Robbers.

*Se levanta de entre los muertos* Madre mía :( todo este tiempo y aun batalle muchísimo para escribir este capítulo.

Una enorme disculpa por la enorme espera, pero tengo mis razones: escuela, mi compu se descompuso cofcofdosvecescofcof, netflix, mi horario es una mierda (¡mátenme!) y la lista sigue :'( Triste vida.

Disfruten el capítulo, en verdad espero que lo valga lo suficiente como para compensar mi tardanza.

Muchisimas gracias por sus reviews 3

Capítulo 11: El color del cielo.

Podía escuchar a la lluvia golpear su ventana y oler el aroma de la tierra mojada.

Al mover las cortinas lo primero que pensó es que parecía que al mundo le habían dado una pincelada de color gris, pero aun así todo se ve igual de hermoso que siempre.

El clima coincidía con su estado de ánimo casi a la perfección.

Orihime se puso de pie, alcanzo una chamarra y salió de la casa sin ser vista. Decidió no llevar paraguas, había muchísimas cosas más que ocupaban su mente como para preocuparse por empapar su ropa.

Casi nadie lo notaba, pero tenía más problemas de los que aparentaba. Y no tener una madre para hablar de ello a veces lograba tumbarla emocionalmente; tratar de levantarse se sentía como tener las dos piernas fracturadas. Tenía un padre, claro, y lo amaba con todo su corazón, pero si alguien tenía más motivos para estar preocupado era él, que trabaja todos los días en un empleo donde para ser bien pagado tiene que hacer horas extras, que se duerme tarde todos los días e incluso a veces no duerme por las noches porque hace las cuentas, y que se las ingenia aun así para mantener a una hija que aspira a ser artista.

Todo mundo siempre le dice que siendo artista tiene un futuro muy incierto.

¿Y si tenían razón? ¿Qué iba a hacer? ¿Qué otra cosa podría hacer? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué?

Tenía tanto miedo de crecer, porque eso significaba entrar a la universidad y entrar a la universidad significaba comenzar a definir un futuro.

Tenía miedo de crecer y tenía miedo del futuro.

Tatsuki colgó la llamada, suspiro y se dejó caer en su silla. Miro a Rukia, que la miraba con expectación.

―Orihime no vendrá hoy a la escuela― anuncio.

― ¿Qué? ¿Por qué?

―Se enfermó.

― ¿Sonaba mal?

―Bastante― asintió Tatsuki.

― ¿Qué tanto?

―Pues hablaba así― carraspeo―. Hoda, Tadsuki, hoy do podre id a la escueda. Edstoy enfedma…y así. Claro, con otras palabras. Además menciono algo de calentura y no dejaba de hacer ruidos con la nariz, ya sabes.

―Pobre Orihime. ¿Necesita algo? ― la imaginaba perfectamente rodeada de pañuelos y pañuelos, comiendo sopa caliente y con una bolsa de gel frio sobre la frente.

―Si― concidio Tatsuki―. Nos encargó que le lleváramos las tareas de hoy y prestarle nuestros cuadernos para pasar apuntes.

Rukia asintió.

―Preparare mi bio-traje. ¿Crees necesitar uno?― dijo en broma.

―Por favor.

―Orihime, saca la cabeza del congelador.

Urahara desvió la vista del periódico mientras veía a su hija rechistar al cerrar la puerta de la nevera.

―Pero me muuuuuueeeeero de calor. Siento que estoy dentro de un horno― rezongo, con su tono de enferma.

Urahara la miro con una extraña expresión en el rostro por un momento.

― ¿Qué pasa?

―Nada― respondió y sonrió―. Es que do entendí ni una soda padabra de lo que dijiste― imito el acento de Orihime―. Pero el lado bueno de esto, es que ahora es un buen momento para que tengas una rabieta adolecente y digas "¡padre, es que tu no me comprendes!" porque sería literalmente muy cierto. ¿No es eso hilarantemente irónico?

Orihime se rio, luego puso expresión seria.

―No, es cruel― lucho brevemente por no continuar riendo―. Bueno, si lo es.

―Yo lo sé, hija. Yo lo sé.

Rukia, literalmente, dejo caer la cabeza sobre el escritorio en actitud de rendición. Tatsuki respingo, el salón entero dirigió su mirada hacia el ruido que Rukia había hecho.

―Kuchiki…―pronuncio el profesor con cierto nerviosismo―. ¿Todo bien por haya?

Rukia levanto el pulgar.

―Todo bien, profesor. No se preocupe, usted continúe con la clase― dijo, haciendo gestos con sus manos que coincidían con lo que decía.

Entonces sonó la campana para el receso y todo quedo olvidado.

Tatsuki se giró a Rukia, que seguía con la cabeza hundida en la banca.

―Realmente no sé si debería reírme o si debería preguntarte si estás bien.

Rukia levanto la cabeza.

― ¿Por qué Orihime se tenía que enfermar hoy? ¡Hoy, justo cuando deciden enseñarnos un tema de cálculo que es más difícil que demostrar la existencia de los ovnis!

―Oye…yo también te puedo explicar.

―No― negó Rukia rotundamente―. Tú haces que parezca que los ejercicios de cálculo sean una versión más moderna y complicada de la escritura egipcia.

Tatsuki fingió observarse la uñas y limpiarlas en su camisa por un momento.

―Tal vez, pero deberías recordar que soy yo la que le explica a Orihime cuando ella no entiende.

A modo de respuesta, Rukia miro a Tatsuki fingiendo tener un tic en el ojo durante varios segundos. Fin de la discusión. Busco en su mochila dinero, mientras Tatsuki ya esperaba de pie.

Entonces…

―Eh, hola.

Entonces Ichigo les hablo.

―Hola― dijeron Tatsuki y Rukia en unión.

Ichigo sonrió, se veía nervioso o quizá incómodo. Levanto el brazo y deslizo el pulgar por el labio inferior, mirando hacia el suelo. Mientras tanto, ellas graban cada segundo de esa plática en su memoria para después contarle a Orihime de ser necesario.

―Pues…bueno…eh― balbuceo Ichigo. Apretó los labios, consiente de su mal léxico y carraspeo―. ¿E Inoue?

Por dentro, Rukia sintió que iba a explotar de ternura. Por fuera, se limitó a responder.

―Nos dijo que hoy no iba a poder venir porque está enferma.

Fue un movimiento leve, corto y rápido. Pero paso. Y ella lo vio. Por un corto segundo la expresión de Ichigo cambio a decepción, luego la cambio y dijo:

―De acuerdo. Eh…gracias― les sonrió, alzo la mano y se despidió.

Rukia puso los codos sobre la mesa, entrelazando los dedos bajo el mentón. A veces sentía ganas de simplemente empujar a Orihime contra Ichigo, ponerles unas esposas a ambos, perder las llaves y dejarlos así por un largo tiempo. Espero a que Ichigo y sus amigos salieran del salón para mirar a Tatsuki y compartirle su observación, pero ella tenía esa clase de mirada.

Fuese lo que fuese, tuvo la impresión de que sería bueno.

Tenía la casa entera para ella.

No debería estar afuera pero lo estaba de todos modos. Bastaba con subir una escalerilla para ir a su lugar favorito de toda la casa: la azotea. Era ahí la parte a la que iba cada vez que sentía que el peso del mundo estaba sobre sus hombros. Es su globo aerostático sin ser un globo aerostático, la torre más alta del castillo que no era un castillo.

Es su lugar, más que su cuarto. Hay luces tendidas de un poste a un extremo y colgó figuras de origami de aves en el –aunque siempre tiene que cambiarlas cuando llueve- , casi como de fantasía. Dibujo cosas que le gustan en la parte interior del parapeto.

Solo cuando está ahí siente que tiene sentido llorar.

Cuando terminaba el último doblez del avión de papel, su celular timbro. En la pantalla salía en nombre de Tatsuki, aventó el avión hacia el vacío para dejar que fuera arrastrado por el viento a quien sabe dónde.

― ¿Hola?― contesto, balanceando las piernas sobre el borde.

―Hola, enferma― saludo Tatsuki―. ¿Cómo estás? Y no digas enferma, porque ya lo sé― se rio raramente, como si hubiera sido el mejor chiste de la historia―. Es broma. ¿Qué haces?

―Nada, solo algo de origami. ¿Van a venir tú y Rukia?

― ¿Los mentirosos mienten?― fue la forma de Tatsuki de decir "si".

―Bueno― se alegró Orihime―. Estoy en el techo así que cuando lleguen simplemente entren y suban acá.

―Entendido― exclamo―. Tengo una sorpresa para ti, por cierto.

― ¿En serio? ¿Qué es? Dime― suplico Orihime.

Tatsuki comenzó a hacer ruidos de estática.

― ¿Que dices? No te escucho― más estática―. Creo que…― estática― pierdo la señal― estática, mucha estática―. Tengo que cortar. Adiós.

Entonces nada. Orihime suspiro.

―Típico de ti, Tatsuki― sonrió.

Hace tiempo su papá le había regalado un librito pequeño con indicaciones ilustradas de cómo hacer origami. Al final, pegadas al interior de la contra portada, incluían un paquete de hojas de colores. Actualmente quedaban la mitad de la mitad, o quizás menos.

Arranco otra hoja, una de color azul. El color del cielo, el mismo que utilizaba para colorear las lágrimas cuando era tan pequeña que era artísticamente aceptable en ese entonces. Aquellos tiempos cuando sus mayores preocupaciones eran no pintar fuera de las líneas de los dibujos y pisar las rayas del suelo.

Alcanzo un marcador; cuando hacia avioncitos de papel, le gustaba escribir pensamientos, frases, sentimientos o cartas…algunos eran para su mamá. El último avión que aventó fue una carta, pero este llevaría una frase que recordó haber escuchado una vez de manera vaga. Fue quizá en un día de invierno, porque recordó haber tenido la sensación de que el corazón se la había calentado dentro del pecho, el resto de su cuerpo se sintió ajeno a ella como si no fueran parte del mismo.

"El universo no nos abandona. Cuida de sus creaciones más frágiles de un modo invisible. Por ejemplo, con unos padres que te adoran ciegamente, y una hermana mayor que se siente culpable por sentirse humana, y un chaval de voz áspera que se ha quedado sin amigos por ti, e incluso una chica de pelo rosa que lleva una foto tuya en la cartera. Quizá sea una lotería, pero el universo acaba compensándolo. El universo cuida de todos sus pájaros" R.J. Palacio.

Leyó la frase una vez más. Sonrió. Se le hizo un nudo en la garganta. Trago saliva. Hizo el avión. Y lo aventó.

― ¡Si yo fuera la madre naturaleza y quisiera vengarme de ti por tu deliberada contaminación, probablemente haría que caiga un diluvio!

La voz llego desde abajo, donde estaba su puerta. Miro en esa dirección.

― ¿Kurosaki-kun?

Él sonrió.

―El mismo.

En ese momento comprendió, las palabras de Tatsuki: "Tengo una sorpresa para ti, por cierto". Podía no serlo, quizá solo era una casualidad, pero en caso de serlo su único pensamiento fue: Gracias, Tatsuki y Rukia.

― ¡La puerta está abierta, solo pasa y sube por la escaleras hasta el cuarto de la derecha! ― Hacia señas, en caso de que su voz no fuera lo suficientemente fuerte― ¡Iré enseguida!

Ichigo levanto una mano con un pulgar alzado.

―Esta bien.

Orihime se bajo del parapeto, dejo las hojas de origami en el suelo. Sentia el corazon latiendo fuertemente contra su pecho. Bajo las escaleras hasta su cuarto. Ichigo ya iba por el pasillo cuando abrio la puerta.

―Hola― él dijo.

―Hola― le sonrio―. Estaba haciendo algo en el techo, ¿quieres subir?

―Claro, siempre y cuando no dañes mas a la naturaleza.

―Es por una buena causa…masomenos. Pasa.

Era la primera vez que Ichigo entraria a su cuarto. Se detuvo en el umbral mirando todo su alrededor. La habitacion de Orihime estaba llena de material de arte y dibujos pegados a la pared. Ella se quedo quieta tambien, junto a él en el espacio de la puerta. Ichigo se inclino un poco hacia ella y levanto las cejas.

―¿Todo bien?

―Claro, solo enferma…como ves― se apunto a su misma, de cabeza a pies. Seguia en pijamas, estaba un poco ojerosa…y hablaba ligeramente extraño. Orihime le señalo para que lo siguiera hasta una ventana, se agacho para pasar atraves de ella. Ichigo la siguio, al principio algo desconcertado.

―Si, eso escuche. Rukia y Tatsuki me dijeron que estabas resfriada, de hecho ellas me pidieron que viniera aquí a dejarte estas bolsas. Comida y medicinas.

―¿Ellas te enviaron aquí?

Llegaron al techo. Orihime lo espero junto al final de la escalera hasta que él alcanzo la altura. Entonces lo vio. Bajo con gesto ausente mientras observaba todo alrededor: la decoracion, las luces, los dibujos.

―Vaya, esto es increible― se espabilo y respondio.―Si, me pidieron el favor ahora en la salida― respondio, pero seguia mirandolo todo―.Tatsuki me dijo que iba a un entrenamiento.

Orihime casi rio.

Tatsuki no tenía entrenamiento hoy.

―Y Rukia me dijo que tenía que ir al trabajo.

Rukia no tenía trabajo.

―Al menos me enviaron comida.

―No tan rápido, Dibujante de Extraños. No todo es bueno en esta vida, también te traje...― descolgó la mochila del hombro y saco varios cuadernos― esto. Tenemos tarea de cálculo hasta el día de nuestras muertes.

Orihime agarro los cuadernos y sus dedos tocaron la mano de él, sintió cosquillas en el estómago. Acerco los cuadernos contra su frente, golpeándola mientras hacía un sonido quejumbroso.

―El mundo seria un lugar mejor cuando los profesores entiendan que la escuela no lo es todo para nosotros.

―Amen― concordo Ichigo y alzo la mano; Orihime la choco y tomo sus cuadernos―. ¿Qué era lo que estabas haciendo hace rato, ademas de contaminar?

Ella recogio las hojas de antes y se las mostro.

―Origami― se sorbio la nariz―. Aviones de papel. Estoy realmente aburrida― dijo depsues de pensarlo un rato.

Ichigo no podria asegurarlo, pero creyo escuchar que la voz le temblo un poco. No supo que decir por unos instantes; ella hacia origami y él veia cada movimiento de manos que hacia. Sentados en el parapeto, le dio la imprecion de que, si el viento soplara fuerte, Orihime podria caerse por la forma en la que estaba sentada; una pierna colgando y la otra usandola como apoyo para la mejilla. Se mantuvo alerta, por si acaso.

―Nunca supe hacer origami― finalmente dijo.

―¿De verdad?

―Ni siquiera los avionsitos. Pero si las bolas de papel cuentan como el origami de una piedra, entonces soy un prodigio.

―¿Quieres que te enseñe?

Ichigo sonrio antes de responder:

―Si, ¿Por qué no?

Se sentaron mas cerca el uno de otro, hombro a hombro, para que asi fuera siguiendo los dobleces que ella. Dijo algun comentario idiota que hizo que Orihime lanzara la cabeza hacia atrás, pero fue un movimiento tan repentino que penso que caeria. La agarro de la mano, jalandola hacia adelante a pesar de que en realidad no iba a caer. Asi que se quedaron asi, agarrados de la mano, pensando en que podrian besarse y que seria increible. Pero no lo hicieron.

Cuando Ichigo aprendio a hacer los aviones, comenzaron a escribir mensajes en ellos, como habia estado haciendo Orihime unos momentos antes.

―Hey, ¿Qué te parece este?― Ichigo le mostro su hoja.

―"Si encontraste esto, eres el elegido para salvar al mundo"― leyó en voz alta. Se rio y asintió―. Me encanta. ¿Por qué no se me había ocurrido antes?

―¿Qué pusiste en el tuyo?― pregunto, estirando el cuello para espiar, pero ella lo aparto.

―No se me ocurrio nada, asi que le dibuje un ojo.

―Hmmm― lo observo Ichigo―. ¿Sabes que seria genial? Que le pusieras "te estoy observando".

Orihime lo penso, golpeando el marcador contra sus labios. Luego asintio con la cabeza.

―Tienes razon, solo espero que nadie que sepa que hago esto lo encuentre y crea que voy en serio.

Lo escribio, lo doblo y lo lanzo. Ichigo tambien avento el suyo. Observaron hasta que vieron que el papel cayo en la calle, en el techo o que simplemente desaparecia detrás de algo.

Y se quedaron en silencio.

Más bien, Orihime se quedo temendamente callada, hasta que suspiro y miro a Ichigo. Volvio a sentarse con una pierna colgando y la otra sobre el parapeto. Ichigo noto que tenia los ojos rojizos y no pudo apartar la mirada de aquella imagen, no supo que decir. Tomo su mano, entrelazo los dedos y uso su pulgar para darle suaves masajes sobre la piel.

―¿Qué tienes?

Orihime se sorbio la nariz y nego la cabeza, estaba viendo sus manos entrelazadas. Uso su dedo indice para trazar circulos sobre el nudillo de él, le encantaba la forma en que se sentia su piel. De hecho, le encantaba que él estuviera ahí, a pesar de que no era un buen momento. Sintio como su cuerpo reaccionaba a la caricia de Ichigo; un cosquilleo ligero y piel de gallina por todo el brazo.

Al final no pudo resistirlo y cuando menos lo penso, una lagrima le mojaba la mejilla; la limpio rapidamente usando su rodilla.

―¿Te puedo contar algo? No tienes que decir nada. Solo quiero decirlo porque siento que si no lo hago voy a explotar.

FIN.

¡Jesus!*se arrodilla en el suelo dramaticamente* ¿Cuándo regresaran mis ideas para este fanfic? ¿¡cuandooooo!? *se hace ovillo y llora por toda la eternidad*