Crookshanks ya conocía a Harry lo suficiente como para saber que la mejor manera de llamar su atención sobre cualquier cosa, era apelar a su arraigado sentido del heroísmo. De modo que cuando comenzó a maullar con un tono de preocupación bastante convincente mientras arañaba la puerta que daba a la habitación de Draco, Harry no dudó en salir de su escondite para precipitarse y empezar a aporrear la puerta.
Poco después, un Draco de ceño fruncido y mueca de desprecio le abrió la puerta. Crookshanks ni siquiera intentó seguirle el rastro a las tonalidades cálidas y destellos metálicos que empezaban a fluctuar a toda velocidad por el hilo que los unía. Se escabulló junto a Harry, y debían estar lo bastante concentrados el uno en el otro, como para que, a pesar de su tamaño y pelaje, no lo notaran ni por un instante.
—No recuerdo haberte invitado a entrar, Potter —le recriminó Draco, sin esforzarse en impedir que entrara a su habitación. O a la pequeña antesala que precedía a tres habitaciones.
Harry parecía visiblemente avergonzado.
—Bueno, estaba el gato de Hermione y yo pensé que… ¿Qué estás haciendo?
Draco levantó una ceja, y pareció realizar un esfuerzo sobrehumano, pero al final dejó salir un suspiro y contestó sin sarcasmo.
—Estaba haciendo una lista de pros y contras, y por lo que he visto, es algo que tú también deberías hacer.
Harry pareció tomarlo como una oportunidad.
—Si tú lo dices... ¿me enseñas?
Y así, sin que ninguno lo notara de nuevo, Crookshanks se encontró en la habitación de Draco. Había sido una suerte que este hubiese llevado consigo a Hestia y a Snuffles antes.
—Me he dado cuenta de que soy bueno para muchas cosas, pero algunas no las disfruto, y en otras podría ser juzgado, ya sabes… por quien fui en la guerra.
—Tu fuiste un peón y una víctima más —le aseguró Harry con vehemencia.
Eso le hizo ganar una mirada larga y pensativa por parte de Draco.
—Si tú lo dices —pareció concluir—. En fin, que se me hace un buen momento para considerar mis opciones, antes de tener que considerar la inminente pérdida de mi patrimonio familiar y la locura de mi madre.
La pierna de Draco comenzó a moverse sin parar.
Harry apenas se fijó en ello. Parecía no tener idea de qué decir o hacer, de modo que solo se acercó un poco a Draco y puso una mano sobre su hombro.
—Yo también siento a veces que la presión me va a aplastar, ¿sabes? Todo el mundo espera algo ya no solo de "El niño que vivió", sino también del "Salvador del mundo mágico". Y yo no tengo idea de lo que quiero o de lo que estoy haciendo… nunca.
Draco soltó una risa extraña que no parecía feliz, pero sí sincera.
—Si no me lo dices, te juro que no me doy cuenta.
—Así es. No soy perfecto, y no quiero ser perfecto. Creo que tú lo entiendes mejor que nadie.
—Vaya, cuando te puedes identificar con San Potter, es porque de verdad has tocado fondo —Harry retiró su mano y se lo quedó viendo con la boca abierta—. Es reconfortante, ahora sé que no se puede hacer más que mejorar.
El hilo dejó de fluir y se estabilizó de nuevo en el color más brillante. Parecía que pasara lo que pasara, siempre volvería a ese estado.
—Venga, igual empecemos también con tu lista de pros y contras.
—De acuerdo. Solo intenta hablar lo menos posible como Mione, ¿vale?
Cuando Draco tumbó a Harry con una almohada, Crookshanks decidió que ya había visto suficiente y se marchó sin problemas.
Porque pensándolo bien, si no habían notado su presencia en la habitación, mucho menos notarían la puerta abierta.
