—Ay no, no es un caldero gigante. Eww—ríe tomando con un par de manos los cubiertos, mientras con otras acomoda su servilleta para no manchar su ropa—. Es una ciudad enorme con un pentagrama arriba que no nos deja salir al mundo mortal. Así de sencillo.
—Me dices que el infierno es como una sociedad humana común y corriente ¡Perdóname por sentirme decepcionado! —exclama Alastor con las manos en las mejillas.
—Si con común y corriente te refieres a tener globos aerostáticos gigantes que lanzan láser, gente que enciende bombas con chasquear las uñas, sacar armas de un cuerpo y tener máquinas expendedoras de drogas... Sí. Sí es una sociedad humana común y corriente. —Mete a su boca el ravioli y sonríe.
Ama la comida italiana humana. Sabe tan bien. En el infierno tiene un gusto raro a menos que la haga un demonio que sepa realmente cocinar. Por algún motivo, Alastor lo ha recibido siempre con una cena hecha, en su mayoría siendo comidas italianas que al demonio araña lo fascinan. Han tenido ya varios, muchos encuentros, asesinatos, turnándose a la hora de montar el número y ¿Qué decir?
Se sienten extrañamente cómodos uno con el otro. Alastor en su espacio respetado, cero insinuaciones y poder dejar ir su sentido del humor más sádico sin que haya alguna consecuencia a su vida cotidiana. Angel Dust por su lado tiene sentimientos encontrados. Demasiado extraños como para soportarlos sin una ración de cocaína mezclada con heroína antes de venir.
Porque le gusta cuando Alastor lo mira fascinado.
Que lo elogie por lo que hace.
Incluso en su ropa. Por llamarlo antes de ir a dormir ha vuelto a llegar en pijama, por lo que hay variedad.
En general ¿Qué no le gusta del trato de Alastor? Incluso me hace cobrar más por hora. Mastica la pasta y permanece fijo en Alastor que cuenta alguna cosa que sucedió hoy: Un accidente de auto, una tienda incendiada, en fin, el caos.
Y solo por su forma de decirlo lo podría escuchar por horas. Concluyendo siempre en un...
— ¡Y ahí tienes la naturaleza humana misma, my dear!
Sonríe, ladeando un poco la cabeza, con su pelaje ligeramente erizado. Sin dar cuenta a sus propias reacciones a algo tan sencillo como que Alastor lo llame "My dear", "afeminado acompañante", "araña encantadora". Alastor sabe que provoca eso, pero considerando lo feliz que luce, no se reprime o lo encuentra raro.
Como mucho, una forma de hacer sentir cómodo a su invitado como sucede al inverso.
—Well, ya'kno', muchos en el infierno fueron humanos así que ahí ver el parentesco entre un lugar y otro—Repone pensativo. El Infierno puede ser todo lo caótico y estrambótico que quiera, pero puede decirse que es un reflejo de los que bajan allí—. La diferencia es que al menos son ¿Sinceros? En sus placeres.
— Y yo pensando que iba a al infierno a mentir. —Burla y Angel Dust niega con la cabeza, divertido por la forma en que Alastor toma el tema de su próximo destino tras morir.
Aparte de cínico asesino, es caníbal. Confirmado como ello. A llegado a guardar carne de piernas y pechos en el refrigerador. Acostumbrado a cosas peores, no hay queja de si sus ravioles están rellenos de senos. Más específicamente los senos de la mujer en la avenida doce de hace dos semanas.
—Mientes sobre lo que harás con los demás y el espacio, no con que te drogas por el culo, robaste el molly de tu vecina o viste el porno que yo protagonizo. —Guiña un ojo, sonriendo ladino y enfatizando ese colmillo dorado que es igual al de Valentino. Alastor ladea la cabeza y Angel Dust levanta para ir a lavar lo que ensució.
— ¿Te gusta ser actor porno?
—Quiero ser el más cómodo del infierno. —Hace un círculo con los dedos
— Honestamente me es imposible entender que tiene de especial—Levanta la cabeza, estirando las piernas. En términos humanos, es alguien alto—. Tanta obsesión, tanto que tirar, tanto que perder y tanto que aspirar solo por sexo con otra persona.
—La cosa es sencilla señor Asexual—Vuelve a ponerse los guantes—. A ti no te interesa, no lo sientes relevante y por ende no lo entiendes. Posiblemente nunca lo hagas. A gente como yo qué sencillamente nos encanta a veces estaríamos dispuestos a cualquier cosa con tal de tenerlo. —afirma con manos entrecerradas y los ojos casi brillantes. Alastor lleva una mano a su barbilla
— ¡Incluso vivir sin poder amar!
—Yo diría que a más quiere estar, más amor sientes, pero a ti mismo—Pone una mano en su pecho—. Yo me encanto y quiero complacerme con lo que quiero. Al menos yo no me voy a traicionar. Para eso está Val.
Alastor no dice nada al respecto. A cada cachito de información, guarda silencio para que no se arrepienta de haber hablado
—De todos modos—ronronea—. Es el infierno. No poder amar es el peor de los castigos ¿Estar con mujeres? ¡Eso sí es horrible! No puedo.
—Tus prioridades están peor ordenadas que mi horario de llamadas.
—Lo puedo confirmar—Pone una mano en su cintura —. Y nunca dejará de darme miedo lo mucho que sonríes ¿No te duelen las mejillas?
—Mejor eso que estar desnudo—Asegura y de repente lleva las manos al pecho de Angel Dust, apretujándolo—. ¡Sonríe my dear! ¡Ya es tiempo del espectáculo!
Y lo hace, de la forma tan tonta como sucede con Alastor nada más.
A pesar de que su deuda avanza satisfactoriamente gracias al sistema de pago de un cliente por hora estando en espera, Valentino se las ingenia para afirmar que no es suficiente. Que debe continuar con lo suyo sí o sí para pagar la deuda. Cosa que no va a saldar jamás, pero bien. Cosas de Valentino. Lo de siempre y que ya no debería ni siquiera sorprenderlo. Lo hace, todo por la bipolaridad de Valentino.
En decir que lo hace bien y a los dos minutos decir que lo hace fatal.
En fin, es una mierda y estando en la espera de algún cliente que mínimamente sea llamativo para él, medita que aún teniendo un par de errores con Alastor: Cortar mal una parte del cuerpo, hacerse obvios antes de tiempo o detalles así; él nunca lo insulta o lo declara inútil. Trata de hacerlo a la perfección, pero como cualquiera tiene fallos aún si no los quiere.
Por el contrario, el locutor de radio apenas hace notar que sucedió. Simples puyas entre ambos que acaban siendo un chiste para jugar hasta la mañana. "Si no hubieras traído esas botas tendría una mejor expresión", "ahora no puedo llevármelos sin que se vea extraño en la nevera", "lo hiciste morirse ahogado con su cereal" y cosas así. Detalles irrelevantes porque lo que sucede es irrelevante. Incluso cuando no están de acuerdo en algo sea asesinar de forma cruel frente a un niño o dejar la mascota en otra casa para no lastimarla.
Alastor no pone en duda lo que dice. No lo minimiza por ello.
Tampoco deja de llamarlo "My dear"
—Mierda. El infeliz es perfecto. —Da otra calada al cigarro.
Visualiza a un demonio que puede ser ideal. Pone las manos tras su espalda, subiendo un poco la rodilla y luciendo coqueto para cuando se acerca lo suficiente. El demonio que guarda una ligera similitud con Husk tarda poco en fijar su atención en Angel Dust.
—Hey~
. . .
La parte buena de tener cuatro brazos, es que puede tocar lo que le dé la gana. La única prenda que permanece en su lugar son sus botas. Pues se rehúsa a que vean sus pies. Recuesta su pecho en el abdomen del demonio y abre la boca para engullir el miembro de este. Angel Dust tiene la cómica capacidad de que su ojo de esclera negra cambie ¿En que sentido? La pupila consigue doblarse. Casi parece un corazón. Esto sucede únicamente si le agrada lo que está haciendo.
—Para ser una puta esto está muy estrecho. —Pasa la lengua entre las nalgas del demonio araña, introduciendola en la pequeña cavidad para crear estímulo y que este rápidamente capaz de recibirlo. A final de cuentas, esto es por hora.
Endereza, relame sus labios y observa el pene erguido y grueso. Sufre un temblor de satisfacción. Que se parezca a Husk ayuda mucho a la situación. Vuelve a girar, dispuesto a penetrarse.
Hasta que el pentagrama empieza a formarse
— ¡NO PUEDE SER! Hijo de pu- Vendré apenas termine cariño, no te cobraré extra. —Guiña el ojo, sosteniendo su ropa y vistiéndose a medias. El otro demonio no entiende nada.
Sabe perfectamente que es temprano, pero llamó a Angel Dust de todos modos. Tienen que ir lejos hoy. Es mejor hacerlo desde ya. Amplía un poco la sonrisa al ver que llega despeinado, a medio vestir e indudablemente fastidiado.
— ¡Bienvenido my dear!
— ¡EL HORARIO, ALASTOR! ¡ESE SEXY GATO YA ESTABA LISTO Y ME CORTASTE EL ROLLO! —Acusa disgustado y con ojos brillantes, un tanto más ancho de cuerpo y con los seis brazos fuera—. Dime que mierda pasa por tu cabeza para sacarme de mi cliente perfecto de la tarde. —gruñe.
— ¡Sencillas y puras ganas de molestarte! —Exclama con las manos en las mejillas.
— ¡HIJO DE PUTA!
Y Alastor se ríe. Así de simple.
— ¿Un senador? Ahora que lo pienso ¿Qué lineamientos usas para ir a matar cuando no te retuerces en el aburrimiento? —cuestiona estirado en el asiento de atrás. Cuando se trata de un lugar apartado usan un auto robado a alguna víctima de la lista. Siempre lo esconde tras un edificio abandonado al que nadie va. Sacando la batería y alguna que otra parte para cerciorarse que nadie robe al ladrón.
—Todos son unas basuras de personas.
— ¿Ah? En qué sentido.
—El falso leñador acosaba a las que cruzaban frente su trabajo, la rubia de hace tres semanas compraba abrigos de piel animal, la gorda botaba comida entera para no dársela ni a los personas, el joven de cara llena de acné rayaba paredes...
Angel Dust mira al techo un instante. No son cosas que "Si, este infeliz merece morir", en realidad son rasgos propios que disgustan a Alastor de alguna manera. Su forma tan cuadrada y estricta de ver el mundo y como han de comportarse. Si no eres un santo, eres un demonio, permíteme adelantar tu viaje al infierno.
— ¿Tu madre te enseño eso?
—Ah, mi madre, una encantadora señora—tararea entrecerrando los ojos—. Con su vida sencilla, aburrida y cocinando la mejor comida del mundo.
—Mi mamá solo me lanzó a la mierda por drogarme en lugar de vender la droga como toda la familia. —comenta con cara arrugada. Bueno, tampoco sabe si su padre la obligó a ello. En dado caso, tampoco fue tan mala cosa.
Pues al menos se alejó del entorno mafioso y no murió en un tiroteo como su hermano.
— ¡Eso explica muchas cosas my dear! —afirma en una carcajada. Angel Dust se pone de lado, con una mano en su cadera levantada y sosteniéndose la cabeza.
— ¿Y dónde está tu madre ahora?
—Cielo, infierno, quien sabe.
— ¡¿YA SE MURIÓ?! ¿¡Qué edad tenía!? — Paran por un semáforo en rojo. Alastor gira, con el brazo recostado en el asiento y su gesto tenso, casi irritado a pesar de lo sonriente que es.
—No murió, la mataron. Su bonito cuerpo desperdigado desde la entrada hasta la sala—hace una línea con el dedo—. Lleno de moscas y lombrices llegadas a su boca, su entrepierna, su pecho—Ladea la cabeza y Angel Dust deforma la expresión en una de desagrado—. Con la sangre seca, igual que el semen de los infelices que entraron a violarla, matarla y robarla.
—Oh...
— ¡Por eso, Angel! —Exclama de repente, Angel Dust se hace atrás, espantado por el salto—. Hay que hacer actos, porque la gente está tan jodidamente aburrida que creen que hacer algo como eso aliviará su aburrimiento. No lo hace. Tan solo por un tiempo breve y el tedio a la vuelta de la esquina—Entrecierra los ojos—. Somos todos demonios, dispuestos a hacer lo que sea para no estar aburridos.
— ¿Tú la viste? —Suena impersonal. Como si Alastor estuviera hablando directo al micrófono de la radio en lugar de estar hablando hacia Angel Dust. El locutor vuelve al volante y avanza.
—Por supuesto.
— ¿Totalmente?
—Fui quien avisó su muerte ¡Un lugar perdido a mitad de la nada! Campo que vendí.
Cruza los brazos y se estira hacia adelante, consiguiendo verlo.
— ¿Hace cuánto fue?
—Diecinueve años.
Alastor tiene treinta y siete, por lo que, tenía dieciocho para ese momento. Ahora puede hacerse una idea de porque está tan ido de sus facultades. Nadie entra al canibalismo tan fácil, menos tiene un contador de víctimas por excusas ridículas y luego justificar con que lo hace por "aburrimiento".
A menos que se tratara de algo clínico. Cosa que en Alastor no se podía notar a tan simple vista. Es alguien demasiado manipulador. Capaz de crear una imagen de sí mismo en los demás con tanta facilidad.
— ¿Y sus asesinos?
—Misteriosamente murieron. Quién sabe.
Tomó venganza. Alastor tiene el infierno asegurado desde los diecinueve-veinte años. Impresionante. Exhala, girando y estando en una posición terriblemente incómoda para cualquiera que no sea él.
—Seguro no eran muy listos. Lo más probable es que murieran en alguna de las purgas que hay cada fin de año—Se encoge de hombros—. En fin, ya que importa. Ya pasó.
—Se está solo en el mundo.
—Y en el infierno. No hay mayor cambio.
—Pensé que tenías amigos.
—Era más importante abrir una tubería que—Bufa con molestia, volviendo al asiento—. Solo tengo una amiga. Es la única que importa. Y Fat Nuggets.
—Y Fat Nuggets.
Sigue haciéndole gracia que así se llame una mascota. Hasta donde ha podido sacar, Angel Dust tiene amigos: Cherri Bomb –la que más nombra-, Charlie, Vaggie, Husk, Stolas más o menos y a saber en qué categoría entra "Val". Siempre lo menciona, más no está seguro de que clase de relación hay. Puede ser cualquiera.
De la forma en que sea, quizá se entere en algún momento. Por no decir que Angel Dust luce especialmente molesto con el tema "amistad" de hace un buen tiempo para acá.
. . .
—Es guapo. —Los ojos de Angel Dust brillan, observando al hombre que se acomoda para ir a dormir en su lujosa y enorme cama.
— ¿Su belleza te hace dudar ante la capacidad de matarlo? —cuestiona con una mano tras la espalda.
—No. Solo quiero acostarme con él ya que me jodiste el único polvo decente que pude haber tenido esta semana—refunfuña con mala cara. Alastor no luce precisamente convencido—. Mis colmillos tienen veneno, podrás ver como se muere por eso y hacer la escena que más te guste, no te angusties. Solo un revolcón. —pide con ojos entrecerrados, sonrisa enorme y dedo levantado.
—Puede tomarse como un pago a mí pequeña broma, por lo que no tengo problema en que hagas lo que gustes.
— ¡BIEN! —celebra levantando los brazos.
Entrar a la casa resulta sencillo si lo hacen desde el jardín y dado que Angel Dust es capaz de dar saltos enormes, es suficiente con que sujete a Alastor para dar un brinco para llegar al pórtico trasero. Abrir la puerta y entrar. No hay gente de servicio en la vivienda ni nada particularmente peligroso.
Un senador que ni siquiera tiene guardaespaldas se hace notar como un tipo excesivamente confiado para su propio bien. Angel Dust tarda poco en avanzar directo a la habitación. Alastor por su lado explora la enorme vivienda e inicia a preparar la escena que tiene planificada para hoy. Saca las botellas de bebidas alcohólicas que hay. Siendo una enorme y sustanciosa variedad.
Las empieza a servir en todas las copas, generando un bonito efecto sobre la larga mesa del comedor. Saca todas las velas que encuentra, fósforos y cigarros. Ya tenía la idea de una imagen un poco más íntima. Jugar con las ideas que se tienen con respecto a sus asesinatos: Los pecados capitales.
La primera fue sobre comida: Gula; alguna otra con un cuerpo envuelto en dinero y llenado con este, señalando codicia; alguien en una postura de sueño con innumerables agujas clavadas en toda su piel, incluyendo los ojos, impidiendo que los pudiera abrir, es decir, pereza.
Puede experimentar con la lujuria en esta ocasión ¿Quién mejor que Angel Dust para hacer preámbulo a ello?
Ligeramente curioso decide subir y ver que tanto puede hacer el demonio arácnido con el hombre. Preguntándose si al menos en primera estancia lo asustó. No es precisamente anormal ver un demonio araña subido a tu cama y yendo a tocarte las pelotas. Entreabre la puerta, siendo ahora audible.
Los gemidos de Angel Dust son escandalosos, constantes y lánguidos, saltando sobre la virilidad del bien dotado senador. Ladea la cabeza, frunciendo un poco las cejas. Está muy entretenido. Apoya las manos en las paredes, enjaulando al hombre que se deja hacer sin replicar, teniendo una enorme mordida en el cuello y en el pecho.
Hinchándose y poniéndose morada lentamente aunque no dé cuenta de ello.
—Va-Val- Val—Saca la lengua, con baba chorreando de su lengua larga—. Abrázame más. —ronronea juntándolo a su pecho, consiguiendo que el rostro sea escondido en el pelaje felpudo y que tiene un aroma suave y dulce.
Un sonido chillón se le escapa y Alastor entra a la habitación, notando que ya se corrió. Guiña repetidamente, con la misma incertidumbre que siempre ¿Qué tiene de interesante? Si bien es cierto queha tenido erecciones y se ha masturbado, no tiene interés en hacerlo con alguien. No le parece llamativo.
Angel Dust rasguña al contrario, pasando sus dientes con la intención de desperdigar más veneno en él mientras se recupera del orgasmo. Lo sorprende ser puesto contra la cama y en su inercia a esto, abre las piernas, cambiando la expresión a una de desagrado total. Ni siquiera entiende qué dice.
—Ya se te acabó el turno. —informa con voz perezosa. Ve el efecto de su veneno. Posiblemente ya no pueda ver. Lo primero que ocasiona, es que los sentidos colapsen. El último de ellos, el tacto. En lugar de ello, se hace aún más fuerte—. Ya, cariño, ya—Quita la mano que intenta seguirle apretujando el pelaje—. ¡Te dije...!
Calla por sí mismo, quedándose quieto y mostrando fastidio. Por estimulo lo siente bien, no obstante, ya no quiere continuar. Con una vez le era más que suficiente. Una de sus manos es tomada y gira la cabeza hacia Alastor. Este sonríe amplio, haciendo gesto de silencio hasta sacar el arma que siempre le da y disparar directo a la sien del senador. Matándolo y ocasionando que le caiga encima.
—Parece que se te salió de las manos, my dear.
—Costumbre, es todo.
— ¿A que sigan aun si no quieres? —cuestiona curioso. Angel Dust lo arrima a un lado y junta las piernas. Con un brazo alcanza su falda negra—. Mencionaste a Val. —acota, sin preguntar en realidad.
—Ah—Flexiona las piernas a un lado—. Que anticlimático...
Ladea la cabeza. No tiene nada que físicamente se parezca a Valentino, sin embargo, vienen a ser casi lo mismo: Alguien con mucho poder, capaz de hacer lo que les da la gana, que físicamente puede atraer, pero después son una absoluta mierda. Chasquea la lengua antes de apretar los labios.
—Gracias por quitármelo de encima.
—No hay de que, my dear. —Le da un beso en la mano que Angel Dust no suelta. El demonio voltea a verlo sorprendido hasta aflojar en una expresión llorosa—. Cambia esa cara ¡Estás perfecto para el acto de hoy! —Afirma grandilocuente—. La lujuria capaz de asesinar ¡Sonríe! ¡Eres la causa y destrucción!
Logra hacerlo, levantándose y siguiéndolo abajo para montar todo en la habitación.
Al final, pusieron al hombre abierto de piernas –Angel Dust le corto los genitales-, con el falo introducido entre las nalgas, las mordidas obvias y expulsando pus amarillento, la boca abierta, lengua fuera, sangre y su propio semen ahí. El vino y demás bebidas alineadas en diferentes vasos. Siendo en descenso. Velas entremedio, dando un aire muy íntimo.
Por tontear, la primera foto fue de Angel Dust sobre el cadáver, insinuante y haciendo parecer que iba a besarlo. La segunda, la que se va a repartir, es panorámica a todo el lugar. Incluyendo prendas de ropa interior tanto femenina como masculina. Angel Dust se prueba las joyas que hay al igual que la ropa más bonita.
—Sigue sorprendiéndome lo suave, pero macizo de tu pecho. —admite, pues la lencería se ajusta perfectamente a la enorme pelusa y no la aplasta.
—Por eso a todos les encanta—afirma viéndose en el espejo—. Esta ropa es muy bonita.
—Te sienta muy bien. —admite pasándole otro conjunto. Es la primera vez que lo ve tan desvestido. Pues ni siquiera al llegar estaba así.
—Lástima que no tenga para mí—Deja caer los brazos—. Me las rompen a cada rato. Malditos animales de mierda—bufa dando un coqueto giro. Mira los pendientes. Valentino seguro se los quitaría si los ve. Son de oro—. ¿Cuál te gusta más? —pregunta curioso, con su cabello cayendo un poco más, rizado por el calor del lugar.
—La negra, crea contraste, además ¡Siempre es mejor la ropa negra! —afirma con la mano tras la espalda.
—También queda bien con mis botas—Da un pequeño salto antes de poner las manos en su cintura—. Me llevo esto y no lo sacaré nunca de mi habitación. Lejos de Fat Nuggets.
—Creo que pode-
—Sé que no te gusta el contacto, pero ¿Puedo darte un abrazo? —cuestiona entre abochornado y curioso.
Alastor parpadea repetidamente. Entre confuso y sorprendido por el pedido de Angel Dust. Lo un instante. Tiene puesta lencería negra. Un sujetador ajustado a su pecho, lleno de encaje que cubre hasta su cintura. Habiendo hecho un par de agujero para sus brazos extra. La parte inferior cubierta por una pequeña falda y en las manos, usando las mallas que debían ser medias, pero no hacen falta con las botas.
Negar que es una imagen bonita del demonio le parece imbécil. Frunce un poco las cejas, recordando que Angel Dust incluso pidió a su acompañante que lo abrazara.
—Una vez no va a estar tan-
Es jalado bruscamente hacia él, que está sentado en el suelo con las piernas a los costados de su cuerpo. Su rostro acaba medio metido en su pecho. Exhala, realmente huele muy bien. También es tan suave. Entrecierra los ojos, dormitado y girando la cabeza para meter la cara ahí.
Angel Dust da una risita, acariciándole el cabello, soltando el descuidado moño y enredando los dedos en las hebras pelirrojas. Alastor apenas da quejidos de extraña procedencia y a saber si se murió o está inconsciente. Lo único cierto, es que le encanta que esté así. Entrecierra los ojos.
Él si habría llegado a ayudarme cuando lo necesitaba...
