Pl. Leičiai / s. leitis- Grupo social en el Gran Ducado de Lituania. Estos eran sirvientes guerreros de un gobernante, subordinados al estado y no a los nobles. También pudieron ser terratenientes.

Pl. Laukininkai / s. laukininkas- Grupo social en el Gran Ducado de Lituania. Estos eran campesinos libres y formaban la mayor parte de la población. También vivían en comunidades que ellos mismos llamaban "laukas" que significa "campo".

Pl. Šeimynykščiai / s. Šeimynykštis- Fueron una clase de esclavos patriarcales, que hacían el mismo trabajo y vivían en las mismas condiciones que su amo y su familia. No tenían libertades personales y eran completamente dependientes.

Pl. Szlachta- Fue el nombre coloquial dado a la nobleza polaca.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Son parte del mundo de Hetalia Axis Powers y pertenecen a Hidekaz Himaruya. Además de personajes históricos que obviamente no me pertenecen.

Eran tiempos violentos y entre más avanzaba el tiempo, peor se tornaban las cosas. La gente sabía que solo era cuestión de tiempo para que una nueva guerra estallara. Por lo cual el miedo estaba en el aire, dando escalofríos a los habitantes de Kaunas, a pesar de vivir alrededor del castillo, en el cual podrían refugiarse de ser necesario.

Una pequeña familia sabía de esto: los Laurinaitis, sin embargo, intentaban ocultar los ánimos a sus niños. No querían hacerlos vivir una mentira, pero querían mantener vivo su espíritu infantil e inocente. Sabían bien que a pesar de que los caballeros teutónicos predicaban la castidad como inocencia y puritanismo, estos habían demostrado ser saqueadores e invasores de tierras ajenas, asesinando a quien se opusiera a sus ideas religiosas. Creyendo que estaban haciendo un bien, desde otro ángulo se veían como verdaderos demonios enviados para destruir el pueblo lituano. Tenía sentido, teniendo en cuenta que muchos de estos cruzados provenían de casas menores con bajo prestigio y quizá sin tierras, por lo cual llegaban llenos de ambición y hambre por apropiarse de tierras ajenas.

A pesar de todo el ambiente tenso de su alrededor, un niño castaño y ojos verdosos, disfrutaba su tiempo corriendo por las calles de Kaunas. Su alegría infantil daba cierta esperanza a los habitantes ya nerviosos de la pequeña ciudad.

−¡Taurys, ten cuidado! −gritó una señora regordeta de mejillas sonrojadas. Sin embargo, eso no evitó que este se tropezara con una caja de madera usada para guardar verduras.

−No se preocupe, no me hice mucho daño −susurró Taurys de forma gentil para despreocuparla y ocultar el hecho de que efectivamente si se había raspado la rodilla.

−Te he dicho que no estés corriendo por aquí. Era cuestión de tiempo para que eso sucediera −La mujer rubia observó al niño algo nervioso, así que supo inmediatamente lo que había ocurrido− ¡Natalya! ¿Puedes traerme un poco de vino?

Observó por un instante a la niña rutena de cabello largo, de la cual estaba seguro de estar enamorado. Incluso había imaginado que algún día le regalaría flores y le propondría matrimonio, mientras él cargaba una pesada armadura de leitis…

−¿Eh? ¡Por favor, no, vino no! −reaccionó de golpe al darse cuenta de su situación.

Sin escucharlo, la rutena lo tomó del brazo para que no se escapara fácilmente.

−Natalya, ya sabes que hacer.

La niña empapó un trozo de lino con algo de vino y lo presionó contra la herida reciente. Por lo cual, Taurys chilló de dolor y para intentar calmarlo miró a Natalya, pero se llevó una sorpresa al verla sonreír, como si disfrutase de verlo sufrir. Esperó que solo fuese una idea loca suya, porque no tendría nada de sentido que ella sintiera alegría por eso.

−Listo, con esto cerrará pronto, ya verás -aseguró la mujer.

El pequeño castaño asintió apenas pudiendo tragar saliva. Una nueva nota mental, a partir de ahora escucharía a la mujer rutena, aunque caerse una vez más o por lo menos caminar cerca de su puesto comercial le daría una oportunidad para ver a Natalya una vez más.

−Espero que en nuestra ausencia no sigas corriendo por ahí, porque otros comerciantes ni siquiera te harán caso o levantarán si te caes.

−Lo sé… Por cierto, ¿regresan a Nóvgorod?

−Si, pronto venderemos todo y habrá que volver a casa. Quizá nos veamos el siguiente año con más pieles y vino.

El niño se despidió de ambas sin darse cuenta de lo que pronto se avecinaría. Una gran amenaza estaba al acecho y no podía notarla, encegado por la inocencia infantil.

Mientras los días avanzaban, Taurys seguía ciego ante su entorno, muchos comerciantes se habían marchado y parecía haber cierta sensación de impotencia entre los habitantes, muchos parecían tener miedo. Nadie sabía lo que ocurriría, pero conociendo a los caballeros teutónicos, sería solo cuestión de tiempo para que volvieran a aparecer.

En el lapso de tiempo en paz, el niño aprovechó para recorrer el bosque con su perro. Se sentía curioso por lo que podría encontrar y justo ese día encontró un extraño en el bosque, otro niño igual que él. Lo observó durante un largo momento, eran tan distinto, el extraño era rubio platinado y de ojos azules, casi violeta, seguramente era un extranjero pensó. Pero su despreocupación se acabó al notar que tenía las manos atadas, parecía haber escapado de algún lugar.

−¿Estas bien? −preguntó el lituano algo desconcertado. Sabía que era probable que le dijese que no, pero al menos así podría contarle su historia o mínimo conocer el por qué de la cuerda en sus muñecas.

−Escapé de los señores de los caballos, ¿sabes quiénes son?

Taurys rápidamente negó con la cabeza.

−Son los más crueles y despiadados guerreros de las estepas. Ten cuidado de que no te atrapen, serás su esclavo de por vida y te tratarán mal si no te matan. Pero si te matan ellos tomarán tu cuero cabelludo y lo guardarán cómo recuerdo. Además de beber vino en tu cráneo -susurró en un tono bastante escalofriante− También comen carne de caballo cruda y beben sangre de sus mejores corceles…

Ante esto el asustado Taurys corrió alrededor del niño buscando una piedra afilada para romper la cuerda que ataba al rubio, se detuvo hasta que al fin la encontró y se dirigió directamente a romper las ataduras del joven esclavo.

−Mi nombre es Ivan -mencionó mientras observaba al castaño raspando la cuerda con la piedra.

−Un gusto, Ivan. Mi nombre es Taurys. Una pregunta, ¿cómo hablas mi idioma? Pareces extranjero.

−Soy ruteno de hecho. Y sobre el idioma, mi madre me lo enseñó, pero después de haber sido capturado por la Horda de Oro estuve a punto de olvidarlo. Ella es comerciante, por eso hablaba el idioma, además se la pasaba hablando de que, según antes de Polonia, Lituania tuvo cierta relación con la Rus de Kiev de forma indirecta, a través de otros principados como Vladimir-Suzdal y… la verdad no recuerdo otros, pero ella solía decirlo a menudo. Creo que sentía agrado por tu cultura.

−Vaya, es una sorpresa escuchar eso, había escuchado que otros extranjeros como los germánicos nos odian por nuestra cultura.

−¿Te digo algo? Los germánicos y los católicos en general también nos odian por nuestra religión ortodoxa. Consideran que es "herejía".

En ese instante, la cuerda cedió y el ruteno al fin pudo ser libre.

−Gracias por liberarme. Siempre estaré agradecido contigo por ello, quizá algún día pueda regresarte el favor, claro, cuando sea un hombre grande y fuerte.

−Si es que logras crecer más que yo.

−Ya verás, te prometo que cuando me vuelvas a ver seré más grande y fuerte que tú.

−Espero cumplas tu promesa −sacó la lengua a modo de burla para el rubio.

Ivan apenas mostró una sonrisa, cuando decidió darse la vuelta y continuar su camino hacia donde quiera que fuese, Taurys solo esperaba que estuviese bien y no volviese bajo el control de sus captores.

Volvió a casa junto a su leal canino sin saber que pronto tendría un destino similar al de Ivan.

El clima pronto empezaría a nublarse para anunciar el presagio de la destrucción que estaba por ocurrir…

Los caballeros teutónicos ya habían realizado una primera incursión para llegar al castillo de Kaunas, sin embargo, no lograron siquiera atravesar el río Nemunas, lo cual fue como una bendición para los lituanos y al mismo tiempo una tortura porque sabían que solo sería cuestión de tiempo para que regresaran motivados por su ambición de nuevas tierras. Y así fue, los militares no se rindieron, ya que regresaron al año siguiente con poderosas armas de asedio y maestros albañiles. Los habitantes asustados habían recurrido a la protección que les brindaba el castillo de Kaunas sin darse cuenta de que gracias a la tecnología que traían consigo los cruzados sería difícil resistir un asedio. El feroz río Nemunas que alguna vez se defendió como un león hambriento, no pudo contra el ingenio de estos expertos, que cavaron una zanja para desviar su afluente con el río Vilija. Llenaron las zanjas defensivas del castillo para al mismo tiempo bloquearlo y no dejar salir a ninguno de los infieles lituanos, como ellos los llamaban. Y a partir de ahí empezaría el infierno llevado por los que hacían llamar evangelizadores.

La familia de Taurys lo intentaba mantener distraído, sin embargo, era muy duro concentrarse en algo más si podía escuchar desde lejos a los caballeros manteniendo un asedio a las afueras del castillo.

Pronto la comida empezaría a escasear, lo cual demostraba el paso del tiempo que habían pasado encerrados. Pero su martirio no acabaría ahí, ya que en el momento menos esperado se empezaron a caer grandes pedazos de muralla pertenecientes al castillo. Los cruzados habían llevado consigo trabuquetes con los que ahora pretendían derribarlos. De verdad parecían estar hambrientos de sangre y poder. Muchos pensaban en rendirse a sus condiciones para salvar a sus familias.

El asedio continúo durante varias semanas más, hasta que el castillo quedó completamente destruido. En el tiempo de confusión muchos intentaron huir, pero solo pocos pudieron, ya que la mayoría murió a causa del hambre y otros a manos de una espada. Los pocos que se quedaron fueron convertidos y juraron obedecer a la Orden. Como forma de cantar victoria, los cruzados celebraron una misa en las ruinas del castillo. Para ellos la ocasión era digna, ya que desde su punto de vista habían derrotado a los enemigos de su Dios y a su vez habían demostrado su poder. Obviamente, esto se trataba más de política que de religión, pero era fácil taparlo hablando de la segunda.

En el lugar donde se celebró la misa, el aire se sentía denso, la vista era deprimente, rodeada de cadáveres, sin nada de esperanza. Todo parecía completamente muerte, y por esto, se habla del espíritu lituano. Parecía que los invasores finalmente habían aplastado a Lituania. Hasta que, entre las sombras, las ruinas y los cuerpos sin vida de los valientes defensores, se escuchó un llanto agudo. Un llanto infantil. A pesar de toda la muerte, aún quedaba algo de vida. Aún quedaba algo de esperanza. ¡Lituania seguía con vida!

El Gran Maestre se interrumpió así mismo, para dirigirse al origen del sonido. Encontrando un niño castaño, el cual tomó entre sus brazos, estando bastante flaco fue fácil para él. Lo llevó hasta el lugar donde se estaba celebrando la misa. Los caballeros teutónicos observaron al pequeño infante. Como un lituano, sí. Hijo de padres paganos. Pero que podía ser educado para ser lo que ellos consideraban correcto, siguiendo la religión correcta y tomando los mejores modales que podría haber en la época.

−Lo adoptaré como si fuese mi hijo y tomará mi apellido −dijo el Gran Maestre.

Sus subordinados asintieron con la cabeza y le dieron la bienvenida al niño, aún cuando este no podía entenderles. Tendrían mucho trabajo que hacer, pero sería sencillo al ser un niño.

Así fue como ellos lo adoptarían como uno de los suyos y le criarían como tal. En un ambiente bastante religioso e intelectual al mismo tiempo. Ese sería un mejor ambiente que su posible destino trabajando en el campo como un laukininkas tradicional, el cual incluso debía pagar cierto porcentaje a la nobleza lituana.

Ahora él tendría la oportunidad de que la misma nobleza lituana tuviese que pagarle un cierto porcentaje para evitar seguir avanzando en sus tierras.

Esta historia está ligeramente basada en el poema Konrad Valenrod del poeta Adomas Mickevičius, pero con cambios y adaptaciones de mi parte. Por si leen algún parecido con el poema.

Mis actualizaciones son lentas, pero no descuido mis historias. Esta incluso tiene un final previsto, ya que lo escribí en clase de literatura como un cuento. Sin embargo, se me hizo la observación de que coloqué diversas subtramas y que quizá hubiese servido mejor como una novela corta y en todo caso tendría que extenderla. Así que mi tardanza es por extender la historia de una forma coherente, más no por quedarme sin ideas.

También revisé mi tráfico de visitas en la historia y debo agradecer a los lituanos y polacos que me leen aun cuando escribo en español. Intentaré dar lo mejor de mí en esta historia y si me equivoco no duden en realizar algún comentario. Investigué, pero puede que mi investigación contenga fallas.