Nota: Pues casi todo es mero headcanon mío porque... Al parecer, el escritor sí iba a mostrar el pasado de Saeko aunque ya todo se ve reducido a meras especulaciones o fantasías. En fin, gracias por leer y, disculpa por el fuera de personaje.


I.

Si tan sólo hubiera alguien dispuesto a cargar con mis pecados…

II.

Entre más habilidad tuvieras en el manejo de la espada, y entre más digno fueses al acatar las costumbres y reglas de la familia Busujima. Más respetado eras.

Y Saeko Busujima, el prodigio que cada 100 años aparecía en el manejo de la espada en la familia Busujima, desde que demostró ser habilidosa, el respeto le fue dado.

Y con ello, la presión de las expectativas y las tareas aumentaron.

Y no podía quejarse, porque hacerlo sería signo de debilidad. Y hacerlo, sería ser vista como indigna. Por lo que, callar y soportar en silencio, era la solución.

No, más bien, debía hacerlo.

Incluso si llegaba a equivocarse, debía aceptar el castigo en silencio y agradecer la corrección. Para no volver a cometer el mismo error.

Aunque esto significara no poder expresar el cómo se sentía.

III.

No obstante, un día de camino a su hogar luego de la secundaria. Un hombre la arrastró al callejón por el que pasaba, con claras intenciones de abusar de ella.

Y Saeko en un impulso de adrenalina, tomó el bakuto con el que practicaba Kendo en el club de la escuela y empezó a golpear al hombre.

Y el miedo comenzó a tornarse en diversión a medida que incrementaba la fuerza en los golpes que le daba al ahora suplicante hombre quien rogaba por piedad. Pero Saeko no le daría la compasión que pedía.

No por rencor o miedo de que él pudiera a abusar de ella. Sino por el hecho de que podía usar como su pelota anti estrés.

Por la presión de las expectativas en ella.

Por las veces en que fue abofeteada injustamente.

Por las veces en las que no pudo llorar o enojarse con su padre.

Por cargar con el peso que ser un Busujima implicaba.

Y sólo cuando se sintió satisfecha fue que se detuvo, y con la respiración errática y la sonrisa en sus labios miró el cuerpo del hombre en el suelo. Inerte.

Y cuando la cordura volvió a ella como un balde de agua fría, cayó en cuenta de lo que había hecho.

IV.

Mató a una persona.

Mató a una persona a base de golpes con su bakuto.

Y se sintió muy bien haciéndolo.

V.

No fue a la cárcel por ser una menor de edad y también, porque su padre intervino en eso.

Lo único que recibió llegando a casa fue una cachetada y el funesto silencio de su progenitor. Y aunque su mejilla palpitaba dolorosamente por la fuerza empleada, Saeko no levantó la mirada y tampoco lloró.

Tal vez porque se lo merecía, tal vez porque merecía una reprimenda por lo que había sucedido hace unas horas atrás.

Y estaba bien.

Estaba bien.

– No vuelvas a deshonrar a nuestra familia así.

Sólo cuando los pasos de su venerable padre dejaron de escucharse, Saeko se llevó discretamente una mano a la mejilla golpeada.

– Sí, padre – murmuró en el silencio del pasillo de la casa, con la mirada vacía y perdida.

VI.

Tiempo después, en su primer año de preparatoria, esa fatídica noche había quedado atrás. Y con ello, Saeko volvió a retomar sus responsabilidades con miembro de la familia Busujima y futura cabecilla.

Esforzándose cada día con demostrarle a su padre que ella era digna de su respeto y confianza, y que era capaz de cumplir con todas y cada una de las expectativas impuestas en ella; aunque eso significara estar al borde del colapso.

A punto de desfallecer del cansancio.

Tanto mental como físico.

– Es suficiente, Busujima-san – le detuvo su Senpai, poniendo una mano en su hombro, sacándola del trance y haciéndola parpadear. Volteó a verlo, ocultando su confusión tras una expresión estoica que a muchos les parecía intimidante.

Pero que no parecía surtir ese efecto en él.

Pues él le sonrió, lo que siempre la llevaba a preguntarse la razón detrás de su sonrisa y su amabilidad para con ella. Y el cómo no se sentía intimidado ante su apellido.

Su Senpai, era muy extraño.

– Senpai…

– ¿Ya comiste, Busujima-san? Si no, entonces déjame invitarte algo de comer – volvió a sonreír antes de tomar su mochila y colgársela al hombro. Saeko volvió a parpadear confundida y extrañada.

Y cuando iba a declinar su invitación, su estómago gruñó. Y avergonzada, con un rubor en las mejillas, no tuvo de otra que aceptar; sólo que para mirarlo de soslayo, lo viera sonreír otra vez.

Volviéndola a sumir en la pregunta de: ¿Por qué haces esto, Senpai?

VII.

Cuando ella pasó a segundo de preparatoria y su Senpai estaba saliendo de tercero para ir a la universidad, Saeko fue a despedirse de él y a darle las gracias por haberla cuidado al ser ella su Kohai.

Pues no estaba segura de que volverían a verse, lo cual le entristecía. Pues ella era miembro de la familia Busujima y seguramente, su padre vería mal que ella estuviese saliendo con alguien cuando tenía deberes por hacer.

Sumado al hecho de que, no era digna de declarársele. De decirle sus sentimientos a su Senpai, porque sus manos estaban manchadas de sangre y… porque seguramente, él no la miraría con los mismos ojos al saber que disfrutó de haber matado.

Por lo que, Saeko únicamente lo felicitó por su graduación con una pequeña sonrisa y le agradeció por haber cuidado de ella.

(Y también, por haberle mostrado que ella también podía sonreír y sentir).

Para su sorpresa, su Senpai le entregó su segundo botón y con una sonrisa le dijo:

– Gracias a ti Saeko-san, por haberme permitido ser tu Senpai.

Saeko sabía lo que entregarle a alguien el segundo botón de tu chaleco significaba, lo cual la conmovió y le hizo sonreír un poco más.

Sus sentimientos eran recíprocos, pero lastimosamente, ella no podía aceptarlos.

Era indigna.

– Cuídate mucho, ¿De acuerdo?

– Sí… cuídese mucho también, Senpai.

Busujima Saeko, era indigna de los sentimientos de su Senpai.

VIII.

– ¿Saeko?

Salió de sus recuerdos de antaño, mirando a Takashi a los ojos. Quien estaba sobre ella, lo cual le desconcertó por un instante; instante en el que luego recordó dónde estaban y qué se supone estaban ellos dos haciendo.

Estaban en la escuela primaria Niidoko, donde estaba la madre de Komuro, luego de haberse abierto paso entre Ellos en medio de la lluvia, ayudando a los sobrevivientes y también mediando entre estos por el miedo causado por no saber a ciencia cierta el origen de la "Enfermedad Asesina", calmando también la paranoia surgida.

Además de que todos ellos decidieron tomarse un respiro luego de lo sucedido con la mujer policía, Asami y tras haberse encontrado con la madre de Rei, Kiriko.

Y luego de eso, ellos decidieron tomar un descanso.

Pero el cómo llegó a la situación en la que se encontraban, no lograba recordar exactamente. Tal vez, ¿Ambos volvieron a quedarse a solas como esa vez en el templo?

Si fuese eso, sería extraño pues seguramente alguno de los chicos los hubiera acompañado o algo así.

Estaba desorientada, y Takashi lo notó. O eso le pareció por la sonrisita avergonzada que Takashi le estaba dando, aunque parecía que no tenía intenciones de quitarse de encima.

Aunque no es como si le molestara tampoco.

– Disculpa… ¿Dijiste algo, Takashi?

– Que aunque sea repentino y egoísta de mi parte… quería pedirte que te quedaras conmigo.

Al parecer estaban en medio de una confesión, aunque eso no explicara mucho por qué Takashi estaba sobre ella.

Pero sus palabras le hicieron esbozar una sonrisa, feliz por saber que sus sentimientos eran recíprocos. Y, que esta vez, ella sí podría aceptar sin miedo y sin el pensamiento de sentirse indigna.

Porque alguien había aceptado su verdadero Yo, sus pecados.

– Está bien… me quedaré contigo el tiempo que tú quieras.

Y como si de una promesa se tratase, unieron sus labios en un beso lleno de sentimientos.

IX.

Así, tal vez, la vida sería más llevadera.