—Wow~ está vez fue rápido. —burla Alastor con las manos tras la espalda.

—Eres el único hijo de puta que está sonriendo cuando lo que llegan son amenazas de muerte. —gruñe Husk. Charlie suspira y Nifty tira a un lado los montones de papeles y carteles que pusieron en la entrada a la feria.

"Fuera de aquí fenómenos"

"Arderán desde ahora en las llamas del infierno si no se van"

"Piérdanse"

"Escoria asquerosa"

"Monstruos"

"Estén aquí un día más y acabaremos con ustedes"

Lo típico y natural de tener un circo conformado en su casi totalidad por gente particular. Prefieren llamarse así. Es suficiente con que los demás los llamen fenómenos como para formar parte de la misma población. Sin mencionar que invalida la independencia que tienen estando aquí.

Alastor toma el cigarro que estaba fumando Millie y lo tira a la pila de carteles. Toma un respiro, levanta en la punta de sus pies y vuelve a bajar. Tiene dos opciones: Irse el fin de semana a su siguiente destino para evitar pleitos posibles o quedarse porque le vale mierda que intenten atacarlos.

Si bien es cierto que puede pasar, la policía los va a proteger y creer ¿Por qué? Porque sus niños están aquí metidos y felices con entradas gratis siempre y cuando el policía en cuestión muestre su placa en la taquilla. Alastor es perfectamente consciente de que no los cuidarían por la bondad en sus corazones. Por ello manipula la situación a su preferencia y antojo pleno. Policía satisfecha, manifestantes fuera.

—Continuaremos sin problema. —afirma despreocupado. Charlie va a un lado.

—Aun si nos vamos a quedar debemos ser un poco más cuidadosos—comenta Charlie—. Sé que tú no lo haces, pero si le dices a los demás que eviten salir tanto.

—Charlotte, my dear—Detiene el andar y Charlie aprieta su brazo con una sonrisa nerviosa en los labios—. Son empleados libres, no prisioneros—Pone una mano en su pecho—. Lo que decidan hacer, es su asunto. Da la noticia, a final de cuentas, también eres la que les da dinero.

Charlie tiene un problema enorme y es que casi nadie la toma en serio. Debido a su naturaleza amable, incapaz de odiar y de hacer el mal, es demasiado blanda con todo el mundo. Es complicado hacerla enojar y por ello tampoco se puede intimidad a nadie. Debido a ello es Alastor quien se encarga de imponer el orden en circo.

Nadie tiene una explicación exacta o única a porque él da más impresión de líder, dueño o jefe, la realidad es que nadie quiere ver esa sonrisa enorme, tensa, afilada y enojada por meter la pata.

Nadie es así de tonto o suicida.

Algunos siguen profundamente afectados de que, en cada Show para adultos, Alastor coma la carne que queda por ahí. Solo en esos momentos, pero a ninguno se le ocurre intentar tal cosa. Sigue siendo carne humana.

—Vale…

Habiendo quitado todos los carteles la feria pudo iniciar sin problema. Concurrida como el día anterior con el paso de las horas. Alastor la recorre para asegurarse de que no hay problemas. Tienen un espectáculo de media tarde para los que no pueden en la noche. Aprobado por quienes lo hacen, Alastor no es dado a explotar a sus empleados. Eso trae perdidas a largo plazo. Fue una carpa llena y algún que otro inmiscuido sin que se lo eche. Están en pie y no molestan.

Tras esta función e intentando no levantar la voz para mantenerla estable da cuenta de un auto grande que llega. Se acerca y apoya en su bastón, con uno de los pasajeros bajando. La sonrisa de Alastor aumenta de forma considerable al denotar de que se trata.

— My dear friend! —exclama con ambas manos en el bastón—. Quien iba a adivinar que me vendrías a alegrar una vez más. —El otro ríe, genuinamente divertido.

—Nos enviaron este cargamento de prisioneros condenados. Nos dijeron que podíamos dártelos así que vinimos rápido—Da un par de golpes al metal del auto—. Deben ser suficientes para que hagas al menos un acto más mañana. —Alastor baja la cabeza, dando un aspecto maligno sin esfuerzo y sacando de su chaqueta al menos cinco boletos negros. El hombre trajeado los toma y levanta el sombrero en gesto cortés y satisfecho.

Alastor descubrió que en Estados Unidos hay un serio problema por la cantidad exuberante de condenados a muerte. Las prisiones no se dan abasto y a veces liberan a otros criminales para que ajuste. Con esto en mente, se presenta en cada alcaldía de cada ciudad en cada Estado a pedir una cosa: Sus prisioneros condenados a ejecución.

Al principio se lo negaron constantemente, pues consideraban que la idea era un sin sentido sádico. Luego, alguno que otro empezó a aceptar. Con ello, Alastor podía darse el lujo de matar personas durante los shows para adultos.

Ninguno es inocente y si alguno lo es, lo deja ir y hacer una nueva vida. A final de cuentas, está "muerto". Charlie es la que maneja esa parte. Es buena detectando las mentiras de las personas. Asoma al camión y ve el montón de gente que hay. Al menos treinta y tres. Todos igual de asustados por el personaje de extravagante aspecto ahí de pie. Algunos incluso saben de quien se tratan y piden en lloriqueos que lo devuelvan a la prisión o maten en silla eléctrica.

En contraste, es menos doloroso a lo que se hace aquí.

—Bienvenidos a Hazbin Circus compañeros. —saluda Alastor. Con sus ojos dando la impresión de que brillan y las largas orejas se quedan erguidas.


—Una chica nueva. No me voy a quejar. —Enciende el cigarro, da una calada y suelta el humo blanco. Su hijo y su esposa estando por ahí en la feria. Alastor hace "amistades" a lo largo de las paradas. Principalmente los que manejan el tema penitenciario. Es normal que incluso compartan el mismo retorcido sentido del humor—. Aunque tú Show está muy completo.

—Falta la lujuria que transmuta en ganancia bruta. —responde Alastor observando a las personas que van y vienen. Se acerca la hora del primer show.

—Oh, Entiendo, buscas algo más sexy.

—En efecto my friend.

—A ninguna "distinta" he visto por aquí. Dudo que-

Alastor se aparta, dejando al otro con la palabra en la boca. Se acerca a un puesto de algodón de azúcar, señala a un lado para que el encargado y pone un boleto en el enorme arreglo en forma de conejo. Regresa con su acompañante y minutos después, es posible ver a Angel tomando el regalo, sacando el boleto y mostrarse entre sorprendida y emocionada. Alastor saca un cigarro, siendo este negro y pareciendo una versión pequeña de un tabaco.

—Oh no, no, no—ríe su acompañante—. No te recomiendo meterte con esa clase de fuego. Ni siquiera tú sales vivo. —Alastor levanta una ceja.

— ¿Hay algo en especial?

—Son más que todo rumores—Aclara desde el principio—, pero todos en esta ciudad sabemos que a las mujeres de Valentino no se las toca—Alastor da golpes constantes con el pie—. Menos a su niña favorita —ríe llevándose el cigarro a la boca—. Lo acompaña a todos lados. Casi me resulta extraño que este por aquí sola.

—Ummm~ Ruptura. —burla con sonrisa amplia.

—Están casados. Sea para mantenerla bailando en su local o porque se quieren. No es una mierda—admite y Alastor se inclina un poco atrás ¿Matrimonio? Qué extraño, no vio anillo de ese tipo en la mano de ninguno y por el comportamiento tampoco parecen una pareja de casados—. He ido un par de veces, no le digas a mi esposa, pero joder. Entiendo porque hasta lo aterra que se vaya a ningún lado.

— ¿Solo bailarina?

—Hasta dónde sé.

—Ummmm~

—Aléjate de las mujeres de Valentino. Es fácil distinguirlas. Todas tienen un tatuaje de corazón en alguna parte obvia del cuerpo. La diferencia con Angel, es rosado y lo tiene en el cuello, lengua y hombro.

Alastor no resiste reír. Considerando a Valentino demasiado ridículo por tener semejante costumbre. Admite que eso explica por qué ha visto a tantas mujeres con tatuaje rojo de corazón en alguna parte del cuerpo. Una incluso lo llevaba en la cara, el pómulo derecho.

. . .

— ¿Valentino? Es el dueño de todos los clubes de la ciudad y en otras. Es un millonario extravagante—Fue a preguntar del tema a uno de los trabajadores que vino a la feria por dinero rápido—. Todos lo conocen, señor.

— ¿Y tiene esposa?

—Sí, es una mujer muy alta, rubia y pálida. Ahora mismo no recuerdo su nombre, pero Ed mejor así—Alastor ladra la cabeza—. A Valentino no le gusta que toquen sus cosas. Muchas de las personas que fueron llevadas a la cárcel desde hace años, es porque han intentado tener algo con ella.

—Oh~ Un hombre celoso.

—Muy celoso. No he tenido dinero para ir a su club principal, pero dicen por ahí que solo pagando una fortuna puedes ver su acto.

Alastor tamborilea los dedos tras su espalda.

Preguntó tanto como pudo para saber del misterioso tema "Valentino" y como ello afecta a Angel. Detalles que puede explotar y hacer una oferta tentadora para la ya revelada bailarina. A cada historia todo se vuelve más raro.

Para empezar, ni siquiera entiende que edad tiene Angel. Luce muy joven, pero lleva "años" casada con Valentino. Nadie sabe de dónde salió con exactitud y casi nadie la oye hablar cuando está junto a él. Su vida en solitario es inexistente. Valentino acapara toda la atención.

Aparentes personas que intentaron llevársela; algunos ajustes de cuentas por propuestas indecentes, etc. Hay tal mezcla de problemas aquí que no lo sorprende que se considere una suerte poder verla. Permanece tan escondida que al salir es una especie de punto deslumbrante por la calle que se ve una vez en la vida.

Casi, casi, CASI, se siente como una tentación para Alastor a intentar invitarla. Es justo por lo que estaba buscando hace algún tiempo y a diferencia de muchos en su momento de llegar, ella ya sabe cómo actuar. Perfecto desde el punto en que se mire. Absoluta perfección. Lo único que le genera intriga y cautela es lo que dicen de Valentino. Sin saber si guiarse por el "Todos dicen que…" con respecto a su mala fama asesina.

Puede ser un simple mito y el hombre no daña ni una mosca.

Tal como puede ser muy real y que ha matado a muchas personas por su esposa.

Cosa que al mismo tiempo no tiene demasiada lógica. Si realmente no quieres que sea vista y deseada; cuentas con tanto dinero encima como para comprarte abrigos como esos ¿Por qué dejar a tu esposa ser bailarina stripper? Es ilógico. Muy ilógico. Tanto que le hace gracia. Hay cosas divertidas desperdigadas por ahí sin dudas.


—Aww, la chica albina está aquí de nuevo—dice Charlie con una mano en el pecho, gira hacia Alastor—. No la vayas a molestar. Se ve muy tierna y tú eres experto en crisparle los nervios a las personas. —Acusa estirando los labios oscuros. Alastor se apoya en su bastón e inclina hacia ella con los ojos abiertos de par en par.

— ¡La ofensa está de más mi estimada dama! —exclama Alastor—. No voy a molestar, voy a invitar a su oportunidad de brillar—Corrige como quien habla con un niño y bien, para él, Charlie es una niña pequeña a la que debe ayudar en exceso para que no se pierda camino al baño—. En Hazbin Circus.

—A las personas no les hace falta huir en el circo, así como a nosotros no nos falta personal. —Insiste con ese punto y Alastor se ríe, erguido.

— ¡Sí que lo hace! Una empleada de su clase. Como no te haces una idea. —Alastor le da un toque en la nariz y entra al escenario para cumplir su papel de presentador. La función va por la mitad y es turno de su acto.

Durante todo el rato que estuvo de frente al público era capaz de distinguir ese enorme punto blanco y rosa entre la gente. Principalmente por los ojos enormes, brillantes y sonrisa radiante de emoción.

Por esto se convence de que es alguien joven. Pues un show de esta clase genera esta reacción en los niños o personas contadas de actitud más infantil. Es imposible que tenga menos de veinticinco años. Un aro bajo justo frente a él, sube sosteniéndose con fuerza y gracias al impulso que se da es capaz de pasar por encima del público, cayendo justo frente a Angel, en los respaldos de dos asientos.

—You ain't fully dressed without a smile. —Concluye su canción, la banda acabando con gran fuerza, una cantidad exuberante de aplausos y Alastor entendiendo la flor que tenía en su saco.

Angel la toma, con el rostro ruborizado y risa nerviosa. Alastor la toma de la mano y da un suave beso a uno de los anillos que lleva, tomando el aro de nuevo para irse tal como vino. Dando un aire sumamente cómico por la sonrisa en su rostro y la forma en que el par de mechones rojos se cabello.

Angel descubre el boleto negro en una de las hojas de la flor y Alastor hace reverencias desde la tarima.


— ¿Se está yendo? Que extraño.

Alastor y Husk caminan fuera de las carpas y se acercan a donde la feria recoge todos sus productos restantes y lo que deben llevarse a casa para que no sea robado. Entre ello logran distinguir a Angel. Alastor se acerca con discreción, siendo seguido por Husk que debe lo que queda de una botella verde.

— ¡Ya sé que debo estar ahí! Aun son las nueve y cuarenta—reclama Angel a un hombre trajeado, piel morena y ojos azules, de aspecto entre burlón y enfurruñado—. Puedo llegar a las doce. Mi turno es a las doce y treinta. —Propone ella.

—Que tu hora sea esa no quiere decir que puedas salir como si nada. Venga, vamos, no queremos un pleito aquí ¿O sí?

—Solo… Quiero ver la función ¿Sí? Puedes entrar conmigo.

—No.

—Vox-

—Aaaaangel—Extiende Vox y Husk levanta una ceja ante el repentino encogimiento de Angel—. No nos compliquemos más la vida, es fácil y sencillo. Nos vamos, ahora mismo. —Corta tosco.

—Bueno, esto se fue a la mierda. —bufa Husk con obvio disgusto, regresando por donde vino.

Tal como quedaba claro, Angel no apareció para el show de adulos. Alastor forma su conjetura con rapidez: Valentino sí es celoso con el tema de su esposa y para evitar problemas, algún amigo cercano se encarga de que el personaje rosa no se aleje; evitando así que hayan confortamientos.

Sobra decir que se siente desilusionado. Quería invitarla de nuevo al espectáculo. Hubiera sido divertido, pero no, tiene que venir algo a aguarle la fiesta. Como sea, seguro aparecerá de nuevo en algún momento.


—A mí me parece buena idea irnos al sur. Tenemos mucho tiempo sin ir. —opina Vaggie ante la ruta trazada por Alastor para continuar con la marcha. Son un circo ambulante, a lo mucho, se quedan dos meses en una parada. Más allá de eso son por problemas técnicos.

No conseguir como transportar animales, objetos, etc, etc. Casi siempre van a ciudades que tienen vías ferroviarias cercanas para evitar esta clase de problemas. Alastor pone las manos tras su espalda, con las orejas cayéndole de lado.

—Puede hacer mucho calor. No creo que los caballos estén bien en ese clima. —medita Charlie.

Tener animales es un problema muchas veces. No quieren exponerlos a cambios bruscos de temperatura. Pueden enfermarse o trastornarse. Teniendo caballos, elefantes, tigres y otros más pequeños es normal tener esta conciencia.

—Lo sé. Lo pensé, por eso iremos ahora que se acerca el otoño. Hará más frío —dice Alastor—. También consideré buena idea acercarnos a este Estado costero para pasar el invierno y así no muera ninguno. No quisiera ese gasto y son todos jóvenes.

—Vale, tendríamos que planear en qué fecha irnos.

—Podemos quedarnos hasta un mes aquí… o desplazarnos al otro lado de la ciudad. Por lo que he podido oír, muchos no se atreven a venir por tener que demorar mucho en el viaje. Es una buena oportunidad.

Alastor y Charlie continúan hablando de las rutas y posibilidades de permanecer en esta ciudad tan grande. Vaggie da un suspiro y gira la cabeza a un lado. Algunas fotos de color sepia mostrando la trayectoria que tienen. Ni siquiera recuerda cuantos años tienen en esto. Tan solo que ha valido la pena cada segundo.

Y que la hace feliz que Charlie esté cumpliendo su sueño. Ella siempre tuvo la expectativa de hacer un circo con gente peculiar. Tal como ella. En el proceso de su fundación se encontraron con Alastor. Un hombre que no solo diferente, también resultaba excepcional.

Carismático.

Charlatán.

Elocuente.

Con los pies en la tierra y un buen manejo de los negocios. A pesar de su desinterés tan extremo por la vida de los demás, pues incluso disfruta ver a las personas sufriendo, fue capaz de entender a la perfección la idea de Charlie. Lo que ella quería crear y aunque en un primer momento se burló de ello, la respetó.

A pesar de que permanece firme en su opinión del tema. Charlie quiere un circo, una muestra de que son amigables, personas y no monstruos ¿Alastor? Él dijo:

Mi estimada dama, lamento bajarla de su dorada fantasía idealizada, pero jamás habrá quien como personas no ha de mirar; monstruos y poco más, hechos para su entretención y nada que sea fuera de este mágico lugar. La fantasía reinará, la realidad fuera estará y fuera será donde te dejen de amar como en la fantasía tanto juraban adorar.

Charlie se puso a llorar por semejante golpe de realidad, sin embargo, es algo que necesita muchas veces. Alastor es la parte cruda, cruel, monetaria y apenas con pulso o sentimientos; Charlie es la que tiene idea para shows, para crear un entorno mágico y siempre feliz donde te olvides de tus problemas.

Es, posiblemente, la única vez en que Vaggie no se quejó de Alastor. A ella no la escuchaba. No hablaba lo suficientemente fuerte para que Charlie despertara. Alastor fue un grito directo a su oreja. Lo agradece.

Ahora no lo soporta, pero que más queda.

—Sobre mi nueva artista~

—Alastor, no.

Lleva las manos tras su espalda.

—Además, no ha aparecido estos días. Tómalo como una señal a que realmente no necesitamos a alguien más. —Propone Charlie con las manos en la cintura. Alastor sacude la cabeza.

—Hay muchos rumores por ahí. Es interesante. Un lugar tan amplio y parece que ellos dos son importantes.

—Entonces sería mejor que no tientes la situación—dice Vaggie—. Podría darnos problemas a todos. Al circo. Hay que cuidarnos las espaldas como podemos y eso es evitar conflictos.

—Lo pensaría de no ser porque también es uno de los culpables de eso. —Señala una enorme bola de papel en el suelo. Una enorme lamina de papel con insultos asquerosos. Estaba pegado en la carpa de Charlie y Vaggie. Cosa que le genera mala espina.

Pues quiere decir que los están observando. Así sea un poco. De otra manera no sabrían que esa carpa era de Charlie, ningún se diferencia desde fuera. Apenas la suya por ser tela roja y negra. Las demás son entre blancas, beige y verde muy decolorado.

—Ya avisé a la policía, sabes que son muy colaboradores cuando les hablo—Charlie exhala, nerviosa. Eso quiere decir que Alastor anda haciendo más arreglos para su entretenidísimo show para adultos. Como se nota que es su preferido—. Y estarán al pendiente. Si pasa de nuevo, es porque están en una línea baja y especial. De nuevo.

—A no, problemas con mafiosos de nuevo no.

—Quizá solo corruptos. —Tranquiliza Vaggie.

—Tenemos a Husk. Con eso estaremos bien. —afirma Alastor, divertido.

—Husk es Bartender, no un guarda espaldas. —resopla Charlie.

—Casi lo mismo. Hay un pequeño trecho entre borrachos insoportable y comerciantes corruptos—repone Alastor—. Por otro lado, debo decir que los rumores que tengo son… peculiares cuanto menos. Entre ellos, está que el esposo de Angel tiene muchas propiedades comerciales en esta ciudad y estado.

— ¿Y eso que tiene?

—Ummm… ¿Quién es multimillonario y pone a su esposa a bailar denuda?

Ambas abren y cierran la boca. Si con ello saca dinero, pero también tiene muchísimos lugares, como mínimo que no lo haga siempre. Por lo que Alastor escuchó, es un empleo regular y que puedes darte de beneficio si ganas mucho dinero. Por ello, es un sin sentido tremendo que aun ahora, día después y bebiendo de la información popular, no entiende.

—Tal vez solo es mala fama. —Intenta justificar Vaggie—. Dudo que alguien así de extravagante haga algo así. —Alastor se encoge de hombros.

—Yo lo único que tengo claro y me interesa, es que puede sernos de provecho. Si ella decide venir, no vas a tener como negarte ¿O sí? Mon amie—tararea con sonrisa brillante y amplia. Charlie intenta negarlo, dando miles de balbuceos en lugar de la respuesta—. Si la veo le daré la invitación genuina y nuestros términos de empleo. Dudo que se niegue.

— ¿¡Por qué estás tan seguro!? —Increpa Vaggie a poco de jalar su larga melena blanca—. Es una mujer bonita, muy bonita, pero no tiene nada de raro-

—Sí que lo tiene—informa alejándose para salir de la carpa—. La diferencia entre ustedes y yo, es que yo estoy acostumbrado a encontrar la rareza incluso debajo de la ropa. Por más imperceptible que sea—Asegura confiado—. Tiene algo más que mostrar, a pesar de que para ella se lo ha de guardar. Aceptará sin dudar para eso liberar.

— ¡YA EMPEZASTE CON LAS RIMAS!

—Para llegarte a molestar, hasta la vida daría y más.

Sale de la carpa, con un cuchillo clavándose en esta y Alastor se aleja risueño. Lo típico de él. Es capaz de ver una figura blanca y alta. Por curiosidad e incertidumbre se aproxima, notando que es ropa masculina. De color beige y blanco. Sobre salta, notando que se trata de Angel.

La mujer tiene el cabello sujeto de modo firme, que apenas permite un par de pequeños rizos salir. Su rostro sin maquillaje y las prendas que visten la ayudan a dar un aspecto masculino. O bien, lucir andrógino tirando a la masculinidad. Es extraño. No aparentaba ser alguien que buscara eso.

— ¡ANGEL! —Alastor se sobre salta por igual ante el llamado a grito.

—Dannazione. —Alastor levanta una ceja. Incluso su voz es un poco más gruesa ahora. De lo poco que recuerda es un tono forzadamente meloso, pero a la legua es de fémina.

Aquí hay más cosas pasando de las que no se está enterando y no entiende absolutamente nada.

— ¡Ya voy…! —Choca con Alastor sin querer. Alastor guiña los ojos, sorprendido de que, sin llevar zapatos altos, aun deba inclinar la cabeza hacia arriba para verlo a los ojos—. L-lo siento. Con permiso. —Se apura a irse. Alastor guiña repetido, inclinándose a un lado ¿Qué demonios acaba de pasar?

Recoge del suelo un pendiente. El mismo que hace juego con los que llevaba. Pequeños y poco llamativos que acompañan la estética que vestía. Se acerca, queriendo descubrir que lo que quería ver. Lo único que halla es a los acróbatas practicando. Se da toques en la barbilla.

Tras ir a la feria para saber si aún se encontraba por ahí, se enteró de que la vieron salir junto a su esposo Valentino. Acaba por guardar el pendiente. Se lo devolvería después. También sería la excusa para hablar e invitarla y unirse a Hazbin Circus.