"Como en esta ocasión no lo consiga creo que voy a tener que empezar una misión de 100 años como Gildarts.
Apuesto a grandes ¡Todo a una! Y salgo rumbo al gremio habiendo dejado encima de la cama mi ropa interior.
Como diría Natsu... ¡Estoy que ardo! Que empiece el juego"
Como siempre entro en el gremio como si la cosa no fuese conmigo, solo que en esta ocasión no me siento con mi equipo, que me mira extrañado pasar por delante suya y sólo les dirijo un cabeceo en señal de saludo. Pido una bebida a Mira y me siento en una mesa alejada de todos. Sí, lo sé, pero si no me tomo algo los nervios que tengo en el cuerpo van a hacer que salga corriendo yo misma por la puerta. Y ahí espero a que haga acto de presencia el señorito.
Desde esta mesa alejada y poco común para mí, me es sencillo tener una vista completa del resto del salón y por suerte no reparan en mí. Total, estoy escondida tras uno de mis libros fingiendo hacer lo que mejor se me da, leer y ensimismarme hasta cotas imposibles, pero esta vez lo que me es imposible es concentrarme en nada más que él.
En esta ocasión se ha dignado a entrar por la puerta y haciendo gala de sus mejores dotes de cazador, le observo escudriñar rápidamente todo el salón con ese ceño fruncido tan característico suyo. Reparo en que detiene su mirada un segundo en la mesa donde debería encontrarme normalmente, pero su ceño es aún más pronunciado cuando termina de observarla. Ups…¿Qué te ocurre grandullón? Una sonrisilla se dibuja en mis labios al verle.
¡Ou! aquí sí que viene algo extraño. En lugar de dirigirse como una bala al dichoso tablón de anuncios como de costumbre, en esta ocasión enfila hacia la barra y también pide a Mira una cerveza. De manera despreocupada se sienta en uno de los taburetes de la barra y se gira quedando enfrentado al salón, pudiendo dar un buen vistazo de toda la zona mientras le da un trago a su jarra. ¿Qué pretendes?
Por encima de mi libro veo como arruga la nariz e inmediatamente sus pupilas rojas se clavan en mí. ¡Arggg! Ya me ha visto ¿Qué hago?. Los nervios se apoderan de mi cuerpo, un nudo se forma en mi garganta y solo puedo apretar mis muslos uno contra el otro cuando veo cómo se pone de pie, termina su jarra de un trago, y comienza a movilizar hacia mi mesa ese cuerpo suyo de infarto.
No estoy segura si en esta ocasión preferiría que se fuese directito a buscar un trabajo o no, porque pese a no mirarle estoy notando su afilada mirada sobre mí, bien fija. ¡Malditas hormonas! Me estoy poniendo malísima sólo con ver esa melena negra, con cada uno de los músculos de su torso y brazos bien trabajados, con sus formas al caminar, con…con…y mi mente comienza de nuevo a delirar con cosillas que harían sonrojar a más de uno viniendo de mí.
- ¿Qué pretendes enana?
Llegó el momento. Finjo sorpresa y levanto la mirada de mi "interesantísimo" libro como si no estuviese esperándole. Qué va.
- ¡Ah! Me has asustado idiota. Qué pretendo de qué, no te entiendo. -Nos sostenemos la mirada por unos segundos- Y por cierto, un buenos días no estaría mal.
Le veo fruncir aún más si cabe su ceño y se sienta frente a mí sin dejar de observarme. ¡Me estás poniendo de los nervios, dí algo! Pero se queda en silencio aguantándome la mirada. Parece rumiar algunas ideas en su cabeza, lo noto. También él parece incómodo.
- ¿Hoy no vas a ir corriendo a buscar una nueva misión con Lily?
- Yo no salgo corriendo a buscar misiones. -Y afila aún más su intensa mirada.
- Pues es exactamente a lo que te has dedicado estos últimos meses en estas fechas.
Levanta una ceja con sorna y sin dejar de atravesarme con la mirada se desliza una sonrisa ladeada entre sus labios. ¡Uf uf!, mi corazón va a mil por hora, creo que lo podría escuchar todo el mundo.
- Te lo repito. ¿Qué pretendes?
- Saber por qué huyes de mí.
Rápidamente desvío los ojos y le doy un trago a mi bebida para tratar de calmarme un poco. La situación se está poniendo un poco tensa, y con él mirándome así el tema no mejora. Estoy empezando a sudar, así que me remuevo incómoda en mi asiento y descruzo las piernas para volver a cruzarlas al contrario, a ver si consigo otra postura que demuestre mi determinación y entereza.
En este lapso de tiempo me parece verle olfatear el aire de nuevo y también él cambia de postura. Me parece que se ha puesto algo tenso. ¡Ay pillín! Creo que estoy empezando a ver por dónde van los tiros. ¡Hoy jugaré mis mejores cartas! Eso sí, no despega su mirada de mí, lo que me está poniendo de los puñeteros nervios.
- Hoy estás de lo más rara enana. Aquí sola, apartada de todos y encima bebiendo. -Me suelta con sarcasmo.
- No te confundas Gajeel –vuelvo a cambiar el cruce de mis piernas sin quitarle ojo –Aquí el único que está raro últimamente eres tú. –Termino diciéndole inclinándome hacia él sobre la mesa señalándolo con el índice.
De nuevo su nariz se arruga discretamente, aparta la mirada y bufa.
- Así que dime tú. ¿Por qué me estás evitando?, ¿Acaso he hecho algo?
- En serio, ¿A qué estás jugando? –Me replica acercando e inclinando su cuerpo de nuevo sobre la mesa. Ya no queda ni rastro de su sonrisa.
- No lo sé, eso tendrás que decírmelo tú.
Tras estas palabras ¡boom! Hago mi último movimiento maestro. Descruzo nuevamente las piernas y las mantengo levemente separadas, apenas unos centímetros, apoyando los pies en puntas contra el suelo. Las rodillas me tiemblan bajo la mesa de los puros nervios.
Madre mía Levy ¡en qué te metes! Ahora sí que sin ningún disimulo le veo aspirar y sus ojos rojizos se oscurecen en cuestión de segundos clavándose de nuevo en mí. Yo no puedo parar de temblar. Veo la excitación en su mirada, el gesto de su cara se ha transformado completamente. Parece un depredador. Inmediatamente vuelvo a cruzar las piernas ante la tensión que me genera su presencia.
- Estos últimos meses no sé qué has estado tratando de hacer enana, pero hoy sólo quiero advertirte que estás jugando con fuego. Y yo no juego.
Ante tal declaración automáticamente aprieto los muslos y me percato que desde mi última frase he dejado de respirar, así que como toda respuesta se me escapa un jadeo traicionero que no pasa inadvertido para el afilado oído del DragonSlayer.
Joder, con una sola mirada y una frase ha conseguido que mi cuerpo se ponga en punto de ebullición. Pues muy bien, a este juego podemos jugar los dos.
- ¿Y quién ha dicho que yo sí lo esté haciendo?
Termino por decir con el poco aire que me queda en los pulmones dejando mi libro encima de la mesa. Me obligo a mantenerme firme y a sostenerle la mirada en lo que me parecen interminables segundos. Porque para ser sinceras, en estos momentos mi cabeza no está funcionando adecuadamente.
- Muy bien.
A partir de aquí la cosa se ha puesto un poco rara. No entiendo muy bien lo que está pasando pero creo que ni su fino olfato ni su fino oído han podido fallar en esta ocasión con las señales que envía mi cuerpo, ¿o sí?, salvo que se quiera hacer el loco una vez más.
Pues la verdad es que en estos momentos la confianza y seguridad en mi misma se están yendo al garete, porque tras sus dos palabras se ha levantado y una vez más está yendo al tablón de anuncios. ¿Pero qué haces idiota?, ¿Piensas volver a salir corriendo?.
Ahora me toca a mi bufar y empiezo a resignarme y pensar que yo, para esto, no valgo. Así que comienzo a recoger mi libro cuando de repente una gran mano me agarra de la muñeca y me obliga a soltarlo.
- Vámonos –Gruñe con tono ronco y se termina de una lo que me queda de bebida. –Y cuidado al levantarte no vayan a ver los demás algo que no deban.
Se me acaba de secar la garganta. ¡Madre mía!, podría asegurar que mi cara ahora mismo tiene el color de los tomates. Así que entonces sabía perfectamente desde el principio lo que me proponía. ¡Hay que ver dragón picarón! No consigo coordinar mis movimientos adecuadamente.
- O te levantas o tendré que sacarte yo mismo del gremio en volandas.
Su mirada está completamente oscurecida, una media sonrisa adorna su cara, su voz profunda está enronquecida y su escultural cuerpazo está inclinado hacia mí esperando desde su altura a que haga algún movimiento.
¡Cuánta tensión! No creo que este cuerpito mío pueda soportarlo más. Mi cabeza está como loca dando vueltas y funcionando por encima de sus posibilidades en pensamientos nada decentes. ¿De verdad este pedazo de hombre puede estar interesado de esta manera en mí?.
Pues la verdad, no lo sé, pero me levanto como un resorte y tratando de caminar lo más normal posible me dirijo hacia la salida del gremio. Creo que sólo con una mirada más suya podría entrar en combustión espontánea.
Le siento tras de mí, bastante cerca, escoltándome hasta la puerta de Fairy Tail e impidiendo que pueda escapar en dirección contraria.
¡Cómo si quisiera hacerlo!
