Nota: Um, es como una especie de continuación al capítulo 30 del manga. De antemano, disculpas por el fuera de personaje y... pues Saeko y Takashi son la OTP.


Si bien luego de la aparición de Ellos significó el fin de una era y el comienzo de otra, además de una serie de cambios bruscos en las cosas que alguna vez conocieron y otras que de plano, desconocía.

Hay algo en lo que todos concuerdan aunque no lo digan abiertamente, incluida ella. Que es, que si esta epidemia mundial no hubiese ocurrido, nunca se hubiesen conocido o hablado como ahora; pues exceptuando a Alice y Zeke, ellos ya se habían visto en la escuela pero no había algo que les uniera o motivase a hablar con el otro.

Pues, Takashi y Rei ya tenían su grupo, Kohta y Takagi estaban en lo suyo también, ella tenía su Club de Kendo y Shizuka fungía como enfermera practicante. Y lo que los unió, fue el querer sobrevivir de Ellos sin contar que Takashi y Rei querían buscar a sus padres para cerciorarse de que estuviesen bien.

Y tras una serie de sucesos en el camino, se encontraron con la madre de Rei y llegando a la escuela primaria, se reunieron ahí con la madre de Takashi. Refugiándose junto a los demás sobrevivientes, como un "tiempo fuera". Lo que les vino bien, pues afuera la lluvia empezó a arreciar.

Y fue sólo en ese momento, que notó lo exhausta que se hallaba. Aunque no por ello, podía simplemente bajar la guardia; no con la tensión que había entre los adultos con respecto a la "Enfermedad Asesina".

O así fue como llamó el gobierno a lo que convertía a las personas en Ellos.

Sin poder evitarlo, sus pensamientos comenzaron a andar con el sonido de la lluvia de afuera sumado a ello el cansancio que estaba sintiendo.

Muchas cosas habían cambiado, y también, muchas situaciones desagradas y duras con ello. Desde el hecho de que el mundo que antes conocían, murió y desapareció hasta la más reciente que fue el sacrificio de aquella mujer policía, Asami; que era sólo una prueba de que, este mundo no era piadoso con nadie y que las buenas intenciones, únicamente te llevarían a la muerte.

Aunque ella, no podía considerarse a sí misma una "buena persona". No desde que ella mató –en defensa propia– y lo disfrutó; y el sólo hecho de que ahora el mundo se regía en matar o morir, su naturaleza sádica y sanguinaria crecía un poco más día con día. Y un día, simplemente, se desbordaría por completo.

Y mantener la fachada de alguien serena y madura…

– ¿Saeko?

Parpadeó, saliendo de sus cavilaciones para levantar la cabeza y mirar a Takashi. Quien al parecer, regresó de hablar con su madre y ponerla al tanto de las cosas.

– Dime, Takashi – le sonrió suavemente, dejando en segundo plano su reciente preocupación y temor. Aprovechando de paso que Miyamoto y los demás no estaban, pudiendo pasar a solas un momento.

Takashi se acercó y sentó a su lado, torciendo ligeramente la boca en lo que le pareció a ella, una mueca pensativa mientras miraba al frente. Cosa, que ella terminó haciendo también.

Sumiéndose unos minutos en silencio.

– ¿…Cómo te sientes, Saeko?

– Algo cansada, aunque todos realmente lo estamos… Pero, si te refieres a lo que pasó con Asami-san… Creo que fue una pena – su ceño se frunció ligeramente –. Aunque sigue preocupándome un poco Hirano-kun.

Pues aunque Shizuka le haya sacado de su pesimismo con esas palabras, aquello fue meramente un remedio temporal. Pues no había pasado mucho desde que esa tragedia pasó y también, la pérdida no era algo que se superara de la noche a la mañana.

Lo escuchó suspirar.

– Sí…

– Creí haberte algo sobre suspirar, Takashi – le recordó, picándole ligeramente la mejilla con el dedo índice, juguetona. Obteniendo una pequeña sonrisa apenada y una breve disculpa –… Te ves más tranquilo ahora que te reencontraste con tu mamá.

Takashi volvió a sonreír, mientras se rascaba la nuca –. Bueno, la verdad es que me alegro de volver a verla y saber que está bien… Tenía miedo de no encontrarla y, verla… Me tranquilizó bastante.

– La quieres mucho – señaló Saeko sonriendo ligeramente, dirigiendo su mirada a la ventana –. Son muy cercanos también.

Le había conmovido genuinamente ver cómo Takashi y su madre se habían abrazado, y el rostro aliviado de la señora Komuro. Sin contar las lágrimas que ambos soltaron tras saber que su ser querido estaba bien y con vida.

– ¿Y tú, Saeko? Uh… ¿No quieres a tu padre?

Querer…

–… Más que quererlo, lo respeto – su sonrisa se desvaneció, mientras su mente empezaba a divagar en recuerdos de un pasado ya inexistente –. En mi familia no somos muy dados al afecto o cercanos. Incluso me atrevo a decir, que el padre de Saya es más cariñoso que el mío… El respeto, te lo ganas dependiendo de tu habilidad con la espada y, de cuan digno seas – Saeko sonrió nuevamente, mirando a Takashi quien se había quedado en silencio –. Aun así, yo respeto a mi padre. No lo odio, así son las costumbres de la familia Busujima.

– Yo…

– No me molesta que me preguntes, Takashi. Así podemos conocernos mejor y también, significa que nos tenemos la suficiente confianza para contarnos las cosas.

– Oh sí, ya veo… Gracias – sonrió más tranquilo Takashi, acercándose un poquito más a Saeko –. Aunque todavía, quiero saber cómo te sientes Saeko… Te veías, un poco pensativa hace un momento, como si algo te preocupara.

No estaba muy acostumbrada a que alguien se preocupara por cómo se sentía o por su estado, y aunque era más habitual estar preocuparse por el estado del otro por estarse moviendo de un lado a otro y tener que enfrentarse a Ellos… A veces, a Saeko le resultaba un poco extraño ese tipo de atenciones.

Y últimamente, que fuese Takashi quien provocase esa extrañeza en esa…

– Yo… Sólo pensaba en… lo que pasaría algún día cuando, mi verdadero yo… se desbordara – cerró los ojos, apoyando su cabeza en la pared del cuarto –. Sé que me aseguraste que tomarías la responsabilidad pero… me da un poco de miedo, volverme insensible y en un ser con sed de sangre.

Para su sorpresa –o tal vez no–, Takashi la hizo recargar su cabeza en su hombro. Manteniendo su mano sobre sus cabellos.

– No dejaré que eso suceda. No te voy a dejar sola en esto, Saeko – recargó su cabeza sobre la suya, cerrando los ojos –. Aunque no sepamos qué pasará de aquí en adelante, yo estaré contigo. No lo dudes.

– Nunca lo haría, dudar de ti – respondió Busujima, cerrando nuevamente los ojos a la vez que buscaba estar más junta a Komuro. Sintiendo un pequeño calorcito en sus mejillas y en su pecho –. Confío en ti… Y yo también estaré contigo, Takashi.

En tu dolor, en tus alegrías, en tus silencios, en tus risas y sonrisas. Ahí estaré para ti.

No hubo más palabras en ese momento y tampoco la necesidad de romper el acogedor silencio que se había instado sobre ellos, únicamente interrumpido por la lluvia de afuera; los dos estaban cómodos al lado del otro, juntos.

Lentamente cayeron ante el sueño tanto por la comodidad como por el cansancio acumulado.

(Con la promesa de no dejarse solos, en un caótico mundo de muertos vivientes).