la mujer alta y albina. Ella da cuenta de algo sobresaliente. Lo toma. Un boleto negro que marca una función a las diez de la noche. Siendo que este acaba a las nueve treinta. Alastor sisea una risa y vuelve por dónde vino al mismo ritmo juguetón.

— ¿Hay otra función?

—Dice que es solo para adultos.

—Puede ser interesante.

— ¡No han de olvidar que para a Hazbin Circus poder entrar siempre deben una sonrisa llevar!

Alastor ve a la mujer albina aplaudir emocionada cuando la música animada y alta suena. Su pequeña presentación con su filosofía de vida impregnada. Acto carismático que a todos deja anonadados y tal como dice, con enorme sonrisa en el rostro fascinado.


—Regalaste uno de la función para adultos

—En efecto my friend. —concede a bebe de una enorme botella verde.

—Qué extraño, no sueles regalar esos boletos, Alastor. —menciona cantarina una chica de piel roja, enormes ojos amarillos y cabello corto: Millie. Alastor presiona su sonrisa, entrecerrando los ojos.

—Quiero ver cómo reaccionará la chica albina del público, que la atención podía robar, sin parar en besos lanzar a quien no la dejaba de mirar. —explica. Quien bebé eructa. Un hombre de cuerpo alargado y fornido exceptuando su cintura. Sus mejillas, barbilla, mandíbula y casi todo el cuerpo está cubierto de pelo. Incluso tiene lo que son dos orejas enormes.

En términos generales, es un hombre gato. Husker o simplemente Husk.

— ¿La chica albina? Era imposible no verla—Señala alguien que se une a la conversación. De piel roja, cola y largos cuernos saliendo de su cabeza. Blitzo—. El vestido le apretaba tanto las tetas que en cualquier momento explotaría. —Bizquea los ojos y Millie da una risita. Alguien más se acerca.

Piel roja, ojos amarillos, cabello blanco y cuernos pronunciados. Moxxie.

— ¿Por qué debe ser tan vulgar? Tenía un vestido normal.

—Lo realmente raro ahí es que era un poste. Qué alta. Incluso sentada se notaba. —comenta Charlie peinando su cabellera rubia.

—Yo note otra cosa, pero supongo que mejor me lo guardo como sorpresa. —Amplia la sonrisa y la pregunta general de todos se afinca como siempre: ¿Cómo demonios hace para sonreír tanto y que no le duela la cara? Misterios aún más grandes que la existencia de la Atlántida o de Dios mismo.


Alastor pasa al escenario, usando su bastón como soporte hasta jugar con él y apoyarse en el pie izquierdo. Todos en público, a diferencia de antes, son adultos. Excediendo los veinticinco años en su mayoría. Diría que la chica albina es la más joven de todos. Da una risita.

—WELCOME LADYS AND GENTLEMEN TO THE HAZBIN CIRCUS—Saluda levantando una mano, teniendo el foco para él y lo demás, siendo una completa penumbra—. Caras conocidas están, primerizos se incluyen en el lugar—Lleva la mano a su pecho—. Espero puedan disfrutar ¡El espectáculo que tenemos para dar! Nunca será igual y confianza en mí pueden llevar—Pone un dedo frente a su enorme sonrisa—. Nadie sabrá el placer que sentirán ante el acto que van a presenciar.

— Tutto fa molto rima, ma non riesco proprio a capirlo. —admite la chica albina una vez la luz se apaga.

—Ay Angel, que pena. —dice con falso dolor, consiguiendo que ella resople.

Cuando las luces se encienden, hay un espectáculo cuando menos peculiar. Los que entran por primera vez, no se esperaban para nada lo que hay y quienes ya lo hacían, aplauden con satisfacción lo que acontece. Hay mucho al mismo tiempo, desde personas siendo cortadas, apuñaladas, disparadas, emborrachadas, quemadas y tantas cosas que bien no hay lugar para casi nada más.

La mayoría de mujeres con prendas ajustadas, reveladoras y en muchos casos de plano son adornos para la desnudez. En los hombres sucede de forma similar. Alastor se da la libertad de atravesar un trozo de carne en el suelo y ponerlo a asar en quien se incendia. Gritando rabiosamente.

Millie y Moxxie por ahí, casi, casi teniendo relaciones mientras torturan a una persona… O Millie hace a Moxxie que torturé a es apersona para complacerlo; algunas de las mismas acróbatas haciendo posiciones complicadas y extravagantes para exhibirse.

Alastor da un mordisco a la carne cocinada y una risa se le escapa. Esta "sección para adultos" fue idea suya, una que vino de la nada y ante la sapiencia de que los más adinerados no vendrían a un show normal de circo. Solo si tienen hijos y eso no basta.

Sabe que, dentro de todos ellos, está el inmundo placer o curiosidad por ver muerte, sangre, desnudez, cosas que salen de su formalidad natural y que deben mantener por su posición ¿La solución? Mostrarles todo eso en un apartado nocturno donde no hay niños, donde Charlie no puede quejarse de lo que hace.

Su plan dio el fruto que esperaba. Nobles, aristócratas y políticos venían para esto. Un show crudo de muerte, destrucción y sexo sin que pueda juzgárselos y al mismo tiempo, no sea tan costoso. La entrada es cara, evidentemente, pero nada que ver con algunos clubes nocturnos que apenas te permiten ver la pierna de la bailarina.

En contraste, esto es lo que buscan. Mucho sin pagar demasiado. Teniendo de todo un poco.

—Sí, esto es divertido. —Recuesta de su asiento, cruzando la pierna y pudiendo fumar con total tranquilidad. Antes lo tuvo prohibido.

— ¿De dónde sacaran a las personas? —Se pregunta en voz baja. Esto sucede muy natural. No tiene pinta de ser clandestino en lo absoluto. Alastor tira el trozo de carne y se acerca a las gradas, estirando la mano—. E-eh-

—El público puede participar, un poco de diversión que adjuntar aparte de mirar.

Se muerde los labios, viendo a su acompañante que hace un gesto desinteresado. Una especie de permiso a que vaya si quiere.

— ¿Tu nombre?

—Angel Dust.

— ¡Madmoiselle Angel se une a nuestra actuación! —Anuncia, dándole una vuelta y quitándole el abrigo sin que siquiera pueda darse cuenta de cómo—. Que no sea tímida tu inclusión, escoge al actor de tu elección y disfruta de cerca la función.

Angel mira a Alastor, sin saber cómo decir o preguntar si puede ser con él. A final de cuentas, le hace gracia. Decide ir con Husk, quien estaba bebiendo antes de sentir el agarre.

— ¡Se fue con el borracho! —dice Blitzo desde dónde está.

— ¿Problemas con esto? —pregunta en un gruñido.

—Haz lo que quieras cariño. —responde en voz baja y acaba dando un grito mientras sonríe, con obvia diversión ante la ruptura de su ropa, dejándola con el corsé apretado que lleva.

Al principio ni siquiera sabía qué hacer con las manos, manteniéndolas en su pecho con Husk encima. Apenas dos segundos le dura la vergüenza antes de estarlo tocando y deshacerse de la ropa que lleva encima. Siendo que no la detienen, continúa con ello hasta dejarlo en ropa interior y que la levante, apretándola.

Alastor inclina la cabeza. Es obvio que está acostumbrada a esto. Ninguna otra persona se muestra tan tranquila. Distingue a su pareja, el hombre de abrigo rojo: Luce disgustado y molesto.

La mayoría de las veces, es divertido incluir a alguien del público pues no saben qué hacer. En esta ocasión es distinto, pues Angel casi se confunde como artista del circo. Dejándose abrazar, agarrar y llevar por todos ahí, por no decir que el resto del público aplaude lo que ve.

Tal como dijo Alastor antes: Angel llamaba la atención incluso en la función normal. Ahora, en el escenario, se vuelve más obvio. Atrapa su mano en una vuelta que le dieron, juntándola a si y bailando a un ritmo consecuente de su parte. Entrecierra los ojos y ella continúa riendo.

Complacida y alegre de lo que sucede.

Al detenerse Alastor acaba de jalarle la falda del vestido. En otras situaciones, ocasiona que se echen al suelo o se quejen, con él esquivando algún bofetón. Ahora, en cambio, Angel es quien lo jala y junta a su cuerpo de nuevo, subiendo una pierna. El ligero, los tacones y medias que lleva resaltando en contraste por ser negras.

Hay aplausos por ello. Alastor se aparta y da un beso a la mano de Angel, con Husk acercándose en gesto fastidiado entregando el abrigo. La ropa está rota, así que a saber qué hará. Angel avanza hasta su asiento con el mismo gesto sonriente y feliz. El espectáculo continúa y por momentos, Alastor cree ver que el par discute.

Se contradice, queriendo creer que parece así por la poca iluminación. A las doce en punto culmina y con ello, todos se van. Resulta casi imposible no darse cuenta como ese punto blanco se va a prisa, jalado escaleras arriba para llegar a la salida.

. . .

—Vaya~ La chica no estaba mal—silba Blitzo—. Es la primera que no te insulta. —burla el hombre rojizo.

—Es la primera que alguien corresponde que es distinto. —opina Millie haciendo sonar los labios.

—Pues… quizá es artista. —propone Charlie limpiándose el maquillaje.

La mayoría está recogiendo y desvistiéndose mientras hablan. Siendo el grupo usual el que está junto a Alastor: Charlie, Vaggie, Husk, Millie, Blitzo, Moxxie; una chica de baja estatura y un ojo, Nifty; una chica voluptuosa, de mucho pelaje y ojos rojos, Loona y un hombre de piel negra, colmillos y cola de serpiente en lugar de piernas, Pentius.

Aunque prefiere ser llamado Sir Pentius.

Nadie excepto los niños le cumple el favor.

—Apuesto lo que sea a que es una prostituta.

— ¿Con esa ropa cara? No lo creo. Solo es una desvergonzada cualquiera. —Vaggie sacude la mano con desinterés y Husk blanquea los ojos.

—La parte buena es que ya acabaron los shows de adulto… Literalmente se nos acabaron las personas. —informa Nifty subiendo la mesa para estar a la altura de todos.

—Mierda. —queja Alastor con su enorme sonrisa. Dando a parecer que está feliz cuando no es así.

—Esto solo demuestra el punto de que-

—Vaaaaaagathaaaaaaaaa no estás sonriendo.

— MALDITA SEA CONTIGO ALASTOR, MALDITA SEA.

Las carcajadas no faltan. Puede decirse sin dudar, que uno de los pasatiempos de Alastor, es molestar a Vaggie y que acabe gritando en español. Da un suspiro y mira a un lado. Donde están los restos del vestido de Angel. Fue divertido. Es una figura carismática que sabe cómo improvisar. Se une a la teoría de Husk de que es prostituta o tal vez una bailarina nada más.

Cualquiera de las dos, le sirve y es que quiere que sea la nueva adquisición de Hazbin Circus. Está seguro de que será un éxito si se intenta. Solo será cosa de buscarla y convencerla. Tiene una teoría extra, habiendo palpado un poco percibió irregularidades en su cintura.

Tiene algo raro. Sin mencionar la capa de pelaje en sus senos. Sea lo que sea, lo tiene que descubrir si o si para darse puntos a favor y que venga con ellos. Incluso olvidándose de su pareja. Toma asiento, entrecerrando los ojos. El hombre lucía de todo menos contento con el resultado que hubo.

—Que importa. —Se encoge de hombros y toma el trago que le da Husk. Da un sorbo y lo saborea.

Aún tienen mucho tiempo en esta parada, una semana y tanto. En ese tiempo, seguro vuelven a venir. O solo la albina. Quien importa. Cuando lo haga la invitaría y asunto arreglado ¿Quién no se siente atraído a escaparse con el circo? Es un cliché usual y con ellos no es para nada malo.

—Oh no, ya la quieres aquí dentro. —Charlie pone las manos en su cintura. Lo conoce demasiado bien. Ya van demasiados años de trabajar como para no darse cuenta. Alastor se encoge de hombros de nuevo.

—El show tiene que continuar y a poder ser, aumentar en su duración—acota Alastor, acabándose el trago de una sola movida y dejando el vaso a un lado antes de que alguien lo tire—. Además, mi estimada mandamás~—ronronea en pie e inclinado hacia Charlie—. En la penumbra a más estrellas hay para mostrar, más encantador se vuelve la noche para admirar.

Se lleva una mano a la cara. Alastor con su poseía extraña para conseguir lo que quiere. Es el mayor charlatán que ha conocido en toda la vida. Alastor despide y se encamina hacia su carpa. Está cansado. Hacer el acto para adultos es agotador para participar más.

Su habitación elegante y amplia que guarda total silencio. Enciende un tocadiscos y se desviste con la música sonando. Se quita los guantes, el saco, los tirantes, y continúa hasta quedar en ropa interior, poniéndose un pijama con rapidez para luego reposar sobre la cama, cerrando los ojos y dando un gesto más suave.

Suspira, abriendo los ojos y fijándose en la lona que se moja por la lluvia que cae. Chasquea la lengua y se sienta, con las orejas cayendo, consigue que dé un aspecto más dócil. Se frota el rostro. Cae en cuenta de otro detalle que no había pensado.

Que estando ya una semana, es posible que los empiecen a molestar. El circo de los fenómenos, el nombre no oficial de Hazbin Circus. Pensará en recortar los días de estadía. Aborrece tener que lidiar con gente molesta y que, para peor, incluso amenazan con matarlos por… respirar.

En resumen.

Vuelve a sonreír por la música que suena. Su favorita y de la cual no se cansa jamás. Las orejas levantadas y constante zapateo al son del tocadiscos y la lluvia.