Disclaimer: Salve J.K. Rowling y su pottérico mundo.


Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro

"La Noble y Ancestral Casa de los Black".


Título dado: Descabellada idea.


II

Descabellada idea


"Verás, existe una laguna jurídica... siempre y cuando él no utilice el coche para volar. El hecho de que el coche pueda volar no constituye en sí...

-¡Señor Weasley ya se encargó personalmente de que existiera una laguna jurídica cuando usted redactó esa ley!-gritó la señora Weasley. ¡Sólo para poder seguir jugando con todos esos cachivaches muggles que tienes en el cobertizo! "


Mira Molly, mira.

La señora Weasley que lucía la curva de su quinto embarazo aunque llevar a Fred y George debió contar doble caminaba pausadamente entre los puestos de bazar en el mercado de High Street en Honiton, Devon. A un par de pueblos de su ansiada Madriguera, no le hacía gracia haber dejado por primera vez solos en casa a los gemelos encargados a sus hermanos mayores.

Si bien podía confiar en el buen juicio de Bill y el intachable comportamiento de Percy aún quedaba Charlie que aunque con sentido común, se las arreglaba para cabrearla y la responsabilidad de hacerse cargo del par de hiperactivos gemelos no le hacía ningún favor a sus hormonas.

Mira Molly, mira. Ella ya tenía bastante con el extasiado hombre frente a ella que no dejaba de sacarle fotos a cuanta cosa viera en el mundo muggle.

Sigo pensando que esa cámara no le hace un favor a nadie.

Fue un regalo, amor.

La tímida y genuina sonrisa de Arthur le permitió relajarse. Si bien los amigos a quiénes habían ido a visitar tuvieron el gesto con su esposo, algo le decía que no tardaría mucho en verse rodeada de más cacharros muggles que terminarían estropeándose con la magia y por lo tanto supondría un gasto innecesario de dinero que bien sabía, necesitaban.

Colocó una mano sobre su vientre mientras se paseaba observando algunos utensilios de cocina.

En realidad debía admitir que no sabía con exactitud cuál era la función de la mayoría pero sí podía asegurar que ni cien cachivaches muggles podrían equipararse con un elfo doméstico. Mismo que a ella le gustaría tener.

Se encontró tan sumida en sus pensamientos que no fue consciente de que los "Mira Molly, mira" habían cesado hace ya un tiempo.

Volteó a la derecha y a la izquierda a diestra y siniestra y no podía encontrar al señor Weasley por ningún lado.

Sería capaz de atravesar el país en caravana sí le prometiesen algún disparate como esa tevlevisión.

Sus tobillos estaban hinchados, había comenzado a sofocarse y cómo hubiese desperdiciado dinero iba a cantarle las cuarenta en cuanto lo encontrara.

Arthur le tendía la mano a un joven que visto de espaldas le recordaba a su propio hijo Charlie a excepción del tono rubio opaco de su cabello y la motocicleta en la que se montó al despedirse.

¿Qué pretende que hace señor Weasley?

¡Cariño!

Nada de cariño. ¿Qué has comprado ahora? ¿Cuánto has gastado?

¿Cómo dices?

Molly Weasley se colocó en su autoritaria y reconocida pose poniendo los brazos en jarras librando el vientre de sus manos. Se le subió un poco el suéter mientras lo hacía.

Arthur le dirigió una sonrisa bonachona mientras le pedía que cerrara los ojos y se dejase guiar.

De ninguna manera.

¡Ta-da! —. Movió sus palmas al mismo tiempo que se contenía de chillar de alegría.

Molly dirigió la vista hacia un muy oxidado Ford Anglia del 59 según había explicado su esposo. Parecía que le volvían las náuseas características de los primeros meses.

¡Y al precio de una ganga!

¿Cuánto es exactamente una ganga?

Le costó un poco desprenderse pero al final se ha marchado muy contento.

Por que será.

No confíes en nada que piense si no ves donde tiene el cerebro.

Limpió con la manga de su chaqueta uno de los torcidos espejos y pronto le quedó en la mano.

Molly no tardó en bufar con exasperación al respecto.

Lo arreglaré.

Y cómo es si se me permite preguntar ¿Qué piensas llevarlo a casa?

Tengo mis métodos cariño, tengo mis métodos.

Cómo gastes una sola libra más en eso. Señaló una vez más en dirección al auto.

No habrá ciento cincuenta libras mejor invertidas.

Hizo números mentalmente.

Cómo la cuenta en San Mungo.

El semblante del hombre decayó un poco y Molly se replanteó el comentario. Ciertamente la llegada de la criatura no sería gratuita y aún si lo daba a luz en casa aún habría cuentas esperando por ellos. Arthur trabajaba tan duro.

Será mejor que no tengas ideas descabelladas con ese auto, Arthur.

Rápidamente levantó el ánimo.

Te aseguro que solamente pretendo averiguar cómo funciona.

Y vaya que lo averiguó.

Una historia muy diferente fue lo que encontró el matrimonio Weasley al regresar a su hogar después de los cuestionables métodos de Arthur para movilizar su nuevo juguete hasta el cobertizo de La Madriguera.


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