-Capitulo 2-

Hacía varias horas que había amanecido.

Después de despertarnos por la mañana, comenzamos a caminar por el bosque. Desde que me ví atrapada por Sasuke, no hacíamos otra cosa. Y por más que le preguntara a donde nos dirigíamos, siempre respondía que siguiera andando.

Al principio llegué a pensar que iríamos hacia donde se encontraba Uchiha Madara. Pero en el tiempo que llevo junto a él no ha habido ningún movimiento de Akatsuki a nuestro alrededor. Y eso me inquietaba. Se suponía que Sasuke trabajaba para Madara, y aun así estaba solo.

Pasado un poco el mediodía llegamos a un pequeño río y Sasuke se acercó para beber un poco de agua y llenar un recipiente para el viaje. Yo también me arrimé para calmar mi sed, pero Sasuke tiró de la cuerda que me ataba de las manos y que no soltaba por nada del mundo.

―No te he dicho que pudieras beber―. Ni siquiera me miró. Siguió con su tarea de rellenar la cantimplora.

―Tengo sed, Sasuke…

―Y a mí que me cuentas―. Se levantó y comenzó a caminar de nuevo, arrastrándome con él. Hoy se había

levantado de mal humor.

Estaba empezando a comprender sus gestos, miradas, su forma de hablar, hasta el carácter. Vivir veinticuatro horas con una sola persona era lo que conllevaba, y más si estabas atada literalmente a esa persona. No tenía nada que hacer, solo caminar, así que empecé por observarle: algunos gestos los conocía y me resultaban familiares. Pero la mirada que expresaba sus ojos era mucho más fría que antes, casi glacial.

Estaba tan absorta en mis pensamientos que no me di cuenta que se detuvo, y acabé estrellándome contra él.

Rápidamente me aparté de él y le miré. Tenía el ceño fruncido.

―Voy a marcharme por un rato―Dijo mientras ataba la cuerda a una gruesa raíz de un árbol― Como vuelva y no

estés te arrepentirás. Y ten por seguro que voy a encontrarte…―Me agarró del cuello de la camiseta y me acercó a

su rostro― ¿Te ha quedado claro?―Aunque me costó mucho, pude asentir con la cabeza―. Bien…

Me tiró de manera brusca contra el suelo para sentarme contra el árbol. Antes de marcharse me devolvió una

mirada tan dura que llegó a intimidarme.

Cuando desapareció de mi vista y me aseguré de que no andaba por ahí, lo primero que hice fue intentar desatar el nudo de la cuerda. Pero tras varios intentos me resultó imposible. Tenía las manos excesivamente juntas y apretadas como para quitarlo. Opté por levantarme y tirar, para así llevarme conmigo la raíz. Pero entonces las palabras de Sasuke retumbaron en mi cabeza: "Ten por seguro que voy a encontrarte…"

Sabía que esa amenaza la cumpliría sin ningún problema. Él tenía mucha más resistencia que yo y no estaba atado de manos para impedir que me encontrara.

Entonces de nada servía que me estuviera esforzando en ese momento por escapar.

Volví a sentarme, derrotada por mi arruinado intento de huida.

Estuve todo el tiempo sentada, pensando en la villa y en mis amigos. Los echaba de menos a todos ellos. Si no me hubiera separado del grupo aquella vez, nada de esto hubiera pasado. Pero fue irremediable…

"«Todo estaba muy silencioso. Habíamos acampado y descansábamos para ir de regreso a la villa y avisar a la maestra Tsunade de que la persona que nos filtraría información acerca de Kabuto había sido completamente destruida por alguien que se nos adelantó en la búsqueda.

Por lo que deducimos, probablemente habría sido el mismo Kabuto.

Me encontraba sentada junto al fuego mientras los demás dormían. Nos habíamos turnado las guardias y me tocaba a mí ahora.

Hacía cinco días desde que salimos de la aldea, y los ánimos del equipo no estaban para hacer una fiesta. Y los entendía. Cada vez que nos acercábamos a una pista, aunque fuera mínima, ésta se desvanecía por completo.

Se echaba de menos a Naruto en las misiones. Era el único que podría subirnos la moral en estos momentos con su carácter positivo. Pero la Hokage decidió que lo mejor sería privarlo por un tiempo sin dejarlo salir a las a fueras de la aldea por su seguridad, aunque claro, Naruto se opuso rotundamente. Pero no pasó mucho en hacerlo entrar en razón.

De repente el fuego se apagó, y todo quedó a oscuras. Sentí que todos se despertaban y se ponían en guardia cuando percibí que un grupo más numeroso que nosotros nos atacaba.

Me golpearon e intenté defenderme como pude, pero quién fuera que me estuviese atacando era demasiado rápido y fuerte. Me lanzó varios metros de donde me encontraba, y acabé estrellándome contra un árbol.

A lo lejos pude identificar la voz de Kakashi-sensei, pero estaba demasiado aturdida para saber lo que estaba diciendo.

Me levanté como pude, pero me golpearon fuertemente en el estómago. No podía respirar.

Noté que había mucho movimiento a mí alrededor. Pude apreciar con la poca luz que me brindaba la luna que el que se encontraba luchando para protegerme de mi atacante era Sai.

Volvieron a golpearme otra vez. Sai ya no estaba allí. Me encontraba sola intentando defenderme inútilmente. Me golpeé la cabeza contra el suelo, y sentí que estaba perdiendo la consciencia…»"

Después de aquello no sé exactamente lo que ocurrió conmigo. Solo recuerdo haber despertado dentro de una cabaña en el interior del bosque, con vendas en el cuerpo y Sasuke observándome con su profunda mirada fría en el otro extremo de la cabaña.

No me dio explicación alguna. Solo me dijo que ahora tendría que obedecerle y hacer lo que me mandase.

Escondí el rostro en mis rodillas, intentando alejar de mi cabeza los recuerdos que pasé junto a Sasuke en ese tiempo hasta ahora…

―Vaya ―alcé mi rostro y lo vi plantado frente a mí con los brazos cruzados contra el pecho y una sonrisa arrogante en los labios―. Parece que por fin estas aprendiendo la lección. Creí que cuando volviera tendría que salir a buscarte.

Se agachó colocándose a mi altura mientras me agarraba del mentón y se acercaba a mi oído.

―Buena chica―. Tras decir esto susurrándomelo al oído sentí como su húmeda lengua recorría desde la parte baja de mi cuello hasta el lóbulo de mi oreja, terminando con un pequeño mordisco que hizo que de mi boca saliera un audible gemido.

No podía resistirlo. Por más que me negara, me encantaba sentir su contacto en mi cuerpo.

Estaba recorriendo mi cuello con húmedos besos que después dejarían marca. Había descubierto también que eso le satisfacía. Le gustaba la forma de marcarme como suya.

Se colocó entre mis piernas, y su boca fue descendiendo poco a poco bajándome la cremallera de la camiseta.

Estaba demasiado cerca, y al tener las manos atadas, se encontraban entre nosotros, y podía tocar con ellas el pecho desnudo de Sasuke. Nunca había sentido el tacto de su piel en mis manos, siempre que lo hacíamos me agarraba fuertemente de las manos sobre mi cabeza y él era quien me tocaba.

No pude resistirlo y comencé a recorrer su suave y bien formado pecho. Pero de repente se apartó de mí mientras se levantaba y se alejaba de donde yo estaba. Se acercó a un árbol cercano y vi que había pescado varios peces, y al lado pude ver un poco de leña para el fuego.

No le dije ni una palabra del porqué de su reacción, solo esperé a que montara el campamento mientras lo observaba. Cuando estuvo listo y los peces estaban cocinándose frente al fuego me acercó uno. Al principio dudé si debía cogerlo o no, pero ver su rostro lleno de impaciencia me llevó a alargar mis manos y recogerlo.

Al acabar de comer estuvimos por un largo rato sentados alejados el uno del otro en silencio, hasta que Sasuke dijo que me moviera y nos dispusiéramos a caminar de nuevo.

No paramos de andar hasta pasado el atardecer, que volvió a montar el campamento.

Me quedé observándole. Tenía la mirada fija en el fuego, sin expresión alguna en el rostro. Se veía demasiado tranquilo y relajado, y eso no era muy normal en él.

Parpadeó varias veces y dirigió sus ojos oscuros hacia mí.

―¿Qué?―Me preguntó. Yo mientras tanto seguí sin apartar la vista de él―. ¿Por qué me miras así?

―Solo estoy pendiente para saber el momento en que me asaltes―. Respondí.

―Lo que me estás diciendo es que, ¿en realidad quieres que lo haga?―. Inquirió con una sonrisa socarrona

mientras se ponía en pie y se acercaba a mí.

―No he dicho eso―. Retrocedí hasta que mi espalda tocó un árbol cercano y no pude alejarme más.

Me acorraló contra el tronco mientras se apoyaba con una mano en él y la otra me sujetaba del mentón para poder besarme. No sé cómo se las ingenió para introducir su lengua en mi boca, pero la verdad es que lo recibí gustosamente. Aunque sabía que después de lo que vendría me arrepentiría toda la noche, al igual que las demás…

Sentí que la mano que me sujetaba descendía bajándome un poco la cremallera y acabar en mis manos. Que me sorprendió cuando noté que deshacía el nudo de la cuerda que las ataba.

Le miré entre sorprendida y confundida cuando se separó de mí. Mientras él seguía con la tarea de desabrocharme la camiseta que la había dejado a medias.

―Sasuke…

―No quiero oír ni una palabra―. Después de decir esto se volvió a acercar a mí y comenzó a darme pequeños besos detrás de mi oreja, mientras me rodeaba con sus brazos la cintura y subía hasta llegar a mi sujetador.

Después de desabrochar el cierre de mi sostén fue descendiendo sus besos hasta llegar a mi pecho, mientras bajaba sus manos a mis caderas para luego subirlas por mis costados hasta mis hombros y llevarse mi camiseta junto con el sujetador.

Me fue besando el cuello y el hombro, mientras una de sus manos acariciaba uno de mis senos suavemente. De mi boca no hacían más que escaparse jadeos y pequeños gemidos.

Volvió a subir a mi rostro y besarme apasionadamente, y yo no pude resistir rodearle el cuello con mis brazos enterrando mis dedos en su oscuro cabello rebelde. Hacía tiempo que deseaba hacer esto, pero no podía al estar con las manos atadas. Me agarró de las caderas y me puso a horcajadas sobre él.

Me sentía extraña en esta posición. ¿Acaso quería que yo llevase el control?

No sé lo que le está pasando en ese entonces por la cabeza, pero el caso es que no era normal que actuase así.

No estaba siendo brusco como siempre lo era, sino dulce…

Descendió por mi pecho y lo llenó de pequeños besos mientras pasaba sus manos por mi espalda suavemente de arriba abajo, haciendo que los vellos se me pusieran de punta.

No sabía por qué actuaba así de repente, pero estaba segura de que esto era una pequeña parte de la verdadera cara del auténtico Sasuke. Debajo de todo ese odio y sed de venganza se encontraba un Sasuke diferente, y fue en ese momento donde lo estaba dejando salir…

Descendió hasta mis pechos y comenzó a succionar uno de ellos, mientras que el otro le prestaba atención con una mano. Enterré mi rostro en su cabello intentando ahogar algunos de mis gemidos que estaban aumentando mientras sentía que él me arrimaba más a él con la mano que tenía en mi cadera. Y pude sentir su excitación.

Bajé una de mis manos recorriendo su nuca hasta introducirla bajo su camisa y acariciar su suave y dura espalda.

Lo aparté un poco de mi pecho y bajé mi rostro para besarle profundamente mientras le bajaba su camisa por los hombros, dejando al descubierto su bien formado torso completamente. Y no pude resistir acariciarlo desde sus pectorales bajando por sus abdominales para luego subir y enredar los brazos alrededor de su cuello, sintiendo nuestros torsos desnudos en contacto. El gemido que soltamos fue acallado por nuestro beso. Cada vez me apretaba más contra él, y eso conllevaba a rozar su parte de abajo con la mía. Me estaba volviendo loca con ese roce.

Vi que se sacaba completamente la camisa y la hacía a un lado, para luego volver a besar mi cuello y comenzar a introducir sus manos en la parte de atrás de mi pantalón. No pude remediar pegar un respingo cuando sentí que empezaba a acariciar mi intimidad desde esa posición. Escondí mi rostro entre el hueco de su hombro y cuello, mientras gemía y respiraba entrecortadamente. Mientras él se entretenía mordiendo y acariciando con su lengua mi oreja. No podría aguantar mucho tiempo así.

―Sas…suke―. Intenté llamarle, pero el profundizó las caricias que me estaba brindando abajo, provocando que mis gemidos acabaran aumentando.

―Creo haberte dicho que no quiero oír ni una palabra―. Me dijo al oído con voz ronca y jadeante mientras me apretaba más a él si podía.

―Pero es que…no puedo más…

―Y más que no vas a poder―. Tras decir eso me agarró de las caderas y me apartó de su regazo para colocarme

de nuevo contra el tronco del árbol.

Se echó sobre mí, y comenzó a succionar de nuevo mis pechos, mientras bajaba mis pantalones lentamente.

Después de habérmelos sacado por completo fue descendiendo sus besos hasta mi vientre, entreteniéndose en mi ombligo. Pero no se detuvo ahí. Descendió cada vez más hasta llegar a posicionarse entre mis piernas. Gemí fuertemente cuando su lengua comenzó a acariciar mi intimidad. Sujeté con mis manos un manojo de hierba mientras no paraba de retorcerme y arquear la espalda.

No paró de jugar conmigo, y cuando estaba a punto de alcanzar el orgasmo rápidamente se retiraba y empezaba a masajear mis senos. Y cuando pasaba un momento volvía a hacer lo mismo. Yo no podía más y le supliqué que acabase de una vez. Pero más que suplicar más bien sollocé para que no parase. Pero él se hizo de rogar, y tras aguantar un rato más y cuando a él le dio la gana, se retiró de mí y chocó sus caderas contra las mías. Me agarré a su espalda mientras volvía a arquear la espalda. Me estaba embistiendo bruscamente, pero para mí el ritmo que llevaba era delicioso, perfecto. Y pronto los dos empezamos a llegar al clímax y yo enredé fuertemente las piernas en sus caderas mientras soltaba casi un grito de placer al llegar al orgasmo que él me siguió a los pocos segundos con un ronco y fuerte gemido.

Se desplomó agotado encima de mí respirando entrecortadamente, al igual que yo.

Tenía la vista fija en el hueco oscuro de la copa de los árboles, donde podía apreciarse un pedazo del cielo estrellado de esa noche. Sentí que Sasuke se removía un poco y se acomodaba para esconder su rostro en mi cuello. Ya parecía que respiraba con normalidad. Mantenía los ojos cerrados y el rostro muy relajado. Estaba a punto de quedarse dormido o ya lo estaba, no lo sabía muy bien. Pero yo no pude resistir el impulso de abrazarle y acomodarme también contra él enterrando mi rostro en su oscuro cabello percibiendo así su aroma que me encantaba.

Esa noche había sido diferente de todas las demás. Él mismo había sido diferente. Y por primera vez desde que comencé a acostarme con él, no me estaba arrepintiendo de nada. Al contrario, deseaba que para la próxima vez todo fuera igual o mejor que aquella.

Le besé en la coronilla, y de repente, como si ese contacto le hubiese quemado se apartó de mí rápidamente, alejándose hasta el otro extremo del campamento. Su rostro, antes relajado, había cambiado a uno lleno de crispación y el ceño fruncido.

No entendía lo que le sucedí cuando hacía un segundo estaba bien.

―Sasuke, ¿qué…?

―¡CÁLLATE!―No pude remediar contraerme ante su grito―. ¡Si vuelves a abrir la boca o hablar de esto lo pagarás muy caro! ¡¿Me oyes?!

―S-sí...―. Después de contestarle se dio la vuelta y se adentró en el bosque, dejándome sola en el campamento.

Aún seguía sorprendida por su reacción. No había hecho nada para que se pusiera así de agresivo conmigo, nada. Y creía que esa noche sería diferente y que no volvería a llorar…

Miré la blanca camisa de Sasuke que estaba tirada en el suelo. Alargué mi mano para alcanzarla y la abracé para enterrar mi rostro en ella y comenzar a sollozar débilmente.

Estuve un largo rato así hasta que el sueño me venció, y quedé dormida profundamente con su camisa protegiéndome del frío de la noche.