Si hubo algo que Takashi descubrió con dolor y resignación, además de que el mundo que conocía había desaparecido, fue que las promesas podían romperse. En cualquier momento.

Y la promesa que él y Rei se habían hecho cuando ambos eran infantes, sobre casarse. Se había roto por completo.

No sólo porque ella había comenzado una relación con Hisashi, quien también era su amigo. Sino por el simple hecho de que, a Rei, ya no la miraba con amor o añoranza; no iba a negar que ella había sido su primer amor y la chica que le gustó por tanto tiempo.

Pero, y aunque no quería comparar así como ella lo había hecho con él y Hisashi, si debía hacerlo entonces. Comparar su relación y tratos que había tenido entre Rei y Saeko, podía notar que era esta última quien mejor lo trataba de las dos; no lo cuestionaba, no lo insultaba o lo desestimaba, le brindaba apoyo y confianza además de que no le gritaba o reclamaba.

Fue tan natural y sin prisas que acabó fijando su atención en Saeko, que cuando se supo atraído por ella, lo aceptó.

Aceptó que Saeko le gustaba más allá de lo físico.

Aceptó que sus sentimientos por Rei habían acabado.

Aceptó sus nuevos sentimientos por Saeko.

Y aceptó también, que la promesa que le había hecho a Rei de niños, no iba a poder cumplirla.

Le dolió aceptar esto último, pero de no hacerlo, entonces se quedaría estancado y no iba a poder avanzar.

Por lo que, cuando se dio la oportunidad, terminó aclarando las cosas con Rei. Le dijo lo mucho que la había querido y le pidió disculpas por ser incapaz de cumplir con la promesa que le había hecho, aunque dudaba que ella recordara esto.

Por supuesto, Rei no aceptó el rechazo e incluso, lo abofeteó antes de irse de ahí. Y con amargura pensó que, en el pasado él la hubiese seguido. Pero ahora, simplemente se quedó ahí, viéndola marcharse.

Y él, se sintió libre.

Libre de suspirar, sonreír ligeramente y darse la media vuelta para marcharse de ahí también. Si bien Rei estaba en todo su derecho (o tal vez no) de sentirse así, despechada; él no iba a mortificarse por eso, todavía la apreciaba como a una amiga y reconocía la importancia que tuvo en su vida.

Pero sólo eso.

Takashi Komuro había roto una promesa que fue como un yugo, y ahora, simplemente se lo estaba quitando para ser libre. Teniendo el derecho de relajarse –aunque fuese por un instante– y también, de volver a enamorarse.

O esa fue su conclusión al toparse con Saeko y sonreírle.

(Pues aunque las antiguas promesas pudieran romperse, nuevas promesas podían hacerse en el mundo que siempre cambiaba).