-Capítulo 3-
Hacía ya varios días que por fin salimos de aquel maldito bosque. Ya me estaba aburriendo de ver tanto árbol todos los días. En ese momento caminábamos por un sendero campo abierto. Bastante bonito, por cierto. Todo estaba repleto de preciosas flores de múltiples colores. Pero eso no era suficiente para calmar el malhumor que Sasuke tenía.
Desde que ocurrió lo de aquella vez, no había vuelto a tocarme ni una sola vez. Ni siquiera prestaba atención en mirarme. Solo mantenía arrugado el entrecejo sin decir nada.
Aún no he podido llegar a la conclusión del porqué de aquella reacción que tuvo. Pero las sospechas que poseía apuntaban a que algo tuvo que ver con la manera de comportarse conmigo. Tal vez se sentía avergonzado por haberme mostrado una parte del Sasuke que tenía escondida en su interior.
Por unos instantes había abandonado su faceta de machito que odia al mundo entero. Pero bueno, qué sabría yo.
Eran solo suposiciones mías; por lo menos ya no estaba atada de manos. Su humor era tan malo que se olvidó hasta de atármelas. Pero en parte le agradecía por ello.
Hacía pocos días que no me encontraba demasiado bien. Mi estómago estaba algo revuelto. Esta mañana había vomitado el desayuno, y la cena de la noche anterior hacía poco. Sentía mi cuerpo realmente mal.
Nos detuvimos bajo la sombra de un gran árbol. Me recosté sobre el tronco suspirando aliviada. Comenzaba a marearme un poco. Cerré los ojos un momento para relajarme. Oía las ramas de aquel árbol chocar por la brisa, y algunos pájaros que piaban por ahí cerca. Me estaba volviendo a encontrar un poco mejor.
Abrí los ojos esperando ver aquel paisaje verde de nuevo. Pero me vi atrapada por unos oscuros ojos negros.
Intenté retroceder en un acto reflejo pero el tronco del árbol me lo impidió como era lógico.
Me miraba muy fijamente, tanto como para poder incomodarme.
―¿Qué demonios te pasa?―Me sorprendí ante su pregunta, al igual que oír su voz―. Andas mucho más lento de lo normal y me estas retrasando.
No le contesté a la primera. Estaba algo confundida porque me estuviese dirigiendo la palabra. Aunque fuese en
ese tono frío e indiferente.
―N-no me encuentro bien, eso es todo―. Le respondí evitando su mirada.
―¿Y por qué no haces algo? Se supone que eres médico…
―Soy médico, pero no puedo revisarme a mí misma, como comprenderás―. Le espeté.
―Tch, que molesta eres―Tras decir eso se levantó y se alejó de donde yo estaba para seguir caminando―. Levántate.
Miré hacia su espalda con reproche y me incorporé para ir tras él.
―Si tan molesta soy para ti, ¿por qué no acabas conmigo de una vez?―. Le dije cuando me encontré a poca distancia de su espalda. Pero no oí ni una palabra por su parte, y eso empezó a cabrearme.
―¿Ahora no vas a hablar?―Insistí―. Claro, como el señorito está enfadado solo habla cuando le sale a él del alma, si es que tiene de eso, ¿no, Sasuke?
Continúo en silencio sin inmutarse. Sasuke no era el tipo de persona que le podrías chinchar y hacerle saltar al
instante. Tenía la sangre muy fría.
Cuando empezó a atardecer, lo poco que había conseguido para recuperarme se había esfumado por completo.
Parecía como si el suelo y todo a mi alrededor se estuviera moviendo y tambaleando.
―Sa…Sasuke, vamos a parar―. Le pedí respirando entrecortadamente. Notaba que mis oídos comenzaban a zumbar.
Pero él siguió adelante.
―Sasuke, por favor...―. Tropecé con mis propios pies y caí. Pero no llegué a tocar el suelo puesto que me percaté de que el brazo de Sasuke me sostuvo a tiempo.
No sé muy bien qué fue lo que ocurrió después, porque mi cuerpo se volvió lánguido y mi vista se vio afectada por una enorme oscuridad. Tampoco oía absolutamente nada. Mirase donde mirase todo a mí alrededor no era más que negro. Pero cuando alcé mi mano pude apreciarla como si una luz iluminase mi propio cuerpo.
De repente, escuché unos pasos que se acercaban, pero no podía ver de quien se trataba. Por instinto y miedo retrocedí. Podría ser alguien peligroso.
Por el rabillo del ojo pude apreciar una cabellera larga y rubia. Se posicionó delante de mí con ambos brazos tras su espalda, y en su rostro tenía una agradable sonrisa.
―Ino…
Tras pronunciar su nombre ensanchó más su gesto.
De pronto, la oscuridad desapareció, y fue sustituida por un valle verde precioso. Lo reconocía muy bien. Era el lugar donde la sensei de la academia nos llevaba a recoger flores para la clase.
Ino no dejaba de sonreírme. Quise preguntarle cómo había llegado hasta allí, pero más personas aparecieron de la nada ante mis ojos.
Todos mis amigos estaban ahí, sonriendo felizmente.
¿Es que había regresado a casa de repente?
Unas gruesas lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro. Corrí hacia ellos. Deseaba abrazarlos a todos y decirles cuanto los había extrañado, pero algo pasó que eso me resultó imposible.
Caí de rodillas al no tener nada en donde apoyarme. Había atravesado sus cuerpos como si nada.
―¡Listo chicos, no os mováis!
Me sobresalté al oír aquella voz. Me giré, y vi al dueño de una mata de pelo rubia rebelde y ojos azules que sostenía una cámara de fotos.
¿Qué pasaba?
Rápidamente se colocó arrodillado en el centro del grupo sonriéndole abiertamente a la cámara antes de que saltase el flash. Entonces lo comprendí… No me estaban sonriendo a mí, sino a la lente para sacar la foto. Ni siquiera sabían que me hallaba junto a ellos en ese momento.
¿Por qué estaban tan felices? ¿Es que no se habían preocupado por mi ausencia?
Aquello no podía ser verdad. Era imposible que no significase nada para ellos realmente. ¡Tenía que ser una broma!
Me levanté de golpe, pero entonces, mi cuerpo se sintió muy pesado y sin fuerzas que caí de nuevo de rodillas. Les grité para que supieran que estaba ahí pero no me escucharon. Mi voz era igual que mi presencia. Inexistente.
Todos estaban muy felices hablando y bromeando entre ellos.
Ninguno se acordó de mí. Nadie me echaba en falta absolutamente para nada.
¿Por qué, por qué?
¡¿Es que nadie me extrañaba?!
¡Quiero regresar!
¡Quiero volver a casa!
Alcé la cabeza sobresaltada y respirando entrecortadamente. Notaba mí cuerpo húmedo empapado por el sudor.
Miré hacia arriba. ¿Un techo? Parpadeé. Hacía meses que no me encontraba bajo uno.
―Vaya, por fin despiertas.
Dirigí mi atención dónde provenía aquella voz que no me sonaba para nada familiar, y me encontré con una anciana sentada a una mesa. No tenía ni la más remota idea de quien podría ser esa anciana, pero el caso es que me sonreía muy amigablemente. No parecía mala persona.
―¿No crees que deberías taparte un poco?―. Cuestionó señalándome con el dedo.
No supe a lo que se refería hasta que me fijé en mi cuerpo. Estaba desnuda de cintura para arriba, y por lo que noté tampoco llevaba ropa más abajo, pero por suerte estaba tapada con la manta. Inmediatamente la agarré y me cubrí el torso con ella, avergonzada.
Miré con timidez a la anciana, y ésta seguía con esa sonrisa en el rostro.
De repente, la puerta que estaba tras ella se abrió, dando paso a una fuerte lluvia y a dos figuras oscuras encapuchadas. La que era un poco más alta que la otra se quitó aquella capa empapada mientras se acercaba al fuego. Era un anciano con el cabello blanco. Aunque para ser un anciano se conservaba muy bien al igual que la abuela.
Su mirada se cruzó con la mía y me sonrió de igual modo.
―Parece que ya estas mejor, pequeña.
―Eh, si…
Oí que arrastraban algo de madera. Miré de nuevo en dirección a la anciana y vi que ya no se encontraba sentada sola en la mesa. La otra presencia que había entrado junto al anciano momentos atrás se hallaba sentada en una de las sillas. Tenía su oscuro cabello algo mojado con pequeñas gotas cayéndole del rebelde flequillo. Apoyaba el codo sobre madera sujetándose la mejilla contra la palma de la mano, mirándome fija y despreocupadamente.
―Llevas inconsciente desde ayer que te trajo a cuestas el muchacho―Comentó la anciana informándome y refiriéndose a Sasuke―. Tenías la temperatura un poco alta…
De repente sentí un tacto cálido sobre mi frente. Y me di cuenta de que era el anciano que estaba tomándome la calentura.
―Y parece que ya te ha bajado―. Confirmó sin abandonar su gesto sonriente.
No dije nada, solo miraba a la anciana que me sonreía y a Sasuke que tampoco paraba de observarme. El anciano siguió hablándome.
―Soy Okuda Tenko―Se presentó con amabilidad prosiguiendo a hacer lo mismo con la mujer―, y ella, es mi
esposa Yuri.
La anciana hizo una pequeña reverencia a modo de saludo, que yo lo correspondí un tanto cohibida.
―El muchacho nos dijo que te llamabas Sakura―Continúo la anciana. Yo asentí, y vi que ella se incorporaba para
aproximarse hasta mí―. ¿Te importa que te revise, Sakura?
Me desconcertó su pregunta. Aún estaba confundida por haberme despertado en aquel lugar con personas tan
amables, pero no dejaban de ser extraños... Hacía meses que no tenía contacto con otras personas aparte de
Sasuke.
―Tranquila, pequeña, mi mujer es una buena doctora―Aseguró para tranquilizarme el señor Okuda. Se dio media
vuelta y se dirigió a Sasuke―. Será mejor que vayamos a la parte superior para que esté más cómoda.
Tras decir eso Sasuke se levantó de donde estaba y siguió al anciano hasta unas escaleras al lado derecho de la habitación, que supuse que conducirían al piso superior. Sin embargo, me fascinó que Sasuke, siendo como era, tolerara que le mandara un desconocido. Ni siquiera había abierto la boca para replicar ni para decir nada.
―Sakura―Me giré al oír que la señora Okuda me llamaba, y vi que estaba sentada en un taburete cerca de la cama donde yo estaba―. ¿Empezamos?
Dejé que la señora Okuda comenzara a examinarme, aunque apenas estuvo dos minutos cuando empezó a hacerme ciertas preguntas:
―El muchacho que te acompaña… ¿cómo se llama? Ah, sí, Sasuke. Nos dijo que te desmayaste, y que habías estado vomitando, ¿es así?
―Sí, últimamente me he sentido algo mal…
―Bueno, es normal que te sientas así, pero no deberías hacer esfuerzos como por ejemplo estar de viaje a pie en tu estado―. Me aconsejó sonriéndome de forma afable.
―¿En mi… estado?―No entendí a qué se refería con eso―. Habré comido algo que me haya sentado mal. No es para que…
―¿Eso es lo que crees? Bueno, es algo normal. Todavía eres muy joven y primeriza.
No sabía a dónde quería ir a parar. ¿Qué tendría que ver eso con mi estómago revuelto?
Vi que se reía por lo bajo al ver mi rostro confundido y yo alcé una ceja aún más perdida que antes.
―Lo que estoy diciéndote, pequeña, es que estás embarazada―. Anunció.
No pude desviar la mirada de la señora Okuda mientras sus palabras no hacían más que retumbarme los oídos.
Pero mi cerebro se negaba a procesar la información hasta unos momentos después.
Parpadeé varias veces seguidas en tanto mi cabeza comenzaba a trabajar de nuevo con lentitud.
Embarazada… Estaba embarazada, ¿de Sasuke?
Mis ojos se ensancharon poco a poco y mi corazón empezó a latirme rápidamente golpeándome el pecho.
¡¿Embarazada yo?! ¡Voy a tener un hijo de Sasuke!
―¿Estas bien, Sakura?―Salí de la pompa de pensamientos al oír la voz de la señora Okuda―. Parece que la noticia te ha pillado con la guardia baja, ¿eh?
―La…la verdad es que…no me esperaba esto…―Por mucho que lo pensase, me estaba costando casi un mundo asimilar y creer lo que esa mujer me había soltado cómo una bomba.
―Entiendo―Dijo antes de levantarse―. De todos modos, te examinaré mejor para ver el tiempo que tienes, no te preocupes.
Al principio dudé, pero dejé que la señora Okuda me revisara una vez más para informarme de que podría llevar casi dos meses de gestación. A la abuela no le hizo mucha falta recoger demasiados datos para llegar a esa conclusión. Parecía estar muy acostumbrada a tratar con embarazadas. Aunque claro, era doctora, y muy experta por lo que observé. ¿Qué clase de médico era que ni siquiera me reconocía a mí misma un embarazo? Hokage-sama se avergonzaría de mí. Podría haberme dado cuenta por mi periodo, pero a veces se me retrasaba, y en las
condiciones en las que me hallaba estaba como para acordarme de cuando tendría que llegarme.
La señora Okuda me pasó mi ropa, la cual, por increíble que me pareciese, se encontraba limpia.
Cuando acabé de vestirme me indicó que la siguiera hasta el piso superior. Al llegar arriba, vi que había un pasillo que dividía varias habitaciones. La anciana abrió la puerta corrediza de una habitación bastante amplia. Observé que se trataba de una sala con el suelo de tatami y paredes de madera como el resto de la casa, y un balcón bastante amplio. Parecía un salón de té.
En su interior se encontraba el señor Tenko, sentado sobre el cojín en el suelo, y cerca del ventanal estaba Sasuke con su espalda recostada contra el marco.
―¿Qué tal todo?―. Preguntó el señor Okuda alegremente a su esposa.
―Muy bien―Contestó esta―. ¿Me ayudas con la cena, querido?
―Claro. Vosotros dos descansad aquí―. El anciano Okuda se incorporó de donde estaba, y ambos salieron de la habitación cerrando la puerta corrediza, dejándonos a Sasuke y a mí solos en la habitación.
Yo me mantuve allí de pie sin decir nada. Únicamente miraba mis pies descalzos. No sabía qué decirle. Apenas me había enterado de la noticia de que esperaba un bebé de él.
Me acerqué a la pequeña mesa de té y tomé asiento en uno de los cojines.
Un bebé... No pude contener la pequeña sonrisa que se formó en mis labios al pensar en ello.
Imaginarme con un bebé de Sasuke en mis brazos era una de las imágenes y sueños que más ansiaba tener desde que me enamoré de él. Pero eso fue mucho antes de que las cosas hubieran cambiado tanto.
―¿Y bien?―Alcé la vista al oír su voz desde su posición. Parecía que me había estado observando detenidamente
con sus profundos ojos negros―. ¿Qué ha dicho que tienes?
Le miré sin perder detalle. Si le decía que estaba esperando un hijo suyo no sabía cómo podía reaccionar. Sabía que Sasuke quería reconstruir su clan después de haber completado su venganza, pero no creo que estuviera en sus planes que yo le diera su primer hijo.
Respiré hondo y miré hacia el lado opuesto a donde se encontraba él.
―Me…ha dicho, que lo que tengo no es nada que me haya sentado mal…
―¿Entonces?―. Suspiré.
―Estoy…estoy embarazada―. Declaré en un murmullo.
Hubo un momento de silencio por parte de los dos. Y al ver que no decía nada me giré para mirarle, y me encontré con que estaba vuelto al balcón. No parecía que le hubiese afectado mi noticia, aunque claro, qué le iba a importar. Yo le daba igual, dudo que muestre interés por el hijo que esperaba de él. Pero aun así era su hijo, algo tendría que sentir después de todo. No podría ser que tuviera tanta sangre fría.
―Sasuke―. Lo llamé, y por fin se dio la vuelta para verme. Su mirada seguía igual de glacial como siempre y un rostro en el que no había reflejada ninguna clase de emoción.
Definitivamente no le importaba en absoluto. No le estaba hablando del tiempo como para que pusiera esa estúpida cara. Le estaba diciendo que esperaba un hijo. Un hijo suyo.
―¿Por qué no dices nada?
―¿Qué quieres que te diga?―. Sonaba de manera tan indiferente y pasota que me entraron ganas de golpearle. Y así lo hice.
Me levanté y le volví la cara con tanta fuerza que me dolió hasta la mano.
Puse toda la ira y furia que poseía en ese golpe. Y a pesar de ello pensé que tendría que haberle dado mucho más fuerte. Quería continuar golpeándole, pero se incorporó rápidamente agarrándome del cuello de mi camiseta y me oprimió contra la pared.
―No te pases de lista…
―¡Haré lo que me dé la gana!―Le grité intentando hacerle a un lado―. ¡Y créeme que volvería a hacerlo!
―¿Ah, sí?―Ejerció más presión de su agarré sobre mi cuello mientras se acercaba y me hablaba susurrándome al oído―. Pues créeme que a mí me gustaría ver como lo intentas…
Tras decir esas palabras sentí como su húmeda lengua recorría mi oreja mientras bajaba sus manos y me alzaba sosteniéndome de los glúteos, posicionándome en horcajadas sobre su cadera. Entonces, noté como hincaba fuertemente sus dientes en la piel de mi cuello. Gemí de dolor al sentir que los hundía sin ninguna clase de juego.
Intenté apartarle empujándole del pecho pero fue inútil. Hasta al rato que creyó que fue suficiente dejó que me deslizara por la pared cayendo de forma un poco brusca al suelo perdiendo el equilibrio. Mientras tanto, me tocaba la parte de mi cuello mojada donde antes estaba la mandíbula de Sasuke. Pude notar que había dejado marca.
Miré hacia arriba enfurecida y con ojos llorosos encontrándome con su ennegrecida mirada desafiante y llena de superioridad. No hice otra cosa que abalanzarme sobre él. Pero como no, salió ganando al sostener mis manos sobre mi cabeza, quedando tumbada boca arriba en el suelo con su rostro muy cerca del mío.
―No vas a dejarlo, ¿eh?―. Susurró mientras se colocaba sobre mis piernas, y así obstaculizando mi intento de golpearle con ellas. Sin embargo, no me di por vencida y continúe forcejeando, pero tras unos minutos el cansancio acumulado se hizo patente.
Le miré a los ojos, viendo que había estado observándome mientras intentaba librarme de él.
―Deja que me vaya, Sasuke―Le pedí sosteniéndole aquella mirada―. Seré un estorbo en tu viaje a partir de ahora, ya lo has visto...
―No dejaré que te vayas, y mucho menos ahora que estas esperando un hijo mío.
Abrí los ojos desmesuradamente por lo que salió de su boca. ¿En realidad le preocupaba el bebé que iba a tener?
―Sasuke, tu…
―No te equivoques―Me cortó duramente―. Ese niño es mi hijo, un Uchiha. Así que no pienses en cosas que no son.
Después de decir aquello se levantó marchando en dirección hacia la puerta corrediza.
Un Uchiha. Mi bebé era un Uchiha, al igual que Sasuke. ¿Eso quería decir que llevaría en su espalda lo mismo que su padre? Un niño sediento de venganza y un asesino sin compasión…No iba a permitir eso. No consentiría que mi bebé acabara convirtiéndose en un ser sumido en la oscuridad.
―No lo será―Mascullé apretando los puños fuertemente y mirándole cuando se giró a verme de reojo―. Este niño no será como tú. ¡Me niego!
Antes de que pudiera decir algo más la puerta se abrió dando paso al señor Okuda.
―La cena ya está lista, chicos―. Anunció el anciano con una sonrisa fuera de lugar dada la tensión del momento.
Sin embargo, Sasuke salió sin más de la sala dejando al señor Tenko confundido.
Me daba igual si estaba dolido, aunque con su historial quién lo creería, pero no iba a permitir que mi hijo sufriera un destino así.
Me dispuse a abandonar la habitación tras el señor Okuda mientras nos dirigíamos al primer piso.
Sasuke, por el contrario, no estaba por ningún lado. Solo encontré a la señora Okuda terminando de colocar en la mesa algunos platos de comida.
―¿Y el muchacho?―. Se interesó el señor Okuda por la ausencia de éste mientras los dos nos sentábamos a la mesa.
―Ha salido fuera. Parecía no tener hambre―. Le aclaró su mujer sin darle importancia tomando asiento junto a su marido.
Mi apetito disminuyó considerablemente después de la conversación (si es que a eso se le podía llamar así) que tuve con Sasuke, pero la señora Okuda me insistió que debía comer. Y lo hice, a trancas y barrancas. Si había alguna cosa, por pequeña que fuese, que pudiera hacer por mi bebé lo haría sin dudarlo.
Cuando terminamos de cenar la señora Okuda me guio a una habitación del piso superior donde dormiría esa noche. Era parecida a la antes, aunque ésta tenía una dimensión más pequeña y en ella había dos futones colocados uno al lado del otro. Deduje que la señora Okuda habría dado por hecho que al estar viajando ambos solos el padre del bebé que esperaba sería de Sasuke. Pero lo que desconocía era que en realidad no había nada.
Al menos por parte suya.
Me metí bajo el edredón. La fuerte lluvia no había cedido, y el idiota de Sasuke estaba fuera. Como viniese con el moco colgando iba a reírme en toda su cara, pensé. Sin embargo, estuve dando vueltas en la oscuridad. Tenía muchísimas cosas en la cabeza, y una de ellas era como sería cuando el bebé naciera. La curiosidad florecía por ver a quien se parecía más. Aunque esperaba que no sacara el carácter de su padre. También medité que me haría más ilusión, si tener un niño o una niña; no cesé de imaginarme las formas en las que podría ser, hasta que el sueño me venció por fin, y supuse que también soñaría con ello.
