―¡Qué frío!

―Deja de quejarte y ayúdame―Apoyó las manos sobre la tabla y entre los dos la alineamos para que quedase recta junto a las demás que habíamos clavado anteriormente―. No la sueltes, Takara.

―¡Me estoy congelando de frío! ¡¿Cómo quieres que lo haga?!

Yo también me estaba helando y por eso quería terminar de arreglar el tejado de la academia cuanto antes. No dejaba de nevar, cosa que dificultaba nuestro trabajo y, también, la razón por la cual el techo de la Academia Ninja se vino abajo. Aunque daba gracias a que fuese en una zona donde estaba desocupada y no en el lugar de las clases, donde en ese mismo momento se hallaba Sora en alguna de sus aulas sentada en su pupitre con sus piernas colgando de la silla balanceándolas seguramente, mientras compartía de vez en cuando alguna broma con Ashi, su compañero y amigo.

―Tú también podrías echarnos una mano, Kakashi-sensei―Le reclamó castañeando entre dientes. Estaba sentado leyendo un libro tranquilamente como si la baja temperatura no le afectara en lo más mínimo y estuviera bien reconfortado en el sofá de su propia casa.

―¿Eh? ¿Por qué?

―¡Porque estás ahí sin hacer nada!

―Bueno, ése es vuestro trabajo, no el mío―Pasó de página y empezó a reírse como un idiota tras la portada moviendo los hombros.

Me puse de pie y, para su sorpresa, se lo arrebaté de las manos.

―¡Oye, Daisuke…!

―¡Tómalo, Takara!―Se lo pasé, y éste, lo atrapó con seguridad al vuelo. Parecía divertido. Al menos entraríamos en calor de esa forma, pasándonoslo de un lado a otro mientras Kakashi intentaba cogerlo amenazándonos con que escribiría un informe detallado al Hokage sobre conducta impropia contra el evaluador. Pero eso a nosotros nos daba igual.

―¿Qué pasa, Kakashi-sensei?―Se burló Takara sacándole la lengua mientras agitaba en su mano el libro, incitándolo a que se acercase a él—. ¿No puedes contra dos Genins a la vez? ¿Tan mayor estás?

―¡Ya vasta, mocosos!

Entonces, Kakashi-sensei se abalanzó en ese momento contra él y pude ver antes que había apoyado el pie en el mismísimo borde del agujero. Me dio tiempo a reaccionar, sí, pero no lo suficiente para ser arrastrado con ellos hasta el fondo, donde quedamos enterrados entre madera y nieve tras un ruido estruendoso en el que me golpee la cabeza, pero no era nada ya que la saqué de la nieve, agitándola para quitarme los restos del pelo a la vez que salía de entre los escombros sacudiéndome la ropa y la capa cuando escuché la tos de Takara a mi lado y junto a él, nuestro evaluador completamente noqueado por la caída.

―¿Cuántos dedos ves?―Preguntó Takara acercándose a él del revés, inclinándose hacia él acercándole la palma de la mano completamente extendida mostrando sus cinco.

―Libro…―Farfullaba sin sentido―…mi libro…

―¿Si me contestas te lo daré?―Sonrió amablemente antes de girarse hacia mí con una expresión embargada por la ansiedad y masculló en un susurro―¡¿Dónde está el libro?!

―¡Y yo que sé, ahora mismo tenemos un problema más grave!―Dije señalando el techo inexistente―. ¿Qué se supone que vamos a hacer?

Kakashi-sensei volvió a rumiar algo inaudible por lo que mi hermano pequeño se esforzaba en traducir aproximando su oreja sobre su máscara. Mientras tanto, yo daba vueltas en el lugar intentando pensar con claridad, notando una que otra punzada en la coronilla donde me coloqué un bloque de hielo en esa zona para intentar bajar el chichón que se me había formado y fue cuando encontré el libro abierto de par en par. Parpadee varias veces y me agaché para recogerlo antes de volver a incorporarme quitándole restos de madera y polvo mirándolo con curiosidad porque parecía estar muy usado, como si Kakashi lo hubiera estado leyendo durante muchísimo tiempo una y otra vez… Me pregunté qué tipo de lectura podría abstraer tanto a una persona para engancharla de esa manera y leí varias líneas. Mis mejillas se tiñeron de un rubor escarlata que iba en aumento contra más seguía el párrafo escrito en el libro hasta que finalicé por cerrarlo pudiendo notar cómo me ardía la cara. Sin duda el pedazo de nieve que tenía en la mano se habría derretido, y más aún cuando los recuerdos con Nanako en lo alto de los grandes rostros de los Hokages con el amanecer de fondo invadió mi mente de un solo golpe chamuscándome los cables.

―Vamos, espabila―Le insistió Takara dándole unos toquecitos en la mejilla para intentar despertarlo, yo simplemente me acerqué a él y le entregué el libro con la vista desviada hacia otro lado― ¿Uh? ¿Y a ti qué te pasa?—Inquirió recogiendo el objeto pasando de página con rapidez entrecerrando los ojos. Sabía que no leería una sola línea de ese libro sino contenía dibujos impresos en él.

—Na-nada, sólo pensaba el modo en el que poder solucionar todo esto.

—Mmm, ya—Cerró la encuadernación por fin dejándome respirar aliviado discretamente y alzó la mirada hacia arriba—. Podríamos probar con una lona…

―¡Chicos!―De repente se oyó la voz de Iruka-sensei, y allí estaba, mirándonos desde lo alto―. ¿Están bien?

―S-sí,… ―Bajó y se aproximó inmediatamente a Kakashi-sensei―… más o menos…

―¿Qué ha pasado?

―Bueno… verás es… ¡Ya sabes…!―Tartamudeó incomprensiblemente Takara poniéndose nervioso moviendo las manos y los brazos de un lado a otro casi enredándoselos entre sí―. Eh… Uh-uhm…

―De repente se vino abajo, Iruka-sensei―Intervine sin pensar si eso era de verdad creíble o no. Pero mi voz sonó serena y convincente―: La superficie era inestable. Estábamos terminando de cerrar el agujero como nos habían mandado hacer con la supervisión de Kakashi-sensei y fue cuando todo se hundió, ¿verdad, Takara?

―¡Sí, sí!―Se apresuró a asentir automáticamente tieso como el palo de una escoba.

―Valla problema…―Suspiró el profesor, y supe que no harían falta más explicaciones, pero nos volvió a preguntar si estábamos heridos, a lo que nosotros negamos con la cabeza―. Entonces, llevaré a Kakashi al hospital. Mientras tanto, ustedes dos, intenten recoger este desastre, por favor.

En cuanto desapareció junto con el cuerpo inconsciente de Kakashi ambos dejamos salir el aire contenido.

Sacamos los restos del techo del interior, sin embargo, la nieve no dejaba de caer así que recurrimos a la idea de la lona y Takara fue en su busca mientras que yo me quedé continuando con la limpieza de todo aquello como pude hasta la llegada de mi hermano, y entre los dos acomodamos la gran tela sobre el agujero colocando cuatro piedras en cada una de las esquinas para que no se la llevase el viento o el tiempo que aguantase hasta que se llenase por unos kilos de nieve. Sin embargo, teníamos que ir a la oficina del Hokage para dar reporte del incidente ocurrido y lo sucedido con nuestro evaluador, cosa que no nos hacía ni pizca de gracia ya que no obtendríamos beneficios y seguramente Kakashi podría irse de la lengua diciendo que fue por nuestro juego que el techo se desplomó, pero, si apreciaba tanto su libro erótico, más le valdría mantener esa bocaza tapada que tiene cerrada.

Después de informar a Godaime de la situación y negar en desaprobación con la cabeza junto al suspiro perezoso de Shizune a su lado me pareció que algo así ocurría frecuentemente, porque en cuanto le dijimos que Irukasensei llevó a Kakashi al hospital ambas soltaron al unísono: «¿Otra vez…?». Podría ser que nuestro instructor era un paciente frecuente en la cama del hospital, hecho que me sorprendió, pero nos dijo que se nos concedería más material que utilizar para terminar de reparar el tejado y que en tanto encontraría a alguien que se hiciera cargo de nosotros, ya que al ser Genins todavía debíamos estar bajo la supervisión de algún Jounin.

―¿Por qué tenemos que ir a ver a Kakashi al hospital y encima comprarle un ramo de flores?―Inquirió Takara en tono huraño cuando me detuve frente a la floristería Yamanaka después de salir del despecho del Hokage.

―Porque nos conviene―Le expliqué de un modo ausente buscando un tipo de flor en concreto―. Aún llevas el libro encima, ¿verdad?

―Sí, ¿por qué?

―Tengo la sensación de que ese libro es muy especial para él, así que mientras lo tengamos en nuestro poder Kakashi no tendrá más remedio que redactar en el informe que todo ha sido un simple accidente—Encontré las flores que requería y tomé un par de ellas, mostrándoselas al incrédulo de mi hermano pequeño— Será una especie de rehén para que no abra la boca—Una sonrisa ladina cruzó mis labios ladeando la cabeza.

―Son…

―Flores para funeral. Se las daremos a Kakashi con todo nuestro cariño y afecto…—Dije sin prestar mucha atención a la palidez del rostro de Takara, ya que algo, o más bien alguien, acaparó toda mi atención en ese instante. Tenía las mejillas rosadas al igual que la punta de la nariz que intentaba ocultar bajo la bufanda mientras caminaba junto a una mujer morena de cabello rebelde y charlaba de forma animada con ella dedicándole una enorme sonrisa que me deslumbró hasta a mí.

— En serio, Daisuke, hay veces que tu lado macabro me da escalofríos…—Me quedé embelesado observándola, sin escuchar las palabras de Takara que se transformaron en un completo silencio en el que sólo la figura y el esplendor de Nanako se hicieron presentes, reinando de una manera tan cálida y apaciguadora como un atardecer de primavera que hacía latir rápidamente y con fuerza mi corazón en pleno invierno. Sin embargo, la cara de Takara se interpuso de repente en mi campo visual impidiéndome seguir contemplándola y eso me fastidió coloreando mis orejas de rojo como bolas de navidad—. ¿Se puede saber qué te pasa?

Lo aparté con un brazo dejándole las flores en los de él para que las cogiera sin reparos y salí a la calle buscándola con la mirada entre la gente que transitaba la avenida, pero las perdí de vista por completo… Desde aquel día no nos habíamos vuelto a ver ni a cruzar hasta entonces, aunque yo fui el único que tuvo conciencia de ello. Y por alguna razón, mi corazón volvió a agitarse por eso. Era como una especie de secreto que me guardaría para mí mismo, porque, a pesar de que me moría de la vergüenza en mirarla de frente me hacía feliz haber tenido la oportunidad de encontrarme con ella.

―Oye…—Algo me golpeó en la cabeza, y me giré para ver a Takara con el ramo echado sobre el hombro, quien me observaba con la cabeza inclinada hacia un lado al mismo tiempo que enarcaba una ceja— Creo que deberíamos ir al hospital para que te revisen a ti en lugar de ver a Kakashi, porque estás actuando de un modo muy raro y esa estúpida sonrisa que tienes de imbécil me asusta más que tus ideas macabras—Confesó antes de echar a caminar en dirección al hospital con aire despreocupado, dejándome avergonzado en mitad de la calle con las mejillas coloradas y, tras varios segundos, lo seguí en silencio introduciendo las manos en el interior de los bolsillos del pantalón queriendo que me tragase la tierra.

Suspiré pesadamente al ser observaba por su ojo abierto mientras escribía en la tablilla el estado en el que se hallaba y el olor de las flores que los niños habían traído hacía unos minutos alcanzó a impregnar mi sentido del olfato al tenerlas junto a mí en un jarrón junto a la mesa auxiliar en la cama donde Kakashi-sensei estaba postrado con un vendaje rodeándole la cabeza y varias contusiones, pero aun así no me quitaba la vista de encima, incluso se mostró inquieto con la visita de los chicos, que, a pesar de ser breve, tuvieron un detalle con él trayéndole aquellas flores…aunque no estaba segura de por qué habían escogido precisamente esas en particular. Tal vez no supiesen su significado.

―Sakura…—Musitó con un poco de dificultad bajo la sábana que le ocultaba medio rostro—. Siento decirte esto, pero tus hijos son unos…

—Sí, sí—Le interrumpí echando un vistazo a la hora tras dejar de apuntar en la tabla que deposité a los pies de la cama— Es mi turno para el almuerzo y tú ya puedes irte a casa—La sonreí dándome la vuelta para caminar hacia la puerta.

—¡¿Qué?! ¿Ya está?

Me detuve con medio cuerpo fuera de la habitación tras haber abierto y le miré con el ceño fruncido a través del hombro.

―Sólo tienes un chichón y algunos cardenales, el resto está todo correcto por lo que tienes permiso para irte a casa.

―Pe-pero…—No quise escuchar sus excusas y cerré tras de mi lanzando un prolongado suspiro impregnado de cansancio. No sé si era peor que un niño pequeño o la edad que le estaba afectando para tener esa clase de paranoias con que no estaría seguro si no se quedaba en el hospital. Si no quería volver a casa para estar solo ya iba siendo hora de que se plantease buscar alguna mujer en lugar de usar la clínica como un hotel o lo diagnosticaría de hipocondríaco.

―Sakura.

Pestañeé al toparme con una de las chicas de recepción y administración en el final del pasillo que se acercaba a mí con interés acompañado de cierto rubor en las mejillas conteniendo una pequeña sonrisa que intentaba no hacerla más pronunciada con discreción mientras apretaba unos documentos contra su pecho.

―Tienes visita.

―¿Visita?

—Pregunté extrañada porque ya había revisado el papeleo y mi turno había acabado teniendo tiempo libre para almorzar. Sin embargo, la chica negó con la cabeza y disimuladamente señaló hacia el vestíbulo, concretamente a una figura alta de pelaje dorado que estaba recostado contra la pared con aire pensativo manteniendo las manos en los bolsillos de su chaqueta, y una sensación de revoloteo surgió de repente en mi estómago al verle allí plantado— Ha vuelto a preguntar por ti y le he dicho que no tardarías en terminar—Me aclaró la chica y yo le asentí brevemente notando cómo se alejaba a paso lento de mí, sin perder detalle cuando me acerqué a él, y éste descendió su cálida y azulada mirada como la de un cielo totalmente despejado sobre mí, dedicándome una de sus tantas sonrisas que abrigaban mi helado y malherido corazón.

No era la primera vez que Naruto me esperaba para almorzar juntos o a la salida del trabajo para acompañarme a casa aunque fuese tarde. Incluso se preocupaba de recoger a Sora de la academia cuando ni yo ni los niños podíamos por el trabajo y sus respectivas misiones. Él en cambio, estaba con ella, la entretenía en el parque jugando con Ashi y Chairomaru hasta que me veían llegar y los tres regresábamos juntos a casa mientras llevaba a mi hija pequeña subida sobre sus hombros haciéndola reír felizmente con cualquier tontería. Incluso ya era frecuente verle en las cenas cuando los chicos volvían a casa y se les iluminaba el rostro cada vez que estaba presente aguardándoles para comer lo que él me había ayudado a cocinar… Estaba muy pendiente de nosotros. Desde que le confesé la verdad, creo que incluso antes, pero en ese entonces aún más se preocupaba por nuestro bienestar y era algo que no sabía cómo poder agradecer todo cuanto hacía por nosotros cada día.

―¿Quieres otro?—Me preguntó cuando terminé el tazón de ramen de Ichiraku, mientras él, ya llevaba dos y medio. Realmente adoraba esos fideos. No perdía oportunidad en traer a los chicos a ese lugar… Aún recuerdo la primera vez que los hizo probar la comida que me reprochó no haberles dado a conocer nunca, sorprendiéndome. Pero cuando vi su rostro ilusionado cuando los tres degustaron la comida admitiendo que les gustaban me arrancó una sonrisa al verle feliz por algo tan simple que me resultó adorable. Así que esa vez, escogí aquel lugar para almorzar sabiendo que le encantaría porque siempre me preguntaba a mi dónde me apetecía comer y nunca se quejaba del lugar a donde íbamos, aunque alguna de la comida que a mí me gustaba no le hacía gracia y hacía el esfuerzo por acompañarme, motivo por lo que decidí que de vez en cuando elegiría su restaurante favorito para que él también disfrutara. Y he de confesar que aunque aquella comida me pesara en el estómago venía de perlas para el frío que hacía esos días, además, allí se le notaba más a gusto y no desperdiciaba el tiempo en recoger sus sonrisas, bromas y conversaciones que eran como una especie de bálsamo para mí.

―No, estoy bien así—Respondí colocando el codo sobre la madera, reposando el mentón sobre la palma de la mano mientras veía al dueño trabajar distraídamente, suspirando al notar mí cuerpo entrando en calor por la sopa.

―Sabes que yo invito, no te preocupes y pide lo que quieras.

—Naruto, he dicho que estoy bien.

―¿De verdad lo estás?—Murmuró y levemente arrugué el entrecejo observándolo de reojo, viendo que miraba el cuenco con la vista perdida sumergido en unos pensamientos que sabía muy bien donde iban dirigidos y, a causa de ello, aparté aquella visión desviando el rostro hacia el lado contrario sin querer ver el sufrimiento que yo misma le causé. Se culpaba por lo que pasó. De un modo u otro se echó todo ese peso a la espalda y toda esa rabia y frustración lo devoraban por dentro… Jamás iba a perdonar a Sasuke por lo que me hizo. Ya no era aquel mejor amigo en quien confiaba ciegamente, y cuando alguien pronunciaba su nombre sin quererlo ni pretenderlo su cuerpo se tensaba automáticamente e irradiaba un aura llena de ira contenida que me daba miedo llegar verla explotar por lo que podría llegar a ocurrir— Perdona…—Se disculpó con un tono de voz apagado que no reconocí en él y aquello me dio una punzada en el pecho, como si una estaca de hielo lo atravesase dándole de lleno a mi corazón. Sentía que tenía que irme, y así lo hice: me incorporé de un salto saliendo de Ichiraku para internarme en la calle con rapidez huyendo de allí abrazándome a mí misma intentando controlar los temblores que emanaban con mayor intensidad sin saber hacia dónde me dirigía exactamente porque estaba desorientada. ¿Cómo pude ser tan egoísta con él después de todo lo que ha hecho? ¿Cómo pude contarle algo así sin pensar en lo que podría perjudicarle? Ese no era el Naruto que quería ver, sino el que siempre estaba conmigo y con los niños con una sonrisa amable tanto como sincera cruzándole el rostro—Hey…—Unos brazos me sostuvieron repentinamente con firmeza llevándome hacia un estrecho callejón fuera de la vista de los demás, quienes no eran conscientes que intentaba zafarme de su agarre teniéndome contra la pared—Sakura, lo siento, lo siento…—No hacía más que susurrarme al oído mientras las lágrimas viajaban con total libertad por mis mejillas y mis fuerzas flaquearon tan sólo quedando pedazos de mi temblorosos mezclados con sollozos ahogados entre sus brazos protectores y pecho al que me aferré hundiendo los dedos en sus ropas como un salvavidas.

―Es…es cu-culpa mía…—Farfullé amortiguadamente con la voz estrangulada y rota―To-todo es culpa mía…— Sentía cómo las rodillas me fallaban, en cambio, él me sostuvo para no caer. Siempre era capaz de sujetarme incluso en esos momentos de crisis en los que mi mente no hallaba salida y era incapaz de racionar nada más que sólo pensamientos negativos hacia mí misma—. No tuve…que haberte dicho…nada…

―No digas eso. Prefiero saber la verdad a vivir en una mentira.

Sí…eso mismo hice yo. Vivir de ese modo durante años hasta que la verdad me golpeó de la forma más cruel.

―Sé que eres fuerte, lo has estado demostrando al proteger a tus hijos con uñas y dientes, pero…—Fui consciente de que le costaba hablar y de la tensión al igual que el temblor de su cuerpo a pesar de que yo no oponía resistencia alguna, ya que si no fuese por el agarre de sus brazos estaría en el suelo como una muñeca de trapo―pero… déjame que sea yo el que se ocupe de ti ahora…—Susurró acunando mi rostro en una de sus manos secándome la mejilla con el pulgar a la vez que posaba la frente sobre la mía, y sus ojos azules hicieron contacto directo con los míos, que, a pesar de tener la visión nublada por las lágrimas pude atisbar en ellos la súplica, el dolor y la ansiedad que sentía como un impacto estrepitoso del que no pude escapar— Por favor, Sakura… permíteme cuidarte…

No me gustaba el tono de su voz lastimosa y cómo perdía la visión de sus orbes cuando los cerró con fuerza. Fue cuando levanté mi mano para posarla lentamente sobre su mejilla, notando mi propio cuerpo como un peso muerto, pero, me esforcé por mantenerla contra su rostro al que acaricié de forma reconfortante como pude para intentar apaciguar su sufrimiento.

―Ya cuidas de mí, Naruto…—Susurré por lo bajo intentando calmarlo como él hacía conmigo— Siempre estás ahí cuando te necesito. Te mantienes cerca y me haces sonreír a pesar de estar encerrada en una infinita oscuridad… —Sus párpados dejaron de hacer presión y los fue abriendo poco a poco— Eres como el sol para mí, ¿lo sabías? Me transmites calidez, protección y seguridad… Cosas que una vez fingí poseer y se desvanecieron tras una cortina de humo…—Dolía. Seguía doliendo después de tantos meses pero no sabía qué hacer para poner remedio a eso porque simplemente no había cura para un corazón destrozado como lo estaba el mío, y por ende me negaba a que la luz de Naruto desapareciese de ese modo.

Naruto se alejó con mucha lentitud dando varios pasos hacia atrás, como si le costase separarse de mí… y fue entonces, cuando volví a percibir el frío invernal invadiéndome por dentro. Por ese motivo busqué su mirada, para encontrar alguna respuesta de su parte, pero lo único que pude ver fue su rostro oculto tras sus cabellos ayudados por las sombras del callejón que se cernían sobre nosotros. Estaba preocupándome viéndole en ese estado y no pude reprimir las ganas de extender de nuevo la mano hacia él, la cual se quedó a mitad de camino suspendida en el aire tras escuchar sus palabras:

―¿Y si te dijera…que estoy harto de ser tu amigo? ¿Qué estoy hastiado de verte derramar lágrimas por él después de lo que te hizo para que luego de eso te abandonase sin más?

―Naruto…—Fue un susurro casi inaudible tras recibir aquel súbito golpe en la boca del estómago que me privó de oxígeno.

―Pero yo estoy aquí… Siempre he estado aquí…—Se acercó de nuevo, golpeando la pared tras de mi con los puños a cada lado de mi cabeza para mi asombro a pesar de que no conseguía verle el rostro, pero una parte de mí no quería…no quería verlo sufrir más—¡No quiero ser únicamente tu amigo! ¡Yo jamás te haría daño como él te hizo…!

—Basta…

―¡No! ¿Por qué? Has dicho que te hago sentir todas esas cosas, ¿por qué yo no tengo derecho de hacerte verdaderamente feliz? ¡¿Por qué no puedes darme la oportunidad de quererte como mereces?! ¡Sin mentiras ni engaños, tan sólo estar ahí para ti!

―¡Naruto!—Quería que se callara. No podía seguir escuchándolo… ¿Por qué me hacía aquello? Era mi mayor apoyo, mi mejor amigo en quien confiaba y depositaba las pocas esperanzas que tenía de sacar a mis hijos a delante de manera sana, pero no podría con eso. Sería demasiado—. Deja que me vaya…y haré como si nada de esto hubiese ocurrido…

—Sakura, por favor… Sólo te pido una oportunidad—Se pegó más a mí acariciando nuestras frentes en un gesto tan cariñoso que el pecho se me oprimió violentamente causando que me faltase el aire aún más—. Hazme un hueco en tu corazón, por pequeño que sea, es todo cuanto te pido… Déjame entrar en él y la posibilidad de sanarlo.

No sé de donde saqué las fuerzas para posar las manos en su pecho y empujarlo lejos de mí atenazada por el pánico y el desconcierto que sus palabras me causaban por dentro. Sentía mi pecho hundiéndose dolorosamente, y más al ver la expresión desconsolada de Naruto con sus ojos a punto de ser bañados por las lágrimas. Sin embargo, por más que lo deseara no podía apartar mi mirada de la suya, suplicante… Lo único que pude hacer a pesar de tener las piernas temblorosas y apretar el puño contra mi pecho fue deslizarme apoyada aún contra la pared por el callejón seguida por él, quien abrió la boca para decir algo más, pero yo me adelanté:

―No quiero hacerte más daño, Naruto. ¡Entiéndelo, por favor, y no sigas con esto o será cuando tenga que verme obligada a alejarme de ti!

Después de decir aquello salí despavorida del callejón chocando con varias personas a mi paso corriendo sin mesura con los ojos empañados por las lágrimas que desbordaban cayendo por mis mejillas que se las llevaba la brisa fresca del atardecer y cerré los ojos contemplando su imagen abatida grabada a fuego en mí retina, y a aún así, me regaló una sonrisa tan triste que me quebró aún más mientras me confiaba un sincero «te quiero» de la forma más desolada que le había oído escuchar a alguien, salvo a mí misma, cuando me despedí aquella noche de él… No podía hacerle eso, ¡no a Naruto! ¡No iba a dañarlo a tal magnitud como lo estaba yo en ese momento! Sabía lo que era estar al otro lado, en la parte en la que tu amor no era correspondido… Me negaba en rotundo.

Y por consiguiente, los días transcurrieron de nuevo sintiendo que el agujero se había tornado más grande y oscuro, incluso pesado de llevar por mí misma. Notaba que me faltaban las fuerzas para sobrellevar nuevamente los lúgubres amaneceres que iban pasando, las noches en vela, más lágrimas, días monótonos y grises… Había retrocedido no supe cuantos pasos, pero los suficientes para verme sola y perdida otra vez.

―Hey, frentona—La voz de Ino me sacó de mis pensamientos enfocando mi atención en ella. Estábamos en una tetería tomando pastas con una cálida infusión que nos abrigaba del frío del exterior acompañado de unos dangos. Me había atrapado a la salida del trabajo y casi arrastró de mí con la intención de hablar pasando un rato juntas tomando algo, pero yo no había probado bocado todavía y cuanto menos abrí la boca para decir nada— Termínate tu ración, anda… ¿qué es lo que te pasa estos días? Últimamente estabas más animada y de repente estás casi como al principio cuando regresaste a la aldea… ¿Están los niños bien?—Asentí ante su pregunta fijando la mirada en las bolas de tres colores insertadas por un fino palillo alargado de madera sobre el plato—. Entonces, ¿qué ocurre?

—No es nada…—Sacudí brevemente la cabeza intentando restarle importancia agregando una sonrisa en mis labios—. ¿Qué harás para navidad?

―Cenaremos en familia junto a los Nara y Akimichi, como siempre, aunque esta vez creo que vendrá Temari. Sólo espero que Sai cierre la boca…—Se echó sobre la mesa con aspecto alicaído—La navidad pasada se puso a coquetear con la madre de Shikamaru en mitad de la cena, y ella parecía encantada mientras Shikaku estuvo a punto de clavarle los palillos en cada ojo si no llega a ser por mi padre…—Suspiró reposando de lado el rostro sobre sus brazos cruzados—. No hace falta mencionar que resultó ser un completo desastre.

―Puedo imaginármelo—Murmuré tomando entre mis manos la taza de té humeante recogiendo el calor que desprendía la porcelana intentando alejar los recuerdos que insistían en invadir mi mente de aquellas fechas festivas.

―¿Tú cenarás con tus padres?

―Sí…—Ese fue mi momento de exhalar dejando caer los hombros—. Se han vuelto locos comprándoles regalos a los niños y se han pasado con la comida por más que les he repetido que podrían abrir un comedor para media aldea con tanta cantidad que apenas cabrá en la mesa.

―En ese caso nos pasaremos a saludar y Chouji se encargará de todo—Bromeó con una sonrisa que casi me contagió, pero un alboroto proveniente de la calle se hizo notar por encima de nuestra conversación. Puede ver tras la lona rojiza del local un grupo de chicas en corro saltando agitadas y emocionadas alrededor de una silueta que reconocí de inmediato provocando que el estómago se me contrajese y aparté la vista de allí con rapidez encogiéndome en mi asiento― Naruto sigue siendo popular en estas épocas del año—Comentó cómo si nada—No sé qué hará con todos esos regalos que le dan, ¿tú qué crees?—Cerré los ojos sujetándome la falda con fuerza hasta que mis nudillos se tiñeron de blanco al tener las manos cerradas en puños. ¿Naruto era popular entre las chicas? ¿Quería decir que se dedicaba a coquetear con todas ellas recibiendo presentes por navidad y también por San Valentín? ¿Qué significaba eso…? Lo que me dijo, su declaración de amor… ¿todo era mentira?

Se oyó un golpe seco de repente provocando que abriese los ojos para ver a Ino en pie enfurecida dirigiendo su atención hacia el barullo de muchachas.

―¡¿Cómo puede ser tan imbécil?!—Bramó, y yo me levanté de un resorte para colocarme frente a ella intentando detenerla viendo las intenciones que tenía de ir a enfrentar a Naruto por algún motivo que desconocía, pero estábamos formando un espectáculo en el establecimiento y le tapé la boca para que dejase de lanzar improperios a pleno pulmón, porque, más que los clientes me preocupaba más que Naruto supiera que no encontrábamos allí. En cambio, tras varios minutos que parecieron eternos el grupo se marchó e Ino los siguió con la mirada enardecida y el ceño pronunciado mostrando su más que notable enfado hacia Naruto. Se separó de mí sentándose de malas maneras cruzando las piernas mientras movía el pie con exceso nerviosismo rumiando cosas que no llegué a entender por el bajo volumen de su voz. Yo, en cambio, tomé lugar de nuevo en mi asiento esperando pacientemente una explicación pero, en lugar de eso me formuló una pregunta—: Naruto te lo ha dicho, ¿verdad? Por eso estás así, porque ese pedazo de zoquete no ha podido controlarse y te ha confesado abiertamente que te quiere…

―No lo hará tanto si tiene a tantas chicas tras él…—Ni siquiera me había dado cuenta de lo popular que era entre el sexo femenino de Konoha. Cuando paseábamos y pasábamos el tiempo juntos tan sólo existíamos él y yo, no le prestaba atención a lo que ocurría a nuestro alrededor—Lo que me haya dicho en tal caso no tiene importancia.

Gruñó sosteniendo su cabeza entre sus manos en un gesto de frustración.

—Claro que la tiene, Sakura. Sabíamos que estabas mal y en cuanto Naruto te vio regresar todos supimos que no se despegaría de ti por un segundo, que hallaría la forma de estar cerca de ti, y por ello le hicimos prometer que no te agasajaría…que te dejase tu propio espacio para que tú misma te ubicaras de nuevo en la aldea. Al principio lo comprendió y trazó una línea entre ustedes, y vimos en ti una cierta mejoría, lo que nos alegró a todos, pero… poco a poco nos empezamos a dar cuenta de que había perdido de vista el límite y se estaba dejando llevar por sus sentimientos hacia ti…

—¿De qué hablas, Ino?

—Lo ha complicado todo ese tonto…—Musitó por lo bajo para sí misma pero quise saber y antes de que abriese la boca de nuevo para indagar en el tema prosiguió por sí misma—: Cuando Naruto supo que desapareciste…se volvió literalmente loco—Aquellas palabras sonaron como un escalofriante susurro en el que estaba segura se encontraban los recuerdos de los sucesos ocurridos en ese lapsos de tiempo que no estaba segura que quisiese conocer— Se obsesionó en buscarte día tras día hasta el punto de casi perderse él también… Por alguna razón no te localizábamos y, los meses pasaron dando pie a la posibilidad de que estuvieras muerta; el reporte decía que te perdieron de vista en la oscuridad y que vieron tu silueta caer desde el acantilado donde buscamos por semanas, pero no había rastro de ti por ninguna parte y él…se desquició. Se culpó por ello y no quiso aceptar tu muerte al contrario que nosotros empezamos a asimilar la idea…—Juntó sus manos sobre la mesa, jugando con sus pulgares donde clavó la vista ausente— Tsunade-sama sabía que no podía seguir de ese modo por más tiempo y le prohibió la salida de la villa para que recapacitara, pero eso no hizo más que enfurecerlo más de lo que ya estaba, y no fue tras un enfrentamiento con Kakashi en el que intervinieron Gai-sensei junto a Shikamaru y entre los tres lograron calmarlo cuanto pudieron. Sin embargo, después de aquello se sumergió tanto en su trabajo que no hacía otra cosa más que eso: trabajar sin parar día y noche sin descanso. Supongo que para mantener la mente ocupada… Pero el caso, es que ya no seguía siendo él mismo. Era una especie de espectro que se arrastraba de un sitio a otro. Algo similar a como tú estabas hace unos meses—Apreté los dientes reprimiendo las lágrimas imaginándomelo mientras yo por ese entonces estaba construyendo mi pompa de en sueño lejos de aquí, olvidándome de él por completo— No recuerdo si fueron tres o cuatro años después más o menos se serenó y empezó a tener una relación con Hinata… Aunque no duró mucho tiempo. Él seguía teniéndote presente y no le pareció justo para ella, así que decidió romper sin perder la amistad que los une, pero…en una de nuestras reuniones, Naruto bebió más de la cuenta; fue hace dos años, el día del aniversario de tu desaparición. Sabes que siempre que estamos juntos brindamos por Neji, pero antes también lo hacíamos por ti, Sakura…—Tragué pesado, notando cómo el nudo de mi garganta me abrasaba—…ese día, anunció que nunca tomaría una esposa aunque tuviese a más de la mitad de mujeres de la aldea tras él, y otras más de diferentes naciones que le envían propuestas cada tanto. Se mantuvo firme rechazando a cada chica que se le ha declarado por ti. No hacía más que vivir en base a tu recuerdo y cuando supo que estabas viva…y de vuelta…—Se llevó las manos al rostro, ocultándose tras ellas. Por otro lado, yo recordé cómo me abrazó aquel día levantándome del suelo sin querer dejarme ir, como si de un momento a otro sintiera que iba a volver a desaparecer… Conocía muy bien esa sensación.

―Yo…no quiero seguir perjudicando a Naruto. Él ya ha hecho más que suficiente por mí y sé perfectamente lo que es vivir junto a alguien que no te corresponde… No se merece algo así, nadie, de hecho.

―Sakura…

—Lo siento, Ino. Olvidé que tenía que llevarle unas cosas a Godaime—Dije recogiendo mis cosas sin darle oportunidad de reaccionar escapando apresuradamente de la tetería.

Mi cerebro iba a estallar. Era imposible que recabara aquella información sin más y procesarla. Desde que éramos niños, supe que le gustaba a Naruto, que hacía cualquier cosa por estúpida que fuese para llamar mi atención, incluyendo regresar a Sasuke de vuelta a Konoha haciéndome una promesa sabiendo que estaba enamorada de él, de su mejor amigo, y aun así… ¿Por qué tenía que resultar todo tan complicado? ¿Por qué ambos debíamos sufrir por un amor no correspondido? Se había convertido en un gran hombre, podría tener a quien quisiera y tuvo la puntería de escoger al juguete roto de Sasuke. Yo no era más que unos deshechos...

Accedí al edificio subiendo los peldaños hasta alcanzar el pasillo que me llevaría al despacho del Hokage, pero en el camino tuve la mala fortuna de toparme con él, quien caminaba junto a Kakashi. Sin embargo, nada más captar mi presencia se detuvo con la intención de acercarse a mí, pero mi antiguo sensei estuvo más rápido aplacándolo y llevándoselo de allí mientras oía su voz pronunciar mi nombre, llamándome de nuevo entre súplicas y no pude más que salir disparada hacia la azotea donde me acerqué a la barandilla dando bocanadas de aire sintiendo cómo las náuseas se apoderaban de mi de una forma desagradable a la vez que las punzadas en mis sienes aumentaban como aquel malestar comenzando a sentirme mareada… Estaba experimentando un ataque de ansiedad. No tenía ni la más remota idea de cómo afrontar aquella situación sin dañar a nadie: tanto por mi parte, como la de Naruto, pero sobre todo, también por los niños. Les habían tomado un cariño especial que no sabía describirlo con palabras, pero tenía el presentimiento de que si alejaba a Naruto produciría una reacción parecida al abandono de Sasuke. Se verían otra vez rechazados por una figura masculina y…paterna. Tenía miedo de cómo podría llegar a afectarles y el daño que eso les causaría.

―Y yo que creía que tendría la azotea sola para mí.

La voz de Tsunade-sama hizo girarme para verla caminar hacia mí con ropa de abrigo con su más que característica seguridad tanto en su andar como actitud decidida colocándose a mi lado echándose sobre el barandal mientras contemplaba el paisaje que se extendía bajo nosotras.

―¿Qué haces aquí pasando frío sin hacer nada en lugar de estar en casa?

—Yo podría decir lo mismo que usted, ¿qué hace aquí?

Chasqueó la lengua con fastidio inclinándose en una posición más cómoda.

―Me escondo de Shizune y de la montaña de trabajo que tiene preparada para mí en cuanto me descubra. ¿Cuál es tu excusa?

―Yo…—Comencé a decir sin poder controlar el temblor en mi voz que intenté en vano ocultar carraspeando la garganta—. Venía a entregarle los documentos que me pidió…

―Te escondes de Naruto—Mis manos casi resbalaron. No era una pregunta, sino una absoluta afirmación—Lo he oído llamarte a gritos desde mi despacho… Ese chico será siempre un escandaloso, pero gracias a eso he podido escabullirme—Suspiró saliendo de entre sus labios una nube de vaho y se produjo un silencio entre ambas en el que el nudo ardiente de la garganta regresó—Dime, ¿cuántos meses han pasado ya?

—Ocho… ―Ocho—Repitió mientras yo tragaba dolorida—No me hace ninguna falta preguntarte si aún lo sigues esperando… eso puedo verlo escrito en tu cara al igual que Naruto—Me sobresalté ante eso y fijé la vista arrugando el ceño en dirección a la que una vez fue mi instructora—Él sabe que a pesar de todas las cosas lo sigues queriendo y aguardas verlo atravesar esas puertas entregándose por ustedes para redimirse… Pero sabes tan bien como yo que eso no va a suceder; ha tenido casi un año para apartar a un lado su orgullo y poder recuperar a su familia, y es eso lo que más le duele a Naruto…—Realizó una breve pausa acoplándose mejor para hincar el codo en la superficie de metal cubierta por la nieve y así, sostenerse la barbilla en la palma de la mano observando de manera ausente los transeúntes a varios metros bajo nosotras quienes se hallan indiferentes a aquella conversación sin interrumpir sus quehaceres de ese día— Una vez no pudo salvar a su mejor amigo faltando a su promesa, la chica de la que estaba enamorado desapareció dándosela por muerta hasta años después que regresa con tres hijos de su mejor amigo al que ha perdido definitivamente tras saber la verdad de lo que te hizo, y ahora te dedicas a huir de él…

―¿Y qué puedo hacer sino?—Mi voz sonó estrangulada y aguda, por lo que apreté los dientes aferrándome con fuerza a la barandilla, notando el frío helado en las manos como una especie de ancla—. No quiero que siga sufriendo por mi causa, ¡y él sigue insistiendo e insistiendo sin parar preocupándose de mi tanto como por los niños como si estuviera obligado a hacerlo porque se siente culpable!

―¿Qué? ¿Crees que ese es el motivo por el que quiere estar contigo?

―Él siempre ha sido así. Todo peso se lo ha echado a la espalda…

―Creo que no eres consciente de que esa carga la has estado compartiendo con él desde hace tiempo, Sakura. ¿Por qué sino has estado mejor estas semanas? Cuando estás cerca de él sonríes, te relajas y veo a esa Sakura alegre de hace años atrás y no una sombra dando palos de ciego. Incluso en el hospital me han comentado tu buen cambio de actitud desde que Naruto se pasa a recogerte o está contigo en tus ratos libres…—Larga un profundo suspiro en el que el vaho sale de entre sus labios coloreados—. De mujer a mujer, Sakura, ya has esperado y sufrido bastante. Creo que es hora de que aclares tus ideas para visualizar las oportunidades que tienes frente a ti ahora mismo que pueden lograr hacerte feliz de verdad. Y Naruto ya es bastante mayor para saber lo que quiere hacer por sí mismo.

Mis ojos viajaron inconscientemente hacia el gran portón que daba la entrada a la villa y por la que tenía prohibido salir, pero sí, algo dentro de mi aún atesoraba la esperanza de que Sasuke cruzase esas puertas aunque sólo fuese por los niños, y a la vez, no quería que sucediera, porque, ¿y si sólo volvería por ellos? Me los arrebataría de mi lado para siempre causándome un daño más que irreparable…y esos pensamientos me conducían sin darme cuenta hacia Naruto. Sabía que no permitiría que una cosa así sucediese, y por esa razón me sentía protegida por él, y no negaba que en sus abrazos buscaba el calor que me proporcionaban porque ahí estaba segura, pero…

―¡Tsunade-sama!

El reclamo de Shizune hizo que bajase de la nube y provocase un gruñido por parte de Godaime seguido de un chasquido de lengua mientras se apartaba del balcón y se daba media vuelta posándome una mano en el hombro junto a una sonrisa.

―Tomes la decisión que tomes Naruto la aceptará y te apoyará incondicionalmente. Si sabes que se echa las cosas a la espalda no olvides también lo cabezota que puede llegar a ser cuando se propone algo.

Tras dedicarme aquellas últimas palabras antes de marcharse de vuelta al trabajo me quedé allí, fijándome en las palmas de mis manos rojizas quemadas por el frío, y una pregunta rondaba constantemente en mi cabeza: ¿qué debería hacer? Con ella la acompañaban los pros y los contras, sus consecuencias tanto buenas como malas… aunque tenía más cabida en las malas y me daban auténtico pánico; estaba perdida, no sabía qué hacer y me sentía mareada hasta el punto de sufrir una fuerte opresión en las sienes cuando abandoné el edificio del Hokage y vagaba por las calles hacia casa sin percatarme de que era un tanto tarde como para que los chicos me hubieran esperado para la cena. Aunque en ese momento lo prefería así. Seguramente mi aspecto sería espantoso y no quería preocuparles dándoles una mala noche en la que pequeños copos de nieve comenzaron a caer como algodón de azúcar sobre mi cabeza durante el camino, y tuve que sacudirme el pelo antes de entrar lentamente por la puerta echando un breve vistazo al interior que se encontraba tranquilo con la luz apagada salvo por la de la pequeña televisión que compramos hace poco iluminaba la estancia junto a las siluetas de Takara y Sora tumbados en el suelo de la sala con una manta echada sobre ellos. Probablemente, su hermano mayor los arropó antes de internarse en la cocina que estaba encendida y de donde podía oír un leve trasteo proveniente de ella junto al chorro del agua correr. Me quité los zapatos y me adentré en casa dirigiéndome donde se hallaba Daisuke lavando los platos en completo silencio, incluso advirtiendo mi presencia no despegó la vista de lo que estaba haciendo en ese momento con los brazos arremangados.

―Te hemos guardado la cena por si tenías hambre.

―Me he entretenido… Lo siento.

―No pasa nada. ¿Había mucho trabajo en el hospital?

Me quedé en silencio, y tras varios segundos me aproximé a la encimera donde encontré dos raciones de la cena que habían preparado, pero una en particular me llamó la atención. La porción de arroz estaba decorada con un garabato intentando dar forma al rostro de Naruto, e inconscientemente mi mano se movió para acercármelo examinándolo así más de cerca.

―Sora…―Empezó diciendo mi hijo mientras yo no apartaba la mirada de la comida―le ha preparado eso especialmente. Creíamos que hoy vendría a cenar, pero al final no ha aparecido. Pensaba llevárselo ahora en cuanto acabase con esto y hablar con él―Comentó cerrando el grifo―A no ser que prefieras ir tu―Alcé la cabeza ante eso último y me giré hacia él encontrándome con sus ojos verdes observándome, penetrantes―. Mamá, no sé qué ha pasado entre Naruto y tú, pero no voy a permitir que vuelvas atrás otra vez, ¿lo entiendes? Simplemente no puedes.

―Las cosas son complicadas, Daisuke…

―No veo nada de complicado en que Naruto te quiera…―Murmuró suavizando el ceño que antes mantenía fruncido―No soy ciego, mamá. Incluso uno sabría lo que él siente por ti. Y no soy el único…―Brevemente sus ojos se desviaron hacia un lado, justo a la pared que da al salón y donde se encontraban sus dos hermanos―Naruto me dijo que él se encargaría de ti. Confié en él y me ha demostrado que puede llegar a hacerte feliz porque has estado mucho mejor desde que les veo pasar el tiempo juntos entre otras cosas… Es bueno con nosotros, y a Sora tanto como a Takara les gusta su compañía―Su expresión en ese instante se tornó triste y ensombrecida―Sé perfectamente que papá no volverá… Y si se diera el caso, por muy poco probable que resulte, no sabría cómo sentirme...por lo que llegados a estas alturas, prefiero que no regrese―Posó nuevamente su mirada sobre mí, regalándome una pequeña sonrisa mientras se aproximó y tomó el plato que su hermana había preparado con cariño para tendérmelo―. Estoy seguro que a Naruto le alegrará verte y Sora se pondrá muy contenta de que le lleves esto. Así tendrás oportunidad de aclarar las cosas con él y contigo misma con tranquilidad.

Acorté las distancias con su pequeño cuerpo, al que rodee entre mis brazos con suavidad acariciándole su revoltosa cabellera azabache que ya me alcanzaba a llegar casi por la barbilla después de crecer durante esos últimos meses en los que pronto cumpliría trece años, nada menos, y aún recordaba como si fuese ayer mismo sus primeros pasos que dio hacía mí con sus pequeños bracitos extendidos.

―Gracias, Daisuke―Susurré entre su pelo donde hundí la nariz aspirando el aroma de champú junto con el suyo propio que formaban una agradable fragancia. Sabía muy bien que se había sonrojado y que por ello permaneció sin decir palabra, manteniéndose solamente entre mis brazos mientras se relajaba.

Eran pasadas las once de la noche cuando salí de casa bien abrigada, llevando la comida envuelta en un pañuelo y dejando a cargo a mi hijo mayor de mandar a sus hermanos a la cama, al igual que le insistí que él hiciese lo mismo y no me esperase como estaba segura que estaría dispuesto a hacer, pero me negaba a que perdiera horas de sueño, así que mi propuesta fue que si no iba a dormir no iría a ninguna parte. Inmediatamente su respuesta fue poner morros refunfuñando, aceptándolo a regañadientes en un gesto que en él veía adorable. A parte de su físico ya no veía atisbo de Sasuke en él, quizás algún gesto o algo por el estilo; eran padre e hijo, no podía hacer nada, pero en cualquier caso, me alegraba que no se pareciese en actitud a él sino que había mantenido su propia personalidad que tanto adoraba y desechó la idea de imitar a su padre. Eso significaría perderle en cierto modo, y no estaba dispuesta a que eso ocurriese.

Vagué por las calles desiertas en plena noche mientras continuaba nevando pensando en qué podría decirle cuando elevé la vista a su apartamento, observando que aún había luz proveniente de él y sentí un nudo en el estómago aferrándome al nudo de la tela que portaba en las manos. Estaba frente a su puerta a oscuras como una estatua mirándome los pies sin atreverme a llamar, y sin embargo, ésta se abrió mostrándome una sombra proyectada en el suelo.

―Te resfriarás sino te secas la nieve.

Su voz sonó baja, pero clara y suave que hizo que levantara la cabeza para hallar en su rostro una pequeña pero cariñosa sonrisa. De repente me sentí como una niña pequeña, y avergonzada y sonrojada descendí de nuevo la cabeza extendiéndole la cena le había traído.

―Sora lo ha preparado para ti…―Murmuré con la voz un tanto temblorosa. De hecho, mi cuerpo temblaba de pies a cabeza. No estaba segura si era por el frío o porque estaba muy nerviosa―. Pensaban que irías a cenar esta noche y te lo ha hecho, pero…

―¡Ah…!―Pude percibir la sorpresa en su voz―Lo siento… Pensé que sería mejor no ir y así darte espacio―Noté cómo tomaba la comida de mis manos y por el rabillo del ojo vi como la acunaba entre sus brazos ensanchando un poco su sonrisa mirando el envoltorio con ternura―. Gracias por traerlo, Sakura. Mañana se las daré a Sora y me disculparé por las molestias.

―N-no tienes por qué pedir perdón.

―De todos modos hablaré con ella. Hasta mañana.

Divisé que se disponía a cerrar tras de sí luego de despedirse de mí y di un paso al frente estirando el brazo para alcanzar la manga de su sudadera anaranjada.

―Espera…―Le pedí sin darme cuenta de lo que había hecho hasta que vi la expresión que mostraba su rostro confuso, el cual pestañeaba un par de veces desviando la mirada de la mano que lo sujetaba a mí y sentí un repentino calor impregnar mis mejillas a la vez que lo solté con rapidez juntando las manos con gesto tímido apartando la vista hacia un lado―. ¿Pu-puedo pasar o estás ocupado…?

No contestó de inmediato, sino que se mantuvo en silencio observándome detenidamente porque noté aquellos ojos azulados sobre mí otra vez, pero tras esa breve pausa me permitió el paso a su casa mostrándose amable y educado al decirme que me pusiera cómoda mientras él iba a por una toalla dejando la comida sobre la mesa de té al lado de la cama. Me desprendí de mi ropa de abrigo y me arrodillé sobre el cojín tapándome con la manta donde había debajo una estufa que provocó que el vello se me erizase por el repentino cambio de temperatura; no me había dado cuenta de lo helada que estaba hasta ese momento en el que también me percaté que mi cabello se encontraba húmedo por la nieve que se había ido derritiendo paulatinamente.

Al cabo de poco Naruto trajo la toalla que fue a buscar y tomé agradecida, sin embargo, algo en él me hacía pensar que se hallaba incómodo o perdido porque de manera torpe se quedó de pie en mitad de la habitación sin mediar palabra, con el rostro enrojecido a la vez que se frotaba el cabello con nerviosismo hasta que dijo atropelladamente que prepararía algo de té perdiéndose apresuradamente hacia la cocina, dejándome allí pasmada por su inesperada actitud. Desde entonces se había mostrado tranquilo y sereno conmigo, apartando aquellos últimos días, pero en ese momento parecía un completo adolescente que muestra abiertamente que no tenía ninguna experiencia con las chicas. Entonces comprendí que lo que Ino me contó por la tarde podía ser cierto y, tal vez, por no hacer sentir mal a sus admiradoras guardaba aquellos regalos en alguna parte del apartamento sin saber qué hacer con ellos.

―Perdón por tardar…―Musitó trayendo consigo una bandeja con dos tazas de té que desprendían humo de ellas junto a unas mandarinas que colocó en el centro de la mesa para ambos acompañando a la bebida caliente que colocó frente a mí y le agradecí provocando que su leve rubor aumentase de a poco en tanto tomaba asiento cruzado de piernas. La televisión estaba encendida con poco volumen, pero podía escuchar su murmullo reinando el silencio que invadió la estancia. Creí que debía de empezar a hablar yo, aunque no sabía muy bien por donde, pero, fue Naruto quien abrió la boca primero―: Sakura, yo…―Le costaba hablar y me percaté que sus manos se cernían en puños en la tela de sus pantalones―. Aunque me alejes de ti no retiraré lo que dije. Todo.

―Lo sé―Suspiré brevemente, para después tomar aire― Lo sé muy bien, Naruto. Y yo tampoco lo haré…―Fijé mis ojos en el interior de la taza mientras jugueteaba con mis dedos bajo el calor de la mesa―Aquello que te conté que me hacías sentir es verdad y…me gusta estar contigo, pero eso no me da derecho a ser egoísta atándote a mi cuando aún…―Tragué saliva cerrando los ojos y susurré―: Cuando aún mi corazón le pertenece a Sasuke. Quería dejarle las cosas bien claras y las repercusiones con las que podría toparse. ―Quiero ser justa contigo, Naruto. Sé perfectamente lo que es un amor no correspondido y la tarea que tu intentas llevar a cabo puede resultarte muy pesada… Tal vez nunca me recupere de mis heridas…

―Pero, ¿y si puedo sanarte?―Aquel Naruto adolescente desapareció y regresó su rostro serio y decidido que derribaba mis muros con solo una mirada― ¿Qué pasa si al estar conmigo comienzas a olvidar poco a poco y mejoras? Sé perfectamente los riesgos de lo que estoy haciendo―Aclaró al verme abrir la boca para protestar―Lo sé muy bien, y no me importa. Es mi decisión y no me echaré atrás… Pero, sólo necesito que me des una oportunidad.

―Naruto…―Me mordí el labio inferior en un intento de aplacar las lágrimas de culpabilidad.

―Oye,―Se movió posicionándose junto a mí, notando el propio calor que su cuerpo desprendía―no pienses en lo que pueda llegar a pasarme si la cosa no sale bien, intentemos ser positivos, ¿bien?―Pestañee, atrapada en la calidez de sus brillantes ojos que se acercaron más, hasta juntar nuestras frentes con ternura―Me alegra que te preocupes por mí, pero es lo que he decido y sé las consecuencias, así que sólo tengo una pregunta que hacerte… ¿Yo…te gusto?―No supe muy bien si fue el calor de la estufa, su cercanía, la pregunta tan inesperada o todo ello en conjunto que noté mis orejas enrojecer, pero con timidez, asentí, causando que él mismo también se ruborizase profundizando su agradable sonrisa―. Concédeme seis meses.

―Eso es mucho tiempo, Naruto.

―¿Y qué tal tres?―Hice una mueca, aún me parecía siendo demasiado―Dos. Si en dos meses sientes que no he logrado sanarte mínimamente seguiré siendo sólo tu amigo. ¿Te parece bien?

―¿Eso…está bien para ti…?

―Quiero lo que sea que esté bien para ti, Sakura―Susurró demasiado cerca que la punta de la nariz de ambos se acariciaron causando que mi corazón diese un vuelco y latiese con fuerza mientras una lágrima desfilaba por mi mejilla a la vez que mi mano se posó sobre su pecho y cerré los ojos, embargándome de la suavidad de sus labios sobre los míos primero en un tímido roce en el que los dos estábamos un poco inseguros, hasta que noté su mano rodeando la mía suavemente experimentando nuevas sensaciones como la ternura, la calidez y la dulzura que irradiaban en ese beso que me provocó un cosquilleo en el estómago, dándome una extraña sensación como si flotase en el aire que no sentí hasta ese entonces. Fue extrañamente agradable y embriagador dejándonos como dos tomates al separarnos varios centímetros para tomar aire, aunque no tardamos mucho en volver a embarcarnos de nuevo en ese mar de emociones nuevas para mí donde deposité mis pequeñas esperanzas esperando que aquello que habíamos iniciado floreciese de alguna manera con la ayuda de la luz que Naruto estaba dispuesto a brindarme durante aquellos dos meses.

...

Este capitulo no es de mis favoritos, sin embargo es esencial. ya estamos a un capitulo del final y disculpen por la tardanza, pero tengo una vida que atender y hago lo que puedo por actualizar, cosa que no es sencilla porque tengo que modificar palabras del castellano al latino, separar párrafos, etc.

Espero hallan disfrutado del capitulo. Nos leemos muy pronto.