Nuestra historia comienza en las vastas llanuras de Europa Central, a las orillas del río Nemunas, en lo que hoy llamamos Kaunas. En este lugar alguna vez existió un castillo. El castillo más hermoso y grande de toda Lituania. Hecho a base de ladrillos en un estilo gótico bastante llamativo. Diseñado alguna vez por los expertos maestres alemanes. Era una grandiosa obra de arte hecha para resistir graves asedios y repeler a los enemigos que por desgracia perseguían a los paganos lituanos.
A pesar de que el duque Jogaila había sido bautizado junto a sus leičiai, que obtuvo el nombre de Vladislav Jagellon para casarse con la reina polaca Jadwiga I, esto no detuvo las incursiones de la Orden Teutónica contra el ducado porque el bautismo apenas se había limitado a la nobleza lituana. Mientras tanto, los laukininkai, que eran la mayor parte de la población y los šeimynykščiai, que seguían a sus amos, aún practicaban la antigua religión lituana. Por lo cual, la Orden Teutonica lo tomaba como casus belis por la práctica de herejía en el Gran Ducado.
Con el tiempo, las cosas habían empeorado aún más, ya que el Gran Duque de Lituania, Vytautas, había regresado a las viejas costumbres, anulando su bautismo, lo que enfureció más a los caballeros teutónicos. Esto provocó más inestabilidad y más tensión entre ambos bandos. Los lituanos sabían que sería cuestión de tiempo para ser atacados una vez más por los sentimientos expansionistas de los cruzados. La única forma de sobrevivir sería mediante una alianza. Una unión verdadera en la que dos territorios sumaran sus fuerzas para hacer frente a un enemigo en común.
Sabían bien que ni siquiera los magníficos castillos que poseían podían detener a la Orden Teutonica y sus armas de asedio. Ya habían destruido el primer castillo de Kaunas hacía varios años atrás con terribles consecuencias. Lo cual les hizo perder parte de confianza y acrecentó el miedo por los invasores.
