Desperté sobresaltada a la vez que el estruendo de un rayo azotó el cielo y la lluvia golpeaba el cristal de la ventana detrás de las cortinas corridas que oscurecían la habitación, pero pude apreciar cómo parte de la espalda de mi hijo mayor se perdía por la puerta y no dudé ni un segundo en incorporándome de un resorte, llamándolo en vano, porque cuando salí al pasillo de la entrada lo hallé desierto. Se había vuelto a ir sin más bajo aquella tormenta que dio inicio consigo a su repentino cambio de comportamiento hacia todos nosotros, y sobre todo, a mí; me esquivaba absolutamente manteniéndose distante y frío cómo nunca antes lo había visto. Tenía la sensación de que algo en él había estallado de la misma forma que se desató aquel temporal hacía días, y me dio escalofríos. Una parte muy profunda en mi interior reconocía esa aura que comenzaba a envolverlo, y sin embargo, mi mente se negaba a creer en ello, en pensar que podría volver a pasar por lo mismo otra vez terminando por alejarse de mí.

―Quizás sólo esté pasando por una fase—. Llegó a la conclusión Ino tras contarle la extraña actitud de Daisuke durante aquellos días.

Estábamos en la cafetería del hospital sentadas en una mesa tomando el almuerzo acompañadas de Hinata y Temari, quien se quedó en la aldea después de navidad para instalarse mientras terminaban de preparar los últimos detalles de la boda. Además, les servía cómo un puente entre Konoha y Suna ya que era la hermana del Kazekage, y en la aldea empezaban a oírse rumores de que Kakashi-sensei podría coger las riendas del puesto de Hokage en cuanto Tsunade-sama dispusiera todo con el resto de Kages en una reunión que se daría próximamente.

―Puede que Ino tenga razón. Es un adolescente al fin y al cabo, ¿no?—. Intervino Temari llevándose un tomate diminuto a los labios.

―Yo no recuerdo haber pasado por ninguna fase de ese tipo…―. Murmuró Hinata a su vera con gesto pensativo.

―Tú familia siempre ha sido muy estricta, Hinata, y desde la escuela fuiste una niña tímida, obediente y buena, incluso ahora―Añadió Ino haciéndola sonrojar—De todos modos―Se volvió hacia mí de nuevo―, deberías hablar con él o con Nanako. Puede que hayan discutido; Shikamaru vino a pedirme consejo de cómo tratarla porque se niega a salir de su habitación―Negó con la cabeza en desaprobación acompañada de un suspiro de Temari―. No sé qué vas a hacer cuando llegue el momento de quedarte embarazada y das a luz a una niña.

Entraron en una charla en la que bromeaban de las posibles reacciones de Shikamaru. Yo, en cambio, puse mi atención en mirar a través de la ventana donde se veía el diluvio que caía deshaciendo los últimos vestigios de nieve en las calles. Parecía que nunca iba a parar de llover cómo tampoco el cúmulo de preocupaciones.

―¿Aún no se sabe nada del incidente en los archivos?

Parpadee y me giré una vez más hacia ellas al escuchar a Temari formular aquella pregunta obteniendo la negativa de Ino tanto como la de Hinata con la cabeza.

―Los dos responsables de la vigilancia dijeron que todo pasó muy deprisa, y que uno de ellos se transformó en su compañero para dejarlo inconsciente y no recuerdan nada más hasta que los encontraron—Detalló Ino a mi lado con gesto de inquietud en el rostro―. Lo más extraño de todo es que no se han llevado nada y tampoco hay evidencias de que alguien hubiera estado en la sala aquella noche.

―¿Crees que participaron más de una persona?

―Esas son las sospechas del Cuerpo de Inteligencia, y en el caso de que sólo fuese una persona, estaríamos hablando de alguien con habilidades a la altura de un ANBU.

―¡No puede ser…!—Le oí susurrar a Hinata sentada frente a mí con la expresión de angustia dibujada—. Eso quiere decir que ha tenido que ser alguien de la aldea.

―Sí…―Asintió―y desconocemos qué información buscaban, y por si fuera poco―Continúo lanzándome un vistazo de soslayo―, esa misma noche tres hombres fueron atacados y trasladados aquí.

―Cuando los trajeron habían estado bebiendo en un local y alguien lanzó una bomba de humo cuando quien fuese se cernió sobre ellos; los cortes son limpios y concisos con forma oblicua en el área de la boca. Les quedará cicatriz. Pero me llama la atención…―Musité pensativa clavando la mirada en la comida que apenas probé teniendo la atención de las tres, y pude sentir un ligero nerviosismo en el ambiente―. Parece como si alguien quisiera que esas personas no hablasen o algo similar. Al ser un robo no encuentro explicación alguna para hacer esas heridas de un modo premeditado… Creo que ese era el objetivo del atacante desde un principio porque no hallamos otras lesiones.

―¿Un robo?―. Inquirió Hinata en tono de sorpresa.

―Uno de ellos es un Jounin. Cuando le tomaron declaración tuvo que hacerla por escrito al no poder hablar y dijo que su libro Bingo había desaparecido tras el incidente―. Explicó Ino en mí lugar. Se notaba que estaba al tanto de todo gracias a su padre, y probablemente, por Sai.

―Que ocurran este tipo de cosas en mitad de una guerra realmente es un problema―. Comentó gravemente Temari consiguiendo la afirmación de las otras dos.

Por el contrario, yo tenía problemas más importantes en lo que enfocarme antes que verme envuelta en cosas de Konoha y estaban fuera de mi jurisdicción. Ya no era una shinobi de la villa, sino una trabajadora del hospital con pacientes a los que atender en mi jornada laboral para después llegar a casa y enfrentarme a la realidad de no ver a Daisuke por más que lo esperase en las noches siendo un auténtico suplicio para mí; no sabía dónde estaba, lo que hacía o dejaba de hacer, tan sólo que no se presentaba a sus obligaciones junto a Takara según me contó Konohamaru, quien ocupó la responsabilidad de Kakashi-sensei para supervisarlos mientras él se preparaba para las obligaciones que debería atender en poco tiempo, y también se llevaba consigo a Naruto para que obtuviera conocimientos de lo que le esperaría en un futuro. Aunque, éste siempre sacaba tiempo para estar conmigo… Su determinación para hacer lo que se propuso no pasaba desapercibida para nadie. Todos me decían que desde que empezamos a acercarnos más me veía mejor y mucho más animada. Yo misma lo notaba. Experimentaba una sensación de calidez reconfortante cuando lo vi esperándome en la entrada del hospital bajo el paraguas con una sonrisa en sus labios que abrazaba mi corazón.

De camino a casa conversábamos de manera amena compartiendo la sombrilla que él mismo sujetaba. Apreciaba esos momentos que pasábamos juntos paseando tranquilamente por la calle aunque cayera un chaparrón, porque, no dejaban de pasar cosas que nos afectaban…

Iruka-sensei nos alcanzó ese mismo día a ambos y se dirigió a mí para ponerme al tanto de que Sora estaba en la academia siendo atendida tras sufrir un percance con unos niños. De inmediato fui hasta allí para recogerla junto a Naruto e Iruka-sensei, quien nos guió a la modesta enfermería que tenían y donde se hallaba mi hija pequeña temblorosa, completamente empapada y llena de barro de pies a cabeza, con múltiples magulladuras que intentaba ocultar bajo su capucha de conejo blanco que en ese momento se encontraba completamente sucia. Estaba acompañada de cerca por Ashi que también tenía heridas en la cara al haber intentado defenderla y no le quitaba los ojos de encima.

Escuché a Naruto encararse con Iruka-sensei reprochándole por lo que había ocurrido y le exigía explicaciones cegado por la frustración y los recuerdos que seguramente le vinieron a la cabeza de su infancia, pero, yo sólo arrullé a mi pequeña entre mis brazos y quise sacarla de allí cuanto antes ignorando las disculpas del sensei que en ese momento no me servían para sanar el daño que le habían causado a mi hija.

Acompañamos al sobrino de Kiba a su casa que llevaba a Chairomaru entre sus ropas para protegerlo del frío y la lluvia cómo antes solía hacerlo su tío con Akamaru cuando aún era un cachorro. Le pregunté si quería que hablásemos con su madre para explicarle lo que había pasado pero el niño se negó en rotundo. Sólo quería que lleváramos a Sora a casa y cuidásemos de ella, él iría a visitarla al día siguiente si su madre no lo castigaba por pelearse con otros chicos, y si así era, se escaparía para verla. Confesó con una sonrisa de medio lado y Naruto le revolvió el pelo en un gesto cariñoso entre ellos mientras yo le agradecí lo que hizo por Sora cómo el buen amigo que era para ella.

Cuando llegamos a casa le pedí a Naruto que se diera prisa en preparar el baño en tanto yo me deshacía de las ropas mugrientas que llevaba mi hija que no cesaba de temblar y gimotear, revelando que tenía el ojo izquierdo cómo una bola con el que dudaba que pudiese ver, el labio inferior comenzando a hincharse también, moratones y arañazos por todo el cuerpo… Algunas de las heridas no eran recientes…

―Sakura, ya está el…

Su voz acelerada se oyó ahogada por la misma escena que yo tenía frente a mí. Una niña pequeña indefensa y maltratada hasta el punto de orinarse encima de miedo. La cogí en brazos y me dirigí directamente hacia el baño, pero antes de eso me detuve a su lado con la vista fija en la esquina a modo de intentar que la voz no se me quebrara al hablar en un volumen bajo:

―¿Puedes llevarte a Takara a cenar? Intentaré curarla en la mayor medida posible hasta que vuelvan.

No respondió. Por el rabillo del ojo me percaté de que sus hombros se agitaban y alcancé a oír el rechinar de sus dientes apretados al igual que su respiración.

―Naruto.

Lo llamé con tono firme esa vez y reaccionó acariciando la cabeza de Sora al mismo tiempo que besaba brevemente mi coronilla antes de apresurarse a salir por la puerta dejando tras de sí la estela de una furia que era palpable, y a pesar de ello podía contenerse a sí mismo siendo gentil con nosotras. Cómo pude aguanté las lágrimas abrasadoras que insistían en surgir mordiéndome el labio concentrándome únicamente en bañar con cuidado y tratar a mi hija en su cama tras asearla. Tuve que colocarle varias vendas donde le apliqué un ungüento hecho de hierbas que yo misma hice en el hospital para tener a mano. Era una de las cosas que aprendí de la señora Okuda, y siempre que los chicos regresaban magullados de los entrenamientos les era de utilidad, pero nunca pensé que lo emplearía para algo así… ¿Desde cuándo llevaría sufriendo esa clase de abusos? Esa era la pregunta que me rondaba la cabeza. Todos los días volvía a casa sonriente diciendo lo mucho que se había divertido y las cosas que aprendía en la academia. Nunca dio señales de que lo estuviera pasando mal.

¿Cómo no pude darme cuenta?

Al poco tiempo de darle una dosis de sanación en el ojo malherido y acariciarle sus finos cabellos, todavía humedecidos, empezó a tranquilizarse cayendo en un profundo sueño que velé durante varios minutos en los que las lágrimas me ganaron la partida contemplando a mí hija dormida.

Dejé que descansase con la puerta del dormitorio entre abierta mientras yo me ocupaba de recoger sus ropas y llevarlas a lavar, aunque la sudadera que tanto le gustaba no iba a quedar bien, ni siquiera si la limpiase a mano… Lancé un suspiro exhausto ojeándola, y cuando vi la parte de atrás de la prenda solté un grito ahogado mezclado con el susto del sonido de un rayo que estalló de repente, y la impresión de ver el estandarte del abanico tachado por dos grandes tajos en forma de X me cohibió. Hundí los dedos en la prenda apretando los dientes para que de nuevo las lágrimas no se derramasen a su voluntad, pero dolía.

―¡Sora!

La voz de Takara tronó la casa entrando atropelladamente seguido de Naruto al que vi con expresión de impotencia reflejada en la entrada cuando me asomé desde la cocina. Iba a preguntarle por qué no se lo llevó tal cómo le dije pero el niño actúo rápido y por su cuenta abrió la puerta del dormitorio donde reposaba su hermana pequeña.

―Ya lo sabía…―Murmuró con voz grave colocándose a mi lado con la atención en la figura de Takara, quien se encontraba de espaldas a nosotros, inmóvil en el umbral de la habitación―. Cuando he querido ir a buscarle ya estaba de camino hacia aquí. Lo siento…

―No es culpa tuya―. Le aclaré empleando un volumen bajo sin apartar la vista de mi hijo.

Después de unos minutos en completo silencio que sólo era interrumpido por la tormenta de afuera Takara cerró la puerta corrediza con lentitud quedándose de cara a ella, y supe ahí, que era la calma que precedía a la tempestad.

―¿Por qué…? ¿Por qué le ha pasado esto?

―Ya me he encargado de hablar con Iruka-sensei, Takara. No dejará que vuelva a ocurrir―. Intervino Naruto asegurándoselo con rotundidad, pero, en cambio, mi hijo pequeño se mostró dolido y enfurecido por la expresión que había dibuja en sus rasgos cuando se giró.

―¿No volverá a ocurrir dices? ¿Acaso no tienes idea de cómo nos mira y trata la gente?―Poco a poco su voz fue incrementando cerrando sus manos en puños con rabia contenida que descargaría en ese momento―: ¡Desde que llegamos aquí nos han odiado y despreciado cómo si no valiésemos nada! ¿Crees que no escucho lo que hablan de nosotros? ¡No le hemos hecho mal a nadie para que nos traten de este modo! ¡Daisuke y yo aceptamos misiones de mierda para ayudar económicamente a nuestra madre habiendo jurado servir y proteger Konoha, pero…!

―¡Oye, Takara, eso…!

Sostuve la manga de Naruto con la vista clavada en el suelo impidiendo que continuase yendo hacia él e interrumpiéndolo mientras la voz de Takara tronó por encima de la suya:

―¡¿Por qué tengo que defender a una aldea que maltrata a mi hermana pequeña sin razón?!― Su bramido me retumbó en los oídos erizándome la piel al mismo tiempo que pude escuchar un fuerte golpe contra el tatami causado por el protector que solía llevar en la frente y que entonces arrojó a nuestros pies, empapado―. ¡Te equivocas si piensas que Sora regresará a esa asquerosa academia! ¡No consentiré que la sigan acosando!

Un haz de luz blanca producida por un relámpago dibujó la silueta de la sombra de una cuarta persona en la habitación. Todos dirigimos nuestra atención hacia la entrada en unos breves segundos en los que reinó un silencio estruendoso peor que el anterior vislumbrando la figura de Daisuke. De inmediato mi corazón quedó sobrecogido por la imagen de mi hijo calado de pies a cabeza, con sus ropas ensuciadas y una mirada tan gélida que me hizo sentir temerosa en su presencia.

―¿Es cierto…?

Habló en voz baja y grave, pero su tono glacial era tan palpable que me dio escalofríos. Me atreví a mirar a Takara de reojo y vi en su rostro probablemente el reflejo del mío; daba la impresión de que estuviera observando a alguien totalmente desconocido y de alguna forma, peligroso, no sé por qué tuve esa sensación.

―¡Daisuke!

La exclamación de Naruto me hizo volverme para ver a mi hijo mayor girándose sobre sus talones para marcharse apresuradamente dejándome con la visión de sus ojos carmesí colmados de un arduo resentimiento que hizo que mi cuerpo se moviera por sí solo yendo rápidamente en su busca bajo la lluvia sin éxito. Por más que lo llamase y gritara su nombre en las calles Daisuke no apareció… No quise creerlo, pero lo estaba perdiendo, lo supe desde hacía mucho y me negué a ver la realidad de que el odio lo consumía. Pero, ¿qué fue el detonante? Takara había expresado su malestar con Konoha con argumentos que él también podría poseer, sin embargo, había algo más que se me escapaba y todos ignorábamos.

Tuvo que ocurrirle algún acontecimiento de tal magnitud para producirle semejante pesar.

No sabía cuánto llevaba fuera buscándolo con desesperación, pero llegó un punto en que mis rodillas me fallaron y no pude sostenerme a mí misma cayendo de rodilla al suelo sumida por un llanto acongojado mientras me abrazaba a misma. Me pregunté en mi interior qué era lo que había podido hacer mal y si había algo que estuviera a mí alcance para recuperarle, para aliviar todo ese dolor que lo engullía cada vez más en las profundidades de un lugar oscuro despojándome de él, pero, no logré hallar respuestas cuando Naruto dio conmigo bajo un paraguas. Se agachó a mi lado echándome un abrigo seco sobre mi espalda y me abrazó contra su pecho húmedo al que me aferré cómo un ancla.

Al retornar a casa me mandó a tomar una ducha caliente sin demora mientras él se ocupaba de preparar una sopa que insistió en que tomara.

Takara estaba en la habitación sentado junto a Sora observándola dormir, pero sus ojos no la miraban a ella, parecían desenfocados y vacíos quizás con el recuerdo de su hermano mayor horas atrás grabado aún en la retina. Preferí dejarlo estar después del mal rato que se llevó con el tema referente a Sora y todo lo demás. Naruto, en cambio, se negó a dejarnos solos aquella noche; me vi sin fuerzas para insistirle en que fuera a casa a cambiarse de ropa. No estaba con ánimos para discutir, y menos cuando comprobé a mi hija pequeña descubriendo que tenía una fiebre muy alta. Le dije a Takara que fuera a tomar un baño al igual que Naruto, algo que ambos hicieron sin rechistar en tanto preparaba una palangana con agua fría en la que mojé un paño que puse delicadamente sobre la frente de Sora.

El pequeño, aun haciendo esfuerzos por no dormirse, lo acabó venciendo el cansancio a eso de las cuatro de la madrugada y Naruto preparó su cama para acostarlo en ella, arropándolo para que no cogiera frío esa noche horrorosa.

―Sakura—Susurró para no despertar a ambos cuando se sentó a mi lado junto a la cama de Sora. Tras la ducha se había puesto una muda de ropa limpia que dejó hace unas semanas después de un incidente en la cocina―, deberías dormir también. Puedo ocuparme de ella mientras descansas—Fruncí los labios con un nudo en la garganta porque luchaba conmigo misma para que los párpados no se me cerrasen sintiéndome inútil e impotente. Y entonces, su mano amplia y cálida se posó suavemente sobre la mía dedicándome una dulce y comprensiva mirada que me desarmó por completo―. Te despertaré si algo sucede.

Recostó su frente sobre la mía y no pude más que cerrar los ojos liberando unas pequeñas lágrimas.

―Gracias―. Le agradecí con un hilo de voz quebrado a lo que él respondió con un leve apretón en la mano mostrándome su apoyo.

Llevé mi futon al dormitorio y lo coloqué al lado del de Sora para tumbarme junto a ella bajo las mantas sosteniendo su pequeña mano entre las mías sin querer estar lejos de su calor producido por la fiebre mientras poco a poco mis ojos empañados fueron cerrándose poco a poco ante las caricias que Naruto me proporcionaba en el pelo cayendo en un profundo sueño en el que soñé con Daisuke alejándose de mi por más que corría tras él hasta que una sombra inmensa y tenebrosa con dos grandes ojos centelleantes lo envolvía haciéndolo desaparecer.

Al día siguiente recibimos la visita de Ashi tal como prometió acompañado de su tío Kiba, Hinata, Lee, Tenten e Ino quien traía consigo un ramo de flores para Sora de parte de ellos y el resto que no pudieron asistir, algo que la pequeña agradeció con una sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos. Intentaba aparentar que aquello que pasó no le afectaba y quiso comportarse alegre y risueña como siempre, pero tanto como a su hermano, Naruto y a mí no nos convenció, incluso a mi mejor amiga.

―Sakura, si Sora necesita algo…cualquier cosa…

Su pálido rostro denotaba preocupación cuando se rezagó del grupo para quedarse a hablar a solas conmigo cuando se despidieron.

―Lo sé, Ino. Gracias.

No supe con certeza qué vio en mí para que sus labios formasen un puchero del mismo modo que sus ojos claros se inundasen de lágrimas cuando me arrulló repentinamente entre sus brazos. Lo más seguro era que debía tener un aspecto horrible con grandes ojeras e hinchadas por el llanto completamente abatida por la situación a la que me enfrentaba… Takara rehusó a asistir a la misión que se le atribuyó tras manifestarle a Konohamaru que dejaría de ser shinobi tras haberlo jurado ante los cinco Kages, Sora continuaba recuperándose con un estado anímico que decaía por momentos, Daisuke se hallaba en paradero desconocido e irreconocible y Naruto esperaba una respuesta a nuestro acuerdo; podría decirse con absoluta facilidad que me sentía ahogada y saturada en preocupaciones y problemas que abordaba uno tras otro, tras otro…

Unos días más tarde, a pesar de estar ocupados, los chicos invitaron a los niños a una de las reuniones del restaurante con la esperanza de poder así contentar a Sora sacándola de casa. Al principio se la veía cohibida aunque Ashi estuviera presente junto a ella y él fue quien la animó a sonreír con bromas y charlas que acababan en risas. Eso me produjo un alivio, pero, Takara, por el contrario se mantuvo callado apenas sin probar bocado. Seguía con la mirada vacía y completamente ausente.

De repente me percaté de las ausencias de Kakashi-sensei, Shikamaru y Sai. Posteriormente, Naruto proseguiría a ser el siguiente avisándome de que volvería en un rato con una sonrisa apaciguadora que ocultaba algo. Y sin darme cuenta el recuerdo de él junto al ANBU me asaltó al emplear el mismo gesto cuando tuvo que asistir a la reunión donde acordarían que someterían a mis hijos a unas pruebas en el coliseo porque sopesaban la posibilidad de que estuvieran siendo controlados por Sasuke. Así que sin más curvé mis labios hacia arriba y asentí viéndole abandonar el reservado en silencio.

El presentimiento de que tenían algo entre manos y que involucraba a los niños se hacía cada vez más latente desde que ocurrió lo de Sora…o puede que incluso antes.

Demoré unos minutos para luego excusarme con los demás utilizando como pretexto que tenía que acudir al servicio cuando salí de entre los paneles echando a caminar por el local buscando con la mirada al grupo que no hallé por ninguna parte para mi mala suerte, y entonces decidí dirigirme al baño, pero, cuando estuve lo bastante cerca unas voces que me resultaban muy familiares interactuaban mediante murmullos procedente de la puerta trasera entreabierta del establecimiento. Procuré que nadie se diese cuenta de lo que hacía mientras me acercaba y casi me fundí contra la pared echando un breve vistazo por la rendija para ver las siluetas de aquellos cuatro, y me quedé inmóvil agudizando el oído agradeciendo que amainase la lluvia:

―…sin duda sería un problema para la reunión de Kages que está a punto de celebrarse―Era la inexpresiva voz de Kakashi-sensei la que hablaba―, y por supuesto, para la alianza.

―Pero no hay pruebas concluyentes de que ambos incidentes estén relacionados. Sólo tenemos especulaciones.

―Sai, le robaron el libro Bingo a un Jounin y poco después entraron en la sala de archivos, no son sólo especulaciones, las piezas encajan; alguien quería valerse de ese libro para buscar una información que sólo podía encontrar en los registros de Konoha.

―De acuerdo, Shikamaru, pero, ¿quién y con qué propósito? No sustrajeron nada de la habitación, ya lo hemos revisado muchas veces.

―Teniendo en cuenta el periodo de tiempo en que se realizó el ataque y encontramos a los del turno de guardia… ―Intervino el Sensei pensativo añadiendo una pequeña pausa―. Yo diría que les dio tregua de sobra para buscar y leer lo que fuera que fuese de su interés sin necesidad de llevarse nada, ¿tú qué opinas, Naruto?

Se hizo el silencio por un interminable minuto hasta que éste habló en un tono apagado.

―No lo sé. En lo referente a lo que les ocurrió a esos tres hombres puede que haya sido obra de alguien que quisiera hacerse con la recompensa de capturar a ese criminal; los testigos afirman que estaba gritándolo a los cuatro vientos y luego se oyó la explosión de las bombas de humo. Pero lo que has dado a entender antes es imposible, Shikamaru.

―¿Por qué? Veo demasiadas coincidencias en todos esos sucesos que envuelven a ese chico…

―¡Daisuke no ha hecho nada malo!―Ahogué un grito de sorpresa cuando se produjo un barullo seguido de un fuerte golpe que retumbó en la pared donde me escondía―. ¡Estás paranoico con los hijos de Sakura, Shikamaru! ¡Lleno de prejuicios cómo el resto de la aldea porque la sangre de los Uchiha corre por sus venas! ¡¿Tú también vas a marginarlos y a tratarlos cómo unos criminales?!

―¡Naruto!

―¡Detente, Naruto!

―¡Sé lo que estás pensando pero ellos no son cómo tú…!

―¡¿Qué diferencia hay entre ellos y yo?! ¡Konoha me hizo lo mismo en el pasado por ser un Jinchuriki y nadie me reconoció por ser quien era! ¡Esos niños están pasando por la misma situación sólo que tienen a una madre a la que también rechazan cómo a una arpía! ¡¿Tampoco te has dado cuenta de eso, Shikamaru, tan ciego estás?!

No quise oír nada más y procedí alejarme de allí cabizbaja notando como se me hacía dificultosa la tarea de tragar saliva teniendo la impresión de que una bolsa de plástico me obstruía el paso de mí garganta a los pulmones.

Era yo la que fui incapaz de ver más allá durante aquellos dos meses estando cubierta por la cálida aureola que Naruto me proporcionaba y donde hallé mi refugio personal pasando por alto cosas de ese tipo mientras caminábamos juntos en público, por ejemplo. Los susurros, rumores y miradas de desdén desaparecían cuando estaba cerca de él, pero era evidente que existían. Sora y Takara se enfrentaban a ello cada día en silencio hasta que quedó más que manifestado por éste último el odio que nos procesaba la gente de la villa. Quizás Daisuke no quería exponerlo en un intento de no perjudicarme siendo tan sobreprotector como era conmigo, y la única vía de escape que encontró fue reprimir sus emociones manteniendo ese comportamiento tan distante… Pero eso no era razón para lo demás. Continuaba siendo cómo una incógnita que me aterraba descifrar.

Naruto intentó animar a Takara con cualquier cosa que se le pasaba por la cabeza, sin embargo, el pequeño seguía sin reaccionar y rechazaba rotundamente la idea de finalizar su misión. Empezaba a preocuparme, sobre todo cuando comenzó a desaparecer también de casa al igual que hizo en un inicio su hermano mayor. Pensé que se reuniría con él, pero su respuesta, indudablemente, convencería a cualquiera de que no sabía dónde se escondía Daisuke y creo que esas escapadas que hacía eran precisamente para ir a buscarle: la imagen tan oscura que presenciamos de él le afectó en exceso. Por otro lado, Sora ya estaba mejor, y para desconcierto de todos decidió regresar a la academia para ponerse al día con sus estudios; era otra de las cosas que Takara no aceptó, pero se mantuvo en silencio, Naruto la apoyó y yo…ya no iba al trabajo tranquila pensando que en cualquier momento alguien me avisaría de que han vuelto a maltratarla; Iruka-sensei vino a disculparse conmigo directamente cuando Naruto y yo la dejamos en la entrada de la escuela. Sabía perfectamente que él no tuvo la culpa, algo que se lo hizo saber mi acompañante, aunque Ashi nos aseguró que él sería su protector junto a Chairomaru. Admitía que me aliviaba que mi hija tuviese un amigo cómo él.

No era necesario mencionar nada, bastaba con una mirada para comprender que Naruto suplicaba por una respuesta, pero él también sabía que no tenía ánimos ni fuerzas para ello y aunque sabía que lo entendía indirectamente lo esquivaba. Él estaba ocupado con los asuntos de Kakashi-sensei preparando las funciones cómo Hokage, ya que su nombramiento estaba a la vuelta de la esquina, y eso logró que se despegara un poco de mí. No me molestaba estar con él, pero, sentir que debía tomar una decisión respecto a nuestra relación en unos momentos así…no podía. Así que, en mi día libre, me ausenté sin decir a donde iba o lo que haría porque era consciente de que estaría dispuesto a hacer planes para los dos y ahí sería donde no tendría escapatoria. Sin embargo, no se me ocurrió otro lugar al que ir que mi propia casa vacía y solitaria decidiendo realizar limpieza para un día de descanso que tenía, pero, ¿qué iba a hacer sino?

Unos tímidos golpes sonaron en la puerta que fui a abrir topándome sorpresivamente con Nanako. Parecía algo cohibida e intentaba por todos los medios que no hiciéramos contacto visual… Supe por Ino que la chica no pasaba por un buen momento emocional desde que Daisuke…

―¿Puedo hablar contigo…a solas?

Su voz sonó marchita y presentí que no me contaría nada bueno, que mis temores se confirmarían si la dejaba pasar, cosa que hice ofreciéndole un té cuando nos sentamos a la pequeña mesa de la sala, y ambas, permanecimos sin decir nada. Creo que cada una nos preparábamos para lo que vendría a continuación, pero yo me adelanté:

―¿Le has dicho a alguien lo que vas a contarme?

Claramente mi pregunta la desconcertó porque levantó la cabeza del vaso para mirarme con los ojos muy abiertos.

―N-no, no he hablado con nadie…―Agachó nuevamente la cabeza y fue su turno de buscar respuestas con un hilo de voz―: ¿Sabes lo que voy a decir?

―Me hago una idea, pero me gustaría oírlo de ti y que luego no se lo dijeses a nadie, mucho menos a Shikamaru.

―Lo sé…―Nanako me relató lo que sucedió aquella noche, cómo ambos se encontraron, el extraño llanto de Daisuke y cómo tuvo que retenerlo para que no se marcharse solo llevándolo a comer algo, y en el local, aquellos hombres que fueron atacados fueron los detonantes en desatar su rabia―…no sé cómo pasó, cuando me quise dar cuenta no estaba y de repente se escucharon las bombas de humo y…

―¿Por qué tenía tanto interés en el libro?

―Pensaba que teniéndolo averiguaría donde estaba su padre e iría en su busca…―Confesó con la voz quebrosa y los ojos inundados de unas lágrimas que se escapaban rodando por sus mejillas―. No le importó lo que les hizo a esos hombres para obtenerlo, no era él… ¡Ese no era Daisuke! Intenté hacerlo entrar en razón pero…

―¿Te atacó?

Afirmó con la cabeza intentando no romper en sollozos mientras que yo me mantuve con un gesto inescrutable en el rostro a pesar de que un gran dolor se removía dentro de mí y recuerdos de los últimos días del Equipo 7 asaltaron mi mente. Era exactamente igual cuando Sasuke fue consumido por la oscuridad.

―Se asustó… Estaba muy asustado cuando se dio cuenta de lo que hacía…no quiso hacerme daño, pero estaba cegado; desde su cumpleaños hay algo que no deja de torturarle y ponerlo de ese modo, no es culpa suya…pero él…

―Fue el que entró en los archivos―. Concluí en un susurro.

―No lo sé, no lo vi, pero no hay duda… Se marchó en dirección a las oficinas…

―Nanako―La interrumpí con voz firme―. Prométeme que no le dirás a nadie lo que acabas de contarme y que no te acercaras a Daisuke hasta que yo misma hable con él, ¿lo has entendido?

Asintió dudosa pero no le dejé alternativa. No podía permitir que hiriese a más personas cuando él mismo había comenzado a destruirse. Si vio la información de Sasuke en el libro Bingo junto a la de los informes de Konoha significaba que descubrió la verdad y en ese momento podría hallarse muy inestable y, quien sabría lo que haría.

Cuando Nanako se fue me apresuré a buscar entre las cosas de Daisuke intentando dar con el libro si es que aún lo ocultaba para deshacerme de él cuanto antes mejor pero, todo indicaba que seguía llevándolo encima. No estaba por ninguna parte… Cogí su mochila teniendo la esperanza de que estuviera ahí oculto y me topé con un segundo forro tras la tela, aunque, cuál fue mi sorpresa que lo que yo esperaba que fuese el libro Bingo no era otra cosa que nuestro álbum de fotos que yo misma diseñé hace años con anotaciones a los lados de cada imagen. Jamás pensé que volvería a verlo y ahí lo tenía de nuevo entre mis manos. Todos nuestros recuerdos recogidos en ese espacio lleno de páginas en los que también se mostraba a Sasuke, y por extraño que parezca, al verle, sentí alivio. Después de tanto tiempo podía contemplar otra vez su rostro… Pero supe que no tenía tiempo para la nostalgia ni el sentimentalismo, así que me sequé las pequeñas lágrimas rebeldes dejando el álbum y la mochila donde estaba para salir de casa en busca de Daisuke dejando una nota mencionando que regresaría tarde a casa.

Estaba cayendo el anochecer y aún continuaba sumergida en el interior del bosque de la periferia de la aldea llamando a mi hijo. El frío empezaba a pasarme factura y la humedad que caía me calaba los huesos a causa de la lluvia de los días anteriores…sólo esperaba que no estuviera enfermo, que hubiese encontrado algún refugio para protegerse del frío y se alimentase bien; todo aquello había sido culpa mía. Si se lo hubiera dicho antes…si no se lo hubiese ocultado habría acudido a mí en busca de respuestas y no escogido el exilio mientras las sombras lo engullían en una soledad insana.

―¡Daisuke!

Nuevamente grité su nombre sin obtener contestación y dudaba que se dignase a hablarme. Probablemente no confiaría en mí ni en nadie. Regresaría a encerrarse en ese duro y grueso caparazón en su interior.

De repente, escuché un ruido, y me giré hacia el origen sin hallar nada mientras observaba alrededor esperando ver la figura de Daisuke, pero no había nadie, tan sólo un charco de agua…muy uniforme estando en una base inclinada. Un fenómeno extraño que no pasé inadvertido aun continuando en mi camino sacando disimuladamente un kunai de la manga del abrigo manteniéndome alerta cuando sentí su presencia justo detrás de mí y le coloqué la hoja contra el cuello en un rápido movimiento, sin embargo, el tipo de pelo blanquiazul me apuntó a la sien con su dedo índice mostrando una sonrisa que dejaba a la vista un colmillo afilado.

―¿Por qué no bajas esa cosa puntiaguda y yo no te vuelo la cabeza? Me meteré en un lío si lo hago.

¿De qué me sonaba ese tipo…? Me resultaba extrañamente familiar.

―Eres un shinobi de Kirigakure, ¿qué haces aquí?

―"Era" estaría mejor dicho, y yo ni siquiera quería asomar las narices por aquí, pero ese maldito de Sasuke me ha obligado a venir para buscarte con lo bien que estaba yo en…

Abrí desmesuradamente los ojos y bajé el arma agarrándolo del cuello de la ropa para su sorpresa acercándolo a mí. Ya lo recordaba, era uno de los miembros del antiguo equipo Taka de Sasuke, Hozuki Suigetsu.

―¿Has dicho Sasuke?

―E-eh…sí, nos está esperando para que nos reunamos con él en…―Hizo una mueca al ver mi expresión crispada―. T-te llevaré…hasta él.

―¡Camina!―. Rugí en voz baja liberándole arrojándolo hacia delante para que me guiase.

―¡Sí, señora!

Le oí farfullar por lo bajo cosas para sí mismo que claramente le producían pavor y escalofríos mientras cruzábamos el bosque, pero yo sólo tenía un pensamiento en la cabeza, que me reuniría con Sasuke después de tanto y la sensación de rabia junto a la de frustración me invadieron cuando salimos a un claro bastante extenso cubierto por el cielo nocturno y divisé cerca de un gran árbol una hoguera donde se ubicaba una silueta sentada que se incorporó nada más vernos aparecer y a la que reconocí de inmediato. Aparté a Suigetsu de un empujón adelantándome para acortar distancias con él sin esperarse por un instante que le cruzaría la cara de un guantazo que hizo que me doliera la mano notándola entumecida. La sorpresa de su compañero de equipo se manifestó de un modo extraño. No estaba segura si era miedo o quería estallar en carcajadas, pero también temía eso. El caso es que tenía a Sasuke frente a mi iluminado por el fuego de la fogata con la cara girada a la izquierda, la mejilla contraria irritada a causa del fuerte golpe mientras yo no lo perdía de vista con la respiración jadeante y la sangre hirviéndome por momentos.

―Sakura…

Pronunció mi nombre cómo si lo que había ocurrido hacía unos segundos no hubiese sucedido que mi cuerpo se movió casi por sí mismo para golpearle el otro lado del rostro y fue cuando Suigetsu no lo soportó más y sus carcajadas emergieron escandalosamente hasta que Sasuke le dedicó una mirada afilada al igual que fulminante haciendo que éste se callara y se alejara un poco.

―Diez meses…―Mascullé entre dientes con las manos temblorosas cerradas en puños captando de nuevo su atención― Diez meses sin saber absolutamente nada de ti y ahora te presentas aquí, mandándome a unos de tus matones para que me haga volar la cabeza trayéndome hasta la punta de Konoha, ―Me percaté que entrecerró los ojos y buscó de soslayo a su compañero que se apartó más de donde estábamos―, ¡¿y sólo eres capaz de decir "Sakura"?! ¡¿Te haces una idea por lo que he tenido que…?! ¡Ah!―Quise asestarle otro golpe, esa vez con el puño, pero me lo impidió sosteniéndome por la muñeca con firmeza―. ¡¿Qué vas a saber tú si tan sólo eres un maldito cretino que me usó y tiró sin más?!

―Basta―Me cortó tajante con ese tono grave e intimidatorio que recordaba― Sé que merezco que me golpees o más, por cómo estás, y que me digas cada una de las cosas por las que estás molesta conmigo― Liberó mi brazo mientras hablaba sin quitarme su opaca mirada de encima―, pero ahora no tenemos tiempo para eso.

Fruncí aún más el entrecejo con expresión confundida y oí los pasos de Suigetsu aproximarse caminando distraídamente con las manos tras la cabeza observando en dirección por donde anteriormente habíamos venido.

―Les está tomando más tiempo del necesario.

―¿De qué está hablando, Sasuke…?―. Una repentina sensación de vértigo se apoderó de la boca de mi estómago pensando en que podría estar planeando algo en contra de la villa.

―Jugo y Karin han ido a buscar a los niños. Se suponía que tú debías estar con ellos…

―N-no me mires así, Sasuke; la he encontrado cerca de aquí, por eso me he separado de esos dos.

―¿Por qué tienen que buscar a los niños? ¿Qué estás tramando, Sasuke?

No quise ni pensar en que las sospechas de Shikamaru eran verdaderamente ciertas, pero ese pensamiento surgió de inmediato dado los acontecimientos… Sasuke, en cambio, volvió a posar su atención en mí y me lo dejó bien claro:

―Los voy a sacar de aquí.

Mi corazón dio un vuelco cuando pronunció aquellas palabras…tardías…pero igualmente reconfortantes cómo en tantos de mis sueños.

―¡Aquí están!

De la nada aparecieron dos personas frente a nosotros visiblemente heridas. Conocía sus rostros al ser también miembros del equipo Taka y, la chica de cabellos rojizos con gafas tuve que atenderla una vez tras una herida casi mortal de Sasuke. El otro alto, robusto y de pelo alborotado suponía que sería Jugo.

―¡Hay que irse de aquí!

―Tiene razón, Sasuke. Parecía que nos estaban esperando―Entre él y Suigetsu sostuvieron a Karin por debajo de los brazos. ¿Aguardaban por ellos…?―. No había nadie en la casa hasta que entramos y se nos echaron encima.

Nunca me quitaron la vigilancia…

―¿Y los niños?

―¡Ya te hemos dicho que no había nadie! ¡Ahora tenemos cosas peores por las que preocuparnos, nos han seguido y hay que irse! ¡El Jinchuriki del Kyubi viene hacia aquí a toda prisa!

―Naruto…

A causa del modo en que pronunció su nombre y el paso que dio hacia delante desperté aferrándolo de la muñeca para detenerlo.

―Escúchalos y vete. Aquí no encontrarás lo que buscas…―Me miró de reojo ceñudo. A la luz del fuego parecía estar tan perdido y confundido…que mis cimientos contra él se tambalearon fácilmente y no me quedó más remedio que huir de sus ojos apoyando la frente contra la parte posterior de su hombro― Los niños están aquí, pero…has llegado tarde…muy tarde, Sasuke― Comencé a temblar de pies a cabeza conteniendo unas lágrimas que se negaron a permanecer en su lugar―. Sora piensa que no la quieres y que por ese motivo la abandonaste…ha intentado olvidarse de ti, Takara te detesta y Daisuke…él… Sabe la verdad; ninguno de ellos quiere saber de ti, Sasuke.

No dijo nada por unos breves segundos hasta que rompió el silencio:

―Siguen siendo mis hijos―Concluyó en rotundo― Jugo, Suigetsu, lleven a Karin al escondite mediante Aoda, yo los cubro―Se dio media vuelta para sostenerme del mentón y alzarme la cabeza mirándome directamente―. Tú te vas con ellos.

―¿No has oído lo que te he dicho…?

―Perfectamente―Se zafó de mi agarre para alejarse de nosotros cuatro e invocó a su gran serpiente que hizo acto de presencia dirigiéndose a ella―: Ya sabes lo que tienes que hacer.

Ésta asintió y de inmediato los tres miembros del grupo saltaron sobre su cabeza, pero algo aceleró los planes de Sasuke quien dio la orden de que se marchasen sin mí y un segundo más tarde estuvo junto a mí ahogando un grito de sorpresa cuando me cogió entre sus brazos desapareciendo en otra dirección por donde el resto se marchó a modo de distracción, escondiéndonos entre los árboles que le servían para desplazarse a gran velocidad.

―¿Dónde esconden a los niños?

―No lo sé, ni si quiera era consciente de que aún me tenían vigilada…―Musité apartando pensamientos negativos que intentaban emerger en mi cabeza, como por ejemplo, que mis propios amigos en quienes deposité mi confianza me habían estado mintiendo―. De todas formas, Daisuke hace dos semanas que no aparece por casa y Takara sólo de vez en cuando para cenar o se va directamente a la cama desde hace unos días.

―¿Por qué?

Ambos nos observamos de reojo por unos momentos en los que desee que hubiera hecho aquello mucho antes, que hubiese dado alguna señal de que le importábamos y quizás las cosas podrían haber sido muy distintas para nuestros hijos, porque, en lo referente a mi yo seguiría siendo una prisionera allá donde fuese... Lo fui de él y todos aquellos meses de Konoha.

En un instante percibí por el rabillo del ojo un destello dorado que me arrancó de los brazos de Sasuke sosteniéndome en una gran mano parecida a una zarpa y tiró de mí en tanto se oyó una explosión arrasando esa área del bosque.

―Te tengo.

La voz de Naruto hizo que observase su rostro por unos de los ojos a medio abrir protegiéndome con los brazos sintiendo que caíamos suavemente al suelo mientras me mantenía sujeta. Estaba aturdida. Todo había pasado muy rápido y había perdido de vista a Sasuke.

―Ponte detrás de mí. El resto no tardará en llegar…―Colocó un brazo delante de mí fijando la vista en un punto de aquella humareda donde me percaté de la silueta que se formó en su interior y salía de ella. Estaba bien―. ¡Debería haberte dado más fuerte! Mala hierba nunca muere, Sasuke.

―¡Mmph! Podría decir lo mismo de ti, Naruto. Ha sido un buen recibimiento de tu parte, pero esto no te concierne, así que hazte a un lado.

―Esto tiene mucho que ver conmigo, ¡no volverás a apartarla de mi lado después de lo que le hiciste! Siempre te he considerado mi mejor amigo pero no te perdonaré nunca el daño que le has causado a Sakura ¡No le pondrás ni un solo dedo encima!― Rugió centelleando con un aura amarilla gracias a los poderes que le proporcionaba el Kyubi―. Habrá que ponerse las pilas, Kurama.

Le eché un vistazo a Sasuke y tenía activado tanto su Sharingan como el Chidori en su mano izquierda atisbando en su expresión lo que Naruto quiso decir con aquellas palabras. Intenté zafarme de su agarre para su total desconcierto y me puse frente a él, justo entre ambos.

―Deja que se vaya―Sus ojos se abrieron de par en par y el chirrido de rayos disminuyó hasta desaparecer tras mi espalda enmudeciendo el lugar salvo por mi voz―. Si lo haces…prometo estar contigo. Me casaré contigo si es lo que quieres…

―¡¿Qué diablos estás diciendo?!

―¡Cállate, Sasuke!―Grité con voz rota. Estaba intentando volver a salvarle la vida tropezando de nuevo con la misma piedra. Entraría en el record de la idiotez humana―.Te prometí una respuesta después de estos dos meses, ¿recuerdas? Así que…aquí la tienes.

Unas gotas de lluvia empezaron a caer poco a poco hasta aumentar su intensidad, y su chakra dorado se evaporó cómo si el agua apagase aquella llama que emanaba de él y me observó atentamente con los ojos llenos de tristeza. En ese momento el grupo de refuerzo entró en escena quedándose a escasos metros tras la espalda de Naruto que les hizo una señal para que no interfirieran.

―Si aceptase esa respuesta estaría traicionándome a mí mismo y a la promesa que te hice de hacerte feliz. Nunca haré nada en contra de tu voluntad…

―¿No me estás escuchando? Te estoy diciendo que me casaré contigo.

―¡Sólo para salvarle! Le sigues queriendo y harías lo que fuera para mantenerlo a salvo aunque ello significase tu infelicidad.

―¿Y qué?―Eché un breve vistazo de reojo por encima de mi hombro―Nunca le he importado, y mi vida no cambiaría de todos modos, ―Posé de nuevo los ojos directamente sobre los suyos azules―tú también me has hecho vivir en una mentira aprovechando tu enamoramiento para mantenerme vigilada en secreto como cebo. ¡No te atrevas a negarlo!―Añadí al ver que abría la boca para replicar y lancé una mirada enfurecida hacia las figuras de Shikamaru y Kakashi-sensei―. Más vale que mis hijos estén sanos y salvos.

―Lo están, te lo aseguro, pero…

El ruido del Chidori cortó el aire y todos nos giramos para ver a Sasuke que estaba inmóvil en su lugar, salvo que en lugar de mirarnos a nosotros alzó la cabeza al cielo preparándose para contrarrestar un ataque directo con rapidez. Naruto actuó inmediatamente y me apartó del alcance de la colisión entre ambos jutsus protegiéndome con su propio cuerpo cuando estalló en un mar de chirridos dejando un haz de luz blanca cómo un relámpago que había caído estruendosamente. Me removí entre los brazos de Naruto cuando pasó el gran estallido y sentí mi corazón detenerse súbitamente al observar a Daisuke frente a frente con Sasuke.

No pude creerlo cuando sentí su chakra y mucho menos tenerlo delante de mí a tan poca distancia después de largo tiempo. Su figura ya no me imponía como lo hacía antes, sino todo lo contrario, me asqueaba, pero todo había que decirlo: me había ahorrado las molestias de ir en su busca. Había reaccionado tal cómo predije a mi primer golpe. Él tampoco perdió el tiempo en aquellos meses pero yo contaba con el factor sorpresa.

―¡Daisuke!

Oí el grito de mi madre llamándome después de días sin verla. La observé por encima del hombro en manos de Naruto y detrás de ellos estaban los demás que la mantenían vigilada constantemente cómo a una criminal. Endurecí la mandíbula y los vellos de mi nuca se erizaron por la electricidad que mi propio cuerpo emanaba concentrándose en mi brazo derecho.

―Naruto, no dejes que Sakura se acerque bajo ningún concepto. Aléjense de aquí cuanto antes.

Rápidamente me abalancé sobre él asestándole varios golpes que logró esquivar y protegerse haciéndolo retroceder.

―¿Qué pasa? Estamos la familia reunida de nuevo, "papá", ¿eso te molesta?―Agité mis manos y de éstas salieron dos extensiones del Chidori dándoles la forma de espadas dobles―. Tranquilo, me haré cargo de que eso desaparezca cuando te mate lenta y dolorosamente.

―¡Ya basta, Daisuke, por favor! ¡Te lo contaré todo pero deja de hacer esto!

―¡Mmph! ¿Qué vas a contarme que ya no sepa?―Lo apunté con la diestra deseando atravesarlo con ella―¿Qué te mantuvo prisionera durante doce años? ¿Que fui fruto de las violaciones de este hombre que me mintió para que siguieras estando cautiva? ¡Mentiras tras mentiras me hizo creer que nuestra familia era lo más importante y teníamos que protegerla! Y tú fuiste el primero que salió huyendo…―Todos aquellos se acumularon dentro de mi cabeza cómo dagas incrementando aún más el dolor y el odio que sentía hacia la persona que tenía delante de mí que no mostraba expresión alguna―. ¡No te importó lo que nos pasase mientras te salvabas el pescuezo! ¡Usaste a mi madre como te vino en gana para tú propio beneficio igual que hiciste conmigo! ¡Todo lo que me enseñaste no era más que una farsa!

―Sigues siendo el mismo niño mimado y llorón de siempre.

Toda mi rabia se desató entonces y activé por mí mismo el Mangekyou Sharingan que había estado desarrollando tras aquellas semanas de aislamiento confinado en los bosques a la espera de aquel momento.

―¡Te mataré!

Tras aquel bramido desatamos una lucha en la que yo iba a por él con todo lo que tenía mientras que mí padre, por el contrario, se defendía y trataba de apartarnos del grupo ante las dimensiones que transcurrían a lo largo de la batalla porque estaba totalmente cegado. Mi visión había alcanzado un túnel en el que sólo nos hallábamos él y yo, sin importar lo que se encontrase alrededor nuestra. Podría decirse que me sentí poderoso cuando creía que estaba a su altura y lo tenía arrinconado; poseía el Mangekyou Sharingan, mis habilidades en el taijutsu, ninjutsu y genjutsu habían incrementado considerablemente, aunque aún me faltaba por perfeccionar el Susanoo siendo el esqueleto de un color gris lo único que podía invocar de él sabiendo que el morado de mi padre se manifestaría completo si quisiera, pero aun así no me eché atrás. Continúe azotándole con cada ataque en venganza por lo que me hizo sufrir a mí, a mi madre y mis hermanos. Sólo éramos desechos para él de usar y tirar. ¿Cómo pudo ser capaz…? ¿Por qué no me di cuenta antes de que mentía? ¡Todo nuestro sufrimiento era por culpa suya!

Algo, pequeño y borroso, entró repentinamente en mi campo de visión girando sobre sí a cámara lenta sin que pudiera distinguirlo bien, aunque, tras enfocarlo y verlo con claridad después de unos microsegundos mientras caía en picado con la intención de perforarle el pecho a mi padre mediante un Chidori punzante observé que aquel objeto era uno de los bloques con los que jugaba de pequeño con forma rectangular alargada y, tras esa figura, se hallaba mí madre con los ojos llenos de lágrimas interponiéndose entre mí padre y yo.

―¡Mamá!

No conseguí reaccionar a tiempo ni tampoco parar por mí mismo cuando cerré los ojos sintiendo el irremediable impacto, prosiguiendo a oír el peso inerte de su cuerpo caer mientras la sangre, las gotas de lluvia y las lágrimas rodaban por mis mejillas y un grito desgarrador surgió desde mi garganta por lo que había hecho.

―Daisuke.

La voz de mi padre me llamó y no me atreví a abrir los ojos para encontrarme de cara con el horror que causé, pero, mi brazo emitió un crujido escalofriante que provocó que elevara los ojos al cielo donde mandé un aullido de dolor tras partirme el brazo en varias partes.

―Observa a qué punto has llegado con esta situación.

Tembloroso, con los dientes apretados soportando el dolor y con la respiración jadeante enfoqué mi visión nublada sobre él, quien estaba de pie rodeado por el aura violácea de la caja torácica de su Susanoo que tenía mi brazo aferrado en su mano enorme a pocos centímetros del corazón de mi madre, y vi el agujero en su ropa con minúsculas gotas de sangre de un pequeño corte superficial; había perdido la consciencia mientras mi padre la sostenía observándome con ojos severos.

―Casi consigues matar a tú madre.

Me empujó haciéndome rodar por el suelo embarrado sollozando del dolor y el miedo que acababa de experimentar al creer que había asesinado a mi madre con mis propias manos, pero estaba bien, no le había pasado nada él…la protegió. La salvó de mí…Sin fuerzas mí cuerpo se detuvo a varios metros de distancia separándome de ellos y de la pieza triangular que había salido disparada de mi bolsillo y que tanto atesoraba. Mi padre pareció percatarse de ello cuando se aproximó a recogerla y avanzó hacia mí sin soltar a mi madre; no supe si quería moverme y no podía o simplemente no quería hacerlo, pero el caso es, que me quedé allí malherido, exhausto, viendo cómo mi padre hincaba una rodilla para depositar la figura de madera frente a mis ojos.

―Si sufres buscando respuestas tú eres quien las tiene, ―Encima de la mía colocó la rectangular manchada de lodo cómo la triangular, apilándolas una sobre otra. Suponía que era de mi madre… Guardaba todo cuanto para ella era importante. Incluso fabricó aquel álbum por iniciativa propia y que yo me encargaba de guardar― yo mismo te las di, Daisuke, recuérdalo―. Rebuscó entre sus ropas y posicionó otra pieza más cómo la de mi madre arriba del todo, unidas. Mi vista se vio nublada por nuevas lágrimas y un nudo me estranguló la garganta… Nunca imaginé que la conservase ni que se acordase de ella, y en cambio, ahí estaba; la había estado guardando todo el tiempo en secreto.

―P-pa…pá…

Noté su cálida y sedosa caricia limpiarme los restos de lágrimas y sangre con el pulgar mientras movía mi cabeza para toparme de frente con su Mangekyou Sharingan cayendo en su genjutsu del que no pude liberarme al acabar con mis depósitos de chakra, y poco a poco, fui perdiendo la consciencia entre un mar de imágenes en las que destacaba un gran cerezo en flor con sus ramas murmurando por una suave brisa bajo un claro cielo en un jardín que conocía a la perfección, y detrás, en el porche, se asomaba una silueta oculta en las sombras susurrándome.

"«Vuelve a casa»."

...

Eh aquí la parte 2 del capitulo 18.

Contestando algunas preguntas, se supone que esto es un sasusaku, así que la historia finalizara siendo eso, aunque no prometo que tan feliz culminará esta crónica. Así mismo trataré de describir un poco más sobre escenas de pelea, porque si les soy sincera soy pésima para eso ya que lo mio es el drama no la acción; también les comento que he estado leyendo sus comentarios de como les gustaría continuar con la trama y eh tomado cada uno de ellos en cuenta para seguir con una historia más completa (Se les agradece mucho sus ideas y opiniones) y por último y no menos importante, Sasuke tomará un papel muy activo ya que se describirá su historia desde su punto de vista (en primera persona) desde el primer encuentro con Sakura, su relación con Daisuke y los otros dos niños y un toque de confrontación con Naruto.

Una advertencia que deben tomar en cuenta es que, Naruro en la historia original se da a entender que ya no esta nada interesado en el regreso de Sasuke ni en su amistad pasada, en mi seguimiento esto cambiará bastante bajo mi propia perspectiva, sin salirme de la linea que conlleva la historia original.

Sin más que agregar, nos leemos pronto...