Terminé de recontar y clasificar perfectamente un gran número de diagnósticos que se habían ido acumulando a lo largo del día, guardándolos respectivamente en sus carpetas; hacía días que me había incorporado al trabajo que me impuso Tsunade-sama, el cual se basaba en ir de aquí para allá recogiendo informes y lavando los utensilios de medicina que se usaban durante todo el día. Y todo ello bajo la atenta supervisión de Oyone. No recordaba haber coincidido mucho con ella años atrás, sin embargo, Shizune me aseguró que podría trabajar bien y sin el menor problema. Y tenía razón. Dejando a un lado que tenía como obligación controlarme, por todo lo demás no debía quejarme… Aunque sí que era cierto que me hubiese gustado hacer otro tipo de labores en vez de aparentar ser una principiante.

―Eso es todo por hoy, Sakura. Nos vemos mañana.

Pero me bastaba para mantener la mente ocupada.

Los días transcurrían a cuenta gotas para mí, volviéndose monótonos. Salía del trabajo e iba a casa a hacer la cena, me acostaba sin remediar derramar algunas lágrimas y volvía a levantarme para ir a trabajar. Sin embargo, ésa noche haría algo distinto e iría a cenar a casa de mis padres.

Aún me acordaba de sus reacciones cuando les presenté a los niños. Ambos no podían creérselo cuando vieron a los tres pequeños allí plantados pero, a pesar de ello, y de que podía hacerme una idea de lo que se les pasó en ese instante por la cabeza, los abrazaron. Aceptaron a sus nietos cariñosamente, sin poner caras extrañas que dejaran entrever lo que pensaban por su procedencia, ni siquiera me arrullaron a preguntas innecesarias. Los acogieron felizmente entre sus brazos como miembros de la familia.

―¡Sakura! ―vi a Ino acercarse por la calle junto a Sai.―¿Sales del trabajo ahora?

―Sí…―no me acostumbraba a verles cogidos de la mano.―Ceno con mis padres.

―¿Ah, sí? Dales un saludo de mi parte. Hace tiempo que no los veo.

―Claro…―mencioné distraídamente percatándome que alguien salía de casa de mis padres en ese preciso momento.―¿Naruto,…? ―Éste se giró cuando lo nombré, sonriéndome.―¿… qué haces aquí?

―Nada, tan sólo pasaba a saludar.―dijo restándole importancia al hecho de que me resultara completamente extraña esa situación.―¿Y ustedes qué? ¿Dando un paseo?

―Sai me va a llevar a cenar, ¿verdad?

―Sí. Según tengo entendido las parejas deben salir de vez en cuando para no caer en eso que llaman rutina. También es muy recomendable formar un grupo y socializar con otras parejas.

―Ah… No tenía que haberte regalado ese libro.

―¿Por qué? Yo lo encuentro muy interesante; explica muchas cosas acerca del comportamiento de las mujeres. Al principio no comprendía muy bien la importancia de las hormonas…

―¡Ya, ya, ya! Vamos, o nos quedaremos sin mesa.―se apresuró a interrumpirle con un leve sonrojo adornándole las mejillas mientras lo agarraba del brazo y tiraba de él.―Espero que salgamos pronto, ¡tengo muchas ganas de charlar contigo, Sakura!

―Claro.

―¡Nos vemos, Naruto!

Los vi marchándose arrimados el uno contra el otro, en un gesto que demostraba lo unidos que estaban.

Aún no podía creer que estuviesen juntos.

―Tómale la palabra a Ino. No hablará de nada que te incomode, te lo aseguro.

―Lo sé.―tenía ganas de estar con ella y con todos, pero algo que no sabía qué era me lo impedía. ¿Miedo? ¿Inseguridad, tal vez? Todavía era demasiado pronto para compartir mis pensamientos con nadie. Y la verdad, es que tampoco quería hacerlo.―Por cierto, Naruto,… ―en ese instante, un ANBU emergió tras su espalda, diciéndole algo apresuradamente al oído que no pude alcanzar a escuchar.

―¿Ahora?―sea lo que sea de lo que le estuviera informando mantuvo su rostro inescrutable. Aunque se notaba que debía de tratarse de algún asunto serio.―Está bien.―con aquella respuesta el ANBU desapareció.―Perdona, Sakura; tengo que irme ya. Te veo mañana, ¿está bien? Disfruta de la cena.

Parecía ser un tema urgente, sin duda. Al fin y al cabo, tal como se había encargado de ponerme al día, la guerra, seguía en pie, y las cinco naciones continuaban siendo aliadas, compartiendo información de máxima prioridad entre ellas. Pero, por alguna razón desconocida la batalla se había paralizado… Eso era lo poco que sabía de boca del mismo Naruto y Kakashi-sensei. Entendía que no intercambiasen más datos conmigo; fui la prisionera de Sasuke, alguien a quien todavía se le consideraba miembro de Akatsuki e iniciador de aquel desastre, y por lo que aún estaba siendo vigilada por el escuadrón ANBU. Algo que particularmente a Naruto no le hacía ni pizca de gracia, aunque intentara pasarlo por alto… Sabía que Tsunade-sama, ni ninguno de los que conocían la verdad respecto a mí y sobre la fuga de Sasuke le habían contado nada a él. Y pretendía que fuese así, al igual que mantendría en pie mi mentira.

―¡Mamá, mira! ¡El abuelo está enseñándome a hacer juegos de palabras con recortes de periódico!―explicó atropelladamente mi hija pequeña, entusiasmada desde el sofá al lado de mi padre. Estaba disfrutando como un crió con ella.

―Sakura,…―me volví hacia la voz de mi madre proveniente de la cocina, y allí me topé con los otros dos vestidos con delantales y cerca de los fogones.―¿qué tal el trabajo?

―Bien. ¿Les hecho una mano?―les pregunté, viéndolos cocinar tan concentrados. Abracé a Takara por detrás, acariciándole cariñosamente el cuello con la nariz y haciéndole cosquillas.

―No hace falta…

―¡Puedes hacer la ensalada!―interrumpió a Daisuke.

―¡Oye, Takara!

―La abuela ya ha lavado los ingredientes.―prosiguió, ignorando las protestas de su hermano mayor.―¡Solo falta cortar y aliñar!

―De acuerdo.―acerqué mi mano a Daisuke, quitándole un resto de harina de la mejilla.

Era demasiado sobreprotector conmigo. Siempre lo fue, desde muy pequeño.

Cuando les dije que conocerían a sus abuelos pensaba que él se mantendría apartado, frío y sin hacer un esfuerzo por comunicarse, y sin embargo, me dio una grata sorpresa verle relacionándose con ellos, sin perder la esencia del chico tímido y gentil que era realmente; su extraño humor parecía haberse aplacado más o menos, ya que algunas veces dejaba salir a la luz la personalidad de su padre. A pesar de que intenté por todos los medios hablar con él sobre ello se negó en rotundo a escucharme.

―¿Has visto a Naruto?―escuché preguntar a mi madre de repente. Estaba ayudándome a cortar en rodajas los tomates.―Se ha ido un poco antes de que llegaras.

―Sí, me lo he encontrado abajo. ¿Qué hacía aquí?

―Sólo ha venido a saludar. Aunque le he insistido en que se quedara a cenar no ha querido.

―Creo… que tenía trabajo que hacer.―recordé al ANBU.

―¡Ése chico siempre anda ocupado para arriba y para abajo!―mencionó mi padre desde el salón.―No sé de dónde saca tanta energía.

―¿Es qué Naruto viene mucho por aquí?―quise saber curiosa y sorprendida.

―De vez en cuando pasa un rato a tomar una taza de té.―contestó mi madre con un deje amable en la voz. Yo arrugué el ceño, confundida por aquella muestra de simpatía y afecto hacia Naruto. ¿Alguna vez se había llevado bien con mis padres o fue mientras yo no estuve? Me había perdido muchas cosas a fin de cuentas…

Los niños sirvieron la comida ganándose las felicitaciones de sus abuelos al estar realmente deliciosa. Charlaron, e incluso bromearon entre ellos como una auténtica familia. Estaba agradecida con mis padres por haberlos recibido tan fácilmente, y así, poder darles un motivo que les sirviera para adaptarse a la aldea.

Todo iba bien hasta ese momento. Y conseguiría sacarlos adelante día tras día.

―Bueno, ya me voy.―les dije mientras terminaban de desayunar.―Les he dejado la lista en la cocina; no quiero que compréis nada que no esté ahí escrito, ¿entendido, Sora?―torció la boca medio ruborizada.―Estaré de vuelta a la misma hora de siempre.

―Vale, ¡que te vaya bien, mamá!

Cerré la puerta y no me gustó nada ese tono tan sobrecargado de inocencia y que conocía perfectamente. Lo más seguro es que a la vuelta tuviera que regañar a cualquiera de ellos, o incluso a los tres... Desde que conocieron a Ashi, el sobrino de Kiba, la pequeña estaba totalmente revolucionada y contagiaba con sus travesuras tanto a Takara como a Daisuke. Aunque más bien era más a uno que a otro; Daisuke a veces parecía abstraerse de todo lo que le rodeaba y permanecía muy pensativo y distraído cuando salíamos de casa. Como si estuviera perdido o algo así… Cada vez lo entendía menos, o tal vez era yo, que le daba demasiadas vueltas a las cosas y exageraba preocupándome por él tanto.

Al llegar a la entrada del hospital me topé con Naruto.

No articuló palabra, pero le miré, y deduje que algo serio había tenido que pasar. El extraño sentimiento del día anterior volvió a invadirme.

―¡Se van a meter en un problema con mamá y yo no quiero saber nada!

―¿Quieres escucharme? Mamá dijo que no comprásemos nada que no estuviera escrito en la lista, ¿no? Pues resulta que se le olvidó unas cuantas cosas que yo pondré por ella con su misma letra. ¡Todo lo que ponga en éste papel es válido!

―No te olvides de los palitos de chocolate, Takara.

―Vale.―apuntó como le había recordado Sora, quien se dedicaba nada más que a traer dulces y golosinas, dejando la compra importante para el final, cuando ya no quedase dinero.―Si nos organizamos bien encajará todo.

―¡No me vengas con eso! ¡Ya han gastado más de la mitad del dinero en porquerías!

―Sora, devuelve las galletas de Daisuke.

―¡No!―grité, arrebatándole la caja de las manos posesivamente.―¿Por qué tienen que ser mis galletas?

―Porque tú eres el que está en contra de esto.―rebatió ella extendiendo la mano. ―¡Ustedes tienen más cosas…!

―¡No voy a renunciar a mis dulces por ti así que suéltala ahora!―chilló histérica y dejé que se llevase las galletas antes de que pudiese morderme la mano y me contagiase de rabia.

―¡Es genial tener a Sora en mi bando de vez en cuando!―se jactó.

―A eso se le llama conveniencia, y deja que te diga que conseguirás darle una sobredosis de azúcar estratosférica.―la veía revolotear por los estantes cual abeja zumbando en un campo de flores y sin pestañear.―Como siga de esta manera no tendremos más remedio que amarrarla al futón y entonces, será cuando tendrás que darle explicaciones a mamá.

―¿Ah, sí?―comentó sin despegar los ojos del papel.―Sora, ¿quién te ha comprado todas estas golosinas hoy?

―¡Daisuke!

―¡¿Qué?!

―Le he cedido un tanto por ciento de mi parte por su silencio.

―¡Eso no es justo, Takara!―le recriminé, y sin embargo, él solo se encogió de hombros sin interés.―Eres un… ¡Sora!―exclamé sin saber muy bien qué decir. Ésta se volvió con las manos repletas de galletas, y dije lo primero que se me vino a la mente.―Takara limpió el té del suelo con Yuki, ―Takara soltó un grito ahogado.―por eso ha tenido ese extraño olor últimamente.

Se le abrieron los ojos verdes de par en par, abollando la caja que tenía entre las manos.

―N-No es verdad, ¡está mintiendo!

―¿Ah, sí? ¡Demuéstralo!―le desafié burlonamente. Estaba temblando ante la mirada asesina de Sora.

―¡Daisuke le dio una patada!―gritó estrangulado.―¡Vi cómo lo estrellaba contra la pared sin compasión!

―¡Serás…!

―Si yo me hundo tú te vienes conmigo… ¡Auch!

Finalmente nuestra hermana pequeña acabó por lanzarnos a ambos las cajas a la cabeza con total intención de que nos diera con la esquina del cartón, y más aún, nos obligó a que le entregásemos completamente nuestra parte de los caprichos de la compra más un extra, según ella, para compensar a Yuki. Al llegar a casa tendríamos que pedirle perdón a ése estúpido muñeco, que no hacía otra cosa que meternos en líos a causa de su mera existencia. Pero, lo peor de todo sería cuando mamá viera la montaña de azúcar que Sora iba a meterse en el cuerpo antes de que llegase a casa. Aunque no estaba muy seguro de qué era peor: si mi madre enojadísima o mi hermana pequeña hasta las cejas de gluten.

―Oye, Sora, ¿no puedes dejar algo para luego?

―¡Cállate!

Se lo estaba zampando todo a una velocidad increíble. Nunca la había visto comer con tanta ansiedad…Solo esperaba que no terminara por echar espuma por la boca en mitad de la calle. Ya nos observaban con recelo cada vez que salíamos de casa, ya fuera cuando estábamos en presencia de nuestra madre cómo si no. Se nos quedaban mirando y cuchicheaban a nuestro alrededor. En realidad, era algo con lo que estaba acostumbrado a tratar pero, mis hermanos, en cambio, era un hecho con el cual no se habían topado antes. Y la verdad es que me daba cuenta perfectamente de la gran repercusión que había supuesto la marcha de mi padre de la aldea de Konoha. Como una especie de… no sé, ¿traidor? Tal vez no le gustaba vivir allí, o simplemente se fue porque quiso. ¿Qué hay de malo en ello? ¿Tan importante era la aldea que no se te permite salir de ella?

¡Que estupidez!

―¡Chairomaru!―oí que gritaba de repente Sora seguido de unos agudos ladridos de cachorro, el cual encontré dando vueltas alrededor y entre las piernas de Takara, hasta que éste perdió el equilibrio cayendo sobre su trasero.―¡No te comas eso, es mío!―le regañó cuando metió su cabeza peluda en la bolsa desparramada por el suelo. Por un momento creía que se pondría a ladrar como el perro.

―¡Hola, Sora!―el dueño del animal apareció por fin, aunque tan despreocupadamente que enojó a Takara, quien levantó al cachorro por la crin.

―¡¿Por qué no amarras a este bicho con una correa en vez de dejarlo suelto por ahí?!

―¡Jamás le haría eso a Chairomaru!―se lo arrebató de las manos―. Es mi mejor amigo.

―¡Es un perro! ―señaló, como si intentara hacérselo entender. Aunque el otro estaba más pendiente en jugar con él junto a nuestra hermana que en discutir con Takara.

―¿Van a hacer una fiesta con tantos dulces?

―No. Son todos para mí, ¿quieres algunos?

―¡Vaya, gracias!

Mi hermano estaba a un paso de arrancarse la cara de la impotencia nada más con ver cómo Sora le ofrecía lo que supuestamente habría sido su parte a Ashi.

―Me voy con ellos a dar una vuelta.―anunció Sora.

―Pe-Pero tenemos que llevar esto a casa.―le dije.

―Pues llevenlo. Vámonos, Ashi.

―Hasta luego.

Los dos enanos se largaron sin mediar media palabra más, junto al perro, dejándonos a Takara y a mí solos con la compra y sin oportunidad de abrir la boca.

―Mamá dijo que permaneciéramos juntos.

―Olvídala, Daisuke. ¡Que se vaya con su nuevo novio y su estúpido chucho a tomar fresco! ¡Ojalá se infle tanto de dulces que explote! ¡¿Has visto como nos mangonea cómo quiere?!

―Vamos a casa.

―¡Sí, vamos! tomaré su asqueroso conejo y lo tiraré por el váter o… no, ¡mejor! ¡Lo cocinaré y se lo pondré para cenar esta noche!

Si seguíamos vivos para la cena, pensé. Mamá no sería compasiva con nosotros en absoluto.

Guardamos lo que habíamos comprado y reflexionamos seriamente cómo librarnos de los dulces o cual modo sería mejor para esconder tantos sin que lo descubriera mamá en un apartamento tan pequeño…

―¿Sigues queriendo tu parte? ―Inquirí, y él me miró incrédulo. No se me ocurrió otra cosa que hacerlos desaparecer de esa manera, y dado que Sora no estaba presente era la ocasión perfecta para cobrarnos nuestra venganza y reducir también la inminente bronca de nuestra madre.

El único problema era que para entonces, tanto el uno como el otro terminaríamos empachados a dulces, y la cena resultaría un verdadero suplicio para nuestro estómago. Pero, ¿qué más daba? Al fin y al cabo solamente era cuestión de tragar, ¿no? Engullir probablemente hasta vomitar… ¿Por qué habría tenido que ocurrírseme una idea como esa? ¿Y por qué siempre éramos nosotros los únicos que acabábamos metidos en esos líos?

Creo que al final de aquello mi hermano y yo terminamos odiando las cosas dulces.

Estaba en cólera. Me sentía traicionada por la persona que tenía frente a mí, la cual me prometió seguridad y protección. Pero, finalmente resultó ser una cortina de humo.

―¡¿Qué significa esto?! ¡Dijo que no les pasaría nada malo!―los brazos de Shizune me sostuvieron, impidiendo que me acercase más a Tsunade-sama, quien me observaba tranquilamente desde su asiento con el entrecejo fruncido, pero al cabo de unos segundos desvió la mirada.

―No se te informó de esto para que actuaras por tu cuenta, Naruto.

―Sakura debía saberlo.

―¡Me prometió que no les haría daño!―exclamé, al mismo tiempo que intentaba librarme del férreo agarre de Shizune.―¡¿Por qué?!

―Si te calmas te lo diré.―dijo con pesadez, aun sin abandonar su seriedad en la mirada.

―Más le vale que sea una buena explicación.―advertí apretando las manos y los dientes.

―¿Tengo que recordarte a quién estás amenazando?

―¡Tsunade-sama, por favor…! ¡Tú también, Sakura!―Shizune se colocó entre ambas disuasoria, sin embargo, yo ya había llegado echando chispas y, en ese momento me sentía arder de rabia.

Tras llamar varias veces se abrió la puerta del despacho.

―¿Se puede…? Ah.―la cabeza de Shikamaru apareció tras ella, echando un rápido vistazo a la habitación.―Aquí ya hay demasiadas personas; mejor vuelvo en otro momento…

―¡No, no, no!―vi cómo Shizune arrastraba a Shikamaru hasta nosotras, manifestando su incomodidad por la tensa situación que habitaba entre aquellas paredes.―¿A qué has venido, Shikamaru? ¿Tienes algo que comunicarle a Hokage-sama?

―Eh… Sí. Pero puedo venir luego…

―¡No puedes!

―¡Ay!

―Tsunade-sama te escuchará atentamente, ¿verdad?

Ésta chasqueó la lengua y posó su atención al recién llegado, que mostraba una mueca de dolor en la cara a causa de Shizune.

―¡¿Qué quieres ahora?! ―He-Hemos recibido la respuesta de los Kages.―comenzó diciendo, cohibido.―Esperan que todo esté listo para dentro de dos días.

―¿Dos días?

―Sí… han mostrado mucho interés…

―Aah… De acuerdo. Avísales de inmediato.―dijo haciendo un gesto perezoso con la mano para que se fuera. Y éste no perdió la oportunidad de desaparecer apresuradamente por la puerta.

Sentí que Godaime se levantaba del escritorio y me volví para verle la espalda.

―Dos días es poco tiempo.―oí que comentaba Shizune a mi lado con gesto preocupado.―¿Por qué tanta prisa?

―Estamos en guerra, lo parezca o no.―contestó tajante.―Cualquier cosa que deba hacerse es mejor que sea de inmediato. Sakura… Tus hijos han recibido entrenamiento de Sasuke, ¿no es cierto?

―¡Eso no tiene nada…!

―Los Kages y yo llegamos a un acuerdo, y los tres niños revelaran todas y cada una de sus habilidades. Sin reservas. Será un examen donde los cinco Kages estén presentes para comprobarlo; Uchiha Sasuke sigue siendo enemigo de las Cinco Grandes Naciones y como tal, que aparezcan tres niños Uchiha ha levantado cierto desconcierto entre ellos.

―¿Desconcierto…? ¡Son solo unos niños!

―¡Sabes tan bien como yo que no son unos simples niños cualquiera! El resto de los Kages quieren comprobar sus potenciales por ellos mismos.

―Tenía entendido que la alianza Shinobi se formó para combatir una guerra, y no para que los cinco Kages pierdan el tiempo en ver el espectáculo que puedan ofrecerle unos niños.

No me mordí la lengua en mis palabras, y ante eso, ella entrecerró los ojos amenazadoramente y al mismo tiempo noté cómo se tensaba Shizune junto a mí.

―Se realizará pasado mañana como está previsto.―anunció de forma contundente.― Sin la menor interferencia, de ningún tipo, ¡¿lo han entendido las dos?!

A duras penas podía frenar el impulso de destrozar el escritorio de un puñetazo. No podía creer lo que estaba escuchando. Sentí un peso sobre mi hombro y la azul mirada de Naruto se cruzó con la mía, frenando así mi necesidad de romper algo o de terminar encerrada en un calabozo por querer abalanzarme contra el Hokage.

Una vez fuera del despacho tuve ganas de echar a correr hasta que no pudiera más y me dolieran los pulmones. Necesitaba salir… Salir lejos y llevarme a mis hijos conmigo lo antes posible.

―Sakura… ¡Sakura, te he dicho que esperes!―me detuvo del brazo en mitad de las escaleras. Sin embargo yo me resistí, lo único que quería era estar con mis hijos en ese momento.―Sakura, por favor.―de repente me encontré inmovilizada entre sus brazos y la pared.―No les pasará nada.―repetía continuamente, susurrándome al oído.―No les pasará nada… No lo permitiré, te lo prometo. Así que por favor, no hagas ninguna tontería. Por favor, por favor…

―Naruto… ―no estaba segura si lo decía en serio o sólo lo decía para tranquilizarme. La pregunta era, ¿podía confiar en ello? ¿Confiaría de verdad en Naruto?―Si algo les ocurre, yo…―me era imposible continuar sin sentir un nudo ardiente quemándome la garganta.

―Lo sé.―me abrazó más fuerte.―No dejaré que les pase nada malo.

Me costaba mucho no dejarme llevar por sus palabras cálidas y protectoras, debilitando el muro que me había impuesto construir a mí alrededor para dejar de verme débil frente a los demás, y sin embargo, con unas simples palabras, él lo estaba desmoronando con tanta facilidad…

Se oyó un carraspeo y ambos nos volvimos hacia la base de las escaleras, donde Kakashi-sensei nos observaba junto a Shikamaru.

―Siento interrumpir, pero tengo que hablar con Naruto de un par de cosas de la misión, si no te importa, Sakura.―dijo mostrando una sonrisa bajo la máscara. En cambio, Shikamaru tenía el rostro serio e inescrutable.

Miré a Naruto y éste me devolvió una sonrisa que me indicaba que no me preocupara.

―Nos vemos luego.―dijo. Pero yo no estaba tan segura.

Bajé las escaleras pasando junto a ellos dos, y antes de girar para seguir bajando busqué de nuevo sus ojos hasta que inevitablemente los perdí al doblar la esquina.

Iba por la mitad del pasillo y no dejaba de estar nerviosa. Decidí volver sobre mis pasos sin hacer el menor ruido y me puse contra la pared, bajo las escaleras. Al principio no oí nada, y pensé que se habrían ido o que tal vez supieran que seguía allí y los estaba escuchando, lo que hizo que estuviera a punto de salir corriendo, pero entonces, alcancé a escuchar la voz perezosa de Kakashi-sensei:

―¿Qué estás haciendo, Naruto?

―Nada.

―Acordamos que sería Hokage-sama quien se lo comunicaría a Sakura.―intervino la voz de Shikamaru.―Deja de actuar por tu cuenta, Naruto.

―Yo no estoy conforme con lo que se va a hacer con esos niños.

―Eso no es decisión tuya. Ya te lo he dicho.―le recordó Kakashi-sensei.

―¡Me da igual! Hablaré con Gaara y lo convenceré de que no son un peligro como quieren hacerles creer.

―Así solo empeorarás las cosas; el voto de los Kages fue unánime, digas lo que digas no cambiará nada…

―Estamos hablando de la seguridad de la aldea, y de la Alianza en sí misma.―interrumpió Shikamaru.― Quieras o no ya hay un cierto runrún circulando, no solo por Konoha, sino por la otras Naciones también.

―¿Qué quieres decir?―hubo una breve pausa, en la cual, lo único que podía alcanzar a oír eran los fuertes latidos de mi corazón martilleándome el pecho.―¡¿De qué estás hablando, Shikamaru?!

―Son los hijos de Sasuke, ese único hecho ya es un incentivo para ser considerado como una amenaza… ―espetó.―Sin embargo, la razón de por qué tuvo estos años a Sakura cautiva es lo que ha llamado la atención; todos sabemos que uno de los propósitos de Sasuke es revivir al clan Uchiha a cualquier precio, y ha conseguido a tres descendientes gracias a Sakura pero, por otro lado, el camino que Sasuke ha elegido es la venganza, ¿no es así? Sabes muy bien el odio que siente por la aldea. Entonces, ¿por qué empezar a restaurar su clan precisamente con una habitante de Konoha? ¿No hubiese sido más lógico matarla? No tiene ningún sentido que la haya retenido durante tantos años para nada… A no ser, que fuese eso lo que pretendía Sasuke.

―¿A qué te refieres?

―Sasuke sabía que esto iba a pasar. Al fin y al cabo, debía suponer que estaríamos buscándola y que acabaríamos dando con ella tarde o temprano, y para cuando eso pasara, Sakura habría sido madre y, por si fuera poco por tres veces. Él se las arreglaría para escapar de alguna forma y dejaría a los niños bajo la protección de su madre, quien sería llevada devuelta sana y salva a su aldea natal.

―Sigo sin entender ni una sola palabra de lo que estás diciendo, ¿qué tiene que ver Sasuke en todo esto? Tú mismo lo has dicho, Sasuke ha escapado y quién sabe dónde estará ahora…

―No es de Sasuke del que está hablando, Naruto.

―¿Qué…?

―El objetivo de Sasuke siempre ha sido el mismo: destruir Konoha. Y ahora mismo hay tres Uchihas dentro de la aldea.

―¡Deja de decir tonterías! ¿Cómo puedes pensar algo así? Eso es imposible, ¿tú también piensas lo mismo, Kakashi-sensei?

―No quiero creerlo, pero tengo en cuenta que esos niños han sido criados bajo la tutela de Sasuke y, aun siendo impropio de él no descartaría la idea; un ataque desde dentro es una buena estrategia y desestabilizaría a la aldea, y a su vez la Alianza.

―¡Solamente son unos niños!

―Los niños también son asesinos y fáciles de manipular.

―¡Pero…!

―Naruto, dentro de dos días veremos el alcance que tienen y los Kages decidirán qué decisión tomar. Si te interpones ahora e intentas convencer a Gaara o a cualquiera de los demás lo único que crearás será confusión entre ellos.

―Shikamaru tiene razón, por más que queramos e intentemos apoyar a Sakura no está en nuestras manos. Lo que sí debemos tener presente es que el Raikage sigue mostrando cierta hostilidad hacia Sasuke… Sólo espero que eso no influya en lo que ocurra dentro de dos días.

―Si no ocurre nada fuera de lo normal no tiene por qué suceder nada; te queda advertido, Naruto. Deja las cosas como están y no interfieras, nada me gusta menos que aguantar ahora el malgenio de Godaime.

Se oyeron pasos que se perdieron en la distancia.

―Ya eres mayorcito para saber dónde te estás metiendo pero, como tu sensei tengo la obligación de decirte que no lo hagas. Acabarás saliendo perjudicado,… más de lo que ya lo estás.

―Lo sé muy bien, y no me importa.

―Naruto…

―Es mi decisión y sufriré sean cuales sean las consecuencias.

―Ah, como quieras... Yo tengo que ver a Hokage-sama. Y tú procura no causar más enfrentamientos por aquí.

No podía moverme. Por más que escuchara los pasos que bajaban la escalera y se acercaban estaba totalmente inmóvil. No daba crédito a lo que acababa de oír.

―¡Naruto-niichan!

―Konohamaru.

Era mi oportunidad. Estaba en el pasillo de espaldas de él y no se había percatado de mi presencia, así que eché a correr tanto como me permitieron mis piernas torpes y adormecidas.

Al llegar a casa lo único que pude hacer fue encerrarme en el baño y meterme bajo la ducha. No podía dejar que los niños me vieran de esa forma. Me negaba a creer lo que dijo Shikamaru. Era imposible que Sasuke hubiese planeado algo tan retorcido como eso. Convertir a sus propios hijos en asesinos…

"Son los hijos de Sasuke, ése único hecho ya es un incentivo para ser considerado como una amenaza".

También eran hijos míos, y no les harían daño ni a una mosca. Pero, ¿y si Sasuke les hubiese contado algo? Yo no estaba presente en sus entrenamientos así que no podría saberlo.

―¡La cena está lista, mamá!

¿Les dijo por qué odiaba y quería arrasar Konoha? ¿Acaso les pidió que lo ayudasen en un futuro a conseguirlo? Sólo de pensarlo se me retorcía dolorosamente el estómago.

Los tres comían de sus raciones, Sora con más ansia de la debida y los dos chicos parecían estar a punto de vomitar, pero no había en ellos ni un atisbo de ése odio y frialdad que acompañaban a Sasuke.

En cualquier caso, me decidí a preguntarles, por si acaso.

―¿Se acuerdan si en alguna ocasión, su padre… les comentó algo acerca de Konoha?

La pregunta extrañó a los tres que se miraron entre ellos. Un gesto que me puso nerviosa inevitablemente.

―No que yo recuerde.―contestó Takara, pensativo. Sora negó con las mejillas infladas.―Hablaba del nombre Uchiha y de la importancia que tenía… A veces se ponía muy pesado con eso.

―¿Por qué?―le incité a que me dijese más.

―No sé, por ejemplo decía que debíamos estar orgullosos de ser Uchiha, que siempre teníamos que ir con la cabeza bien alta y no dejar que nadie nos mirara por encima del hombro o nos humillara, que debíamos... ser fuertes ante las adversidades y ayudarnos entre nosotros y cosas así… La verdad es que la mitad ni las escuchaba. Estaba demasiado ocupado con no morirme en mitad de los entrenamientos como para enterarme de algo.―contó sin darle importancia y se concentró en la comida.

―¿Y tú, Daisuke?―se encogió de hombros y siguió comiendo.―¿No te dijo nada?―de entre ellos tres él era el más cercano a Sasuke, sin duda.

―¿Por qué tienes tanto interés? Ya te lo ha dicho Takara.

―Ya, pero… si había algo…

―¿Cómo qué?―quiso saber. Los tres me miraban interrogantes.

―Nada. Cosas mías; terminaos la cena.

Sabía muy bien que Daisuke compartía secretos con Sasuke que tanto sus hermanos pequeños como yo desconocíamos. Ambos tenían un vínculo muy fuerte y podían comunicarse con una simple mirada. No sólo eran muy parecidos en aspecto físico sino en otras muchas cosas, y tal vez ésa fuera la causa de esa unión; Daisuke adoraba a su padre, lo tenía en un pedestal, sin embargo, me pregunto qué pasaría si le pidiese que le ayudara a cumplir su venganza. ¿Lo apoyaría o se negaría en rotundo?

―Laven sus dientes y a dormir.―les dije cuando terminaron de recoger la mesa y fueron en dirección al baño, menos uno de ellos, que se quedó conmigo en la cocina. Le vi la intención antes de que lo hiciese.―Los estoy lavando yo, ve con tus hermanos y procura que se laven bien los dientes después de todos esos dulces, y tú también.―vi cierto rubor en sus mejillas.

―¿Por qué has preguntado antes por lo que podría habernos dicho papá?

―Curiosidad, nada más. Puede que alguna vez te hablase de cuando vivía aquí…

―No me contó nada.―atajó. Parecía sincero pero, no dejaba de sentir que tal vez estuviera mintiéndome. Era difícil saber lo que le pasaba a veces por la cabeza. Quizás me mintiera como yo hacía con él.

Llamaron a la puerta.

―Iré yo.―se ofreció, aunque no me quedé en la cocina y le seguí extrañada por quién podría ser a esas horas.

―Naruto. ―apenas aprecié su alta silueta bajo la pobre luz que inundaba el rellano.

El recuerdo de la conversación que tuvo con Shikamaru y Kakashi-sensei se hizo presente en ese momento. Y rápidamente le indiqué a Daisuke que nos dejara a solas. Pero el niño nos observaba intrigado, aunque más a nuestro inesperado invitado quien le dedico una sonrisa.

Cuando desapareció por la puerta del baño me giré hacia Naruto y salí de casa cerrando tras de mí. No quería que oyeran sea lo que sea lo que tenía que hablar conmigo.

―Estaba preocupado.―empezó diciendo.―No podía quedarme en casa y estar preguntándome constantemente como estabas, ¿ya se lo has contado?

―No, aún no. Quizás mañana…

―Si tienes dificultades tal vez yo pueda…

―Gracias, ―le corté― pero ya has hecho bastante, Naruto. No quiero que te veas más involucrado en mis problemas.

―¿Qué?―me mordí la lengua.―¿Qué quieres decir con eso?

―Nada.―¿debería admitir que los oí hablar sobre ése supuesto plan maquiavélico?

Había sido muy gentil desde que llegué a la aldea, incluso con los niños… De repente su mano se posó sobre mi cabeza, despeinándome.

―¡Como sigas así te saldrán arrugas como las de la abuela Tsunade!―bromeó.

―¡Naruto!―me quejé apartándolo mientras se reía.

―Mañana me pasaré a verte por el hospital, ¿bien?―anunció llegando al final del tramo del pasillo, donde se dio media vuelta y se despidió con la mano.―Te veré mañana.―repitió.

Yo le devolví el gesto y entré en casa una vez que se había marchado, preguntándome cómo conseguía sacarme un principio de sonrisa dado lo malherida que me sentía por dentro.

Apenas desayuné esa mañana. El cielo había amanecido empañado por una densa capa gris que lo cubría y de ella caía una lluvia incesante que golpeaba las calles.

Me había ofrecido en ir yo solo a comprar lo que el día anterior fue imposible. Cuando mi madre comentó que después del trabajo se acercaría a la tienda fue automático, me levanté y dije que yo me encargaría de ello.

Había memorizado el camino de la tienda, y de ella a casa. Podría ir y venir perfectamente con los ojos cerrados, sin embargo, estaba dando un rodeo demasiado grande como para llegar a tiempo a casa y librarme de un resfriado.

Lo que nos dijo mamá en mitad del desayuno aún me daba vueltas en la cabeza…

―Mañana realizaréis un examen para probar vuestras habilidades.―dijo seriamente.

―¿Por qué?

―Quieren ver el nivel que tienen…

―¿Respecto a qué?―quise saber.

Ella nos miró a los tres.

―Se les dirá mañana. Ahora terminen el desayuno, yo tengo que ir a trabajar; luego me pasaré por la tienda a comprar.

―Yo lo haré.

Tenía la sensación de que no ella misma estaba totalmente segura de qué clase de examen se refería. ¿Y por qué deberíamos hacerlo? ¿Estaría bien si me niego?

―¡Bienvenido!

La voz del dependiente me sobresaltó al traspasar la puerta automática.

Agarré una cesta apiladas del montón y me interné entre los estantes de comida. Podía concentrarme en las ofertas y distraerme en vez de estar aguantando a mis dos hermanos pequeños con sus caprichos.

Cuando me acerqué a la nevera para alcanzar un bote grande de zumo me percaté que estaba siendo observado por dos mujeres que susurraban entre ellas, pero pude oírlo con claridad.

―Ese niño…

―He oído que son tres, ¡nada menos!

―¡Qué descaro! Paseándose por aquí como si nada.

Cerré la nevera con un golpe seco, lo que pareció molestarles aún más que mi sola presencia.

―¿Qué?

Quería que me dieran una excusa para poder cerrarles la boca a esas cotillas estúpidas.

―¡Daisuke!―llamó de improvisto una voz femenina. Era la mujer joven que no hacía más que insistirle a mi madre por quedar a charlar y tomar algo ellas dos…; Ino, creía que se llamaba.―¡Qué sorpresa verte aquí! ¿Sakura te ha mandado por unos recados?―se había colocado delante de mí, dándome la espalda por un momento, en el cual, aquellas mujeres se mostraron contrariadas y se largaron por el otro lado del pasillo.―¿Quieres que te ayude?―se ofreció una vez se dio la vuelta, sonriéndome.

―No hace falta…

―¡Vamos, no seas tímido!

―Ino,…―de un momento a otro Naruto apareció tras el estante por donde habían desaparecido las mujeres anteriores. Llevaba en las manos dos envases semicirculares y su expresión parecía un poco… ¿idiota?―¿cuál crees que es mejor y debería llevarme?

―¿Cómo quieres que lo sepa? Pídele a Sai que te ayude.

―Sai ha perdido totalmente su derecho a voto en este asunto.

―Sólo porque le he sugerido que esta vez compre algo de verdura.―detrás de él surgió el hombre extremadamente pálido que nos presentaron hace un par de días a mis hermanos y a mí. Me dio la sensación de que era un poco raro.―Están en oferta, es una buena oportunidad para que comas saludable por una vez.

―¡Geh! ¿Quién dice que no coma saludable? Para ti las verduras si tanto las quieres.―se acercó y se acuclilló frente a mí.―Oye, Daisuke, ¿tú cuál prefieres: el extra grande o el extra de cerdo?―cuestionó, enseñándome aquellos recipientes de plástico que suponía contenían fideos por el dibujo de la tapa.

―¿Qué es esto?

―Ramen.―contestó. Tal vez imaginé ese ápice de orgullo en su voz.

―¿Qué es ramen?―volví a preguntar, pero cuando lo hice, los ojos de Naruto casi se salen de órbitas y por alguna razón que no comprendí Ino y Sai se echaron a reír de repente a carcajadas.

―Creo que Daisuke es un chico muy sano para ti, Naruto.―comentó aun carcajeándose Sai.

Por otro lado, Naruto se había quedado inmóvil, sin despegar sus ojos como platos de mí. Creo que ni siquiera parpadeaba. Resultaba incómodo y no pude remediar avergonzarme por aquella situación.

―Lo siento, Daisuke.―se disculpó Ino limpiándose lágrimas de los ojos.―Pero, es extraño que no sepas lo que es… ¿De verdad nunca lo has comido?

―No, no lo creo.

Naruto hizo un ruido extraño. Como si lo que acabara de decir le doliese.

―No puede ser…

―El chico aprecia la buena comida.―comentó el otro.

―¡Sai!―terminó saltando enfurecido mientras Ino se interponía entre ellos.

Salí de la tienda junto a ellos con la compra en brazos. Todavía continuaba lloviendo.

Estornudé.

―Cojeras un catarro como sigas así.―dijo Ino con gesto de preocupación.

―Mi casa está cerca…―sugirió entonces Naruto.

―No pasa nada, da igual.

―¡Venga, vamos! Además, luego tengo un asunto de cierta importancia que quiero comentar con tu madre.―masticó entre dientes.

Los otros dos se fueron por el camino contrario que nosotros, despidiéndose bajo su paraguas.

Se me había olvidado darle las gracias por lo de antes…

La lluvia caía con mayor fuerza mientras caminábamos, razón por la cual tuvimos que acelerar el paso porque el paraguas no servía para resguardarnos a ambos. Aunque al final nos olvidamos de él y echamos a correr hasta su apartamento.

Estaba casi a oscuras, solo se percibía el sonido de la lluvia golpeando la ventana de la habitación, donde había algo de desorden… Realmente no esperaba que Naruto fuera una persona excepcionalmente cuidadosa, y tenía prueba de ello.

―Creo que tengo algo de ropa para que puedas cambiarte.―dijo con la cabeza metida en el armario. Ya me había dado una toalla para secarme, no tenía por qué…―Toma, pruébatela.―me tendió una camiseta y unos pantalones que tuve que aceptar.

―Gracias.―murmuré para dentro.

Él sonrió, y con la toalla sobre la cabeza desapareció de la habitación. Yo aproveché ese momento para observar la ropa... Naranja y verde... Nunca había usado colores tan llamativos…

―¡Ah! Te queda bien, ¿no?―traía dos tazas humeantes que colocó sobre la pequeña mesa. Se aproximó y lo comprobó por él mismo.―Bueno,… más o menos.―se corrigió sin borrar la sonrisa de su cara.―Tómatelo, te ayudará a entrar en calor.―me indicó.

Posé las manos en la porcelana y mis manos fría adquirieron calidez enseguida.

Por el rabillo del ojo vi que se estaba cambiando y rápidamente desvié mi atención de nuevo al té y darle un sorbo, pero por idiota me quemé la punta de la lengua.

Se sentó a mi lado y ambos bebimos en silencio mientras escuchábamos la lluvia caer. Era un sonido bastante melancólico. Jamás me lo había parecido, pero oírlo en ese piso solitario me hizo planteármelo; era consciente de que Naruto había vivido allí durante mucho tiempo, y solo. Podía percibirlo. Y me pregunté por qué.

Mientras le echaba un vistazo a mí alrededor me llamó la atención una fotografía. Mejor dicho la única que había. Me incorporé, acercándome para verla más de cerca, asombrado por lo que estaba viendo: se veían a tres niños en un primer plano y, tras ellos hacía acto de presencia el tipo de la máscara llamado Kakashi, aunque no le di tanto interés, sin embargo, lo más sorprendente de todo es que dos de esos tres chicos que aparecían eran mis padres. Mi madre cuando era una niña, sonriente junto a mi padre, que ni siquiera miraba a la cámara. El otro, con cara de cierta hostilidad, era claramente Naruto.

¿Por qué?

―Los tres teníamos tu edad más o menos cuando nos hicimos ésa foto… Te pareces mucho a él. Aunque únicamente en apariencia, ¡eres más agradable de tratar que Sasuke!―lo que dijo le hizo gracia, pero su sonrisa no le alcanzó los ojos. Su voz tenía un deje melancólico.―Mira la cara de gruñón que ponía.―señaló.

―¿No se llevaban bien?―pregunté con curiosidad volviendo a sentarme a la mesa con el marco en la mano.

―Mmm… bueno, al principio no. Sasuke y yo casi siempre peleábamos y competíamos por todo aun siendo compañeros de equipo. Él era el que se llevaba los elogios en las misiones y yo en cambio no estaba a su altura, y eso me frustraba; Sasuke era muy fuerte, y me da vergüenza reconocértelo pero quería ser como él, ¿sabes? ―admitió.―Fue el primer amigo que tuve, y el mejor de todos.

Me quedé sin palabras. ¿Por qué Naruto hablaba de mi padre con tanto cariño cuando él no lo mencionó ni una sola vez?

―Has dicho que eran compañeros de equipo, ¿no?―asintió.―Entonces, ¿por qué no sigue aquí? Quiero decir, ¿por qué se fue?

Supe que aquella pregunta lo incomodó. Se pasó los dedos por la cabellera intentando buscar las palabras correctas.

―Eligió un camino diferente, eso es todo. Pensó que si permanecía aquí no… no llegaría a ser tan fuerte como él quería.

―Tú pareces fuerte.―dije de pronto sorprendiéndonos a los dos.

―¿Ah, sí?

―Bueno, es que… sin querer vi cómo entrenabas y…―me quemaban las mejillas. No iba a confesarle que lo espié para analizar sus habilidades. Sin embargo, Naruto se rió restándole importancia y fue un alivio.―Por eso no entiendo el por qué, y además, ¿qué pasa con mi madre? ¿Ella también eligió ese camino por mi padre?

―Quien sabe…―su rostro se ensombreció y noté algo muy diferente a la tristeza reflejarse en sus ojos. Había estado más o menos relajado hasta ese momento que su cuerpo se tensó completamente.―Sasuke no te ha contado nada de lo que te estoy diciendo, ¿verdad?

Guardé silencio. Sabía que por lo que me había estado contando mi respuesta le haría daño. Pude ver que tenía un lazo muy fuerte con mi padre y, con mi madre también…

―No importa.―contestó llevándose la taza a los labios.

Me sentía culpable. Al fin y al cabo, se había mostrado muy comunicativo sincerándose y relatándome sus propios recuerdos; fue la única persona en toda la aldea, e incluso mí madre, que me había hablado abiertamente de mi padre. Con afecto y nostalgia. Me hubiese gustado hacerle más preguntas, pero no pretendía presionarle ni hurgar más en la herida, por lo que me concentré en acabarme la taza de té.

La lluvia disminuyó un poco y decidí que ya era hora de volver a casa. Ya había abusado más de lo necesario de su hospitalidad. Aunque Naruto insistió en acompañarme no le dejé. Le había causado demasiadas molestias por un día, a pesar de que me vi obligado a aceptar su paraguas.

―¿Seguro que no quieres que vaya contigo?―repitió de nuevo mientras me acomodaba los zapatos en la entrada.

―Está bien. Conozco el camino a casa.―abrí la puerta y recordé algo.―¿Sabes lo de la prueba de mañana?

―Sí. ¿Estás preocupado por eso?

―No, bueno… Me preguntaba en qué consistiría.

―Supongo que lo sabrás mañana. Pero técnicamente es un examen para comprobar su potencial. Los tres no crecieron bajo las enseñanzas de Konoha como los demás niños de la aldea y, por lo tanto, no sabemos de lo que son capaces de hacer… Si hubieran nacido aquí e ingresado en la Academia Ninja, entonces tendríamos acceso a su ficha y registro de Konoha.―explicó casi automáticamente.―Así que será algo... rutinario. Habrá que rellenar papeleo y todas esas cosas aburridas…

―¿Irás a ver la prueba?

―¡Por supuesto! Si pasan los invitaré a comer a Ichiraku. Así probarás lo que es un ramen de verdad.

―Vale.―acepté agradecido.―No vemos mañana.

Salí de su casa y de nuevo me encontré bajo la lluvia, pero esta vez no acabé empapado gracias a la ayuda del paraguas de Naruto. Eché a correr en dirección a casa, deseando que llegara el día siguiente; iría a celebrarlo tras hacer el examen. Me moría de ganas porque me contara más cosas sobre mi padre, del tiempo que pasaron los tres juntos y de la gran amistad que sentía hacia él.

Fue como una revelación. Imaginarme a mi padre como el niño de la fotografía correteando por esas calles desde pequeño… Me emocionaba formar parte del período de infancia de mi padre, ya que para mí, papá nunca fue un niño. Siempre fue mi padre, severo, alto y al que le tenía un gran respeto. Sin embargo, me hizo feliz que debajo de todo aquello mi padre fue un niño como los demás, con sus amigos, jugando e yendo a la escuela.

―¿Están listos?

Nos despedimos de mamá y los otros. En ese momento estábamos en una habitación con Shikamaru que nos explicó con detenimiento en qué se basaría y normas del examen. Simplemente nos enfrentaríamos en combates individuales, por separado, y se ganaría por abandono o K.O. Si por alguna razón hubiera riesgo de muerte o indicios de ella, Shikamaru detendría el enfrentamiento enseguida.

Caminamos los tres por un largo pasillo seguido de escaleras tras él, que nos guiaba con paso despreocupado. Por otro lado, ni mis hermanos ni yo parecíamos nerviosos del todo. No sería algo a lo que estuviésemos ya acostumbrados aunque, era verdad que Sora no se había enfrentado a los verdaderos entrenamientos de papá como Takara y yo tuvimos que hacer.

De un momento a otro nos vimos en el exterior, atacados por los rayos de sol de aquella soleada mañana. Cuando recuperé la vista me percaté lo que había alrededor y donde me hallaba. Parecía un estadio con forma circular de gran extensión, tenía tres zonas de gradas situadas en la cima de un gran muro. Los tres fuimos llevados justo frente a la que había en medio que, por su grandeza y diferencias de las otras dos deduje que sería la principal.

―Deben ponerse en línea, derechos y saluden con respeto.―dijo frente a nosotros, al mismo tiempo que él mismo se inclinaba a saludar nosotros también hicimos lo mismo.

No sabía a quién estaba mostrando exactamente mis respetos pero no me gustaba el silencio que inundaba ese estadio. Pude percatarme de que había gente ocupando las gradas, además de que oía cierto murmullo, pero había algo que me incomodaba. Justamente del mismo modo que lo hicieron el día anterior aquellas dos mujeres en la tienda.

―¡Chicos, esperamos que nos den buenos combates con el fin de que se esfuercen al máximo nivel!―era la Hokage quien estaba hablando. A su lado había cuatro personas más sentadas con unos sombreros de diferentes colores tapándoles el rostro. Sin embargo pude leer en ellos agua, tierra, viento y relámpago, a excepción del Hokage que tenía el fuego en el suyo.―¡En este momento da comienzo la prueba! ¡Que disponga el primer enfrentamiento!

El leve ruido que se oía en las gradas aumentó y me di cuenta de que todos los que estaban allí sentados eran oficiales. No creía ver a nadie de la aldea que fuera a presenciar el espectáculo que seguramente era a lo que habrían venido a ver, pero resultaba muy extraño que solamente hubiesen shinobis con uniforme.

Intenté buscar a mi madre entre ellos.

―De acuerdo. Ya saben las reglas, y el orden es éste: el primer combate será para Sora, el siguiente Takara y por último Daisuke.―anunció de menor a mayor.―Ustedes dos vallan a esperar su turno allí.―señaló hacía el muro donde había un lugar para ver el estadio a pie de campo.

Takara y yo dejamos a nuestra hermana pequeña con Shikamaru. Estaba preocupado por ella. Llevaba puesta la capucha de conejo y no pude verle la cara pero se veía tan pequeña y frágil… aunque a veces no daba esa sensación.

Subimos las escaleras y llegamos al lugar. Había una barandilla donde asomarse y observar el perímetro desde cierta altura.

―¿Crees que estará bien?―preguntó.

―No lo sé.

Del mismo lugar por donde accedimos al lugar apareció un individuo jugueteando con un kunai y con aires de prepotencia. Era larguirucho y desgarbado, con un peinado que me pareció de lo más ridículo, rapado en líneas rectas.

Claramente su intención era la de intimidar a Sora.

―¿Qué se cree ese idiota?―protestó Takara con una mueca hosca.

A su lado, Sora era un pequeño conejito indefenso. Estaba completamente seguro de que en algún lugar de la grada mamá estaría echa un manojo de nervios viendo al tipo con el que tenía que medirse.

Se posicionaron frente al otro y Shikamaru dio la señal para que empezaran.

Ninguno hizo algún movimiento, Sora estaba estática mientras que su contrincante jugueteaba con su afilado juguete mientras le bailaba una sonrisa estúpida en la cara. Se acercó a ella sin la menor preocupación y cogió algo de entre sus manos, alzándolo. Takara y yo nos tensamos al instante.

―¿Qué es esto? ¿Estás tan asustada que te has traído tu asqueroso muñeco?―el kunai se deslizó por el cuerpo del conejo de juguete, cortándole una oreja.―¡Vaya! Perdón, perdón… Soy un tonto. Pero ya que estamos voy a terminar de hacerlo pedacitos y después,… haré exactamente lo mismo contigo.

Únicamente podía ver la espalda de mi hermana pequeña que temblaba probablemente por aquella amenaza.

―Esto va mal. No reacciona.―Takara se desesperaba por momentos.―Vamos, Sora, ¿no ves lo que le está haciendo al pobre Yuki? ¡Haz algo!―era extraño que se preocupara por Yuki cuando él mismo quería cocinarlo para que se lo comiera, pero tenía razón, el comportamiento de Sora en aquel momento era inusual. A esas alturas los dos ya estaríamos volando por los aires de una patada, y sin embargo ella seguía allí plantada, mirando cómo desmenuzaban a su peluche favorito.―¡Muévete, Sora…!

Y precisamente en ese instante, Sora hizo algo más que moverse. Le dio un cabezazo a la barbilla de aquel tipo que lo hizo tambalearse hacia atrás, y ésta aprovechó para golpearlo indiscriminadamente, sin ningún tipo de control. Así era el Conejo Blanco de ojos rojos, alocado y brutal. Pero eso no es suficiente para alguien con tan poca experiencia como mi hermana; se dejaba llevar por sus emociones, las cuales siempre eran la furia y la rabia, con movimientos descontrolados y sin sentido. Y por lo tanto, su defensa contra el adversario…

―¡Sora pierde el combate!

…quedaba descartada.

Los dos nos echamos sobre la barandilla al mismo tiempo.

―¡Sora!

Estaba tumbada casi inconsciente en el suelo. De repente se acercó lo que parecía un cuerpo médico para atenderla, pero ella intentó levantarse por sí sola aunque le resultó imposible y acabaron por subirla a la camilla.

―¡Ja! Creía que los miembros del clan Uchiha eran más temibles…,―dijo abiertamente el larguirucho.― pero ya veo que sólo son una tanda de mocosos ineptos. ¿Por qué no van a llorar con su mamá antes de que se hagan daño?

Shikamaru se nos acercó haciéndoles señas a los médicos para que se llevaran a Sora y despejaran la zona.

―Tú eres el siguiente, Takara. Prepárate. ¡El segundo enfrentamiento dará comienzo!

Iba a marcharme pero escuché:

―Asquerosos Uchiha. Son como la enfermedad…Tenía que haberme cargado a esa mocosa cuando tuve oportunidad.―murmuró, pero los que estábamos en el campo lo oímos perfectamente.―¿Mmm? ¿Qué quieres?

Me volví hacia él con rabia contenida. Deseando retorcerle el pescuezo como una gallina. Sin embargo, dejé que Takara se llevara el privilegio de hundirle el puño en el pómulo.

El público ahogó un grito.

―Ya he calentado. Cuando quieras podemos empezar.

Los enfermeros se vieron obligados a regresar y llevárselo inconsciente en camilla. Yo, mientras tanto, abandoné la arena y subí de nuevo a esperar mi turno. Pero antes vería en acción a Takara. Estaba concentrado y a la vez muy furioso… Pocas fueron las veces que había sido testigo de verle en ese estado, y cuando lo presenciaba era espectacular. Nunca te esperabas con qué podría salirte; e incluso una vez, llegó a poner contra las cuerdas a nuestro propio padre…

El contrincante de Takara era un hombre de pelo lacio y aptitud precavida. Nada que ver con el anterior.

Sin duda vio el puñetazo que recibió su compañero. Shikamaru dio inicio la lucha y rápidamente el rival dio varios pasos hacia atrás lanzando al mismo tiempo un grupo de shurikens hacia mi hermano, que esquivó sin la menor dificultad corriendo en su busca. El shinobi de Konoha levantó una gran pared de tierra frente a él que los separó, y sin embargo, Takara no se detuvo en su camino. Posicionó las manos y realizó un Kage Bunshin que esprintó como un loco hacia el muro. Se posicionó de rodillas esperando al otro que aceleró y, apoyando el pie en sus manos lo alzó de un solo impulso hasta arriba del todo.

―¡Katon: Goukakyuu no Jutsu!

En un acto por sorprenderle desde las alturas Takara lanzó la bola de fuego, sin embargo, su adversario pareció entrever sus intenciones arrojándole varios kunais que lograron alcanzar el blanco, dándole a Takara de lleno.

―¡Katon: Hosenka no Justsu!

Se intercambió por su clon y escaló el muro por su propio pie y utilizó los shurikens de su enemigo para contraatacar. Aunque no le apuntaba a él precisamente.

―¡Mmhp! Deberías entrenar más tu precisión, chico.―intentó burlarse sin vérsele muy convencido.

―¿Tú crees?―consiguió desconcertarlo, y entonces, tiró de los finos hilos que sujetaban los shurikens, atrapando a su presa totalmente en ellos.

―¡Esp―¡―Takara los había mordido con los dientes, y de entre ellos se veía un fuego amenazador por salir y recorrer el fino camino que había trazado.―¡No lo hagas!

Antes de que las llamas inundaran completamente su cuerpo el hilo se cortó.

―Takara gana el segundo combate.―anunció impasiblemente Shikamaru.

Las gradas emitían sonidos similares al zumbido de las abejas. Takara lo había conseguido y por lo que parecía no les agradó a los espectadores en absoluto.

Salté a la arena pasando junto a mi hermano. Estaba muy enfadado y sabía que no estaba nada satisfecho con aquel enfrentamiento tan corto, pero tuvo que aguantarse. Había ganado su pelea y no podía hacer nada más.

―Prepárate, Daisuke.

¿Prepararme? Estaba más que listo. Había cogido el relevo de Takara y no iba a permitir que se nos menospreciara o volvieran a insultarnos.

Del túnel salió una persona que no me esperaba en lo más mínimo, pero que por igual la expectativa de enfrentarme a él me enfureció incluso más de lo que pretendía ocultar a los ojos de todos los presentes. Sin embargo, percibí una nota de exclamación desde lo alto de los asientos, además de tensión… mucha tensión.

―¡Ahora dará comienzo el tercer y último enfrentamiento entre Hatake Kakashi y Uchiha Daisuke!

No creía la gran oportunidad que se me presentaba. Lucharía contra él de igual a igual, sin tener que preocuparme por las consecuencias de atacar a un subordinado de Konoha sin motivo aparente. Le haría pagar por lo que nos había hecho.

―Listos… ¡Empiecen!―tan pronto dio la señal se echó hacia atrás.

Ninguno movió un solo músculo. A pesar de que su postura era despreocupada era muy consciente de que no había bajado la guardia. Suponía que el espectáculo que dio Takara anteriormente lo habría alertado. Estuvo bastante bien, pero, por una parte, el hecho de que estuviera tan enfadado era porque lo habían subestimado; su oponente fue débil y asustadizo, en cambio, ése tío… debía guardar algo bajo la manga.

Decidido, se lanzó a por mí enfrentándonos cuerpo a cuerpo. Salté hacia atrás y mientras caía preparé una bola de fuego que logró esquivar con experiencia y maestría, incluso le dio tiempo a reaccionar al kunai explosivo que coloqué justamente donde quería, e hizo exactamente lo que esperaba que hiciese.

Cubrió su cuerpo cuando lo ataqué tras su espalda por sorpresa y salí repelido.

―Es una pena pero este combate no durará mucho.―predijo.―Tus movimientos son demasiado predecibles e incluso tus expresiones y reacciones… Pero eso es comprensible, dado que eres la sombra de lo que fue Sasuke una vez.

―Oye, ¿no crees que tienes los humos muy subidos para ser sensei? Deberías ver que sólo estoy calentando.

―Calentando, ¿eh? Entonces demuéstrame de lo que eres capaz…

Estuve a su lado en un segundo con el puño cargado, pero consiguió protegerse aunque, tampoco le iba a valer de mucho.

―¿Qué pasa?―lo había notado. Procuré que no fuera nada exagerado pero aun así, por su desconcierto supe que había notado el empuje.―Te he dicho, ―iba a divertirme un rato con él.―que sólo estaba calentando.

―Pobre Daisuke. Kakashi-sensei ha contrarrestado todos sus ataques.

―¡Maldita sea! ¿Por qué Kakashi-sensei tiene que participar en esto? ¡No lo entiendo!

―Cálmate, Naruto.

―¡¿Cómo pretendes que me calme, Sai?!

―Hay una persona que lo está pasando peor que tú.

―¡Ah!…Mmm. Lo siento, Sakura.―le oí decir porque me nombró pero realmente no estaba atenta a la conversación, sino a Daisuke.

Me había escapado a la enfermaría preocupada por el estado de Sora, pero únicamente tenía varios rasguños y estaba profundamente dormida. La noche anterior no cesó de dar vueltas e insistir que no tenía sueño. Suponía que estaba muy nerviosa por lo que pasaría aquel día.

Por otro lado, Takara había salido indemne de su combate y fue de gran alivio. Un alivio que me duró menos que un parpadeo al saber que Kakashi-sensei sería el oponente de mi hijo mayor.

―Maldita sea, Kakashi-sensei es un hueso duro de roer incluso para nosotros.―admitió Kiba con fastidio.―No hace más que detener al pobre chico.

―Ya llevan así un buen rato, no creo que esto dure mucho.―comentó Choji.

Daisuke no hacía más que atacar y Kakashi-sensei esquivar o cubrirse él mismo.

―Sin duda es increíble ver luchar a esos dos... Es como si vinieran a mi mente recuerdos de este sitio y estuviéramos presenciando un combate de Sasuke.―dijo Ino.―Fue él quien los entrenó, ¿verdad?

―Sí, Sasuke era muy duro y exigente con ellos. No había día que no volvieran con alguna herida o completamente agotados.

―Eso me parece más lógico viniendo de Sasuke. No me lo imagino en absoluto en el rol de padre.

―Ya…

Todos parecieron estar de acuerdo con Kiba, y la verdad es que tenía razón. Pocas eran las veces que se comportaba como un padre. Y aun así, de igual modo los tres lo querían y apreciaban como cualquier niño quiere a su padre.

―Chicos, ―llamó Lee de repente.― ¿no ven algo raro?

―¿A qué te refieres Lee?―quiso saber Ten-ten a su lado como todos nosotros.

―Fijense en Kakashi-sensei.―señaló.―Está sin aliento y, Daisuke, en cambio…

―¡¿No puede ser?!―exclamó Ino.―Pero, ¿qué ha pasado?

Kakashi-sensei daba bocanadas de aire mientras que Daisuke parecía estar fresco como una rosa.

―Sí que es extraño… El enfrentamiento no ha cambiado en nada, pero, ¿puede que le haya vencido la resistencia?

―No es solo eso…―intervino Naruto, sorprendido.―Por alguna razón está dolido.

―¿Dolido? Pero si el mocoso no le ha dado en todo el tiempo que llevamos…

―Que no lo hayas visto no quiere decir que no lo haya habido, Kiba.―lo interrumpió en esa ocasión Shino, que se había mantenido al margen hasta ese momento.― Y eso es porque el ataque ha podido ser interno.

―¿I-Interno dices?

―Explícate, Shino.

―¿Te refieres ha como lo hacen en el clan Hyuga?―inquirí rápidamente.

―Posiblemente.

―¡Espera, espera! ¿Qué quieres decir como el clan Hyuga? Daisuke no tiene el Byakugan de Hinata, no puede atacar los puntos de Chakra así por que sí.

―El Byakugan no, pero, ¿y si conoce el cuerpo humano y posee un gran control del Chakra? Al fin y al cabo, Sasuke no fue el único que entrenaba a Daisuke.

―¿Qué te ocurre? Pareces agotado, "sensei".

Apenas lo golpeé con fuerza, únicamente la justa para poder entretenerme con él todo ese tiempo.

―¡Katon: Goukakyu no Justu!

―¡Hey, Daisuke!―Takara habló desde lo alto de donde se encontraba.―¡Deja de jugar y acaba ya con esto!

No hacía falta que me lo dijera.

Las llamas se disiparon y no había rastro de él por ninguna parte. Apreté el puño preparado y lo choqué contra el suelo, abriéndose en varias franjas por la extensión del estadio. Y lo encontré.

Rápidamente me coloqué junto a él pero algo me desconcentró en ese momento. Tenía un Sharingan en su ojo izquierdo descubierto.

Me agarró del brazo a la vez que sujetaba el cuello de mi camiseta y me lanzaba por los aires. Con agilidad apoyé mis pies y quedé suspendido contra el muro, observándole jadear desde aquella altura.

Sabía que tenía algo especial pero nunca imaginé que fuese el Sharingan. Es más, creía que sólo los Uchiha podían obtenerlo.

―Vamos a acabar con esto, "sensei".―sea cual sea la razón de su ojo izquierdo no me importaba en ese momento. Aquello ya había durado demasiado y estaba dispuesto a dejarle por los suelos y delante de todos.

―Reconozco que eres fuerte y me has sorprendido; posees la genialidad de Sasuke y la perfección de control de Chakra de Sakura… Una combinación bastante peligrosa. Pero, como "sensei", te sugiero que no cometas los mismos errores que yo y no me subestimes.

―Por supuesto, "sensei". ―la sombra que daba al muro aún seguía debajo suya, aunque no estaba del todo seguro si se había percatado de los hilos que fui dejando caer anteriormente mientras atacaba su cuerpo. Lo único que podía hacer era intentarlo.―Subestimarte es lo último que haría.―accioné el Chidori y, bajando un par de metros lo alargué hasta el máximo que podía alcanzar hasta tocar el hilo mezclado con la húmeda hierba, a causa de la lluvia del día anterior.

―¡¿Pero qué…!? ―¡Mierda!―saltó antes de que lo envolviera la electricidad por completo. Si al menos hubiese dominado aquella técnica...

Bordeé el muro yendo a su encuentro aún con el Chidori en la mano, al igual que él.

Por un segundo no oí absolutamente nada. Ni siquiera el choque entre ambos. Todo había quedado en un rotundo silencio en el que, de repente, me sentí impotente vislumbrando como se alejaba la espalda de mi padre y de cómo este no daba media vuelta por más que lo llamase a voces. En un instante salí impulsado hacia atrás con fuerza, arreglándomelas para no caerme, sin éxito. Por alguna razón el estadio rugió en un instante y yo seguía sin levantarme. Lo único que tenía en la cabeza era aquella imagen que había visto apenas unos segundos en mi mente, porque aquello no había podido ser real. Pero aun así, dolía de la misma manera.

―Bien luchado, Daisuke. Has estado muy bien… ―aparté la mano que me tendió y me incorporé por mí mismo. El enfrentamiento había terminado. Ya no había necesidad de estar allí.―Siento lo que pasó, Daisuke. Ojalá Sasuke… no, tu padre, pudiera estar aquí con ustedes.

―No. Es cierto que te he estado culpando a ti por todo eso ya que aún no he encontrado ninguna razón que pueda explicar esta situación, y por ese motivo decidí echarte a ti la culpa. Estaba muy enfadado y, como tú bien dijiste, asustado.―le confesé.―Me he comportado como un imbécil y les he estado dando dolores de cabeza a mi madre y a mis hermanos. A ti también, Kakashi-sensei.―añadí.

Shikamaru nos llevó a Takara y a mí por un pasillo. Mi hermano hizo el intento de darme ánimos por aquel empate que, a esas alturas, me pareció algo insignificante dado a cómo lo empecé.

Frente a una puerta encontramos a Sora acompañada de Shizune. Tenía buen aspecto cuando corrió hacia nosotros y nos acribilló a preguntas sobre cómo nos había ido a los dos. Sin embargo, tanto Shikamaru como Shizune nos apremiaron a en la habitación pero, antes de eso, nos dijeron que mostráramos mucho respeto con las personas sentadas a la mesa. Y , al traspasar la puerta, vi que eran las mismas cinco personas que habían contemplado el combate desde lo alto de la grada principal, aunque había otras más alrededor.

―Enhorabuena por la prueba, chicos.―nos felicitó la Hokage, quien se encontraba sentada en el centro.―Han demostrado una gran determinación. Felicidades.

―Pero, ¿hemos pasado la prueba? ¿Todos?―preguntó Takara mirándonos a Sora y a mí.

―Claro. El objetivo de esto ha sido probar sus habilidades en combate y saber hasta dónde pueden llegar. El resultado no es muy importante dada las circunstancias. Aunque no deja de ser sorprendente.―añadió más para ella misma que para incentivar el ánimo de mi hermano. Yo por el contrario no estaba del todo a gusto en aquella habitación. Todos allí no nos quitaban los ojos de encima a los tres, observándonos de arriba abajo cómo si fuésemos algo fuera de lo normal. Aunque el que más me molestaba de todos ellos era el hombre que ocupaba casi toda la mesa de lo grande que era. Por alguna razón sentía cierta hostilidad en el ambiente.―Ahora escuchenme atentamente, ―prosiguió.― la prueba aún no ha concluido. En este preciso momento se enfrentarán a una decisión que les repercutirá para el resto de su vida. Supongo que son conscientes de la situación en la que están, pero ahora, deben elegir por ustedes mismos…―se nos quedó mirando a los tres seriamente.―Basándonos en lo que hemos visto, Sora tiene habilidad pero carece de lo básico, y por lo tanto, deberá acudir a la Academia Ninja. Por el contrario, Takara, Daisuke, ambos poseen un gran potencial y por lo que nos han mostrado tienen por delante un gran futuro como shinobis. Sin embargo, la pregunta que les hago es,―en la mesa había algo similar a un pequeño cofre, el cual destapó, revelando de su interior dos protectores limpios y brillantes con el emblema de Konoha gravados en ellos.―¿aceptarían ser shinobis, y dignos representantes de la aldea de Konoha bajo todas sus normas y mismas enseñanzas que han pasado de generación tras generación?

Se hizo el silencio. Un silencio tenso y pesado entre nosotros.

―¿Eso quiere decir que viviremos aquí para siempre?―la voz de Sora se oyó muy lejana, como un murmullo en la distancia.

―Están ligados a la aldea. Ustedes tres no han nacido aquí pero sus padres, sí; tienen un lazo con Kohona por su nacimiento y parentesco. Estos protectores les pertenecen: Daisuke, Takara. La elección de llevarlos con orgullo o no es únicamente suya.

No giré a mirar a mis hermanos. Era incapaz de hacerlo ni tan siquiera de pensar nada. Mi cabeza era un verdadero caos. Y entonces, para más conmoción, Takara se adelantó y cogió sin vacilar una insignia.

―Seré un shinobi de Konoha.―declaró abiertamente para mi asombro.

―¿Qué estás haciendo, Takara?

―Lo que ves.

―¡¿Es que no has oído lo que ha dicho?! ¡Pertenecerás aquí para siempre!

―Y es precisamente lo que quiero, Daisuke. ¡No tenemos nada, no tenemos ningún sitio a dónde ir! ¿Es que no te das cuenta?

―Yo…―intervino Sora con voz pequeña.―Yo también…―y diciendo eso dio varios pasos hacia Shizune que la esperaba. No nos dirigió la mirada a ninguno de nosotros por más que la buscase.

―¿Por qué lo haces?―volví a insistirle.―Sabes que papá…

―¡Papá no está aquí, Daisuke!―exclamó cortándome.― Tú piensas que volverá tarde o temprano a por nosotros pero, ¡lo siento! eso no es lo que yo creo; respeto a nuestro padre tanto como tú, ya lo sabes, pero me ha defraudado. No confío en él. Siento como si nos hubiera dado la espalda, dejándonos a nuestra suerte cuando siempre hemos dependido de él por ser nuestro padre, pero él no está aquí ahora y, no apostaría a que regresase. ―la imagen anterior de mi padre marchándose me atravesó como un puñal ardiendo.―Eso es lo que yo creo, Daisuke. ¡Que tú no pienses lo mismo no importa! Lo único que quiero es que abras los ojos y veas que estamos solos. Puedes quedarte sentado en una esquina a esperar y remordiéndote, pero necesitamos salir adelante por mamá y por Sora, y lo haré con o sin tu ayuda.

Maldito Takara, pensé. Había que fastidiarse.

―Si dejo que te ocupes de todo pondrás la casa patas arriba.―dije, sosteniendo el protector.

No tenía que haber sido otro más que él para darme lecciones.

―Den un paso al frente: Uchiha Takara y Uchiha Daisuke. Desde hoy ambos son shinobis de Konoha. Comenzarán siendo Genins aunque su nivel sea Chunnin no les costará esfuerzo ganarlo como cualquiera de sus compañeros. Por ahora no se les asignará a ningún equipo, sino que ustedes dos formarán uno. Específicamente un equipo de apoyo.―informó la Hokage con autoridad.―¿Lo han comprendido?

―¡Sí!

―Entonces sólo me queda decirles felicidades.―sonrió. Parecía estar muy complacida con nuestra decisión al igual que el resto de la sala. Shizune estaba a punto de llorar―Esperamos muchas cosas de ustedes.

―No los alabes tanto, Hokage. Solo han aceptado.―saltó el grandullón de mirada peligrosa.