Robbers.
¡Hola, holaaaa! Lamento la tardanza T-T tengo problemas con mi imaginación. Siento que me sacaron el cerebro mientras dormía, lo exprimieron y lo dejaron devuelta en su lugar. Y todo sin que yo me diera cuenta y es como: asjafjlksjladñjgklsDJGLKñsjgSJGSFJASJaaaaaaah! ¿Saben cómo?
En fin, espero que les agrade el capítulo de hoy y que lo disfruten mucho 3
Catalina: Habrá Ichihime, próximamente ;D lo prometo. Gracias por el review
Alba Salvatore: He vuelto!... den nuevo ajaja. Muchas gracias 3 la uni no es tan opresiva conmigo asklfjaslkfa estudio diseño y animación así que es como que mis tareas son hacer dibujos y así bien cool xD jaja amo esto Gracias por el review 2
Meteoric war: Resulta que tengo tiempo, mucho, pero mi imaginación es la que me está fallando TT-TT estoy que me arranco el cabello. Gracias por dejar review 3. PS: espero ansiosa otro capítulo de tu fanfic *w*
Gouta-chan: sklfjaskfjkasfjafslsaf me alegra que te gustara la historia desde el principio *o* muchas gracias por leerla y por el review 3 ojala te guste el capítulo ;)
Scarleetz: Algunas cosas están basadas en el video (la personalidad de Ichigo, la piscina de patinar, las drogas, el alcohol y cosas así) y si, más cosas serán iguales pero otras las cambiare ;) aslfjslakf yo AMO esa canción y la banda y aslkfjaslkfjaslfjas no se, me da un paro cada vez que la oigo. Gracias por el review3
Nahi Shite: Te juro que te review fue como una inyección de imaginación por unos momentos 3 se siente tan leer reviews como los tuyos *w* me alegra mucho que te haya gustado lo que escribo y sobretodo me emociona que te guste la forma en como lo escribo3 alfjaslfasjf gracias por tu review.
Capítulo 8: La metáfora de la flor.
Su padre había llamado. Había algo en el tono de voz que… Dios mío... causo un temblor en la garganta de Ichigo. Era enojo, decepción…quien sabe que más.
Nunca antes se había sentido tan nervioso. Nunca antes le habían sudado las manos en el camino. Nunca antes le había latido el corazón tan fuerte, tanto que parecían golpes de un corazón que quería huir despavorido de su pecho. Nunca antes había sentido frio, a pesar de la ausencia del mismo.
Miedo.
Toco la puerta, tragando saliva y esperando. Nunca antes se había sentido más feliz por ver a Keiko, la nueva mujer. Era un sentimiento hipócrita, surgido de lo más recóndito de su ser para disfrazar la tensión en la que sentía, lo fuera de su piel que quería estar.
― ¡Ichigo!― lo saludo. Keiko se abalanzó hacia él para abrazarlo. No le regreso el gesto.
― ¿Y mi padre?
―No esta. Se fue― negó ella con la cabeza―. Bueno, más bien yo le dije que se fuera. Así podremos hablar tú y yo.
Su corazón se calmó, los temblores se disiparon, el miedo se esfumo.
Keiko lo condujo a través del pasillo hasta la sala. Pasaron por las escaleras, él se detuvo justo al pie del inicio. Arriba estaba su cuarto, la primera puerta a la derecha. Se preguntó si su cuarto aun estaría intacto, si no lo habrían convertido ya en una especie de bodega para cosas que ya no usaran por un largo tiempo o que estorban en cualquier otro lugar de la casa…
Tal como yo. El estorbo, el desechable.
También estaban los cuartos de sus hermanas, Yuzu y Karin. Las extrañaba de una manera que cada vez que pensaba en ellas se le formaba un nudo en la garganta y a veces en el estómago, como ahora.
―Yuzu y Karin no están, Ichigo― comento Keiko desde la sala, su voz tenía ese tono lastimero, que lo hizo irritar y apretar la mandíbula. No quería que esa mujer sintiera nada por él―. Tu padre las llevo con él.
―Qué hijo de puta― murmuro con los dientes apretados. Keiko lo escucho, manteniendo la mirada fija sobre él; no había alguna clase de expresión que develara algún tipo de sentimiento. Ichigo también la miro firmemente, el ceño fruncido, sus ojos fríos como hielo―. ¿Qué? Yo ya no soy parte de esa casa ni de esta familia. Puedo expresarme y no ser aprehendido por eso, no desaprovechare mi libertad y no puedes hacer nada contra eso.
Si mi padre estuviera aquí, ¿habría dicho lo que dije?
Derrumbo su peso sobre el sillón contrario a Keiko y entrelazo las manos debajo de su barbilla. Ella seguía de pie, perpleja, quizás algo ofendido. Ichigo sintió deseo de levantar la comisura de su labio, no lo hizo y Keiko finalmente descendió lentamente para sentarse.
―Yo…quería hablar contigo sobre la escuela― explico ella. Acomodo su cabello detrás de las orejas y abrió una carpeta sobre la mesa―. Nos hablaron de la escuela esta mañana para hablarnos de tus calificaciones. Tu…aah.
No dijo nada más, puso dos dedos sobre su frente en un momento de pausa. Ichigo alcanzo la carpeta y la puso sobre su regazo. No le sorprendió lo que vio. Él ya lo sabía, lo predecía. Así que cuando miro todas sus calificaciones estar muy por debajo del promedio hizo un gesto con los labios para restarle importancia. Había solo una materia en la que no había reprobado: literatura.
Literatura.
Pensó en Orihime, en lo bella que fue cuando lo dejo copiarle. Encerraba las respuestas en círculos enormes, ultra marcados y su letra en ese momento podría compararse con la de un grano de café. Y sonrió porque su rostro le vino a la mente.
―Esto es algo serio, Ichigo, no es algo para reírse― dijo Keiko, pero había ausencia de regaño alguno en su voz. Quizá ella le tenía miedo Ichigo de la misma forma en que Ichigo comienza a sentir miedo por su padre―. Vas a perder este año, lo repetirás. ¿Sabes? la escuela no es barata. Tu padre trabaja demasiado para que todos ustedes tengan educación y lo que espera a cambio es que se tomen enserio la escuela.
― ¿No es barata, dices?― repitió él, acusadoramente. Hubo algo en la voz de Keiko que encendió la mecha del fuego en él, su enojo y ese miedo se combinaron como dos sustancias en su interior. En cierto momento, parecía más un reproche lo que ella le decía. Y no tenía derecho―. ¡Pues entonces sácame de la maldita escuela y listo! Sus putos problemas financieros se arreglaran…―dio un vistazo alrededor― y tu podrás seguir comprando toda esta mierda que tienes aquí.
Había una nueva mesita decorativa en la esquina, un florero sobre ella. También un nuevo cuadro sobre la pared. Habían plantado varias flores en el patio delantero y puesto una alfombra nueva en la sala. La mesita que lo separaba de Keiko también era nueva.
― ¿Has pensado en cambiar los sillones, Keiko? Sería la puta cereza de este asqueroso pastel.
―Ichigo…
― ¡Pusiste cortinas nuevas!― siguió observando él. Ya no estaba sentado, caminaba de un lado a otro buscando las cosas nuevas―. Son muy bonitas, combinan con tus ojos. Y esta mesita con este jarrón… ¡Dios mío! Me quedo sin aire de verlos, ¡son preciosos! Todo esto tiene una pinta asquerosamente costosa, Keiko.
―Espera, Ichigo. Yo…
― ¿Es seda lo que toco en estas cortinas? Por Dios…me va a dar un infarto con tanta belleza.
― ¡Ichigo!―alzo la voz Keiko. Se veía un poco de rojo en sus ojos, las lágrimas queriendo salir.
― ¡No me grites!― exclamo Ichigo y se colocó tan cercano a ella que resulto intimidante. Ella se veía tan pequeña, sentada en ese sillón, tan frágil e Ichigo se veía tan grande, tan fuerte, tan intimidante, estando de pie y con su dedo índice―. Nunca. Nunca en tu vida me vuelvas a gritar. No me hagas enojar, porque no te va a gustar el mostró que puedo ser. Tampoco actúes como mi madre, nunca lo serás. Ni siquiera te intereses por nada que tenga que ver conmigo, porque tú eres polvo, eres cenizas y eres nada.
Entonces, sin aviso, Keiko hizo algo.
Acuno sus manos alrededor del rostro de Ichigo y lo miro. Sus ojos entonces y su mirada fueron como dulce y miel. No dijo nada. Beso la frente de Ichigo y se puso de pie. Acaricio su cabello, lo quiso. Fue como agua y hielo para su enojo, que de pronto pareció esfumarse como el humo.
―Detente ya, Ichigo― le dijo y su voz fue como oír una canción de cuna―. Y no me refiero a lo que está pasando aquí. No, yo me refiero a que dejes de odiar al mundo. Te estás haciendo daño y no notas que le haces daño a quienes te quieren. ¿Cómo puedes odiar a las cosas que o te aman o no tienen sentimientos? Debes parar. Deja el alcohol, deja las drogas, regresa a casa― sonaba como una petición―. Enamórate. ¿Sabes lo maravilloso que es amar y ser amado? Es como tragarse una luz y verlo todo siendo iluminado por ella. Es hermoso lo que sientes cuando alguien te quiere y es feliz porque sabe que tú le quieres también.
Keiko ya no tenía los ojos rojizos, pero si Ichigo. Había partes de su rostro que dejaban la tensión y temblaban. Su piel se movía involuntariamente porque sentía que el corazón, junto con su mandíbula, temblaba. Keiko fue consiente de cuando a él le temblaron los labios; fue breve, revelador y casi le rompió el corazón verlo así: vulnerable.
Ichigo tomo sus muñecas y las aparto. No fue brusco, pero su agarre fue fuerte y tenso. Sus ojos seguían fijos en los de ella. Cuando hablo, su voz casi le fallo: tembló, igual que muchas otras cosas dentro de él.
―Entonces estas siendo solo estúpidamente ciegos― dijo, con un tono de voz bajo, casi como un susurro―. No me vuelvas a tocar.
Dejo la casa. Sintió el silencio rodearlo y tuvo la sensación de estar vacío, de que era un recipiente lleno de alcohol, drogas y medicina. Iba caminando a casa, pensaba en lo que Keiko le había hecho, lo que sintió.
Enojo, rabia, sarcasmo y entonces, tranquilidad.
Ahora no sentía más que una sensación de vulnerabilidad.
Renji, Grimmjow y Nell habían estado esperándolo en la cocina desde que se fue. Para entonces, ya estaba vacío de emociones. O quizá solo vacío, como las botellas de cerveza desperdigadas por su habitación y debajo de su cama; la verdad es que no notaba la diferencia.
Ichigo mantuvo la puerta abierta, la perilla un en la mano.
―Lindo comité de bienvenida―comento.
Nell se puso de pie, empujando la silla hacia tras con sus piernas en el acto. Agarro una botella de cerveza y camino hacia él.
―Solo te estábamos esperando― dijo ella, mientras salía. Su palma toco el abdomen de Ichigo al pasar.
Miro a Grimmjow, que se había dado cuenta del gesto y respondió a ello encogiéndose de hombros y riendo.
― ¿Qué quieres que te diga?― pregunto él, incorporándose―. Quiere tener sexo contigo y probablemente no pare hasta que lo consiga. ¿Listo para irnos?
A veces, cuando no iban a la piscina que no era una piscina o cuando no robaban o cuando no se quedaban únicamente en casa, iban a un bar que quedaba por la colonia. Tenía billar, buena cerveza y todo lo necesario para convertirse en un lugar digno de frecuentarse. Lo que más le gustaba de ese lugar era la iluminación. Mayormente eran luces negras o tonos cálidos los que daban vida al lugar. Era discreto.
―Sí, sí. Solo tengo que hacer algo antes.
Inoue Orihime no tenía una madre con la cual hablar sobre cosas de chicas. Había muerto hace mucho a causa de problemas con el corazón.
Inoue Orihime no tenía a alguien que le hiciera compañía cuando su padre no estaba en casa. Al menos no la clase de compañía que necesitaba: maternal.
A veces perdía la mirada en el techo como si su madre estuviera ahí para escucharla. Pero ella nunca le hablaba, ni siquiera imaginariamente. Se quedaba en silencio tratando de resolver ella misma las cosas que quisiera hablar con una madre.
Y justo ahora la necesitaba para hablar de tantas cosas.
Sobre todo quería hablarle de aquella metáfora que había formulado mientras pensaba en lo que sentía recientemente dentro de su estómago. No eran mariposas ni piel de gallina. Cuando lo sentía, tenía la certeza de que lo que rozaba la piel en su interior era la textura del pétalo de una flor, solo que eran varios pétalos. Cada vez más. Como si fueran floreciendo y extendiéndose.
Aquello lo nombro como la metáfora de la flor. Las mariposas comenzaban siendo algo normal o poco bello para convertirse en algo hermoso, sin embargo una flor es hermosa desde el principio y su final puede ser tanto hermoso como feo…como los sentimientos.
Pensaba en ello, con la goma de borrar del lápiz entre los dientes, cuando su teléfono comenzó a vibrar. Despertó de su pequeño onirismo con un respingo y contesto.
― ¿Hola?
―Dibujante de extraños.― Los pétalos dentro del estómago de Orihime se agitaron -o crecieron-. La metáfora de la flor comenzó a hacerse presente cuando empezó a pasar tiempo con él―. Hola.
―Hola― volvió a decir ella y estrello la palma de su mano contra su cabeza; escucho la risa alentada de Ichigo―. Es decir…olvídalo. ¿Pasa algo?
―Estoy a punto de salir con unos amigos a un lugar que queda prácticamente cerca de mi casa…― En el fondo, Orihime escucho la voz de Renji gritar: "¡Nuestra, egoísta hijo de perra!―Si…Nuestra casa― corrió, carraspeando―. Y quería invitarte a venir conmigo…― nuevamente volvió a escuchar otra voz desde el fondo; esta vez era Grimmjow: "Nosotros, ególatra malnacido". Hubo unos momentos de silencio después y cuando Ichigo corrigió sus palabras sonaba irritado―. Con nosotros...Grimmjow, Renji, Nell y yo.
Orihime mordía su labio para evitar reír y cuando eso no pareció suficiente utilizo su mano para cubrir su boca, aunque con poco éxito. Respiro hondo y trato de calmarse. De repente sentía que las mejillas se ponían más calientes que el resto de su cuerpo, como si hubiera fuego dentro de ellas…o como si hubiera comido fuego.
―Suena divertido, solo que…― miro los cuadernos sobre su escritorio― tengo mucha tarea de cálculo que hacer. De hecho, tengo la misma horrible-destroza-cerebros tarea de cálculo que tú.
―A diferencia de que tú tienes un cerebro brillante y yo no― respondió Ichigo―. Y quiero preservar el poco cerebro que me queda intacto, de preferencia, para cuando sea mayor.
Ella dejo el lápiz sobre el escritorio y volvió a mirar al techo, pero ahora con un propósito diferente. Dejo caer su cabeza sobre el respaldo y, esta vez, lo imagino a él. Sonrió.
―Tu argumento suena como una excusa, Kurosaki-kun.
Escucho su risa, distorsionada, surgiendo del auricular.
―No sabía que las excusas tenían un sonido determinado.
Tú tienes varios sonidos determinados, quiso decir Orihime, aunque se detuvo a tiempo antes de hacerlo. Le pareció que sería extraño explicarle que su voz, según sus observaciones, cambia según lo que él expresa. Son ligeras variaciones en la tonalidad que ha notado solo porque le gusta el sonido de su voz. Una de las muchas cosas raras que él le hace hacer sin darse cuenta. Un efecto colateral de la metáfora de la flor.
―Tengo que irme― dijo Ichigo―. ¿Tal vez para otra ocasión? Ya sabes, lo de salir.
El corazón de Orihime goleo fuerte contra su pecho.
―Sí, me encantaría― sonrió al teléfono como si lo tuviera enfrente.
―Genial, nos vemos mañana.
―Está bien, hasta mañana.
Despego el teléfono de su oído y estuvo a punto de colgar cuando volvió a escuchar la voz de Ichigo llamándola:
―Ah, ¿Dibujante de Extraños?
― ¿Si?
Ichigo tardo un momento antes de responder.
―Hola― y colgó.
Volvió a perderse en sí mismo esa misma noche, horas después de haber colgado la llamada con Orihime. Y lloro.
No supo que fue lo que tomo. Era una pastilla pequeña, circular y blanca, y aun así había creado un caos enorme dentro de él. Un pequeño apocalipsis dentro de él.
Se sentía más cerca de él mismo de lo que nunca había estado, casi como si estuviera en su interior de una forma diferente a la que siempre había sentido, a la que ya es por inercia. Tal vez estaba muerto, porque sentía que sus pies no tocaban el piso, que no había sonido tan fuerte que pudiera alcanzarlo –todo lo escuchaba como si tuviera pedazos de algodón dentro de los oídos-, no había nada más que él.
Estando tan cerca de sí mismo, sintiéndose muerto, comenzó a llorar porque hasta ahora todo había sido patético: madre muerta, exiliado de su propio hogar, alejado de sus hermanas, la decepción constante de su padre, repetir el año escolar… y más.
―Ichigo…― Renji movió ligeramente el cuerpo de Ichigo, que estaba tumbado sobre un sillón con el antebrazo cubriéndole los ojos―. Oye, Ichigo, ¿estás bien?
Y de repente ya era otro día en ese instante. Luz se colaba por su ventana, el despertador de Grimmjow sonando y Renji con el uniforme escolar.
Le dolía terriblemente el cuerpo y la cabeza, y sentía demasiada sed. Un lobo dentro de su interior, mal herido dentro de una jaula de plata en un día de luna llena.
― ¿Te pasa algo?― volvió a preguntar Renji. Ayudo a Ichigo a enderezar el torso de Ichigo para apoyarlo contra la pared.
Cabeceo y perdió el control de su espalda, jalando su cuerpo hacia la cama como un muñeco de cuerda que es arrastrado por su propia soga. Renji volvió a sostenerlo.
― ¿Qué día es hoy?― pregunto con voz somnolienta.
―Viernes, Ichigo. Anda, ven― Renji paso un brazo de Ichigo sobre sus hombros, se levantó junto con Ichigo, su peso haciéndolo inclinarse ligeramente. Lo llevo al baño, abrió únicamente el agua fría –helada, más bien- y sentó a Ichigo en el suelo mientras el agua lo hacia reaccionar.
―Grimmjow…― musito.
―En casa de Nell― respondió Renji―. Se fue con ella después de ir al bar, dudo que vaya a la escuela. La pregunta es: ¿iras tú?
―No lo sé. Adelántate tú, creo que hoy llegare tarde.
Tenía muy grabado en su memoria la imagen de un recuerdo, y quería dibujarlo antes de que desapareciera como el aliento en el aire.
Lápiz en mano, borrador y papel. Comenzó a dibujar las manos, sus dedos largos y el anillo que siempre usa en el dedo índice; luego comenzó con los brazos, venas marcadas, los huesos de las muñecas muy definidos y hombros musculosos; el torso, vistiendo la playera blanca de cuello V y , al final, el rostro. Algo tenia Ichigo que lo hacía realmente atractivo para Orihime. Quizá fueran sus ojos o su sonrisa.
Repentinamente, una bola de papel cayó sobre su banca y Tatsuki acerco su cabeza hacia Orihime.
― ¿Qué dibujas, Orihime?― le pregunto aun y cuando ya había visto el dibujo―Uuuy― pronuncio en burla―. Alguien esta…
― ¡Arisawa, Inoue!― la voz del profesor las hizo a ambas saltar sobre sus asientos―. ¿Les molesta si interrumpo su charla?
―Lo sentimos― murmuro Orihime. Cerró el cuaderno, enderezo su espalda y se dedicó a escuchar el resto de la clase, hasta que pudieron finalmente ir a recreo.
Tatsuki y Rukia estaban en el patio cuando vieron a Orihime dirigirse hacia ellas. Se dejó caer bajo la sombra de un árbol y las miro. Y ellas la miraban. Y era casi incómodo.
―Wow― expreso Orihime, alargando la palabra con asombro―. Conocen mi tentación de perforarme en la oreja, pero después de sus…miradas…no me quedan ganas de que nada me perfore.
Rukia se rio y fue la primera en decir lo que Tatsuki quería preguntar:
―Queremos detalles, ya sabes.
― ¿De qué?― fingió no sabe Orihime. Sus amigas continuaron con la mirada― ¡Oooh! Creo que ya sé de qué: ¿sobre mi cita?
―Así es― confirmo Tatsuki―. Me da ahora más curiosidad por el hecho de que lo estabas dibujando hace rato.
―No es la primera vez que dibujo a alguien que A) acabo de conocer o B) no conozco en absoluto, lo que nos lleva a C) elijo a alguien al azar y D) dibujo por simple impulso artístico.
―O también está la opción E) alguien que te gusta― insinuó Rukia y Orihime se quedó con la boca abierta lista para responder, aunque ninguna palabra se materializo.
Tatsuki empezó a reír, toco el hombro de Orihime y la miro como si esa fuera la respuesta más obvia aunque ella no la menciono.
―Bueno, ¿Qué quieres que te diga?― se encogió de hombros Orihime, comenzado a sentir sus mejillas más calientes―. Me gusta, así es. Y creo que me he enamorado algo rápido así que intento mantener esto a una velocidad más normal.
―Está creciendo― comento Rukia. Sostuvo el brazo de Tatsuki y sus labios se crisparon en una sonrisa de lo que parecía ser una madre orgullosa más que una amiga orgullosa― y madurando, tanto que es adorable.
― ¿Adorable?― cuestiono Orihime.
―Sabes a que me refiero― respondió―. Lo dibujas, él te mira, le ayudas a estudiar para los exámenes, él te besa, te distraes, él te enseña a andar en patineta― Rukia se encogió de hombros―. No sé, tiene algo que me dan ñañaras.
Tatsuki mordía sus uñas con expresión ausente. Le alegraba que Orihime estuviera enamorada y, por ende, estuviera feliz; la había tenido difícil en algunas ocasiones, sobre todo últimamente cuando se trataba de lo económico. Se alegraba porque, además del arte, estar enamorada la distraía de esas cosas. Pero aun había algo que quería decirle.
―Orihime…― dijo y espero a que la mirara para continuar―. Mira, sé que te gusta y que le gustas a él, o eso es lo que aparenta, pero recuerda que…Ichigo no es del todo bueno. Toma un montón de cosas, viene ebrio a la escuela, fuma marihuana, se presenta en esa condición y no sé qué otras cosas haga. Lo que quiero decir es que no es de confiar, ni sus amigos, y no quiero que te lastimen porque estoy casi segura que personas así se dedican a cosas así. Eres de mis mejores amigas, no quiero verte triste y destrozada por que un chico.
Después de eso vino un silencio que duro casi una eternidad. Tatsuki seguía mirando a Orihime, que crispo los labios y se acomodó el cabello detrás de las orejas. Rukia viraba entre mirar a ambas, preocupada. Ella y Tatsuki se miraron mientras su labio inferior se iba hacia abajo, casi dejando a la vista sus dientes.
―Gracias, Tatsuki― finalmente dijo Orihime y sonrió amablemente―, por preocuparte por mí. Sinceramente, no puedo responderte por él y decir que no me va a lastimar nunca porque todo mundo lastima alguna vez, pero puedo decirte que voy a cuidarme.
―Siempre podemos quemarlo vivo mientras duerme― dijo Rukia haciendo un gesto con su mano para quitarle importancia, como si quemar a alguien vivo fuera parte de la vida cotidiana.
―Tienes problemas con eso de querer comenzar incendios― respondió Orihime en actitud bromista ― y me preocupas. Mucho.
Ichigo llego a la escuela y se dejó caer sobre su banco mientras todos seguían aprovechando el recreo. Apoyo la frente contra la mesa y entrelazo los brazos para usarlos como almohada.
Movía los dedos, aun sin ver, sobre las esquinas del cubo que tenía encerrado en su mano.
Sentía ganas de gritar con todas sus fuerzas.
Escucho la puerta abrirse con un chirrido. Se incorporó con un sobresalto, sintiendo los latidos de su corazón acelerarse ante la inesperada interrupción. Orihime estaba en el marco de la puerta tan sorprendida por su reacción como él por el reciente sonido chirriante.
―Dibujante de Extraños― saludo haciendo un ademán con la mano―. ¿Qué clase de fuerza obscura y maligna te trae por los salones a la hora del recreo?
Ella se rió, encaminándose hacia él.
―Aquella que hace que me piquen las puntas de los dedos, inducida por la necesidad de querer dibujar. ¿Te sientes bien?
Ichigo tenía los parpados hinchados, de manera que no habría - o no podía – abrir los ojos por completo, si no que más bien parecía que luchaba por levantar mínimamente los parpados. Los ojos los tenia enrojecidos y había tenia anillos morados alrededor de ellos. Así que preguntarle si estaba bien no era totalmente necesario.
―He estado mejor, pero ya se… ¿Qué haces?― súbitamente Orihime presiono la palma de su mano contra su frente. Sus manos eran suaves y tibias e Ichigo deseo que las dejara ahí por un largo rato. Casi sonrió por su tacto. Cerró los ojos.
―Estoy checando tu temperatura, creo. Aunque ni siquiera sé cómo se hace esto…Probablemente no servirá de nada que haga esto― dijo ella, juntando sus manos con incomodidad. Comprimió sus labios mientras lo hacía y lo miro.
Ichigo quiso tomar su mano y sostenerla entre la suya, entrelazar los dedos con los de ella y mirar la reacción de Orihime al hacerlo.
― Solo estabas tratando de impresionarme.
Ella se rio de nuevo e Ichigo descubrió que sentía cierto placer por hacerla sonreirá.
Aun con su cabeza recostada sobre sus brazos, se dedicó profundamente a mirarla sin dejar que ningún ruido del exterior lo interrumpiera. Utilizo su mano libre, después, para apoyar el peso de su cabeza sin perder el equilibrio. No dejo de mirarla, quizá no podría ni aunque quisiera. Por unos instantes, ambos se miraron; fue como una competencia sin ser una competencia. Cuando Orihime no pudo sostener más la mirada, comenzó a observar otras cosas, como su mano.
― ¿Qué es eso?― señalo su puño cerrado; tenía algo en él.
Ichigo alzo las cejas, perdió el contacto visual con ella y levanto su brazo. Sostuvo entre sus dedos índice y pulgar un cubo, lo hizo girar un par de veces antes de responder:
―Mi vida.
― ¿En serio?― le respondió ella, quitándole el pequeño cubo de la mano. Ichigo se dio cuenta de nuevo de que, una vez más, había querido tomar su mano y que aquel impulso se hizo más grande cuando sus dedos rozaron la mano de ella. Orihime lo miro con ambas cejas levantadas― Porque estoy segura que el noventa y nueve punto nueve por ciento de la población mundial lo conoce como cubo rubik.
El cubo rubik estaba desacomodado, todos los colores estaban desperdigados y ninguno se juntaba aun con el color correspondiente. Mientras lo giraba, noto que, de hecho, ninguno de los lados había sido resuelto.
―Pues has vivido en una mentira. Lamento decírtelo.
Orihime crispo los labios en una sonrisa, mirando al cubo.
―Maldita sociedad, está cegándome lentamente.
En ese momento Ichigo quiso besarla. Curvo sus labios en una sonrisa mientras se acercaba a ella. Cubrió con su mano la de ella, quedando el cubo rubik enjaulado. Y probablemente la habría besado hasta el cansancio de no ser por la súbita aparición de los compañeros de clase y su profesor. En algún momento, mientras ellos se miraban, la campana había sonado y ninguno de los dos lo noto porque se habían perdido en el otro de forma que todo lo demás se podía ir al demonio.
Ichigo se apartó con expresión irritada. Cerró sus ojos casi con decepción y frunció los labios mientras se apartaba, exhalando el aire que había estado conteniendo dentro de sus pulmones. Orihime se puso de pie, levantando el cubo rubik.
―Te lo devolveré después― dijo y se fue.
Durante clases, le fue difícil no rendirse a cerrar los ojos. Tenía la sensación constante de tener cuerdas incrustadas en todo su rostro, que eran jaladas hacia abajo para forzarlo a bajar la cabeza y apoyarla contra la mesa. Dejarse llevar. Visión borrosa, cabeza floja y entonces negro. En ocasiones Renji o Grimmjow tenían que sacudirlo para mantenerlo despierto.
Ir a la escuela había sido una mala idea. Aunque no del todo, por Orihime, la Dibujante de Extraños y mirada interminable.
Al terminar las clases, mientras se frotaba con fuerza los ojos, Orihime paso y dejo el cubo rubik sobre su mesa. La siguió con la mirada, ella volteo unos segundos antes de desaparecer tras la puerta, se despidió de el con un gesto y le sonrió. Entonces vio el cubo.
Todos los colores estaban acomodados.
FIN.
¡Por Dios! :( no sé qué está sucediendo pero batallo para escribir las cosas, bueno, más bien las situaciones alkfjasklfjasklf lamento la tardanza, pero parece que sufro de momentos-de-inspiracion-bipolares-que-vienen-cada-cien-años-o-algo-así.
Sakflñasjfsdfajslsa D:
Espero que les haya gustado este capítulo 3 lo bueno es que ya tengo algunas ideas para el próximo, y espero que les gusten ;) Gracias por leer y por todos sus reviews 3
