Draco se recuperaba en la playa del desgarre muscular que había sufrido en su pierna, un par de días atrás. Si cualquier otra persona le preguntaba, había sido una caída desde la escoba hasta el mar, y no un estiramiento mal ejecutado después de ignorar los consejos de la amiga hepee de su madre y negarse a hacer ejercicios de calentamiento. Su madre y Harry parecían de lo más felices y relajados, por lo que Draco no podía asegurar que el yoga fuera en general una patraña y pérdida de tiempo. Pero sí que podía asegurar que no era lo suyo. En lo absoluto.

—Si yo fuera tú, me quitaría el traje de baño para emparejar un poco el bronceado. No creo que a Harry le guste más que a mí que las partes interesantes sean más pálidas que el resto de tu cuerpo.

Draco pensaba que su madre ya lo había avergonzado lo suficiente durante la semana que Harry y él la habían acompañado en su propiedad al sur de Francia. Y si, al menos parte de la playa era privada, pero no pensaba desnudarse con su madre allí.

—Entonces tendrás que regresar a la casa por el bien de Harry —le replicó Draco.

Pero su madre ya se había tumbado en la silla de al lado, sombrero, libro y bebida alcohólica helada listos.

—Es una playa grande. Si te da vergüenza desnudarte frente a la mujer que te trajo al mundo, puedes ir a otro lado.

—¡Madre! ¡Yo estaba acá antes que tú! ¡Además estoy cojo!

—¿Y quién tiene la culpa?

Amaba a su madre. Esta versión libre y sin ataduras de ella le resultaba de lo más refrescante. Era como si todo el tiempo Lucius hubiera sido una piedra atada a ella que intentaba hundirla cada vez más y apenas le dejaba con las suficientes fuerzas para respirar y sobrevivir. Ahora se daba cuenta de que nunca la había conocido en todo su esplendor, y le encantaba, de verdad. Pero es que a veces era demasiado.

—Me voy con Harry, de todas maneras, casi es mediodía y no me quiero quemar.

—Para eso le puedes pedir a Harry que te ponga protector solar. Él no se negaría.

Draco no dignificó ese comentario con una respuesta y cojeó el camino de vuelta a casa.


—¡Draco! —exclamó Harry al ver a su ahora novio cojear de regreso a casa desde la playa.

Desde que fueron a la playa por primera vez poco después de arribar en la estación de apariciones internacionales de Niza (o Nice, como le decía Draco con un acento de lo más sensual), Harry supo que sus sentidos nunca tendrían suficiente del cuerpo de Draco. Su vista, tacto, olfato y gusto no se saciaban del otro, y su cuerpo siempre parecía querer más, a pesar de que su mente intentaba refrenarlo. Ya se sentía desbordado y sabía que todavía faltaba mucho más por recorrer.

—Ahora también es bartender —escuchó murmurar a Draco.

Harry miró dirigió la mirada a su mano, que sostenía el cóctel que Narcisa le había preparado y sonrió. Le había enseñado esa palabra un par de días atrás cuando fracasó estrepitosamente intentando ser uno. Su actual trago era lo suficientemente dulce como para que apenas notará el alcohol y ya se sintiera más que solo un poco mareado.

—Tu madre tiene talento para las cosas dulces... Por cierto, acaba de llegar una carta de Hagrid. Dice que Hestia está bien, aunque todavía no ha realizado envíos más allá de la frontera con Inglaterra. Envió una receta para hacer pastel y también una carta que nos enviaron a Hogwarts.

Harry le mostró la otra carta, que todavía no había leído. quería esperar a Draco para eso.

—Vaya, nunca pensé que empezaran a poner nuestros nombres juntos en el papel tan pronto.

—Y ellos nos conocieron antes de que realmente fuéramos "nosotros". ¿Me querías desde entonces? porque cree que yo sí, aunque no me hubiera dado cuenta.

Draco suspiró y por respuesta se acercó a Harry y plantó un pequeño beso en sus labios.

—¿Así que iremos?

—¿A dónde?

Draco suspiró exasperado y se sentó a su lado. Harry pensó de nuevo que el ligero mareo que sentía no debía ser del todo causado por el movimiento de la hamaca, pero le dio otro sorbo al cóctel.

—Nos han invitado a una reserva natural de animales mágicos en Eslovaquia. La invitación está extendida para todo el verano, solo debemos enviarles una carta informándoles al menos un par de días antes de nuestra llegada.

Harry lo consideró por un momento. Le encantaría ir a un lugar así con Draco, aunque para ser honesto consigo mismo, no sabía si eso era realmente lo que quería hacer. Pero era una posibilidad.

La guerra había acabado, ahora tenía un novio y la posibilidad de tomar las riendas de su propia vida en adelante. Además de una suegra de lo más interesante, una amiga que los apoyaba totalmente y un mejor amigo que junto a su familia extendida, trabajaba para cambiar sus prejuicios, justo cómo Draco hacía también. Y si esa vida traía días cómo ese, mejor que mejor.

—¿Harry? Sabía que eras un peso ligero, pero, ¿ya te quedaste dormido?

Harry se dio cuenta de que había pensado todo eso recostado contra Draco y con los ojos cerrados.

—Si. quiero ir. Y quiero ir contigo.

—De acuerdo. Iremos. Ahora, Potter dam… —Harry no había sido consciente del gruñido que emitió cuando Draco lo había llamado por su apellido, pero se sintió enrojecer tan pronto como este se detuvo y suspiró—. Harry, préstame tu varita que mi pierna me está matando.

Harry señaló la mesa del jardín en la que desayunaban y cenaban.

—¿Me harás ir por ella?

Harry se encogió de hombros. La verdad es que estaba demasiado cómodo y tal vez a pesar de su cojera, Draco podría hacer su camino a la mesa con más estabilidad que él. Además, le tendría una magnífica vista del trasero de Draco en traje de baño.

—Está bien. Pero te quiero sobrio y con energía para cuando mamá se vaya con sus amigas a continuar emborrachándose.

—¿Iremos con ellas? —preguntó Harry confundido.

Draco murmuró el hechizo sanador sobre su pierna y le dedicó una sonrisa que Harry solo pudo clasificar cómo "Slytherin".

—Por supuesto que no. Tendremos la casa y la playa para nosotros.

—Oh.

—En efecto. —Draco se acercó a Harry, tomó la copa vacía de sus manos y le plantó un camino de besos desde sus labios hasta su cabello—. Ahora duerme, vomita si tienes que hacerlo. Les responderé a Lana y Louis. ¿Alguna preferencia acerca de la fecha en la que iremos a la reserva?

Harry negó con la cabeza, más dormido que despierto bajo el sol de mediodía.

—No te olvides de decirles a los elfos que alimenten a Snuffles.

Creyó escuchar que Draco le respondía algo sobre que él se encargaría.

Y cayó en un cómodo duermevela, pensando que tal vez finalmente aceptaría la propuesta de Draco acerca de enseñarle a nadar en el mar. Probablemente obtendría una recompensa después de eso.


Crookshanks calculaba que habían sido alrededor de siete meses desde la última vez que había visto a los chicos unidos por el hilo del color más brillante.

Habían ido a visitar a Hermione, con grandes sonrisas en sus caras y un hilo tan estable, que Crookshanks pensaba que la mayoría de los humanos con pareja deberían envidiar.

Decidió seguir trabajando hasta que el hilo de Hermione con el del chico pelirrojo fuera igual de estable, no faltaba mucho en realidad. Y menos si realmente se iban a vivir solo los dos por su cuenta.

Realmente su mentora le había ayudado a encontrar su vocación. No pensaba que los mitad Kneazle la tuvieran, pero ahí estaba, clara cómo el agua.

Crookshanks era un casamentero.