Algunas preguntas


—Necesito algunas respuestas —pidió Urie.

No sabía si ella hablaría...como un humano. O si el tiempo con los Tsukiyama la habría cambiado mucho.

Era su culpa, por supuesto. Él no fue lo bastante rápido ni fuerte. Haise se lo dijo antes de marcharse.

Shirazu trató de animarlo. Pero...

—Lo que quieras, Urie. Lo que sea necesario —le sonrió Tooru y se pareció un poco a como era en la Casa.

Casa. Urie odiaba vivir con ellos, con Mutsuki y Haise, pero cuando una fue abducida y el otro se marchó, cayó en desespero.

De no ser por Saiko y Shirazu...

—¿Qué pasó? Luego de que te llevaran.

Tooru miró al suelo, hizo una mueca, se encogió de hombros.

—Nada, realmente. Estaba drogada todo el tiempo. Me llevaron con él, el hijo del patrón. Me tuvo una o dos veces y luego se cansó de mí. Me mordía, me hacía sangrar, pero nunca me mataba. Como me consideraba un regalo muy caro y bueno, fui dada a uno de sus sirvientes para que lo colmara con hijos.

"Kanae Von Rosewald era estéril y no tenía ningún gusto de mí, ni siquiera como alimento. Me mordía todos los días para que yo aceptara mi destino, pero solo me violaba con jeringas cargadas de semen. Al final, me embaracé.

"Tuve un hijo al que no conocí, uno que se convirtió en su heredero o eso me fue dicho. Para entonces, estuve encadenada todo el tiempo. Mi segundo niño fue tomado de mí también, para las cocinas de los Tsukiyama, una ofrenda. No supe nada más de ellos.

—Yo...fue muy difícil ubicar a dónde te habían llevado. Por eso...—un nudo se le hizo en la garganta a Urie. El odio hacia Sassan se avivó.

—Lo sé. Pero no es eso lo que querías preguntar, ¿verdad? No solo eso. Esperas las pruebas pero...

Urie se armó de valor. A penas y había reconocido a Tooru al arrestarla en la mansión, con un vestido de diseño apretado, los cabellos largos y el rostro parco, resignado.

—¿Puedes comer...normal?

Tooru soltó una carcajada seca y triste. Sacudió la cabeza. Se veía dura y cansada pero aún hermosa a través del vidrio, la camisa de fuerza acentuaba su aura trágica.

—¿Y tú? Sacarme no fue fácil. No para un humano. Ni siquiera Quinx.

Urie apretó los puños. Se puso de pie, taciturno. Era hora de terminar el interrogatorio. Tenía suficientes problemas con ocuparse de su nueva alimentación y estigma.