Capítulo 17 parte 1
Notas y avisos importantes al final del capitulo.
...
Un copo de nieve se posó con delicadeza en la punta de mi nariz cuando todavía esperaba a Takara que saliera del establecimiento de té donde compraría unos dulces que servirían después de la cena de la que yo tenía que encargarme ese día. Estaba un poco cansado y me picaban los ojos; Tsunade-sama nos había mandado a ordenar una gran cantidad de archivos, y algunos, eran pergaminos enormes, pero eso no era lo que me fatigaba. Llevaba unas cuantas semanas sin pegar ojo y no sé por qué mi ánimo fue decayendo considerablemente esos últimos días… Suspiré profundamente y alcé la voz para informar a mi hermano de que me adelantaba en ir a casa. También estar solo a menudo, vagando en mis propios pensamientos que sólo eran una nebulosa extraña que quería se formaban en mi cabeza, abstrayéndome de lo que hacía y ocurría a mí alrededor, perdiendo casi la noción del tiempo incluso entre los fogones de la cocina. Al poco, Takara entró en casa estruendosamente seguido de Sora, quien intentaba arrebatarle los pasteles como me imaginaba dando brincos a su alrededor insistiendo que le diera un poco antes de cenar, a lo que mi hermano se negaba pidiéndome ayuda desde la sala para calmarla. Y sin ganas, automatizado, puse el fuego al mínimo para rescatar a Takara a quien vi estirando el brazo hacia el techo todo lo que podía mientras la más pequeña de nosotros casi trepaba por su cuerpo para alcanzar la caja. a lo que mi hermano se negaba pidiéndome ayuda desde la sala para calmarla. Y sin ganas, automatizado, puse el fuego al mínimo para rescatar a Takara a quien vi estirando el brazo hacia el techo todo lo que podía mientras la más pequeña de nosotros casi trepaba por su cuerpo para alcanzar la caja. a lo que mi hermano se negaba pidiéndome ayuda desde la sala para calmarla. Y sin ganas, automatizado, puse el fuego al mínimo para rescatar a Takara a quien vi estirando el brazo hacia el techo todo lo que podía mientras la más pequeña de nosotros casi trepaba por su cuerpo para alcanzar la caja.
―Oye, Sora ...
De repente, la puerta se abrió a la vez que se oyó la exclamación de la voz alegre y enérgica de Naruto noti fi cando que he llegado a casa. Mamá estaba junto a él con un leve rubor cubriéndole las mejillas y una sonrisa le cruzó el rostro cuando Sora dejó en paz a Takara para correr y lanzarse a los brazos de Naruto que la llegó entre risas y juegos a los que mi hermano no tardó en unirse, al igual que mi madre, y yo… yo sentí una punzada en el pecho que hizo que retrocediese volviendo a refugiarme en la cocina. No sabía por qué huía de esas cosas. Aunque más bien debía decir que no quería participar en ellas como mis hermanos menores que no tenían reparos en sonreír abiertamente y charlar de forma amena en la mesa. Yo, en cambio, permanecía en silencio, sin levantar la mirada del cuenco de arroz con el que jugueteaba distraídamente con los palillos. No tenía mucho apetito, y el hecho de escuchar y sentir aquel ambiente acogedor en casa me cerraba aún más el estómago.
―¿Puedo levantarme? -. Pregunté en un murmullo sin saber a quién me dirigía realmente o si me oirían, pero al hacerlo todos enmudecieron al unísono y pude notar sus miradas sobre mí.
"No ha comido nada, Daisuke… -. La voz preocupada de mi madre se hizo notar y pude percibir su mano acercarse a mi frente con la intención de tomar mi temperatura, pero yo me incorporé con rapidez antes de que hiciéramos contacto. Un gesto que supe que la sorprendió, y no sólo a ella, también a los demás presentes entre esas paredes, incluyéndome.
―Só-sólo estoy cansado―. Me apresuré a decir bajando la vista a mis pies descalzos que pusieron rumbo apresuradamente a la habitación donde me refugié deslizando la puerta tras de mi donde apoyé el peso del cuerpo. El dormitorio se encuentran en penumbras al estar corridas las cortinas, algo que mis ojos irritados agradecieron.
Entonces, desde el salón comenzó a escucharse murmullos:
―Mamá, ¿qué le pasa a Daisuke?
-I don't know…
―¿Quieres que intente hablar con él?
―Ya les ha dicho que está cansado. Se ha pasado todo el día leyendo mientras yo era una mula de carga llevando cajas. A esa Tsunade le encanta explotarnos con tonterías administrativas.
―¡Takara!
Mamá le regañó y él empezó a protestar con sus argumentos haciendo reír a Naruto, quien también se llevó una regañina por contar sus anécdotas de modo que le daba la razón a mi hermano sobre el asunto por lo que fue el turno de diversión de Sora, y regresó esa sensación tan incómoda que ellos podrían tomar como la normalidad. El que yo me haya retirado de la mesa había quedado rápidamente en el olvido, pero, ¿por qué? ¿Por qué me sentía de ese modo? Quería que mi familia estuviera feliz y lo conseguí, entonces, ¿por qué me encontraba más sólo que nunca…y desde cuándo? No estaba muy seguro. Empecé a notarme así repentinamente…creo… No tenía ni idea de nada. Así que, derrotado, me dejé caer sentándome en el suelo echando mano a mí bolsillo del pantalón, del cual extraje una pieza de madera triangular vieja y carcomida por las esquinas. La hice rodar en diferentes direcciones entre mis dedos y una cuestión asaltó mi mente: ¿dónde encajo yo? ¿Qué sitio es el que me corresponde ocupar? Detuve el movimiento cuando la cara en la que se hallaba tallada la palabra «papá» estuvo frente a mí. Una vez pensé que ese sería mi lugar para proteger a mi familia, tal como me había enseñado en el pasado… Creía que me estuvo entrenando por si algún día él faltase, yo ocuparía su puesto para que no les pasara nada. Pero…me equivoqué.
Un nudo se formó en mi garganta. Ardía, y mi dedo pulgar acarició varias veces las marcas que componían el kanji mientras intentaba controlar las lágrimas que querían emerger, pero me froté la cara bruscamente con la manga y me incorporé para ir hacia el armario, de donde saqué mi mochila y, echando un vistazo a la puerta por encima del hombro por precaución me giré de nuevo a la maleta trasteando en ella, encontrando el doble forro y de allí lo saqué; la encuadernación estaba un poco estropeada pero el interior se mantenía intacto: nuestros recuerdos captados foto por foto reunidos en un álbum que logré rescatar antes de que nos fuésemos de casa… Me parece que ni siquiera mamá recordaba su existencia al marcharnos o tal vez en ese momento no estaba para pensar mucho, y por esa razón, como por otras, no quise que aquello viera la luz y continué escondiéndolo. Lógicamente al principio me sintió mal por ella al igual que por mis hermanos al ser un egoísta, pero, a medida que fue transcurriendo el tiempo supe que era mejor así, por lo que me lo guardé sólo para mí y, algunas noches como aquella, me quedaba contemplando las fotografías de Takara y Sora recién nacidos junto a mi algo más mayor, pero nunca hallé ninguna de esas donde yo estaba… de cuando íbamos al festival vestidos con kimonos que papá nos regaló la primera vez que fuimos, los picnics que hacíamos en el valle junto al lago y él se encargaba de hacer la comida dejándome ayuda…
"« ―Oye, papá, ¿por qué no has dejado que mamá nos ayude con la comida? Parecía tener muchas ganas de hacerlo.
―Porque no quiero llevarme otro mal rato.
Parpadeé por lo que dijo y fruncí el ceño al igual que perdí la forma del onigiri que tenía entre las manos al ejercer demasiada fuerza, y molesto lo encaré.
―¡Ya sé que mamá no es una excelente cocinera, pero ella se esfuerza por ser cada día mejor por nosotros y es feliz cuando probamos lo que ha cocinado, así que… ay, ay, ay…! -. Repentinamente dejó lo que hacía para pellizcarme la mejilla tirando de ella con su mirada a fi lada y escalofriante cayendo de reojo sobre mí.
―Deja de malinterpretar lo que digo, Daisuke. Tú madre aún no está recuperada del todo para que haga esfuerzos innecesarios, ¿lo entiendes? ―Me soltó el moflete que me sobé con una mano y arqueé las cejas desconcertado por el detalle que él había tenido en cuenta y yo no. No tuve en consideración el estado de salud de mamá ―Oye… ―Alcé tristemente la vista hacia él y sentí sus dedos índice junto al corazón chocar contra mi frente―. Deja de perder el tiempo y termina con eso para que podamos irnos.
Pestañee de nuevo y volví a intentar concentrarme en vano en la comida, al igual que en contener la sonrisa que se dibujaba sin remedio en mis labios teniendo el rostro sonrojado, notando aún la calidez donde papá hizo aquel gesto tan agradable para mí y del cual disfrutaba felizmente de esos momentos que compartíamos juntos »."
Las lágrimas comenzaron a caer una tras otra sobre el álbum, justo en la foto de ese día en especí fi co donde mamá aún seguía embarazada de Sora y habíamos ido a almorzar cerca de casa para que no se cansara y pudiera tomar un poco el sol al aire libre mientras se recuperaba del aborto que estuvo a punto de sufrir… Me llevé el cuaderno contra el rostro, y encogiendo las rodillas aplaqué los sollozos que luchaban por salir de mi boca mordiéndome el labio inferior con fuerza.
Necesité de unos minutos para poder recomponerme y guardar el álbum en su escondite de nuevo, colocando mi futon en su lugar con un Kage Bunshin bajo las mantas que durmiera por mí y no levantase sospechas cuando me escabullí silenciosamente por la ventana saliendo a la calle todavía adornada con restos de nieve y un clima frío que me helaba los huesos. Sin embargo, prefería deambular sin rumbo por la aldea que estar en casa en esos momentos… Pero, ¿por qué? ¿Qué era lo que me impedía unirme a ellos? Naruto me caía bien y sabía que estaba siendo esencial para la recuperación de mi madre. Se le veía contenido como a Sora y Takara cuando estaban con él, pero… yo no.
De un momento a otro el ruido de unos pasos acercarse con velocidad tras de mi me sacó de mis pensamientos como si un alfiler hubiese explotado un globo tardíamente antes de poder reaccionar y ser presa de sus brazos aferrados a mi cuerpo con fuerza como si se tratase de una enredadera.
―¡Te he echado de menos!
―¿Na-Nanako…?―. Al instante reconocí su voz, pero giré el rostro ruborizado para poder verla mejor a través del hombro y contemplar su arruga en la frente.
―Pues claro que soy yo, ¿quién más iba a ser?―. Se separó de mí cruzándose de brazos mientras me dedicaba una mirada fulminante que si pudiera me abrasaría en ese mismo instante.
―Perdón, perdón… Es sólo que me has sorprendido. Es todo―Me apresuré en aclararle al poder leerle la palabra «celos» escrita en la cara, la cual, tras unos segundos cambió por una sonrisa despreocupada volviendo a dar unos pasos hacia mí de nuevo como si no hubiera pasado nada. Y yo, por el contrario, sólo me dediqué a suspirar con pesadez pensando en que jamás entendería a las chicas―. ¿Por qué has dicho que me echabas de menos? Nos vimos hace unos días…
―Ya, pero…tanto tú como yo hemos estado tan ocupados últimamente que apenas podemos pasar tiempo juntos―Murmuró bajando la vista mientras sus dedos jugueteaban con la bufanda que le rodeaba el cuello amortiguando su voz en la que advertí un deje triste en ella―Desde tú cumpleaños tan sólo nos hemos topado por casualidad y con prisas…―¿Mi…cumpleaños? Algo me alcanzó, como si fuese un rayo e hiciera que mi cerebro dejase de funcionar por falta de oxígeno al contener la respiración durante un segundo. ¿Qué pasaba con mi cumpleaños? Ah, sí…desde que tengo uso de razón él siempre estuvo en ellos y en mi décimo tercero, no… ¿Acaso era eso lo que me mantenía mal? ¿Que no apareciese por la puerta el día de mi cumpleaños con un regalo? Ya no era un crío para ese tipo de cosas…―…Daisuke… ¿Por qué lloras?
―¿Eh?―Su repentina y extraña pregunta me desconcertó, pero la expresión de extrema preocupación que mostraba su rostro hizo que llevase mis dedos a la cara para corroborar que era cierto que por mis mejillas desfilaban libremente unas lágrimas que no supe por qué surgieron sin darme cuenta de ello―N-no te preocupes―En menos de dos horas volví a secarme los ojos con la manga del abrigo―, sólo tengo los ojos irritados por la vista cansada, eso es todo.
Sin embargo, Nanako no contenta con eso me tomó de la manga para mirarme directamente, y pude sentir cómo si viera a través de mí.
―Ya habías estado llorando antes, ¿verdad?
Tragué pesado y pude percibir la sensación irrefrenable de alejarme de ella lo más rápido posible, por lo que quise darme la vuelta para irme de allí echando a correr, pero ella me lo impidió agarrándome de la mano y del brazo.
―¡No te vayas, Daisuke! No te preguntaré nada al respecto, pero, por favor… ¡No te vayas!―Me pidió al borde de las lágrimas tirando de mí. Su voz y la expresión en su cara reflejaban la angustia que la invadían en ese momento hasta el punto de preguntarme qué tan mal aspecto podría tener para que se pusiera así―Por favor, quédate conmigo… Vayamos a tomar algo caliente, ¿vale? Sin preguntas, podemos estar en silencio si es lo que quieres, ¿te parece?―Percibí cómo sus dedos ejercían más presión en mi brazo que antes, incluso toda ella temblaba de ansiedad, y ante eso, bajé la cabeza y acepté su oferta con un leve gesto sin pronunciar palabra alguna. Aquello la tranquiló, pero aun dejándome rodear nuevamente entre sus brazos, éstos, no cesaban de tiritar y no era precisamente a causa del frío. Parecía asustada y creo que fue por eso que no me soltó en ningún momento mientras me guiaba hacia un local abierto sosteniendo mi mano con firmeza―. ¡Mira, hay un reservado libre, vamos!
A esas horas la mitad del establecimiento ya estaba por terminar de cenar o pedían aperitivos mientras rellenaban sus copas de sake como observé al pasar junto a los demás reservados continuos al nuestro separados por paneles con dibujos de colores pasteles y rústicos en serie en ellos. Nos sentamos en la mesa de té tras descalzarnos deshaciéndome del abrigo porque en el interior hacía una temperatura agradable que nos resguardaba del frío, y sin embargo, Nanako pidió un chocolate caliente con unos dulces para ella y para mí una manzanilla. Las odiaba, aunque no me quejé por ello cuando se fue la camarera y seguí en silencio.
―Te has cortado el pelo― Comentó con una fi rmación en lugar de preguntarlo ― Me gusta, ya se te estaba poniendo muy largo y casi te tapaba los ojos. ¿Te lo ha cortado tu madre? ―Asentí débilmente ― La vi el otro día, estaba de compras con Naruto, creo… ―El vello de la nuca se me erizó y mi vista se clavó en un punto inexistente de la mesa de madera― . Parecía tener mejor aspecto que últimamente, no sé, más sonriente y risueña. Me alegró mucho verla así.
―Sí, todo es genial gracias a Naruto―. Mascullé entre dientes con sarcasmo.
―¿Por qué hablas así? Pensaba que te llevabas bien con él.
―¡No he dicho lo contrario! Él hace reír y sonreír a mi familia, pasan buenos momentos juntos y está consiguiendo sacar a mi madre del pozo en el que está. Se pasa casi todo el día en casa, ayuda a Sora con los deberes, entrena con Takara y se ofrece a hacer las tareas del hogar como si siempre hubiera pertenecido a nuestra familia, pero…
-… no es tú padre.
Añadió de forma solemne.
La camarera regresó con la bandeja donde llevaba el pedido y yo apartado la mirada hacia el lado contrario apretando los dientes sin decir nada hasta que la empleada se fue tras depositar las tazas y el plato dejándonos de nuevo a solas.
―Yo fui el que animó a mi madre para que le diera una oportunidad… -. Farfullé tras aquella pausa con el tono ronco y quebroso.
―Porque querías su felicidad, y antepusiste tu bienestar al suyo, supongo. Yo no sé qué es tener un padre. El mío murió antes de que naciera y jamás lo conocí, pero entre mamá y Shikamaru me han contado historias y cosas sobre él que me han podido ayudar a sentirme más cerca y orgullosa de quien fue una vez ― Parpadee varias veces y lentamente enfoqué la atención en ella, que en ese instante jugueteaba distraídamente con un palillo en el plato de dulces con una pequeña sonrisa cruzándole los labios, abstraída en la fi gura de su difunto padre probablemente. Era la primera vez que compartía esa clase de cosas privadas conmigo ― Shikamaru dice que era perezoso, un fumador empedernido y un jugador de Shougi pésimo ― Se río por lo bajo y alzó la vista para mirarme, sonriente―. Al parecer yo soy mejor jugadora que él,
―Quizás pretende que lo averigües por ti misma como modo de entrenamiento.
Hizo una mueca y arrugó el ceño apoyándose sobre la mesa en una pose indignada y desa fi ante al mismo tiempo, apuntándome con la punta del palillo en la nariz logrando tensarme y tragar saliva al haber metido la pata.
―¡¿Quieres decir que no soy apta o algo así ?!
―Cla-claro que no. No he dicho eso ...
―Entonces, ¿a qué te re fi eres? ―Volvió a su posición inicial cruzándose de brazos, dejándome respirar aliviado al imaginarme ese trozo de madera incrustado en mi nariz― Obviamente es el Hokage. Ho-ka-ge―. Enfatizó enfurruñada.
Volví a suspirar dejando caer los hombros y mi cabeza sobre la mesa dirigiéndola una vez más hacia el panel decorado. No entrar en un debate interminable de discusiones con Nanako, ni siquiera tenía fuerzas para eso, pero ella no iba a quedarse sin hacer nada y continúo chinchándome para que hablase.
―Si crees que es el Hokage, lo será, pregúntale a Shikamaru. No me interesa.
―¡Eres un gruñón, Daisuke! ¡Sólo quería que te distrajeras con algo! ¿Por qué no ves que estoy preocupada por ti?
"No necesito que te preocupes por mí… -. Dije en voz muy baja chocando mi aliento con la super fi cie de madera.
―¡Así que lo encontraste! ¡Eso es genial, un problema menos del que preocuparse!
En el reservado que estaba a tan solo unos pasos más alejado del nuestro empezaron a elevar sus voces por encima del resto mientras el ruido de copas de cristal chocando se hacía eco con más frecuencia.
―¡Sí, en cuanto vi su cara me resultó familiar, así que eché un vistazo al libro Bingo y ahora tengo una gran recompensa por cazar a ese ru fi án!
Se oyó de nuevo otro brindis y recosté el mentón en mis brazos cruzados observando la esquina de dónde provenía ese jolgorio, interesado en lo último que comentado.
―¿Qué es ese libro Bingo del que hablan?
―¿Eh? ―La repentina pregunta por mi parte pilló a Nanako por sorpresa quien estaba concentrada en llevarse otro dulce de camino a la boca. Miró por el lado al escuchar la cháchara que aquellas personas tenían montada formando casi una fi esta y luego se giró hacia mi sabiendo a qué me estaba re fi riendo― Es un libro donde se recoge la información de personas desaparecidas y criminales peligrosos en las cinco grandes naciones. Cada tanto tiempo se va actualizando si se descubren nuevas cosas que añadir de utilidad―. Explicó casi de memoria terminando por comerse el dulce sin darle importancia. Pero para mí la tenía.
―¿Dónde puedo conseguirlo?
―Tú no puedes, tan sólo eres un Genin. Sólo los rangos superiores como los Jounin o ANBU lo poseen ― Me fun ceñuda―. ¿Para qué lo quieres?
―Has dicho que ahí están los datos de personas desaparecidas, ¿no es así? ¡Quizás haya alguna información del paradero de mi padre! ¿Podrías pedírselo a Shikamaru o alguno de los demás por mí? -. Mi interior se agitó. Estaba nervioso; mis manos temblaban en ese momento. Podría saber más o menos por donde podría andar mi padre e ir a buscarle si se lo pedía a Godaime.
―¡Aunque es una lástima que aún no demos con ese Uchiha!
¿Eh?
-Si…
―¡Es una mancha para nuestra aldea!
―Como tantas que ha habido a lo largo de la historia de Konoha, ¿qué se le va a hacer? Pero Sasuke e Itachi… Ambos hermanos se han convertido en escoria. Y esa Haruno ha traído consigo a más desgraciados de esos con ella…
-Tienes razón. Podría permanecer en el agujero en el que estaba y pudrirse con ellos. Ella también es una vergüenza para nosotros.
No fui consciente de cómo mi cuerpo llegó hasta posicionarme frente a esos tres borrachos shinobis de la villa con la guardia totalmente baja que seguían despotricando sin percatarse aún de mi presencia. Supe cuál de ellos tenía aquel dichoso libro que se fueron a la vista sobre la mesa y sólo me bastaron dos bombas de humo para entrar al reservado haciéndome con él aprovechando la confusión con kunai en mano mientras aquellos hombres, embriagados por el alcohol, fueron indefensos ante los cortes rápidos en diagonal que les proferí a cada uno en los labios. Les quedaría una cicatriz hasta la última palabra que dijeran en este mundo y recordarían lo que ocurrió cuando se atrevieron a mencionar el nombre Uchiha sin saber que fue uno de ellos el que les des fi guró las caras y se escabulló gracias a la humareda por la parte de atrás del local,
Me detuve en una de tantas azoteas dándome cuenta de que Nanako no me perdió de vista ni un segundo yendo tras de mí.
―¿Por qué has hecho algo así, Daisuke?
―Cállate. Estaban hablando mal de mi familia y han obtenido lo que se merecían. Además―Me fijé en la portada del libro y en su título notando un pellizco en el estómago―, ya tengo lo que buscaba.
―¡Dámelo! Lo que hayan dicho de tu familia no justifica lo que les has hecho a esas personas. ¡Tú no actúas de este modo, Daisuke!
―¡Que te calles!―Bramé enfurecido, lleno rabia y algo más que no había experimentado nunca antes que cegaba por completo mí sentido común. Hasta que no escuché sus débiles quejidos no me di cuenta de que la tenía completamente inmovilizada y agarrada con fuerza del cuello, asfixiándola. La solté de inmediato alejándome de ella, quien se dejó caer de rodillas tosiendo en busca de aire— Yo…—. Observé mis manos que se movían inquietas sin control, y mi mente se bloqueó repitiendo una y otra vez: «¿Qué he hecho?».
Estaba asustado.
Me asusté de mí mismo reflejado en el pánico y lloroso rostro de Nanako; tenía que alejarme de ella, de todos, si era posible en ese estado. Quién sabría lo que podría hacer…
Aun con el cuerpo atenazado por el shock tomé el libro que había caído al suelo tras el ataque contra ella y no miré atrás cuando dejé a Nanako en aquella azotea intentando gritar mí nombre como una oración de súplica. Yo, en cambio, fijé el rumbo a mi nuevo objetivo dejando que la brisa fresca nocturna se llevase mis lágrimas consigo mientras enfocaba toda mi atención en el edificio del Hokage. Si Nanako se recuperaba y daba la señal de alarma me quedaría poco tiempo para acceder a los archivos que se encontraban en su interior; vi aquella habitación varias veces cuando Takara y yo trabajábamos durante esos días recogiendo y clasificando papeleo. Siempre supe que nos asignaban misiones estúpidas de ese tipo que no nos correspondían a ninguno de los dos para mantener oprimidas nuestras habilidades y no pudiéramos avanzar como el resto de grupos. Esas sospechas se hicieron más que evidentes para mi contra más transcurrían los meses en Konoha, pero me mantuve callado por mi familia, aunque, si encontraba la forma de contactar con mi padre…
Accedí al interior del edificio, y tras echar un pequeño vistazo comencé a recorrer los pasillos con velocidad para llegar a aquella sala que estaba guardada por dos shinobis plantados en la puerta, por lo que me apresuré a esconderme en la esquina, fusionándome con las sombras. Realicé un poco de ruido en un área cercana y uno de ellos se separó de la formación para ir a investigar, así que cuando estuvo fuera de alcance me ocupé del otro dejándolo inconsciente, atándolo de manos y pies y amordazado, escondido en el sitio donde yo me hallaba antes para transfórmame en él y tomar su lugar antes de que regresara su compañero. Y cuando lo hizo, no fue tan difícil cómo el anterior corriendo de esa manera la misma suerte. Después de eso ya estaba dentro de aquel lugar iluminado tenuemente por velas que dejaban a la vista una gran variedad de estantes repletos de pergaminos de distintos tamaños. Cogí uno de los candelabros que sostenía la llama para caminar entre ellos, separados por secciones: Desaparecidos, Nukenins y Criminales rango S. Me interné en el pasillo de personas desaparecidas dispuesto a encontrar el nombre de mi padre en alguna de esas vitrinas, y a mi pesar, no estaba por ninguna parte. ¿Por qué si nadie sabía dónde estaba y era un habitante de la aldea cómo mi madre? A ella también la buscaron y su nombre tampoco se hallaba entre los desaparecidos. Eso indicaba que la información se había actualizado tras su localización y el pasar del tiempo… Entonces, pensé en cómo las personas de la villa nos miraban a mis hermanos y a mí desde que aparecimos, cómo se referían a mi padre y a nuestro clan con desdén. Quizás por esa razón mi padre abandonó su lugar natal, porque no soportaba estar rodeado de esa gente… Pero, ¿los que se marchan de las aldeas no eran considerados también unos criminales? ¿Qué diferencia existía entre ser un Nukenin y un criminal de rango S? A ambos los buscarían por igual, ¿no?
De repente barajé la posibilidad de coger la puerta y marcharme de allí. Había algo en mi interior que se removía intranquilo y un sudor frío me recorría la columna erizándome cada vello de la piel. Mientras más me adentraba entre las estanterías alumbrando cada nombre con el que me topaba a paso lento más incrementaban mis pulsaciones, hasta llegar a la última sección donde tragué plomo. La sensación de darme la vuelta e irme se hacía cada vez más patente, igual que el frío que estaba apoderándose de mí cuando, por el rabillo del ojo, leí el apellido Uchiha acompañado del nombre Itachi.
"«Llevaba un ramo de lirios blancos entre mis manos mientras seguía a la espalda de mi padre que iba unos pasos más adelantado que yo oculto tras la capucha, igual que yo al haberme ordenado a mí también que me la pusiera. Dijo que me llevaría a un lugar especial y de mucho significado para nuestro clan, pero más que eso para él mismo: la tumba de su difunto hermano mayor. Pero lo que yo esperaba tras ese viaje que fuese una lápida, en realidad, sólo eran un montón de escombros al aire libre, como si una gran catástrofe hubiese arrasado con todo dejando únicamente en pie un alto muro con el emblema de los Uchiha dibujado en él, donde papá se detuvo y me indicó que dejase las flores bajo el abanico, justo entre dos piedras que pronto sostendrían dos varitas de incienso que él mismo prendió y colocó cada una sobre ellas con restos carbonizados en la roca; había estado más veces allí y realizado el mismo ritual.
―Supongo… —Empecé diciendo rompiendo el silencio que mantuvimos por unos minutos — que esto tampoco debo contárselo a mamá… El que me hayas traído aquí ni que me has hablado del tío Itachi… No contestó, pero fue cómo una respuesta de que debía mantener aquello en secreto, como otras cosas que compartió conmigo. Sin embargo, sentí que aquello era muy importante para él aunque sólo me habló de nuestro tío Itachi de pasada— ¿Cómo era? -. Quise saber, y mi padre despegó sus ojos del ramo de flores para posarlos en mí.
―Fue un excelente shinobi y un gran hermano mayor. Siempre sonreía… incluso hasta el fi nal.
―¿Murió aquí?
-Si.
―¿Cómo?
Se acuclilló para ponerse a mi altura clavando su vista en la mía. Creí que me regañaría por haber insistido en ello, pero no fue así; su rostro parecía más sereno y apacible que de costumbre.
―Escogió su camino a seguir aunque eso le supuso llevar una pesada carga sobre sus hombros fue fi el a sus ideales, y cuando llegó la hora, dio su vida para protegerme ― Habló con suavidad y noté un deje de nostalgia en su voz―. Abusó demasiado del poder que le proporcionaba el Mangekyou Sharingan y su cuerpo no lo soportó más tiempo.
―¡Pe-pero, papá, tú…!
―Sé lo que piensas. Pero no te preocupes… —Volvió a mirar el ramo, y yo también—. Tú tío se encargó de que no me pasase nada.
Sonreí aliviado y pensé lo genial que fue mi tío al proteger a mi padre de ese modo. Me acerqué un poco más al muro y junté mis manos cerrando los ojos para rezar en su memoria agradeciéndole el sacri fi cio que hizo dando su vida por él. Quizás por eso papá me llevó a su tumba, para que tuviera más conocimiento del proteger a nuestra familia cómo él hizo en el pasado con su hermano menor »."
Esa fue la primera vez que mi padre me llevó al lugar donde falleció. Sólo recuerdo dos o tres veces más aparte de esa y eran breves, pero siempre llevábamos flores e incienso cómo ofrenda al tío Itachi. El camino a su tumba era largo, con un recorrido de varios días y no podíamos dejar a mamá y mis hermanos solos. Además, que en ese tiempo Sora acababa de nacer… y de todos modos, papá nunca lo mencionóba estando mamá o mis hermanos cerca. Sólo cuando estábamos a solas me contaba cosas sobre él cuando yo se lo pedía, y aun así decía poco… así que mi curiosidad fue disminuyendo con el paso del tiempo; suponía que el recuerdo de su difunto hermano le era todavía doloroso. Pero, ¿Por qué estaba el nombre de mi tío en el registro de criminales de rango S en los archivos de Konoha? ¿Acaso nos tenían tanto asco cómo para tenernos a todos los Uchiha como criminales?
Chasqueé la lengua y cogí el pergamino más cercano que debería tener las últimas informaciones de mi tío e hice lo mismo cuando di con la ubicación del apartado de mi padre para sentarme en el suelo colocando el candil a un lado para que alumbrase el libro que saqué de mí bolsillo trasero y comparar lo que estaba escrito en él con los del rollo de Itachi, pero, no encontré a mi tío en ese libro. Probablemente porque ya estaba muerto y no hacía falta buscarlo, aunque sí podía leer el informe suyo que me proporcionaba Konoha:
UCHIHA ITACHI
Nukenin de Konohagakure y criminal de rango S perteneciente a la organización Akatsuki, enemiga de las cinco grandes naciones.
Se le acusa de asesinato y exterminio de su propio clan, desertar de Konoha, traición y participación en la tan peligrosa organización que desató la Cuarta Guerra Mundial Shinobi. Asesinado por su hermano menor Uchiha Sasuke […].
Me quedé helado. No pasé ni siquiera de la línea en la en la que se mencionó a mi padre porque mi propia mente me lo impedía. No seguir leyendo el resto, porque, simplemente era mentira. Eso que había escrito en el pergamino no era cierto. La gente de la aldea mentía porque nos odiaban e inventaban cosas de esa clase para perjudicarnos más… Itachi no pudo aniquilar a todo nuestro clan, no pudo; papá dijo que era un buen hombre que se preocupaba por los demás y amaba a su familia.
¡¿Por qué tenían que decir esa sarta de mentiras ?!
Hastiado arrojé el libro contra el estante frente a mí, provocando un gran estruendo en la sala que retumbó cómo un eco entre aquellas paredes enmudecidas que guardaban tantos secretos de los que era ignorante por aquel entonces.
Mi rostro estaba bañado en sudor y me abracé a mí mismo a causa del frío y los temblores que sufría mi cuerpo a causa del miedo, porque mi mente comenzó a trabajar a máxima velocidad enlazando cosas con otras que estaban sueltas. Era una especie de puzzle velado por mentiras, tanto de un lado como de otro que soltaban piezas difusas que tenían que ir colocando a ciegas; ya sufrí que mi propio padre me hiciera lo mismo. Si realmente Itachi exterminó nuestro clan eso explicaría el motivo del por qué nosotros éramos los únicos Uchiha con vida. Pero eso no concordaba con la descripción que me dio mi padre de él, al igual que la causa de su muerte. Dijo que fue producto del uso del Magekyou Sharingan, no que él le hubiera matado. ¿Y esa organización llamada Akatsuki? ¿Esos eran los ideales de mi tío, desatar una guerra? ¡¿Qué había de bueno en eso ?!
Las gotas de sudor rodaban por mis sienes cómo un río desembocando en la barbilla terminando por caer al suelo. Mis ojos estaban desmesuradamente abiertos, mirando de reojo el pergamino donde estaba la información correspondiente a mi padre y sentí cómo una plancha de acero me oprimía el pecho hasta el punto de doler impidiéndome respirar. Me comprobó en pleno ataque de pánico y, a pesar de ello, mi mano recogió el rollo para abrirlo con precaución. Como si fuera a estallar entre mis manos… y en cierta manera, literalmente la verdad me explotó en la cara de la forma más cruel y dolorosa que había conocido nunca. Mi cerebro dejó de recibir oxígeno y para mí el mundo se detuvo. Todo, incluido yo.
SASUKE UCHIHA
Superviviente de la masacre del clan Uchiha, Nukenin de Konohagakure y criminal de rango S perteneciente a la organización Akatsuki, enemiga de las cinco grandes naciones.
Se le acusa de desertar, traición, conspiración contra la aldea, participación en la tan peligrosa organización que desató la Cuarta Guerra Mundial Shinobi, asesinato, secuestro y violación de una ex kunoichi de Konoha, Haruno Sakura. La mantuvo en cautiverio durante doce años de búsqueda en la que fue hallada junto al criminal en un poblado a las afueras del País de la Hierba.
Logró escapar y no ha habido más información de su paradero hasta la fecha. […]
En el libro Bingo recogía en resumen lo mismo a excepción del nombre de mi madre y agregaba en la cabecera una foto impresa de mi padre cuando tenía mi edad más o menos.
Al principio no lo creí. No quise creérmelo. Si lo hacía, todo lo que había vivido from que nací, mi propia madre…
-Mamá…-. Casi no moví los labios cuando dejé salir un ahogado hilo de voz apenas audible mientras todos mis recuerdos me asaltaban la cabeza oyendo el rápido latir de mí corazón zumbarme los oídos.
En ese momento comprendí muchas cosas del pasado; el por qué mi madre era distante con él la mayoría de las veces, por qué mi hermano pequeño me preguntaba en las noches si éramos una familia como las demás o si nuestro padre nos quería, los secretos que tuve que guardarle, sus entrenamientos y su sentido de proteger a nuestra familia.
Mi cuerpo se agarrotó notando un gran dolor en el tórax, cómo si me lo hubiesen atravesado sin compasión con una espada y retorcieran lentamente la hoja incrementando la agonía y, otra vez se manifestó esa desconocida sensación que iba de la mano del tormento que estaba experimentando . Apreté la mandíbula aunque los sollozos se escapasen entre mis dientes y gruesas lágrimas bañaran mi rostro crispado por la ira y… el odio.
Lloré por la pérdida de un padre idealizado a base de mentiras. Un hombre que me enseñó que el signi fi cado de protección era opresión para seguir manteniendo cautiva a mi madre mientras ella sufría por su culpa. Y aún en ese entonces, continuaba haciéndolo, porque la usó y tiró como un despojo, al igual que a nosotros… que a mí, fruto de una violación, ¿de cuántas? ¿Cuánto tuvo que soportar? ¿Por qué no dijo nada? ¿Acaso vivió amenazada todos esos años en silencio? Todas las preguntas sin respuesta comenzaron a surgir como la espuma, del mismo modo que el sentimiento de rencor hacia la fi gura de mi padre alcanzó límites que nunca llegué a sospechar, provocando que el color carmesí de mis ojos se mostrase por sí solo y las aspas opacas que rodeaban la pupila evolucionasen revelando un dibujo en el iris completamente distinto.
Esa noche, sentencié a ese hombre al que yo llamaba padre y, desperté el Mangekyou Sharingan a causa del daño y el sufrimiento tras su pérdida.
...
Espero hallan disfrutado de la primera parte del capitulo 17, tuve que partir el capitulo en dos partes porque esta largo e invierto mucho tiempo en demasiado actualizarlo.
Trataré de subir la siguiente parte para la próxima semana, así que estén atentos, la segunda parte es la mejor por el reencuentro de Sasuke y Sakura.
Les compartiré un pequeño fragmento del capitulo 18 (seguimiento del fic a partir del capitulo 17) a modo de recompensa. espero que sea de su agrado.
En mis tiempos de genin creía que mi vida habia sido muy injusta, hasta que forjar lazos con los miembros del equipo 7 me hicieron cambiar poco a poco de opinión. Kakashi más allá de ser mi maestro, fue uno de mis principales guías, Sakura era tan testaruda y molesta, sin embargo, siempre me abrió su corazón, a pesar de negarme a entrar en él, estuve muy agradecido por ello, y Naruto me ensaño lo que es una verdadera amistad, creo y seguiré creyendo que él es y será mi único mejor amigo.
¡¿Y qué más daba !? Todo dejo de tener sentido cuando me negaba rotundamente a seguir los consejos de Kakashi, a negar que sintió algo por Sakura ya no recibir su cariño, y sobre todo a negar una amistad tan sincera como la de Naruto, quien me entendía mejor que nadie. Rompí esos lazos para conseguir un poder antes que mi propia felicidad y todo por vengarme de mi hermano, quien ni siquiera fue culpable, sino que cargaba con una masacre del que no tuvo otro remedio.
Nunca fui una excelente persona desde el día que elegí mi destino y supe que nada cambiaría desde el día que mate a mi propio hermano, pensaba que destruir Konoha agotaría mis ganas de vengarme de quien verdaderamente me quito todo, o eso creí, hasta que me cruce con una moribunda Sakura en medio de un bosque desoldado. (capítulo 18)
Nota: Les aclaro que los capítulos hechos por mi no serán largos como los otros, sinceramente es muy difícil escribir tanto y en tan poco tiempo, y es por esa misma razón que admiro a la autora original de la historia. Con todo el cariño espero les guste la continuación.
Nos leemos pronto: 3
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