Crookshanks vio un pequeño temblor recorrer a la diminuta criatura. Pensó que bien podría ser él mismo como Hermione, una persona compasiva con los más débiles. Aunque claro, él nunca lo había sido. Agarró a la pequeña bola blanca con su hocico, tal como su madre kneazle lo había cargado alguna vez y se lo llevó a Hermione cual regalo. Estaba bastante seguro de que todavía no salía de la tienda de libros.
Cuando vio al amigo de Hermione (el de pelaje despeinado, ojos de gato resguardados y aura azul tristeza), supo que el regalo le vendría mejor a él que a Hermione, así que lo dejó a sus pies y esperó con paciencia a que dejara de ojear con asco un libro con una imagen muy parecida a él.
No tuvo que esperar mucho para saber por el grito, que el despeinado lo había visto. Eso apenas lo distrajo del fluir de hilos y lazos que iban y venían siguiendo a los magos que pasaban por el callejón Diagon.
—¡Hermione! Tu gato loco ha cazado algo… —la criatura se removió a sus pies y el mago dejó de alejarse para acercarse a la bola de pelos con preocupación— ¡Está vivo! ¡Ayúdame!
Crookshanks no entendía cómo Hermione tenía amigos tan lentos.
Luego de inspeccionar la escena, Hermione decidió que no era una mala idea. Crookshanks ya lo sabía, el aura azul emitió destellos dorados mientras el mago inspeccionaba y acariciaba al animal. Práctica como siempre, se encargó de aplicar hechizos de calefacción y diagnóstico a la bola blanca.
Cuando pareció darse por satisfecha, lo miró con entendimiento y lo tomó entre sus brazos.
—Esto será todo por hoy en Flourish and Blotts, Harry —le dijo al mago que empezaba a meterse la bola de pelos dentro de la túnica—. Apresúrate, debemos ir a la tienda de animales —el mago no pareció hacerle caso— ¿o acaso sabes cómo criar a un hurón albino bebé?
