—Tengo que decir que me siento orgullosa por la manera en que han logrado sacar adelante a sus animales —declaró McGonagall en voz baja, antes de continuar con otra pareja designada.
Para sorpresa de nadie, la lechuza de Neville era la ganadora del premio que nadie sabía que existía. Para sorpresa de todos, este resultado también había sido parcialmente trabajo de Pansy Parkinson.
Draco pensó que la directora debía estar dándose a sí misma muchas palmaditas en la espalda por sus métodos para fomentar la unidad de las casas. Luego concluyó que al ser un resultado positivo en unos estudiantes con los que no tenía nada que perder, probablemente replicara el experimento paulatinamente con los estudiantes de los demás años.
—Toma, tu lagartija de consolación Hestia —Harry alimentó a la lechuza con el premio al tercer lugar que habían obtenido de McGonagall.
—Insisto en que solicitamos al consejo una revisión formal de esto —gruñó Draco—. Nosotros tuvimos doble trabajo. ¡Otras lechuzas tendrían mucho más que una mordida de hurón!
—O un hurón menos, y una lechuza sin mordida de defensa.
—Touché.
Draco resopló y acarició las plumas de Hestia, mientras se preguntaba cómo habían conseguido Blaise y Hermione el segundo lugar, aun cuando cada uno de ellos tenía mascotas felinas.
—De acuerdo, jóvenes. Los felicito a todos por su labor sacando adelante a estas criaturas. Como sabrán, tienen un día más con ellos. Mañana los esperaré a esta misma hora en la nueva lechucería para que inicien el entrenamiento de un mes en envíos, y dejen listos los lugares en los que vivirán. Recuerden hacer una lista de las preferencias de su lechuza.
Había una vibra nostálgica mientras todos salían del salón con sus jaulas en mano. Draco sacó a Hestia y la metió entre los pliegues de su túnica, dejándole la jaula vacía a Harry. Ya volaba como toda una campeona, pero todavía era tan pequeña…
—Si estás pensado en quedártela, tendremos que compartirla —le advirtió Harry, que lo observaba con atención quien sabe desde cuándo.
—Estoy pensando en que finalmente no tenderemos que estar juntos a todas las horas del día —respondió con un resoplido.
Harry aminoró el paso.
—Pero… Snuffles…
Cuando Draco entraba en pánico, podía responder de la manera más decente y diplomática existente para la situación, o ser un patán.
—¿Te refieres a ese hurón tuyo que mordió a mi pequeña? No creo que lo extrañemos.
Cuando Draco llegó a su habitación, se dio cuenta de dos cosas: Harry había aparecido la jaula directamente en su habitación, y había recibido correo.
—Pero Snuffles y yo si los extrañaremos…
—¿Qué dices, Harry? —Hermione lo alcanzó y lo tomó del brazo.
Harry suspiró para devolver a sus pulmones el aire que Malfoy le había extraído con su declaración.
—No es nada Herms.
Nunca había leído y respondido una carta de su madre tan pronto.
Si, solicitaría permiso al ministerio para ir a Francia durante las vacaciones de Navidad.
No. Definitivamente no asistiría a una clase de yoga con ella y sus amigas (probablemente no solo hepees, sino también borrachas).
Por supuesto que la escuela iba bien.
Claro que le habían gustado los postres que le había enviado.
A pesar de todo, había sido la carta más larga y positiva que le había escrito en mucho tiempo. Y es que si, su vida ya no se sentía siempre como una mierda.
No fue sino al reflexionar el porqué de esto para determinar si era algo que podía comentar con su madre o no, que Draco se dio cuenta…
De que su vida no era un infierno. Y que esto era por la misma razón por la que tenía un nudo en el estómago desde que había peleado con Harry. Aparentemente, no sabía manejar el hecho de comprobar que no debía castigarse a sí mismo y sufrir todo el tiempo y lo había saboteado todo.
Snuffles reptó por su túnica hasta situarse en su regazo. Parecía cansado.
En realidad, le extrañaría casi tanto como a Hestia.
Y cuando ese pensamiento terminó de formarse en la mente de Draco, un torrente de sentimientos lo invadió, como si el calor que el hurón irradiaba desde sus piernas fuese también emocional.
No tenía por qué extrañarlo. Si lograba pedir perdón, podría tener a Snuffles y a una amigo como Harry por tanto tiempo como se lo permitieran. Su vida había mejorado tanto desde que pasaba sus días con ellos, que probablemente no sabría qué hacer si los perdía la misma semana que lo alejaban de Hestia.
Escribió una despedida rápida en la carta para su madre y selló la carta. Luego acomodó al hurón en sus brazos y se dirigió a la salida.
—Vamos pequeño. Solo es pedir perdón y no tendré que perderlos por idiota.
El animal se reacomodó en sus brazos.
Al girar la esquina del pasillo de los de octavo año, Draco casi se dio de bruces contra Hermione y Harry.
