Hermione nunca se había enorgullecido precisamente de sus habilidades sociales, pero no era necesario tener la empatía de Molly Weasley para saber segundos después del choque, que la tensión no resuelta entre Harry y Malfoy debía resolverse pronto. Nadie deseaba que Hogwarts sufriera más destrozos.

—Iré con Blaise a terminar la lista de preferencias de Donna. Deberían hacer lo mismo. La biblioteca está bastante desocupada a esta hora.

Le pareció ver que Crookshanks salía de la puerta de Malfoy, pero decidió no cuestionarse demasiado al respecto y emprendió la marcha hacia su dormitorio.

Se sentó en su cama, cerró los ojos y tomó un par de respiraciones profundas. Pasara lo que pasara, tenía que prepararse para otra cena en la que Harry no pararía de hablar de Malfoy.

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—¿Donna?

—Madonna. La lechuza de Blaise y Granger. Todavía no entiendo el nombre, es como ponerle Lady o Señorita.

Harry se preguntó si Hermione le había mencionado en algún momento el nombre de su lechuza. Seguro que acordaría de ser así, ¿cierto?

—Creo que lo entiendo mejor que tú esta vez. Luego te lo explico.

—Vale.

Además de que fue un silencio incómodo, a Harry le pareció que la punta de las orejas de Draco (el punto que se había fijado para no mirarlo directamente a los ojos), habían enrojecido un poco.

—Potter…

—Malfoy…

Harry olvidó lo que tenía por decir.

Malfoy se aclaró la garganta.

—Hummm… me preguntaba si ahora es un buen tiempo para ir a la biblioteca. Ya sabes, confeccionar la lista de preferencias de Hestia.

Y Harry quería aceptar, y pedirle que liderara el camino. Pero su pecho todavía dolía.

—Pensaba que no querías pasar más tiempo conmigo.

—Potter… acerca de eso…

—No pasa nada. Podemos ir a la biblioteca y terminar con la asignación. Todavía me tendrás que aguantar las mañanas de entrenamiento de lechuzas, pero después de eso podremos acabar por hoy.

—Potter…

Harry realmente no disfrutaba removiendo la herida, pero en ese momento se sentía particularmente en control.

—Nos vemos en la biblioteca en media hora.

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Como era de esperar, llegó antes que Potter. Aprovechó para tomar el control de sí mismo y del espacio de trabajo acomodando los pergaminos, la jaula de Hestia y las plumas.

Había guardado en medio de las páginas de su libro favorito una de las primeras plumas de bebé que había mudado.

Cuando Potter se ubicó a su lado, estaba agitado y sonrojado. El vuelco que dio el corazón de Draco removió lo suficiente su interior como para llegar a su cerebro.

No podía perderlo. Simplemente no era una opción.

Nunca habían estado tan concentrados y sincronizados para una asignación conjunta. Parecía como si se quisieran demostrar mutuamente que en realidad estaban concentrados en terminar la tarea, pero había algo en la respiración de Potter que no parecía natural. Era forzado, como si hubiese llegado directamente de la práctica de quidditch (estaba lloviendo, la cancha debía estar cerrada) y esa media hora con él no hubiera hecho nada para que dejara de estar agitado.

Draco sentía algo parecido, pero decidió que tenía más práctica controlando sus emociones y, por lo tanto, era una buena oportunidad para asumirlo de nuevo.

Terminó de escribir que Hestia era particularmente aficionada al agua con un toque de miel natural y como Potter parecía tener la suficiente energía contenida como para salir corriendo tan pronto como él pusiera el punto final, lo agarró por la muñeca sin darle tiempo a moverse más.

—Potter… —tenía algo más que decir, pero lo olvidó al sentir el pulso desbocado de este bajo las yemas de sus dedos.

—Malfoy, suéltame por favor.

—Tengo algo que decir.

Potter se volvió a acomodar en la silla. No parecía tener más intenciones de irse. Pero de repente su mirada se desvió. Draco siguió su mirada y no vio nada más que el Kneazle de Granger saltando entre las estanterías. Nunca entendería porque a los gatos les gustaba tanto la biblioteca.

Como sea, tenía algo que decirle a Potter, pero no debía descuidarse o terminaría diciendo demasiado.

—Creo que mi madre está enloqueciendo —confesó de repente.

—Oh… ya veo…

Potter parecía decepcionado. Por supuesto, nadie esperaría que alguien como Narcisa Malfoy estuviera enloqueciendo.

—Tengo preguntas acerca de las cosas muggles sobre las que escribe ahora. ¿Qué es el yoga?

—¿¡Narcisa Malfoy está haciendo yoga ahora!? —una sonrisa cambió por completo el rostro decepcionado de Potter.

Draco no entendía por qué era gracioso, pero asintió.

—Black. Y hay más palabras raras de donde salió esa.

Parecía que Harry estaba conteniendo la risa. Draco se sintió observado y puso un dedo encima de la boca de Harry para que no se riera bajo la supervisión de Pomfrey, pero solo era el Kneazle de Granger mirándolos desde una estantería de nuevo.

Cuando volvió su mirada a Harry fue consciente de la respiración acelerada de este sobre la mano que todavía lo estaba tocando.

—Harry… —le dio la oportunidad de interrumpirlo, pero parecía que Harry ya no tenía intenciones de asumir sus siguientes palabras—. Yo… lo siento. Creo que Hestia te extrañaría. Extrañaré cuidarla contigo.

—Pero Hestia ya ha crecido, solo la veremos algunas mañanas.

—Yo te extrañaré.

Draco sintió como sin que fuese su voluntad, su boca lo hubiera llevado hasta el borde de un precipicio, donde las siguientes palabras de Harry decidirían si lo empujaba al abismo, o lo traerían consigo.

Pero tan pronto como se recompuso lo suficiente como para mirarlo a los ojos, Draco supo que no tenía de qué preocuparse. Los ojos de Harry estaban abiertos de par en par, sus pupilas prácticamente habían tragado sus iris verde; su boca formaba una "O" casi perfecta, y el sonrojo en sus mejillas daba un contraste tan adorable, que Draco no pudo evitar sonreír con confianza.

—Podrías responderme ¿sabes?

—Yo… —Harry boqueó como un pez, y sagrado Merlín, Draco encontró ese gesto de lo más enternecedor—. Acabo de darme cuenta de que me gustas, Draco. Le gritaría si no le temiera tanto a Pomfrey. Creo que me has gustado desde hace bastante tiempo.

Draco no sabía qué responder a una confesión tan directa, pero se felicitó por haber dado el primer paso. Creía sentir lo mismo que Potter, pero sabía que ni en sueños podría expresarlo de esa manera.

Harry lo estaba mirando expectante, atento a su respuesta. Pero Draco ya no tenía más palabras.

Solo acercó su boca a la de Harry y le dio un pequeño beso. Y luego otro. Y otro hasta que no fue solamente el contacto de sus labios secos, sino un beso en toda regla y pudo sentir el sabor a torta de melaza en la boca de Harry. Draco pasó una mano por el cabello de Harry, siempre había querido removerlo y despeinarlo aún más (no es como si alguien fuera a notar la diferencia). Harry emitió un leve gemido que lo hizo remover su cabello y profundizar su beso con más ahínco.

No se habría detenido si no fuera por el libro que le dio en la cabeza.

Draco miró alrededor, pero por suerte el pasillo de estudio en el que se encontraban parecía vacío.

—Joder, Crookshanks ¿podrías darnos espacio? —escuchó decir a Harry.


Que su plan hubiese funcionado, no significa que los humanos tuvieran derecho a darse el lote en medio de la biblioteca. Si algo le habían enseñado su maestra y su humana era que la biblioteca era un espacio sagrado para la mente. No para los cuerpos.

Crookshanks vio el hilo solidificarse del todo en el color más brillante y estabilizarse antes de que el amigo de Hermione tomara al otro chico de la mano y se lo llevara corriendo de allí.

Sería un buen reporte para su maestra.