Estaba tumbada boca abajo, en el suelo de la sala bajo los rayos de sol de la tarde que entraban por la puerta corrediza del jardín, mientras le echaba un vistazo a un libro de plantas medicinales.

Me encontraba tan relajada, no tenía ganas de hacer absolutamente nada, solo quería estar allí acostada leyendo y comiéndome las pastas que estaban a mi lado. Parece que la Primavera me estaba afectando volviéndome realmente vaga….

Levanté la vista del libro un momento, para ver como por el pasillo se perdían unos diminutos pies. Suspiré profundamente, y con pesadez me levanté para salir por la puerta de la sala e ir en busca del dueño de esa rebelde mata de pelo oscura y ojos verdes inocentes.

De repente se detuvo en su gateo, obligándome a mi también a parar a una cierta distancia de él. Giró su rostro redondeado de infante hacia mi, observándome con sus ojos llenos de inocencia, para luego parapadear varias veces.

―No te muevas...

Pero antes de que hubiese acabado la frase salió disparado gateando para más tarde incorporarse y salir corriendo hacia la entrada de la casa.

―¡Para, Daisuke!

Rápidamente corrí tras él para detenerlo, después de que hubiese logrado abrir la puerta y salir al exterior. No podía creer la distancia que me había sacado ya…

Entonces, de la nada, vi que Sasuke se interponía en su camino agarrándolo del filo del pantalón y acercándolo a su rostro mientras fruncía el ceño.

―¿Cuántas veces piensas dejar que se te escape?.―dijo con tono arrogante mientras me acercaba a él y recuperaba un poco el aliento.―Esta es la tercera vez esta semana…

Yo le ignoré, y le presté más atención a coger a mi hijo del agarre de su padre para cargarlo en mis brazos y llevarlo de nuevo hacia el interior de la casa.

―Sé un buen chico, Daisuke.¿Qué pasa si te pierdes en el bosque?

Llegamos a la cocina, y senté a Daisuke en su trona junto a la encimera, donde siempre lo colocaba mientras hacía la cena para tenerlo vigilado. Porque ya me estaba quedando bastante claro que la cuna la quería menos cada día, no hacía más que escaparse de ella…

Para tener unos 16 meses, Daisuke ya era bastante despierto para entender ciertas cosas.

―¿Te portarás bien?.―le pregunté, para solo recibir un confuso asentimiento por su parte. A pesar de ser un bebé inteligente y espabilado, no dejaba de ser eso, un bebé.

Daisuke había sacado el color de mis ojos, pero por todo lo demás era muy parecido a su padre, aunque su cabello estubiese bastante alborotado. Por otro lado, era un bebé bastante callado, ya sabía pronunciar alguna que otra palabra, pero era raro oirle mencionar algo que no fuese mamá.

Daisuke pasaba casi las veinticuatro horas del día conmigo, desde por la mañana que nos levantábamos y nos íbamos al pueblo, hasta la hora de dormir. También pasaba algún rato con los señores Okuda, ahora que no tenía ningún problema por el embarazo, la señora Okuda me ofreció ser su ayudante, y aunque le decía que no necesitaba nada de dinero y que solo lo hacía para salir de la casa y mantenerme ocupada, ella insistió en darme por lo menos una pequeña cantidad que tuve que aceptar a regañadientes.

Empecé a preparar la cena, mientras oía el débil traqueteo de Daisuke al golpear con los pies su trona y se distraía jugando con una cuchara. Aún no sabía qué encontraba de divertido en ella, pero si así lo mantenía ocupado y no le daba de nuevo por escabullirse... Y eso que no era un chico travieso e hiperactivo, sino todo lo contrario, más bien era calmado y un poco curioso a descubrir más cosas del exterior. Cada vez que bajábamos al pueblo cada cosa que veía la señalaba para que le respondiera qué era y cómo se llamaba.

Tras llevar las cosas para la cena en la mesa de la sala, bajé a Daisuke de su trona para dejarlo a gatas en el suelo. Entró delante de mi a la sala, y vi que Sasuke ya estaba sentado a la mesa.

No alzó la mirada al notar nuestra presencia, sino que siguió comiendo como si nada, aunque nosé por qué espero que haga lo contrario. Estaba claro que mi intento de hacer que Sasuke abriese un poco su corazón había sido un verdadero fracaso.

Después del nacimiento de Daisuke, y de que de su parte saliese ese gesto cariñoso y paterno de hacerle una cuna a su hijo, lo poco que llegó a ver la luz el otro lado gentil de Sasuke desapareció fugazmente. De nuevo volvió a marcharse a quien sabe donde, y a su regreso comenzó su rutina diaria. Se levantaba muy temprano en la mañana, creo que ni siquiera le daba tiempo a que saliera el Sol, para después salir por la puerta y verle por la tarde o casi caída la noche para tomar un baño, cenar y encerrarse en su habitación. No había día en que no rompiera ese circuito que el mismo parecía haberse impuesto a cumplir a rajatabla.

Cuando ya acabamos de cenar y de retirar las cosas, me quedé en la sala junto a Daisuke. Estaba muy entretenido jugando con sus piezas de madera.

―Mamá.

Me sobresalté un poco al oír su voz de repente, y ví que me miraba mientras tenía su mano extendida hacía mi con una pieza en forma triángular.

―¿Es para mi?.―le pregunté agarrando la pieza de su pequeña mano. Y entonces ví que desviaba su mirada y la dirigía hacia un lado mientras señalaba varias piezas rectángulares horizontalmente colocadas, y unas triángulares como las que yo tenía en mi mano se encontraban sobre ellas, dándole una forma de casas en miniatura.―¿Quieres que la ponga yo?

No obtuve respuesta, pero sabía que era lo que quería. Así que coloqué la pieza en el lugar en el que faltaba.

Me giré hacia él para ver su reacción, pero no apartaba la mirada de aquella pieza. Entonces de repente se levantó del lugar donde estaba sentado, y tiró todas las piezas que estaban de pie que él había formado junto con la que él me había pedido que terminase.

Iba a preguntarle por qué lo había hecho, pero ví que empujaba cada pieza que encontraba a su paso hacia mi.

Cuando las hubo acercado todas, cogió dos de ellas, y una me la entregó a mi, para luego colocarse entre mis piernas y sentarse apoyando su espalda en mi vientre.

No pude reprimir el deseo de inclinarme hacia delante y abrazar su pequeño cuerpo.

Quería que jugase con él.

―Casa.―dijo volviendo a señalar la figura.

―Sí, es una casa.―le dije con una sonrisa.

Oí unos pasos tras la puerta del jardín, y ví a Sasuke apoyado en el marco de ella. Iba a ignorarle como siempre

pero no pude al oír su voz.

―¿Iras al pueblo mañana?

―Voy todos los días al fin y al cabo,¿por qué?.―le pregunté dirigiendo de nuevo mi atención a colocar las piezas.

―Compra algo de sake.

―¿Y por qué no vas tu?―le pregunté con el ceño fruncido. No me gustaba que bebiese.―No voy a comprártelo.

Oí cómo chasqueaba la lengua, y como el sonido de sus pasos se perdían para dirigirse de nuevo a su habitación.

Entonces me di cuenta de que ya era un poco tarde para que Daisuke aún estuviera despierto, así que lo cogí en brazos y lo llevé hasta la habitación donde dormíamos juntos.

Tras cambiarle y ponerle su pequeño pijama, lo acosté arropándolo en su cuna. No pasó mucho tiempo hasta que cerró los ojos y se quedó dormido. Le di un beso en la frente de buenas noches, para luego ir hacia el armario para cambiarme e irme yo también a la cama.

―¿Por qué no me comprarás sake?

Me sobresalté al oír su voz rompiendo el silencio de la habitación, y de reojo ví que se encontraba apoyado en el marco de la puerta.

―¿Sabes?, la puerta no va a caerse…

―Responde a mi pregunta.―me cortó tanjante.

―No me gusta que bebas, eso es todo.―le respondí sin más, mientras seguía en mi proceso de desvestirme para cambiarme.

―Mmph.―respondió con su singular monosílabo.―Creo recordar que tampoco te gustaba desnudarte delante de mi.

―Y yo creo recordar que nunca me he desnudado frente a ti consentidamente, sino que cierto troglodita me arrancaba la ropa mientras intentaba defenderme como podía de ser violada por él.―dije acabando de ajustarme la camiseta del pijama y volverme para llegar junto al futón. Pero antes de que me diese cuenta, estaba sintiendo su respiración chocar contra mi nuca. Así que intenté darme la vuelta para empujarlo y apartarlo de mi, pero Sasuke fue mucho más rápido, y acabé siendo yo la empujada y presionada boca abajo sobre el futón.

―Sigues siendo demasiado lenta.―me estaba susurrando al oído, mientras sujetaba mis brazos en mi espalda con fuerza y echaba el peso de su cuerpo en mí para que no pudiera escapar ni forcejear.―Y déjame refrescarte la memoria, porque creo que te olvidas de la parte en la que me suplicabas y gozabas de que…

―¡Cállate!

―¿Qué pasa, no te gusta oír la verdad?.―intenté quitarmelo de encima como podía, pero su agarre era demasiado fuerte.

No sabía a lo que venía todo esto tan de repente. Lo más cerca que hemos estado es a la hora de la cena y había una cierta distancia. Y ahora se me echaba encima y empezaba a comportarse de este modo…

―Sé muy bien cual es la verdad, no hace falta que me lo recuerdes…

―Mmph.―sentí que el agarre y el peso de su cuerpo contra el mío desaparecía de repente.―Cómprame el sake mañana.

Y tras decir aquello, salió cerrando la puerta tras de si.

A la mañana siguiente me levanté con unas ligeras marcas oscuras bajo los ojos de no haber podido dormir muy bien, ya que no cesé de dar vueltas en la cama durante toda la noche.

Después de desayunar bajé al pueblo junto a Daisuke, el cual no se enteró de nada de lo de ayer al estar profundamente dormido.

―Buenos días, señora Okuda.―toqué antes de entrar a la casa para encontrarme a la anciana doblando unas

sábanas junto a la mesa.

―Buenos días, Sakura y a ti también Daisuke.―se acercó hasta nosotros y le di a Daisuke para que lo cargara en brazos, así que yo aproveché para dejarme caer pesadamente sobre una de las sillas.―Pareces cansada,¿estas bien?

―No he dormido muy bien… Ví que la anciana se sentaba frente a mi aún con Daisuke en sus brazos.

―¿Habeis discutido otra vez?.―lo único que hice fue recostarme sobre la mesa y mirar hacia otro lado, pero para la señora Okuda fue una afirmación de que había dado en el clavo.―Creí que ya no os hablábais…

―¡Y no lo hacemos, pero cada vez que abre la boca me desquicia y me dan ganas de largarme!.―alcé un poco la vista para encontrarme con unos pequeños ojos como los míos.―Pero, Daisuke aún es muy pequeño como para llevármelo de viaje sin saber a donde ir.

―Sakura ya sabes que…

―Se lo agradezco señora Okuda, pero dudo que Sasuke se mantenga de brazos cruzados mientras viva aquí, además tampoco quiero molestarles.―ya había perdido la cuenta de tantas veces que me había propuesto que fuera a vivir con ellos, pero aunque quisiera no podría…

―No digas eso, tu no nos molestas, Sakura.

Volví a recostarme en la mesa. Estaba muy agradecida a la señora Okuda, si no fuera por ella y por su marido no sabría que habría hecho.

―Oye Sakura,¿por qué no te tomas el día libre?

―¿Qué?.―alcé de nuevo la vista pero esta vez la posé sobre la anciana, la cual me devolvía la mirada junto a una cálida sonrisa.

―Ya me has oído. Date una vuelta por ahí con Daisuke, hace un día estupendo para que juegue con los demás chicos.

―Pero el trabajo…

―Venga, venga.―se levantó de golpe y cuando estubo a mi lado me empujó consiguiendo levantarme y conducirme hasta la puerta.―Olvídate del trabajo y pasa un día agradable con tu hijo.

Me entregó a Daisuke después de darme un último empuje y salir a la calle.

―No quiero verte por aquí en todo el día.―y tras decir aquello, cerró la puerta con un golpe seco.

Miré a Daisuke que no apartaba su vista de la puerta que la señora Okuda acababa de cerrar. Suspiré, y resignada comencé a andar sin destino fijo, aunque quizas fuera al prado que había bordeando al pueblo. Allí siempre se encontraban los niños jugando, y ya había llevado muchas veces a Daisuke cuando terminaba antes el trabajo. Y aparte de los niños, se encontraban sus respectibas madres, un poco más mayores que yo aunque también había varios grupos de chicas de mi edad, pero ellas, aunque a veces jugaban con los más pequeños, solo iban para hablar o coquetear con los chicos que pasaban por allí o con los que ayudaban a sus padres con los cultivos o cualquier trabajo que desempeñasen.

Llegué allí, y observé un mar verde con diferentes tonos de colores de los pétalos de las flores que había por ahí.

Encontré un lugar con sombra debajo de un gran árbol, y nos sentamos allí. Es verdad que Daisuke tiene que jugar y darle el sol, pero no era bueno que lo hiciese en exceso, aún era un bebé y no era muy bueno para su piel.

Daisuke se sentó frente a mi jugando y arrancando flores para después depositarlas sobre mi regazo, mientras que yo las iba recogiendo y trenzando para formar una corona de flores.

―¡Sakura!

Miré en la dirección donde escuché que pronunciaban mi nombre, y vi que se acercaban a donde nos encontrábamos un grupo de mujeres del pueblo y a las que conocía.

―¿Hoy no trabajas?

―La señora Okuda me ha dado el día libre.―le respondí.

Todas ellas eran estupendas, me ayudaron mucho y les encantaba Daisuke, tanto que las que tenían niñas cerca de su edad pensaban en que sería genial que comprometiéramos a los pequeños.

Al poco rato se acercaron algunas chicas para saludarnos y conversar un poco mientras se entretenían trenzando flores y colcándoselas a las pequeñas niñas como si fueran princesas, mientras que algunos niños no paraban de gatear de aquí para allá o algunos se dedicaban a deshacer las coronas que llevaban las pequeñas.

Estaba tan absorta conversando que no me percaté de que Daisuke se había ido un poco más lejos hasta casi llegar a la valla del pueblo donde un poco más hacia allá se encontraban los cultivos. Corrí hasta donde se encontraba y lo traje de vuelta en brazos, aún sin que él quisiera. Eso me resultó bastante extraño, ya que Daisuke era muy obediente y no se irritaba por algo así, pero no paraba de decir y de señalar con el dedo hacia una

dirección donde había gente pasando: "Mamá casa, casa".

No le presté demasiada atención, pero es verdad que últimamente no tenía otra palabra en la boca que no fuera

casa, y a veces cuando paseábamos lo murmuraba, pero era muy común que los niños pequeños pronunciaran lo

que veían y lo señalasen.

―Que extraño que Daisuke esté tan revoltoso.―dijo una de las madres, mientras yo intentaba calmarlo un poco.

―Si…

Llegó el medio día, y tras acordar que haríamos una especie de picnic entre todas, pasamos la tarde entre risas y charlas muy animadas y anecdóticas.

De vez en cuando le echaba una mirada a Daisuke, pero no se movía del lugar donde estaba, sentado en la hierba apartado de los demás niños y con la vista pérdida hacia el pueblo. Estaba empezando a preocuparme…

―¡No!

Oí la voz de Daisuke y ví que estaba forcejeando con otro niño un poco más mayor que él, por lo que me levanté rápidamente y separales.

―¡Basta, Daisuke!

―¡Ryo!

La madre del otro chico también vino a separarles, y tras hacerlo Daisuke seguía forcejeando violentamente entre mis brazos.

―¿Qué te pasa Ryo, no ves que es más pequeño que tú?

―¡Pero no paraba de decir que ESTO era su "mamá"!.―ví lo que Ryo le mostraba a su madre y lo reconocí de inmediato. Era una de las piezas de madera de Daisuke.―¿Por qué tiene que decir cosas extrañas?

―¿No te das cuenta de que es muy pequeño y no sabe lo que dice?―le regañó su madre antes de quitarle la pieza y extendermela hacia mi.―Lo siento mucho, Sakura.

―N-No te preocupes…

―Pídele disculpas, Ryo.

―Perdón.―se disculpó con la cabeza gacha.

―Tranquilo, Ryo.―le respondí sonriédole y devolviéndole la pieza a Daisuke, que al instante se calmó.―Será mejor que nos vayamos, ya se está haciendo tarde.

Me despedí de todas ellas para después adentrarme de nuevo en el pueblo para poder subir la colina que nos llevaría a casa.

Lo estube observando en el viaje, y no despegaba su mirada de aquella pieza rectángular. No entendía por qué reaccionaba así por una simple pieza de madera, pero lo que estaba claro es que tendría algo muy importante para él. Puede que fuera porque es su juguete favorito, ya que los otros no los tocaba apenas, solo jugaba con aquellas

piezas. Pero ahora que lo pensaba, desde que le dio por decir casa no había construido con ellas otra cosa que no fuera eso.

―Casa.

Cuando ya casi estábamos por subir la colina, Daisuke volvió a mencionarlo. Lo observé, y seguí su mirada hasta encontrarme tres personas sentadas en la hierba. Eran un hombre y una mujer, que reían muy animadamente mientras escuchaban lo que les contaba su hijo emocionado sentado entre ellos dos.

Sin entenderlo volví a mirar a Daisuke que no despegaba la vista de ellos. Entonces me fijé en la pieza que llevaba entre sus manos, la cual, según Ryo había llamado "mamá" . Y de nuevo miré hacia aquellas personas, las cuales se habían levantado y agarrando la mano de su hijo fueron en dirección al pueblo.

Entonces mi mente empezó a procesar lo que había ocurrido ese día y el momento de anoche. Sentí un nudo en la garganta al darme cuenta de lo que Daisuke estaba intentando decir…

Observé a aquellas personas que se alejaban, y ví en mi cabeza la pieza rectángular que sería la madre, la otra igual al lado de ella el padre, y la triangular en medio de ambas sostenida por ellas el hijo. Lo que Daisuke estaba intentando decir con la palabra "casa" en realidad era familia. Nos había representado en forma de piezas…

Unas lágrimas que había estado reteniendo salieron a la superficie deslizándose por mis mejillas produciendo que el nudo de mi garganta se incrementara mucho más.

―Lo siento, Daisuke.―abracé a mi pequeño sabiendo que el calor que él buscaba no sería comparable con el que yo estaba totalmente dispuesta a darle. Quiera o no siempre notará que algo le falta, y lo más duro es que lo que busca está tan cerca de él, que no se da cuenta de que en realidad se lo estan negando…

Llegamos a casa casi caída la noche, y me di cuenta de que las luces estaban encendidas, por lo que Sasuke ya debía haber regresado. Entré y me dirigí hacia el baño, necesitaba quitarme el frío y la mala sensación que sentía en el cuerpo.

Tras darnos un largo rato de relajación bañándonos, dejé a Daisuke en la sala para que jugase un poco mientras yo hacía la cena, pero no conté con que Sasuke estubiese fuera de su habitación.

―Por lo que veo no has traído el sake, lo suponía.―estaba sentado cerca de la puerta del jardín que se encontraba abierta, y me fijé en que tenía las mejillas algo sonrojadas, cosa que me extrañó considerablemente.

―Supones bien.

Fui a la cocina a preparar la cena, pensando en que tal vez no debería haber dejado a Daisuke con Sasuke y que debía traerlo conmigo, pero no entiendo por qué pensaba de esa manera. Tal vez porque quiero protegerle del rechazo de su padre, o porque simplemente no quiero que lo mucho que ya se parece a él físicamente no quería que se similaran también en caracteres, que tal vez sea una mala influencia para él…

Llevé la cena a la sala y senté a Daisuke junto a mi sin dirigirle la mirada a Sasuke. Pero durante la cena no pude pasar por alto que algo no iba como siempre. Sus movimientos eran lentos, y por no decir algo torpes, parecía que le costaba mucho poder moverse. Y su frente estaba un poco humedecida por el sudor, y junto a ese pequeño rubor en las mejillas diría que podría tener algo de fiebre.

―¿Por qué no me has traído el sake como te dije?.―me dijo entre dientes después de que yo regresara de la cocina de lavar los platos, y me lo encontré recostado de lado contra la pared con el rostro bañado en sudor y temblando un poco.

―Si tanto lo necesitas, haber ido tu…

―¡Te lo pedí a ti!.―lo ví estremecerse y mostrar una pequeña mueca de dolor.

―Las cosas se piden por favor y no de la manera en la que tú lo hiciste.―me incliné para coger a Daisuke en

brazos para llevarlo a la habitación y acostarlo.

―¡No me jodas, Sakura!

―Tranquilo, que ha eso no te gana nadie.―y tras decir aquello cerré la puerta. No tenía ganas de escucharle con el humor de perros que tenía ahora.

Dejé a Daisuke en la cuna, mientras yo me ponía el pijama oí unos pasos pesados en el pasillo y que entraban en la habitación, y no pude hacer otra cosa que suspirar cansinamente.

―¿Te crees que puedes irte así…?

―Sasuke,¿qué quieres?.―le dije tanjantemente encarándolo con los brazos cruzados sobre mi pecho.

―No quiero nada de ti,¿qué te hace pensar lo contrario?

―Has venido a mi habitación a pesar de que casi no puedes moverte por el dolor y la fiebre alta que tienes.―le contraataqué acercándome a él.

―No sabes lo que dices…

―¿A no?.―extendí un brazo hasta su pecho, y con un solo toque de mi dedo índice hice que cayera sobre el futón mientras que aullaba y se retorcía de dolor.―¿Por qué no me pides que te ayude si eso es lo que quieres?

―¡Cállate!

―Para eso me dijiste que comprara el sake, para hacerte el dolor más llevadero…

―¡QUE TE CALLES!

Hubo un enorme silencio en la habitación, en la cual solo se oía la agitada respiración de Sasuke junto al sonido de el roce de las sábanas al removerse.

Lo observé ahí, con la mandíbula apretada para no dejar escapar ningún gemido de dolor mientras arrugaba la tela bajo suya en sus puños. Se veía tan indefenso así…

Estaba realmente loca por lo que iba a hacer.

Salí de la habitación y llegué a la cocina, donde alcancé en unos muebles de abajo un botiquín de emergencia.

Suspiré, de verdad que estaba realmente loca.

Volví a la habitación, encontrándome con un Sasuke en un intento en vano de levantarse, por lo que me arrodillé junto a él y lo eché de nuevo hacia atrás, para luego comenzar a rajarle con unas tijeras la camiseta oscura que llevaba mientras ignoraba sus quejas, las cuales no eran demasiadas.

Me fijé que su torso estaba vendado de forma inexperta y torpe, por lo que supuse que lo habría hecho él mismo.

En su costado izquierdo había rastros de sangre seca, así que no esperé más a rajar también las vendas y darme cuenta de que la herida que tenía estaba empezando a infectarse.

―¿Cómo te has hecho esto?.―le pregunté mientras le echaba un vistazo a la herida para comprobar si era demasiado profunda, aunque si lo fuese no habría aguantado demasiado.

―¿Qué importa?

―Si quieres que te cure deberás decirme…

―¡No te he pedido que me ayudes!

Volvió a temblar de dolor, y yo lo fulminé con la mirada al comportarse de esa manera tan arrogante y estúpida que no me contube en apretar sobre su herida.

―¿¡Qué haces, bruta!.―aulló de dolor mientras volvía a retorcerse.

―¡No me importa en lo más mínimo cómo te has hecho esto, tu sabrás si quieres que te trate o no, pero te digo que de aquí no durarás ni una semana!

Estaba furiosa con él. Encima de que estaba haciendo el esfuerzo por ayudarlo en vez de abandonarlo a su suerte y que en cualquier momento estirase la pata el muy desagradecido me reprochaba. Me miró con rabia durante unos momentos, en los cuales yo sostuve su oscura mirada hasta que él mismo deshizo nuestro contacto visual girando su rostro hacia un lado.

―Kunai…

Fue tan poco audible su susurro que me costó poder oírle aún estando a su lado.

Comencé a limpiarle la herida que no tenía muy buen aspecto, y la verdad es que dudaba que llegara tan solo a durar una semana. Al verla mucho mejor al recostarlo del lado bueno, pude apreciar que con un poco de suerte podría llegar al tercer día si no moría a causa de una fiebre alta por la infección. No sé en qué estaría pensando. Si no quería mi ayuda por lo menos podría haber ido a ver a la señora Okuda y dejar que lo curase ella misma en vez de dejarse esto como estaba.

Mientras lo trataba no paraba de temblar y de hundir el rostro contra la almohada para ahogar los sonidos que salían de su boca expresando el dolor que sentía en ese momento.

Cuando acabé de cerrarle la herida costosamente y de vendarle, lo dejé recostado boca arriba con la respiración jadeante mientras descansaba. Cogí el botiquín recogiendo las gasas y demás utensilios con la sangre de Sasuke impregnada en ellos, para llevármelos a la cocina para deshacerme de estos y guardar el malentín en su lugar.

Mientras limpiaba mis manos pensé que Sasuke no podría ser tan torpe como para clavarse su propio kunai, y menos aún de esa manera…por lo que donde quiera que vaya durante todo el día debía de haberse metido en algún lío o algo así.

Regresé a la habitación con un cuenco lleno de agua y un paño para refrescarle y conseguir bajarle la fiebre. Si

pasaba de esta noche y del día de mañana, no tendría problemas para recuperarse.

Tenía los ojos cerrados, en su frente algunos cabellos humedecidos al estar en contacto con el sudor, pero los aparté un poco para colocar el paño refrescado con el agua. Su pecho no paraba de subir y bajar agitadamente, y en su rostro alguna que otra vez se formaba una mueca de dolor al moverse inconscientemente al temblar de frío.

Pasaría una mala noche, bueno, pasaríamos mejor dicho. Yo me estaba cayendo de sueño, que en cualquier momento me descoyuntaría el cuello de una cabezada.

No sabía cuanto tiempo llevaba ahí sentada mirándole y secando el sudor, pero cada vez los ojos me pesaban mucho más…

Había cerrado los ojos sin darme cuenta y los abrí desorientada. No me encontraba sentada, sino tumbada de lado con el rostro de Sasuke a unos centímetros del mío. Me sobresalté por aquella proximidad tan repentina, y sentí que mis mejillas empezaban ha arder.

Pensé que me había dormido un momento, pero me dí cuenta de que estaba bajo las sábanas, y eso no podría

haberlo conseguido mientras estuviera dormida. Entonces miré de nuevo hacia Sasuke, y me topé con su oscura mirada que me observaba con ojos vidriosos a causa de la fiebre.

Se veía un poco más relajado, y por una extraña razón su mirada no me parecía fría y vacía como antes. Tenía algo que me producía sentir calidez en mi interior y que no quisiera apartar mis ojos de los suyos. No sabía como describirlo, porque ni yo misma sabía lo que era exactamente, pero me gustaba esta sensación, me gustaba que esos ojos me mirasen de esa manera… me gustaba Sasuke…

Sabía que era un error, y por ello me había obligado a mi misma a enterrar los sentimientos que sentía por él, y solo me centraría en cuidar a nuestro hijo para que no le faltase de nada y hacerme más fuerte. Y con tan solo una mirada, una simple mirada había bastado para derribar todo lo que llevaba construyendo desde hacía meses para que esos dolorosos sentimientos no volviesen a ver de nuevo la luz.

―¿Por qué me haces esto?.―dejé escarpar unas lágrimas sin importarme que él me viese, me daba igual.―Eres muy injusto y egoísta. No sabes el daño que me haces comportándote de esta manera para que luego vuelvas a ser el Sasuke frío y distante de siempre. Cuando dí a luz también me hiciste lo mismo.

No apartó su mirada tras haberme quedado en silencio después de decirle todo aquello. La verdad que esperaba que no dijese nada y que solo se limitase a volver a cerrar los ojos ignorándome, pero no fue que hablase lo que me sorprendió, sino lo que quiso decir.

―Si tanto daño te causo, esta era la oportunidad perfecta para acabar con ese sufrimiento y dejarme a mi suerte mientras escapabas de aquí.

Ni siquiera se me pasó por la cabeza barajar esa posibilidad, ni me veía haciéndolo si quiera. Estaba más preocupada en curarle que en otra cosa, nada aparte de eso me cruzó por la mente en ese instante.

―¿Por qué lo has hecho?

Buena pregunta, ni yo misma sabía por qué. Pero quizás es que aunque me negara y lo reprimiera, una parte de mi no estaba dispuesta a dejarle morir, y solo actué inconscientemente por voluntad de aquel pedazo que se resistía a desaparecer por más que yo deseara.

―No te entiendo. Estos últimos meses te he dejado infinidad de ocasiones para que desaparecieras, y lo único que

te importaba era llegar a casa para hacer la cena, no solo para ti o para el bebé, sino para mí también,¿por qué te preocupas por mi si lo único que hago es causarte dolor?

No sabía qué contestarle. Sus palabras estaban comenzando ha afectarme, produciendo que reviviese a cámara rápida todos estos meses que habíamos vivido. Y me dí cuenta, de que aunque no hablásemos el uno con el otro o con las veces que discutíamos, mis ojos le seguían, lo observaban por donde quiera que iba sin siquiera darme cuenta. Y no fui consciente de ello hasta ahora, de que había dejado que mi vida girase entorno a él. Me atraía como un imán sin percatarme de ello, como un agujero oscuro que lentamente te va engullendo hasta que llega un momento en que te das cuenta de que no puedes escapar. No llegué a pensar que esto podría pasar, porque si lo piensas, es ilógico. Es ilógico que ocurriese esto con una persona que no cruza ni tres palabras seguidas contigo, que se abstenga de relacionarse con su propio hijo o que simplemente los rechace a ambos. Por alguien así no merecía la pena esforzarse. Pero como bien ha dicho, le preparaba la cena, lavaba su ropa… cosas insignificantes que no tendría por qué hacerlas, pero era el caso contrario. Puede que lo hiciese simplemente para sentirme más cercana a él…

―No puedo entender que te importe tanto como para que olvides tu propia libertad.

―Tu tienes la culpa de todo.―giré dándole la espalda y cerré los ojos con fuerza en un intento de frenar las lágrimas que no paraban de descender.

Era lo único que había conseguido responderle.

Pasaron los días, y Sasuke iba recuperándose mientras seguía recostado en mi habitación. Habíamos recibido la visita de la señora Okuda, que estaba un poco preocupada al ver que no bajaba al pueblo. No podía dejar a

Daisuke solo con Sasuke, porque era incapaz de moverse.

Después de la conversación que mantubimos aquella noche, sentía que mi cabeza no estaba en lo que tenía y

debía estar. Me encontraba muy ausente y distraída pensando en todo aquello. Y el hecho de que Sasuke y yo

durmiéramos juntos por las circunstancias no ayudaba mucho.

―Pronto podrás moverte con normalidad.

Estábamos en la habitación para cambiarle las vendas por otras limpias. Y aunque ya podía incorporarse, no

debería hacer ningún movimiento brusco por precaución a que se le vuelviera a abrir la herida hasta un poco más

de tiempo.

―Estoy harto de estar aquí sin hacer nada.

―Tendrás que aguantar un poco más. Ten, tómatelo.―le entregué el pequeño sobre que contenía la medicina que

debía tomarse, la cual odiaba porque el sabor era poco delicioso.―¿Podrás aguantar tu malhumor mientras hago algo de comer?

―Tsk…―suspiré profundamente antes de incorporarme y salir de la habitación mientras él se tomaba el medicamento.

Era ya pasado el mediodía, y acababa de levantarse. Pensé que dormiría un poco más, por lo que no le preparé nada cuando hice el almuerzo.

Cuando terminé de hacerle la comida regresé al cuarto encontrándomelo en la misma posición en la que me fui.

Iba a entregarle la bandeja con el cuenco de arroz que le había preparado, pero me llamó la atención que estaba observando algo que tenía en su mano derecha. Me fijé en que era una de las piezas de madera de Daisuke, las cuales estaban esparcidas en el espacio que separaba la cuna del futón. Por lo que habría estado jugando antes mientras Sasuke dormía.

―Le gusta jugar con estas piezas.―le dije mientras hacía la bandeja a un lado para arrodillarme a su lado.―Que

raro, normalmente las suele guardar después de jugar con ellas,¿dónde se habrá metido?

Tan pronto como dije aquello, un bulto comenzó a removerse bajo las sábanas y ascender para dejar ver una revoltosa cabellera azabache y unos pequeños ojos verdes somnolientos.

―Mamá.―dijo con voz adormilada mientras bostezaba y se restregaba los ojitos con sus diminutas manos.

―¿Te has quedado ahí dormido?.―lo cogí en brazos para sentarlo sobre mi regazo, pero de repente se deshizo de mi abrazo para llegar gateando y sentarse junto a Sasuke, el cual lo observaba con el entrecejo un poco fruncido.

Al tenerlo de espaldas a mi no pude ver que es lo que le sucedía, pero al poco rato se incorporó para después acercarse e inclinarse ha recoger unas de las piezas derramadas por el suelo de la habitación. Volvió a sentarse

en el lugar donde estaba, para luego quitarle de la mano de Sasuke la pieza triangular que él poseía sustituyéndola por una rectangular que había recogido. Se volvió hacia mi, y me extendió otra igual a la de Sasuke, quedándose él con la triangular que momentos antes tenía su padre.

Nos miró a cada uno antes de fijar su mirada en su pieza, y sonreír como nunca antes lo había visto hacer.

―¡Casa!

Lo veía feliz. Feliz de tener lo que llevaba tiempo intentando encontrar. Era la primera vez que veía a Daisuke de esa manera. La primera vez que estaba tan cerca de su padre desde que nació.

Sonreí al verle tan contento.

Tras llegar la tarde, Daisuke y yo salimos al jardín a jugar, se notaba que estaba de muy buen humor, y eso me hacía feliz. Nunca había sido capaz de acercarse a su padre hasta ahora. El cual, no paró de observarnos desde la habitación en toda la tarde.

No dijo nada después de la reacción de Daisuke, pero estaba segura de que no lo pasó por alto. Aún sostenía en su mano la pieza que su hijo le había entregado, y eso debía significar algo.

Al acabar de cenar Daisuke se escabulló bajo las sábanas del futón recostándose junto a Sasuke, el cual miró al pequeño con algo de confusión por la acción que había hecho. Estaba irreconocible. Tenía un brillo particular en los ojos y un toque de rubor en sus mejillas, además de que no paraba de sonreír y de aferrarse a su pieza de madera.

Me recosté a su lado devolviéndole la sonrisa que conseguía contagiarme.

No hubo ninguna queja por parte de Sasuke al dejar a Daisuke dormir entre los dos, y solo se limitó a cerrar los ojos tras haber apagado la luz. No pasó mucho tiempo desde entonces que Daisuke cayó en un profundo sueño, el cual yo me aseguraba de que nada lo interrumpiera mientras acariciaba sus cabecita alborotada.

―¿Qué significaba todo aquello?.―oí la voz de Sasuke susurrando en la oscuridad, aunque si bien me lo estaba preguntando a mi parecía que lo estuviera haciendo con él mismo.

―¿Te refieres lo de Daisuke?.―No obtuve su respuesta, pero estaba claro que era a eso a lo que se refería.―Hace poco me di cuenta de que estaba muy empeñado en construir casitas con esas piezas…

―¿Por qué?

―Porque Daisuke ha llegado ha asociar la palabra casa con familia. Hace tiempo que llevaba haciéndolo, pero me percaté de ello hasta hace unos días.―estaba algo sorprendida de que Sasuke me estuviera preguntando esto

directamente.―Relaciona cada pieza con cada miembro que forma una familia, dándoles la forma de una casa.

Las rectangulares sostienen a la pequeña triangular, que sería el tejado de un hogar con una familia, la cual sostiene y mantiene a su hijo. Aún no entiendo como un niño tan pequeño ha podido llegar a una conclusión así.

Me gustaría poder ver el rostro de Sasuke tras haberle contado todo esto, porque no volvió a decir nada más. Pero por alguna razón no me atrevía a alzar la vista del rostro de mi pequeño durmiente. Aún así quise decirle una última cosa antes de que el sueño se apoderase de mi.

―Sé que quizás no le des demasiada importancia, pero estoy segura que Daisuke quiere que conserves esa figura.

Después de mencionarle aquello cerré mis ojos sumergiéndome en un profundo sueño.

Volvieron a pasar los días, y notaba que Sasuke pasaba más tiempo junto a Daisuke, o simplemente se limitaba a observarle mientras encontraba oportunidad. Lo que me alegró de sobremanera porque hacía al pequeño realmente feliz, no había más que verle el rostro. Aunque por parte de Sasuke, se mantenía firme en su línea de no expresar ninguna emoción. Pero bueno, había hecho un gran avance al abrir un poco su duro caparazón y hacerle un pequeño hueco a su hijo.

Por otro lado, Sasuke no dejaba de dormir en mi habitación, cosa que me extrañó porque ya podía moverse con total libertad y aún así no regresaba a su dormitorio. Pensé que podría ser por el hecho de que estaba tan apegado últimamente a Daisuke. Pero una noche dejó caer como el que no quiera la cosa de que debería dormir en una habitación a parte para que no se malacostumbrara. Ese comentario me pilló con la guardia baja, y casi acababa atragantada por un trozo de carne. Pero tal como dijo, trasladó la cuna de Daisuke hasta la habitación que técnicamente era suya, porque tenía pensado llevarla hasta el piso de arriba donde habían otras habitaciones, pero le insistí en que aún era muy pequeño para que bajara escaleras el solo, y gracias a Dios recapacitó, ya que estaba empeñado en subirla.

No quise o más bien no me atrevía a preguntarle razones por si volvía ha cerrarse de nuevo en su caparazón, así que dejé que hiciese lo que quisiera para que poco a poco se abriese un poco más mientras transcurría el tiempo.

Una noche de esas en las que se quedaba sentado contra el marco de la puerta del jardín de la sala, me pareció ver la escena más conmovedora que había recordado que estuviese implicado Sasuke. En su pecho reposaba hecho un ovillo un Daisuke en su séptimo sueño, mientras que su padre lo observaba acariciándole la espalda con su dedo pulgar de forma casi ausente. No pude hacer otra cosa que sonreír ante el cuadro tan tierno que tenía frente a mis ojos.

Y es que aquella noche, fue algo especial.

No supe cómo, pero cuando nos fuimos a dormir yo apenas podía conciliar el sueño, y en un movimiento de cambiar de posición para hacer desaparecer mi insomnio, me encontré a un palmo del rostro de Sasuke, el cual estaba tan despierto como yo. Y lo que ocurrió después no entendía como llegó a pasar. Solo que de un instante a otro me encontraba bajo su cuerpo y sus labios aprisionando fuertemente sobre los mios, añadiendo un que otro mordisco en mi labio inferior para luego ser sustituido por su lengua, la cual no tardó en buscar la mía. Me dejé llevar, sin pensar en nada, tan solo me concentraba en sentir, porque era lo único que mi cerebro se podía permitir en ese momento. Y ahí fue cuando pude darme cuenta que aunque pareciese una locura, le había extrañado.

Esa noche ambos nos dejamos llevar, y aunque a la mañana siguiente esperaba que mi conciencia haría que me sintiera culpable, la verdad es que no fue así. Me desperté de buen humor, y aunque no estaba muy segura, Sasuke también se sentía así, pero a su modo claro está.

Después de aquello me llegué a sorprender a mi misma por como reunía el valor para robarle algún que otro beso cuando bajaba la guardia mientras estaba con Daisuke, algo que conseguía chincharle y que a este último por alguna razón le gustaba ver ese gesto, por lo que a veces, las cuales no eran pocas, hacía la señal de tocarse los labios con su dedo índice para que besara a Sasuke. Pero llegaba un punto en que eso no era suficiente, y me veía por las noches buscándolo e incitándolo, aunque la mayoría de las veces era él sólito el que venía buscándome después de hacerse el gruñón por aquellos pequeños besos.

Y así comenzamos a vivir desde hace un tiempo…

―Estarás contenta.

La señora Okuda y yo paseábamos por el pueblo mientras nos dirigíamos a la colina donde me despediría de ella y regresar a casa después de haber estado trabajando.

―Sí, mucho.―le respondí con una sonrisa.

―Me alegro. La próxima vez trae a esos dos, ya hace tiempo que no los veo.

―Claro.

Me despedí de ella. Estaba algo ansiosa por volver. Llegué a casa, y escuché la voz de Daisuke algo lejana al percatarme de que provenía desde el jardín, y así era. Se encontraba jugando en el césped persiguiendo a unos pájaros, mientras era observado por su padre que estaba sentado en el porche.

Me acerqué sigilosamente hacia él, con el fin de darle un beso en la mejilla, aunque sabía que se había dado cuenta de mi presencia no movió un músculo cuando posé mis labios sobre su piel para después sentarme a su

lado.

―Estas de buen humor para haber venido de trabajar.―dijo sin apartar la mirada de Daisuke.―¿Algo interesante?

―¿Te interesa?.―le insistí sonriendo esperanzada.

―La verdad, no.

―Entonces,¿para qué preguntas?.―le reproché aunque volví a contraatacarle.―Pero creo que tal vez sí que

debería.

―¿Por qué?.―conseguí que me prestara atención aunque solo me estuviese mirando de reojo.

―Creí que no te importaba.―ví que fruncía el ceño en una señal de que no estaba para bromas. Pero la verdad es que por una vez me alegraba de que insistiese, y con una sonrisa se lo dije.―Estoy embarazada.

Observé su reacción, pero lo único que hizo antes de volver a observar a Daisuke fue parpadear lentamente y soltar un leve "ah" por la boca.

―¿Eso es lo único que piensas decir?.―le reproché furiosa por tal pasividad.

―¿Quieres que me ponga a dar botes como un idiota?

―No, pero un poco de efusividad no vendría mal.―dije mirando hacia el suelo algo deprimida, ya que esperaba otra reacción de su parte. No precisamente que se subiera por las paredes pero no una así.

Entonces lo que ocurrió a continuación no lo vi llegar y me sorprendió notar los labios de Sasuke presionar mi mejilla cerca de mi ojo derecho, para después oír su voz en un susurro a poca distancia de mi oído.

―Descansa aquí con Daisuke mientras hago la cena.

Y tras decir aquello se adentró en la casa en dirección a la cocina, dejándome allí con las mejillas sonrojadas y una sonrisa de idiota en la cara.

Expresaba sus emociones a su estilo.

Durante la cena le estuve insistiendo sobre qué le haría más ilusión, si que naciera una niña u otro niño. Pero no sé por qué ya sabía su respuesta antes de que la pronunciase. Por lo que recordaba Sasuke casi nunca ha llegado a entender a las chicas, y si llegara a nacer niña no sabría cómo reaccionaría, ya que con Daisuke, aun siendo varón le costaba, no quería ni imaginarme si era chica. En cuanto a mi no me importaba de qué sexo sea, lo único que deseaba era tenerlo ya entre mis brazos. Aunque la verdad es que aún tendría que esperar un tiempo para que eso suceda.