capítulo 5

Todo el jardín estaba cubierto por una gruesa capa de nieve, y el color del cielo estaba llegando a alcanzar un negro carbón que no me gustaba nada.
Se estaba volviendo a acercar otra tormenta. Llevaba dos días seguidos encerrada en casa aislándome de ella, y por fin que había parado volvía a continuar.
Salí de mi habitación para dirigirme a la cocina y preparar un té para entrar un poco en calor, a pesar de que iba bastante abrigada, sentía el cuerpo cortado y parecía que el frío me llegaba a los huesos.
Herví el agua y la eché en la taza para volver a mi habitación.
La casa estaba totalmente en silencio. Solo se oía el sonido que producía el aire frío de fuera. Era un sonido bastante triste, y no hacía más que recordarme la soledad que me brindaba esta casa. Cada día que pasaba la notaba más fría. No por el tiempo, sino porque parecía que allí no vivía donde iba o pasaba cualquier habitación, esta estaba vacía. Era una casa fantasma, y yo era el fantasma que la habitaba.
Nunca llegué a pensar que aquí podría nevar tanto. Y por culpa de aquello las visitas de los señores Okuda se había reducido a cero. Llevaba semanas sin saber de ellos, y en mi estado no podría bajar al pueblo, aunque quisiese. Ya estaba cerca de los ocho meses, y como siguiera así me estaba viendo dar a luz sola.
No sabía dónde demonios se había metido Sasuke. Se fue diciendo que no tardaría en regresar, y ya lleva un mes fuera. Por lo menos había llenado la despensa antes de irse y no me dejó muriéndome de hambre….
Llegó la noche, y me metí en mi futón recostándome de lado y tapándome casi hasta la cabeza. El sueño no tardó en llegar, y me quedé dormida al instante.
Pasaron varios días, y la tormenta no tenía pinta de parar.
No podía más, la casa se me estaba viniendo encima, y ya ni siquiera salía de mi habitación, ni del mismo futón. Me pasaba las horas intentando no llorar abrazada a mi abultado vientre.
Una noche, me levanté con sed y fui a la cocina para beber un poco de agua. Cuando volví a mi habitación, noté algo húmedo que caía por mis piernas. Miré hacia abajo, y ví que había agua en el suelo de madera. Eché un vistazo hacia atrás, y observé que había un pequeño rastro también que llegaba desde la cocina.
El corazón se me empezó a acelerar, y un sentimiento de pánico me invadió al darme cuenta de que había roto aguas, pero lo había hecho estando sola, sin nadie que me ayudase.
Intenté mantener la calma dando vueltas por la casa pensando en lo que debería hacer, pero la única solución que tenía era llegar hasta el pueblo. Pero aún seguía la tormenta y si me quedaba atrapada en la nieve.
Sacudí la cabeza ante esa idea, y me dirigí a mi habitación, pero antes de llegar noté un fuerte dolor en el vientre y no pude más que sujetarme a la pared.
Tras pasar un poco el dolor, entré en mi habitación para tumbarme con dificultad en el futón. Suponía que el dolor que había sentido antes era una contracción, y parecía que venía otra.
Agarré fuertemente el futón al sentir aquel dolor que llegaba hasta mis riñones sin poder remediar soltar un grito. Esta vez había sido más fuerte. Como deseaba que la señora Okuda estuviera ahí para darme algo que calmase el dolor.
Pasaron las horas, y yo estaba empapada en sudor retorciéndome y gritando de dolor. No paraba de tener contracciones, y el bebé no llegaba aún. Una vez leí que una embarazada podría tardar hasta dos días en dar a luz. Y ahora que lo estoy experimentando rezaba para que lo ponía en ese libro lo hubiera escrito alguien que no supiera de lo que hablaba o que se lo hubiese inventado. No podría estar dos días así….
Si el bebé llegaba a nacer no sabía lo iba a hacer. Solo se me ocurrió colocarme una de mis almohadas entre las piernas para que al bebé no le pasase nada, pero luego no sabía lo que haría. No estaba especializada en partos ni nada de eso.
Estaba asustada, si le pasaba algo al bebé no sabía lo que iba a hacer. Lo único que quería es que alguien estuviera a mi lado para ayudarme a que a mi hijo no le pasara nada.
Apenas me di cuenta de que estaba empezando a clarear.
Respiraba entrecortadamente, con las lágrimas bañando todo mi rostro y el cuerpo lánguido, casi sin fuerzas. Pero las contracciones no paraban de pronunciarse una y otra vez….
-Sakura.
Miré hacia la puerta de mi habitación y agudicé el oído. Casi se me sale el corazón del pecho al oír movimiento en la entrada de la casa.
-Sakura.
Nuevas lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas al oír aquella voz que me llamaba.
-Sas…Sasuke. - le llamé, pero sabía que no lo había llamado lo suficientemente alto como para que me escuchara. Entonces sentí de nuevo otra contracción y volví a gritar de dolor.
Oí como llegaba corriendo hasta mi habitación.
-Sakura, ¿qué te pasa? -se arrodilló a mi lado y pude ver que me observaba de arriba abajo. - Ahora vuelvo, no tardo.
Se puso de pie y salió corriendo de allí.
No podía dejarme sola otra vez, y menos ahora. Volví a tener otra contracción, y tras tenerla empecé a verlo todo oscuro….
-¡Hey, Sakura!.-sentí que me palmeaban la mejilla, y vi que la persona que lo hacía era la señora Okuda.-Vamos, ya tendrás tiempo de dormir después, ahora tienes que empujar.
-Ya tenemos lo que nos pediste, querida.- Vi que aquella voz provenía del señor Okuda, que entraba a la habitación seguido de Sasuke.-Aquí tienes….
Pude ver que eran unas toallas y un cuenco bastante grande con agua caliente.
-Sasuke, ponte tras ella y agárrala para que esté más cómoda.-Sasuke hizo lo que la señora Okuda le mandó. Se situó detrás de mí y quedé con la espalda apoyada en su pecho, mientras yo flexionaba las piernas y las abría para que el bebé pudiera salir.
-Muy bien Sakura, ahora tienes que empujar, ¿bien?.-yo asentí, e hice lo que me pidió.-Tienes que hacerlo más fuerte….
-No puedo más.-estaba muy cansada de haber estado toda la noche en vela con aquellos dolores y los que estaba sintiendo ahora.
-Claro que puedes, venga.
Estuve un rato intentando empujar, hasta que la señora Okuda dijo que estaba viendo asomarse la cabeza del bebé.
-Sasuke agárrale las piernas, no puede sostenerse.-Sasuke me aupó las piernas desde su posición, y la señora Okuda me volvió a decir que siguiera empujando.
Tras largos momentos, por fin la cabeza estaba fuera.
-Bien Sakura, solo un poco más.-apreté tanto como pude, y unos minutos después, oí su llanto. Por fin había acabado.
Ví como la señora Okuda lo sostenía entre sus brazos cubierto un poco de sangre y temblando por el llanto. Estaba bien….
Apoyé todo el peso de mi cuerpo en el pecho de Sasuke intentando calmar mi respiración, mientras los señores Okuda lavaban un poco al bebé.
Sentí que Sasuke se removía y me acomodaba mejor en su musculoso pecho, mientras situaba sus piernas a mis costados y noté como acercaba su mejilla casi cerca de la mía. Era una caricia cargada de ternura, algo que me sorprendió viniendo precisamente de él. Intenté volverme hacia él, pero la señora Okuda se situó a mi lado y extendió sus brazos para entregarme a mi bebé cubierto por una mantita blanca.
No pesaba nada, era tan pequeño y parecía tan frágil que me daba miedo cogerlo por si le hacía daño.
-Felicidades chicos por el pequeñín. -nos felicitó el señor Okuda.
-Se parece mucho a Sasuke, ¿no crees?

Miré a la señora Okuda y luego a mi bebé. Tenía razón, casi todos los rasgos los había sacado de Sasuke, excepto por esa pequeña matita de pelo. Parecía que iba a tener el cabello mucho más alborotado que su padre. No pude evitar soltar una pequeña risa.
-Sakura os revisaré a los dos…
-Entonces el muchacho y yo esperaremos fuera. -el señor Okuda se levantó para salir de la habitación. Sentí que Sasuke se retiraba de mi con cuidado. Me gire a verle intentando ver la expresión de su rostro, pero estaba de espaldas a mí y salió siguiendo al señor Okuda.
Hacía un mes que no le veía, y solo había visto su rostro unos segundos antes de salir corriendo por los señores Okuda, y en ese momento no podía parar a obsevarle detenidamente. Ni siquiera ahora era muy consciente de lo que había pasado antes de que ellos vinieran. Parecía que había sido como una pesadilla.
Unos momentos más tarde, después de que la señora Okuda nos revisara a mi hijo y a mi estando todo en orden, intenté asearme un poco ya que apenas podía moverme. Y la señora Okuda cambió mi futón por otro limpio, para que pudiera tumbarme abrazando a mi pequeño.
Les di las gracias a ambos ancianos antes de que se marcharan acompañados de Sasuke a la entrada, mientras yo me quedaba recostada en mi habitación descansando.
No podía dejar de observarle, y de acariciar su pequeña cabecita mientras respiraba tranquilamente en su sueño. Aún no podía creerme que este bebé era mío. Le di un suave beso en su pequeña frente antes de acercarlo más hacia mí.
Cerré los ojos un momento, pero sentí como si me estuvieran observando, y me vi obligada a abrirlos de nuevo, para encontrarme a Sasuke apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho. Su rostro parecía calmado y serio como siempre.
Se acercó a donde estábamos, arrodillándose junto al futón sin apartar su mirada de mí.
Intenté incorporarme y preguntarle donde había estado metido todo este tiempo, pero oí unos gimoteos producidos por mi bebé. Clavé la vista en él antes de que comenzara a llorar.
Inmediatamente lo cogí entre mis brazos para intentar calmarle, pero ya que había estado durmiendo antes, tal vez lo que le pasaba es que tuviera hambre. Así que me senté y me descubrí el pecho para que el bebé pudiera alimentarse.
Paró de llorar al instante. Aunque no sabía acerca de embarazos, si sabía algo de niños pequeños. Ya que en el hospital me pasaba a veces por el área infantil a ayudar en lo que podía. Los niños no eran tan pequeños ni recién nacidos como lo era mi pequeño, pero aun así me las podría apañar.
Aparté la vista del bebé, al darme cuenta de que me había olvidado de la presencia de Sasuke. Estaba demasiado absorta observando al bebé, pero ví que no era la única. Él tampoco apartaba la mirada del pequeño. Y entonces me di cuenta, de que Sasuke aún no lo había cogido en brazos. Solo se limitaba a observarle desde la distancia que nos separaba. Además, tampoco hacía ademán de acercarse.
Entonces sentí que el bebé hacía el intento de apartarse, y lo agarré mejor para que yo pudiera colocarme de nuevo la bata en su lugar. Y en eso me di cuenta de que estaba empezando a abrir los ojos.
Me sorprendí cuando esos pequeños ojitos que me miraban no eran negros como había esperado que fuesen, sino verdes como los míos. No pude evitar que una sonrisa se me dibujara en el rostro y cogiera una de sus manitas que asomaba bajo aquella manta que llevaba alrededor.
-Sakura.
Alcé la cabeza al oír la voz de Sasuke que me llamaba.
-Duérmete.—tras decir aquello se incorporó para salir de la habitación.
-Oye, Sasuke.—lo llamé, y se detuvo casi al llegar a la puerta.-¿No quieres cogerlo?
No obtuve respuesta por su parte. Ni siquiera se había dado la vuelta, seguía de espaldas a mí. Pero al cabo de unos segundos, fue algo fugaz, pero parecía que iba a volverse. Pero se detuvo, y antes de salir oí un leve susurro diciéndome que descansara.
No dije nada, y solo me limité a recostarme de nuevo con mi bebé soñoliento.
Estaba bastante raro, bueno, más de lo normal. No entendía su actitud de ahora. Hace apenas un mes no cruzábamos palabra, y ahora tenía la sensación de que inconscientemente se acercaba a mí, como lo que había pasado al dar a luz. Había sido una caricia muy cálida viniendo de su parte.
Me pregunto qué le había pasado este mes que había estado fuera….
Cerré los ojos, y al cabo de unos momentos me quedé dormida. Pero parecía que no había pasado nada de tiempo cuando me ví obligada a abrirlos de nuevo por el llanto de mi pequeño.
Le di el pecho, y me di cuenta que ya eran altas horas de la noche. Y parecía que no había dormido nada.
Al día siguiente, conseguí levantarme para desayunar algo caliente y mientras, volver a darle el pecho al bebé. La verdad es que ya tendría que ir pensando en un nombre, pero el caso es que no se me ocurría ninguno. Bueno, había uno, que hacía tiempo que me rondaba por la cabeza, pero no estaba segura si debería llamarle así. Además, aparte de eso, Sasuke no se pronunció en el resto de la mañana. Andaba de aquí para allá por la casa sin dirigirme la palabra, y sin dedicarle un vistazo a su hijo.
Dejé a mi bebé dormido en mi habitación, y fui al cuarto de Sasuke para intentar hablar con él, aunque suponía que sería una conversación bastante corta. Pero aun así debía hablar con él.
Entre abrí un poco la puerta corrediza, y me fijé que está sentado recostado contra la pared, y miraba el jardín nevado con la vista perdida. Su rostro no mostraba ese aire serio y malhumorado que tenía siempre. Sus facciones estaban más relajadas, y parecía que estaba ausente del mundo. Me moría por saber lo que estaría pensando…

Abrí un poco más la puerta y me hice paso dentro del dormitorio. Me fijé que la habitación seguía como la dejé hace un par de días. Volví a observarle, sin que él aún se diera cuenta de mi presencia, y pude verle unas sombras bajo sus ojos alicaídos. Tal vez no había dormido en toda la noche.
Me acerqué a él, y ví que no reaccionaba, así que carraspeé un poco antes de hablarle.
-Oye Sasuke, pareces cansado, ¿por qué no duermes un poco? -no se movió ni un centímetro.
Me adentré más en la habitación, y tras pasar por su lado cerré la puerta corrediza que daba al jardín. Aparte de que quería que me prestara atención, también lo hice porque el dormitorio se estaba convirtiendo en un congelador. Pero lo único que conseguí con eso fue que parpadeara, por lo demás, todo igual.
-Sasuke….
-Vete.-Fue un susurro, pero lo pude oír perfectamente.
-No me voy.—me senté frente a él.—Quiero saber dónde estuviste todo este tiempo.
-¿Qué importa eso?
-Claro que me importa, quiero saberlo.
-¿Y para qué quieres saberlo?
-Porque quiero, y deja de responderme con preguntas y dímelo ya.-le dije al ver que quería evitarme.
-Sabes que no te lo voy a decir, así que no sé por qué demonios insistes tanto en intentar sacarme cosas como estas.
-Ya sabes por qué…
Ambos nos quedamos en silencio unos momentos, hasta que un llanto proveniente de mi habitación lo rompió.
-Esta conversación no acaba aquí, Sasuke.—dije mientras me iba incorporando, y me dirigía hacia la puerta.—Y al menos por un momento podrías salir de tu estado de zombie, e ir a abrazar a tu hijo.
Salí de su habitación cerrando la puerta tras de mí, y me dirigía hacia la mía. Al parecer solo necesitaba un cambio de pañales, que solucioné rápidamente gracias a que la señora Okuda en su última visita trajo unos paquetes, y algunas otras cosas como ropa para el bebé.
Pasé el resto del día en mi habitación. Solo salí para almorzar y cenar un poco, el resto estaba con mi pequeño.
Parecía tonta, pero esperaba y seguía esperando que Sasuke apareciese por mi puerta y viera a su hijo. Y la verdad, no le costaba tanto hacer un poco de esfuerzo, pero se mantenía impasible las semanas que transcurrieron tras el nacimiento de nuestro hijo. Pero lo que más me extrañaba es que, si se mostraba indiferente, no entendía por qué a veces lo pillaba observándonos. Pero cuando lo hacía, giraba rápidamente la cara y se marchaba de allí.
-Solo dale un poco de tiempo. —me dijo la señora Okuda mientras cargaba a mi bebé.
Hoy los señores Okuda nos habían hecho una visita, y nosotras nos encontrábamos en la sala tomando algo de té con unas pastas. Le conté la situación que estaba viviendo con Sasuke, y ella estaba tratando de convencerme de que eso cambiaría dentro de poco.
-Oiga señora Okuda, ¿de qué tenía que hablar su marido con Sasuke?
-Ah, eso…Pues verás, últimamente hemos sufrido unos robos de algunos asaltantes en los cultivos. No sabemos si son peligrosos o no, por eso Tenko quiere pedirle ayuda a Sasuke, para que le eche una mano con los demás del pueblo.
- ¿Deberás espera que acepte? —le dije mientras le ponía a mi bebé el chupete. Estaba bastante despierto, cuando a esta hora de la tarde siempre le entraba sueño.
-Bueno, últimamente Sasuke viene a casa a menudo para hablar con Tenko. —dijo mientras le hacía carantoñas al bebé. Yo me quedé algo confundida por lo que había dicho.—Así que tal vez sí acepte.
-Y…¿y sabe por casualidad de que hablan?.—le pregunté con bastante curiosidad.
-La verdad es que no losé, solo van a la parte de atrás donde tiene el taller y pasan allí la tarde….
-Ya veo.—Por lo que parecía tenía mucho tiempo para charlar con el señor Okuda y no le quedaba tiempo para nuestro hijo.
-Por cierto Sakura, pronto va a derretirse la nieve, y las mujeres del pueblo no hacen más que preguntarme por ti y por este niño tan guapo. Así que cuando eso pase bajo para que los vean.
-Claro. —le dije con una sonrisa.
Me giré al oí pasos acercarse hacia la sala, y ví al señor Okuda adentrarse en ella e ir hacia su esposa.
-Vaya, está más grande que la última vez.
- ¿Qué dices Tenko? Solo tiene unas pocas semanas. —le contradijo su esposa sin apartar la mirada de mi pequeño.
-Pues yo lo noto más grande….
Miré hacia la puerta, y me encontré a Sasuke recostado contra el marco. Me fijé en que estaba observando a los ancianos, aunque más bien era al pequeño a quien no le quitaba el ojo de encima.
-Oye Sakura.—dejé de fijarme en Sasuke, y me giré hacia la señora Okuda quien fue la que me llamó.-¿Ya tiene nombre el pequeño?
-No, aún no.—dije mirando a Sasuke de reojo.—Aunque he pensado en uno pero no sé si debería ponérselo….
-¿Y eso por qué? Deberías llamarle como quieras.
-Ya lo sé, pero no depende solo de mí. —dije fulminado a Sasuke con la mirada. Pero él solo me ignoró y se marchó de allí.
-No te preocupes Sakura, ya reaccionará…
-Ha tenido todo el tiempo de reaccionar señor Okuda. —dije mientras cogía a mi bebé que estaba en brazos de su esposa. —Y ya estoy harta de esperar….
Antes de que los ancianos se marchasen próximo el anochecer, el señor Okuda me informó de que Sasuke había aceptado ayudarle en la vigilancia del pueblo. Eso me hizo enfadarme aún más.
Así que, al día siguiente, como había acordado con el señor Okuda, Sasuke fue a ayudarle junto con otros aldeanos.
Mientras mi pequeño y yo pasamos el resto del día en casa. Deseaba que la nieve se derritiese de una vez para que pudiera bajar al pueblo. Ya estaba cansada de estar en casa…
Ya estaba anocheciendo, y tras de darle de comer a mi pequeño y acostarle en mi habitación, fui a la cocina para preparar la cena. Cuando en unos minutos de haber entrado, escuché unos ruidos en la entrada. Era característico en Sasuke no decir que ya estaba en casa cuando llegaba. Pero estaba vez era algo diferente.
Dejé lo que estaba haciendo, y agudicé un poco más el oído. Los ruidos eran extraños, así que me acerqué a la entrada de la cocina para asomarme al pasillo y ver quien había en la entrada. Pero cuando me asomé, me di cuenta de que allí no había nadie.
Me comenzó acelerar el corazón a mucha velocidad, y rápidamente sin hacer ruido volví a acercarme a la encimera y apoderarme de un cuchillo, posicionando la hoja en mi muñeca.
Salí de mi escondite sigilosamente, sin dejar de prestar atención a mis sentidos auditivos. Llegué a la mitad del pasillo cuando acabé aprisionada contra la pared de un fuerte empujón. Intenté de librarme de él con un puñetazo en su estómago, que resultó certero y así pude dirigirme a mi habitación para buscar a mi hijo y salir de allí mientras aquel sujeto que me atacó se retorcía en el suelo. Aunque sabía que no era el único que rondaba por allí.
Entré en mi dormitorio, y tras agarrar a mi pequeño salí por la puerta del jardín.
No me importó el frío doloroso que estaban sufriendo mis pies desnudos al correr sobre la nieve, solo quería salir de allí y poner a mi bebé a salvo. Me adentré en el bosque esperando así despistar a los que venían tras nosotros, pero de nuevo sentí que me derribaban y caía al suelo. Intenté incorporarme, pero algo o alguien me lo impedía y notaba como me arrebataba a mi hijo de mis brazos de un tirón.
Escuchaba como lloraba, y yo me estaba desesperando al no poder apartar al sujeto que me aprisionaba contra el suelo.
-Vaya, vaya, parece que hemos hecho una buena captura. —oí que decía una voz masculina grave, y pude ver a tres figuras oscuras. Una de ellas un poco rezagada sobándose el estómago y el que parecía que había hablado era el que tenía a mi hijo.
Volví a forcejear, pero el que me tenía prisionera me tenía bien sujeta.

-Oye jefe, parece que quiere jugar. —sentí su asqueroso aliento contra mi oído. -¿No es así pequeña?
Sentí como me manoseaba y lamía el cuello mientras me desgarraba las ropas. Con repugnancia le golpeé con una serie de patadas y golpes en los costados. Conseguí darle en la boca del estómago, e intenté incorporarme, pero volvió a tumbarme de un buen golpe en la cara. Volvió a desgarrarme la ropa, mientras que yo inútilmente seguía defendiéndome. Me tenía bien sujeta.
Estaba desesperada, y pronto mi forcejeo se volvió más débil. Me desgarró la camiseta de un tirón y aproveché para golpearle en su asquerosa cara, pero me sujetó las manos sobre mi cabeza. No podía más, no podía defenderme, lo único que podía hacer era gritar y oír a mi pequeño llorar mientras aquellos hombres se mofaban de la escena.
De repente sentí un tirón hacia arriba, y noté que la presencia de aquel asqueroso hombre ya no estaba.
El bosque se había vuelto oscuro, y solo se oía unos forcejeos y gritos mezclados con los gritos de mi hijo. Mi respiración era agitada, y mi corazón latía a mil por hora. No sabía lo que pasaba, pero estaba rezando para que mi hijo estuviera bien.
Los gritos cesaron, y de repente el bosque se fue iluminando poco a poco. Se oyeron algunos gritos que no sabía exactamente lo que decían, porque yo estaba más pendiente de la figura que iba apareciendo en la oscuridad frente a mí. Estaba a unos pocos pasos de mí, con el entrecejo fruncido mirándome. La claridad se hizo más intensa hasta el punto de molestarme un poco. Vi que alguien se le acercaba, y él le entregó a mi pequeño, para después acercarse a mí.
No podía apartar la mirada de él mientras se quitaba la parte de arriba de sus ropas y me la ponía sobre mis hombros, para después cogerme en brazos y comenzar a caminar. Yo solo me limité a recostarme contra su pecho y cerrar los ojos respirado con tranquilidad. Todo había pasado muy rápido, y gracias a Dios que había pasado sin causar nada grave.
Abrí los ojos, y parpadeé al tener la vista algo nublada, y me fijé que el techo que veía era el de mi habitación. Me incorporé con algo de dolor en los brazos, y me encontré con la oscura mirada de Sasuke. Le miré, pero me fijé en que tenía a mi bebé en brazos y me acerqué rápidamente a él preocupada.
Tenía los ojitos casi cerrados por el sueño, mientras se entretenía con el chupete. Respiré tranquila, estaba bien.
-No le ha pasado nada, pero tu deberías descansar. —levanté la vista para encontrarme de nuevo con la mirada de Sasuke.
No le respondí, solo me eché hacia atrás y me dediqué a observarle como hacía que el bebé agarrase con su pequeña mano su dedo índice. Me fijé en su rostro, que estaba iluminado por la tenue luz de un candelabro que estaba cerca de él. Y ví que sus facciones estaban relajadas, y sus labios casi formaban una pequeña sonrisa cálida.
Levantó la cabeza, y se fijó en que lo estaba observando, pero no dijo nada, solo se levantó y cruzó la habitación hasta el otro lado. Lo seguí con la mirada, y ví que dejaba a nuestro hijo en una cuna de madera. Una cuna que no recordaba que estuviese ahí.
-Sasuke, ¿de dónde…?
-Te he dicho que te duermas. —dijo arrodilladose y empujándome contra el futón.
No volví a contestarle, porque me miraba tan fijamente que casi me estaba hipnotizando. Sentí que me acariciaba cerca de los labios suavemente, pero aun así sentí algo de dolor en aquella parte. Era el lugar en donde aquel individuo me había golpeado.
Entonces ví que en el rostro de Sasuke se formaba una mueca mezclada entre irritación y preocupación. Iba preguntarle, pero él se me adelantó.
- ¿Llegó a hacerte algo?
-N-No. —le dije sorprendida. Pero lo que más me sorprendió fue la reacción que tuvo después.
Soltó un suspiro, y escondió su rostro en mi cuello. Al principio no supe qué hacer, pero pronto sentí que deslizaba y recorría mi cuello hacia arriba con la punta de su nariz, y pasaba por mi mejilla hasta llegar a mi nariz. Nos miramos por unos segundos a los ojos, hasta que me moví lo suficiente y junté mis labios con los suyos. Solo era una caricia, pero fue correspondida por él haciéndola más lenta y un poco más pronunciada. Enredé mis dedos en los cabellos de su nuca acercándolo más hacia mí, pero entonces escuché un ruido proveniente de la cuna, que hizo girarme al instante. Sentí que Sasuke se levantaba, y lo ví acercarse hasta la cuna quedando de espaldas hacia mí.
-Parece que solo está soñando—dijo mientras lo arropaba mejor. Sus movimientos eran bastante delicados y tiernos.
Sin quererlo, una sonrisa se me dibujó en el rostro al ver la escena. Jamás pensé ver al Sasuke de ahora en el papel de padre.
- ¿Has pensado que nombre vas a ponerle? —me preguntó de repente, aún sin volverse.
-Tal vez, si te parece bien—le dije, pero no conseguí respuesta por parte de él, así que continué. —Había pensado en llamarle Daisuke…
Seguía de espaldas sin decir ni una palabra.
-Sasuke….
-Si te gusta, así se llamará. Ahora ve a dormir—dijo sin más. Yo sonreí al comprobar lo atento y tierno que se comportaba de repente( aunque a su manera claro).
Me tumbé de costado dándole la espalda a él también, sin borrar la sonrisa de mis labios.
-Gracias por salvarnos en el bosque.—dije mientras cerraba los ojos.—Y por hacerle la cuna a Daisuke.
-¿Quién te ha dicho que la he hecho yo?.—preguntó tras estar unos segundos en silencio.
-La señora Okuda me dijo que ibas a visitar a su marido, y pasabas la tarde en su taller, así que llegué a la conclusión de que fuiste tu.
-¿Solo por eso?
-Bueno, por eso y porque en tu ropa sucia me encontré restos de madera lijada….
Esperé que dijese algo en su defensa, pero se quedó en silencio al darse cuenta que lo había pillado. Y la sonrisa que tenía en mis labios se ensanchó un poco más.
-Buenas noches, Sasuke.