"Le siento tras de mí, bastante cerca, escoltándome hasta la puerta de Fairy Tail e impidiendo que pueda escapar en dirección contraria.
¡Cómo si quisiera hacerlo!"
No recuerdo exactamente cómo llegamos hasta allí. En mi memoria bailan algunas frases como que en Fairy Hills sería demasiado problemático y que en su casa estaríamos más cómodos.
Me pareció bien, total, mi mente no estaba funcionando con normalidad y en lo único que pensaba era en tratar de seguirle el ritmo por la calle y no tropezar con cualquier bache del camino. En fin ya sabemos, no es que fuese sobrante de ropa.
Y ahí estábamos. El cierre de la puerta tras nuestras espaldas sonó como un escopetazo de salida.
- ¡Al fin!
Fue la última frase coherente que creo salió de mi boca al menos en una hora. Una característica carcajada por su parte la siguió. La diferencia de altura era notable, por lo que inmediatamente me alzó sobre sus estrechas caderas, obligándome a entrelazar mis piernas en su cintura y agarró posesivamente mi desprotegida retaguardia por debajo de mi vestido mientras sonreía.
- Al fin, gihee.
Un escalofrío recorrió mi espalda en anticipación de lo que vendría a continuación. Me llevó en volandas hasta la mesa del salón y allí, una vez me sentó, comenzó la comida. Nos devoramos la boca de forma salvaje, con deseo y muchas ganas contenidas durante mucho tiempo.
Sus afilados colmillos mordieron mis labios pidiendo permiso y yo gustosa recibí su cálida lengua. Aquello nos entretuvo durante varios minutos mientras él exploraba mi cuerpo por encima de la tela de mi vestido y yo enredaba mis manos en su salvaje melena negra atrayéndole más y más. Era muy excitante. Me sentía muy pequeña entre sus brazos.
Aquello se nos estaba quedando corto. Los húmedos y demandantes besos no eran suficientes y necesitábamos pasar a otro nivel.
Tironeé de su camiseta, casi desgarrándola para tratar de quitársela, teniendo finalmente él mismo que ayudarme a quitársela porque mis brazos no alcanzaban a sacarla por encima de su cabeza.
¡Mierda! ser bajita tiene sus desventajas o no…porque en el lapso de tiempo en que él se terminó de quitar la prenda, yo aproveché para recrearme la vista en su perfecto torso. Inconscientemente me mordí el labio y de recibo me encontré con su encendida mirada observándome desde arriba.
- ¿Te gusta lo que ves?
¡Buah! ¿Que si me gusta?, ¿Se puede ser más sexy, saberlo y encima provocarme con esa pregunta? Mi cabeza combustionó y si antes sentía que mi cuerpo ardía de excitación, ahora tenía la certeza de que con un solo roce más terminaría allí mismo.
Él trató de besarme de nuevo, pero le detuve con una de mis manos sobre su pecho. De verdad que necesitaba bajar revoluciones porque quería disfrutar al máximo de todo.
Su mirada cambió a una de extrañeza, casi podía adivinar lo que pasaba por su mente en esos momentos. ¿Se lo habrá pensado mejor? ¿Habré hecho algo que la haya incomodado? La duda y el temor tiñeron sus ojos escarlatas.
¡Ay amigo si supieras lo que se te viene encima!
Desde la posición que tenía sentada en la mesa, atraje su brazo derecho hacia mí y comencé a besar cada una de sus cicatrices y piercings sin despegar mis ojos de los suyos. Cuando acabé, comencé el mismo recorrido en su brazo izquierdo. Tras ello, acerqué su rostro al mío y deposité un suave beso en sus labios.
Su cara era un poema, llena de expectación. Pareciera que nunca hubiera recibido muestra de cariño semejante. ¿Sería posible?
De ahí inicié un camino de besos por cada uno de sus piercings. Comencé por los de su recta nariz, continué por los de sus cejas, seguí mi camino por los de sus orejas alcanzando a escuchar algún que otro gruñido traicionero cuando salpiqué de besos su mandíbula para alcanzar los del otro lado.
- Levy –Escapó un susurro entre sus labios.
Deslicé mi boca por su cuello, empoderada por las reacciones que estaba consiguiendo arrancar a aquel hombretón, fuerte y orgulloso. Allí me embelesé al sentir su pulso bajo mis labios y debo reconocer que disfruté al dejar mi marca en aquella zona sin que opusiera resistencia alguna. Parecía que él también estaba disfrutando de mis mimos. Y continué mi camino hacia el sur.
La verdad es que el plan me estaba saliendo fatal porque mi idea era evitar que me tocase para dar un respiro a mi cuerpo, pero el resultado estaba siendo justo el contrario. Sentir que tenía el control y más pudiendo recorrer a mi antojo ese cuerpazo estaba consiguiendo que mi temperatura se volviese a elevar de forma muy alarmante, y más si continuaba con lo que tenía en mente. ¡Y vaya si iba a continuar!
Bajé de la mesa y regué de besos su esculpido pecho y continué lamiendo, besando y acariciando cuanta extensión de piel y músculo se ponían en mi camino con deleite. Tener esos abdominales a mi alcancé me hicieron jadear y en esos momentos también debo reconocer que les dediqué unos mimos y caricias de más de los que en principio tenía en mente, hasta que me topé con la cinturilla de su pantalón. ¿Encontraría alguna sorpresa más?
Él parecía indeciso y trató sin éxito de apartarme con gentileza. En su mirada podía leer claramente que no era necesario seguir con aquello, pero era un hecho que como habíamos aclarado un rato antes en el gremio, ni él ni yo estábamos jugando. Éramos dos adultos haciendo libremente lo que más nos apetecía a cada uno, y yo iba a por todas.
Así que proseguí con mi labor y con toda la calma que pude aunar fui bajando lentamente y al mismo tiempo tanto sus pantalones como su bóxer.
- ¡Oh!
Fue todo lo que pude vocalizar y rápidamente se le dibujó una media sonrisa de autosuficiencia. Porque sí, allí aún me quedaba por descubrir algún piercings más. Y orgullosa de enseñarme dónde podría encontrarlo se alzaba su extensión. Gajeel es un tipo grande, ejem, creo que me entendéis.
Con mis dedos la delineé desde la base hasta toparme con la joya, iniciando un suave vaivén por toda su longitud con mi mano hasta que me decidí y comencé a dibujarla con ayuda de mi lengua.
Gajeel se apoyó firmemente en la mesa con ambas manos mientras soltaba algún improperio, al mismo tiempo que yo la introducía en mi boca y comenzaba a devorarle animada por las reacciones que conseguía arrancar al DragonSlayer. Ambos lo estábamos disfrutando, ¡Vaya que sí!, él de los mimos recibidos y yo simplemente por el hecho de poder dárselos. Pero no me dejó continuar mucho más.
Con firmeza me separó de él empujándome por los hombros y no pude evitar una cara de decepción, como si hubiesen quitado a un niño el juguete más divertido del mundo, pues para mí en esos momentos lo estaba siendo. Creedme.
Con hambre poseyó de nuevo mis labios, haciéndome temblar y que subiese aún más mi deseo por la fuerza y apetito de su beso. Volvió a auparme hasta la mesa y se desprendió de mi vestido sin la más mínima dificultad, recreándose ante la vista que se desplegaba ante él. Por la cara que puso no parecía disgustarle en absoluto lo que parecía ver, lo cual hizo que me sintiese poderosa y pude olvidarme de los últimos temores tontos que pudieran rondar mi cabeza.
- Mi turno de devolverle el favor señorita Mcgarden.
Volvió a apoderarse de mis labios y con sus manos comenzó a descubrir mi cuerpo. No dejó ningún pedacito de piel sin ración de caricias o mimos con su boca. Muy profesional señor Redfox, quién lo diría.
Colmó sus manos con mis pequeños pechos, pareciendo que eran lo más maravilloso que hubiese tenido entre ellas nunca, haciéndome suspirar de placer ante cada caricia, lametón o pellizco que les prodigaba.
Continuó paseando sus curiosas manos por mi espalda, mi estómago, mis nalgas (recreándose en estas últimas me parece que con mayor alegría), mientras recorría con sus labios mi cuello y hombros dejando él en esta ocasión su marca allí por donde pasaba. Sus manos también viajaron hacia mi sur y allí sin gran esfuerzo, consiguieron llevarme al límite en cuestión de segundos porque yo ya no podía con tanta tensión y excitación.
Su nombre escapó entre mis labios y él me acalló con su boca una vez más mientras se colocaba el condón y se introducía en mi interior sin esfuerzo alguno. A ambos se nos escapó un gemido de satisfacción al encontrarnos por fin unidos de esa manera tan íntima. ¡Cuánto tiempo podríamos llevar deseándolo! Y así empezó el baile. Sus movimientos eran potentes, rítmicos y contundentes. Se aferró con ambas manos a mis caderas y sólo las movía para afirmarse aún más en mi retaguardia, a la que parecía haber cogido especial cariño. Yo sólo podía agarrarme a su cuello y fuerte espalda tratando de no perder el equilibrio y siguiéndole el ritmo, encajando sus poderosas embestidas con gusto y reclamando cada vez más de él.
Terminó por tumbarme en la mesa y afianzar mis piernas alrededor de su estrecha cadera. ¡Cómo si fuese yo a querer soltarme de allí! Y desde esa postura, ahora anclado a mi cadera, ahora besando con desenfreno mis labios, cuello o pechos, comenzó un ritmo bestial y frenético que consiguió llevarnos a los dos al éxtasis. Por segunda vez logré tocar el cielo con él y en ese momento supe que sería una adicción.
La tierra dio una vuelta sobre sí misma y a nosotros aún nos faltaban horas y lugares en su casa para seguir prodigándonos mimos y amor. Porque sí, lo que allí había no era mera atracción sexual salvaje y animal, que también, sino un amor floreciente que habíamos tratado los dos de ocultar sin éxito los últimos meses y que por supuesto, ahora ya no merecía la pena seguir tratando de disimular.
Porque ya no será necesario que me evite durante "aquellos días del mes", cuando mis hormonas están más revolucionadas y su olfato se vuelve loco con ellas, necesitando alejarse de mí si no quiere parecer un depravado.
Porque nos queríamos, porque nos queremos y a partir de este momento ya no habrá nadie que nos separe.
EXTRA
- Por cierto Gajeel. ¿Para qué cogiste una misión antes de que nos fuésemos del gremio?
- ¡Gihee! Parece mentira enana con lo lista que tú eres. ¡Pues para asegurarnos unos cuantos días seguidos sin que nadie nos moleste!
Espero que hayáis disfrutado de esta historia.
Muchas gracias por el tiempo dedicado
-Valgaia-
