Disclaimer: Ojalá ganáramos algo con esto. Al menos J. K. tampoco lo hace.

Nota importante: este capitulo y el siguiente, se han resubido debido a unos problemas que tenía el texto antes (no tengo ni idea de lo que ocurrió). Gracias a .3 que me ha hecho notar mi descuido, nos has salvado a todos.

Disculpen este par de semanas sin actualizaciones que valieran la pena, aquí van por si quieren seguir con la historia. Ahora revisaré siempre después de postear, pero si desean, esta historia también está en AO3, con el mismo nombre.


Crookshanks observó como el hilo del color más llamativo se estiraba mientras el amigo de Hermione se alejaba del humano cuya aura revelaba que se encontraba en medio de una crisis existencial. No había visto el hilo del color más llamativo unir a dos personas que antes no estaban unidas.

De hecho, encontrar un hilo de ese color era bastante inusual, no había visto ninguno el el castillo, y el último que había intentado atrapar, unía a los padres del pelirrojo que por alguna razón le gustaba a Hermione. A ellos también los unía un hilo, pero no era del color más llamativo, sino de un reconfortante color zanahoria parecido a su propio pelaje.

Decidió que la aparición repentina del hilo era la excusa perfecta para buscar a su mentora. En un buen primer día ella estaría haciendo rondas por las cornisas del castillo, espantando palomas y vigilando a los cachorros humanos.

Cuando Hermione estaba dormida, Crookshanks salió en su búsqueda.

—Meow —le informó después de olisquearla, cuando la encontró.

Su mentora se transformó de inmediato y se dirigió a la biblioteca. Al parecer no tenía respuestas acerca de hilos que aparecían de repente.

—Pero dime Crookshanks. ¿Qué alumnos son aquellos que tienen esta extraña conexión?

—Meow —le respondió.

Su mentora se convirtió de nuevo en un instante, como si no hubiese podido evitarlo.

—¡¿Meow?! —le exigió de nuevo. Sus pupilas dilatadas y hocico alerta.

Parecía a punto de gruñirle.

—M-meoow —afirmó de nuevo Crookshanks, un poco atemorizado.

Era una suerte que los gatos siempre cayeran de pie, de lo contrario un terrible accidente pudo haberle ocurrido a su mentora cuando el libro sobre el cual estaba parada se resbaló, haciéndole perder el equilibrio.

Crookshanks esperó a que ella se recompusiera y regresara a su forma humana, más efectiva para buscar respuestas en los libros. Se parecía tanto a Hermione que Crookshanks se relajó y se echó a su lado en la mesa de estudio.

Cuando ella lo despertó, tan solo le pidió una cosa antes de mandarlo de regreso a las habitaciones.

—Obsérvalos y dime si hay algún cambio con el hilo. De hecho, intenta acercarlos si puedes, necesitamos saber que tan fuerte puede llegar a ser ese lazo. ¿Quién sabe? —empezó a hablar como para sí misma—, tal vez esta es la respuesta que Albus buscaba para unir las casas.

Sin entender nada de lo que su mentora decía, y sin importarle nada más allá de sus caricias y la ubicación de una ratonera por sus servicios, Crookshanks regresó a la habitación de Hermione.

No sin antes saltar un hilo brillante que atravesaba el pasillo de lado a lado.