Solo faltan dos capítulos más para terminar y empezaremos con la más completa hipótesis de los capítulos posteriores, haré lo posible por hacer creíble la historia hasta darle un final, no creo hacer tantos capítulos a menos que sea estrictamente necesario.

Debo confesar que este y el siguiente capitulo no son mis favoritos, sin embargo son muy necesarios. Del mismo modo agradecer su apoyo, aunque no seamos muchos, deseamos un final de esta historia. Sin más que agregar disfruten el capítulo.

...

―¡Sora, nos vamos!

La esperamos en la entrada de la academia mientras se despedía de sus compañeros de clase. Ashi también venía con nosotros. Esos dos no se separaban el uno del otro en ningún momento. Siempre iban juntos a todas partes acompañados por Chairomaru. Conversaban animadamente entre ellos delante de nosotros, rememorando algún acontecimiento que habría ocurrido con Iruka-sensei durante el día, y nos contaban a Takara y a mí lo que habían aprendido en clases con entusiasmo; desde que asistía a la academia, Sora mostraba una sonrisa en los labios a todas horas y parecía estar siempre de buen humor. Le caía muy bien Iruka-sensei, y se llevaba estupendamente con todos sus compañeros por lo que nos comentaba a nosotros y a mamá. Cada vez que hablaba de su tutor o de Ashi se le llenaba la boca.

―¡Chicos!

Al final de la calle divisé a Nanako saludándonos con la mano, y entonces los dos pequeños echaron a correr.

Habíamos formado un gran lazo de amistad entre nosotros. Algo que nunca había llegado a tener con otras personas que no fuesen mis hermanos. Aunque era cierto que Nanako no perdía la oportunidad de meterse conmigo. Chinchándome constantemente. Pero eso no quitaba el hecho de que se había ganado la confianza de mis dos hermanos menores con rapidez, y la mía. Me sentía bien cuando charlábamos y pasábamos tiempo juntos.

―¡Uf, qué frío!―se quejó con un escalofrío. Ya estábamos en invierno y pronto comenzaría a nevar…―¿Les apetece tomar algo caliente con unos dulces? ¡Takara invita!―anunció de repente para sorpresa de los pequeños.

―¡¿Qué?! ¡Yo no…! ¡Esperen un momento!―gritó sin éxito a Ashi y a Sora, a quienes no les faltó tiempo para salir corriendo.― ¡Esta me la pagas, Nanako!―avisó antes de ir tras ellos como un loco en tanto ella reía despreocupadamente.

―¿A qué ha venido eso?

―Quería hablar contigo. Últimamente no pasamos mucho tiempo los dos solos y era la oportunidad perfecta para quitárnoslos de encima.

―N-No tienes por qué decirlo de esa manera ―protesté avergonzado.

―¿Cómo quieres que lo diga?― di tres pasos hacia atrás cohibido por su cercanía. Me ponía nervioso algo que para ella no era nada fuera de lo común.― Lo que quiero decirte no puedo hacerlo delante de ellos. Si lo hiciese no tendría más remedio que invitarles también.―explicó.

―¿Y de qué se trata?

―Es una sorpresa, así que no puedo contarte mucho pero, ―admitió con una sonrisa de disculpa.― es algo que quiero compartir contigo.― ¿Cómo era capaz de decir esas cosas tan abiertamente?― ¿Qué dices, te apuntas?

Parecía ser algo importante y que le hacía especialmente ilusión, sobre todo por el brillo que desprendían sus ojos castaños.

―Bi-bien.

―¡Genial! Entonces te espero a las cinco mañana por la mañana delante de la mansión del Hokage.

―¿Ah?―¿había oído bien? ¿A las cinco de la mañana?―¿Me vas a hacer madrugar?

―¡Venga, no te quejes tanto! Te prometo que merecerá la pena, ¿vale?

Suspiré derrotado. No podía hacer nada cuando me miraba de esa manera, incluso si eso significase perder un día de descanso al acceder, lo cual no me apetecía pero, por otro lado me mantendría ocupado y no estaría encerrado en casa dándole vueltas a la cabeza.

Mientras pensaba en aquello no me di cuenta de su proximidad y sentí sus labios rozar mí mejilla.

―¡Deja de hacer eso!―le repliqué completamente colorado, además de que mi voz sonó muy aguda.

―¿Por qué? Es una buena forma de bajarte de las nubes.―dijo sacándome la lengua burlonamente, y echó a correr, alejándose.― ¡Date prisa o te dejaré atrás!

―¡Tch!―solté antes de seguirla enfurruñado.

Realmente era única sacándome de mis casillas, y a la vez, agradarme al mismo tiempo. Era con una de las pocas personas con las que me sentía bien. De hecho, creo era la única que lograba evadirme por un momento de la realidad que estaba viviendo y no pensar en el tiempo que había transcurrido desde que llegamos a la aldea, pero, sin pretenderlo iba contando los días uno a uno. Esperando y esperando. Pero nada. Ser consciente del pasar de los días; días que se convierten en semanas, y estas en meses… Había alcanzado el invierno, así que… Sí, siete u ocho meses. Un tiempo bastante extenso y que, en ese momento, para mí, ya era exagerado como para no haber tenido noticias. Ni siquiera un intento de ponerse en contacto de algún modo…

Nada.

―Recuérdalo. Mañana, ¿vale?―volvió a repetírmelo en voz baja para que fuera el único que la escuchase mientras todos nos despedimos en el desvío de vuelta a casa.―Y abrígate bien.

Miré al cielo negruzco. Tenía toda la pinta de nevar si le sumábamos el frío que hacía, por lo que era mejor marcharnos de una vez y refugiarnos en casa, al calor de la estufa.

―¡Estamos en casa!―anunció Sora entrando como una exaltación hacia el interior de la cocina.―¡Mamá, mamá! ¿Sabes qué? Iruka-sensei ha dicho que he sacado la mejor nota…

―¡Esta enana…! ―murmuró entre dientes en tanto ordenaba los zapatos de Sora junto a los suyos.―Estoy para el arrastre…―suspiró echándose sobre el tatami.

Lo veía allí tumbado y medio adormilado, sabiendo lo que había cambiado en aquellos meses.

Hasta hace un tiempo, Takara habría entrado a casa exactamente como hizo Sora, dejando sus zapatos tal cual como cayeran al suelo, entrando siendo un terremoto…Y en cambio, en ese momento, observarlo ahí, agotado y sin energías era completamente extraño. Era como si una parte de la identidad de Takara se hubiese esfumado. Aunque no era solo él. En cada uno de nosotros había algo distinto. Mi hermano se había vuelto más maduro y responsable, tanto que a veces lograba intimidarme su serenidad. Y es que fue él quien tomó las riendas de todo cuando yo no pude, cuando me negaba a ver lo que él había visto con absoluta claridad mientras yo seguía creyendo… Sentía remordimientos, incluso me dolía que mi hermano pequeño hubiese tenido que echarse la carga a los hombros y esforzarse hasta el agotamiento, no sólo físico, sino mentalmente. Estábamos solos. Éramos, por decirlo así una familia u hogar roto. Aceptábamos el máximo número de misiones que nos ofrecían, por estúpidas que fuesen, sólo para procurar hacérselo más llevadero a nuestra madre.

―Al final he tenido que invitar a esos dos mocosos por culpa de la estupidez de Nanako,… Eh… No te ofendas.―se apresuró a decir.

―No lo hago.―le aseguré mientras colgaba la bufanda y el abrigo.― ¿Por qué lo dices?

Me senté a la mesa, alcanzando una mandarina. Me tapé de cintura para abajo con la manta y el calor de la estufa.

―Bueno, es tu amiga.―respondió.

―También es amiga tuya.―hacía todo lo posible por mantener los ojos abiertos.

―Pero es distinto, ya sabes… a lo que me refiero...

―No, ―sostuve su protector, deslizándolo con suavidad para que no volviera a abrir los párpados.―no lo sé.

Observé cómo su respiración se hacía cada vez más lenta y acompasada.

―Avísame… si viene mamá…

―Claro.

Admitía que también estaba cansado pero uno de los dos tenía que aguantar y no dejar que nuestra madre nos descubriese de aquella manera. Así que casi siempre los dos nos guardábamos la espalda el uno al otro, aunque, realmente procuraba que Takara descansase el máximo posible antes que yo. Ya que de alguna forma, quería liberarle del peso que llevábamos a cuestas entre los dos.

De repente, se oyó un crujido proveniente de la cocina que nos levantó de un salto.

―¿Qué ha pasado?―encontré a mamá y a Sora girándose cuando entramos. Había trozos de porcelana en el suelo.

―Se me ha caído…

―Da igual, cariño.

―Vamos ven, no vayas a cortarte.

Takara cogió a Sora en brazos y la sacó de allí en tanto yo me adelantaba a recoger los pedazos de lo que fue un plato.

―No te preocupes, Daisuke. Ya lo hago…

―No.―la interrumpí antes de que acabara y miré disimuladamente sus brazos, manos, piernas y pies por si tenía algún corte. Por suerte no pasó nada.―Te ayudaré con la cena.

Iba a protestar de nuevo. Sin embargo, apretó los labios y sonrió.

Me hervía la sangre cada vez que hacía eso. Cada vez que mostraba esa sonrisa postiza como si fuese una máscara. No la había visto sonreír ni una sola vez. ¡Ni una! Estaba tan destrozada como aquel plato roto… Apenas quedaba nada de lo que era mi madre. Sólo una sombra, una muñeca que se movía de un sitio para otro mecánicamente, sin vida. Incluso había perdido peso, y sus ojos ya no tenían brillo… Estaban tristes y apagados por completo. Era insoportable verla de ese modo. Consumiéndose lentamente y no sabíamos qué hacer. Se esforzaba por trabajar y cuidar de nosotros aunque intentábamos ser lo más independientes que podíamos entre Takara y yo, ya que tratábamos por todo los medios que Sora se mantuviera al margen, pero, nos veíamos impotentes porque, hiciera lo hiciésemos no lográbamos ayudar a nuestra madre.

Fuera había empezado a caer copos de nieve y eso revolucionó a nuestra hermana pequeña quien no paraba de hablar con mamá como un loro. Sabía que intentaba escucharla pero no podía negar que tenía la mente en otra parte. Le pasaba muchas veces. Parecía abstraerse de lo que le rodeaba sin intención.

Por otro lado, Takara apuraba su comida con cansancio y pesadez. Quería que se fuese a la cama lo antes posible.

―…y quiero seguir esforzándome, para que cuando papá vuelva pueda contarle lo bien que lo estoy haciendo…

Noté como si algo pesado cayese en mi estómago y lo oprimiese.

―Además, me muero de ganas de presentarle a Ashi y a Chairomaru cuando…

―Cállate, Sora.―advirtió la voz de Takara.

―¿Por qué? Estoy hablando con mamá…

―¡Ha dicho que te calles!―salté. Por su reacción no esperó que dijese algo así, ni yo tampoco, pero ya era suficiente. No era la primera vez que sucedía aquello y estaba harto.

―No vuelvas a hablarle así.―me regañó mi madre. Me había pasado con ella gritándole de ese modo, pero es que… no podía más. ¡Me estaba ahogando! Necesitaba aire, salir de allí. Y eso fue lo que hice.― ¡Daisuke! ¿A dónde vas? ¡Espera, Daisuke!

Bajé de un salto las escaleras, derrapando, y corrí. Corrí, corrí y corrí aunque me dolía el pecho por la falta de oxígeno en los pulmones. Quería quitarme de la cabeza los ojos llorosos de Sora y la expresión de dolor de mi madre cuando lo mencionó.

Tropecé y caí cuesta rodando cuesta abajo, junto al río. Y grité. Tanto como me daba mi garganta y el calor abrasador de mi pecho.

Era asfixiante. Jamás me había sentido peor que en ese momento. Cuando te das cuenta que aquello en lo que creías era mentira y, que a causa de ello has arrastrado a tus seres queridos. Todo se estaba desmoronando sin control; lo que había pasado fue culpa mía. Que Sora creyese en la posibilidad de que nuestro padre regresara era porque yo lo había estado afirmando y alimentando durante ese tiempo, pero, la realidad era que no iba a volver. ¡Papá no iba a regresar nunca! Se había ido. ¡Se desentendió de nosotros como si nada! Y yo había estado tan ciego como para no verlo... ¡Era un maldito mentiroso! Todo lo que me había enseñado, ¿para qué? Se suponía que tenía que protegernos. ¡Proteger a nuestra familia, no abandonarla!

Fue un error. Fue un error dejar a Sora fuera de todo… Tendría que haberla dejado pensar por ella misma al igual que hizo Takara. Eso hubiese sido lo mejor.

―¡Mierda…Ah!

Lloré no supe por cuanto tiempo, de rodillas y con la cabeza apoyada en la hierba helada, sintiendo como me deshacía en cada sollozo que daba a pleno pulmón. Soportando aquella presión, la sensación de abandono e impotencia, pero sobre todo, de estupidez. No hacía más que repetirme a mí mismo cuan tonto había sido, el tiempo que desperdicié actuando como un niño pequeño viviendo a costa de su sombra.

Me sentía como un cochorro abandonado.

Ninguno de nosotros le importaba. ¡No le importábamos en absoluto!

―¿Daisuke…?

Aquella voz me obligó a abrir lentamente los ojos sin lograr apreciar nada salvo una especie de nubosidad antes de volverlos a cerrar.

―¡Hey, Daisuke!―me incorporó sin esfuerzos. Mi cuerpo estaba hecho trapo.― ¿Qué pasa? ¿Por qué estás aquí a estas horas y de ese modo…? ¿Ha pasado algo? ¡¿Tu madre está bien?! ¡Contéstame!

―Na-ruto…―ni siquiera me salía la voz para hablar.

―Vamos, Daisuke. Cuéntamelo, tranquilo. ―me animó echándome algo cálido sobre los hombros.

Entre lágrimas e hipos se lo conté. Lo que había pasado y lo que estaba pasando. Lo que pensaba acerca de mi padre. Todo. Y él me escuchó atentamente mientras me desahogaba, aunque no pareció sorprenderle nada de lo que le estaba diciendo. Suponía que por una parte era consciente de nuestra situación porque pasaba de vez en cuando por casa y, en varias ocasiones intentaba hacer salir a mi madre con sus amigos, aunque sin mucho éxito, ya que siempre tenía preparada una excusa.

―No has hecho nada malo.

―¡Le grité…!

―Solo lo hiciste para proteger a tu madre.―me excusó aplastándome el pelo.

―¿Por qué, Naruto?―le pregunté, aun sabiendo que no tendría respuesta para mí.― Somos su familia, ¿por qué nos ha dejado de esta manera? ¿Por qué nos ha hecho esto?

―No lo sé. Nunca he… llegado comprenderle del todo. Hace tiempo deseaba que Sasuke volviese a casa, y me esforcé al máximo para conseguirlo, ¿sabes?―su rostro se ensombreció tristemente.―Pero aquí estamos. Sin embargo, como bien has dicho, son una familia; tú tienes a tu familia contigo, Daisuke. Creo que eso es lo más importante, y has sabido cuidar muy bien de ella.

―Pero mamá…

―Yo me haré cargo de Sakura, ¿de acuerdo? Confía en mí. Haré que esté mucho mejor. Aunque eso signifique que me pase el día entero haciendo el payaso si hace falta.―bromeó, logrando sacarme media sonrisa.

Por un lado me sentí mal y que actuaba de forma irresponsable dejándole aquella ardua tarea, pero reconocía que el único que tenía posibilidades de salvar a mi madre de hundirse del todo era él.

Cuando estuve lo suficientemente relajado y calado hasta los huesos Naruto decidió que era hora de llevarme a casa. Creo que era bastante tarde. Apenas éramos los únicos en la calle mientras la nieve caía cadenciosamente a nuestro paso.

―Oye, antes has dicho que deseabas que mi padre regresara…―no se giró a verme.― ¿Eso… ha cambiado?

Permaneció en silencio durante unos segundos, en los cuales, no alcancé a atisbar qué expresión había en su rostro.

―Considero a Sasuke mi amigo, aunque eso no es una excusa para perdonarle ciertas cosas, y si te soy sincero, prefiero que todo se quede tal y como está ahora mismo.―su voz irradiaba tensión… y rabia contenida.―Lo siento.

―No, yo también pienso lo mismo.

Subimos las escaleras y, al llamar a la puerta mi madre salió pálida y preocupada por cómo me encontraba. No dejaba de preguntarme una y otra vez si estaba bien mientras me desordenaba el pelo e me inspeccionaba por todas partes.

¿Tan mala pinta tenía?

―Mamá estoy bien, en serio.―le insistí por tercera vez, esquivándola.―Voy a cambiarme de ropa. Gracias por acompañarme, Naruto. Por todo.

―No te preocupes.

Me despedí de él dándole las buenas noches.

Mi madre quiso seguirme hasta la habitación pero Naruto no la dejó. Pude ver que intentaba hablar con ella, aunque sólo fuese de cosas normales o de cómo le había ido aquel día en el trabajo… Cualquier tema que no estuviese relacionado con nada que le hiciese daño... En ese aspecto, Naruto era un experto en tratar con ella y veía que le hacía algún bien. Por eso confiaba en él. Me lo había estado demostrando durante mucho tiempo.

Al entrar en el cuarto hallé a Takara dando cabezadas y a Sora, que de un momento a otro me rodeó la cintura con sus brazos, pidiéndome perdón. Miré a Takara, sorprendido, y entonces fue cuando mi hermana pequeña me confesó que sabía que no había estado bien lo que le dijo a mamá. Que oír cosas como aquellas la hacían sentirse triste.

―Sora, ―me arrodillé, observándola hipar con el brazo ocultándole el rostro.―tienes que decir lo que sientes de verdad; no importa lo que yo haya dicho sino lo que tú crees, ¿bien? Takara y yo no vamos a odiarte. ―asintió, aunque no dejaba de gimotear.

Takara la arrulló en su regazo y ella aprovechó para hacerse un ovillo y esconderse contra su camiseta. Me sostuvo la mano e hizo que me acercase.

―No te vayas otra vez.―dijo con voz suplicante y temblorosa.

Comprendía que sintiera miedo de sentirse o quedarse sola. Y que ella experimentase esa sensación me dolía tanto como a ella.

―No voy a irme a ningún sitio. Es más, si lo hago, Takara tendrá mi permiso para darme un puñetazo, ¿qué te parece?―intenté bromear con ella con la ayuda de mi hermano y, entre los dos, conseguimos sacarle una pequeña sonrisa. Aunque fuera la más apagada que le había visto nunca.

Procuramos que se durmiera antes de que mamá llegase al poco tiempo para darnos las buenas noches. Pero antes volvió a agasajarme de nuevo si estaba bien o no. Takara se aprovechó de ese momento, sin embargo, no fue una vez que marchó nuestra madre de la habitación para echarme en cara que daba pena verme. Y no se lo discutí porque tenía razón. Huí despavorido como un crío de la presión y la responsabilidad por unas horas.

―Tenía el presentimiento de que no estaba bien.―murmuró entre la oscuridad. Observaba cómo dormía Sora profundamente.― ¿Te has fijado que ya no juega con Yuki?

―Sí. Lo he visto metido en una caja en el armario, junto a varios juguetes más y el último kimono que le regaló… Puede que haya estado intentado desprenderse de esas cosas que la hacen recordar.

―Tal vez, si es lo que quiere.

Refunfuñó medio dormido.

―A pesar de todo creo no deja de pensar en él…

―¡Por mí puede irse al cuerno!―soltó dándose media vuelta en la cama.

―Le odias, ¿verdad?

―Nunca me sentí tan unido a él como tú; en ocasiones no parecía un padre de verdad, era extraño. Y ahora mismo sigo sin considerarlo como tal, ¡incluso menos! No voy a perdonarle nunca lo que ha hecho. Así que sí, puede que le odie. Y no me importa.

Nada de lo que dijo me sorprendió. Más o menos conocía sus sentimientos. Lo único que hizo fue confirmármelo personalmente.

―Soy un imbécil.

―Dime algo que no sepa. Tenía la vista puesta en el techo, sin apenas parpadear.

―Esta no es la primera vez que la abandona, ¿sabes? Hace tiempo hizo algo parecido… Me enteré por una conversación que escuché entre mamá y la abuela Okuda. Dijo, que se sentía insegura de que volviera a dejarla otra vez.

―¿Cuándo…fue eso?

―Creo que antes de que yo naciera, pero no lo sé,… habló en plural así que, puede que más de una vez.

―¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué has esperado hasta ahora?

―Porque me prometió que no volvería a hacerlo y yo le creí estúpidamente, incluso a pesar de todo este tiempo he seguido haciéndolo. Tú eres el único que ha mantenido la perspectiva firmemente, y gracias a ti he abierto los ojos, Takara.

―Te equivocas. Si no te hubiese tenido a ti no sabría de donde sacar fuerzas. Yo… nunca he dicho esto pero siempre te he admirado. Desde mucho antes de que empezaras a entrenar, yo… quise ser como tú. Así que, cuando llegamos aquí y vi que empezabas a actuar igual que él, aun sabiendo lo que hizo, me dieron ganas de darte una paliza.―se rió con amargura al recordarlo.―Eres mi hermano mayor; tú me inspiraste a ser lo que soy ahora. Y creo que puedo hablar por Sora también de que los dos poseemos cosas que tú nos has inculcado… Cosas que han estado por encima de nuestro padre.

Le agarré de la camiseta empujándolo hacia mí.

―¡Daisuke…!

Apoyé la frente contra la suya.

―Gracias, Takara.

―¡No te lo he dicho para que me agradezcas que alimente a tu ego!―se quejó de soslayo y probablemente poniendo morros. Yo procuraba que no viese cómo las lágrimas que inundaban mis ojos luchaban en las últimas por salir.

―Si te dijera, ―comencé a decir― por cruel y egoísta que suene, que no quiero que se le vuelva a nombrar o hablar de algo relacionado con él, ¿tú qué dirías?

―Te apoyaría sin dudarlo, si esa es tu decisión.―respondió.

Y así sería a partir de ese momento. No se pronunciaría más a nuestro padre en casa por parte de ninguno de nosotros. No quería oír otra vez a mitad de la noche decir si tal vez pensase en nosotros. Ya no esperaría por ver abrirse la puerta de repente. Ya había aguantado más que suficiente… A partir de ese instante sólo éramos cuatro miembros en nuestra familia. Únicamente nosotros cuatro.

Miré el reloj y me fijé en que había dormido una hora escasa, más o menos. Durmiendo y despertándome continuamente. Sentía la cabeza pesada y embotada, con un cansancio acumulado en el cuerpo tanto mental como físico que comenzaba a resultar molesto.

Y entonces, cuando volví a ver la hora me acordé.

¡Mierda!, maldije para mis adentros incorporándome de un salto. Casi habían transcurrido cuarenta minutos de la hora.

¡Joder, joder!

Mientras rezaba aquellas palabras en mi mente me vestí a trompicones, sin preocuparme por acabar de colocarme una manga bien o no.

Hice el menor ruido posible al salir de casa, y al cerrar la puerta silenciosamente eché a correr a esprín tanto como pude. Llegaba muy tarde. Con más de cuarenta minutos de retraso dudaba que siguiese allí esperándome, así que lo más probable es que se hubiese marchado a su casa.

Divisé el edificio del Hokage y para mi sorpresa la hallé reclinada contra el muro.

―Llegas tarde.―dijo acercándose, aunque cuando lo hizo su expresión cambió de molesta a una mueca preocupada.―Estás horrible.―expresó sin anestesia, mirándome de arriba abajo.―¿Qué te ha pasado? ¿No traes nada de abrigo?

―Eh, no.―no me acordé de que nevó el día anterior y de la nieve que entonces adornaba las calles. Fui hasta allí corriendo y apenas sentí el frío, pero al verla a ella debía estar congelada, dado el tiempo que llevaba aguantando la espera.

―Venga, toma.―se quitó su bufanda y me la acomodó al cuello.―Si nos damos prisa no nos perderemos nada.

Cogió mi mano y me llevó arrastras a donde fuera que me guiaba. Porque por más que le preguntase su respuesta iba a ser que caminara.

Al final terminamos ascendiendo por el gran muro, alcanzando lo más alto por encima de las cabezas de los anteriores Hokages.

Estaba exhausto, y notaba que me sobraba la bufanda. Sin embargo, lo que vi a continuación acaparó completamente toda mi atención: tenía ante mis ojos una panorámica completa de la aldea y totalmente teñida de blanco bajo mis pies, y, al fondo, el nacimiento de un amanecer, cuyos primeros rayos de sol se reflejaban en la nieve dándole un efecto brillante. Como si toda Konoha resplandeciese por ella misma.

―¿Qué te parece? Es bonito, ¿verdad?

―Es precioso…

Desde esa altura era como ver a gran escala una de esas esferas agitables con algún pueblecito de imitación. Era genial poder contemplar aquel paisaje.

―Hacía tiempo que quería enseñártelo, pero pensé que sería mejor esperar un poco más hasta esta época del año. ¿Te gusta?

―Sí, es genial.

―¿Lo dices enserio?―giré a verla sin entender por qué lo preguntaba con ese tono inseguro e inusual en ella.―Últimamente te noto muy triste y menos hablador que de costumbre, y no sé por qué. Pero fuera lo que fuese quería ayudarte a animarte un poco, al menos con esto…

Agarré su mano, y tirando de ella, la rodeé.

―Gracias, Nanako. De verdad.―le agradecí con sinceridad. Necesitaba eso. Sentir su calor a pesar del frío y la abracé más fuerte, pensando en que habría tenido que sopórtalo mientras aguardaba por mí cuando yo me olvidé absolutamente de que me esperaba. Y ella, en cambio, no se marchó a pesar de ello. Se quedó, y aun así seguía preocupándose por mí.

―Daisuke…

―Gracias, gracias.

Murmuraba contra su hombro en tanto ella me pasaba los dedos por mi nuca con ternura, acoplándose a mí. Y así permaneció, sin decir nada, y yo, le abrazaba como un salvavidas mientras dejaba salir mis lágrimas con libertad.

Con algunas de ellas aun bañando mis ojos me apartó un poco, y aunque yo me tapé con el brazo ella me limpió la mejilla con el dorso de su mano, pero entonces, más que ver sentí su aliento caliente contra el mío, seguido de un suave y ligero roce en los labios. Y supe exactamente lo que había hecho cuando vi su expresión ruborizada y avergonzada intentando esquivar mí mirada.

―Perdón.

No sé ni cómo ni qué fuerza me impulsó a hacerlo pero, de un momento había cerrado los ojos y acortado cualquier distancia existente entre los dos. Como ella lo había hecho, y noté la suavidad seguido por la sensación de calor.

Fue extraño al principio. Pero no dejaba de ser una sensación muy agradable y quise más de eso pero mi respiración, al igual que los latidos de mi corazón estaban descontrolados.

Nos miramos sonrojados el uno al otro, con el respectivo vaho del otro mezclándose entre los del otro y, de alguna forma nos echamos a reír con timidez a la vez que despreocupadamente, como dos niños pequeños. Como hacía tanto tiempo que ni recordaba.

Sinceramente siempre supe que Nanako era diferente respecto a los demás. Sentía que era algo parecido a los sentimientos que tenía hacia mi madre y mis hermanos, aunque a veces, como en ese momento, me daba cuenta que eran muy distintos pero a la vez muy similares. No sabía exactamente en qué se diferenciaban; no era una más en mí familia, sino una persona muy especial, a quien necesitaba como el oxígeno para no sobrevivir en la pesadez del océano turbio y oscuro que se había convertido mí mundo, el cual, ella daba un rayo de luz, como el comienzo de un nuevo día.

Estaba terminando de guardar la colada mientras los chicos se habían atrincherado en la cocina para hacer la cena. Sora, por otro lado, estaba concentrada en el salón con sus deberes.

Me acerqué a ella una vez acabé, por si necesitaba ayuda y también, para tener algo que hacer. Me era imposible estar parada. Necesitaba algo que con lo que distraer mi mente a cada minuto. Sin embargo, los chicos no hacían otra cosa que alejarme tanto de las tareas de casa y, no podía remediar que a veces sintiera la opresión de aquellas paredes sobre mí. Aplastándome hasta el más oscuro rincón.

Ese día Ino volvió a insistirme en ir a reunirme con ella y todos los demás. Aunque realizara la pregunta sabía perfectamente cuál sería la respuesta; por más que lo dijese yo seguía manteniéndome en mi línea. Daba igual el tiempo que estuviese estando o hablando con ellos, si un rato o unas horas que el resultado era siempre el mismo: nada. No había nada que me impulsara a seguirles o conectarme a ellos.

Algo no funcionaba bien en mí.

Contra más transcurría el tiempo más era incapaz de entender cosas que suponía tener claras desde un principio. Otras no tanto… Y es que no dejaba de darle vueltas a la cabeza por las noches, echando en falta su presencia tras mi espalda dándome calor; era una de las cosas que más añoraba, observarle mientras dormía o,…abrazarle sin que me correspondiera.

―¡Naruto!

La voz de Sora me devolvió devuelta a la realidad y al mirar hacia allí encontré a Naruto en la entrada.

―¿Te quedas a cenar?―Takara salió de la cocina vistiendo con el delantal, seguido de Daisuke. ―No, lo siento, hoy no. Otro día, ¿vale?―prometió.―La verdad es que he venido a invitar a su madre a cenar…

―Ya se lo dije a Ino esta mañana.―contesté garabateando en el papel antes de que continuase la frase.―No tendías que haberte molestado en venir aquí para nada.

―Salgamos fuera.

―Te lo acabo de… ¡Naruto! ¡Suéltame!―me agarró con fuerza del antebrazo consiguiendo levantarme del suelo y sacarme a rastras del apartamento.― ¿A qué demonios estás jugando…?―vi que les decía algo a los niños y coger mi abrigo antes de cerrar la puerta.― ¿Qué haces? ¡Ábrela!

―¡Escucha, vas a venir conmigo y pasarás un rato agradable con nosotros!―declaró sin una pizca de paciencia.― Así que ponte esto y vámonos.―me urgió, pasándome la prenda de abrigo.―¿Podrás hacerlo?

Me observó intensamente, hasta el punto de abrumarme. Siempre que miraba directamente a sus ojos algo se tambaleaba irremediablemente en mi interior.

―Está bien.―acabé accediendo, y su expresión se suavizó.

Caminé junto a él sin mediar palabra hasta el restaurante. Hacía un frío que pelaba hasta los huesos aquella noche y agradecí el calor del local una vez entramos, resguardándonos.

―¿Sakura?―Tenten estaba de pie en el pasillo con varias jarras en las manos―¡Hey, chicos, Sakura está aquí!

De inmediato Ino salió de detrás de un panel y vi cómo se le iluminaba la cara al verme.

―Vaya, esto sí es sorprendente.― Kakashi-sensei apareció desde la barra. Venía acompañado por Lee y varias cervezas más.― ¿Cómo lo has conseguido, Naruto?

―Nada. Dijo que le apetecía mucho venir, ¿verdad?―mintió dirigiéndose a mí sonriente.

―Sí…

―¡Pues no se hable más!―Ino me sujetó fuertemente de la mano―¡Vamos a pasárnoslo en grande! ¿De acuerdo?

Me llevó con todos los demás a la gran mesa que habían preparado. Cabíamos todos, aunque un poco apretujados… Inmediatamente me ofrecieron para beber y comer lo que quisiera, insistiendo en no cortarme y alimentarme bien. Ino vino a sentarse a mi lado, dejando a Sai en el otro lado en compañía de Naruto y Shikamaru, quien repartía por la mesa las bebidas a uno y a otros. Pronto Gai-sensei propuso un brindis en memoria de Neji,

Como sabía que hacían siempre que se reunían, y todos alzaron sus copas para beber. Después, siguieron con bromas, conversaciones cruzadas y disputas entre Choji y Kiba por conseguir más comida, con el apoyo incondicional de Hinata, y Shino, en cambio, se aprovechaba de aquello para servirse tanto como quisiese en su plato. En el otro extremo de la mesa Gai-sensei retaba a Kakashi-sensei a una competición por quién bebía más que el otro, a lo que Lee se les unió inmediatamente atraído como una polilla a pesar de las advertencias de Tenten a su poca tolerancia al alcohol.

―¡Quien pierda cantará delante de los chicos!

―Hecho.

Animaron a ambos senseis a seguir, porque Lee, al segundo vaso ya estaba mareado y por los suelos ayudándose de su compañera. Por otro lado, yo estuve más concentrada en probar el sake. Nunca lo había bebido y su sabor fuerte no me gustaba, pero, aun así continué rellenando mi copa.

Al final, Gai-sensei se puso a cantar alto y fuerte, aunque más que eso berreaba palabras sin sentido. Estaba completamente borracho y, aunque no fue la apuesta, Kakashi-sensei le echo el brazo al hombro y se acopló como un dúo a su canción de igual modo. Al poco tiempo después se marcharon juntos con la buena justificación de que ya no tenían el cuerpo para tanto alboroto.

Ino comenzó a hablar de la boda y de si deberían celebrarla junto a la de Shikamaru, para que se decidiese de una vez, pero éste no quiso entrar mucho al trapo, aunque sí participó con los chicos en discutir sobre la despedida de soltero para Sai. Las chicas también charlaron acerca de ello, aunque yo intentase evadirme de las conversaciones o, de las miradas tiernas y risueñas con que Ino le regalaba, sonrojándose; me hacía pensar en todas esas cosas que había vivido hacía algún tiempo no muy lejano, pero que, en ese entonces, tenía la sensación de que nada de lo que ocurrió hubiese sucedido de verdad. Cómo si todo se convirtiese en una nebulosa de sueño en mi cabeza. Más y más grande.

Más doloroso.

―Oye, Sakura, ¿no crees que has bebido bastante ya?

―¿Por qué, Hinata? Nos estamos divirtiendo, ¿no?―di un trago de golpe y de nuevo colmé el vaso.

―Déjalo…―le impedí a Ino quitarme la botella de las manos.―Te acompañaré a casa, vamos…

―No, quiero seguir bebiendo. Se supone que esto es una fiesta, ¿verdad?―me puse de pie, tambaleándome y sin prestarle atención al mareo.― ¿Por qué no hacemos un brindis, eh?

―Siéntate. Ya es suficiente.―interrumpió Naruto.

―¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? Estamos pasándolo bien.

―Eso, Naruto.―participó Kiba.― ¡Si Sakura quiere brindar vamos a hacerlo!

―No.―sentenció firmemente y se acercó a mí, para susurrarme―: Has bebido más de la cuenta, nos vamos.

―Deja de hablarme como a una niña, además, ¿no era esto lo que querías…?

―¡Venga, déjala, Naruto! Aquí tienes, Sakura.

―¡Gracias!

Volví a sentarme con la copa que me llenó Kiba hasta arriba y los dos brindamos junto a Choji, olvidándome de que Naruto no me quitaba los ojos de encima ni un segundo. ¿Por qué no podía dejarme en paz?

―¿Quieres otra?

―Claro…

Pisó con fuerza el tatami hasta posicionarse de nuevo junto a mí.

―Levántate.

―No.

―Hey, Naruto…―Kiba quiso repartir calma pero no lo consiguió.

―¡No pienso volver a repetirlo! ¡Levántate!

Alcé la vista sin inmutarme y vi que estaba realmente furioso conmigo. Y no supe si fue el efecto del alcohol u otra cosa, pero el caso es que me puse a reír. Él, por el contrario, me incorporó de un solo impulso tirando de mi brazo y me sacó del restaurante ante la incrédula atención de lo demás.

Cuando me insistió que anduviese recta y reí aún más fuerte, tambaleándome sin control así que, me pasó el brazo por sus hombros y arrastró de mí por la calle.

Maldijo en voz alta al intentar abrir la puerta con la mano izquierda, lográndolo varios minutos después entrando a oscuras, trastabillando, y, al final, caí pesadamente sobre una superficie mullida, sin dejar de desternillarme de risa. Hice el intento de sentarme, pero fue inútil. La habitación me daba vueltas...

―¿Dónde… estoy?―pregunté con voz ronca y débil. Me eché los brazos sobre los ojos para perder de vista el techo y la sensación de mareo.

―En mi apartamento. Es mejor que pases la borrachera aquí antes de presentarte en casa con los niños…―sentí el peso de su cuerpo hundir el colchón.― Te he llevado para que te lo pasaras bien con los demás y te despejaras, no para beber como una… Ni siquiera has comido nada, ¡¿en qué estabas pensando?! ¡Oye, mírame!―quiso apartarme los brazos pero no le dejé.―No quiero obligarte a hacer nada que no te apetezca, lo único que quiero es que estés bien, que vuelvas a sonreír de verdad, yo… No quiero otra cosa más que eso.

―Déjalo,… Naruto…

―No, no voy a hacerlo.

―¿Por qué? No lo soporto… Casi siempre estás en casa con los niños, te preocupas y juegas con ellos, visitas a mis padres y me haces compañía en el trabajo. ¡Estás todo el día pendiente de mí!, ¡¿por qué?! ¿Por qué eres tan bueno conmigo?

―Ya te lo he dicho.

―No…

―Me preocupo por ti, ¿acaso es un crimen?―consiguió hacer mis brazos a un lado y me topé de frente con sus ojos azules.―No te he preguntado nada en todo este tiempo porque te he respetado, tal como me pediste que hiciera, pero, ahora mismo eso ya no me importa; ya no se trata solo de ti, sino de mí también… Necesito saber lo que pasó realmente con Sasuke, y quiero oírlo directamente de ti.

¿Por qué? ¿Por qué era tan débil ante esa mirada? Sentía como si me atrapase en ella, que veía a través de mí hasta el punto de perturbarme, pero, eso ya daba igual.

―¿Qué quieres oír, Naruto? ¿Qué Sasuke me violó? ¿Es eso? Pues sí, te mentí; jugaba conmigo cuando se le antojaba, arrastrándome con él atada de las manos por una cuerda y obligándome casi todas las noches. ¿Es eso lo que esperabas? ¡Di, Naruto!―volví a esconderme, arrepentida de cómo se lo había soltado de una vez pero ya no había vuelta atrás.― No dejó de hacerlo hasta que me enteré de que estaba embarazada. Pensé en ustedes muchas veces, que quizás me estaban buscando y que al final acabarías por encontrarme pronto pero, pasaba el tiempo y cada vez me veía más aprisionada en aquella casa donde me obligó a pasar el embarazo sola, hasta que nació Daisuke. Sasuke se marchaba continuamente sin decir nada, y podían pasar días e incluso semanas sin verle aparecer… Tuve opciones de escapar. Incontables, pero no lo hice. Tenía miedo por Daisuke recién nacido y preferí esperar un poco más pero, ¿sabes qué? Esa idea fue desapareciendo poco a poco... El tiempo transcurría y Sasuke y yo tuvimos nuestros vaivenes... Su actitud no había cambiado en absoluto pero tenía momentos, y me aferraba a ellos. De alguna forma se preocupaba por Daisuke, y luego, por Takara. Al menos su nacimiento no fue como el de su hermano mayor, pero tampoco muy distinto. Empezamos a compartir dormitorio y, bueno… A los ojos de los demás parecíamos un matrimonio: convivíamos juntos, dormíamos juntos y teníamos hijos en común. Pero aparte de eso no había nada más. No por el lado de Sasuke, aunque si es verdad que siempre tuve esperanzas de que, tal vez, algún día sintiese algo…

"Con la llegada de Sora creí que todo iba a ir mejor… Parecíamos una familia y por raro que te parezca, la verdad es que fui muy feliz. Unos días más que otros, pero al fin y al cabo vi a mis hijos crecer sanos y alegres junto a mí y a su padre. Era lo que siempre había soñado tener con Sasuke, y creí que lo estaba consiguiendo, pero se esfumó cuando nos encontraron… supe al instante que les había olvidado por completo. Aunque, ahora que te soy sincera, eso no me importó en lo más mínimo, ¿sabes? Lo único en lo que podía pensar era en que todo había acabado… Así que, esa noche, ayudé a escapar a Sasuke. Envenené a Lee y a Kakashi-sensei para protegerle y tener la oportunidad de despedirme de él, de… decirle todo lo que sentía… Que a pesar…―el nudo en la garganta no me dejaba hablar―de todo lo que había pasado yo, había sido feliz a su lado durante esos años, que…le quería muchísimo…―ese momento llegó como un flash cegador a mí mente.― Me moría por decirle que no se fuese, ¡que se quedase conmigo!, pero, ¿sabes qué, Naruto? Al final No dijo nada… Ni te echaré de menos, ni un te quiero... Nada. ¡Ni siquiera por los niños! ¡Se marchó sin decir una palabra!―Naruto se echó sobre la cama, abrazándome contra él, pero ya poco podía hacer.― ¡No hizo tan siquiera el intento de quedarse por nosotros! Y yo se lo di todo, Naruto. ¡Todo! ¡Por él...! Porque hice de Sasuke mi mundo.―lloraba desconsoladamente, con un dolor atroz que me desgarraba el pecho.―Sé que no volverá nunca, pero yo… no puedo dejar de echarle de menos ni de pensar en él... Yo, no puedo… ¡No puedo más!

Creo que estuvimos tumbados en la cama casi toda la noche. Naruto no se separó de mí en ningún momento mientras yo dejaba salir a la luz todo el dolor que llevaba acumulando dentro durante aquellos meses… Sentía como si la herida expulsase el veneno. Cómo si me liberase de una carga pesada: me había dado la oportunidad de decir en voz alta mis propios sentimientos, sin tener por qué ocultarlos más.

Naruto se había convertido en mi máximo apoyo desde que volví a casa, pero nunca quise inmiscuirle, en realidad. Prefería mantenerlo al margen de todo el caos que habitaba en mi cabeza y no contagiarle de mis penas, pero, la verdad era que si no hubiese sido por él habría estado mucho, mucho peor de lo que ya me encontraba en ese momento. Sin apetito, y teniendo la misma pesadilla con Sasuke una y otra vez, yéndose, mientras yo no podía moverme ni gritar hasta que lo veía perderse en la oscuridad. Pero esa noche, en cambio, no soñé nada. Dormí plácidamente apoyada en su regazo, en tanto él me transmitía consuelo y tranquilidad. No sé cuántas veces me disculpé por haberme olvidado de él y de todos mis amigos. Por dejar de lado mi hogar de un modo tan egoísta, y sin embargo, Naruto no me lo echó en cara, ni tampoco dijo que me lo merecía por ser una ingenua estúpida, sino que me abrazó más fuerte, acunándome y diciendo que no me preocupase por cosas innecesarias porque, para él, lo más importante era que estuviese de nuevo en casa sana y salva.

Los tenues rayos de sol de la mañana me incomodaban en los ojos, y quise moverme para huir de ellos pero alguien ya lo hizo por mí.

―¿Te he despertado?

A pesar de estar aún adormilada percibí las sombras que ocultaba bajo sus párpados.

―¿No… has dormido?―mi voz era un hilo casi inexistente.

―No, pero tú sí. Estuviste hablando y gimoteando en sueños varias veces…―me echó un mechón de pelo tras la oreja.―Me preocupaba que pudieras despertarte con alguna pesadilla.

―Lo siento, yo…

―Deja de disculparte por todo.

―Perdón…―volví a hacerlo. Él en cambio sonrió acercándose a mí, apoyando su frente contra la mía.―Gracias… por quedarte conmigo, y cuidarme toda la noche. Me has ayudado mucho.

―Quiero que estés bien, y no iba a dejarte sola después de esa borrachera. Te pasaste de la raya para ser la primera vez que bebías… ¿Cómo estás, por cierto?

―Tengo la cabeza embotada y a punto de estallarme. ―mi voz salía amortigua al estar escondida contra su cuello ocultándome de la claridad.―Lo de anoche fue la primera y última vez.

Ante eso Naruto rió con suavidad y quiso levantarse para traerme medicina pero no quise abandonar el refugio de sus brazos. Por una vez en mucho tiempo sentía calidez en lo que para mí se había convertido en un largo y frío invierno de soledad y abandono. Él pareció notarlo y me llevó en brazos hacia la cocina, sentándome sobre la encimera mientras echaba mano al mueble y me pasaba el medicamento y un vaso de agua. Todo ello sin perder el contacto conmigo. Daba igual si era un simple roce o una mirada. Estaba ahí, se quedó pendiente de mí hasta darle el último trago al agua y luego partió una galleta en dos para cada uno; era lo máximo que podía aceptar mi estómago, pero agradecí el sabor dulce en el paladar.

Antes de que pudiese tantear la posibilidad de regresar a casa Naruto me metió de nuevo en la cama, prometiendo que me despertaría en un par de horas y que después me acompañaría en el camino de vuelta. Quise decirle que durmiese a mi lado, pero mis ojos se cerraban inconscientemente, costándome una barbaridad poder abrirlos por el cansancio... Lo único que pude hacer fue aferrarme a su mano mientras él me observaba desde la orilla de la cama y protegía mi sueño una vez más.

Lo que ocurrió aquella noche me hizo reflexionar y darme cuenta de que tenía que aceptar la verdad: quería a Sasuke. Lo di todo, y más por él, pero aun así eso no fue suficiente, y debía asumirlo. No podía hacer otra cosa más que eso.

―No le diré nada a nadie, ni a Daisuke.―prometió, tras haberle pedido que aquello que le confesé quedase entre nosotros.― ¿Estás bien?―estaba visiblemente preocupado y no le culpaba por ello después de lo de aquella noche. Comprendía que no quisiese dejarme sola, y yo tampoco quería, pero sabía que no había dormido y estaba cansado, pero...

―¿Quieres…pasarte luego a cenar?

―Claro.―respondió sonriéndome.

Cuando entré en casa me la encontré desierta y completamente en silencio. Miré a ver en la habitación y allí estaban los tres profundamente dormidos. Sin embargo, me llamó la atención que Sora estuviese durmiendo entre los chicos cuando últimamente había interpuesto un espacio entre ellos. Me acerqué, y definitivamente habían juntado las tres camas. Sabía que ese simple gesto significaba algo, y que tal vez, estuvieron hablando a lo largo de la noche.

No quise darle vueltas a eso y decidí prepararles el desayuno antes de que despertasen.

―¿Mamá?

Encontré al mayor de mis hijos en la puerta de la cocina, restregándose los ojos con actitud somnolienta.

―Buenos días.―le dije a la vez que pasaba los dedos por sus cabellos alborotados de recién levantado.― ¿Todo bien anoche?

―Sí,…―apoyó la cabeza contra la encimera intentando no cerrar los ojos.― ¿y tú? ¿Hueles a alcohol?

―Bebí un poco… ¿A qué hora se acostaron?

―Mmm, no lo sé. Tú tampoco pareces haber dormido mucho…―se estaba quedando dormido allí de pie. Al parecer todos pasamos una mala noche.

―Dejaremos el desayuno por hoy.―murmuré antes de cogerle en brazos y llevarlo de vuelta a la habitación para acostarle.

Sora se había arrimado y echo un ovillo junto a Takara quien entreabrió los ojos para verme.

―Mamá…

―Ssht, seguid durmiendo.―le acaricié suavemente la cabellera para sumirle de nuevo en el sueño. La pequeña se removió e hice lo mismo besando su frente.―Duerman bien.

Cerré la puerta del dormitorio en silencio y fui directamente a darme una ducha caliente.