Debería estar prohibido sentirse tan aburrido. Tiene todo lo que pueda necesitar: Buena casa, buen empleo, gente decente en su entorno, lugar agradable para residir y hace lo que le gusta, pero maldita sea todo es tan jodidamente ABURRIDO. Le cuesta creer que sea posible tal cosa. Que el tiempo parezca no transcurrir y haya tanta paz. Algunos dicen que no debería quejarse. Que podría haber una desgracia.

El tema es que Alastor prefiere esa desgracia ocurriendo. Vivirla, verla y luego narrarla para revivirla a placer. Siendo alguien tan maniático, su ansia de perfección solo lo vuelve aún más inconforme con la vida pacífica que guarda. Una que trata de quebrar por algún lado en su actividad extracurricular: Ir matando a vecinos, turistas o lo que sea que vengan a New Orleans. Algunos pasean a sus perros, otros buscan pareja, aprenden un nuevo idioma, estudian alguna carrera

Él decidió matar.

Sin preocuparse de lo retorcido que es, lo malo que es y lo exagerado que es. No le importa una puta mierda. Lo único mínimamente divertido de su día acaba siendo cuando debe contar la trágica noticia en la radio.

"Un lamentable accidente ocurrió durante la noche, se encuentra bajo investigación policíaca. La querida vecina y compañera Anette Birkin fue hallada muerta a las afueras del pueblo. Desconocemos aún quien pudo ser su asesino, pero se sospecha que es el mismo que ha estado hostigando New Orleans este tiempo. Su cadáver fue trasladado a la sede de la policía para un examen forense, hallando se en un estado miserable y lamentable para cualquiera que lo viera."

Algún que otro detalle suelto no sospechoso sobre el cuerpo, generándole una expectativa de emoción y adrenalina. Nadie se imagina que es él, pero ¿Y si sospechan? ¿Se volvería gato y ratón? Lo más claro que quiere un asesino, es ser descubierto. No obstante, lleva años en lo mismo y nadie nota nada. La gente es profundamente estúpida. De otro modo, no hay forma de explicarlo.

Se aburre.

Se aburre.

¡QUE ABURRIMIENTO!

— ¿Y esto que es mi estimada ayudante? —La mujer ríe por la nariz. Es imposible no hallar encantador el trato de Alastor. Sin poder dar cuenta de que en el fondo aún con ello es retorcido como nadie. Alastor lee el papel sin hallar sentido a porque decirlo en la transmisión de hoy.

No es nada sobre su asesinato reciente. Un milagro, otro suceso.

—Muchos andan hablando del tema. Consideré buena idea incluirlo. —Opina con deje nervioso, pies ciertamente no es lo más normal.

—Me suena a una enorme ridiculez. —Ella siente dolor en las mejillas por la enorme sonrisa de Alastor. Tan enorme y característica que es inigualable.

— Suena tonto, lo sé, pero mencionarlo para que luego se olvidé no es mala idea.

Claro. Dicen que Alastor tiene la capacidad de relajar a todo el mundo importando poco o nada que tan mala sea la noticia. En el peor de los casos, genera una enorme ola de incertidumbre. Paso las primeras ocasiones con los asesinatos. Luego perdió el encanto.

—Mencionar que han estado haciendo rituales con fin de traer demonios a este mundo ¡Ridículo querida! —exclama de nuevo, levantando los brazos con el papel en su mano—. Esta es la clase de tonterías que cubren en los horóscopos.

—Tal vez sea más interesante si tu lo hablas ¿No te parece? —Insiste y Alastor puede suponer que sucede realmente: Tiene miedo de que alguien cercano "invoque un demonio" y ella o su familia resulten afectados. Una estupidez.

Principalmente porque no va a aparecer ningún demonio sin importar los rituales que se hagan para conseguirlo. Quedando a su criterio si decirlo o no en la transmisión, lee todo lo que hay. Un listado de personas, sus testimonios y en su mayoría resultan incomprensibles para él.

Carece de interés sexual. Por ello que justifiquen que cualquiera en su lugar debe hacer lo mismo para un buen disfrute, se le hace tonto. Un sin sentido. Una perdida de tiempo. La droga que consumieron estas personas debió estar peor de lo normal si sucedió semejante desastre en sus mentes. Para algo tienen mano y dedos ¿¡por qué tan desesperados por un acompañante!?

—Demonio blanco, seis brazos, que tontería. —Concluye tirando el papel a la basura, encestando a la perfección antes de acomodar los auriculares y colocarse frente al micrófono. Su lugar se encuentra dividido para estar apartado de los que tocan instrumentos, invitados y demás.

No le gusta el contacto. Mientras más lejos de la gente y el tacto, mejor.


Va en su auto rojo en dirección a su casa, apoyado en la puerta con un severo ataque de aburrimiento, tan grave que ni siquiera está sonriendo. Faltan un par de calles para arribar a su vecindario. En el proceso da cuenta de su vecina nueva. Lleva apenas un mes en la casa contigua y es una tipa muy rara.

Lo que se define como satanista.

Vistiendo de negro de la manera más indiscreta posible, haciendo rituales con animales, velas, cantos extraños y demás indumentaria que hace a todos hablar de ella. La sonrisa surge sin poderlo evitar. Como tal, no es alguien que haga nada malo. Incluso trabaja –sorprendente que le den trabajo-, por lo que es imposible tacharla de parasita.

PERO.

Si es asesinada fatalmente ¿No sería entretenido lo que surja en consecuencia? Todos hablando con el rumor de que sus prácticas la mataron, que se mató a sí misma en un ataque de locura, que el asesino que anda suelto lo hizo. Miles y miles de posibilidades que le erizan la piel de satisfacción.

Quiere que suceda al menos una de ellas. Que dure una semana para no seguir bostezando a cada rato y consumir horas viendo el techo, rogando porque algo divertido surja. Una vez llega a casa saca de debajo de los tablones una caja de metal donde guarda herramientas. Martillos, cuchillos, cierras, etc. Todo está ensangrentado y un poco romo por su uso.

¿Cuántos van ya? ¿Dieciséis? ¿Veintiocho? Tal vez treinta y dos. Cierra todo y lo deja tan bien ordenado como lo encontró. Su modo de actuar no suele ser el acoso continuo. No va con él. Mucho menos fijar una presa con tiempo. Sin embargo, en el cambio está la diversión así que hoy toca la pequeña excepción.

Toma su abrigo negro con rojo, acomoda su camisa blanca, tirantes negros, cambia de zapatos a unos limpios y brillantes. Se mira en el espejo completo de la salida. Podrá ser un asesinato, pero hay que mantener la clase en todo momento. Sin importar la ocasión. Ahora toca esperar que no haya cambiado de lugar para hacer sus rituales extraños.


Se inclina, viendo dentro de la habitación en aquel edificio destruido. Principalmente por el tiempo. Antes fue un condominio, pero por problemas financieros quebró. Lo típico. Anda a paso lento, con la sonrisa amplia y ancha como se acostumbra a verlo. La chica tan peculiar está hasta el fondo de la habitación.

Hay un enorme círculo en el suelo, dibujado tan perfectamente que bien, se nota que usó regla para hacerlo. Acaba de escribir simbología y deja el libro a un lado, aclarándose la garganta sin notar a Alastor que anda cauteloso. A dos metros de la mujer que empieza a recitar en un dialecto desconocido y horrible.

En un descuido tonto de tropezar, se corta sin querer con el cuchillo en su mano, ella gira hacia él y Alastor levanta el cuchillo. Lo clava directo al cuello de la mujer. Lo que él es incapaz de dar cuenta es como la sangre que fluye de su mano –teniendo una circulación fatal-, cae hacia el pentagrama en una larga línea desde el exterior hasta lo interno.

Cae sobre ella, clavando el arma desde debajo de su mandíbula y que llegue hasta su cerebro. Blanquea los ojos, tosiendo y ahogándose en su propia sangre. Suelta una risilla, hundiendo la mano en el cuerpo que va a perder calor dentro de poco y un pozo de creciente sangre oscura.

—Ah~ Una buena noche. Lo siento por ti, compañera. —disculpa falsamente.

Sobresalta en su lugar, girando la cabeza ¿Por qué el círculo en el suelo está brillando? Para peor, hace un poco más de frío en el lugar. El brillo se vuelve tan fuerte que luce como un reflector y acompañado de humo rosa, hay una figura en pie a mitad de este. Pasados los segundos se disipa la niebla.

—Gracias por llamar—Sale una voz cantarina, masculina con tono afeminado—. Tiempo de negociación si pretendes llevar a cabo algo más elaborado. Mi tiempo es limitado para tontos... A menos que la tengan grande.

Cuando finalmente no hay nada el personaje queda a la vista. Queda en sus rodillas con los brazos colgando y gotas cayendo, preguntándose muy seriamente QUÉ pasa aquí, porque definitivamente no entiende nada. La criatura venida del círculo mira a los lados, llevándose una mano al abultado pecho con cara de asco.

—Que lugar tan horrible. Esto- ¡HAY RATAS AQUÍ! —chilla con un par de brazos en la cadera.

Y sigue, sigue, sigue ¿No se va a callar?

— ¡SANTA-MIERDA! ESTE LUGAR ESTA MÁS SUCIO DE LO QUE PIENSO ACEPTAR. UN ALMA NO VALE TANTO—El reclamo continúa con voz aguda—. ¡MÍNIMO CUATRO Y QUE SEAN LOS HOMBRES MÁS GUAPOS QUE HAYA VISTO EN MI MUERTE!

Alastor sonríe a falta de idea de que expresión poner ¿Qué se supone que es esa cosa? Estar asesinando a quien se mudó hace apenas un mes y que de un pentagrama surja un bicho blanco de quizá metro noventa, peludo por todo lado y cuatro manos no es precisamente la expectativa de noche que tenía. Pensó que sería ir, matar y volver a su casa tan tranquilo para otro día aburrido narrando en radio lo poco que sucede.

Apenas sazonado con la noticia de esta muerte con la esperanza de crear un mínimo pánico. Levanta de su sitio, retrocediendo un paso.

— ¡ESTÁ MUERTA! —Quejumbra señalando el cadáver a los pies de Alastor—. Espero que tengas una buenísima forma de pagarme porque de otro modo quien sigue en la lista de muerte eres tú. —advierte con las cejas fruncidas.

—Y tu... ¿Tú qué eres, mi afeminado compañero? —cuestiona con gesto tenso y la sangre en sus manos enfriándose. Por su voz es hombre, aunque el pecho lo confunde bastante. Es más del que ha visto en todas las mujeres que han circulado alguna vez alrededor.

—El demonio que invocaste—Cruza un par de brazos, con una mano en su rostro. Poco después la quita, hastiado—. Ya'kno, Angel Dust—Mueve la mano—. Sexo servidor... —Aun nada—. Vine porque me llamaste a falta de tener quien te chupe la verga. Deja de hacerte el imbécil que mi tiempo es valioso. —Concluye cruzando el otro par de brazos. Uno de sus colmillos sobresale. Más específicamente, el dorado.

—Yo no te llame.

Es lo único que atina a responder. Que justo lo que leyó temprano esté pasando es un pésimo chiste del universo.

— ¡Si lo hiciste! Bueno, a cualquier demonio, pero tuve que atender yo—Repone abriendo los brazos—. ¡Me llamaste y aquí estoy! Tu sangre cayó en el pentagrama.

Ladea la cabeza y mira su propia mano. Quién iba a decir que un corte por accidente haría tanto desastre. Para peor, el pentagrama en el suelo tiene el charco enorme que provoca el cadáver. Tanta mala suerte de que justo su sangre llegó antes. Angel Dust agita los brazos y abre los ojos, esperando que finalmente le diga algo.

— ¡Lamento la equivocación compañero! —exclama grandilocuente. Lo típico cuando habla en la radio. La diferencia es que no tiene la estática. Mejor actuar con naturalidad. No se ha mostrado hostil y ninguno lo ha descrito como tal—. ¡Esta desgraciada e infeliz lo hizo! ¡Sin embargo, fue mi sangre la que cayó! No es más que un error. —Se inclina un poco.

Ahora considerándose a sí mismo un bicho raro por hablar con semejante tranquilidad con un demonio. Pasado el primer taco de palabras, habla como si nada. Como si fuesen conocidos de toda la vida... ¿Y muerte?

—Oh, genial—Bufa con gesto desagradado, viendo a la muerta—. No sé si agradezco que se muriera—Quejumbra—. Mira, como sea. Pide algo, lo hago y me largo. Tengo que pagar una deuda y quedarme con una sola alma no va a saldarla. Anda anda, pide. —Indica con una sonrisa.

Angel Dust empieza a sentir incomodidad por esa sonrisa permanente en el rostro ligeramente moreno de aquel hombre. Tiene los ojos grandes y ambarinos, dientes alineados y cabellera pelirroja como el fuego. No luce viejo y es curiosamente carismático. Apoya más un pie, arreglando su cabello en la espera de una orden. Con su expresión demostrando lo tenso del momento ¿Desde cuándo en el mundo mortal yo no soy lo raro?

— Y ¿Qué puedes hacer mi afeminado compañero?

—Chupártela hasta dejarte seco. —responde con una sonrisa prepotente, curvando el cuerpo y siendo insinuante con su pecho.

— ¡JA! NO

— ¡ENTONCES QUÉ QUIERES QUE HAGA! —reclama con los ojos abiertos y una sonrisa tensa.

— Aparte de sexo ¿No tienes nada más?

Esto empieza a ser decepcionante.

—Esa mujer estaba desesperada o era muy estúpida para leer que si hace este exacto tipo de pentagrama llama demonios como yo, no del que hace brujería extraña o acosa mortales—explica. Alastor recoge el libro del suelo, ladea la cabeza. Hay muchas cosas aquí como para poder señalar algo en específico—. En fin: Oral, anal, pasivo, activo, con droga, sin droga, con juguetes, sin juguetes, amarres, correas, lociones...

Alastor da cuenta de que, en su enumeración, saca otro par de brazos. Ladea la cabeza. Parece una araña humanoide y blanca. En su mala maña de invadir espacio personal mete una mano en el pecho. Se hunde de inmediato, siendo solo pelo muy suave y esponjoso dando expectativa de senos. Angel Dust levanta las cejas con expresión aburrida y fastidiada.

— ¿Y bien?

—Nada.

— ¿Cómo que nada?

—No pediré nada de eso.

— ¿¡Por qué!?

— ¡Porque no me importa! —explica riendo y bajando las mangas de su camisa—. No me interesa eso. Hasta la próxima, compañero. —Recoge su abrigo del suelo.

— ¡Heyhey! Qué debes pedir algo o liberarme de mi obligación-

— No—Angel Dust chilla, pero apenas intenta tocarlo para zarandearlo, se ve impedido por la misma fuerza que lo trajo. Una que no lo permite matar, dañar o acciones desfavorables a su cliente sin siquiera haber dado el servicio—. ¡Pensaré en que hacer contigo!

— ¿Qué clase de bicho raro eres? —Acaba de preguntar con las manos en sus cinturas—. Si no quieres sexo, rompe la conexión. Nadie quiere a un demonio en espera. Yo no puedo estar en espera.

—Yo si quiero. —afirma limpiándose las manos y brazos.

— ¿¡Para qué!?

— ¡Porque estoy aburrido como un miserable! —Alastor levanta los brazos y Angel Dust frunce las cejas. A este tipo se le cayeron más de diez tuercas—. Cuando sepa que hacer, llamaré.

—Solo pide algo ya. No sé, si no quieres sexo tú sino ser mirón y jalártela solo dime que viole a alguien por ahí, que lo mate, solo pídelo. Necesito acabar esto y atender más.

—No. Estarás en espera.

Sin darle tiempo a réplica el pentagrama se ilumina y Angel Dust es succionado a este violentamente, a pesar de que trató de ir, aferrado con seis brazos al suelo. Finalmente el círculo lo traga y se borra casi totalmente. Alastor se inclina y toma un papel escrito con bolígrafos de colores, salido del pelaje frontal de Angel Dust. La letra principalmente rosa. Se trata de una cuenta con demasiados números. Las matemáticas no son su fuerte, pero logra descifrarlo más o menos por ver la lista en la parte trasera:

"Llamadas para que Valentino me deje de joder: Ciento cincuenta restantes."

—Me parece que estará congelada esa cuenta. —Silba doblando el papel. Decide llevarse el libro donde están las instrucciones de llamada. Sería útil.

Que noche más rara, pero sin duda ¡LA MÁS DIVERTIDA DE TODAS!


— ¿Seguir contestando llamadas? ¡Eso es muy lento para ganar dinero!

—Me suena a una penitencia efectiva para alguien tan inquieto.

Valentino ladea un poco la cabeza en su felpudo abrigo rojo con pelaje blanco. Angel Dust se lleva una mano a la cara, pensando en cómo hacer para que Valentino lo deje de estar poniendo en el área de llamadas por invocación para hacer tratos con humanos. Esto trae una remuneración al menos un sesenta por ciento más bajo a la normal con un demonio en el infierno. Principalmente porque se lo invoca para temas sexuales o de entretenimiento. Nada más.

Si se tratara de acuerdos como los que hace Valentino, ligados a un contrato dónde deben dar el alma y servicio una vez muerto, evidentemente traería más dinero ¿Que por qué lo está castigando? Por primera vez no sabe que hizo mal. Suele hacerse el tonto o pedir perdón al instante. Está vez es la gran excepción.

— ¡Es que no tiene sentido! ¡Si quieres tu dinero rápido es más fácil si...!

—Preocupate por contestar muchos llamados y no por cuánto va a dar en tu cuenta—Recomienda en una risa prepotente, entrecerrando los ojos—. No querrás que tú deuda aumente de nuevo ¿O si?

—Pero-

— ¿O si?

Angel Dust traga grueso, apretando su brazo derecho y frunciendo los labios. Valentino vuelve a dar una risa, complacido de cómo tiembla. Asustarlo es tan fácil que nunca deja de ser divertido. Lo toma de la cara y saca un poco la lengua. Si bien Angel Dust se va atrás por huirlo, a Valentino no le importa y lo atrae para besarlo. Al separarse el arácnido jadea, cansado. Valentino lo palmea en la cabeza cono quien trata a una mascota.

Y bien, Angel Dust es su mascota.

—Que te vaya bien, darlin. Cuando acabe tu turno vendré a buscarte para llevarte a tu departamento.

—Hijo de puta. —dice entre dientes, molesto y crispado

— ¿Que dijiste? —cuestiona, girando un instante. Sonríe tenso y levanta las manos.

—Q-que está bien, Mista Valentino.

—Encantador, hasta más tarde. —Despide y finalmente queda solo.

Gruñe por lo bajo y anda a pisotones hasta llegar a la sala de llamadas. Parece un Call Center. Uno para los titulados "Súcubos" o "Incubos" dependiendo. Ellos van y vienen y casi se pregunta si los indicadores duran al menos cinco minutos. Que patético. Están haciendo dibujos en el suelo, masturbándose en ellos, cortándose y luego llamando a un demonio ¿Cómo no va a ser patético?

Toma el lugar de una demonio gato. Con orejas blancas, cabello corto y negro, un mechón rubio y aspecto andrógino. Solicitada para las que quieren dudar su sexualidad y quiénes quieren una cosita tierna. Se deja caer en el asiento, aburrido.

Ya ha hecho esto varias noches seguidas y es TAAAAN tedioso. A veces no alcanza a tomar ningún llamado. Hay muchos aquí. Valentino tiene a muchos estancados en esto. Principalmente los que gustan de volver al mundo terrenal así sea por unos minutos. Peina su cabello, el pelaje de su pecho, arregla su ropa, sus botas. Con suerte será de esas noches donde tiene una racha de doce. La mayoría son, casualmente, de New Orleans. Agradable. Lo más cercano que estará de New York nunca más. Suspira viendo con molestia el teléfono de aspecto anticuado.

— ¿Hoy se decidieron a no ser constantes? —bufa exasperado. Ya al menos debería tener una falsa alarma o ¡Algo!

Preferiría grabar más vídeos antes que seguir aquí, pero a Valentino le fascina fastidiarlo. Por eso insiste en que pague la deuda desde aquí y no fuera. Deja pasar una llamada por accidente, viendo su celular y asegurarse de que estén cuidando bien a su mascota: Fat Nuggets.

Tras esto toma un papel y anota todo el dinero que le debe a Valentino. Nunca sabe cómo se endeuda. Al principio era para comprar droga, luego la cifra subía, subía y lo único que hacia era trabajar así que ¿Me endeuda por trabajar? Voltea la hoja y tras la cuenta bufa en el número que queda.

—Maldito hijo de puta. —Gruñe guardando el papel en su pecho. Contesta por inercia veloz cuando el teléfono suena y pronto es succionado por este.

A decir verdad no esperaba mucha cosa. A lo sumo que fuese una habitación con cama y no esté sucia al punto de ser una cueva. Ni siquiera su cuarto barato está tan desarreglado. Barato por no decir que es gratis. Si la fortuna está de su lado, será una montaña de hombres curiosos a la "Invocación de una compañía infernal" y con ello una orgía gratificante. Ya le ha pasado y fue genial. Si resultan ser mujeres se va a cagar en todo. No le da paga suficiente para semejante tortura.

Y bien, sus expectativas se fueron a la puta mierda. Acabó sin ser ni una cosa ni la otra sino el peor escenario posible con el peor invocador espontáneo e involuntario que puede existir tanto en la vida como en la muerte. Golpea la cara con la mesa, debe ser una broma imbécil puesta por Valentino. Solo así le sucede semejante desgracia tras hablar con él.


— ¿Todo bien, Angel Cakes?

—Claro, Val. —sonríe nervioso.

¿Cómo le explica que lo dejaron en espera? Es una situación rarísima. Normalmente es una ida y se acaba. Dejar un servicio como el suyo en espera es como dejar esperando al repartidor de Pizza en tu puerta solo porque te da la gana de tenerlo ahí. No sería un problema más allá de su orgullo, de no ser por un detalle horrible: No puede tomar más llamadas.

Por más que intentó, el teléfono no se levantaba cuando lo quería contestar. Tuvo que quedarse viendo el aparato con odio, luego jugar con su celular, tomarse fotos para aprovechar el rato y finalmente hacerse el que si trabajo. Cuando la realidad es que un asesino hijo de puta le dio la gana de dejarlo en espera.

DEJARLO A ÉL EN ESPERA.

QUE TIENE UNA DEUDA EN CRECIMIENTO.

Quiere jalarse del cabello hasta arrancárselo.

— ¿Te dio tiempo de bañarte? —Cuestiona Valentino con la enorme sonrisa tan típica en su rostro—. Tienes el pelaje muy suave —Acaricia el cabello de la cabeza y baja al pecho, ese cúmulo tan peculiar de pelaje—. ¿O atendiste a muy pocos? —Suelta con deje burlón.

—Solo me arreglé un poco para subirme, Val—responde coqueto, disimulando de la mejor manera lo que sucedió. Valentino ríe, negando levemente con la cabeza antes de atraerlo con sus brazos superiores—. ¿Me vas a llevar a mí departamento o a tu mansión? —pregunta sospechando de los acercamientos.

—No, hoy no—sisea antes de darle un beso, acariciándolo por encima de la ropa. Considera a Angel Dust una criatura cambiante: Se deja a veces, en otras resiste hasta el punto de ponerse a llorar—. Tal vez mañana cuando salgas del Gang bang que tienes programado con los tiburones.

Al apartarse Angel Dust guiña repetidamente los ojos. Se pregunta si eso es bueno o malo. En el peor de los casos, el humano lo llame a mitad de escena. No, por favor, que no lo haga, quiero a los malditos tiburones. Pasa todo el trayecto sentado en el regazo de Valentino que cuenta su dinero.

—También tendrás presentación en el nuevo club que abre en una semana.

— ¿En serio? —Levanta la cabeza, sonriente. Valentino no le dice más—. Awww~ Val—Lo abraza, rodeándolo por el cuello con los brazos superiores, por la cintura con los inferiores y la cadera con las largas piernas y el demonio polilla vuelve a sonreír amplio—. Voy a llevar invitados.

—Como quieras, Angie.

Exhala, arrugando la cara un par de segundos después. Valentino le genera mucha confusión. En mucho lo complace y bien, lo agradece, a final de cuentas es un poco la idea de que sea su Sugar daddy, pero por otro lo trata tan ¿Mierda es la palabra?

Tratándolo como si fuese nada. Gozando de intimidarlo, de pasar de lo que diga, de lo que quiera así sea lo más básico como no tener sexo. No siempre quiere. Incluso él se cansa o no le apetece.

A Valentino no le importa.

Y pasa tan seguido que lo hace permanecer en una inquietante marea de bien y mal en esta relación explosiva por parte del Overlord. Aprovechado totalmente del demonio araña y en el atractivo cautivante que posee.

Llegan hasta un edificio con grandes luces. Mejor dicho, un hotel. Valentino desconoce por qué se mudó aquí, pero no figura como una preocupación. Con un último beso en la mejilla Angel Dust baja de la limo y anda hacia el "Hotel Hazbin". La limo se marcha y Angel Dust se deja caer en uno de los sofás.

Se pregunta que le da más miedo: Que Valentino se entere de lo que pasó o que el humano imbécil siga dejándolo en espera, pudiendo joder aún más el tema de Valentino. Temores muy ligados y en fin.

Valentino va a matarlo si se entera de esto, está seguro.

— ¡Angeeeel~!

Levanta la cara arrugada hacia la rubia princesa del infierno. Acaba por sonreír, sintiendo lamidas en el rostro. Endereza y toma al cerdo demoníaco, acariciándolo.

—Gracias por cuidarlo.

—De nada. Es un encanto. —dice ella con ojos brillantes. Angel Dust no la mira, solo a su mascota Fat Nuggets.

Al único que realmente necesita en este infierno.