Disclaimer: Mi cuenta bancaria dice que no gano en libras. Es una lástima porque debe ser divertido, no es así, J. K.?

Nota: Capítulo resubido debido a lo que sea que hubiese ocurrido antes con el texto.


El estado casi catatónico de Draco estuvo a punto de regresar cuando McGonagall anunció el último requisito para los estudiantes de octavo año.

Empezó a rezarle a merlín y a cualquier deidad que lo quisiera escuchar, pero antes de que en su mente terminara la primera frase de su rezo, la directora ya lo había emparejado con Potter para criar juntos una lechuza huérfana. Debía admitir que era un lechuza bastante adorable, de plumas cafés con visos morados y unos ojos ámbar grandes, pero adormilados; definitivamente él tendría que ser quien la nombrara, conociendo a Potter, seguramente la intentaría llamar Ginebra o algo igual de ridículo.

—Malfoy —lo saludó Potter mientras también admiraba al animal.

—Se llamará Hestia —afirmó él sin perder un segundo.

Potter parpadeó con confusión.

—En honor a la diosa griega del hogar. Gracias por hablar bien de mí en el juicio y todo eso, pero esto no es negociable.

—No he dicho nada.

—Bien.

—Bien. Iré con Hagrid esta tarde, confío en que me dé buenos consejos acerca de cómo cuidarla, pero tendrás que pasar tú las noches con ella. Tengo otro animal pequeño que cuidar.

Draco recordó el hurón blanco que se había asomado de la túnica de Potter la noche anterior. Apretó la mandíbula. Después de todo no había sido una aparición extraña en un sueño vívido.

No le pareció mal, después de todo Blaise no siempre pasaba las noches en la habitación y un poco de compañía extra no le haría ningún mal. Además de esa manera podría ganarse el camino de Hestia, de modo que al final esta estuviera más apegada a él que a Potter. Sería una victoria para él.

—De acuerdo. Me llevaré a Hestia conmigo ahora. Te veré en clase.

Draco se alejó orgulloso. No había mirado a Potter ni una sola vez y se las había arreglado para agradecerle e imponer su voluntad en una sola frase.

Hasta el momento parecía una victoria.


Harry confiaba en Hagrid, de verdad lo hacía. Pero cuando vio la bolita de pelos blanca desaparecer en medio de sus manos gigantes y entusiastas, no pudo evitar que su corazón diera un salto a su garganta aún más dramático que el que había experimentado al ver a Malfoy acariciando a Hestia.

No sabía si estar resentido o agradecido con Mcgonagall por obligarle a pasar tiempo con Malfoy.

Cualquier persona que hubiese estado muerto pero vivido para contarlo estaría de acuerdo con que la experiencia le da un giro a la vida. Y en el caso de Harry, había contribuido a que finalmente reconociera que desde que Malfoy había arriesgado su vida para ayudar a Harry a derrotar a Voldemort, pensaba en él de una manera diferente.

Le preocupaban las líneas oscuras bajo sus ojos, además del hecho que, a pesar de ser un chico pálido y flaco, a veces parecía ser más un fantasma que uno de sus compañeros.

—Es un hurón precioso, Harry —la voz de Hagrid lo sacó de sus cavilaciones—. No pensé que fueras del tipo hurón, pero escogiste bien.

—No, de hecho, me lo trajo el gato de Hermione.

Hagrid pareció no escucharlo por sobre los mimos que él mismo le hacía al hurón, mientras revisaba su boca.

—Ten cuidado de mantenerlo alejado de los depredadores, y síguelo alimentando como hasta ahora, has hecho un muy buen trabajo.

La puerta de la cabaña se abrió mágicamente, revelando primero una jaula vacía suspendida, y luego a Malfoy.

—¿Dónde está Hestia? —preguntó Harry preocupado.

Malfoy abrió su túnica, revelando a la pequeña lechuza que dormía pacíficamente en un bolsillo interior. La jaula era unas diez veces más grande de lo que Hestia necesitaba en el momento.

—¡Así que les correspondió las más pequeña! —exclamó Hagrid—. Debo decir que no me esperaba que ese huevo eclosionara cuando encontré el nido abandonado, pero es bueno saber que ha quedado en buenas manos.

—¡¿Así que nos dieron a la más débil de la manada?! —casi gritó Malfoy—. ¡Es como si quisieran que fracasáramos!

—Del nido, o bandada —lo corrigió Hagrid.

—Lo que digas, vine aquí por consejos para mantenerla viva, y parece que los vamos a necesitar.

En momentos como ese, Harry podía fijarse un poco más en el ceño fruncido de Malfoy que en sus ojos grises y brillantes.

—¡Cálmate, Malfoy! Hagrid ya la cuidó durante su periodo crítico. Me ha dicho que solo tenemos que cuidarla como a cualquier otra lechuza. Toma.

Le lanzó el libro de "Cuidados primerizos de las aves mágicas. Del huevo al vuelo. (categorías XX y XXX)", que Hagrid le había dado unos momentos antes.

Malfoy pareció entrar en razón y tranquilizarse.

—De acuerdo, veamos qué más tiene por sugerir.

Hagrid, que todo ese tiempo había estado acariciando al huroncito, se lo entregó a Harry completamente dormido. Este hizo lo mismo que Malfoy, y lo metió en un bolsillo dentro de su túnica. Malfoy parecía no poder quitarle la vista de encima al animal, lucía realmente confundido.

—¿Han pensado en que tienen que criarlos juntos?, esto si no quieren que más adelante la lechuza como depredador natural, le intente hacer daño a hurón.

Perfecto, pensó Harry.

—¡Joder! —exclamó Malfoy.