Lavar a un demonio que te saca casi un metro de estatura es difícil. Sobre todo cuando no cabe en la bañera. Sin embargo, se las ingenió como pudo para conseguir lograrlo. Nunca lo había visto totalmente desnudo, también resulta extraño que solo tengo un par de brazos. En si, es un desastre mayúsculo que no para de tratar acurrucarse en si mismo presa del dolor latente.
—Necesito que abras las piernas para limpiarte—indica secándose los brazos. No sabe de anatomía demoníaca o arácnida, pero asumirá como bueno que los muñones se cerraran y ya no sangren. Mantiene el ojo cerrado y apretado. A pesar de que tarda un poco y compunge la expresión, saca las piernas de la bañera para quedar abierto—. Espero que no haya sido mucho—comenta apoyándose—. Aunque sigues sangrando mucho. Tuviste una buena pelea. —dice irónico.
—Va-Valentino se enojo conmigo. —Aprieta los bordes de la bañera. Alastor introduce par de dedos para limpiar el interior de Angel Dust.
—Espero que no se enoje muy seguido. Va a doble matarte a este paso.
—Ya ha hecho esto antes. Solo fue... Un brazo.
—Solo un brazo. Me sigue pareciendo una mierda, my dear. —Opina desagradado por la sensación viscosa del semen.
—F-fue mi cul-
—Quien queda llorando, sangrando y arrastrándose por ser mutilado y consecuentemente abusado no tiene la culpa—Angel Dust baja la cabeza—. Que novio tan extraño cargas.
—Es mi jefe.
—Sigue siendo-
—Mi daddy y... Él me cuida de todo —dice con deje quebrado y más que una verdad, llega a sonar a que lo tiene tan enterrado en la mente que es incapaz de pensar algo distinto—. Y-yo no puedo hacer nada sin... sin él.
Alastor ladea la cabeza. Ha visto sucesos así. Sobretodo en sus paseos por todo lugar a ver con qué desastre vive la gente. Mujeres que a pesar de su rostro moreteado y siendo interrogadas para arrestar a su esposo, lo excusan. Afirman una culpa inexistente porque creen necesitar la protección de esa otra figura. Desconoce cómo luce Valentino, tampoco puede preguntar, pero lo más certero dado el estado del contrario, es pensarlo como alguien mucho más grande y poderoso.
Angel Dust bien lo dijo. Hay demonios poderosos que ofrecen contrato, son de un nivel distinto al suyo. Valentino debe formar parte de un escalón muy alto en la pirámide, si no es que está en la punta.
—Eres capaz de mucho. No necesitas de nadie. —Opina metiendo una de las piernas de regreso a la tina. Toma un balde pequeño y se lo vierte encima.
—Sí lo hago... Los demonios como yo... desaparecemos a menos que tengamos quien nos proteja...
Y de nuevo, se enrosca hacia si mismo, pareciendo una araña moribunda.
Agradece tener un sofá cómodo. Pudo dormir sin problema en él mientras Angel Dust ocupaba la cama. Fue a trabajar y ahora de regreso, tiene hasta miedo de ver cómo está. Le había dejado el desayuno hecho y también algo de almuerzo. Siente ligera fatiga, pero nada de lo que pueda preocuparse. Ha estado peor en otros momentos.
Al entrar en casa ve todo casi como lo dejó. La mesa un poco desordenada, pero todos los platos y envases limpios, incluyendo una nota que dice Muchas gracias, Darlin' con una pequeña araña dibujada y un corazón.
Avanza a la habitación llevando un vaso de agua y consigue a Angel Dust retorciéndose de dolor en la cama. Deja el vaso en la mesa de noche y ladea la cabeza, viéndolo fijamente ¿Por qué está sufriendo? No tiene heridas en lo absoluto y no puede decir que sea hambre o una pesadilla.
—Angel. —Llama, poniendo una mano en su hombro. Abre los ojos al sentirse apretujado en sus dos brazos.
¿Está pujando?
Entrecierra los ojos y se permite dormitar en su pecho a pesar de lo mucho que sufre el contrario. Un sonido extraño lo hace abrir los ojos de nuevo. Angel Dust lo suelta y deja de moverse, respirando por la boca.
— ¿Te regeneras? —cuestiona sorprendido. Tiene su segundo par de brazos, un tanto llenos de fluido transparentemente y aparentemente asqueroso.
—Sí... por eso me los ha arrancado antes—responde, viendo que hayan salido bien y sin ningún problema—. Aun no me salen los terceros—lloriquea ofuscado—. Tampoco mi ojo. —Lleva una mano a su cara. Alastor lo hace abrir el parpado nota el espacio aun vacío y rojizo.
— ¿Cuánto tardas?
—Las heridas de Overlord tardan más en sanar. De un demonio normal, sanan casi instantáneamente si no son mortales. —responde cerrando el ojo, incómodo por la brisa que entró—. Lo siento por tenerme cuidándome.
— ¡No resulta un problema, my dear! —exclama con las manos tras la espalda—. Disfruto tu compañía y no dejaría a alguien tan querido sufriendo solo ¿Más droga?
A falta de idea de que calmantes puede usar y siendo que Angel Dust deja tantas cosas aquí, no es de sorprender para nadie que incluso dejara paquetes con droga. Entre ellas, cómicamente, Angel Dust. Siendo demonio, animal, humanoide ¿Qué calmante iba a darle? ¿Ibuprofeno? Es muy probable que no sirviera de nada.
¿La solución? ¡Droga! ¡Mucha, mucha droga! Solo de esa forma pudo dormir por la noche
— ¿De verdad... me quieres? —cuestiona tomando la bolsa con el polvo blanquecino en su interior.
—Oh, lastimas mis frágiles sentimientos—Lleva una mano a su pecho con deje dramático—. ¡Por supuesto que lo hago, my dear! No habría otro motivo por el cual hacerte venir mil veces con tantas excusas a cada cual más tonta.
—Querer... ¿Querer cómo? ¿Romántico? ¿Cómo compañeros? —Tienta a saber.
Alastor ladea la cabeza, guiñando repetidamente hasta responder:
—No lo sé. Sé que te quiero y con eso es suficiente para mí. —Concluye con ojos entrecerrados y sonrisa brillante. Angel Dust sube el labio inferior.
—Oh...
— ¿Te decepciona?
—No realmente. Me sigue sorprendiendo. Creí que solo era para... entretenerte.
—Sí lo eras, pero con el tiempo cambió. Lo natural, supongo—Toma asiento en la cama—. Jamás paso tiempo con las personas de mí entorno. En general ¡Son un fastidio inmenso! —Declara levantando los brazos—. Sin embargo, tu resultas muy entretenido y capaz de mantener una conversación a pesar de que creí que no podrías.
—Me lo dicen más seguido de lo que piensas. —informa.
—El punto aquí~—Da un par de aplausos—. Es que eres alguien a quien aprecio mucho. Por ello me genera rabia que estés así por alguien y que creas necesitarlo. No necesitas de nadie que te haga daño—Inclina la cabeza, dándole un par de palmadas en la pierna—. Solo necesitas ser libre y disfrutar del pecado que te llevó a ser libre en el infierno y la tierra.
Sonríe tímido, haciéndose atrás el cabello con una mano y atrayendo las piernas hacia sí mismo. Abrazó a Alastor hace poco y no lo reclamó y bien, él ahora no tiene nada que cubra sus pies. Confianza que apenas tiene con Cherri. Siendo un momento de confianza y confesiones que desvelen cosas así:
—También me agradas mucho Alastor—Confiesa, este se muestra sorprendido a pesar de su gesto sonriente—. Tómalo como una ridiculez de la que puedes reírte, pero—Vuelve a mover su cabello, nervioso y abochornado—. Bueno...—Extrañamente, las marcas bajo sus ojos lucen brillantes—. M-me puse a pensar en ti cuando- Ca-casi me mata, no lo sé, estaba pensando tonterías, pero- Tú me llamaste en el momento, fue oportuno, casi parecía que yo te llamaba a ti a que me ayudaras y ¡Puff! ¡Estoy aquí!
Ahora se arrepiente de haberlo dicho.
No por qué Alastor demuestre nada raro, sino que está demasiado avergonzado por haberlo hecho. Es muy embarazoso.
—An-
— ¡Es que también te quiero mucho! A-aparte de Cherri pareces ser el único que- Ol-Olvídalo, mejor olvídalo.
Y aunque no se toma precisamente así, se traga toda la bolsa de droga y se esconde en la cobija. Gracioso pues Alastor es capaz de ver las marcas de debajo de sus ojos refulgiendo con fuerza. Cual bombillos navideños. Se limita a darle palmadas en la espalda antes de dejarlo solo y que duerma o regenere en paz.
Lo sorprende que dijera eso. Sea por denso o porque no presta atención a muchos gestos, pensó que muchas de las actitudes de Angel Dust venían únicamente de su personalidad coqueta. No que realmente se sentía sentimentalmente eludido a sus atenciones.
Mira en el sofá la caja con lo que compró de camino y tomando de un mueble aguja e hilo, se dedica a arreglar el conjunto de ropa con música de su tocadiscos.
Le da mil vueltas y lejos de molestarlo, le gusta. Usualmente con personas queriendo coquetear o acercarse románticamente a él, las echa a un lado porque no le importa. Son irrelevantes. No se ha entendido con nadie. Tampoco se ha preocupado por el bienestar de nadie.
Y luego está Angel Dust.
¿Tal vez sea compartir el sentido del humor retorcido? Me gusta verlo siendo feliz con lo que sea, saca chupándose el dedo que pinchó ante el descubrimiento recóndito. A más saca virtudes, más justifica que realmente lo quiere. A más lo hace, más frunce los ojos.
Si me gusta tanto ¿Por qué no quiero tener sexo con él? Es lo normal. Bufa, con deje enfurruñado y confuso al respecto. Ni siquiera con alguien que parece sentirse "atraído" sucede. Se sabe un bicho raro y a ahora la impresión de sí mismo solo empeora. Tal vez por qué es una araña... niega con la cabeza, no le importa que sea así para considerarlo bonito. No hay nada. No existe.
— ¿Qué tanto piensas?
Mira la ventana y luego a Angel Dust que está asomado en la pared. Sin los tacones, es imposible oírlo. Alastor anuda el hilo y deja la prenda en su lugar. Ni cuenta se dio de que terminó y que ya es muy caída la noche.
—Cosas extrañas, nada importante, my dear... ya salieron tus brazos y tu ojo.
—Mientras dormía—responde acercándose. Usa un pantalón corto y un top. Uno de los tantos dejados por ahí—. ¿Qué tanto piensas? El disco termino—Señala—. Pareces perdido.
— ¿Es normal no sentir deseo sexual alguno hacia otro?
En teoría, Angel Dust ha de saber más del tema.
—Sí—responde sentándose en otro sofá—. Hay a quien son de esa manera: Asexuales. Eso eres ¿Por qué?
—Pensé que se quitaba si sentías cariño por alguien. —admite ladeando la cabeza.
—Ummm. No. No tiene que ver. Si no te excita nada, pues no quieres. No es de bicho raro, solo te pasa que nada te llama, así como a mí me gustan los hombres y solo me fijo en ellos—explica y levanta—. Te masturbas ¿No?
—Si llega algún momento o estando en exceso aburrido y sin ganas de salir.
—Pues es todo—Aplaude con las manos inferiores—. No creas que eres raro por no desear a nadie. Si te gusta tocarte por el mero placer físico y no te interesa acostarte con otros, es cosa tuya. —explica con deje conciliador.
Hasta donde recuerda, los asexuales eran casi un mito y cuando alguien se declaraba así le decían impotente o frígida. Alastor inclina la cabeza y se lo queda viendo. Cayendo en lo mismo. No hay atracción sexual mínima hacia Angel Dust. Sin embargo, si una atracción sentimental. Angel Dust enlaza las manos tras su espalda guiñando repetidamente y pensando que tal vez Alastor quiere preguntar algo más.
— ¿Cómo es que te atraiga alguien sexualmente? Qué se siente... no entiendo.
—Ay por dónde empiezo—Se deja caer al piso y apoya los brazos en el sofá—. Para empezar: Te preguntas como se siente estarlo tocando, hay una expectativa a que pueda suceder, te imaginas cómo será en la cama, como toca, como lo tiene, si será fuerte, será suave, será una mierda ¡Todo eso con eso verlo! También viceversa. A veces es tan fuerte que llegas a pensar que es la mejor vez del mundo solo por ser quién te atrae... Bueno, miento, antes solo eras como idiota queriendo solo tocarlo, algo de manitas agarradas, luego besitos y por ahí vas.
— ¿Yo te atraigo?
Angel Dust Queda de perfil con los ojos sumamente abiertos. Que pregunta más directa y cortante.
—No te avergüences—Ríe con ojos entrecerrados—. Ser sincero no es delito.
—Bueno, desde siempre he dicho que eres guapo.
—Yo creo que eres lindo y no por eso me atraes así. —Especifica. Angel Dust se hace el cabello a un lado, nervioso.
—Un... ¿Poquito? Si.
Que vergüenza.
—Podemos hacerlo si tú quieres.
Angel Dust gira hacia él, con una mano en el pecho de lo asombrado. Parpadea repetidamente y lo ve con profunda extrañeza
—Hablas... ¿Hablas en serio?
—Nunca lo he hecho con nadie. Si masturbarse se siente bien, en teoría esto también ¿No es cierto? —Levanta de donde está sentado—. Te vas a sentir bien y yo también. Siendo así ¿Qué problema hay?
Le causa cierta ternura que los ojos de Angel Dust obtengan tanto brillo ante ello. Levanta del lugar, manteniéndose ligeramente inclinado hacia adelante para matar algunos centímetros de distancia.
—Sí que quiero. —afirma con una sonrisa amplia.
Es, extrañamente, la primera vez en AÑOS que va a tener sexo solo por sentirse bien y no por un pago. Es extraño. Muy muy extraño. Aparte de estar insanamente emocionado, no sabe cómo describir la sensación.
—No te molesta que este encima tuyo ¿Verdad?
—En lo absoluto.
Alastor se permite llevar las manos directo al pecho de Angel Dust. Es demasiado llamativo como para aguantarlo. Da suaves tirones al pelaje suave y esponjoso. Entrecierra los ojos. El beso da una sensación cosquilluda y húmeda. Angel Dust aprovecha todas las manos a su disposición para desnudar a Alastor, deshaciéndose de su propia ropa en un santiamén. Resulta curioso y puede comprender porque a la gente le gusta tener a Angel Dust de compañía: Apenas pesa y es como tener un cojín encima.
Esponjado, acolchado, huele bien. Es como una alta y esponjado bola de pelos. Descubre que al demonio realmente le gusta que jueguen con su pecho, llegando a masajear la piel directamente y dando tirones suaves a las hebras pálidas. Girando en la cama, Angel Dust mantiene el beso, casi empeñado en asfixiar a Alastor en ello. Teniendo el cuerpo curvado para hacer el mayor contacto posible.
—E-estoy soltando veneno. —Avisa separados, sorbiendo el líquido de tono más rosado que se le escapa de los dientes.
Alastor había sentido un ligero ardor, pero no había dado importancia al tema. Las marcas de sus ojos están brillando y pudo notar que el ojo oscuro tiene la iris hecha un corazón. Ensancha una sonrisa. Ya hay pruebas suficientes de que le está gustando y eso le genera satisfacción. Angel Dust Lo había dicho: Es alguien que disfruta tener sexo, siendo mal interpretado en ello.
El juego previo no es precisamente extenso. Centrándose en lo que quieren llegar con esto. Cuando lo penetra Alastor nota como su pelaje se hincha y gime con una sonrisa torcida en el gusto. Entró fácil y quizá ni siquiera dolió.
Si bien es cierto que se siente mejor que masturbarse, que se resuma todo a acto sexual con Angel Dust no es precisamente llamativo. Claro, se siente muy muy bien, pero no es lo único que hacer con él. Angel Dust va viene para todo lado, excitado y complacido por el acto; saberse capaz de generarle una buena sensación al otro que es tan reticente al contacto. Lo junta hacia sí mismo, obligándolo a meter la cara en su pecho y saca la lengua un instante, sorbiendo el veneno que sale sin que lo quiera.
Se siente muy bien...
Aprieta las piernas en torno a Alastor cuando este se viene y suelta aire retenido.
—Alastor. —gime cantarín, llenándole la cara de besos. El locutor cierra un ojo, dejándose hacer.
No fue la única vez en la noche. Admite haber continuado por seguir percibiendo a Angel Dust en semejante buen modo. Cómo se vuelve más mimoso y penoso por momentos. También admite haber tenido miedo por el oral. Demasiados colmillos para sentirse tranquilo, pero acabo bien. Muy bien.
—Ummm... Lo mejor que he hecho en mucho tiempo. —ronronea Angel Dust boca abajo, balanceando las piernas de atrás hacia adelante.
— ¿De verdad? —cuestiona. Pensando qué tal vez lo dice por ser cortes y no ofenderlo.
—De verdad—afirma dando un beso a la mandíbula de Alastor—. Aunque-
—Ya es muy tarde y aunque mañana no trabajo, hay que levantarse temprano. Vamos a dormir. —Indica. Angel Dust quería pedirle que lo devolviera al infierno.
Pues ya lleva mucho tiempo aquí y lo preocupa que Alastor pueda resentirlo. A final de cuentas, todo esto va por su energía. Se lo puedo pedir mañana. Se da el gusto de abrazarlo para dormir, Alastor descubre que no hay mejor almohada que el pecho del demonio arácnido.
—Debemos inspeccionar la vivienda.
Alastor se levantó por el timbre de casa. Pensó que sería su vecina molestando como cada domingo. Para su sorpresa, es la policía. Ni siquiera era consciente de que estaban investigando el vecindario y a pesar de disimularlo dándoles paso con cortesía, teme que revisen su nevera con carne humana y el agujero en el suelo donde tiene las armas con restos de sangre. Es un mal momento.
Además, Angel Dust no está por ningún lado ¿A dónde se fue? Tampoco está la ropa que arreglé ayer.
Tiene a toda una unidad revisando su vivienda, casi poniéndola patas arriba.
—No tengo problema con que revisen, pero ¿Por qué tanta minuciosidad? —cuestiona ¿Acaso tienen pistas de que pueda ser él? No ha dejado nada congruente.
—Sus vecinos y compañeros en la radio los han mencionado que a pesar de todo este desastre, usted ha estado muy tranquilo. Es una consideración a que algo pasa por usted y debe investigarse. Si no hay nada malo, no debe de asustarse. —responde el oficial. Alastor asiente y pone las manos tras la espalda.
Malditos hijos de puta.
— ¿Qué es esto? —se encamina a la cocina y ve lo que tiene en la mano. Gira el paquete y muestra la etiqueta.
—Corazón de res. Es más suave que un bistec, debería probarlo. —Recomienda y al mismo tiempo, mira su congelador.
Está casi vacío. Apenas hay dos o tres cosas que compró hace un tiempo en el súper mercado.
— ¿Tiene la factura de haberlo comprado?
—Creo. Espere un momento.
Ellos son conscientes del canibalismo y por eso estuvieron más de una hora molestándolo con todo en su nevera. Incluyendo poner todo a cocinar para verificar que el realmente lo que dice. Milagrosamente no había botado la factura.
—Señor, hay un agujero aquí
Se crispa y su sonrisa se vuelve tensa. Al ir con el jefe de todos, encuentra el hueco escondido, pero está vacío. Lleno de polvo y telarañas.
— ¿Por qué hay un agujero aquí? —cuestiona el oficial y Alastor levanta las manos, encogiéndose de hombros.
—Cuando compre la casa ya estaba ahí. Es difícil de abrir, no lo uso nunca como puede ver. —El hombre asiente ante su explicación.
Tuvo varios sustos más, pues en su clóset hay ropa femenina y él se supone que no vive con nadie: No está; le preguntaron por el libro negro para invocaciones que faltaba en las pertenencia de la satánica cuyo nombre no recuerda, tampoco estaba; revisaron sus llaves, donde estaban las del segundo auto: no están; la batería del segundo auto: No está; su casa está tan limpia como la de una persona normal y sin culpa alguna.
Ni siquiera está la droga y esa sí que se olvidó de que la tenía.
—Lamentamos la molestia y el desorden, señor.
— ¡No hay problema mi uniformado compañero! —exclama elocuente—. Cumplían con su trabajo. Agradezco que no dejen ir ni una pista. —Enuncia con una mano en el pecho y voz baja.
—Si ve a alguien sospechoso, puede llamar y avisarnos. Todos aquí lo escuchamos en la radio, será un honor ayudarlo.
—Muy amable. Hasta pronto. —Despide y cierra.
Mientras ordena el caos busca por su cuenta todo lo perdido. Los pasos de tacón llaman su atención.
— ¡Pensé que no se irían nunca! Una ardilla quiso quedarse a hacer nido en mi pecho. Era linda, pero me iba a ensuciar. —Angel Dust deja caer el bolso en el suelo. Uno enorme y que luce sobradamente lleno.
— Tú-
—Vi a tus vecinos hablando con la policía desde la mañana así que saqué todo para que no te descubrieran— explica señalando el bolso. Alastor lo abre y halla la carne en demasía, ropa, el libro, las herramientas ¡Absolutamente todo está ahí dentro! —. Y me di la libertad de vestirme con esto ¿Qué te parece? — Guiña un ojo y saca la le gua con deje coqueto. Es el conjunto de ayer.
Es una blusa que tuvo que alargar y hacer agujeros para los brazos de Angel Dust; una pequeña abertura de corazón para lucir el pecho, una falda larga y vaporosa; adornado con un pañuelo para el cabello. Al menos tiene claro que le gustó. Sonríe, con deje extrañamente cansado ¿Por qué se siente así?
—Que estas encantador, my dear. —Elogia ladeando la cabeza. Angel Dust da una coqueta vuelta.
—Por cierto, tengo que v-
—Después ¡Disfrutemos un poco my dear!
Angel Dust se deja agarrar, entre sorprendido y un tanto aturdido. Debe decirle ya que debe volver al infierno. A este paso, quizá lo mate. Quién sabe. La música empieza a sonar y baila con él. Queriendo ser teatral a la hora de tener que despedirse hasta la próxima vez que venga.
—Alastor, tengo que volver, sabes ¿No?
—Lo tengo entendido, pero no hay prisa.
—En realidad sí, a menos que no te importa estarte muriendo.
—Estoy bien. —afirma despreocupado.
—Tenerme aquí te genera un peso, lo sabes. Estoy quitándote energía vital. Tengo que irme antes de que realmente no puedas ni moverte.
—Cuando acabe el disco. —Asiente y sonríe. Es un buen tiempo límite.
Alastor medita aquel punto. Es inevitable que Angel Dust simplemente deba volver al infierno y empieza a temer que la próxima vez, ni siquiera aparezca porque su jefe lo mató. Se muerde discretamente el labio. Angel Dust tenía prisa a salir del acuerdo porque hay presión de parte de Valentino.
Quizá es menos probable que lo mate si lo libera.
Se ha divertido bastante. Más que nunca.
Y lo amargaría que quien lo ayudó con ello, desaparezca.
La canción acaba y Angel Dust da una vuelta más, jugando con la falta. Rara vez tiene oportunidad de usarlas así de ancha. Alastor arruga un poco la nariz y pone las manos tras su espalda.
— ¿Dónde vas a aparecer?
—En mi habitación del hotel posiblemente. Es lo que suele suceder, no sé por qué. Tal vez por ser un lugar "seguro" para mí. —responde acomodándose el cabello.
—Umm. Bien.
—Mientras esperaba se me ocurrie-
—Me divertí mucho, nuestro acuerdo queda concluido con éxito.
Apenas lo dice el pentagrama se empieza a formar bajo Angel Dust. Este se muestra sorprendido. Llegando a temblar y lucir a poco o nada de llorar ¿Hizo algo mal? ¿Es por abrazarlo? ¿Es por lo de ayer? ¿Por qué se quiere deshacer de él? A más lo piensa, más se acelera su respiración.
—No te alteres, my dear ¡No veremos de todos modos! Es imposible que no vaya al infierno y bien, es mejor tener con quien divertirme cuando vaya—Ladea la cabeza—. No quiero causarte más problemas.
—Alastor-
Lloriquea. Se está deshaciendo de mi. Su cerebro no deja tirar esa conclusión. La única factible a que su acuerdo se rompa en un chasquido.
—Sonríe my dear ¡No estás vestido hasta que no tengas una sonrisa!
Angel Dust niega con la cabeza, haciendo un pequeño puchero, queriendo disimular que no le está doliendo porque ¡Oh sorpresa! Primera vez en su existencia que toma afecto por alguien y este lo tira a la mierda.
—Más te vale aparecer allá abajo y buscarme ¡Tengo que mostrarte a Fat Nuggets! Solo... tarda mucho y no dejas de molestar a todos aquí. —Intenta dar ánimos. No ser tan cortante de desearle la muerte.
—De acuerdo.
Y desaparece.
Esta vez no volvería. Alastor exhala, mira su muñeca, con la marca cambiando a ser una telaraña sin araña. Qué pena y que molestia. Toma del bolso el enorme libro y lo abre, sentándose en el sofá para releer. Enfocándose en la parte de Overlords y demás detalles del estilo.
Lleva el libro a su cara y entrecierra los ojos. Irá al infierno de todos modos... Fue como decir su acostumbrado Hasta la próxima ocasión, Angel Dust.
